CAMBIO, ORGANIZACION Y ENTORNO

 

Evolución Práctico-conceptual de la Organización

En el campo económico, la organización ha adoptado la figura de empresa, para la realización de todas las actividades productivas, laborales, comerciales y mercantiles, y ello ha permitido a lo largo de los siglos, la consolidación del sistema de producción capitalista y el desarrollo de los mercados.

La búsqueda del lucro, más allá de la satisfacción de necesidades personales o familiares, pudo ser el germen que dio origen a las primeras formas de organización empresarial, en el contexto de relaciones pre-capitalistas que vivió Europa a medida que el sistema feudal se acercaba a su decadencia. El desarrollo progresivo de los gremios de artesanos, comerciantes y mercaderes, aunado a las progresivas mejoras técnicas realizadas a los métodos de trabajo y producción, habrían posibilitado la acumulación de capitales necesaria para dar paso al modo de producción industrial-capitalista, y con él, a la empresa como núcleo organizativo de dicho sistema.

La revolución industrial que, a decir de diversos autores, desencadenó James Watt en Inglaterra con la invención de la máquina de vapor hacia finales del siglo XVIII, fue el detonante de una serie de transformaciones sociales y económicas que perfilaron los rasgos de la organización empresarial por muchos años, rasgos que por lo demás, iban sufriendo cambios a medida que nuevas innovaciones técnicas o administrativas se iban instrumentando.

La organización empresarial se convirtió de tal forma, en el paradigma organizacional que debía garantizar el logro eficiente de los objetivos del empresario, del capitalista o del emprendedor, que aunque confundidos o fusionados en un primer momento, se irían diferenciando con el transcurrir del tiempo en personalidades distintas aunque vinculadas.

El pensamiento administrativo ha tenido como objeto, a lo largo de la historia, satisfacer necesidades de conducción y dirección de organizaciones, a través de la creación, generación y difusión de teorías que hagan viable de la manera más práctica y eficiente, la creación de riqueza y la organización del trabajo, entre los fines que persigue cualquier organización.

Sin embargo, y a la luz de los planteamientos elaborados en el capítulo anterior, las modificaciones del entorno han trastocado igualmente, la manera en que los hombres se organizan, trabajan, producen, distribuyen la riqueza y satisfacen sus variadas necesidades.

Los esquemas de organización empresarial que concentraron las miradas de los prácticos y estudiosos de la economía y la administración durante el siglo XIX y buena parte del XX, han adoptado hacia fines del XX e inicios del XXI una nueva configuración teórica y fáctica que da cuenta de la evolución descrita.

La organización que se convendrá en llamar tradicional, cuya eficiencia administrativa estudiaron Frederick Taylor y Henry Fayol, ciertamente correspondió a una época y a unas necesidades históricas que planteaban la expansión capitalista, la mecanización, la producción en masa, la creación de grandes monopolios, la expansión del consumo y la tecnificación creciente de los procesos.

Por ello, la rigidez estructural y organizativa, el elevado número de niveles jerárquicos y la burocratización de las relaciones, la autoridad concentrada y la centralización de las decisiones, así como la división extrema de labores y la mecanización del trabajo humano, fueron dando paso a características que atenuaron paulatinamente esa rigidez y mecanicismo, de la mano de varias corrientes que, en el plano teórico, enriquecieron el acervo administrativo o de algún aspecto de la organización (relaciones humanas, comportamiento, liderazgo, motivación, teoría de sistemas, contingencia...).

Alvin Toffler (1990), un poco más de una década atrás, en su obra El Cambio del Poder (PowerShift), alude a la consideración de la organización por parte de los directivos norteamericanos como una "máquina" cuyas piezas pueden ser perfectamente engranables en diferentes ritmos (aflojarse, ponerse a punto, acelerarse, etc.) y a esto la llama metáfora burocrática, a diferencia de la metáfora post-burocrática con la cual los japoneses identifican a la organización, esto es, una criatura "viviente", cuyo período vital no necesariamente concluye con la muerte o desaparición sino más bien en su transición a una nueva forma. Los adelantos científico-técnicos y administrativos han dado paso a una concepción de la organización que, a fin de adaptarse al entorno, tiende más a la horizontalidad, ha atenuado la presión rígida de la autoridad, tiende a la desburocratización, privilegia el recurso humano sobre el recurso material o de capital, busca respuestas rápidas y certeras al mercado y configura las relaciones de su estructura en función del elemento tecnológico, en medio de la valoración creciente del conocimiento (valor intangible) como verdadera fuente de valor, que apunta a restarle importancia más no presencia a los activos fijos (valores tangibles).

En strictu sensu, una concepción que resume acertadamente -en nuestro criterio- la idea de organización, hoy por hoy, radicalmente distinta de la visión tradicional prevaleciente en épocas anteriores, en sintonía con los rasgos del sistema postindustrial, es la expresada por Alstadt (1996): "La organización es la entidad por medio de la cual la creatividad humana eleva constantemente el nivel de vida de la gente, promoviendo de esta manera la certeza de que el futuro será mejor que el presente."1

Peter Drucker, uno de los más reconocidos pensadores en temas administrativos y gerenciales, ha sido testigo de la transición de paradigmas empresariales. En su obra "La sociedad Postcapitalista" (1994) expresaba ya la importancia del Conocimiento en los tiempos por venir, así como la conversión de las organizaciones tradicionales en "organizaciones de conocimiento", a la vez que daba cuenta del creciente peso de las organizaciones de beneficios mutuos, no lucrativas y de voluntarios en la economía estadounidense. Recientemente, en medio del debate sobre la "nueva economía", conformada en torno a la internet y de las transacciones vía ciberespacio, Drucker (2000) ha manifestado que

La corporación tal como la conocemos, y que ahora tiene 120 años, difícilmente sobrevivirá en los próximos 25 años. En términos legales y financieros sí, pero no estructurales y económicos. La corporación actual está estructurada alrededor de capas de administración. Muchas de estas capas son relés de información, y como cualquier relé, son muy débiles. Cada transferencia de información reduce el mensaje a la mitad. Es necesario que haya pocas capas de información en el futuro, y las que transmitan la información deben ser muy inteligentes. Pero el conocimiento, como se sabe, (...) se vuelve obsoleto a un ritmo increíblemente rápido.

El ritmo y vertiginosidad de las innovaciones tecnológicas y la velocidad en la producción de conocimiento científico, implican a su vez una aceleración en los mecanismos de adaptación y respuesta de las organizaciones, mediante una estructura lo suficientemente flexible para ello. La influencia creciente de la tecnología de la información y de las telecomunicaciones en el replanteamiento de la lógica económica, productiva y organizativa actual, ha conformado toda una infraestructura virtual intangible, expresada en la Superautopista de la Información (Internet), devenida en soporte tecno-informático del proceso de Globalización.

Castells (1999), ha estudiado desde una perspectiva integral, que privilegia la tecnológica, al proceso de Globalización. Su percepción del proceso constituye una de las principales referencias intelectuales al momento de hurgar en quienes han analizado el papel de la tecnología, y la nueva economía de la Información en la transición paradigmática que vivimos. Como bien ha afirmado:

El factor histórico más decisivo para acelerar, canalizar y moldear el paradigma de la tecnología de la información e inducir sus formas sociales asociadas fue/es el proceso de reestructuración capitalista emprendido desde la década de 1980, así que resulta adecuado caracterizar al nuevo sistema tecnoeconómico de capitalismo informacional. (...) (en el que) los procesos centrales de generación del conocimiento, la productividad económica, el poder político/militar y los medios de comunicación ya han sido profundamente transformados por el paradigma informacional y están enlazados con redes globales de salud, poder y símbolos que funcionan según esa lógica.

En este escenario tecnoeconómico, la noción de "red" se configura como el eje articulador de ese nuevo modelo organizacional, pleno de retos concretos y tangibles y de mecanismos cada vez más intangibles y virtuales para alcanzar sus finalidades.

Por ella, avanzando hacia este horizonte conceptual, Suárez (2001) ha afirmado que como corolario de este devenir histórico de la organización, surge una empresa nueva, innovadora, flexible, virtual, efímera, esto es, la empresa red, caracterizada por la intersección de segmentos autónomos de sistemas y fines. Para esta autora, lo que caracteriza a las organizaciones virtuales es el uso intensivo de tecnologías en comunicación y su exibilízación con el objeto de completar un proceso productivo.

De tal manera, el surgimiento de la denominada organización virtual, sobre todo en el mundo desarrollado y en el campo de las grandes empresas transnacionales o pertenecientes a sectores dinámicos de la economía (telecomunicaciones, energía, servicios), contrasta con la dependencia tecnológica del tercer mundo, o la coexistencia de un sector empresarial con rasgos de modernización tecnológica, junto a un amplio terreno de prácticas organizativas que aún no encajan en las características del paradigma organizativo en construcción, ni con la denominada organización virtual que ha engendrado el capitalismo informacional, como bien lo ha bautizado Castells.

Por otra parte, la relativa facilidad para acceder a las nuevas tecnologías, y la estructuración de redes horizontales y verticales de producción, ofrecen a las micro, pequeñas y medianas empresas la posibilidad de consolidarse y acceder a niveles superiores de competitividad.

No obstante, la virtualidad y flexibilidad como rasgos de la organización actual y de la que vendrá, tienen consecuencias no sólo administrativas u organizativas, sino laborales (debilitamiento de contratos de trabajo permanentes a largo plazo) y sociales (desempleo, reducción de nóminas), a costa de mantener la competitividad.

Otra de las variables involucradas en la transición paradigmática en la noción de empresa tiene que ver con la relación organización-entorno. La relativa estabilidad y predictibilidad que caracterizaron a la economía durante muchos años, manteniendo asegurados los patrones de consumo, los estándares de calidad y el grado de competencia, en la actualidad se han tornado en una complejidad que se resume en una palabra: incertidumbre.

Herve Sériex (1994) refiriéndose a la reestructuración organizacional en marcha, verdadero "Big Bang" de destrucción-creación, hace alusión a Morín para hablar de esta complejización.

Según Sériex, conocemos la diferencia entre la complicación y la complejidad. El conocimiento analítico de los diferentes hilos que componen un tapiz no dará nunca el conocimiento de la obra de arte en su totalidad. La complicación, a decir de este autor, al término de un trabajo analítico incluso prolongado, puede ser controlada totalmente, la multiplicidad de variables y sus interacciones componen siempre resultados inesperados y no reducibles al análisis. Un conjunto es complejo cuando las relaciones entre los factores conllevan efectos de lazo o feedback, donde la variable "A" retroactua sobre ella misma positiva o negativamente. Es el caso de la naturaleza y del conjunto de variables económicas. Es el caso de la persona humana. Así, una empresa más humana, será necesariamente más compleja.2


1 En: La Organización del Siglo XXI. Warren Venís y Michael Mische. Editorial Panorama. México. 1996.
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2 Herve Sériex. "El Big Bang de las Organizaciones. Cuando la empresa entra en mutación". Granica. 1994. p. 102.
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