EXPERIENCIAS Y LECCIONES DE DESARROLLO RURAL

Dr. Iván Ureta Vaquero

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Los objetivos del Milenio y la cooperación.

Una especie de prurito revisionista inauguró un nuevo milenio. Desde sectas que anunciaban el fin del mundo, a los desastres informáticos que arruinarían las cuentas de las grandes empresas y perjudicarían a los usuarios. Estas preocupaciones sobre el fin del mundo o la posibilidad tener la oportunidad de “empezar de nuevo” se evidenciaron en los países que son industrializados y las preocupaciones, fueron igualmente preocupaciones propias de los países industrializados. Algo similar ocurrió con el terror del año 1000, el cuál dio paso a una de las manifestaciones más optimistas al permitir la transición de un mundo románico, pesimista, violento, a un entorno gótico, feliz, que daba gracias a Dios por esa “segunda oportunidad”.

A lo largo de la historia podemos observar una especie de fetichismo por los aspectos cabalísticos representados por las fechas y los aniversarios. El cambio de milenio ponía sobre la mesa cuestiones que se habían venido desarrollando, cuando menos, de forma consciente y hablando en términos de desarrollo económico y cooperación desde la finalización de la segunda guerra mundial y la firma de del tratado de Bretton Woods, en cuyo seno se engendró la semilla del Banco Mundial o del Fondo Monetario Internacional. Tras una gran fecha, se impone una reflexión y de la reflexión salen nuevos retos, nuevos objetivos que previamente no se han logrado superar. Las fechas así tienen una especie de capacidad catártica. Como consecuencia de esta cuestión “universal” – y pongo universal entre comillas porque lo universal hoy en día se restringe al “mundo conocido” y este mundo conocido es el industrializado – en el año 2000, se celebró la Cumbre del Milenio, auspiciada por las Naciones Unidas. En este foro, los líderes mundiales debatieron las grandes necesidades que debían ser resueltas durante el siglo XXI. Así se “evocó un mundo unido por valores comunes que se esfuerza por lograr la paz y condiciones de vida digna para todos los hombres, mujeres y niños con renovado empeño”5 Todo quedó resumido en unos Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODMs), los cuales fueron fijados en 2001. Se hizo un programa cuyas metas deberían ser alcanzadas en el año 2015 y se indica que los indicadores que se utilizarían para medir dichos cambios serían cuantitativos. Los objetivos son los siguientes:

1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre.

2. Lograr una educación primaria universal.

3. Promover la igualdad de género y la autonomía de la mujer.

4. Reducir la mortalidad en la infancia.

5. Mejorar la salud materna.

6. Combatir el VIH/SIDA, la malaria y otras enfermedades.

7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.

8. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

Una de las cuestiones recurrentes sobre las que vamos a incidir a lo largo de este informe es la relativa al análisis causal o consecuencial. Las diferencias entre ambos tipos de análisis es muy grande, aunque a veces se confunden de forma inconsciente y sus fronteras se diluyen. La idea inicial que me gustaría manifestar desde el principio es que, desde mi punto de vista, los planes de desarrollo suelen ser insostenibles precisamente por confundir consecuencias con causas. Consistentes con esta idea formulemos los ocho objetivos de forma interrogante:

1. ¿Por qué hay pobreza extrema y hambre?

2. ¿Por qué no se ha logrado la educación primaria universal?

3. ¿Qué ha impedido la igualdad de género y la autonomía de la mujer?

4. ¿Qué ha impedido la reducción de la mortalidad infantil?

5. ¿Qué ha impedido el mejoramiento de la salud materna?

6. ¿Por qué todavía existen estas epidemias?

7. ¿Quiénes provocan y han provocado el deterioro medioambiental?

8. ¿Por qué formar ahora una asociación mundial para el desarrollo?

Puede ser que algunos de los objetivos sean consecuencias no causas y de ahí, que la realización del diagnóstico pueda ser incompleto y por serlo, el plan de acción quizá no sea adecuado. Esta preocupación también se convierte en moda, y como moda, se presta a ser comentada, investigada y muy escrita. El Perú es un país al que le toca de cerca vivir algunos de los objetivos del desarrollo comentados más arriba. Siguiendo esta tendencia, el ex – presidente del Perú, Alejandro Toledo tituló a la presentación del libro Hacia el cumplimiento de los objetivos de desarrollo del milenio en el Perú, “Un Perú más solidario y desarrollado”. Según esta brevísima introducción, las esferas públicas y privadas del Perú, se encuentran implementando algunas políticas de acción, de las cuáles, éstas son las más representativas6:

1. La suscripción del Acuerdo Nacional, el 22 de julio de 2001, por parte de los partidos políticos, la sociedad civil y el gobierno, que incluye 30 políticas de Estado, con un horizonte de 20 años. Varias de las políticas del Acuerdo Nacional están inspiradas en los ODMs, particularmente en sus 8 objetivos principales, 18 metas y 48 indicadores.

2. La lucha contra la pobreza a partir de la ejecución de una política económica con rostro humano, orientada a incrementar la inversión para generar empleo digno y productivo, garantizando reglas de juego claras y la distribución de los beneficios de crecimiento económico.

3. El proceso de descentralización, iniciado en enero del año 2002, una demanda nacional esperada desde nuestra independencia en el siglo XIX.

4. La aprobación del Plan Nacional de Superación de la Pobreza, la Estrategia Nacional se Seguridad Alimentaria y la Estrategia de Desarrollo Rural.

5. La expansión y fortalecimiento en todo el país de cerca de 1.600 Mesas de Concertación de Lucha Contra la Pobreza como espacio de concertación entre la sociedad civil y el Estado, con especial protagonismo de los beneficiarios de la política social.

6. En el ámbito institucional, la creación de un Comité Técnico Social del Gobierno Nacional como instancia de articulación de políticas sociales y de lucha contra la pobreza.

En este panorama de aparentes verdades en torno al mundo de la solidaridad, las intenciones superan un uso racional de muchos de los términos que en esencia simplemente sirven para realizar numerosas investigaciones, muchas publicaciones, costosas acciones, pero que sin embargo, tienen un escaso respaldo de los efectos y de los impactos. Quizá uno de los principales problemas que afectan a la sostenibilidad de los programas de cooperación, se deba a una excesiva mitificación de la importancia del dinero. En un libro anterior cuando reflexionaba sobre el nacimiento fuerte de la idea de solidaridad internacional, justo después de la segunda guerra mundial en los acuerdos de Breton Woods, a la solidaridad se le monetizó. Se le puso precio. Concretamente “la solidaridad que se desarrolla gracias a mecanismos extraeconómicos, fue igualmente “monetizada” así que, paradójicamente a su naturaleza, a la solidaridad se le puso precio. Y fue este precio marcado en el mercado de solidaridad internacional, lo que contribuyó a que existieran países de primera, de segunda, de tercera, y otros simplemente, inexistentes.”7

La visión clásica basada en inversión (llámesele si se quiere K o dinero) = Crecimiento = Desarrollo, parece no estar tan clara y siento cada vez que analizo algún programa de cooperación que, al menos, en la mayoría de los casos no tiene mayor fundamento. Si la ecuación funcionara ceteris paribus, tendríamos la receta del desarrollo, pero observamos recurrentemente que el desarrollo humano se basa más en aspectos extraeconómicos que económicos. Insisto, sobre todo en sociedades que aspiran a una mayor integración y optimización. No tenemos más que revisar algunos de los casos más reveladores de la historia económica mundial para darnos cuenta de esta realidad. Casi con una efectividad del 100% en sus planteamientos, a Max Weber se le podría dar la razón. Algunos autores como Samuel Huntington o Lawrence E. Harrison, al realizar análisis comparativos en busca de las causas que provocan el desarrollo de unos grupos humanos, llegan a una misma conclusión: que el subdesarrollo es un aspecto mental.8 Cultural. Y obviamente por más que nos obsesionemos con apalancar y aplicar enormes sumas de dinero, ello no servirá para lograr el efecto catapulta que se supone.

Como veremos a lo largo de este trabajo, el Programa de Desarrollo Sostenible de Ecosistemas de Montaña de Perú estaba integrado por 4 componentes. Cada componente tuvo diferentes actividades a lo largo de la ejecución del programa. Sin embargo, como nota introductoria podemos comentar que la relación entre impacto-dinero representó una proporcionalidad inversa. Los problemas estructurales que arrancaron de inicio con el programa fueron mensurados con un mayor peso en base a un criterio economicista-productivo y no tanto enfocado en el desarrollo de las capacidades humanas y sobre todo, cómo conseguir esto último, lo cual, implica un profundo conocimiento de la realidad sociológica, psicológica, histórica y antropológica de la zona. Redundando en la idea, puede decirse que aquellas actividades que contaron con un presupuesto menor, pero que se enmarcaban dentro de los criterios de acción sobre la conducta y el cambio cultural, tuvieron más repercusión.

Este planteamiento puede ser válido si hacemos una breve reflexión sobre grupos sociales que han tenido éxito desde una etapa no tan atrasada en el tiempo. La experiencia que vamos a resumir integra factores de éxito material basado en el éxito de una integración cultural que ha podido ir generando cambios con un ancla extraeconómica. Con la reforma agraria, se crearon cooperativas – un poco más adelante haremos alguna valoraciones sobre el sector agrario – con el fin de suplantar un seguramente obsoleto sistema de producción agraria hacendística. Con el paso del tiempo, las cooperativas fueron fracasando una tras otra, sin embargo, Porcón se ha mantenido con éxito. La razón es fundamentalmente extraeconómica. Se basa en criterios de acción que responde a motivos intrínsecos y trascendentes. Son evangelistas.

Asociado a este comentario, en las entrevistas que realicé a los diferentes miembros participantes del programa, algunos señalaban la gran penetración que estaban teniendo en la sociedad los grupos de evangelistas. La clave del éxito consiste en bajar a vivir con la comunidad y hacerse partícipes de sus problemas para poco a poco tratar de ir cambiando patrones culturales. Y de hecho, a través de estos mecanismos extra económicos se consiguen resultados magníficos de cambio cultural, lo que acarrea modificación de hábitos y costumbres. Pero este camino es largo y no ofrece resultados inmediatos. Tampoco se requiere que los resultados sean inmediatos porque no hay que ir gastado cantidades de dinero según un cronograma previsto.

Otro de los aspectos que fortalecerían este punto de vista y que se comentará más adelante también, es el aspecto de las dos velocidades de un programa o de un proyecto de cooperación. Estas dos velocidades, de estar desacompasadas, derivan en la degeneración de la esencia misma de la cooperación y del desarrollo, entendiendo en este caso que es sostenible, puesto que no puede entenderse el desarrollo sin la sostenibilidad. En un proyecto, programa o política se establece una planificación y un cronograma de actividades que por estar financiadas tienen que ser rendidas al finalizar un plazo determinado. Este estatismo provoca tensiones dentro de la organización ejecutora y se compromete el cambio social perseguido. La velocidad para gastar y rendir cuentas es superior a la velocidad en la que los grupos, llamémosles convencionalmente, beneficiarios se apropian de la transferencia de tecnología o de conocimientos. La sed de mostrar resultados por parte de las organizaciones ejecutoras a las entidades financieras provoca una tendencia a la siembre de cemento o transferencia tecnológica. La obsesión por la transferencia tecnológica es propia de una actitud basada en la ecuación mostrada anteriormente de K=crecimento=desarrollo. Sin embargo, como se aprecia en muchos proyectos de cooperación, estos fracasan por esa tendencia.

Como se puede apreciar, la sistematización no solo exige un análisis del programa en si, sino de todos aquellos elementos tocantes a la misma y que no suelen ser analizados con cierto espíritu crítico. Por ello, la sistematización continúa con un análisis del sector agrario peruano.


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