CAMBIO, ORGANIZACION Y ENTORNO

 

Administración, organización y contexto

Palabras como "Globalización", "Competitividad", "Informatización", "Posmodernidad;, surgen como constructos teóricos o nociones totalizadoras que son generalmente empleados por propios y extraños en un intento por definir, caracterizar o resumir el espíritu del proceso de cambios que en todos los órdenes vive la humanidad. Sin inclinarnos por ninguna de estas palabras y sin ánimos de sugerir un comodín conceptual que etiquete la situación actual podemos, no obstante, concluir que la rapidez, complejidad e interconexión de los fenómenos sociales, económicos, políticos, tecnológicos y culturales que en los últimos años han cambiado el rostro del mundo, tienen como rasgo común precisamente la idea de que todo está cambiando, y que el ritmo de estas modificaciones en el plano temporal, torna difícil el trabajo de aprehender y comprender los hechos ocurridos.

Este aprehender y comprender, para alcanzar la síntesis teórica, es precisamente lo que motiva al estudio meticuloso de la realidad. Las dificultades, aparentes o reales, para acceder a las explicaciones o para al menos lograr una descripción integradora de los elementos más importantes de un fenómeno, que parecen consustanciales a todo cuanto ocurre en los tiempos que corren, antes que amilanar, constituyen un reto que pese a los riesgos, estamos dispuestos y creemos, deben asumirse.

Dentro del campo de las Ciencias Sociales, la Administración, nieta menor en términos de solidez y tradición científico-metodológica de abuelos como la Economía o la Sociología, se debate hoy entre el pragmatismo de quienes pretenden encasillarla en su función de conductora eficiente de organizaciones, y entre quienes minoritariamente, abogan por profundizar el estudio más riguroso y científico de la organización, en tanto fenómeno complejo del sistema social1. En este último grupo, a nuestro modo de ver, debe insertarse cualquier esfuerzo de investigación en esta disciplina, en el entendido de que la clarificación de las relaciones causales o la búsqueda de explicaciones integradoras y globales alrededor del comportamiento de una organización, son el piso epistemológico necesario para proceder luego, a su aplicación y particularización en el manejo, dirección, gerencia o conducción de la misma.

La organización, objeto de estudio de la disciplina administrativa, como construcción teórica y ámbito de acción humana, no ha escapado a la dinámica señalada, y aún hoy, muchos de los rasgos de su fisonomía lucen poco claros y definidos. Si se asume que la globalización y la Posmodernidad (categoría de análisis la primera, que resume las transformaciones en el aspecto pragmático-contextual y visible y la segunda en el aspecto filosófico-subyacente) determinan el ritmo cuantitativo y cualitativo de las transformaciones recientes en la organización, la Administración debe adaptar su instrumental científico técnico a dichos cambios.

Una de las implicaciones del fenómeno Globalizatorio, ha sido el replanteamiento de las relaciones de poder entre el Estado y el resto de los actores sociales. Las organizaciones empresariales cuya tarea durante mucho tiempo fue producir riqueza y empleo, bajo los lineamientos del Estado y la Ley2, han sido víctimas de los cambios en la economía los cuales les han impedido, muchas veces, cumplir a cabalidad con su rol social. Pese a los avances tecnológicos, biomédicos, económicos o democráticos, el aumento de la pobreza, la exclusión y la existencia de demandas sociales no satisfechas, el Estado, actor de primer orden llamado a satisfacer muchas de esas necesidades, posee hoy en día menos capacidad efectiva de atender, por si solo, muchos de estos reclamos3. Es en este momento cuando otros actores entran en escena.

En el ámbito mundial, desde hace no poco tiempo, y en Venezuela en años recientes, se ha evidenciado el surgimiento de organizaciones, prácticas y visiones organizacionales que, siendo distintas al Estado y a las tradicionales empresas, y conscientes de la agudización de la crisis del Estado Paternalista o "Estado Patrimonial Corporativo (Calderón, 2002), han empezado a congregar esfuerzos para superar diversos problemas, sin esperar que alguna instancia gubernamental los resuelva.4

Dentro de una evidente heterogeneidad terminológica, muchos hablan de Organizaciones No Gubernamentales, Cooperativas, Asociaciones Comunitarios, Sociedad Civil, Organizaciones Populares o Asociaciones sin fines de lucro, por mencionar algunas denominaciones. Más allá de los nombres, lo cierto es que, como rasgo del escenario actual, se hace patente la emergencia en el país, frente al debilitamiento institucional y real de los canales y actores tradicionales de intermediación y participación, de organizaciones con intereses distintos a los estadales o empresariales, a fin de satisfacer desde las más elementales necesidades humanas, hasta aquellas referidas a la influencia e intervención en la gestión pública. En relación a la gestión pública, desborda las fronteras de cualquier ámbito particular de análisis y adquiere similar significación cuando ella se examina desde el punto de vista político como expresión de la emergencia o explosión de la gobernabilidad democrática, vinculada a la sociedad civil; o desde la dimensión ambiental.

En el plano jurídico-institucional la Constitución Nacional vigente (1999) amplía y consagra el espectro de este tipo de organizaciones, y de manera similar, la nueva Ley de Cooperativas. En el plano económico la emergencia de las "Microfinanzas" y de una serie de decisiones normativas, es también notoria en el mundo y en Venezuela, así como la proliferación de organizaciones de la sociedad civil y del llamado Tercer Sector en el ámbito político5.

Independientemente de su naturaleza y del ámbito donde actúan estas organizaciones, No Gubernamentales y de Participación Comunitaria, su presencia implica el ejercicio de una función administrativa, y por supuesto, un comportamiento, unas relaciones y unos objetivos, en tanto organizaciones insertas en un sistema social.

La disciplina Administrativa, a la cual Bernardo Kliksberg asigna dos objetivos: el estudio del comportamiento de las organizaciones, por una parte, y la generación de herramientas procedimentales para conducirlas y dirigirlas, por la otra, atraviesa en estos momentos, por el mismo proceso de replanteamiento epistemológico originado por la globalización y la posmodernidad, ya referido. Prueba de ello es que la influencia del positivismo y de la racionalidad instrumental que negaba cualquier consideración de la subjetividad y, por ende, del arte en el conocimiento administrativo, actualmente parece estar superada.

No sólo la administración, sino la ciencia misma, en tanto canal racional de comprensión de la realidad, de búsqueda de verdades, de creencia en valores como el progreso, la lógica, la razón, la objetividad, está sufriendo los embates de preguntas vitales que apuntan en un sentido crítico, a proponer nuevas finalidades, o en todo caso, a identificarlas en el horizonte de las necesidades históricas. El filósofo Edgar Marín (2000), al referirse a la muerte de la Modernidad, afirma lo siguiente:

"Nuestra civilización, nacida en Occidente, soltando sus amarras con el pasado, creía dirigirse hacia un futuro de progreso infinito que estaba movido por los progresos conjuntos de la ciencia, la razón, la historia, la economía, la democracia. Ya hemos aprendido con Hiroshima que la ciencia es ambivalente; hemos visto que no había leyes en la historia que guiaran irresistiblemente hacia un porvenir radiante: hemos visto que el tiempo de la democracia definitivamente no estaba asegurado en ninguna parte; hemos visto que el desarrollo industrial podía causar estragos culturales y soluciones mortíferas; hemos visto que la civilización del bienestar podía producir al mismo tiempo malestar. Si la modernidad se define como fe incondicional en el progreso, en la técnica, en la ciencia, en el desarrollo económico, entonces esta modernidad está muerta" (p. 76).

La sucinta y acertada acta de defunción que Marín realiza de la modernidad, en el plano filosófico, corre paralela a la constatación fáctica de que los valores y promesas que la sustentaron, de alguna forma ya no son suficientes a la luz de la permanencia de diversos problemas, solución de algunos u agudización de otros. El derrumbe de las fronteras físicas o territoriales como tradicionales espacios de los fenómenos económicos, sociales, políticos, o culturales que caracterizan a la globalización, se complementa con el derrumbe de las fronteras teóricas- analíticas entre las ciencias, a la hora de estudiar dichos fenómenos.

En el plano de la globalización, se ha conformado un escenario definido, entre otros elementos, por una perdida del poder soberano del Estado Nación en los procesos económicos, la desterritorialización de los procesos productivos, la emergencia de actores sociales agrupados en torno a múltiples intereses y con una capacidad creciente de influencia en las decisiones políticas y en el reagrupamiento de las organizaciones empresariales a fin de conformar un poder transnacional en lo económico, en lo social y en lo cultural. Al respecto, se asume el criterio de De Venanzi (2002), según el cual

"la globalización es un proceso consistente en la expansión desregulada de la gran corporación privada; expansión que es la marca distintiva del sistema-mundo capitalista en su fase actual de desarrollo" (p. 4)

Destacan en esto entorno global, agrupaciones y organizaciones sociales que sin pertenecer al ámbito estatal ni al estrictamente empresarial, hacen uso de las herramientas tecnológicas y comunicacionales de la globalización para oponerse al proceso o, en todo caso, reclamar su inclusión como interlocutores validos en la discusión, a objeto de explotar y aprovechar las oportunidades que ofrece la dinámica globalizadora.6;

En el plano organizacional, los efectos de la competitividad, han ocasionado una necesaria adaptación y modificación fisonómica de la organización empresarial, y en las maneras de creación de Ia riqueza y búsqueda del lucro. La crisis de gobernabilidad del Estado, específicamente en el Tercer Mundo y en Latinoamérica, producto de la incapacidad del poder público para satisfacer adecuadamente crecientes y variadas demandas sociales, aunado a difíciles cuadros económicos, ha dado pie al nacimiento de diversas formas de organización de actores comunitarios, no gubernamentales y no empresariales, que han desarrollado respuestas a muchas de esas necesidades no atendidas por el Estado, y que pueden abarcar desde las más básicas (salud, educación) hasta las más consustanciales con el quehacer ciudadano (participación política, concientización, fomento económico, redes productivas, culturales, deportivas).

Este proceso se enmarcaría a su vez dentro de la idea consustancial al proceso globalizador, la cual advierte como tendencia el ascenso del espíritu corporativo asociado a la expansión de ese tipo de asociaciones voluntarias, las organizaciones no gubernamentales, las fundaciones, las universidades y otras organizaciones de la sociedad civil; operando así un proceso de colonización de la lógica organizativa e instrumental de la empresa privada y el Estado capitalista. (ibid. p. 22)

La aparición de este tipo de experiencias organizativas en Venezuela tiene mucho que ver con las particularidades del proceso histórico reciente del país, con la naturaleza y variación de las relaciones de poder materializadas en el modelo de Estado que desde 1958, junto a las políticas económicas aplicadas, dieron viabilidad a un proyecto de país. A partir de 1989, con el llamado "Caracazo" y las intentonas golpistas de 1992, se inicia un período de inestabilidad económica, social y política y la profundización de la crisis del modelo de Estado, cuyo agotamiento venía acumulándose desde años anteriores por efectos del fracaso del denominado modelo rentístico que en lo económico sustentó el modelo hegemónico o "sistema de conciliación de elites"7.

Irrumpe así, un proceso de transición que conduciría (y aún conduce) a la búsqueda y conformación de un nuevo proyecto político, económico e institucional de Nación. El carácter relevante que empieza a tener la sociedad civil a nivel mundial y, por supuesto, en Venezuela, como instancia ni estatal ni empresaria, y que agrupa a una amplia gama de intereses y demandas, ha implicado la aparición de motivaciones, objetivos, visiones y finalidades muy distintas a la hora de conformar organizaciones, a las asumidas por el sector oficial y por la clase empresarial. A la larga, si bien estas organizaciones asumen rasgos diferentes, jurídica, estructural o económicamente, el objetivo perseguido sigue siendo alcanzar cuotas mínimas de bienestar y mejoras en la calidad de vida de la colectividad o de quienes participan de la Asociación Civil, de la Junta de Vecinos, de a Cooperativa o de cualquier forma de asociación comunitaria o no gubernamental.

Ahora bien, existen evidencias empíricas que muestran como esas organizaciones no dependientes del Estado ni creadas con intenciones empresariales o lucrativas, han arrojado resultados positivos, y un impacto considerable en sus ámbitos de actuación.

Lo interesante del desempeño organizacional, de la forma de gerenciar dichas agrupaciones sociales, pudiera apuntar a la función administrativa, a la manera como se toman decisiones o se divide el trabajo, en el plano de la eficiencia técnica, a la estructuración e integración global de los elementos de esas organizaciones, y a sus relaciones con el medio ambiente externo, o el resto del sistema social.

El planteamiento de Juan Carlos Navarro (1994), ilustra bien la tendencia descrita, cuando afirma que

...Podría plantearse la hipótesis de que tanto las OPC (Organizaciones de Participación Comunitaria) como el gobierno representan respuestas sociales a fallos de mercado y desigualdades distributivas. (...) Así, los beneficios que alcanza una determinada sociedad como resultado de un movimiento hacia sistemas de entrega de servicios sociales con mayor participación del sector privado estarían en función, hasta cierto punto al menos, de la eficiencia del sector público en sectores como educación, salud, defensa del medio ambiente, programas de vivienda, nutrición, o enfrentamiento a la pobreza. Las muy diferentes estructuras de incentivos que tienden de hecho a enfrentar los organismos públicos y las OPC podrían eventualmente poner ciertos límites a las diversas combinaciones institucionales posibles, lo que a su vez podría explicar el por qué no es sólo en América Latina que se está presentando un movimiento hacia una creciente participación del sector privado en el área social.

Los elementos del fenómeno descrito, cual es lo aparición de experiencias organizativas distintas a las tradicionalmente surgidas del seno del Estado o de la clase empresarial, con un papel destacado en la atención de exigencias populares no satisfechas por ninguno de dichos sectores, plantean un esfuerzo necesario por profundizar las características de dicha tendencia, siguiendo como esquema de desarrollo analítico las categorías de análisis Globalización - Organización - Administración emanada de fuentes bibliográficas y hemerográficas objeto de revisión.

  1. Pertinencia de una reflexión
  2. Antecedentes
  3. Hipótesis y consideraciones iniciales
  4. La Administración y el Nuevo Paradigma

1 Décadas atrás, un autor de reconocida y prolífica obra en Administración planteaba la necesidad de una ruptura epistemológica específicamente con relación al caso del sector público, pero extrapolable por su significación al ámbito general. Bernardo Kliksberg. Las Rupturas Epistemológicas necesarias en el Pensamiento Administrativo. (1986).
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2 Esto equivale a reconocer que el Estado moderno que se configura como tal en la época de la decadencia del feudalismo y en los albores del capitalismo, sustentado en la doctrina del laissez-faire en la realidad histórico-concreta, nunca existió en la fase liberal puro, por obra y gracia de las regulaciones mínimas que se establecen para el funcionamiento de la actividad económica y de las organizaciones empresariales.
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3 Subyace en el fondo de la referida afirmación la tesis de quienes postulan, de acuerdo con la onda necrológica en el crepúsculo del milenio pasado, el fin del Estado de Bienestar (Welfare State) y, por consiguiente, los problemas asociados a la gobernabilidad y la apuesta por la emergencia y fortalecimiento de la sociedad civil.
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4 Lo que además, parece aceptarse con un considerable consenso, es la imposibilidad de sacar al Estado, excluirlo, de lo que sería la recomposición o reinvención de un nuevo modelo sociopolítico y económico en el marco de la globalización. En tal sentido se afirma: "El diagnóstico actual confirma que, el Estado continua siendo un instrumento fundamental para el desarrollo económico, político y social de cualquier país aún cuando hoy deba funcionar en una forma diferente a la contemplada en el patrón nacional-desarrollista adoptado en buena parte de América Latina, y al modelo social-burocrático que prevaleció en el mundo desarrollado de la post-guerra". (CLAD. 1998:7)
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5 Dentro del clima de turbulencia política que vivió el país a finales de Enero y principios de Febrero de 2003, ante la imposibilidad de efectuarse el denominado referéndum consultivo (finalmente declarado ilegal por decisión del Tribunal Supremo de Justicia), el Consejo Nacional Electoral anunciaba pública y oficialmente la inscripción de 61 organizaciones de la sociedad civil (incluyendo partidos políticos tradicionales, AD y COPEI) para la participación y vigilancia de dicho proceso. Ante esta realidad, la tesis de Olvera (2002) según la cual, en democracias estables los partidos políticos suelen separarse cada vez más de la sociedad civil e integrarse más al sistema político, no parece aplicarse al caso venezolano, en e cual la "sociedad civil" se erige para los partidos políticos en una suerte de instancia cuya abstracción, diversidad y pureza disfraza otro tipo de objetivos.
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6 En "Jaque a la Globalización" (2001), Pepa Roma, básicamente a partir de lo que significó la protesta de Seattle contra la Organización Mundial de Comercio (diciembre 1999), reseña la forma como se van conformando los nuevos movimientos sociales y alternativos por "otra" globalización, es decir, "aquella que trata de elaborar un modelo de participación equitativo de los recursos, información y conocimiento para los 6.000 millones de personas que habitan el planeta y no para los 200 más ricos", de acuerdo con los impulsores del movimiento de protesta. (p.22)
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7 Es amplia la Iista de autores en el tratamiento del tema. No obstante, particularmente se citan a: López Maya y otros (1989); Alvarez, A. (1996) y Ramos (2002).
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