Fundamentos de valoración de empresas

 

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Una revisión de la Economía dominante

Alfonso Galindo Lucas

Capítulo VIII

SITUACIÓN DE LA MANO DE OBRA

Inmigración y mercados

La inmigración se nos presenta como un hecho consumado que pone de manifiesto la desidia científica de la Economía. En Estados, Unidos el proceso de asimilación económica y (en menor medida) cultural se ha producido más rápido que en Europa y los trabajos de investigación acerca de las causas y consecuencias de este flujo demográfico han sido precursores de los referidos a la entrada de trabajadores por España. A pesar de que este hecho ya se ha reconocido como impulsor del crecimiento (en términos de P.I.B.) y la productividad, desde tiempos remotos, no ha interesado a los teóricos de la Economía, como posible fuente de reformulación del paradigma al uso.

Sucede que la investigación para investigar acerca de este fenómeno siempre ha estado limitada, procediendo sobre todo de proyectos de inversión públicos, que sólo han permitido una elaboración de estadísticas descriptivas y, todo lo más, la formulación de teorías económicas de alcance restringido. En cambio, en el mercado de capitales, siempre han existido poderosos motivos para financiar la investigación que se desarrolla en las universidades.

Puesto que las universidades estadounidenses funciones normalmente en un régimen de financiación privada, es el estudio de las operaciones y servicios financieros el que ha producido los mayores aportes a la Teoría económica, que configuran el paradigma actual.

El marco macroeconómico en que se considera la inmigración, en la actualidad, es el de la Economía clásica: Multitud de oferentes y demandantes, que no pueden influir en el precio, ni de los productos, ni de la mano de obra; por lo tanto, el trasvase de consumidores no se tiene en cuenta como elemento de distorsión. Sin embargo, el fenómeno de las migraciones y, en general, al mercado de trabajo, le es aplicable toda la literatura relativa a fallos de mercado, costes de transacción, asimetría y ausencia de información y expectativas razonables. Los inmigrantes, lejos de ser un lumpen de desheredados vagos y parásitos, son jóvenes con alguna formación y capital y con ganas de trabajar, que han sido atraídos por información asimétrica (es decir, distinta de la que poseen los residentes) y que deciden realizar una inversión. Esta inversión no sólo consta de capital (por ejemplo, el coste del transporte), sino que incluye un lucro cesante y un daño emergente, por el coste de oportunidad de las alternativas locales a las que renuncian, por eso, supone una barrera de entrada en la mayoría de los casos, es decir, no todos los sudamericanos, europeos del este y africanos están en condiciones de emigrar hacia Europa y Estados Unidos.

Además, es necesario considerar que esta inversión es personalísima, es decir, no es posible que un inmigrante la transfiera a otro y la liquide, como se hace con un título negociable cuando nuestras expectativas decaen. El inmigrado tiene también una barrera de salida o sunk cost, que le impide regresar, en tanto no haya satisfecho como mínimo la recuperación, en términos de coste y riesgo, de su inversión migratoria. Por otra parte, es necesario aplicar el marco neo-institucionalista que hemos defendido, para no perder de vista que determinadas actividades de la ‘nueva economía’ no serían tan rentables sin la circunstancia específica del inmigrante: Transportes, telecomunicaciones, operaciones bancarias, empleo temporal y colocación, etc., eso sin hablar de la colocación “no-gubernamental” como modo de subsistencia.

Las políticas migratorias tienen una vertiente política que queda al margen de las leyes de extranjería. Las actuaciones de los políticos occidentales en los países de origen tienden a fomentar la inmigración, mientras que en los países de destino, con el pretexto de limitarla, tienden a abaratar la mano de obra importada. Según un informe reciente de la OCDE (2000), la inmigración en Europa puede ser la única salvación posible a los sistemas públicos de pensiones, especialmente en países como España e Italia, en los que la Seguridad Social parecía tener un déficit estructural alarmante y la población un envejecimiento consolidado por las bajas tasas de natalidad.

A las clases pasivas propias de España, se añade la existencia de jubilados centroeuropeos, propietarios de casas en el litoral mediterráneo, que vienen a incrementar de hecho el envejecimiento de la población. Sin embargo, desde hace varios años, la Seguridad social española ha alcanzado el increíble dato del superávit persistente y esto no se ha debido a la inmigración ilegal, sino a la legal, aunque también en gran medida .hay reconocerlo . a las altas ficticias que se han practicado como trámite para la obtención o renovación del permiso de residencia.

Muy en relación con la creación de zonas de estabilidad, comentado más arriba, un tema tan relevante como el de la inmigración promueve una vía alternativa para el análisis de la naturaleza del orden económico actual.

Tradicionalmente difundido como un problema (aunque cabría discutir quién lo padece) se nos dice que se intenta solucionar con la inversión en zonas fronterizas, donde el nivel de desarrollo debiera ser parecido al de Europa y Norteamérica, a fin de facilitar a los trabajadores oportunidades en sus propios países, mediante el denominado co-desarrollo. Este planteamiento presupone que en el Norte no existe necesidad de inmigrantes o que realmente los Estados intentan frenar, mediante las leyes de in- migración, la llegada de mano de obra importada. Sin embargo, esto es demasiado teórico; simplemente, la estrategia de deslocalización (hacia zonas de estabilidad) es la más indicada cuando se fabrican manufacturas o sus componentes o se construye (reconstrucciones postbélicas, oleoductos, etc.) y la inmigración precarizada es más convenientes para aquellas actividades que se deben realizar en el mundo desarrollado (recolección agrícola, hostelería, turismo, deporte de alto nivel, prostitución, etc.).

No hay que olvidar que en la visita de José María Aznar a Colombia, en 1999, siendo presidente del Gobierno español, manifestó la necesidad de mano de obra en España, para fomentar la inmigración y más adelante implantar la exigencia de visado y otras restricciones a la inmigración legal. Esto significa que hay necesidad de inmigrantes y que las barreras legales no persiguen el freno a los flujos migratorios, sino su abaratamiento; tanto en el caso de los inmigrantes, como en el de los desplazados, en general, el apoyo prestado por los Estados occidentales a la ayuda humanitaria tienen el efecto de consumar y consolidar el desplazamiento, en vez de facilitar el retorno. Es el caso del campamento de Melilla, en el que se da la paradoja de que, mientras se contiene la inmigración de africanos, no se permite a estas personas emprender el camino de vuelta a sus países de origen.

Aunque sería difícil de comprobar, es posible que sea cierto que, en muchos casos, ellos prefieran la reclusión al destierro.

Para la comprensión del fenómeno de la inmigración, en relación con los mercados, es muy importante no perder de vista que los mercados de productos y de trabajo están muy relacionados y que la parte que ejercita mayor poder en éstos es la misma en ambos, aunque ejerce en uno de oferente y en otro de demandante. En una economía nacional, por ejemplo, los oferentes de mano de obra son los mismos que los consumidores; son muchos y rivalizan entre sí de una manera cuasi-perfecta. En cambio, los demandantes de mano de obra son oferentes de productos de consumo y ejercen el poder de mercado, debido al fenómeno de la concentración.

La Teoría Clásica ha postulado que, en un contexto de libre circulación de mercancías y de libre instalación de empresas de capital extranjero, los precios de todos los productos y servicios tenderían a igualarse en todos los países, en situación de equilibrio, debido a que esa situación ideal parte del presupuesto de la competencia entre oferentes en dicha situación. Sin embargo, la competencia se da en mucha mayor medida en productos básicos como la energía, los alimentos y las materias primas que en los productos manufacturados, especialmente de las nuevas tecnologías (farmacéutica, electrónica, informática, propiedad intelectual, comunicaciones, etc.).

La mayoría de antecedentes sobre el tema de las causas de la inmigración no parten de ámbitos teóricos de la Economía. Por otro lado, la mayor parte de la literatura teórica o empírica sobre los mercados no tiene en cuenta el factor población y los posibles trasvases de consumidores entre economías nacionales. Las causas de la inmigración se han tratado con una profundidad tan somera como las consecuencias.

Hoy se sostiene con buenos argumentos la idea de que el gran y continuo crecimiento de la economía estadounidense durante la era Clinton fue debido a la importación de mano de obra cualificada (Todd, 1998, Stiglitz, 2003, inter alia) y a las medidas de bienestar mínimas implantadas para evitar la denominada “filtración” (Stiglitz, 2001). Estas impiden, en cierta medida la evasión de rentas, cuando el inmigrante se ve avocado a instalarse de forma permanente.. Los estudios acerca de la naturaleza del capitalismo rara vez integran el trasvase de mano de obra en la lógica de la determinación de precios y cantidades. Los estudios de alcance macroeconómico se basan en aspectos descriptivos, como la formación, las estadísticas de entradas y las salidas de los que entraron.

Los escasos análisis suelen estar centrados en las consecuencias de la inmigración en el Producto Interior Bruto (PIB). En Todd se analiza la inmigración estadounidense como un factor de crecimiento económico y se advierte y se documenta la importancia de la formación en el futuro de un país. Otros autores añaden al análisis el peligro de realizar inversiones en formación sin otro tipo de reformas, debido al éxodo de cerebros. En Stiglitz (2001 y 2003), por ejemplo, se habla del caso de los países exsoviéticos y de la fuga de cerebros. También la mano de obra no cualificada ha significado mucho para la economía estadounidense. El primer viaje Oficial de Bush Jr.

como presidente en el 2000 fue una misión comercial a México. A cambio de asegurar el suministro eléctrico, se legisló una prórroga de no-expulsión a inmigrantes ilegales que, de otra forma, serían devueltos a las estadísticas de parados del país vecino, pero que seguían sin ser reconocidos como residentes en Estados Unidos.

Los aspectos microeconómicos tratan de elaborar modelos de comportamiento que tienden a buscar las causas de la inmigración en la frecuencia de las distintas motivaciones individuales. El enfoque que hemos adoptado al conjeturar la existencia de una relación entre el poder de mercado y la inmigración parte de un presupuesto de internacionalización de la economía y también de una 'globalidad' de los fenómenos, como pueden ser los mercados de consumo y de trabajo, que los interrelaciona de una manera mecánica. Así mismo, la globalidad que afecta a la inmigración es también de tipo conceptual, es decir, no se trata de una materia propia de la economía, ni de la sociología, ni del derecho, ni siquiera de un objeto exclusivamente científico.

La mano de obra importada es un fenómeno importante en países como España, debido a la estructura de su economía productiva. En países donde las actividades fabriles han sostenido la buena salud de los indicadores macroeconómicos, la estrategia que han seguido las multinacionales ha sido la deslocalización de plantas hacia países del tercer mundo (entre ellos, muchas veces, España, como fue el caso de Santana Motor, General Motors, Gillette, etc.). En este país, la industrialización ha sido tradicionalmente débil, aunque con excepciones y si en otro tiempo, el bajo costo de nuestra mano de obra fue una ventaja competitiva, hoy la denominada emigración de empresas supone una pérdida de oportunidades de empleo a los españoles. Hoy es evidente que las esperanzas de los economistas oficiales se encuentran volcadas en la construcción, el turismo y en la agricultura de invernadero.

Son éstas actividades que no se pueden deslocalizar y por eso es necesario importar mano de obra que abarate el coste laboral, he ahí otro problema para el trabajador nacional. Aparentemente a éste le perjudica tanto la huida de empresas como la entrada de inmigrantes.

No obstante, es necesario adelantar que son erróneos determinados planteamientos que promueven el rechazo al trabajador extranjero. Primero, porque este abaratamiento no se produce tanto por el incremento en la cantidad, sino por el concurso de incentivos institucionales, en forma de leyes de extranjería, que dejan a la mano de obra importada en una situación más ventajosa que la nacional (o más precaria, desde el punto de vista del trabajador), para que sea preferida por los empresarios. En segundo lugar, los jóvenes inmigrantes son potenciales emprendedores que pueden suplir la proverbial falta de iniciativa en zonas como Andalucía. Estos nuevos empresarios llegan a proporcionar empleo a españoles, en proporciones crecientes.

La inmigración es uno de los fenómenos que más ponen de relieve la naturaleza del capitalismo actual como una variedad (o una consecuencia) del imperialismo. En su libro imperialismo, Hobson46 siembra las bases teóricas de lo que Lenin aportó al acervo marxista. Trató de explicar el imperialismo como una consecuencia del subconsumo y éste, a su vez, como un producto de la desigualdad en la distribución de la renta, en los países industrializados.

Argumentaba que los consumidores más pudientes no podían destinar a consumir el producto nacional una proporción similar a la de un consumidor medio. Como su necesidad humana venía a ser la misma, el gasto en que incurriera en productos manufacturados debía ser proporcionalmente menor y destinaría el resto de su renta a realizar inversiones productivas y adquirir bienes de lujo. Por el contrario, las capas más pobres de la población tampoco llegarían a una proporción de consumo de productos fabriles similar a la de un consumidor medio, puesto que destinaría un porcentaje cercano al 100% de su renta a la adquisición de alimentos.

Este subconsumo explica el imperialismo como una búsqueda de mercados. Otros autores, ya sean adscritos o ajenos al leninismo, han ido añadiendo la búsqueda de recursos y posiciones geoestratégicas o de poderes políticos corruptibles, etc. Otras teorías posteriores han adjuntado el problema de la superproducción al del subconsumo, especialmente después de la crisis de 1929. Estos dos problemas nos pueden llevar a una explicación de la inmigración, si tenemos en cuenta que el subconsumo afecta a los productos fabricados a gran escala y se da en el “primer mundo”, mientras que la superproducción suele afectar a los productos básicos, como los alimentos o los minerales o, como es evidente, la mano de obra. La propuesta teórica que se formula en Galindo (2004d) sostiene que, a pesar de las barreras legislativas a la inmigración legal, la inmigración clandestina no permite una igualación de precios entre los mercados de países ricos y pobres. Por otro lado, dicho diferencial de precios no permite la igualación de salarios entre unos y otros.

Con respecto al diferencial de precios47, cabría esperar que la inmigración presionase hacia la igualación internacional de los mismos, pues el trasvase de consumidores a los países industrializados supone un incremento de la demanda interna en los mismos. Sin embargo, es preciso notar que el propio capitalismo está interesado en una elevación progresiva de salarios, para asegurarse distintos niveles de consumo para dar salida a su producción de modo rentable. Necesita, en definitiva, vender más caro a la denominada “crema del mercado” y luego bajar los precios progresivamente para seguir vendiendo.

El carácter restringido de la competencia o, en otros términos, la ausencia de mercado, permite que esto se llegue a realizar con éxito. Por otra parte, es necesario tener en cuenta que el diferencial de salarios es el elemento que está atrayendo la mano de obra y al sector público (ni a la clase empresarial) no le interesa que cese el flujo de inmigrantes.

En el empleo de inmigrantes, en situación ilegal, los empresarios cuentan a veces con contactos en organizaciones no-gubernamentales, de las que se comentan en el siguiente capítulo. Si usted fuera propietario de un prostíbulo, ¿dónde buscaría a sus contactos para la captación de trabajadoras? Yo merodearía a algún voluntario de las asociaciones de acogida de inmigrantes. Es oportuno aquí recordar que en España el proxenetismo dejó de estar prohibido, a condición de que el ejercicio de la prostitución se haga libremente y no bajo coacción, amenaza o estupro. De nuevo, estamos ante la justificación del mercado.

Si la demanda de las habitaciones de mi hotel está formada por chichas que se buscan la vida, ¿qué me impide ofrecer mis habitaciones? La cuestión no está en la moralidad de dicha actividad, que no es objeto de este ensayo, sino en la simplicidad de considerar libre todo comportamiento que no se ejerce por amenaza, coacción o engaño.

El planteamiento es tan absurdo como afirmar que la libertad debería existir y, por lo tanto, suponemos que existe. El mismo problema se produce con respecto a la información de los consumidores, la formación de los votantes y la libertad de expresión. Ese es el paradigma del mercado, pero el poder de mercado es el elemento que distorsiona este planteamiento neo-liberal, restando libertad a la parte que se encuentra en desventaja. En el caso del inmigrante, esa parte débil es la persona que no encuentra un trabajo más adecuado a sus posibilidades, teniendo en cuenta, sobre todo, la tardanza o denegación de los trámites legales (homologación de títulos universitarios, permisos de trabajo y residencia, reagrupaciones familiares, etc.) que las Leyes de extranjería suelen incorporar, haciendo que las instituciones sean, en general, menos hospitalarias que la ciudadanía.

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