EXPERIENCIAS Y LECCIONES DE DESARROLLO RURAL

Dr. Iván Ureta Vaquero

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PROGRAMA CHALACO

La definición del programa.

En una reunión mantenida el día 7 de junio de 2006, tuve la oportunidad de escuchar la versión sobre lo que desde el principio se quería lograr con el programa. Sin embargo, a tenor de algunas intuiciones iniciales, los comentarios consistían más en unas valoraciones aprendidas y maduradas que como conclusión o colofón se podían establecer pocos meses antes de darse por terminado el programa. Sin embargo estimo valiosa su reproducción para tener una idea concreta de las aspiraciones:

“El programa que se dibujó en ese momento tenía como aspiración máxima que siempre fuera replicable a las otras subcuencas del río Piura, entonces siempre se procuró que el programa hiciera cuatro cosas. Primero, nosotros queríamos incrementar el capital humano y por eso es por lo que hay tanta capacitación, hay educación, hay capacitación en salud. Es muy probablemente la actividad más intensa y trascendente del programa desde el punto de vista del largo plazo.

Había que incrementar el capital humano. Había que incrementar en segundo lugar el capital ambiental, porque no tenía ningún sentido aumentar el conocimiento y las expectativas de la gente, sino se creaban las condiciones para que ellos se pudieran realizar en un espacio. Entonces ese aumento del capital humano estaba íntimamente vinculado al ejercicio de incrementar su capital ambiental. Yo no te enseño a ti a leer si el leer si el ejercicio es de matemáticas. Te enseño a leer con el mismo tema. Entonces había, incrementar capital social, incrementar el capital ambiental y proveer recursos para mejorar la infraestructura. Pero de nuevo. Esta infraestructura era una herramienta también para incrementar el capital y para aumentar la capacitación. Es decir, todo estaba amarrado. Y eso tenía que generar sinergias. En el momento, en el mediano y en el largo plazo.

Nosotros decíamos: vamos a mejorar la capacidad humana, vamos a mejorar la capacidad ambiental, vamos a mejorar la capacidad productiva y vamos a aumentar la capacidad de concertación y de sinergias en la zona. Ese reto que era desarrollar un programa integral, pero no sobre las actividades, sino sobre este ejercicio de desarrollar a las personas para desarrollar el medio ambiente, con actividades productivas que sean compartidas por varios grupos, era lo que nosotros queríamos replicar como proceso.

O sea, queríamos ver ¿Qué es lo que debíamos hacer para que eso pueda ser un proceso que yo se lo daba al alcalde de otra cuenca? Ese era el objetivo de sistematizar. Al final nosotros teníamos que terminar con un proceso, para que el proceso de hacer estas cuatro cosas que yo te he dicho, se pueda replicar. No queríamos replicar la receta. Queríamos identificar las claves.”85

Lo comentado en estos párrafos no debe ser utilizado para evaluar el programa a posteriori, sino que sirve para entender un poco mejor el carácter del mismo, entendiendo que el dinamismo propio del acto humano exige la maduración propia de las experiencias exitosas y fracasadas. En todo caso, a continuación importa en qué forma estas ideas iniciales fueron encauzadas por las personas e instituciones que debían llevarlas a cabo.

A pesar de que la Universidad de Piura siempre había mostrado una histórica relación con el mundo de la cooperación, nunca había participado en un programa del tipo que Pro Perú estaba en disposición de poder financiar. Cuando las ideas comenzaron a correr, en 2002, se sentaron en la mesa de trabajo de la Secretaría del Consejo el Rector, Antonio Abruña, Laura Arribas, directora de ProPerú, Jesús Chiyón, ahora decana de la facultad de Ciencias Económicas y Empresariales y entonces encargada de proyectos y el administrador general de la universidad. En estos momentos críticos en los que la participación de la Universidad de Piura debía ser lo más prudente posible,

“…yo pedía que en la universidad teníamos que aclarar lo que eran dos líneas de trabajo: lo que eran proyectos –y había que decirlo sin reparos- para la universidad, que era canalizar proyectos dentro de un rol social muy claro pero que sirvan para tu universidad, en equipamiento, en aulas, en lo que fuese, ir a buscar la institución que entendiera el rol de la universidad y la ayuda que da la universidad desde su fin universitario para fortalecimiento institucional; otros proyectos que yo llamaba netamente sociales donde la universidad lo que tenía que asegurarse de cuidar era que capitalice a favor de la universidad en investigación, publicaciones pero que eso no asignes ni una computadora para la universidad porque era desvirtuar el proyecto.

Yo en un momento siempre decía: cuidado, estamos entrando justo en la línea en la que o separas bien tus dos caminos o te inventas un tema social que no es sino que quieres justificar, entonces yo pedía claridad, claridad porque estamos caminando y podemos pisar el palito. Yo estaba justo en ese momento de tener claridad en los caminos, de ver que habían dos cosas distintas y que sin querer podíamos estar mezclándolas cuando llega Laura con su planteamiento de que ya había logrado un nivel de cooperación tal que ya podía entrar con un programa y nos dijo que querían saber qué cosas tenía la universidad que pudiera dar al programa, entonces el rector Antonio Mabres le comentó el tema de Chalaco y yo le vendía la idea de un proyecto que tengo hasta ahora encajonado de desarrollo de PYMES en la zona de frontera que hice como tema de tesis de mi maestría porque los temas de cooperación me han gustado y soy una convencida de que la pobreza en una zona la destierras a base de generar empresas, o sea, mover el tejido empresarial más que poner un comedor, poner un colegio, ese era mi convencimiento. Quedamos para una segunda reunión en la que estaría Mirhas porque el rector dijo que ese tema quien lo conocía mucho y que sabía también era Gonzalo Urday y en esa reunión Gonzalo iba a defender su proyecto y yo iba a defender mi proyecto.”86

Como indica Chiyón, Gonzalo Urday finalmente fue mejor vendedor y ganó el proyecto. Desde este punto de vista, la actual decana reconoce que fue más vendible el programa Chalaco que el hecho de invertir en una línea de financiamiento para PYMEs, y se puede entender porque en un nivel de desarrollo como el de la empresa española, no se justificaba la intervención en este rubro, pero conociendo la realidad de Piura y la de provincias, hay que intervenir en este sector para asegurar la sostenibilidad.

En este contexto, se supuso que se conocía perfectamente la realidad de Chalaco y que por tanto, si era el programa ganador se haría y finalmente la Universidad de Piura decidió meterse como socio local ejecutor del programa que debería formularse acto seguido. Y fue en este momento cuando Laura Arribas comentó lo importante que era que el programa se formulara en Perú, ya que se conoce mejor el tema.

En esta etapa ProPerú envió a Gisella, una funcionaria española que trabajaría la parte técnica junto al consultor Gonzalo Pajares. En la primera reunión, comenzaron a trabajar Gonzalo Urday, Gisella, Jesús Chiyón y Gonzalo Pajares, procediendo a generar una lluvia de ideas de lo que se quería para el programa. En estas circunstancias Jesús Chiyón insistía en que era necesario hacer un estudio de línea de base, prever los estudios que resultarían necesarios hacer. Sin embargo esta visión más académica no era compartida por el resto de los asistentes a la reunión ya que se amparaban en el conocimiento exacto de la zona y que en base al mismo, sabía perfectamente que hacer y que no hacer. Por tanto se podía observar una postura académica que se oponía a una visión más técnica de la mayoría.

“Entonces la lectura de ese reunión fue una Gisella y un Gonzalo Pajares que se quedaron convencidos de que los que sabían de la zona y de la cooperación, era Mirhas y que la universidad tan teóricos como siempre era de esperar que lo que querían era estudios, investigaciones, más estudios, más cosas, yo al final de la reunión me jalaba los pelos de por qué se había llegado a esa lectura si así no era la cosa.

En otra reunión ya no solo vino Gonzalo sino que además trajo a la chica con la que trabaja él temas de desarrollo, fulanito que forma parte del equipo técnico en Chalaco, que son los técnicos y que gracias a ellos están sacando cosas y que es la gente más estable y que a partir de ellos íbamos a sacar cosas. Yo seguía insistiendo en que había que partir de estudios, claro que en el primer año se haría más este tipo de cosas que acciones concretas pero había que presupuestarnos, yo no entendía cómo íbamos a sacar esos presupuestos si yo me veía que no estaba claro lo que había que hacer.

Gisella que r con r que hay que presupuestar y además persona por persona con nombre y apellido, me parecía una locura pero pensaba que tal vez tanto desconocía ese mundo de los proyectos que a lo mejor sí se llegaba a trabajar con esos niveles de precisión y yo veo tan lejos lograr esa precisión y yo más bien hablaba de “estimar”, por ejemplo en una intervención en materia de salud, ¿cuánto podremos grosso modo pensar gastar en una intervención en materia de salud? Pero ellos decían que ya, ¿cuánto el primer año, cuánto el segundo, cuánto el tercero, cuántos beneficiarios? Pero eso tiene que venir a partir de lo que el estudio nos diga, esa era mi idea, cuánto razonablemente podíamos pedir en materia de salud, para una intervención en educación, luego del estudio se podrá precisar a cuántos el primer año, a cuántos el segundo, el tercero, a eso yo iba.

Fiel a mi idea, yo decía tenemos que entrar con salud, con educación y con participación productiva. No, que la ¿cocina?, que la infraestructura, que no sé qué... ok, eso también –les decía yo... siempre habían esas posturas. En el camino, yo siempre digo para mala suerte hubo un viaje a España y ADEU, tú bien la conoces, pidió que sea yo la que esté presente. Y yo me ausenté como 15 días en esa etapa de diseño, dejé a Nora Grados, otra gente en la universidad pero yo creo que nos ganó el desconocimiento, la novedad, no era un campo en el que éramos especialistas y dejamos que se opacara nuestra voz por los que hablaban más fuertes, llamados especialistas en la materia, en concreto este señor Pajares, Gisella y Gonzalo que hablaba hasta por los codos y que cada vez que le decías ¿pero acaso conocemos...? contestaba “¿cómo comemos lúcuma?” y sacaba un estudio técnico de la lúcuma y parecía que todo estaba controlado y que efectivamente todo se sabía y cuando se hablaba del ganado decía “cómo ¿que no saben del ganado?” y sacaba otro informe, no te miento que de esas reuniones yo venía con cajas llenas de estudios y cosas que ellos ya habían hecho en esa unidad técnica y por lo tanto, absolutamente todo estaba bajo control.

Yo seguía muy incrédula respecto a que esto pudiera hacerse realidad, preguntaba cuándo se había hecho todo eso ya que por lo menos requería actualización y decía “esto es de tanto” y siempre terminaba predominando eso, el que hablaba más fuerte o ponía mucha fuerza en un conocimiento de la realidad chalaca, versus una universidad cuyos representantes nunca habíamos estado ahí, yo nunca había pisado Chalaco y yo se los decía pero les decía que sabía de la pobreza y la pobreza, aquí, allá y en todos lados, es la misma, yo insistía en que había bastante que coger con salud, educación y producción y en el camino irás viendo si había que hacer un canal, si esta carretera había que reforzarla y ellos que no, que había que definir presupuesto partida por partida, ítem por ítem, persona por persona, yo no entendía cómo se podía hacer eso.

Cuando regresé de España vi que nuestras voces habían sido apabulladas por los digamos expertos en la materia y que ya se había definido líneas, acciones, presupuestos y que salud y educación habían quedado abajo y miserables. Yo recuerdo que le decía a Gonzalo, en eso de las cocinas mejoradas, por qué no pensamos cómo pueden tener acceso a gas y así tener cocinas normales porque eso es llevar modernidad y entonces decían que a la gente no había que sacarlas de sus costumbres. Bueno, sí y no porque yo creo que hay formas de que la gente resuelva sus necesidades, no les voy a llevar una lavadora que va a necesitar luz que no tienen pero sí algo más que cocinas mejoradas. Yo tengo la foto de las cocinas mejoradas atravesadas.”87

En este contexto según la opinión de Fernando Barrenzuela, había gente que pensaba que la universidad no debería meterse tanto como se terminó metiendo. Otros, entre los que se encontraba el rector, decían que sí, que la universidad se tenía que comprometer más y debía meter más gente, más facultades. Pero nuevamente, según Barrenzuela, no se tenía demasiado clara la participación de la facultad de empresas.

“No, es que habían opiniones a favor y en contra, había gente que pensaba que la universidad no debería meterse, tanto como se terminó metiendo y había gente que decía que sí, en realidad quien impulsaba todo esto era el doctor Mabres, él empujaba a que la universidad se comprometa más, meta más gente y todo eso y en facultades por ejemplo en empresas no teníamos muy claro si debíamos meternos con profesores, con alumnos, al nivel que nos terminamos metiendo porque había que sacar las cosas ya. Entonces ahí parece que hubo un problema de comunicación interna para saber cuán importante o de qué dimensión era el proyecto”.88

Estas reticencias se debían a que se creía que lo más adecuado para la universidad es que esta actuara como asesora de ciertos temas pero que no se involucrara en la administración del proyecto. El porqué es evidente. En la práctica con los profesores se corrían dos riesgos: o que usarían horas de trabajo para hacer la agenda de Chalaco y cuando faltara tiempo o sino se deberían emplear horas destinadas al descanso viajando a estas zonas alejadas. Se escuchó en algún momento que debía ser Fiat, la Ong de la Universidad la que administrara el programa y que esta pidiera asesoría a la Universidad para cosas puntuales, para así no tener gente involucrada todo el año. La prudencia inicial obviamente estaba justificada por la necesidad de conseguir un equilibrio entre las actividades propias del profesor y de las facultades y las exigencias del programa en caso de aprobarse. Pero este equilibrio a juicio de Barrenzuela no se logró.89Y no se logró porque el programa se redactó en aproximadamente seis meses con cuatro semanas trabajando en el laboratorio de química hasta altas horas de la madrugada.

Sin embargo a pesar de que la Universidad tenía un peso importante en el programa,

“…no se involucró a las facultades en el diseño del proyecto, si tú miras lo que se hizo vs lo que se tenía planificado ves que es una cosa rarísima, parece otro proyecto porque hubo una falta de comunicación entre lo que pensaba Mirhas que era el otro socio ejecutor y lo que pensaba la universidad, entonces tú tienes a una institución como Mirhas que concentra muchísima información sobre la zona, porque ha trabajado la zona, porque conoce idiosincrasia de la gente, la forma de manejar la municipalidad, los temas públicos allá, la forma cómo se interviene y nosotros que no sabíamos nada de Chalaco, a mí “chalaco” me sonaba al que vive en el Callao, no sabía que existía Chalaco.”90

Con estos problemas de conexión de ideas fue saliendo la formulación del programa. Se estaba priorizando un componente productivo muy fuerte y un apartado infraestructural donde el presupuesto más elevado lo compusieron las cocinas mejoras. Además, existían algunas partidas altas para la construcción de obras que cubren podrían cubrir una necesidad pero que posiblemente no era sostenible, como reconoce Chiyón.

“Cuando yo regresé de este viaje, cooperaron nuestros amigos ingenieros, nuestros amigos de Mirhas y ya estaba repartido el presupuesto y quedó una educación pobre, una salud miserable, es más, no existía sino que tuve que convencer un día al doctor Morales que es una persona digamos como que muy pausada y vimos que debíamos tener un presupuesto más o menos aceptable para salud, y que no lo inventemos sino que con la experiencia que teníamos en el Medio Piura, estimemos. El doctor quería más información pero ni modo: “Doctor, es-ti-me-mos” porque sino nos vamos a dar con la sorpresa de que no va a haber ni siquiera la componente, con un poco de gracia y suerte, yo creo que aceptaron trabajar así medio a lo loco y de manera irresponsable para la forma como normalmente trabajamos y se puso una componente de salud.

Lo mismo tuve que correr con el doctor Pablo Pérez, otro profesional que es así como que muy pausado, muy ordenado, muy responsable, “estimemos” de acuerdo a sus intervenciones, pedía información, “no la tenemos, dicen que estamos hablando de tal grupo de gente”. A la mala porque tengo que reconocer que yo soy exigente y llamé a Laura, una hora peleando por teléfono, a Gisela le dije si los habían mandado para que nos ayuden o para que nos manden que era la sensación que yo tenía y yo no estaba dispuesta.

Era el tema de si me salía y al final me permitieron meter pero como ‘para que se quede callada’ la componente de educación, biblioteca virtual, salud y bueno ya estaba la parte productiva que Gonzalo tenía claro de la lúcuma y no se qué. Incluso en la parte productiva yo no entendía por qué estaban esos temas, nos dejamos apabullar porque en efecto podía haber un tema de desconocimiento.

Me parecía rarísimo poder aterrizar en un tema de presupuestos tan milimétricos, nos lo presentaban con matrices que se veían complicadísimas incluso en relación con otros proyectos, me quedé con una sensación de que algo no estaba muy claro ahí porque en los presupuestos no se reflejaba necesariamente todo por ejemplo había una partida para educación pero el personal de educación estaba en una partida de personal por acá y el equipamiento previsto para esto estaba en la partida de equipamiento por acá. Entonces si querías ver el presupuesto, qué se ha gastado, qué se va a gastar, estaba todo así... pero se suponía que se estaba cumpliendo los formularios, formatos de los programas y yo siempre decía “qué complicados los programas” porque eso sí era dificilísimo de entender.

Hasta ese momento, el rector ni nadie entraba en el diálogo porque éramos el equipo formado y logramos incluir esas componentes porque empezamos a imponer, bueno, yo fui la que adoptó esa postura, siempre yo había sentido en la universidad mucha autonomía para trabajar temas pero aquí tuve que ponerme a pisar fuerte porque los que pisaban fuerte eran los que hacían cosas. Me lamenté interrumpir mi viaje, era todo plazos, se cumple tal día... se preparó, se mandó a Lima, en Lima trabajaron Gisela Olivares con Julio Pajares un tiempo más ese programa, en Lima seguían haciendo ajustes y cosas, ahí no intervenimos mucho, el tema se fue a España, España le dio ajustes y cosas, se trabajó otro tiempo más, luego en ping pong se fue a la convocatoria, después de un tiempazo salió el tema y pues se aprobó el proyecto.”91

Sin embargo, Gonzalo Urday, presidente de Mirhas Perú tiene otra opinión al respecto, ya que desde el principio la universidad no tendría un papel organizativo dentro del programa más allá de las actividades propias de la componente productiva.

“La universidad será encargada de ejecutar las actividades relacionadas con el sector productivo, (porque ahí tenía la facultad de economía, el tema de investigación) y parte de la formación del personal sanitario y de la infraestructura de agua potable (porque ahí estaba Nicolai, el ruso y nadie mejor que hidráulica para eso). Una cosa es la matriz del marco lógico y otra el documento de formulación.

Mirhas Perú será encargada de ejecutar las acciones de los sectores de educación, salud y fortalecimiento de las organizaciones sociales (porque nosotros no veíamos la posibilidad de hacer algo integral sino se tenía una sola propuesta en esos temas porque la organización se tenía que hacer desde las escuelas). Entonces teníamos una estrategia que era la de la familia demostrativa, acá hay varias cosas donde se van definiendo por ejemplo que el programa pretende no solo el desarrollo de las poblaciones beneficiarias sino de las que interactúan en estos espacios y de otras comunidades asentadas en las montañas.

La familia demostrativa dijimos: fácil hacemos 500 pero seguro llegamos a 1000 porque teníamos 20 comités conservacionistas por 20 integrantes, eran 400, teníamos 300 mujeres en el María Elena Moyano, vamos a poner 150, entonces ahí teníamos otras 150, en el lado de Ñoma, ahí tenemos como a 100 regantes entonces nosotros así nomás, grosso modo dijimos hacemos 650, nosotros dijimos “a esta cuenca nosotros le metemos por lo menos 1000 familias demostrativas”.

La fecha oficial de inicio de programa era 16 de enero de 2003, nos avisan como en noviembre de 2002 que ya está y dijimos “bacán”. Laura me llama y me dice “tú vas a ser el director del programa” entonces la universidad había pensado otra forma de organización no sé por qué, pero bueno. Entonces les comenzamos a explicar porque no sabían cómo era el programa, primero estaba Nora, no estaba Jorge Viera, Nora era jefe del componente de producción y codirectora del programa, ya habíamos hecho las presentaciones del programa.”

Siguiendo con la lógica expositiva, a continuación expondré el resumen del documento de formulación para posteriormente pasar a comentar el primer año de actividades.


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