BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

LOS CONDICIONANTES EXTERNOS EN LOS PROCESOS DE INTEGRACIÓN
El rol de Estados Unidos de América ante los casos europeo y latinoamericano


Eduardo Rivas

 

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Todo comienza a cambiar

Mientras tanto en América Latina se sucedían los golpes de Estado y las dictaduras sangrientas apoyadas por EUA, cuyo ejemplo más claro es el golpe de Estado en Chile el 11 de marzo de 1973, apoyado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su nombre en inglés) estadounidense, que derrocó el gobierno encabezado por el presidente Salvador Allende (1). Aunque lo que marcó un verdadero quiebre en las relaciones de EUA con Europa y América Latina, fue la Revolución Sandinista en Nicaragua.

La situación de convulsión interna a la que había llegado Nicaragua, generada por una guerra civil que enfrentaba a los partidarios del dictador Anastasio Somoza y a los grupos insurgentes sandinistas provocó que el gobierno de Venezuela solicitara el 2 de septiembre de 1978 la convocatoria a una Reunión de Consulta del Consejo Permanente de la OEA “para que considere los graves acontecimientos que ocurren en la región Centroamericana”.

En el seno de esta Reunión de Consulta se confrontaron dos corrientes: una encabezada por la mayoría de los Estados latinoamericanos que sostenían que la solución del problema nicaragüense competía exclusivamente a su pueblo, proponiendo a su vez: el reemplazo inmediato y definitivo del régimen somocista; la instalación en el territorio de Nicaragua de un gobierno democrático, cuya composición incluya a los principales grupos representativos opositores al régimen de Somoza y que refleje la libre voluntad del pueblo de Nicaragua; la garantía del respeto de los derechos humanos de todos los nicaragüenses sin excepción; y la realización de elecciones libres a la brevedad posible, que conduzcan al establecimiento de un gobierno auténticamente democrático que garantice la paz, la libertad y la justicia. La otra corriente estaba encabezada por el gobierno de EUA, que proponía el establecimiento de un gobierno de reconciliación nacional que abarcara a todos los sectores de Nicaragua, incluyendo al somocista, creándose para ello una delegación especial de la XVII Reunión de Consulta para que prestara ayuda al pueblo nicaragüense para encontrar esa solución. Asimismo, proponía la presencia de la OEA para el mantenimiento de la paz a través de la creación de una Fuerza Interamericana. EUA estaba gobernado por James Carter, quien, coherente con su política de defensa de los derechos humanos, no buscó una salida armada directa. Esta posición fue rechazada por la mayoría de los Estados latinoamericanos.

Este hecho marcó un hito dentro del sistema de relaciones americano, en cuanto los Estados latinoamericanos, no sólo adoptaron decisiones mayoritarias y en forma conjunta, sino también por el hecho de que sus propuestas de solución fueron establecidas por sobre las de EUA, Estado que tradicionalmente había marcado las reglas del juego del Sistema.

Y también fue un hito para Europa, porque fue el primer acontecimiento mundial importante en el cual se desmarcaba claramente de la posición estadounidense. Y estas posiciones son entendibles teniendo en cuenta que el mundo ya no se encontraba en plena Guerra Fría como cuando ocurrió la Revolución Cubana (2).

Pero aunque EUA había rechazado la opción de la solución armada, intentando revivir la Doctrina Monroe, apoyó a la guerrilla contrarrevolucionaria nicaragüense (los “contras”) a partir del triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional comandado por Daniel Ortega el 17 de julio de 1979.

EUA justificaba este accionar al definir al gobierno sandinista como una dictadura, por lo cual marcaba una diferencia entre los que para ellos eran “los regímenes totalitarios de izquierda, que son irreformables, y los de derecha, que pueden en un momento más oportuno ser la salida democrática”(3).

Estos acontecimientos dieron lugar a que algunos Estados latinoamericanos formaran, el 9 de enero de 1983, el denominado “Grupo de Contadora” (4), grupo que se encargó de buscar salidas pacíficas a la situación que se vivía en Nicaragua. Este grupo contó con el apoyo de las Comunidades Europeas y, a partir de su implantación, de las nacientes democracias sudamericanas.

Se iniciaba así una nueva etapa en los procesos de integración, cada vez más independientes, aunque, en el caso latinoamericano, la historia se repetiría.

 


1. Este golpe de Estado es un símbolo porque se produjo luego que el presidente Allende, que encabezaba lo que se denominaba “la vía chilena al socialismo”, haya denunciado en el seno de Naciones Unidas a la Internacional Telephone and Telegraph Corporation (ITT) y otras grandes empresas estadounidenses de estar realizando acciones para desestabilizar el gobierno democrático chileno.

2. Como señala Horacio Verbitsky, “el contexto mundial en el que se produce la victoria sandinista es muy diferente del que rodea a la revolución cubana en sus veinte primeros años de vida; cuando Fidel Castro Ruz y sus hombres entraban en La Habana, el máximo dirigente de la URSS, Nikita Kruschev, vaticinaba en las Naciones Unidas que en esa década su país superaría la producción per cápita de EUA y enterraría al capitalismo. En ese momento Moscú recibió con mucho beneplácito el primer triunfo socialista en el mundo occidental y le brindó desde combustible y alimentos hasta maquinaria pesada y armas de todo tipo. Dos décadas más tarde, en cambio, los comandantes sandinistas se encontraron con una URSS debilitada por la carrera armamentista y su incapacidad de ponerse a la altura de la revolución científico-técnica que estaba desarrollándose en el mundo occidental y, debido a ello, sin posibilidades de apoyar económicamente, con la misma intensidad con que lo hiciera en el caso de la revolución cubana, a la revolución nicaragüense”. VERBITSKY, H., La revolución sin mayorías. El camino empedrado de una elección, Revista Brecha, 30 de marzo de 1990, http://www.brecha.com.uy/

3. KIRKPATRICK, J., representante estadounidense en la Organización de las Naciones Unidas, en la época en que se llevó a cabo la revolución nicaragüense.

4. El Grupo de Contadora fue creado para hacer frente a la situación explosiva que reinaba en América Central y responder de manera ejemplar a una triple preocupación, a saber, poner fin a los terribles sufrimientos que padecían los pueblos de América Central a causa de los conflictos militares de sus Estados; defender el derecho de cada uno de ellos a la independencia y contribuir a la solución de una crisis cuyas repercusiones implicaban graves riesgos para la paz en el mundo. Los Ministros de Relaciones Exteriores de Colombia, México, Panamá y Venezuela se reunieron en la isla de Contadora, Panamá, donde decidieron aunar sus esfuerzos y firmaron el Acta de Contadora para la Paz y la Cooperación en Centroamérica. Este plan de paz recibió el respaldo del Consejo de Seguridad, de la Asamblea General de las Naciones Unidas y de numerosos organismos regionales e internacionales.

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