EL NIÑO-LA NIÑA. EL FENOMENO ACÉANO-ATMOSFERICO DEL PACIFICO SUR, UN RETO PARA LA CIENCIA Y LA HISTORIA

 

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Alfonso Klauer

“La Niña” y las sequías en el Perú

Pues bien, como muestra la historia, las lluvias torrenciales y las inundaciones subsecuentes producidas por el fenómeno océano–atmosférico del Pacífico Sur, se han intercalado con períodos de sequía de también irregular duración y escasez de agua, pero también de muy diversa área de impacto. A todas luces, sin embargo, esta cara del problema ha sido muchísimo menos estudiada. Quizá porque prevalece la errónea idea de que es un asunto menos grave. Sin embargo, ya a principios del siglo XIX, el sabio y científico alemán Alexander von Humboldt habría dado una muy seria y grave advertencia al cabo de estudiar las condiciones meteorológicas en Piura y otras partes del norte peruano.

Humboldt habría llegado a la conclusión de que... “las lluvias irían siendo cada vez más escasas, hasta que desapareciendo del todo, el departamento [de Piura] sería inhabitable”.

“Si es cierto –comentó al respecto Víctor Eguiguren en 1891–, hay que reconocer que Humboldt sufrió grave equivocación. El que esto escribe ha visto en Piura 5 años de lluvias... “.

Detengámonos un instante en ésta que bien podríamos denominar “polémica virtual: Eguiguren – Humboldt”. Parece, en principio, que Eguiguren, habiendo meritoriamente contribuido al recuento de las lluvias e inundaciones en Piura, no tuvo la más mínima idea de cuán alto era el porcentaje de años se sequía en su propia tierra. Quizá lo abrumaban los aguaceros urbanos pero le tenían sin cuidado las sequías rurales.

Diremos, en segundo lugar, que Eguiguren –como muchos estudiosos de ayer y hoy, sobre todo de los pueblos del Tercer Mundo, pero también de los países desarrollados–, reaccionó privilegiando lo accesorio sobre lo sustantivo. En efecto, como había transcurrido un siglo y el vaticinio no se había cumplido, Humboldt, entonces, concluyó Eguiguren, había sufrido “grave equivocación”. Humboldt, podríamos decir hasta con seguridad, quizá tuvo en mente un plazo históricamente largo, mas no precisó ninguno.

Pero Eguiguren, arbitraria e implícitamente, le endilgó uno, y así “probó” el grave yerro del científico. ¿Pero era ése acaso el aspecto sustantivo de la muy probable preocupación de Hum- boldt? ¿No es lícito deducir que al sabio alemán lo abrumaba, fundamentalmente, la predominancia y alta peligrosidad de las sequías en Piura? ¿Y estuvo en esto acaso equivocado en ello?

Del recuento que realizó Santiago Távara se extrae, por ejemplo, que Piura ha sufrido sequías en los períodos 1791–1802, 05–14, 29, 38–43. Y Juan Helguero agrega que se sufrió sequías en 47–49, 51, 53, 55–56, 58- 61, 63, 65, 67–70, 72–76, 79, 81–83, 85, 90, 92–98, 1900–1901 y 1903.

De declaraciones recogidas por Jorge Moscol al exprefecto de Piura, Leguía y Martínez, se desprende además que la sequía se prolongó de 1904 a 1911 127. Esto es, corroborándose las graves y sustantivas preocupaciones de Humboldt, fueron secos 76 de 120 años en Piura.

Así, entre 1791 y 1911, a consecuencia de las predominantes sequías, el 63% de las campañas agrícolas fueron pobres –y empobrecedoras, habrá que recalcar–, sin que, como atestiguaría Humboldt en su momento, en muchos de los siglos precedentes se hubiese hecho nada para atenuar el problema.

En algunos de esos períodos secos se vivieron situaciones realmente dramáticas. Así –como anota Moscol–, en los 12 años de sequía que se dieron entre 1791 y 1802 “se secaron los algarrobos, alimento del ganado”. En 1883 la escasez de lluvias en la costa y en las partes altas del valle fue tal que las aguas del río Piura ni siquiera llegaron a discurrir por el cauce que cruza la ciudad, y menos pues llegaron al océano .

Y –citando al prefecto Leguía y Martínez–, Moscol agrega: “la sequía más larga que se recuerda en el Bajo Piura es la que se presentó después de las terribles lluvias del año 1891. La sequía duró veinte años”. A partir de 1932, en que empezó a hacerse registros meteorológicos, y hasta 1992, las lluvias (medidas en la estación CORPAC de la ciudad de Piura) fueron iguales o menores a 25 mm/año en 24 campañas agrícolas, y en otras 11 iguales o menores a 50 mm/año (ver Gráfico N° 11, pág. 34). El 40% del tiempo fue pues de grave sequía, siendo la más prolongada y crítica la de 1960– 64.

¿Puede con esos antecedentes seguirse creyendo, con ceguera e indiferencia, que el asunto no es grave o es poco grave? No, lo es y en extremo. Y merece ser igualmente estudiado y enfrentado. No obstante, debe reconocerse que, aunque como soluciones parciales –y en mucho menor número de las que se requiere–, en este siglo se han concretado inversiones significativas que apuntan a resolver en parte el problema de la reiterativa escasez de agua en la costa. En el norte del pais es el caso, por ejemplo, en Piura, de la represa de Poechos (mil millones de metros cúbicos) en el río Chira, y de la derivación de parte de las aguas de éste al Piura. Pero también de la represa de

Tinajones (300 millones de metros cúbicos) y del canal que irriga la margen derecha del río Reque, en Lambayeque; y la presa de Gallito Ciego, entre La Libertad y Cajamarca. Y aunque proyectados más a ampliación de la frontera agrícola, puede también incluirse los aún inconclusos proyectos de irrigación de Olmos, entre los departamentos de Lambayeque y Piura, y Chavimochic, entre los de Ancash y La Libertad. Debemos sin embargo preguntarnos, ¿cuál es la causa de estos recurrentes y costosos períodos de sequía que agudizan la es- casez de agua en la costa peruana, y en la zona norte en particular? La existencia del largo desierto costero, o, si se prefiere, de esa larga cadena de 40 pequeños, medianos y hasta grandes desiertos en las partes bajas de la costa del Perú, se explica como se ha visto–, por las normalmente bajas temperaturas del océano adyacente que, a su turno, se explica por el permanente afloramiento de profundas aguas frías. Pero cómo se explica que los otros tantos cursos de agua que se forman en las partes altas y cortan la faja desértica formando pequeños y estrechos pero fértiles valles, tengan

sequías y bajas descargas en mérito a la ausencia o notable irregularidad de las lluvias, tanto en las partes altas como en las bajas de los valles. La ciencia en estos últimos años ha empezado a hablar del fenómeno al que se ha dado en denominar “La Niña”, pero también “ENOS–fase fría”. Según la National Oceanografic and Atmospheric Agency de los Estados Unidos –NOAA 132–: “La Niña está caracterizada por inusuales temperaturas bajas en el océano Pacífico Ecuatorial”. El “ENOS fase fría” (“La Niña”) por lo general se presenta inmediatamente después del “ENOS–fase caliente” (“El Niño”). Trenberth explica que “el calor incrementado [durante la fase caliente] es liberado hacia la atmósfera principalmente en la forma de incremento de la evaporación, [enfriándose] así el océano” y –agregaremos–, retornando a sus temperaturas “normales”. Hasta aquí, pues, podría decirse que al cesar los efectos de la “fase caliente” empieza a comportarse “normalmente” el océano costero sudamericano bajo los efectos del enfriamiento a que da lugar el “Fenómeno Humboldt” en el área. Pero el “ENOS–fase fría” –según los expertos–, no sería sólo un retorno a la “normalidad”. Sería un enfriamiento aún más pronunciado, con temperaturas superficiales del mar de hasta 2 °C por debajo de lo “normal” en las costas del Perú. ¿Cómo se explica pues este anormal enfriamiento? ¿Y es él el responsable de las sequías en el norte peruano y de las bajas descargas de los ríos en esa misma área, y, correspondientemente, de mayores precipitaciones en el área surcordillerana y el Altiplano

peruano–boliviano? Hemos visto anteriormente en detalle que hay una estrecha correspondencia entre la existencia de valores negativos del IOS y la presencia del fenómeno océano–atmosférico del Pacífico Sur al que tradicionamente se denomina “El Niño”. Pues bien, todo parece indicar –como lo muestra el Gráfico N° 21– que también hay una estrecha relación, pero esta vez entre valores positivos del Índice de Oscilación Sur, y las anormalmente bajas temperaturas superficiales del mar peruano (como estuvo ocurriendo en los primeros meses del 2000), las escasas precipitaciones en Piura y las bajas descargas de río Chira en la misma área del norte del Perú. Así como en el caso de “El Niño” con los valores negativos del IOS, aquí también la correspondencia, sin serabsoluta, es muy alta.

En efecto, puede apreciarse que, desde 1958 a la fecha, 12 episodios con valores positivos del IOS están relacionados con hasta 18 años de escasas precipitaciones en Piura y menores descargas del río Chira que corre a pocos kilómetros de esa ciudad.

Mas, ¿qué representa en el conjunto del océano Pacífico Ecuatorial la presencia de valores positivos del IOS, como estuvo ocurriendo desde mediados de 1998? Pues simple y llanamente que –como a su vez muestra el gráfico de la página siguiente– al propio tiempo que se presenta un anormal enfriamiento en las costas sudamericanas (con sequías), se presenta la casi total concentración de las masas calientes en las áreas costeras occidentales (Australia,Guinea, Indonesia, etc.), seguramente con precipitaciones por encima de lo normal en dicha área.

Como se ha visto para el caso de “El Niño” (“ENOS – fase caliente”), aparentemente también en el caso de “La Niña”(“ENOS – fase fría”), dependiendo del momento (mes o estación) en que empiezan a manifestarse crecientemente valores positivos en el IOS, de cuán altos alcancen a ser esos valores y de cuán largo se prolongue el episodio, será más o menos grande el impacto del fenómeno (sequías en el este e inundaciones en el oeste), y más o menos grande el área geográfica del globo que resulta afectada, pudiendo incluso llegar a ser acaso también un fenómeno de impacto mundial. ¿Serán quizá las inundaciones que recientemente devastaron el norte de Venezuelauna consecuencia de “La Niña” actual, y la contrapartida de las graves sequías que sufrió el cercano nordeste brasileño a consecuencia del fenómeno “El Niño” de 1997?

¿Significará “La Niña” actual grandes precipitaciones en Etiopía y el incremento del caudal del Nilo? ¿Conllevará también un incremento en la generación de huracanes en el Caribe, y una menor producción en el área granera de los Estados Unidos? Habrá que esperar para corroborar o desechar las hipótesis.

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