BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

PROFUNDIZACIÓN DE LA POBREZA EN AMÉRICA LATINA
El caso de Argentina 1995-1999
 

Mariana Calvento

 

 

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5.4. La participación de los Organismos Internacionales

La importancia para el caso argentino en señalar la evolución en la línea de pensamiento de destacados organismos internacionales, esta dada porque permite encontrar una variable explicativa al tipo de políticas implementadas en el país. No olvidamos, con esto la responsabilidad que incumbe al gobierno nacional. Lo que afirmamos e intentamos demostrar es el impacto de las “recomendaciones” de los organismos internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros.

Esto es así en tanto la intervención de los organismos financieros internacionales a favor de un mejoramiento de la situación social fue importante, particularmente la del Banco Mundial y del FMI. Estas instituciones participaron en el delineamiento de las acciones a realizar y colaboraron en el financiamiento de gran cantidad de programas.

Tomando como punto de partida la época de la década perdida, las “recomendaciones” que establecieron los organismos financieros se circunscribieron a la lógica de ajuste de los gastos sociales y a la focalización de los mismos en sectores ampliamente reducidos. Así, tanto en trabajos del Banco Mundial (1) como del FMI pueden encontrarse este tipo de políticas.

La posición de dichos organismos con relación a los temas sociales fue fruto de un proceso que puede ser dividido en dos momentos. En el primero, las indicaciones dadas a los países endeudados carecían de referencias o propuestas particularmente para la atención de los pobres. Sólo predominaban en sus “recomendaciones” cuestiones netamente económicas.

En un segundo momento se reconoció la necesidad de implementar medidas para enfrentar dicha problemática ya que a criterio del Banco Mundial, aunque para los noventa, “la recuperación de América Latina es sorprendente [aunque] podría desmoronarse a menos que los gobiernos tomen urgentes medidas para socorrer a los pobres” (2). Fue entonces se abandonó la teoría del derrame. Hasta ese momento suponían que por el solo hecho de crecer y por efecto de una especie de goteo, se derramaría la prosperidad hacia abajo y tenderían a solucionarse los problemas sociales. Empero a principios de los noventa la región latinoamericana estuvo marcada por signos de crecimiento económico y sin embargo, lejos de mejorar, el cuadro social se agravó. Por eso en los principales organismos internacionales se inicio un nuevo debate: se revisó lo recomendado a principios de los noventa, cuando aseguraban que el crecimiento sacaba a la población de la pobreza. La teoría del derrame no había podido ser verificada, es más América Latina se convertía en la región donde más había crecido la desigualdad social.

En síntesis, el cuadro social llevó a los organismos internacionales a revisar sus planteos. Si en los noventa veían al crecimiento como el mejor antídoto para la pobreza, luego vieron la necesidad de establecer políticas activas por parte de los Estados para solucionar el mal.

Esta misma idea será retomada por Sebastián Edwards, influyente en el Banco Mundial, a mediados de los noventa cuando las primeras reformas estructurales estuvieron prácticamente establecidas por toda América. Edwards manifestaba que para disminuir la pobreza era necesario un crecimiento más rápido, porque ello permitiría aumentar el empleo y consecuentemente los salarios. Consideraba necesario para ello, lo que llamaba Reformas de Segunda Generación (3), que incluían:

-Inversión en capital humano.
-Tipos de cambio realistas.
-Exportaciones con mayor valor agregado.

Las medidas para lograrlo era un mayor ahorro interno (proveniente, principalmente del ahorro en el sector público) y la atracción de inversiones directas. Aducía la reducción de las mismas, a mediados de los noventa, por la crisis mexicana y que las normas sobre inversiones eran inestables. Por tanto estas reformas debían ir acompañadas de una modernización que abarcara tanto el poder judicial como la legislación laboral. No se olvidaba en sus recomendaciones de señalar el mejoramiento tanto de la Educación como de la infraestructura, elementos necesarios para el desarrollo de una economía competitiva.

Para lograr respaldo el crecimiento debía ser rápido y los beneficios de ese crecimiento debían ser distribuidos en la mayor parte de la población posible logrando así sustentabilidad política y apoyo social.

Edwards representaba el cambio en los Organismos Internacionales. No obstante, estos organismos siguieron patrocinando políticas de ajuste.

Para fines de 1999, el FMI presentó una nueva receta para la Argentina, también dirigida a los países que fueron afectados por las crisis globales de la década (4).

Esta nueva presentación repetía en sus contenidos las “recomendaciones de épocas pasadas”. Concisamente fueron elaboradas dos propuestas. En la primera, el FMI “Exhortó a todos los países a adoptar medidas para fortalecer su sistema financiero a través de una mayor participación del sector privado y una liberalización "ordenada" del flujo de capitales” (5). Es decir, se mantenía el mismo discurso neoliberal de sustentación del modelo de acumulación financiera. Por otra parte se abría camino a la nueva vocación por parte de estos organismos a prestar atención a las cuestiones sociales. La segunda propuesta versaba sobre “la necesidad de que se atienda con apremiante urgencia la guerra contra la pobreza” (6). Para reducir la pobreza, se recomendaban tres cuestiones: 1) el incremento de la ayuda al desarrollo; 2) el monitoreo estricto de los indicadores que permiten evaluarla; y 3) el impulso a la liberalización comercial. Por tanto la posición que, para fines de la década de los noventa, toman los organismos internacionales combina el mantenimiento de las viejas “recomendaciones”, suavizadas con políticas que se ocupan de temas sociales como la pobreza.

La evolución de las políticas sociales permite vislumbrar como fue en Argentina, tanto la gestación de un sistema de integración social; como el resquebrajamiento del sistema. Esta evolución marcó como el sistema instaurado en los años cuarenta y cincuenta comienza su decadencia en los setenta. Luego, se intenta recuperar con el regreso del gobierno democrático de Alfonsín. Pero su debilitamiento se ve profundizado en la década de los noventa.

A este debilitamiento colaboró, por una parte, la poca relevancia e ineficiente administración que, por parte del gobierno menemista, se dio a los temas sociales.

La elaboración e intento de aplicación de por lo menos dos Planes Sociales, en la primer mitad de la década de los noventa, no se tradujo en el mejoramiento de la situación social. Los efectos nulos de estos planes fueron fruto de las descoordinación como del rápido abandono de los mismos.

Del mismo modo, la creación de la Secretaria de Desarrollo Social presentó pocos cambios. El gran número de programas que tiene a su cargo para 1998 no representó una disminución en la tasa de pobreza. Aquí también influyó la descoordinación de las distintas agencias gubernamentales como la superposición de los programas.

A la ineficiencia en las políticas implementadas, se sumó la limitada cantidad de recursos destinados al área social. En síntesis, como afirma el organismo SIEMPRO, “el problema central de las políticas públicas contra la pobreza continúa siendo la insuficiencia de los fondos que se destinan a atenderla” (7).

Por otra parte, influenció la concepción neoliberal que se extendió por medio de diversos organismos internacionales y que imprimió a dichas políticas un sesgo focalizador.


1. Banco Mundial: Ob. Cit., en www.bancomundial.org
2. Diario Clarín, 20 de septiembre, 1993.
3. Similar a las ideas propuestas por Williamson en la Revisión del Consenso de Washington. En el Anexo F podrá encontrarse el Cuadro de diferencias entre el Consenso de Washington y el Consenso revisado.
4. Desarrollado en el Capítulo 3 de esta tesis
5. Diario Clarín (Digital), 29 de septiembre, 1999, disponible en www.clarin.com . Accedido 01/2004.
6. Diario Clarín (Digital), 29 de septiembre, 1999, en www.clarin.com
7. SIEMPRO: Ob. Cit. www.siempro.org.ar

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