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EL PALIMPSESTO DE LA CIUDAD: CIUDAD EDUCADORA

Jahir Rodríguez Rodríguez

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IMAGINACIÓN Y DESEO DE CIUDAD.

Los múltiples imaginarios citadinos, su prospección en ciudades, su visualización política y la creación de condiciones para hacerlos factibles y viables se constituyen en componentes requeridos por la ciudad imaginada y deseada. La complejidad de lo urbano, lleva necesariamente a imaginarlo desde un amplio universo que asuma lo cultural tanto como lo político, lo estético al igual que lo funcional, lo espacial así como lo territorial, lo económico al igual que lo social y ambiental, en fin, la amplísima red que configura un sistema abierto. Aparecen en el plano constitutivo de la ciudad valores de carácter físico, espacial y ambiental y otros de carácter cultural, social, político y económico, sobre los cuales crece el imaginario de nuestras ciudades.

Es indispensable asumir como el mínimo ético para nuestras ciudades el que ninguna diferencia pueda justificar la exclusión. Lo cual, personificado en la ciudad, propone transformaciones en aspectos como segmentación y sectorización en los usos del suelo, la participación dentro de las decisiones públicas y la política, el aprovechamiento de las cualidades e infraestructuras urbanas y ambientales, y la expresión cultural, entre otros. El derecho a la ciudad de todos, con sus identidades y pertenencias, de los diferentes, del inmigrante, de los más vulnerables, debe expresarse en un proyecto de configuración real de una ciudadanía con capacidad y espacios para habitar la ciudad y participar en sus decisiones y en las oportunidades distintas pero equitativas de uso y consumo.

Esta ciudad requiere de una ciudadanía con derechos y consciente de ello tanto como de sus obligaciones, expresadas en la responsabilidad pública, la solidaridad, la correspondencia, la reciprocidad y la confianza, en el horizonte de un proyecto colectivo de ciudad.

La ciudad, diversa, plural y democrática.

Como espacio por excelencia para albergar, comunicar y desarrollar las diferencias, es un lugar estratégico para el proyecto colectivo. Por las diferencias entre las ciudades y la heterogeneidad en

su interior no hay una única cultura de lo urbano. Cada ciudad tienen su propia razón de ser, justificación y expresión estética y cívica -ante sus habitantes y ante el conjunto de las ciudades- dándose un sentido único a ella misma; y son todas ellas en su complejidad, las ciudades, las que colectivamente conforman la experiencia global de lo urbano.

Al reconocer la heterogeneidad, la ética citadina no parte del abandono de la equidad social y cultural. Por el contrario, un fundamento de la equidad está precisamente en el derecho de todos a ser iguales en la diferencia. Con el desarrollo de la sociedad, la ciudad deseada posibilita el desarrollo de la individualización de los sujetos y a la vez el fortalecimiento de lo colectivo. Tal ciudad favorece la aparición de sujetos autónomos, con capacidad de integrarse adecuada y libremente a lo público y de asumir como ciudadanos su responsabilidad y sus acuerdos en el proyecto urbano.

La ciudad imaginada requiere un balance riguroso entre lo público y lo privado, en el cual la estructuración básica de lo colectivo esté garantizada con los espacios. Escenarios y bases institucionales y legales requeridas. Es una ciudad en la cual no se centra lo público sobre el Gobierno y el Estado, sino que se establece desde la vida colectiva de la sociedad civil y en los ámbitos de la democracia. Lo privado encontrará sus límites en el respeto por lo público, pero también será desde lo público donde se garantice la existencia de lo privado.

La ciudad entendida como proceso requiere al menos de siete movimientos básicos: ser convocante en el escenario público en torno a su propuesta colectiva; conocerse a sí misma y a su contexto; ser educadora; ser ámbito de comunicación; brindarse espacial y urbanamente estética y digna; construir procesos y escenarios políticos para la inclusión de sus actores y construir la solidaridad y la tolerancia entre ellos; y, buscar tanto su adaptación ambiental como su viabilidad económica. Estos movimientos precisan identificar sus escenarios posibles y concretar los requisitos que permitan su realización.

La propuesta colectiva de ciudad.

Implica reconocer la existencia y el debate riguroso sobre la multiplicidad de proyectos citadinos, con actores dispuestos a defenderlos, y la necesidad de encontrar los escenarios normativos, sociales y políticos para la resolución concertada y negociada de sus propuestas, intereses y conflictos.

Nuestras ciudades deben legitimar _como derecho ciudadano- las propuestas, visiones e intereses de cada habitante y propiciar que ellos se expresen, se debata y se concierte. Ante ello, cobran importancia la comunicación y la constitución de los escenarios y espacios que integren la voz decisiva de sus sujetos y actores en la formulación de la propuesta colectiva de ciudad. Tal proceso debe conducir a la definición de acuerdos locales, territoriales y sociales.

Una ciudad que se conoce a sí misma y a su contexto.

Requiere garantizar una base programática para desarrollar el conocimiento sobre los fenómenos urbanos. La fundamentación teórica, metodológica, tecnológica e instrumental es punto esencial de las transformaciones urbanas. Es conformar institucionalmente la política nacional para el desarrollo de las capacidades científicas y tecnológicas sobre lo urbano y regional, de manera tal que propicie la detección de necesidades de investigación, de formación de investigadores y grupos de investigación y desarrollo tecnológico, de interacción de los procesos y resultados investigativos con diversos actores de lo urbano, de conformación de redes de trabajo y conexión nacional e internacional y de formación de nuevos escenarios educativos en materia urbana y territorial.

Es preciso aumentar la capacidad social para leer, aprehender y crear la diversidad de propuestas pertinentes a lo urbano y entender las propuestas diferentes que giran en su entorno. El espacio de lo público pasa por la responsabilidad que tiene el desarrollo de los saberes. La constitucionalización del país, la política urbana, la descentralización, el ordenamiento territorial, la gobernabilidad urbana, la cultura y la simbología en nuestras ciudades, el conflicto, la violencia y la crisis de gobernabilidad democrática, las complejas condiciones de convivencia y seguridad, la viabilidad ambiental y económica de las ciudades, la baja alternatividad tecnológica de los procesos urbanos y los requerimientos de una transformación educativa y pedagógica para formar ciudadanos y ciudades, entre otros, requieren indiscutiblemente del desarrollo investigativo y tecnológico.

La ciudad educadora.

Enseña la ciudad al ciudadano y lo involucra en su propia formación. Es aquella que conscientemente propicia aprehender desde lo educativo a la ciudad: aprender en la ciudad -como entorno educativo-, aprender de la ciudad -como agente o medio educativo- y aprender la ciudad -como contenido educativo-.

La ciudad, su historia, su geografía, su estructura gubernativa, sus procesos y calidades de conformación territorial, la legitimidad de sus pluralidades culturales, su oferta de derechos y de posibilidades de vida individual y colectiva, así como su demanda de deberes y, especialmente, su inevitabilidad como contenido y continente en la existencia individual y colectiva de la gran mayoría de los colombianos, sus componentes de la educación espacial moderna del ciudadano, desde su niñez hasta su edad adulta, en los diversos momentos de su formación. La estrategia educativa tiene que asumir también tareas inmediatas y contemplar el cubrimiento de la población que por su edad, función o sector social, se encuentra por fuera del aparato educativo.

La ciudad como espacio de comunicación.

Reconoce en la crisis urbana un factor de debilitamiento de su connatural capacidad relacionadora y de comunicación. Esta situación exige el diseño y ejecución de políticas de comunicación urbana, por parte del Estado en sus diferentes instancias, en especial por parte de los gobiernos locales, con miras a promover la participación ciudadana; la intervención de los medios de comunicación social como generadores de espacios de concertación y movilizadores de la opinión pública; el tratamiento interinstitucional e interdisciplinario de los problemas de la ciudad; y la interacción ciudadana en la ocupación de sus espacios.

La comunicación en la ciudad, debe contar con el concurso de información y comunicación administrativas como generadoras de un nuevo tipo de relaciones entre los gobernantes y los ciudadanos; y con una visión de lo comunicativo que genere interacciones, solidaridades y acuerdos entre la diversidad de sujetos.

El sistema de espacialidades públicas en lo urbano establece una relación dialéctica con la esfera de la comunicación, como elemento estructurante de relaciones sociales. Una estrategia de comunicación se requiere para hacer visible y para materializar el ejercicio del derecho al espacio público y a la pluralidad social, cultural y política que ya ocupa la ciudad y que se manifiesta en ella.

El reconocimiento de los escenarios de confrontación y debate como base comunicativa esencial para el desarrollo de una opinión pública, autónomamente formada, constituye un componente significativo para la democracia. La alteración de las fronteras entre lo público y lo privado, entre otras, como consecuencia de los usos sociales de los medios de comunicación, requiere de acciones para conformar lo público desde la transversalidad de la comunicación, desde el libre acceso a la información y a la conformación de una opinión, a fin de recuperar la ciudad en su dimensión comunicacional por excelencia. La identidad, como construcción resultante de la interacción de los múltiples orígenes, mensajes, tensiones y oposiciones entre diferentes sistemas, debe contar con un proyecto abierto de tal naturaleza.

Una ciudad que construye su espacialidad desde la estética y la dignificación de lo urbano cuyo espacio edificado, construido, tangible, propicie al ciudadano un aprendizaje y una vivencia de tal naturaleza. La ciudad no es solamente un asentamiento humano generado por la agregación de pobladores y funciones, es una forma de existencia nueva para millones de ciudadanos, que propone y permite el desarrollo de sus estéticas y comprensiones vitales. Se precisa un desarrollo consciente sobre la calidad espacial y urbanística en la cual se habrá de desarrollar la vida de la mayoría de seres del planeta.

Una ciudad que construye solidaridad y forma ciudadanía.

Reconoce que las solidaridades no están para descubrirlas sino que deben construirse. Las estrategias educativas y comunicativas cumplen un importante rol en el alcance de este objetivo, pero no el suficiente. La solidaridad es también producto del derecho y la regulación normativa.

El derecho de todo ciudadano a un mínimo óptimo de garantías para llevar una vida digna y participativa exige de un sistema fiscal redistributivo y subsidiario que tenga como fin universalizar este mínimo de derechos y consolidar el ejercicio solidario sobre bases jurídicas, además de las consideraciones de carácter ético, social y político.

Una ciudad adaptiva en lo ambiental y viable en lo económico.

Reconoce que todo ciudadano tiene derecho a gozar de un ambiente sano y a unas condiciones de habitabilidad dignas. Una ciudad que aprende a construir cultura adaptiva, que reconoce sus responsabilidades no sólo al interior de los muros urbanos, sino en el entorno inmediato y lejano del cual depende la producción ciudadana. Una ciudad que se comprende como construcción cultural pero que es consciente de que no puede construir cultura sino en la continua transformación del medio y que sabe que la naturaleza también toma venganza de las culturas no adaptivas.

El paradigma tecnológico mediante el cual se produce y reproduce la ciudad deberá obedecer a criterios de producción limpia, ahorro y optimización en el uso de los recursos, salubridad laboral y pública, y unas condiciones económicas para la existencia digna. Este paradigma se relaciona también con la necesidad que tiene toda ciudad de generar empleos estables y con ingresos suficientes para atender las necesidades esenciales, a nivel personal y familiar, de todo ciudadano.

Además de la tecnología, debe existir una estrategia global de cada ciudad para desarrollar ventajas competitivas que permitan alcanzar el pleno empleo y el mejoramiento continuo en las condiciones de vida, con especial énfasis en quienes se encuentran viviendo bajo condiciones de exclusión, pobreza, vulnerabilidad y riesgo. En una situación de globalización e internacionalización de la economía, las ciudades deben ser eficientes, eficaces y bien administradas para atraer las inversiones requeridas, promover la economía privada y lograr la inserción plena de su producción en los mercados mundiales. Entre las gestiones ambiental y económica debe existir una expresa intencionalidad de construcción de referentes de pertenencia y responsabilidad de los ciudadanos con su territorio.
 


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