Conferencia internacional por la paz
 

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ENSAYOS

EL FIN DE LA ERA DE LA RAZÓN

Raúl Corral Quintero

Doctor Raúl Corral Quintero, profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana de Iztapalapa, premio nacional de investigación económica 1986.

Antes de la primera guerra mundial, las armas de guerra eran muy rudimentarias, predominaba el ancestral ataque cuerpo a cuerpo. La primera guerra mundial, perfeccionó la producción en serie de cañones y fusiles, pero siguió predominando el ataque corporal. La segunda guerra mundial, introdujo el uso masivo de aviones, tanques, cañones y fusiles, evitando en mayor medida el ataque corporal. Los misiles, sobretodo los balísticos intercontinentales, aumentan enormemente la distancia de combate, pero los antimisiles son aun muy inefectivos porque no evitan represalias, lo que impide que haya un solo ganador. La inefectividad de los antimisiles, se resuelve totalmente con el uso de rayo láser, tejido en sistemas de redes digitales con efectividad total desde la estratosfera, capaz de eliminar en menos de un minuto cualquier misil enemigo que ascienda o descienda.

Esta guerra posmoderna, llamada “guerra de las galaxias”, es la mayor ambición en toda la historia del combate, en los albores del siglo XXI existe casi el conocimiento científico necesario para hacerlo, pero, veremos, aún no es técnica ni financieramente posible.

La distancia de combate

Bajo el ángulo de que, el aumento tecnológico, tanto en fábricas como en la guerra, conlleva el alejamiento entre el productor y sus productos así como como entre soldados y enemigos. Bajo éste ángulo y en la dimensión de la guerra total actual, la cúspide de todas las guerras aún sigue siendo la primera bomba atómica de agosto de 1945, porque era la más letal mientras Estados Unidos era el único que la poseía. Pero, ese monopolio terminó con la detonación de la bomba soviética de fusión de isótopos de hidrógeno en agosto de 1953 y la China de 1967, convirtiendo a la Bomba Atómica en un arma disuasiva hasta hoy. Esos ocho años de primacía hegemónica, de 1945 a 1953, dieron a Estados Unidos la tajada del león en el reparto y reconstrucción de los vencidos en Postdam, porque podía eliminar totalmente a sus adversarios sin represalia. Se trata de, lo que la estrategia militar llama “golpe inicial total” (total first strike), donde el juego suma uno, porque el que ataca totalmente al inicio o responde totalmente a un ataque inesperado, sobrevive eliminando totalmente a su enemigo en cualquier caso. Pero, decíamos que al empatarlo el bloque soviético en 1953, el juego volvió a sumar cero: si me anulas te anulo, el uno anula al otro (1-1=0) o, como le llaman, “Destrucción Mutua Asegurada”. Y, desde entonces, inicia la larga carrera de Estados Unidos por recuperar el monopolio del golpe inicial total y, de la Unión Soviética, por al menos empatarlo.

Luego, llega la era de los misiles. Debido a la superioridad soviética en cercanía a Europa, tanques, tropas y misiles de alcance intermedio, desde mediados de la década de 1950, Estados Unidos desarrolla e introduce a Europa misiles de corto y mediano alcance, municiones nucleares para aviones y obuses con cargas nucleares, reduciendo sus grandes ejércitos con tecnología. La URSS, aceptando su desventaja tecnológica prefiere irse a la retaguardia, apostando todo a una respuesta casi total después del primer golpe. Por lo que el juego vuelve a sumar cero e, igual de pronto, los misiles de corto y mediano alcance resultaron obsoletos. En la década de 1960, Estados Unidos desarrolla misiles de largo alcance o intercontinentales, pero, sin descuidar la retaguardia, la URSS desarrolla también misiles intercontinentales disputando nuevamente el golpe inicial total. A partir de entonces, las fuerzas vuelven a empatar, siendo la causa de casi treinta años de Guerra Fría (1953-1979) o, casi cuarenta, considerando hasta la caída del muro de Berlín (1953-1989). El mayor salto en la distancia de combate lo constituyen los misiles nucleares balísticos intercontinentales, porque cruzan océanos en media hora, abriendo nuevas posibilidades en la línea de grandes guerras con poca pérdida de soldados. Sin embargo, los misiles le han dado a Estados Unidos, el privilegio del golpe inicial (first strike); pero, no le devolvieron la primacía absoluta que le dio la primera bomba atómica, donde el juego sumaba uno o golpe inicial total (total first strike).

Aunque, después de tantos secretos, en realidad en este periodo, tanto Estados Unidos como la URSS alternaron en varias ocasiones el first strike en una u otra área, así como alternaron desventajas; resultado de ello, fue un periodo muy largo de equilibrio aunque catastrófico, llamado “Guerra Fría”.

El proyecto guerra de las galaxias En el preámbulo final de la Guerra Fría, la URSS empieza a dar claras señas de debilidad, debido a su creciente pérdida de productividad y competitividad tecnológica. Improductividad creciente debida a su excesiva burocratización, pérdida de las expectativas revolucionarias originales y, sobretodo, a su tardío acceso a la cibernética.

La cibernética se formaliza como ciencia desde 194840, pero, la URSS la despreció veinte años por considerarla “filosofía idealista” 40 Teoría compleja de la información y dirección de mecanismos. Reúne a base de analogías, un conjunto de sistemas abstraídos de cualquier momento o nivel del mundo real, abstrae cosas u objetos considerados como sistemas diferentes pero de una misma forma cuantitativa. Su tecnología derivada son servomecanismos autorreguladores que reproducen texto, imagen y sonido analógicos. y “sociología burguesa”. La cibernética, que en los ùltimos veinte años ha producido mayor número de mercancías que cualquier otra ciencia en la historia de la humanidad, el único lenguaje que ha llegado a ser universal afectando a todas las ciencias. Debilidad que, en octubre de 1979, los líderes de Estados Unidos aprovechan para negociar un tratado internacional ahorrador de recursos, en el que limitan mutuamente el uso de armas nucleares de alcance intermedio y, sobretodo, desechar sus grandes arsenales de armas nucleares obsoletas (SALT II). Pero, el fracaso del socialismo soviético se profundiza cada vez más, cobrando creciente importancia la idea de ahondar aun más el retraso tecnológico de la URSS abrumándole con gastos excesivos. Así que, en viva voz de la derecha norteamericana, el 23 de marzo de 1983, Ronald Reagan, anuncia la Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE), mejor conocida como la Guerra de las Galaxias” (Star Wars), dirigida a “transformar las armas nucleares en inútiles y obsoletas”.

La IDE pretende destruir de golpe satélites, misiles, submarinos, bombarderos y misiles balísticos enemigos, que pretendan sorprender agrediendo o que puedan servir para represalia del enemigo. Todo en tiempo real, con todos los objetivos realmente existentes en movimiento, además del infinito número de variables que rodean a cada objetivo en su desplazamiento, a través de una complicadísima red de mando, control y transmisiones coordinados. Se trata de montar en satélites, la energía suficiente con tecnología láser que detectará e interceptará misiles balísticos enemigos, en sus dos fases de ascenso y descenso. Actualmente, la fase de ascenso en propulsión inicial, consta de uno o dos minutos que inicia con la ignición de motores para salir de cero con toda la carga muerta, el misil desprende una gran cantidad de energía muy fácilmente detectable por satélites geoestacionarios, puede ser interceptado si los antimisiles convencionales están muy cerca. En la segunda parte del ascenso, sigue aún la propulsión, el misil accede a la atmósfera, se sostiene en la cúspide durante veinte o treinta minutos más para luego descender, pero el misil puede ya lanzar señuelos falsos. En fase de descenso, los propulsores delatadores se desprenden del misil dejándole con débiles radiaciones infrarrojas difíciles de seguir, se afecta más la intercepción porque el misil va a toda velocidad y suelta sus cargas nucleares junto con señuelos falsos, todo demasiado cerca del objetivo. En cambio, el rayo láser antimisil emplazado en satélites geoestacionarios, podría llegar a ser casi totalmente efectivo en todas las fases, pero aun no existe.

Los rayos láser, pueden ser de químicos, rayos X y de haces de partículas, pero, el rayo láser actual más poderoso requiere todavía treinta veces más potencia para derribar un misil. Emplazar láser efectivos en red espacial, requerirían mil trescientas toneladas de combustible, hasta diez veces eso si el emplazamiento es terrestre por la absorción de luz por la atmósfera o, sea, casi la mitad de la energía disponible de todo Estados Unidos. También se presenta la “guerra de las galaxias”, bajo la modalidad más fantástica e improbable, de instalaciones nucleares terrestres que enviarán a la velocidad de la luz su rayo nuclear interceptor de misiles balísticos, a través de espejos geoestacionarios. O bien, la todavía más difícil modalidad de naves terrestres pop up que eleven las armas láser hasta la estratosfera, pero, tienen que tener un arco de noventa grados respecto de los silos de misiles enemigos y ascender en menos de un minuto.

Sin embargo, las contramedidas al estilo de “guerra de guerrillas” o guerra de posiciones, siempre resultarán mucho más sencillas y baratas, como destruir satélites militares o un espejo de los que redirigiràn los rayos láser, interferir radares y detectores, aprovechar los hoyos de los escudos antinucleares que siempre habrá, acelerar más o despistar màs en la fase de ascenso, etcétera. Este guión con base a Star Wars, pretende terminar de construir los escudos antimisiles permanentes para Estados Unidos y sus aliados y, lo más importante, en caso de golpe inicial total, posibilitaría la destrucción total del enemigo sin temor a represalia alguna. El viejo sueño atómico puesto al día. Esto, sin duda, eleva la distancia de combate a alturas precisamente estratosféricas.

Desde un principio, la guerra de las galaxias, se presentó como una amplia estrategia financiera de desarrollo tecnológico militar a compartir con aliados. Sin embargo, del más de un millón de millones de dólares requeridos, siendo la sociedad norteamericana la más endeudada del mundo, aun no está nada claro de donde saldrán esos montos fantásticos que prometen a sus aliados, porque emitir moneda sin respaldo productivo es inflacionario para cualquier economía nacional. A pesar de todo, en la venta de este sueño irrealizable pero muy reivificante aceleración productiva, para cualquier nación que decida tomar como sector punta la producción de artículos para la guerra, es donde entran vía los grandes financieros judíos, el sionismo militar al Pentágono. Como es el caso de Richard Perle, quien posee la doble nacionalidad estadunidense e israelí, en 1986 declaraba que “es posible que el desarrollo de una defensa total, desaliente a la URSS a superarla por el enorme monto de recursos financieros que requiere”43; diez años después es asesor electoral en Israel y, luego hasta hoy, asesor de Donald Rumsfeld en el Pentágono. O, como el caso de Paul Wolfowitz, quien en 1992, siendo subsecretario, presenta su “Proyecto para el año 2000”, donde se menciona por primera vez el concepto “ataque preventivo” (pre-emptive strike).

Desde 1985, la OTAN ha estado invitando a participar en el proyecto IDE a los países “aliados”. Primero a Israel, Australia, Gran Bretaña e Italia, quienes mostraron buena recepción pensando en la transferencia de tecnología militar y sobretodo en los financiamientos.

Mientras que Alemania, Francia, Australia, Canadá, Dinamarca, Grecia, Países Bajos, Noruega y hasta Japón, se han negado a aceptar en buena medida, los acuerdos leoninos que Estados Unidos se acostumbró hacer sobre los escombros de Hiroshima y Nagasaki.

España, nunca fue tomada seriamente en cuenta por la IDE, pero Aznar, en la segunda guerra de Iraq, se conforma con las migajas que sus vecinos despreciaron.

La guerra de las galaxias aquí y ahora

La IDE fue proyectada a veinte años en 1983, así que, precisamente ahora podemos evaluar los resultados. Primero, se calculó que el proyecto costaría cientos de miles de millones de dólares, pero ahora se calculan más de un millón de millones sin ver todavía el final del camino. Y, veinte años después, las principales armas de guerra siguen casi en la misma situación, los antimisiles aún siguen siendo ineficaces para seguir y tocar mortalmente a misiles enemigos (peor si son demasiados), los escudos tienen más hoyos que red, no se han construido sistemas eléctricos de miles de megavatios sólo para uso militar. Lo peor de todo es que, a pesar de la inmensa propaganda de la electrólisis de Fleischmann y Pons, en marzo de 1989, aún no han aportado las pruebas suficientes que demuestren haber realizado la fusión fría, cuya materia prima es el agua que volvería obsoleto al petróleo44: Precisamente, la “sangre por petróleo” de la segunda guerra de Iraq, demuestra lo contrario. El proyecto se basa en suficiente energía dirigida como rayo láser instalado en satélites, pero el dispositivo sigue siendo demasiado para los satélites y no se ha sabido de ninguna prueba nuclear espacial ni del lanzamiento de satélites gigantes; sobretodo, no se ha resuelto el problema fundamental de controlar los haces de luz para poder dirigirlos eficazmente al misil enemigo en los pocos minutos requeridos. Tampoco se ha instalado el sistema terrestre y/o satelital de espejos, que redirijan los haces de luz controlados matemáticamente hacia un objetivo demasiado preciso. Finalmente, en sistemas complejos, aun es imposible abarcar el número infinito de variables requeridos en tiempo real, entre más variables se abarque afinaría más la puntería, pero si no, los errores se multiplicarán y los sistemas de verificación se alejan del tiempo real.

En 1989 la URSS se desmembra, pero sus armas no desaparecen.

Se esfuma el comunismo, principal justificación de la guerra fría y del proyecto guerra de las galaxias, por lo que fue necesario inventarse rápidamente un nuevo enemigo, ahora importado desde Israel: el terrorismo. Así, la primera guerra de Iraq en 1990, sirvió para inventar al nuevo enemigo, a la vez que, para medir la reacción de las zonas hegemónicas emergentes ante una ex Unión Soviética resquebrajada.

Ante Bin Laden la OTAN resurge, pero ante Saddam se resquebraja junto con el Consejo de Seguridad de ONU. La elite sionista guerrera, que desde 1945 ha mostrado una total falta de humanismo y respeto a la Convención de Ginebra y las resoluciones de la ONU, se traslada de Israel a Washington, llevando al ejército norteamericano a la etapa más ignominiosa de su existencia. Donde el tradicional maltrato a los presos no es lo peor, sino arrojar en las dos guerras de 1990 y 2003 en Iraq, cerca de quinientas toneladas de uranio depletado (como afirman Galtung y Jalife aquí) contra dos de las tres etnias iraquíes prácticamente condenadas a su extinción genética por degeneración45. Sionismo insensible, incluso, con los propios soldados norteamericanos apostados principalmente en los alrededores de Bagdad, la zona más contaminada. Ahora bien, lanzar uranio depletado, implica una guerra total, pero no inicial sino de muy largo plazo, porque la población afectada tarda un promedio de treinta años en morir y la reelección de Bush y la caída del imperio norteamericano no pueden esperar tanto.

La IDE, es el último intento por recuperar el golpe inicial total (total first strike), que inspira a la actual estrategia de la fuerra preventiva (pre-emptive strike). El golpe total, decíamos, deja destruido totalmente al enemigo hasta dejarlo sin capacidad de represalia, lo cual se traduce en la muerte total del gobierno y de la población enemiga, o bien, de sólo aquella parte de la población que no se someta a la nueva dictadura, que busca imponer su filosofía y estilo de vida a cambio de renunciar totalmente a la cultura original. Ahora, vayamos a Iraq.

En el “ataque preventivo”, en un principio Bush afirmaba que Iraq puede utilizar armas de destrucción masiva contra Estados Unidos, por tanto, es necesario atacar de manera preventiva total. Bush, anuncia que tiene en mano la carta de la muerte total de la población enemiga, al transportar a la región la llamada “bomba madre”. Pero, si Bush se atreve a resucitar Hiroshima, simplemente su llamado a aliarse contra Saddam, da muestra clara de su capacidad de convocatoria.

Si Rusia hubiese entrado al club de los “aliados” podría haber sido determinante, pero Rusia le coquetea y luego le abofetea, mientras que la mitad de la ex Unión Soviética están ya a punto de fusionarse con la Comunidad Europea -dirigida por Alemania y Francia que son los principales críticos de la IDE. Bush renuncia al holocausto, no por cristiano, sino por temor al poderío nuclear de represalia de la exUnión Soviética, Francia, China, India; o, hasta de Norcorea, Egipto, Arabia Saudita, Irán, Paquistán y quizá Cuba.

Rodeado de incertidumbres respecto de alianzas y represalias totales, cercado por la pérdida de consenso ante la ONU y, sobretodo, por las falsas súper expectativas abiertas en la población estadunidense sobre las nuevas tecnologías fantásticas, que les lleva a exigir no perder un gran número de soldados.

Lo curioso es que, la IDE está casi a punto, tal vez para el 2020 esté lo más completa posible. Si Bush hubiese tenido a tiempo la red tecnológica militar “guerra de las galaxias”, no tuviese ahora temor a represalias de terceros países ni al voto de castigo de su pueblo y creo que hubiese aplicado el golpe inicial total; pero su irreparable crisis financiera no puede esperar quince años más. Lo que le lleva a entrar a un nuevo Vietnam. Porque, declarar una política de ataque preventivo, significa que se tiene capacidad tecnológica para un golpe total, pero, si no se tiene tal capacidad, se trata entonces de un bluff para obligar a los oponentes a rendir sus cartas a favor del “ganador”.

Lo cierto es que, en Iraq, toda la imaginería antimisil y satelital de la “guerra de las galaxias”, no ha servido más que para el servicio metereológico de soldados que esperan enemigos invisibles en el desierto. Lo peor de todo: que al no completarse la IDE capaz de eliminar totalmente al enemigo sin pérdidas, entonces, sigue vigente la vieja regla bélica de que, finalmente toda guerra se decide a pié.

El juego suma cero en Iraq

Finalmente, Bush no realiza un golpe total nuclear, por lo que automáticamente opta por una guerra total cultural. Pero, la dominación cultural total parece mucho más compleja que el golpe inicial militar, porque si no se logra dictar la cultura futura de Iraq, entonces, no se tratará de un golpe total sino de otro ataque parcial, como el de daddy Bush en la primera guerra de 1990. Así que, baby Bush entra a Bagdad e impone un dictador, pero, su gobierno títere cede cada vez más terreno ante la opinión pública iraquí e internacional y, el alto mando militar iraquí traicionó a su ejército, pero no entregaron las armas que se suman a la resistencia. Además, aquí el comandante César Montes, que acaba de llegar de Iraq, asegura que toda la población posee armas que tendrán que quitar o recibir de la mano de cada uno.

Trece mil años de historia de conquistas nos dicen hasta hoy, que tras cruentas batallas se desarticula militarmente al enemigo, para después, seducirlo culturalmente con la ideología del pueblo vencedor: noblesse oblige. Pero, arrojarles uranio depletado, devastarles la biblioteca con los libros más antiguos del mundo, cortarle los servicios públicos y de alimentos. Así, no se convence a nadie de lo agradable que es tomar coca cola viendo películas de Hollywood. La guerra total ya pasó, la terapia teratológica de la familia Bush sólo alumbrará un thriller mal gestado, con breves escaramuzas de jóvenes discotequeros consumistas contra multitudes de cadáveres vivientes dispuestos a dar la última batalla personal cara a la muerte.

Tenemos entonces, conforme a los hechos, Bush nunca pensó en la guerra total militar como tampoco en la guerra total cultural, sino en el genocidio de largo plazo. Pero, quizás, con un alto costo en sabotajes y de vidas estadunidenses, logre explotar el petróleo de Iraq, pero eso sólo daría un breve respiro a su inmanejable déficit público.

La mayor duda que queda es: si la IDE es la única carta posible de guerra inicial total y aún no existe, ¿para qué Bush presume de guerra inicial total si no la tiene en mano? -Porque Bush sigue un guión hollywoodezco, con el que sólo ha ganado el mayor número de enemigos de la historia y ha incomodado a su larga lista de filosos competidores. Por otro lado, ¿porqué el resto de potencias nucleares (excepto Francia y NorCorea), no se atreven a delimitar las acciones de Bush? -Porque, pueden responder a Estados Unidos, pero a pesar de todo, las represalias estadunidenses podrían ser contundentes contra la mayoría de las potencias, aunque no contra todas juntas en gran medida. Tenemos pues, el juego sigue sumando cero y, nada parece salvar la ruinosa caída del imperio norteamericano más que amortiguar su déficit público, reducir su enormísima producción de armas dedicándose más a la producción de bienes e informática, reducir drásticamente sus salarios y ganancias, así como aumentar mucho más su rendimiento productivo.

En suma, la diferencia entre la bomba atómica y la guerra de las galaxias, estriba en que, era mucho más fácil montar bombas atómicas en aviones y dirigirlas a enemigos sin bombas, que hoy, que existe una veintena de potencias nucleares con miles de misiles nucleares que en media hora pueden tomar represalias también totales.

Las causas de la guerra

Como miembro de la especie humana, me pregunto acerca de la situación a la que hemos arribado, del futuro que nos provendrá de seguir así y, del cómo intentar cambiar. Las guerras de Iraq, dejan clara la capacidad de destrucción a que hemos arribado los occidentales. Lo más lamentable es que, de las labores que con tanto sacrificio y paciencia realizamos los científicos, obtienen más frutos el gobierno y la industria militar que la distribución de la riqueza y la salud de la población mundial. La coexistencia pacífica, la única posibilidad de que nuestra especie haya sobrevivido y pueda seguir sobreviviendo, se encuentra amenazada por obstáculos que nosotros mismos creamos y que, simplemente nos habituamos a ellos sin volverlos a cuestionar.

¿Qué es la guerra y qué causas le producen? La guerra se debe a una gran variedad de causas: económicas, políticas, ideológicas, étnicas o culturales o, simplemente, a demostraciones de poderío. Algunas guerras duran años o décadas, las rivalidades latentes duran siglos, siempre ha habido algún conflicto en el mundo. A veces, las guerras las causan interpretaciones realistas, en otros casos, son resultado de malentendidos y perversiones históricas. Sin embargo, estas causas son superficiales, porque las causas más íntimas y profundas las encontramos en el pensamiento y el lenguaje. Detrás de toda guerra, siempre hay confrontación o duelo entre afirmaciones y contradicciones, que le producen. Así, un pensar maniqueo o bidimensional, siempre queda encerrado en la tautología de la afirmación/ contradicción y, de ahí, la confrontación. Un lenguaje que sólo afirma o contradice, sin autocrítica ni apertura a otras opciones, termina en la confrontación. En cambio, un pensar integral o tridimensional, termina relativizando toda afirmación y contradicción en el mar infinito de la negación.

La solución para toda contradicción es, reunir el mayor número posible de distintos puntos de vista, por más antagónicos o inusitados éstos sean. Pues, una nueva verdad, no viene a demostrar la falsedad de todas las demás verdades, sólo se agrega una verdad más a nuestro juicio. La verdad no es un consenso, lógica o estadística, la verdad es el estado real de hechos y cosas. La verdad, nunca es sólo buena o sólo mala, siempre es una mezcla de ambos. No tenemos porque siempre enjuiciar a la realidad a partir de verdades maniqueas que sólo se oponen, siempre coexistirán otras verdades distintas a un par de opositores. Ver el mayor número de ángulos posibles, no viene a introducir confusión, viene a enriquecer un mayor número de verdades acerca de algo.

En Occidente, existe la creencia generalizada de que la razón es el fuego que siempre apaga la violencia, pero no es así. Tomando en cuenta, que toda guerra es confrontación que le antecede la contradicción, analicemos la contradicción. Aristóteles afirma el principio de contradicción, basándose en los diálogos socráticos, donde dice: “si es cierto que el hombre es igualmente el no-hombre, es evidente que ni el hombre ni el no-hombre podrían existir, porque es preciso admitir al mismo tiempo las dos negaciones de estas dos afirmaciones.”  

Pues el que ningún conocimiento pueda contrariarlo, hace que ese principio sea conditio sine qua non, pero no fundamento, que determine la verdad de nuestro conocimiento.”47 Incluso, Kant temía que al malinterpretarse la sustancia del principio de contradicción, lleve a caer en posturas dogmáticas encontradas: “La antitética no se ocupa pues de afirmaciones unilaterales, sino que considera conocimientos universales de la razón en su oposición. La antitética trascendental es una investigación sobre las causas y el resultado de esta antinomia.”  

Ambos filósofos concuerdan que, cada algo al afirmarse es negado por todo lo que no sea ese algo y, que el esfuerzo del lenguaje por describir ello, conlleva la contradicción ya implícita de antemano.

Sin embargo, no es lo mismo negar que contradecir. Negar es no estar ni a favor ni en contra de alguna postura que se afirme, mientras que contradecir, consiste en que la afirmación y la contradicción poseen el mismo sentido pero con fuerza encontrada. Esto sucede porque, al afirmarse algo de antemano presupone su propia contradicción que se le revierte, pues, la contradicción es la propia afirmación llevada a extremo volcada por sobre su propia afirmación. En términos binarios, esto significa que, la lógica positiva, opera como una serie de secuencias causa-efecto (A-B), lo cual le lleva a ser tautológica o circular (partir de lo mismo para arribar a lo mismo). Así, cuando los silogismos tienden a la circularidad, afirmación y su contradicción se oponen frontalmente con violencia creciente, de poder a poder ya no de verdad a verdad. Violencia que no se controla con mayores razones, por el contrario, disminuyendo la fuerza de “las razones” y la búsqueda conjunta de mejores alternativas externas anteriormente negadas por el fragor de las batallas. Cuando el silogismo adquiere formas más complejas o elípticas, es cuando disminuye la violencia, fricción o encuentro frontal de las proposiciones contradictorias.

Por esto sucede que, lo razonable, lejos de apagar el fuego llegue a aumentarlo, sobretodo entre más poderosas se consideren las razones que se esgrimen. La circularidad razonable, debido a sus confrontaciones, puede llegar a producir violencia incontrolable de no escuchar soluciones alternas. De ahí que, la verdadera trascendencia dialéctica o del sobreviviente, se encuentra en la complementariedad entre razón y no razón, que está más allá de la tautología afirmación-contradicción, pues, la complementariedad del Yo con sus enemigos es inevitable por mayores sean las diferencias.

So pena de que terminemos eliminándonos todos y, entonces, no habrá ninguna razón ni ningún decir más. Kant y Hegel han muerto, viva Leibniz.

Conclusiones

Occidente ha reconocido el derecho universal a la igualdad, su piedra angular desde su punto de vista positivista, pero no ha reconocido aún también en todos niveles y dimensiones, el derecho universal a ser diferentes, auténticos, originales. Se han sustentado todas las acciones en consensos e igualdades entre poderosos, pero se han olvidado del respeto que se merecen los que no queremos ser ricos ni pobres, ni anulados ni poderosos, los que en ocasiones no estamos de acuerdo o cuando somos indiferentes ó simplemente diferentes. Olvido de los que sólo queremos permanecer lo más posible en este Planeta, gentes de paz y coexistencia no de guerras y poder funesto.

Y, esta omisión, es la principal causa de violencia masiva en el mundo, pues la fuente de toda violencia es el tipo de poder que al excluir enfrenta y, la fuente de todo poder excluyente, es el dominio y no el servicio a los demás. Cuando “servir a todos” ha sido siempre lo que han jurado e hiperjurado todos y cada uno de los empoderados. Su única justificación y legitimación, al decir y decir: “servir a todos”.

En el fin de la era de la razón, deja de importar la razón cuando sus contradicciones inherentes amenazan totalmente a la especie humana, con sus pleitos, guerras y excesos. Pero, basta con que nos crucemos de brazos todos a la vez para que cualquier imperio sucumba o no producir ni consumir x o y producto para que cualquier monopolio tiemble. La simple generalización del voto automático cambiará formas, regímenes y hasta tipos de Estado, de un día para otro. Bastará con que el voto automático sea referéndum de las acciones más importantes del ejecutivo y legislativo, para que camarillas y partidos políticos se reduzcan a su mínimo. La era digital aumenta miles de veces el poder del Estado orwelliano, pero, dota también, miles veces de poder al individuo global, que sí es observado pero que también observa al observador en su pantalla digital. El Big Brother nos observa, pero también es observado constantemente por cada uno de nosotros. El leviatán orwelliano cada vez más interviene nuestra intimidad, pero también cada vez más somos habilitados para intervenir la suya.

Lutero y Calvino consideraban el trabajo como forma de reivindicación ante Dios, pero, no entendían el trabajo como hoy, como trabajar en lo que no me gusta pero gano más dinero, sino en ser o llegar a ser lo que realmente uno quiere ser. En la predestinación divina, coincide el protestantismo original, Cristo mismo y Buda, Krishna, Abraham o Mahoma: hacer de uno mismo la obra divina. Desde el Renacimiento, las religiones se dividieron en “racionalistas” e “iluministas”, pero ahora, la principal división se da entre las que creen que el alma muere junto con el cuerpo material y las que creen que el cuerpo muere pero la vida sigue más allá. Así, los primeros cuidan de un cuerpo material finito que ama las riquezas excesivas (materialistas), mientras los segundos, cultivan un ser inmortal que no ama las riquezas (espiritualistas). El mercantilismo materialista sólo lo practican el sionismo judío, los fundamentalistas protestantes y los fundamentalistas marxistas; mientras que, el trascendentalismo espiritual, lo practican las demás religiones. Pero, en ambos casos, ante la muerte, finalmente importará que hizo uno de uno mismo y no cuantos objetos tuvimos que abandonar. Así, basta que la vieja idea de progreso languidezca, para que entremos a la nueva era de lo pequeño e irracional.

Una era, en la que importe más sobrevivir dignamente que vivir con lujos innecesarios. Una era de humildad digna y larga vida, no de trabajo desaforado y destructivo. Una era de la ciencia al servicio del individuo y la naturaleza, no de instituciones. Una era en la que en lugar de dominar a la naturaleza, reconozcamos que la naturaleza nos domina. Una era, en que importa más el bienestar y elevación espiritual, que armas pavorosas y grandes viajes espaciales. Una era, a la altura no de hombres adultos, sino de mujeres y niños. En cualquier caso, una era menos racional y menos material.

Muchas Gracias.

Valle del Anáhuac, junio de 2004  

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