BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

CORRESPONDENCIA ENTRE EL CRECIMIENTO ECONÓMICO Y LAS CONDICIONES DE VIDA DE LA POBLACIÓN



Dr. Pedro Maldonado Cruz 
M.C. José del Carmen Palma Sosa

 

 

 

 

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Factores Demográficos que Inciden en la Pobreza

Fecundidad

Los diversos estudios sobre el tema muestran que los niveles altos de fecundidad son frecuentes en los estratos sociales pobres, existe una diferencia entre los sectores sociales pobres y no pobres, que en promedio, llega al menos a tres hijos por mujer; este indicador alcanza sistemáticamente menores valores en las áreas urbanas que en las rurales. Las mujeres de las primeras tienen, en promedio, dos hijos menos que las residentes rurales (Rivadeneira, 2000: 32; CEPAL, 2004: 25).

En lo que respecta al tamaño del hogar, se confirma que los hogares pobres se caracterizan por un elevado número de personas. Mas aun, en la composición de estas familias tiende a prevalecer una mayor presencia de niños, situación que a su vez da lugar a altas tasas de dependencia demográfica. En países de la región, el numero de niños y adultos mayores en los hogares pobres es igual o superior al numero de personas en edad de trabajar, lo cual implica una fuerte carga para los miembros responsables de mantener a sus familias (CEPAL, 2004). Siendo responsable de una parte importante del efecto distribución que se expresa por el nexo entre alta fecundidad y mayor pobreza (CEPAL, 2004; Filgueira, 2004: 35).

A su vez, la presencia de tres o mas niños en el hogar constituye una característica muy distintiva de los grupos de escasos recursos, aun en los países con bajas tasas de fecundidad. Este rasgo es en si mismo un importante predictor de la probabilidad de que en el hogar tenga ingresos insuficientes en un grupo importante de países de América Latina. En efecto, se comprueba que en al menos once casos, las tres cuartas partes de los hogares con tres o mas niños se encuentran en situación de pobreza (CEPAL, 2004: 25-26).

La evidencias sobre el efecto conversión muestra que las familias muy numerosas y de bajos ingresos invierten menos recursos y disponen de menos tiempo para asegurar a sus hijos niveles satisfactorios en materia de educación, salud y nutrición. Registran peores condiciones para cumplir con las funciones básicas de socialización, carecen de capacidades relativas para dar seguimiento a la trayectoria escolar de sus hijos; al mismo tiempo, en esos hogares la madre se encuentra mas expuesta a problemas y contingencia de salud, en particular, en sus embarazos (Filgueira, 2004: 35).

Hay poderosos motivos para preocuparse por la fecundidad adolescente, dado que su intensidad es mucho mayor en grupos pobres y con baja educación, reproduce la pobreza y la exclusión, la precariedad familiar del nacimiento y la crianza, y conlleva un mayor riesgo para la madre y para los hijos. La elevada concentración de niños en los hogares pobres pone en evidencia la urgente necesidad de invertir en la infancia como condición esencial para asegurar su mayor bienestar y evitar la transmisión intergeneracional de la pobreza. Las cifras mencionadas, junto con la constatación de que un alto porcentaje de hogares pobres carece de agua potable y saneamiento, implican que existe un volumen considerable de niños expuestos a la desnutrición y a una serie de enfermedades graves, que pueden generar trastornos irreversibles en su crecimiento e inclusive causar la muerte. Atender a este importante segmento poblacional resulta esencial para evitar poner en riesgo su futuro, y con ello la viabilidad económica y social de los países (CEPAL, 2004).

El avance de la transición demográfica trae aparejada la confluencia de antiguos problemas con nuevos, sobre todo los planteados por el envejecimiento de la estructura por edades y el estrecho horizonte temporal en el cual se mantendrán relaciones de dependencia bajas, potencialmente favorables al desarrollo. A estos temas se suman otros, también de gran relevancia, que no están directamente vinculados con el proceso de transición demográfica propiamente tal, como ocurre con la fecundidad entre las adolescentes, la concentración urbana y la relación entre migración internacional y desarrollo. La transición no solo ha consistido en el envejecimiento de la población, sino también en la disminución de la tasa de dependencia, lo que contribuye a una holgura demográfica a mediano plazo, puesto que favorece la actividad económica. En cambio, el primero de estos fenómenos plantea enormes desafíos sociales, debido a que la proporción y el numero absoluto de personas de 60 años y mas se incrementara sostenidamente en los próximos decenios la velocidad de cambio de este segmento de la población será entre tres y cinco veces mayor que el de su conjunto (CEPAL, 2004: 13-14).

Sin duda, las personas mayores están expuestas cada vez mas a la desprotección social y por consiguiente a una mayor vulnerabilidad a la pobreza. No obstante, este hecho no es aparente en el perfil simple de los hogares pobres, puesto que, a diferencia de lo que sucede en el caso de los niños, los hogares pobres no se caracterizan necesariamente por una mayor presencia de ancianos (CEPAL, 2004: 26).

Las desigualdades demográficas también tienen claras expresiones geográficas. Aunque es tradicional identificar disparidades entre zonas urbanas y rurales, hay una creciente preocupación por la segmentación social del espacio urbano. Este no es un fenómeno nuevo, históricamente los distintos sectores de la ciudad se han diferenciado según el uso del suelo y el estrato social que alberga; sin embargo, en los últimos años se ha visto agudizado con la perdida de instancias y mecanismos de contacto e interacción entre los distintos grupos sociales. Tales tendencias han llevado a que las ciudades de la región se caracterizan crecientemente por la coexistencia (no convivencia) de áreas con perfiles socioeconómicos y condiciones de infraestructura muy diferentes, que funcionan con bastante autonomía y desarrollan culturas y círculos de interacción propios. (Bajraj, 2000: 16).

En cuanto a la migración y su relación con la pobreza, podría argumentarse que los sectores menos pobres de la sociedad son los mas propensos a migrar; en todo caso, el “éxito” de su migración estará condicionado, por una parte, a que tenga nociones claras acerca de las modificaciones a su actual condición socioeconómica que puede traer aparejado el cambio de lugar de residencia; por otra parte dependerá de determinadas características que facilitan su traslado. Ciertamente, los mas pobres presentan una intensa movilidad estacional interna o hacia zonas de la frontera, asociada a áreas especializadas que les ofrecen oportunidades temporales de trabajo y mejores ingresos relativos; sin embargo es probable que se incorporen a actividades de menor productividad cuyos salarios no modifiquen substancialmente su condición (Rivadeneira, 2000: 33).

Las relaciones entre la migración y la pobreza son complejas, las evidencias indican que los grupos mas pobres de la sociedad suelen ver restringida la posibilidad de mudarse de lugar de residencia, limitación que puede convertirse en una forma de confinamiento territorial; en otros casos, la migración de los pobres no parece obedecer al libre ejercicio de una opción sino mas bien a los efectos de una virtual expulsión desde los lugares de origen. Entre las diversas formas de movilidad espacial de los grupos de bajos ingresos se destaca la de tipo estacional, asociada a la demanda temporal de fuerza de trabajo, sea en áreas especializadas en la producción de bienes para el mercado externo o en sectores de la economía urbana ( como los servicios y la construcción) (Bajraj, 2000: 29).

Parece existir algún consenso entre los economistas en cuanto a que la transición demográfica incide sobre la pobreza a través de tres mecanismos; el primero, de tipo macro, es el efecto del cambio de la población sobre el crecimiento económico vía ingresos, consumo y ahorro. Como consecuencia de una reducción de la población, tanto el crecimiento del producto por trabajador como el crecimiento del ahorro, de acuerdo a la teoría neoclásica del crecimiento, experimentarían un efecto favorable pero transitorio, hasta que el equilibrio sea restablecido. La orientación del ahorro en el ciclo de vida cambia con la transición demográfica. Cuando se reduce la población y se produce una reducción relativa de las edades de los jóvenes, el ahorro se incrementa y ello no sucede cuando es acompañada por un crecimiento de la población mayor de 65 años. En este caso, la orientación del ahorro hacia la previsión social hace caer el ahorro agregado (Filgueira, 2004: 34).

El segundo mecanismo es el efecto distribución que, en general, se refiere a la distribución del ingreso. Una elevada tasa de fecundidad reduce en términos absolutos la capacidad de los hogares pobres para lograr determinado nivel de consumo total del hogar. Para ello confluyen cuatro procesos: 1) la sobre carga de los costos marginales de los menores dependientes, 2) las limitaciones de movilizar la fuerza de trabajo adicional del hogar, 3) la devaluación del los retornos y, 4) el deterioro de su capacidad de ahorro. El efecto dependencia es un componente del efecto distribución. Una fecundidad elevada puede afectar la distribución del ingreso negativamente si los nuevos nacimientos se concentran en los sectores pobres. Por esta razón, se espera que el primer impacto del crecimiento de la población, producido por el doble proceso de descenso de la mortalidad y estabilidad de la fecundidad, conduzca, en una primera etapa, a mayores niveles de desigualdad y pobreza, y permanezca hasta que la caída de la fecundidad de los pobres adquiera niveles que mejoran la relación adulto / menor en el hogar. De acuerdo con los supuesto de la teoría, los efectos distributivos se traducen en concentración porque la transición demográfica contribuye transitoriamente a una mayor desigualdad debido a la dinámica de los diferenciales de fecundidad.

El tercer mecanismo examina como la transición demográfica altera el bienestar y las capacidades de los hogares pobres en un nivel dado de ingresos y consumo. La pregunta en este caso es si una alta fecundidad contribuye a reducir la eficiencia del hogar para transformar un nivel determinado de ingresos por adulto equivalente en bienestar y agregar capacidades adicionales a sus miembros. Ceteris paribus, una alta tasa de fecundidad resiente el acceso a la educación y a la salud, demanda mayor atención materna, sobrecarga al hogar con tiempos y gastos, descarta las ventajas de la economía de escala debido a la creciente congestión de los costos marginales y deteriora la formación de sus hijos para reconvertir posteriormente su condición de pobre (CEPAL, 2004: 34-35).

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