BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

INFORME SOBRE NECESIDADES SOCIALES EN GUANAJUATO.

Elementos de reflexión para el rediseño curricular de las carreras económico – administrativas.

Coordinador: Ricardo Contreras Soto

 

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Problemas de género y minorías
Liliana Denisse Sandoval Rodríguez

denissepq_17@hotmail.com

 

Problemas

Los problemas a analizar en la presente investigación son:

1. La discriminación al género femenino en el estado de Guanajuato.

2. La discriminación a los grupos indígenas en el estado de Guanajuato.

 

Cifras, análisis e implicaciones sociales

El caso de la división sexual del trabajo, es considerado como uno de los principales factores que demuestran una de las principales causas que llevan a la subordinación de la mujer. Ya que vivimos en una sociedad machista, motivo por el cual, se cree que ellas solo le corresponde, la procreación y el cuidado de los hijos. Esto en virtud de que se piensa que el hombre es el único que debe aportar económicamente ya que se le ve como proveedor de la familia. Y esto trae como consecuencia que él se sienta con la capacidad de ejercer más derechos que la mujer.

Es cierto, la mujer adquiere mayor presencia en las burocracias, públicas y privadas, pero desempeña trabajos secretariales o de asistencia administrativa; incursiona en algunas ramas industriales, pero en calidad de obrera; consolida su presencia en los servicios, aunque, normalmente, es en carácter de dependiente, etcétera. Es decir, que se trata de papeles económicos de importancia secundaria, en la medida que las mujeres no acceden a puestos de dirección en los que se haga patente el ejercicio del poder.(1) De tal forma, que si bien es factible reconocer la permanencia de la división sexual del trabajo, ésta se manifiesta, más claramente, en la medida que el hombre monopoliza las tareas que exigen una capacidad racional y conocimiento técnico de las ingenierías y las ciencias administrativas,

Con el paso de el tiempo, las mujeres han ocupado un lugar muy importante en el desarrollo y mantenimiento de los núcleos familiares, de las comunidades y de las sociedades, un papel al cual nunca se le ha dado el valor que se merece, sino todo lo contrario se le ha denigrado y minusvalorado y que permanece aún hoy invisible, sin valor económico y social. Sin embargo, las familias, las sociedades, los Estados, las empresas y la economía mundial están en deuda con las mujeres.

Las mujeres son las que se han visto más negativamente afectadas por los programas de ajuste estructural. Estos programas y las políticas de "desarrollo" han impuesto la austeridad fiscal que limita el gasto público. La privatización de los servicios públicos ha conducido a la pérdida de empleo en sectores donde generalmente había más mujeres que hombres: salud, educación...; a la pérdida de protección y de servicios sociales, de los cuales dependen las mujeres para combinar su trabajo con las responsabilidades familiares; a una menor asistencia de las niñas a las escuelas; a un menor acceso a los servicios de salud reproductiva, con un aumento de la desnutrición y de la mortalidad infantil, especialmente de las niñas; a una cada vez mayor tendencia al despido por estar embarazadas, al abandono de los derechos por maternidad y a un aumento de prácticas discriminatorias basadas en el papel reproductivo de ellas; a la eliminación o reducción de subvenciones sobre elementos básicos como alimentos, electricidad, agua o combustibles lo que incrementa las presiones domésticas sobre los hogares, administrados en su mayoría por mujeres; a la emigración femenina de países en desarrollo a países desarrollados, que se ven obligadas a abandonar a sus familias y adoptar en los países "ricos" trabajos precarios, como trabajadoras domésticas, subcontratadas o que incluso, se ven obligadas a ejercer la prostitución; el impacto ambiental de la globalización y el uso cada vez más frecuente de productos que han sido prohibidos en países industrializados, como los pesticidas, tienen un efecto nocivo para millones de trabajadoras agrícolas.

Las mujeres han sido excluidas de los principales pilares de los poderes públicos: la política y el derecho. Apartadas del Estado desde sus inicios, no es extraño que éste se haya diseñado a la medida de los varones. Aún incluso el estado del bienestar, ha tenido para las mujeres una doble moral: opresora y protectora.

La separación entre el espacio público y el espacio doméstico sigue hoy supeditada a los roles de género. Son las mujeres las que han empezado a salir a la esfera pública, pero esto no se ha traducido en un intercambio de tareas y los varones no se han integrado en la vida doméstica. Los triunfalismos sobre el camino imparable emprendido hacia la igualdad y la paridad, sobre todo con la incorporación de la mujer a la vida laboral, se quedan muy cortos. Las mujeres ahora realizan una doble jornada.

El desempleo no sólo afecta más a las mujeres, sino que también está, en parte, relacionado con el aumento de la violencia doméstica. El peso de la pobreza sobre mujeres y niñas hace que éstas sean las víctimas de la violencia de sus compañeros masculinos, o que éstas tengan que dedicarse a la prostitución, o se vean sometidas al tráfico, la violencia o el abuso de sus derechos humanos. Incluso que se ocupen de trabajos en régimen de explotación o en ocupaciones peligrosas para la salud y todo esto, sin abandonar el trabajo no remunerado de ser el soporte material y afectivo de su propia casa y su familia. La entrada de las mujeres al mercado aunque parecía que iba a liberarlas de la servidumbre doméstica, por el contrario, ha acentuado la situación de desigualdad.

El mercado echa mano femenina en situaciones de crisis económicas y crisis bélicas y hoy se dirige a ellas no para resolver sus necesidades y deseos, sino porque las mujeres constituyen un mercado que representa más del 50% de la población total, por lo que considera que éstas no pueden permanecer al margen del consumo y fuera de las pautas del sistema y más, cuando son ellas las que se encargan de abastecer y administrar la unidad familiar y de realizar las tareas de las que se desocupan tanto el Estado como la sociedad en su conjunto.(2) No sólo el mercado no resuelve las situaciones de desigualdad, sino que las potencia. Excluye y discrimina a las mujeres pagándolas un menor salario o apropiándose de su trabajo no pagado que es el que da vida, educa, nutre y cuida a los futuros y presentes "productores" y "consumidores". Sin la mujer cumpliendo "su" papel en la esfera doméstica, los varones no podrían entrar en el ámbito público ni serían posibles la producción y el mercado capitalistas.

La separación del trabajo ha provocado que los hombres no cuenten con una responsabilidad social en el espacio doméstico: cómo se organiza socialmente el trabajo, la producción y la no producción dentro de casa. Pero también esta separación ha conducido a la irresponsabilidad social fuera de la casa, en el espacio público: lo importante es la producción y el beneficio económico y no qué se produce, qué necesidades existen y cómo se atienden, quiénes y de qué forma las llevan a cabo. Para mejorar el trabajo en el ámbito público la sociedad debiera aprender de las mujeres, puesto que en el ámbito doméstico y en la mayor parte de sus tareas productivas han ejercido estas funciones con verdadera eficacia, alejándose de la lógica productivista al uso y dándole al trabajo y a las relaciones sociales una verdadera dimensión social y humana.

No existen instituciones financieras que presten servicios de crédito a mujeres microempresarias, lo que determina que éstas recurran al crédito informal/personal de pequeñas cantidades con intereses altos.

La discriminación de las mujeres en el mercado laboral se expresa en la inestabilidad laboral, prácticas contractuales que tienden a precarizar su trabajo, concentración de su trabajo en un pequeño número de ocupaciones, menores salarios que los hombres por un mismo trabajo, despidos por embarazo, etc.

Existen más mujeres desempleadas que hombres. Del total de mujeres desempleadas, el 12% son jefas de hogar.

La mayoría de mujeres desempleadas está ubicada en el sector informal de la economía (41.8%).

En el 2000, en el estado de Guanajuato viven:

Tabla 13.- Guanajuato ocupa el lugar 6 a nivel nacional por su número de habitantes

 


1. El cotidiano. Revista de la realidad mexicana actual.
2. SEVERO, JESSICA: La mujer en el mundo del trabajo: ¿Y el compromiso?

 

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