LOS LENGUAJES DE LA ECONOMÍA

Un recorrido por los marcos conceptuales de la Economía.

PARTE TERCERA: LOS MARCOS CONCEPTUALES DE LA ECONOMÍA.

CAPÍTULO 12.- ECONOMÍA INSTITUCIONAL, ESCUELA DE LA REGULACIÓN Y ECONOMÍA EVOLUCIONISTA.

La vieja Economía Institucional y sus continuadores

Aunque ya se ha iniciado la presentación de algunos de los planteamientos de los continuadores de la vieja Economía Institucional, y ésta ha sido desmarca del neoinstitucionalismo, un primer aspecto a resaltar es que resulta bastante difícil sintetizar en pocas líneas el núcleo básico de la misma. Tanto porque las materias sobre las que se ha incidido son enormemente variadas, como porque los trabajos de sus miembros son numerosos y cubren un dilatado período (Giménez Montero, 1991). También resulta difícil la síntesis porque la amplitud de matices de conceptos utilizados exigía un extenso tratamiento.

No obstante, todos los continuadores coinciden en señalar que la publicación, en 1899, de The Theory of the Leisure Class por Thorstein Veblen marca el inicio del institucionalismo, entendido como una forma diferente de abordar el estudio de los problemas económicos. Junto a Veblen aparece John R. Commons como otro padre del institucionalismo, y el primero en bautizar a esta corriente como Economía institucional (Commons, 1931).

Para los continuadores del viejo institucionalismo, la perspectiva del intercambio limita severamente los objetivos y método del pensamiento económico convencional, y es muy engañoso respecto a la estructura real y funcionamiento del sistema económico. El proceso de intercambio implica la interacción de individuos condicionados por la cultura y estructura de la economía social. Las preferencias, capacidad, valores y principios rectores de los individuos se han formado con anterioridad a su participación en el intercambio.

Para esta corriente, no son el intercambio y la escasez los aspectos básicos del proceso económico y, por tanto, no son los conceptos sobre los cuales debe edificarse el análisis. Por el contrario, los definen en términos tecnológicos o materiales. La economía es el proceso instituido, o los acuerdos culturalmente modelados, a través de los cuales un grupo humano determinado se autoabastece en su propio interés. El objetivo es asegurar la reproducción social e instrumentar la actividad económica respecto al proceso social. En este sentido, se hace hincapié en la organización de la producción y la distribución en un grupo humano determinado.

Para J. Ron Stanfield (1983), la economía consiste en una tecnología -herramientas más conocimientos- empleada dentro del contexto de las instituciones. Este contexto es de interacción dinámica: las instituciones moldean la tecnología y viceversa. El interés característico se da en la organización social, o los ajustes, con un patrón dado, que rodean las relaciones del hombre con el resto de la naturaleza. Esto es, el estudio de las relaciones entre los hombres, mediante las que se institucionalizan las relaciones entre el hombre y la naturaleza con sentido reproductivo. La reproducción social no es simplemente la reproducción de un orden dado de cosas, pues el cambio social es incesante. Gran parte del cambio gira alrededor de la interacción entre tecnología e instituciones, especialmente el ajuste de las instituciones a los cambios tecnológicos. Los cambios en el aparato tecnológico, en la organización o conocimiento de lo social, el proceso material, crean tensiones al provocar ajuste en las costumbres, las leyes y en los principios rectores.

Este ajuste no es simplemente un problema de adecuación a los imperativos tecnológicos en un solo sentido. Es también formar o restringir la tecnología, mediante imperativos de evaluación. Este ajuste institucional es un aspecto clave del análisis de esta corriente. Y, desde este punto de vista, el problema económico es la continua reinstitucionalización de las relaciones tecnológicas dentro del contexto social. Así, la estabilidad y recurrencia del proceso económico es consecuencia del modo en que la gente actúa y está educada para actuar. Si los hombres parecen generosos en un sitio, y egoístas en otro, no es porque sus naturalezas básicas difieran, sino sus organizaciones sociales. No es la presencia de un motivo u otro lo significativo en el análisis, sino la estructura institucional en la que los motivos operan. A través de sanciones institucionales categóricas, esta estructura favorece algunas tendencias humanas, y reprime otras.

De ahí que cuanto interesa en el análisis es la sociedad como un sistema de patrones de interacción alcanzados históricamente, pues son éstos y las instituciones culturales, las que promueven o reprimen las potencialidades inherentes al ser humano. Para entender el proceso económico o cualquier otro aspecto de la vida de un grupo humano determinado, es necesario examinar sus específicos patrones culturales.

Los patrones de interacción deben ser identificados no sólo en función de su existencia concreta, espacio-temporal, sino también contabilizados en términos de su función en el conjunto social. Esto significa intentar averiguar y explicar su conexión con los otros elementos del sistema social, así como el proceso que garantiza su continuidad.

Así pues, “en este enfoque se trata el comportamiento económico como un proceso cultural, y la tarea consiste en desarrollar un análisis económico intercultural.” Al enfatizar el papel del orden institucional en el proceso económico como un garante de la estabilidad y la continuidad, se insiste en la comparación de situaciones históricas esmeradamente documentadas. “Dicha comparación capacitará al análisis institucional para tratar las instituciones económicas como rasgos culturales, como expresiones de valores humanos que surgen de patrones concretos de interacción social.” (Stanfield, 1983). La norma valorativa de la economía institucional se basa en la reproducción social y en una mayor importancia del proceso de la vida humana. Reproducción social significa que la sociedad se reproduce bajo un interés colectivo. La norma valorativa de la reproducción implica que la distribución es una parte esencial de la función económica, puesto que no se mantienen las vidas a menos que se obtenga una renta suficiente para ello. Por consiguiente, el principio que subyace al mantenimiento de la renta no es tanto la equidad, basada o no en nociones de igualdad, mérito o interés humano, sino la necesidad de estabilizar el proceso reproducción social.

 

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