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EL PALIMPSESTO DE LA CIUDAD: CIUDAD EDUCADORA

Jahir Rodríguez Rodríguez

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La ciudad colonial.

La ciudad colonial latinoamericana generalmente comenzó como una fortaleza. La ciudad-fortaleza fue la primera organización urbana en Latinoamérica: tras sus muros se reunía un grupo de gente armada que necesitaba hacer la guerra para ocupar el territorio y adueñarse de la riqueza que supuestamente estaba escondida en él. La ciudad nació también como fortaleza y punto de enlace, como centro comercial y, en los puertos, mercado. Esta situación muchas veces provocó la codicia de los piratas. Otras pequeñas ciudades que luego se desarrollaron nacieron con una etapa en la avanzada colonizadora tierra adentro. Estas permitían el reagrupamiento de los colonizadores, y su descanso en su avance hacia las peligrosas zonas montañosas o hacia los centros urbanos indígenas, donde se fundaron - sobre las ruinas de su ciudad y su cultura - las nuevas ciudades coloniales. Por otra parte, las zonas mineras permitieron el crecimiento y el esplendor de diversas ciudades caracterizadas por la violencia y el despilfarro. Finalmente, algunas nacieron como centros misioneros de las diversas congregaciones religiosas.

Como ya queda dicho en cuanto a su diseño, la plaza mayor era el principal espacio abierto, el cual se convertía rápidamente en mercado. Alrededor de ella se levantaban los edificios públicos, la iglesia y las residencias principales. La plaza fue a la vez punto de intercambio comercial y de comunicación social, por pobre que fuera su apariencia, a veces con sólo una pequeña fuente en su centro. En los alrededores de la plaza levantaron sus casas los principales terratenientes y, alejados de la plaza, aparecían los barrios de menores recursos, donde también se construyeron parroquias y plazoletas. En los extremos exteriores residían los grupos de negros y de indígenas. En la ciudad colonial americana las principales preocupaciones arquitectónicas se centraron en los edificios religiosos, tales como iglesias y conventos, pero especialmente en la catedral. La ciudad era un verdadero centro ceremonial con sus grandes templos y monumentales construcciones religiosas en cada centro urbano.

El monarca determinaba detalladamente las condiciones que regían el emplazamiento de ciudades nuevas, especificando que debían tener buenos puertos de entrada y de salida tanto por tierra como por mar, y ser de fácil acceso.

Uno de los importantes edificios de la ciudad era el ayuntamiento, tradición hispánica transplantada a América que servía para el control político de los nuevos territorios.

La ciudad era el lugar de residencia de los encomendadores, de los funcionarios reales y de alto clero, quienes eran mantenidos con los tributos de la mano de obra libre y de la población indígena. El consumo de lujo de los propietarios agrícolas y mineros, residentes en sus mansiones de la ciudad, permitía generalizar el comercio de importación.

El crecimiento de los negocios en las ciudades, provocó la concentración de gran número de viajeros sin morada, vagabundos y comerciantes. Las grandes plazas se convirtieron en una acumulación de cobertizos y tinglados de vendedores de animales, en donde se amontonaban todo tipo de desperdicios. Una parte considerable de la población trabajadora, de desarraigados y de trabajadores ocasionales constituía la mano de obra barata que servía en los telares. Todo esto causaba condiciones antihigiénicas con su secuela de enfermedades y de muerte, además del hedor permanente que se percibía incluso desde las sedes gubernamentales y las residencias de los funcionarios, tanto en México como en Lima, puntos principales del dominio colonial.

Las ciudades crecieron como centros de trabajo comercial y manufacturero. Además de la amplia variedad de artesanía, se desarrolló la industria textil (manufacturera de lana y algodón) y la minería.

Con el desarrollo comercial y el acceso al poder de sectores liberales se pudo salir de un pesado estancamiento. Durante el siglo XVIII se eliminaron los entrabamientos al comercio, lo que imprimió gran fortaleza a los puertos y ciudades comerciales. Se construyeron más y mejores residencias y la ciudad fue poblándose. Con ello aparecieron los suburbios, compuestos principalmente por casas de familias pobres, aunque no faltaron zonas aristocráticas, donde los principales construían residencias suntuosas. La política económica liberal, en el reinado de los Borbones, rompió con la hegemonía de los principales ejes, México y Lima, y se crearon nuevos puertos y ciudades comerciales.

En el Brasil se implantó, desde el inicio de la colonia, un sistema de concentración de grandes extensiones de tierras y plantaciones, donde no regía un control centralizado y no se impulsaba el desarrollo de grandes centros urbanos. Las capitales se convirtieron en los centros de organización de todos los frentes de colonización.

Las tareas principales de las ciudades coloniales consistieron en el almacenamiento y embarque de productos locales con destino a Europa. En los siglos XV y XVI se crearon ciudades comerciales y artesanales, producto de los enfrentamientos entre la monarquía y los grandes terratenientes brasileños. La rápida expansión azucarera, tabacalera y ganadera, creó la necesidad de contar con puertos de almacenaje para el azúcar, tabaco, cuero y maderas, lo que requirió la entrada masiva de esclavos, bienes de consumo de lujo para los grandes señores y la maquinaria necesaria para los ingenios. Por otra parte, en esta región también se desarrollaron importantes ciudades mineras, con grandes mercados internos que fortalecían el comercio.

Tanto en los puntos más alejados, como en los puntos más peligrosos del territorio colonizado, las ciudades se convirtieron en centros predominantemente defensivos. En el caribe, por ejemplo, las principales islas se convirtieron en centros de protección de las flotas de las ferias comerciales y, por lo tanto, se construyeron ciudades fortificadas.

En los primeros años de la independencia, las ciudades dejaron de ser el centro exclusivo de decisiones políticas y económicas, pero continuaron siendo los principales núcleos organizados. A pesar del embate que sufrieron con las guerras libertarias, con las posteriores guerras civiles y con el ascenso al poder de las élites rurales, poco a poco fueron recobrando su poderío.

Aunque muchas de ellas fueron destruidas, los centros comerciales y, especialmente, las ciudades capitales que eran simultáneamente puertos, alcanzaron, con la independencia, su máximo esplendor y desarrollo. El crecimiento demográfico se aceleró como consecuencia de las migraciones rurales internas y el aporte migratorio europeo.

El desarrollo de la última etapa liberal de la colonia americana y el período de la Independencia coincide con la destrucción de la ciudad feudal europea y el desarrollo de las ciudades capitalistas en la etapa del libre cambio.

 


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