LA MONEDA
BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

MANUAL PRÁCTICO DE LA CIRCULACIÓN DE LA RIQUEZA
 

Álvaro de la Helguera y García

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO XI: LA MONEDA

Oficio que desempeña la moneda. No siendo posible que cada uno cree todos los productos, recurrimos al cambio para proporcionarnos cuanto nos hace falta, y siendo casi siempre dificilísimo este cambio directo, se empieza cambiando por moneda los productos que se poseen (y esto es vender) para cambiar luego la moneda por los otros productos de que se tiene necesidad (y esto es comprar).

Cuanto más civilizado está un país, mayor es en él la división del trabajo, más numerosos son los cambios y más importante oficio hace la moneda. Este oficio y la naturaleza íntima de esta parta del capital, instrumento poderoso de circulación, no han sido bien analizados por el público y la administración, siendo la causa primera de una multitud de errores, de malas doctrinas y de disposiciones funestas por parte de los gobernantes v de los gobernados.

Teniendo en cuenta el valor el oficio de la moneda en los cambios, fácil es ver que cada mercancía puede servir de escala o de medida común para la comparación del valor de todas las demás ; de modo que puede decirse en principio:

1.° Que toda mercancía es moneda.

2.° Y recíprocamente, que toda moneda es mercancía.

Cualidades que debe reunir. No todas las mercancías presentan una escala de valores igualmente cómoda. Para que una mercancía sea apta para servir como medio de cambio, es preciso que tenga en mayor grado que todas las demás, las pro-piedades siguientes:

1.' Que tenga cierta utilidad, de donde resulta un valor propio natural.

2.' Que tenga ese valor, por decirlo así, estable, es decir, que lo conserve para todo el mundo, desde el momento que uno la recibe vendiendo, hasta en el que la da comprando. Ha de conservar, en cuanto sea posible, la misma utilidad, y que la cantidad existente, como también los obstáculos para su producción, sean siempre los mismos. Igualmente ha de resistir a la frotación y a los agentes químicos.

3.1 Que pueda ser dividida de tal modo, que se puedan comprar con ella objetos de todos valores; es decir, que debe ser de una uniformidad y de una homogeneidad tales, que cada división tenga las mismas cualidades, sin que de ello resulte una alteración en el valor.

4.9 Que sea transportable con el menor gasto

y el menor peligro posible; es decir, que tenga un gran valor bajo un pequeño volumen, y que se la pueda encerrar en pequeño espacio.

5.6 Que su valor sea fácil de hacer constar por todos; es decir, que tenga estampado el cuño que indique su valor a todo el mundo.

6.` Que por efecto de la confianza pública, esta mercancía, conocida y apreciada, circule con más facilidad que cualquier otra, de una provincia a otra, de una nación a otra nación.

Con las cualidades expuestas, todos los vendedores aceptarán con más gusto, en la mayor parte de los casos, la moneda que cualquier otra clase de mercancías.

Su valor no es arbitrario. El valor de las monedas no es arbitrario y nunca puede depender de una autoridad, cualquiera que sea, sino que es únicamente el resultado del libre acuerdo que se efectúa entre el vendedor y el comprador.

Tan luego como se altera el valor de la moneda, sube el precio de los productos ; ésta es una ley natural, y la experiencia ha demostrado que no hay poder en el mundo que obligue a que se reciba una moneda por más de lo que vale, porque en este caso, o el vendedor ocultaría sus géneros, se harían tratos secretos, o bien se estipularían condiciones que disfrazarían una parte del precio; en otros términos, el valor de las monedas está sujeto a las oscilaciones de la oferta y la demanda, y se regula también sobre los gastos de producción. Cuando la cantidad de las monedas aumenta y su valor disminuye, el precio de las cosas aumenta en proporción.

La historia nos enseria que varios pueblos han tenido monedas hechas con diversas materias. En las épocas en que eran raros los metales, se empleaban otras cosas en este uso : los lacedemonios tuvieron monedas de hierro ; los primeros romanos las tenían de cobre; la sal ha servido de moneda en la Abisinia; el bacalao en Terranova ; los clavos de especia en Escocia ; las conchas en las Maldovas y en algunas partes de la India y de África ; los granos de cacao en México, y el cuero en Rusia.

Pero estas mercancías, tomadas como monedas, en atención a que tenían algunas de las propiedades que hemos indicado, no pudieron tener curso por mucho tiempo, cuando las naciones que las empleaban llegaron al caso de traficar más allá de determinados límites, porque fuera de cierto territorio no subsistían ya las razones que las hicieron aceptar como monedas.

Metales preciosos. Sólo dos mercancías poseen enteramente la utilidad, la constancia en el valor, la divisibilidad v las demás cualidades enumera-das ; estas dos materias son el oro y la plata, que se designan con el nombre de metales preciosos, por poseer el privilegio de ser, bajo un volumen reducido, aptos para una multitud de usos y de ser de una producción costosa y limitada. De los dos, el oro es el que las posee en primer grado, y es también el que más vale, es decir, aquel por el que se consiente en dar en cambio mayor cantidad de otras mercancías. Esa rareza y la dificultad de su extracción, parecen a primera vista un mal, en cuanto privan a muchos individuos del uso de los metales preciosos; pero este inconveniente es levísimo, y aun resulta nulo cuando los metales preciosos se emplean como moneda. En efecto, su rareza, dando un gran valor a un objeto muy pequeño, permite transportar a poco coste, de un sitio a otro, valores cuantiosos.

Consideraciones sobre la forma, la composición y los nombres de las monedas. Por varias y poderosas razones, desde hace mucho tiempo, las monedas de todas las naciones son de forma redonda.

Se ha reconocido que es necesaria cierta liga para dar a las monedas de oro y plata más duración. Esta adición de cobre no da valor alguno a las piezas, y sólo se estima en ellas el oro o plata fina que tienen.

Cuando una pieza está 'desgastada, el Gobierno, que por lo común es el único fabricante de la moneda, debe retirarla de la circulación.

Se ha dicho que, aun cuando no se dé un nombre propio a las monedas, el uso se lo da, como los florines, los luises, las coronas, las águilas, etc., pero es fácil comprender que un nombre impuesto por el uso se ve constantemente reducido a su verdadera significación por medio de los contratos y de las escrituras públicas, y que en ningún caso se debe olvidar el peso escrito en las monedas.

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