Recomendaciones

El siglo XX y lo que lleva corrido el tercer milenio ha demostrado que nunca antes, en la historia humana, se ha observado un período con avances de tal magnitud, acumulación de conocimientos, producción de aplicaciones y velocidad de cambio. El stock de conocimientos hasta el siglo XIX se ha multiplicado varias veces en este período. El nivel de complejidad y sofisticación de los logros no tiene precedentes, aún si se considera el contexto, o estado del arte, en cada época en que detengamos el análisis. A mediados del siglo XX resultaba una fantasía pensar en salir de la atmósfera terrestre, en ese momento ningún ser humano corriente habría aceptado como verosímil una propuesta de telefonía inalámbrica y menos aún el estado actual de Internet. En materia de servicios para los hogares, migrar desde los artefactos manuales o mecánicos a electrodomésticos computarizados, presentes en todos los hogares actuales, no estaba ni remotamente en la conciencia colectiva, hoy resulta completamente natural. Operar una mina de cobre a control remoto desde lejanos puntos del planeta, como se mostrara hacia fines de 2005, habría sido francamente fruto de una mente insana en el mundo de la primera guerra del siglo XX. Los avances en medicina, biología celular, genética, ingeniería química, electrónica, agricultura y pesca, entre muchos otros campos del saber, resultan imposibles de evaluar por nuestros sentidos. Los cambios en la forma y hábitos de vida tampoco podemos dimensionarlos con claridad, ni con remota certeza.

La ciencia y la tecnología han demostrado ser esenciales para que las naciones del planeta salgan de duros estados de pobreza o sigan mejorando en la senda de desarrollo en que transitan. Las disciplinas científicas y tecnológicas son fundamentales en la lucha contra la disminución de la pobreza, la construcción de estados más democráticos, la articulación de modelos estratégicos de desarrollo y el incremento del nivel de desarrollo humano. Las capacidades nacionales en materia científica y tecnológica, en sinergia con la de otros estados, podrían lograr elevados niveles de desarrollo, que favorezcan a tasas crecientes a los connacionales. Estas disciplinas arrastran importantes mejoramientos en los procesos educativos, generan nuevos puestos de trabajo, mejoran la calidad de los alimentos, la medicina y los fármacos, permite la concepción y producción de nuevos y mejores productos, no obstante, lo esencial es su efecto multiplicador en el logro de una vida saludable y digna, con acceso disponible a los servicios fundamentales requeridos en toda sociedad.

A pesar de los valorables esfuerzos que realizan los estados de la región, la brecha es aún amplia, respecto de las naciones más desarrolladas e industrializadas, incluso, en algunos casos, es creciente, por lo que el desafío hacia un estadio superior de desarrollo resultará, sin duda, un trabajo extenuante. Por otra parte, los recursos disponibles y la indexación con decisiones fundamentales que nos afectan, y que son tomadas en otras latitudes, hace más dura aún la labor. A pesar de estas y otras externalidades negativas, y para impulsar programas de desarrollo que aumenten las expectativas, es favorable observar y analizar casos en que, en circunstancias similarmente adversas, el resultado ha demostrado que se puede alcanzar metas que, al comienzo, parecen imposibles. Tales son los casos de Irlanda, India y Portugal que han sorprendido a toda la comunidad internacional en menos de dos décadas.

En este escenario, entonces, es perfectamente posible plantearse propósitos que, aunque complejos, son ineludibles de abordar en cualquier intento de formulación de paquetes programáticos. Estos pueden expresarse focalizados en aspectos contextuales relevantes:

  1. Discusión y reflexión en ciencia y tecnología.

  2. El proceso educativo en ciencia y tecnología.

  3. El sector privado y el marco científico y tecnológico.

  4. La propagación social de los beneficios.

  5. La tarea de los estados.

  6. Redes de cooperación nacionales e intraregionales.

  7. Índices de medición y acceso a datos.

  8. Entidades de divulgación y fomento de las ciencias y la tecnología.

Debe establecerse marcos normativos a nivel gubernamental que integren a la dirigencia, la ciudadanía, la comunidad científica y universitaria y la empresa privada. Esto permite iniciar una discusión amplia sobre la materia, en un contexto multifactorial e integrado de intereses nacionales.

Deben crearse círculos de análisis y reflexión en todos los niveles de la sociedad. En el marco de las normas materializadas deben operar en los gobiernos, las universidades, empresas, colegios primarios y secundarios, y también en canales comunitarios y vecinales. Se debe enfatizar y realzar la trascendencia para la sociedad del desarrollo en ciencia y tecnología.

Debe apoyarse la producción de libros, revistas y medios de difusión que pongan de relieve el rol del desarrollo científico. Debe establecerse fondos que permitan financiar estas acciones. Esta cobertura debe alcanzar a todo el espectro de actores que participan y que hemos señalado precedentemente.

Los actores del mundo científico y tecnológico deben acercarse con sus ideas a la comunidad. Principalmente deben tomar contacto con los estudiantes de los niveles primario y secundario y el mundo vecinal, allí propiciar la reflexión y el análisis en ciencia y tecnología. Esto requiere esfuerzos en la búsqueda de un lenguaje simple y entendible por el mundo profano.

La red educacional de los estados debe ser dotada de profesores orientadores. Los profesores de ciencias y matemáticas deben desarrollar metodologías que incentiven el amor por la ciencia y no la simple búsqueda de una calificación para las asignaturas o la lectura de ciertas páginas de los textos.

Los laboratorios conformados por el equipamiento necesario para la experimentación científica escolar deben ser una exigencia, tanto en la construcción de nuevos establecimientos como en la habilitación de ellos en los colegios que no los tienen. En América Latina una alta proporción de colegios de enseñanza básica y secundaria carecen del mínimo equipamiento.

Debe fomentarse el amor a la ciencia mediante exposiciones, concursos y certámenes científicos estudiantiles, tanto en forma individual como en equipos de experimentación. Estas actividades pueden escalarse desde el aula al establecimiento, y desde él a niveles superiores como provinciales y nacionales.

Han de establecerse becas de ingreso a la educación superior (terciaria) a aquellos estudiantes que tengan mayor interés en ingresar al mundo científico, particularmente para quienes provienen de extracción social más modesta. Estos estudiantes, como ocurre frecuentemente, no pueden desarrollar sus capacidades por la dura carencia de recursos en sus familias. La excelencia científica guarda correlación con la disciplina y la vocación, no con la dotación de recursos financieros de quienes anhelan dedicarse a estas actividades.

En el nivel terciario la infraestructura debe propender a estándares internacionales. Es una de las experiencias más enriquecedoras formarse en el mundo científico con el equipamiento adecuado. Infraestructura, equipamiento, instrumentos y académicos de primer nivel obtienen como resultado formaciones sólidas y motivadoras en los estudiantes de ciencias. Lamentablemente esto no es frecuente ni homogéneo en América Latina. Los presupuestos gubernamentales deben considerar su compromiso con esta materia.

En el mundo contemporáneo las naciones de mayor nivel de desarrollo también disponen de ciencia y tecnología de mayor calidad. La orientación del trabajo científico hacia las demandas emergentes presentes y futuras debe ser la primera línea a seguir. Una ciencia extirpada de la realidad no es más que un placer para sus partícipes. Los centros de investigación y las empresas deben converger en un compromiso único de desarrollo. Los gobiernos deben fomentar la creación de comisiones bipartitas que permitan orientar la actividad científica en función de las metas de crecimiento y desarrollo nacionales. El desarrollo de tecnologías permitirá el establecimiento de nuevas empresas y la creación de puestos de trabajo de mayor calificación.

El sector privado y los estados deben compartir esfuerzos presupuestarios para el desarrollo de un patrón de prioridades nacionales en el campo científico y tecnológico. Cada nación debe analizar y definir el derrotero maestro que seguirá, buscando como fin alcanzar liderazgo regional o global en algún nicho.

La región debe buscar la orientación científica más adecuada para perfilarse como líder científico y tecnológico. Esto se puede articular con el modelo de ILECyT mencionado en acápites anteriores1. Y en su funcionamiento puede operarse con una suerte de principio de división del trabajo por país o por grados de experticia encomendados a cada uno. Para el establecimiento de los énfasis investigativos, un equipo de expertos debe auscultar las tendencias mundiales y generar un ranking de las futuras demandas agregadas estimadas de relevancia mundial, delineando de este modo las prioridades en el portafolio de investigaciones. Por cierto, el resultado de una instancia de esta naturaleza es de largo plazo y simultánea a las políticas locales implementadas en cada país.

Un plan estratégico regional debe asegurar a los ciudadanos el disfrute equilibrado de los beneficios. Siguiendo la indicación de la colaboración de los estados y las empresas, el fruto de estos desarrollos debe ser distribuido disminuyendo al máximo las estaciones de paso. Es decir, la primera medida es que las empresa que se creen puedan aportar directamente con más y mejores niveles salariales, los que a su vez permiten acceder a mejores condiciones de vida. La política de distribución de dividendos o utilidades debe ser una consecuencia y no un fin. Asimismo los beneficios logrados en las arcas fiscales deben ser traspasados directamente al mejoramiento de los servicios públicos de salud, seguridad social y educación.

Para lograr incrementos sustantivos de desarrollo científico y tecnológico es esencial contar con personas interesadas en este progreso. Desde luego pueden resultar más atractivos otros aspectos de la vida en sociedad, por cierto menos áridos y exigentes, pero definitivamente con escaso aporte al desarrollo. Una primera iniciativa global es construir e implementar plataformas de discusión, desde las más sencillas formas de comunicación, como a través del cine o la televisión, ferias científicas, estímulos a comunidades vecinales pequeñas para que presenten soluciones novedosas, sólo con intuición al comienzo, a problemas rutinarios.

Las ciencias deben llegar a más amplias masas de individuos, tanto en su cultivo como en sus beneficios. Se debe incrementar notablemente los accesos, eliminando las barreras de entrada de costos, a la formación científica a todos quienes demuestren manifiesto interés, no importando la condición social de entrada. El cultivo de la ciencia debe ser una expresión de la democracia en su esencia, el denominador común no puede ser otro que el aporte a la comunidad. Se debe estimular a los estudiantes desde su más temprana edad el gusto por la ciencia.

Debe diseñarse un Cuadro de Mando Integral de medición, evaluación y control de los avances. Su implementación estandarizada debe producirse tanto en el nivel nacional como regional. Los recursos, difíciles de reunir, deben ser resguardos y bien gastados con extremado celo, sin entorpecer la dinámica propia del desarrollo científico. Cada país puede aportar especialistas para que aborden la tarea, y en un lapso acotado propongan una metodología.


1 Sección III, Situación Regional, Propiedad intelectual, patentes y regalías.

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