EL NIÑO-LA NIÑA. EL FENOMENO ACÉANO-ATMOSFERICO DEL PACIFICO SUR, UN RETO PARA LA CIENCIA Y LA HISTORIA

 

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Alfonso Klauer

Las principales manifestaciones del fenómeno (continuación)

Y como ya puede suponerse, la elevación del nivel medio del mar es aún más pronunciada en la zona norte del Perú, allí donde el fenómeno se presenta en su máxima intensidad.

Así, entre setiembre de 1982 y enero de 1983 y de marzo a junio de 1983 el nivel medio del mar, frente a Paita, se elevó hasta llegar a estar 50 cm. por encima de su nivel “normal” 96. No es difícil advertir que la elevación del nivel medio del mar constituye también una seria amenaza. No sólo porque queda inundada una amplia faja que normalmente está descubierta, acercándose peligrosamente el mar a muchas instalaciones. Sino porque al ser rebalsados los taludes naturales, llegan a inundarse grandes áreas cuyas cotas quedan por debajo del nivel del mar, como ha ocurrido en diversas ocasiones en el litoral de Tumbes y Piura, y en particular en el desierto de Sechura.

La elevación del nivel del mar representa además un grave riesgo contra las instalaciones portuarias, que quedan expuestas a empujes significativamente más grandes y destructivos. Y muchos muelles artesanales y de recreo corren incluso el riesgo de quedar bajo las aguas.

La quinta de las manifestaciones más evidentes del fenómeno, y específicamente en las costas peruanas, es la formación de lagos y lagunas de vida generalmente muy corta. En el caso de Piura son el resultado de las anómalas y copiosas precipitaciones en el desierto de Sechura, de la formación de nuevos cursos de agua o del llenado de quebradas y viejos cauces que llegan desde las faldas de la cordillera y que sólo en estas excepcionales circunstancias llegan hasta el mar (como en el caso de los ríos Cascajal, Olmos, Motupe y La Leche), e incluso del desborde de los taludes de arena y la consecuente incursión de aguas del océano. Al iniciarse el proceso de lluvias durante el fenómeno puede percibirse hasta 9 lagunas distintas: Ñapique y Ramón, en el extremo sur del valle del Bajo Piura; Salinas de Sechura, Chocol, Sapayal y Namuc, en pleno desierto; Reventazón y Salinas de Mórrope, en la misma costa; y la que se forma en la Gran Depresión del desierto de Sechura cuyo fondo está a 34 metros por debajo del nivel del mar.

En los grandes eventos de 1983 y 1998, salvo la de la Gran Depresión, que quedó aislada, el resto de las lagunas dio paso a la formación de un gran lago de hasta 200 kilómetros de longitud y 25 de ancho, que se convirtió, transitoriamente, en el segundo lago más grande de Sudamérica (después del Titicaca). La evacuación de las aguas a través del estuario de Virrila impide que el lago adquiera aún mayores dimensiones. Salvo las lagunas San Ramón y Ñapique, de vida más prolongada, la del gran lago, primero, y la de las pequeñas lagunas que van quedando, después, a lo sumo se prolongan entre 12–24 meses. Y es que la evaporación mina el nivel de las aguas hasta en 1cm. por día en las jornadas más ventosas del verano 98. Entre tanto, allí donde en su formación ha contribuido la inundación oceánica, hay lugar a la explotación comercial de peces (como la lisa), así como de langostinos y camarones. Y en las tierras inundadas, de por sí salitrosas, se explota también la sal que queda en la superficie al desaparecer completamente el espejo de agua. Pero además son susceptibles de ser explotadas actividades deportivas naúticas. Woodman señala que, aun cuando resulta poco probable evitar su total evaporación, la vida del lago podría prolongarse “con diques de arena en los dos brazos entrantes al estuario de Virrila y cerrando la quebrada de Namuc, que une el lago de las Salinas de Mórrope y Reventazón con el lago de las Salinas de Sechura,Sapayal y el Chocol”. Por cierto los inmensos pastizales a que dan origen las lluvias son también susceptibles de explotación, tanto en el propio desierto de Sechura, como en el colindante horizonte ecológico de transición de la provincia de Morropón.

El área en referencia es una singular muestra del riquísimo espectro ecológico del territorio peruano. Entre el océano y los primeros 1 000 msnm se pasa del desierto a la zona de maleza desértica subtropical, y de ésta, previo horizonte de transición, se pasa al bosque espinoso subtropical.

Y puede anotarse aquí que lo que hoy es una zona ecológica de transición, con pocos árboles, a principios de siglo era un denso bosque donde a la sombra de los algarrobos La tala indiscriminada, con destino a los mercados urbanos de Piura y Lima, acabó con él. Como bien anotó Brünning 100 en 1992, el algarrobal no sólo servía de cerco vegetal contra el desierto, impidiendo la arenización del área, sino como elemento de retención de la humedad.

A raíz del fenómeno de 1972–73, por ejemplo, y por iniciativa del Estado, en esa área fueron colocadas 20000 cabezas de ganado para aprovechar 120 mil hectáreas de pastos en Pabur y 70 mil hectáreas en Huápalas. La experiencia, no obstante que permitió el nacimiento de 90 000 cabezas de ganado, no ha vuelto a ser repetida.

El proyecto soportó exitosamente las sequías de los años siguientes, incluso la muy grave de 1979.

Pero no fue capaz de soportar los manejos ineficientes y corruptos que se sucedieron a partir de 1980. Fue finalmente liquidado en 1982, precisa –y paradójicamente– cuando la naturaleza creaba ya las condiciones para un repunte ganadero extraordinario. No puede sin embargo concluirse este recuento sin hacer mención a la sexta de las más visibles manifestaciones del fenómeno océano–atmosférico del Pacífico Sur: la simultaneidad de lluvias y sequías en áreas distintas del territorio peruano.

Pero aun cuando el fenómeno es de viejísima data –y en consecuencia tiempo es lo que más ha habido–, en el Perúno existen todavía estudios que demuestren bien el irregular impacto del fenómeno en todo el territorio. “Con excepción de Puno –reconoce el científico peruano Ronald Woodman–, no existe una relación estadística clara entre El Niño y la precipitación en la zona central y en la vertiente oriental de los Andes.“En el caso de Puno –agrega más adelante–, se notó una correlación negativa con

El Niño de 1983...”. Y en efecto, como se ha visto en páginas anteriores, en diciembre–febrero 1982–83, las precipitaciones en Puno se redujeron al 32 % de lo “normal”, constituyéndose en la peor sequía en 50 años:2millones600 mil cabezas de ganado tuvieron que ser sacrificadas en la dramática escasez de agua. Las únicas cifras que han sido divulgadas sobre la sequía de Puno son las siguientes. Así, pues, las más torrenciales lluvias de Piura coincidieron con la más grave sequía en el Altiplano. Mas, como también se ha visto, no parece acertar Woodman cuando afirma que la relación no es muy clara con eventos de menor intensidad”, pues Ronchail ha demostrado –como se vio anteriormente– que se verifica un déficit promedio de 30% de lluvias en siete de ocho eventos en el área boliviana del Altiplano, que nada hace suponer que tenga características distintas a la de la inmediata vecindad altiplánica puneña.En todo caso, tanto por la extensión del territorio altiplánico, como por el hecho de que allí reside más de un millón de habitantes, resulta evidente la necesidad de prestar a Puno la suficiente atención que nunca hasta ahora le han brindado ni el Estado ni la ciencia. Pero otro tanto además debe decirse respecto del resto de la Cordillera, de la Montaña y de la Selva. Sin duda la relación “lluvias en la costa norte –sequías en la Cordillera” durante el fenómeno amerita ser profundamente estudiada, porque mal pueden desconocerse los datos que ofrecen las propias estadísticas oficiales :

Años Sequías

1969  48% de precipitaciones bajo lo normal de Cajamarca a Huánuco y 40% bajo lo normal en el resto del área cordillerana.

1982–83 50% de lluvias bajo lo normal en toda la zona surcordillerana.

1986–87 Déficit de 20% de lluvias en toda la Cordillera.

1989–90 40% de lluvias bajo lo normal de Cajamarca a Huánuco; 40% en Cusco; 75% en Arequipa y Puno.

1991–92 Sequía general en la Cordillera del orden de 40% de lluvias bajo lo normal.

No puede obviarse, por último, otras manifestaciones e implicancias del fenómeno océano–atmosférico del Pacífico Sur. Así, aunque sin precisar detalles, diversos autores afirman que disminuye la salinidad de las aguas costeras peruanas. Díaz & Ortlieb precisan sin embargo que hay “poco cambio en la salinidad” y que dicho cambio se verifica más notoriamente en torno a las desembocaduras de los ríos en los que se produce mayor crecida. Los cambios en las más importantes características físico–químicas de las aguas costeras peruanas durante el fenómeno, dan origen a sustanciales modificaciones en la vida de las especies marinas. En un sentido, migran alejándose de su hábitat tradicional gigantescas masas de especies pelágicas como la anchoveta y sardina, de gran importancia industrial y comercial en nuestro tiempo. Sólo la anchoveta para uso industrial representa el 92 % del total de las capturas del sector pesquero.

Así, el perjuicio que produce la migración pelágica es sólo proporcional al absurdo y técnicamente insensato despliegue experimentado por la industria de harina de pescado en el país. Virtualmente todas las graves caídas de la producción peruana de harina de pescado se deben precisamente a esa migración: 37%, en 1983; 16%, en 1987;12%, en 1992; y 17 y 48% en 1997 y 1998, respectivamente 107. Víctor Mishio, del Instituto Tecnológico Pesquero peruano, recordó recientemente que, a diferencia de lo que ocurre en países con menor riqueza ictiológica, en el país no se ha hecho virtualmente nada por alterar esa proporción en beneficio de la pesca para consumo humano, ni absolutamente nada en acuacultura ni en pesca continental 108. Pues bien, con las especies pelágicas, porque constituyen su principal alimento, migran también enormes cantidades de aves marinas, afectándose la producción del agrícolamente tan valioso guano de islas.

De otro lado, se observa grandes mortandades de especies de moluscos mitílidos (choritos) y sensible disminución poblacional de otras especies, muchas de las cuales superviven pero con ostensibles anomalías de crecimiento.

Díaz & Ortlieb anotan sin embargo que en el caso de los choritos la gran mortandad parece estar más relacionada con las marejadas a que da origen el fenómeno que con la elevación en la temperatura del mar.

En la costa peruana parece no haberse reportado nada en relación con las focas. En las islas Galápagos, sin embargo, se ha probado que las poblaciones de esa especie disminuyeron sensiblemente como consecuencia del evento de 1982–83 111.

En sentido contrario, la presencia de aguas más cálidas atrae transitoriamente hacia las costas peruanas especies marinas de hábitat típicamente tropical, tanto de peces como de moluscos, ninguna de las cuales resulta sin embargo todavía susceptible de explotación comercial.

Entre los moluscos que ingresan no parece estar, no obstante, el tan afamado Spondylus (spondylus princeps). Según Díaz & Ortlieb, no ha sido comprobado que esta famosa y mítica especie haya vivido al sur de Ecuador y Tumbes en los últimos 10 mil años (Holoceno) ni en el período anterior (Pleistoceno Superior) 112. Finalmente, algunas especies de moluscos locales muestran un gran incremento poblacional durante el fenómeno. Destacan sin duda los casos de la concha de abanico (Argopecten purpuratus) y del caracol marino (Thais chocolata), que permiten incluso un boom comercial. Así, el fenómeno de 1982–83 dio paso a una captura “40 veces mayor que en épocas normales”, del primero, y a un aumento de 500% de la extracción comercial del segundo. En el mismo sentido se ha comprobado que “como nunca” 114 prosperan los pinzones (aves) en las islas Galápagos.

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