COMERCIO INTERIOR, EXTERIOR Y COLONIAL
BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

MANUAL PRÁCTICO DE LA CIRCULACIÓN DE LA RIQUEZA
 

Álvaro de la Helguera y García

 

 

 

 

 

 

VI: COMERCIO INTERIOR, EXTERIOR Y COLONIAL

Comercio interior.---constituyen el comercio interior los cambios que dentro del territorio nacional hacen entre sí los habitantes del mismo.

Este comercio se descompone en local y nacional. según que se refiera a las transacciones hechas entre los moradores de una localidad o de una nación.

El valor de los géneros es menor en el mercado local que en el nacional, porque en el primero suelen ser uniformes y en el segundo variados, y además porque la concurrencia es grande en aquél y pequeña en éste.

La influencia del mercado sobre el precio es tan notable, que los productos cuyo valor en eI merca-do local es reducido, le alcanzan mayor en el nacional y más grande en el extranjero, como por ejemplo: la caja de pasas que en Denia vale 5 pe-setas, asciende a 6 en Madrid, a 7 en Badajoz, a 8 en Huesca, a lo en Londres, a ao en Cachemira, a 40 en Tobolsk ; y lo mismo sucede con el tabaco de Cuba, la canela de Ceylan, el té de China, el mármol de Carrara, el vino de Jerez, el jamón de York, y con los demás artículos, que en el mercado local valen poco porque abundan, y transportados a otros logran un valor tanto más elevado cuanto son más pretendidos.

El comercio interior versa indistintamente sobre mercancías nacionales o extranjeras, y puede hacerse en grande o en pequeña escala. El comercio en gran escala, o al por mayor, hace pedidos considerables a las fábricas del país, recibe importan-tes cargamentos del extranjero, deposita el conjunto de las expediciones en sus almacenes y libra luego los géneros a los tenderos por pequeñas partidas. El pequeño comercio, o al por menor, conserva las mercancías en las tiendas para irlas vendiendo al público en porciones reducidas.

El número de los grandes negociantes suele ser limitado y el de los pequeños excesivo, cuya tendencia es perjudicial para los intereses comunes, porque teniendo que soportar cada detallista los gastos de su comercio y mantener su familia con los beneficios del negocio, el precio del artículo resulta encarecido.

Los establecimientos que han inspirado las modernas teorías comerciales, son los bazares, llama-dos grandes almacenes de ropa, calzado, muebles, bisutería, novedades, etc., que ofrecen bastantes ventajas a los consumidores, porque vendiendo en el mismo local una gran variedad de géneros, a precios fijos y de marcas conocidas, evitan al público pérdidas de tiempo, discusiones inútiles y abusos engañosos, a la vez que ellos pueden realizar importantes beneficios, por hacer las ventas al contado, desterrar la costumbre de pedir fiado y disminuir en proporción sus gastos generales.

El comercio interior es tan considerable en toda las naciones, que excede en mucho al exterior y a colonial, no obstante las limitaciones que por impedir el fraude, beneficiar el consumo, proteger la industria y nutrir el Tesoro, ha tenido que soportar en la marcha progresiva de su desenvolvimiento.

Comercio exterior.—Constituyen el comercio exterior los cambios que los habitantes de una nación hacen con los de otras naciones.

Este comercio se descompone en dos actos, llamados de entrada y de salida, refiriéndose el primero a las mercancías extranjeras que se reciben o importan, o sea a las compras; y el segundo a las mercancías nacionales o nacionalizadas, que se expiden o exportan, o sea a las ventas.

El valor de los productos importados no suele ser igual que el de los exportados, sino mayor o menor, según sean las condiciones económicas de cada país.

Ningún país, por grande y rico que sea, puede bastarse a sí mismo sin someterse a privaciones sensibles, porque no produce todo lo necesario para su bienestar ; así Rusia posee petróleo y no posee azufre, en tanto que Italia produce azufre y le falta petróleo ; Venezuela cosecha cacao y no tiene té, a la vez que China recolecta té y carece de cacao ; y esto mismo sucede en todas las naciones,que están sobradas de unos productos y desprovistas de otras, naciendo de esta diversidad de producciones la necesidad de los cambios internacionales.

Además de eso, las aptitudes tradicionales o hereditarias adquiridas en algunos Estados, han crea-do industrias importantes que reclaman el cambio internacional lo mismo que las producciones del suelo, cual sucede, por ejemplo, en Francia e Inglaterra, pues en la primera las manufacturas de seda son excelentes y las de algodón medianas, mientras que la segunda sobresale en las de algodón y no se distingue en las de seda, de donde se infiere que es ventajoso se aplique cada una de estas naciones en la fabricación para que tiene especiales condiciones ;y en su virtud, que Francia expida sus telas de seda a los ingleses, a la vez que Inglaterra remita sus tejidos de algodón a los franceses, porque de este modo ambos pueblos quedan favorecidos y satisfechos con menor suma de esfuerzos y sacrificios.

En el comercio exterior, los géneros que se importan se pagan con los que se exportan, utilizando para ello los documentos de crédito ; pero a la postre, las diferencias que son a favor de la importación se pagan, y las que son a favor de la exportación se cobran, en monedas acuñadas o me-tales preciosos, que concluirán por faltar, con el transcurso de los años, en los países cuya importación excediera a la exportación, si no evolucionaran restringiendo la primera y ampliando la segunda, a menos que esa diferencia se compensase con la producción nacional de oro y plata, con el cobro de ventas en el extranjero o con otros recursos de riqueza.

En los cambios internacionales no es rigurosamente exacto que «cada país obtiene un provecho igual», porque si bien es cierto que en todo cambio se prefiere lo que se recibe a lo que se entrega y que ambos valores son equivalentes entre sí, también lo es que el resultado definitivo de la operación será perjudicial para el exportador de los productos naturales e importador de los fabricados, en tanto que será beneficioso para el exportador de los fabricados e importador de los naturales, porque aquél deja su industria inactiva y éste fomenta el trabajo nacional, así es que en las manufacturas que expide va incluido en gran proporción el precio de la mano de obra, que le pagan los Estados a quienes hace el envío ; por eso se consideran signos de la prosperidad de una nación, el aumento en las importaciones de primeras materias y en las exportaciones de los géneros obrados, y signos de decadencia la mengua en las entradas de materiales v en la salida de artículos fabricados.

El comercio exterior ha sufrido diversas limita-dones legales, que si bien fueron inspiradas en el deseo del bien público, causaron casi siempre considerables perjuicios, pues unas veces prohibieron con preceptos aduaneros y otras dificultaron con derechos excesivos la importación de varias mercancías extranjeras o la exportación de algunas nacionales.

Comercio colonial.—Constituyen este comercio los cambios que se hacen entre una metrópoli y sus colonias.

Metrópoli o madre patria, es la nación que coloniza; y colonia o dominio colonial, es la población que se funda.

La política comercial de las metrópolis europeas con sus colonias ha sido generalmente funesta, porque inspirada en una codicia insensata las aniquilaron con exceso, sin pensar que el mal que las hacían redundaba en su propio clamo, puesto que empobrecerlas equivalía a empobrecerse.

Cuando imperaron las falsas doctrinas del sistema mercantil, que consideraban al dinero como la única riqueza, las metrópolis monopolizaron los metales preciosos de sus colonias, prohibiendo su exportación a otros países, bajo penas severísimas que fueron impotentes para impedir las salidas fraudulentas ; y como además de eso la abundancia de numerario encareció los productos y debilitó las industrias, imposibilitando la competencia, el resultado fue que estos metales escaparon de su poder, pasando por ellas como por un puente.

Cuando se sintió el afán de proteger la industria nacional inventaron el llamado «pacto colonial», que consistió en un contrato por el cual la metrópoli se obligaba a exportar todos los productos de la colonia y ésta a importar sólo géneros de aquélla; pero este exclusivismo, desprovisto de competencia, determinó enormes abusos, que dieron lugar a un considerable contrabando ; y para que nada faltase a este imprudente régimen, se le completó con las famosas «leyes de navegación», iniciadas en Inglaterra y propagadas en Europa,que reservaron a la marina nacional los transportes de mercancías entre las metrópolis y sus colonias, así corno entre éstas y aquéllas, con lo cual se encareció el precio de los fletes, se limitó el tráfico marítimo y se dificultó el consumo.

Y como si todo esto no fuera suficiente, contribuyeron también a disminuir el tráfico colonial las llamadas «Compañías privilegiadas de comercio», quienes por merced temporal de los reyes obtuvieron diferentes privilegios de soberanía y el derecho exclusivo de comerciar con las colonias.

La primera de estas compañías fue la de los «Mercaderes aventureros», fundada por Inglaterra en 1404 ; la última fue la del «Territorio de la bahía de Hudson», desaparecida en 1866; y la más importante fue la «Inglesa de las Indias», creada en 1599 y disuelta en 1858.

También las tuvieron Holanda, Dinamarca, Francia, Portugal y España, figurando en esta última nación las de Aragón, Extremadura, Cataluña, Burgos, Toledo, Sevilla, Escaray, Caracas, Honduras, Habana y Filipinas; pero todas ellas, aunque libraron los mares de piratas y realizaron fabulosas ganancias, quebraron o desaparecieron a causa de su mala administración.

 

En la actualidad, el régimen comercial de las colonias se atempera al de la madre patria, y está inspirado en ideas liberales, más o menos restrictoras por razones de protección.

En su virtud, en unas colonias, rigen las mismas leyes aduaneras que en sus metrópolis, en otras, prescripciones diferentes, en varias, se conceden entre sí beneficios arancelarios recíprocos, y en algunas, se declaran sus tráficos de cabotaje; y en cuanto a la navegación, es completamente libre para todas las banderas, o se reservan ciertas ven-tajas al pabellón nacional.

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