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Una revisión de la Economía dominante

Alfonso Galindo Lucas

Capítulo II

EL PAPEL DE LA CIENCIA ECONOMICA

QUE ES LA ECONOMÍA

Como ocurre con la Historia, el Derecho y, en general, las Ciencias Sociales, existen dos acepciones, una formal y otra material, para este concepto. La Economía, con mayúsculas, es la Ciencia que estudia la economía, con minúsculas. La definición más usada de Economía es muy socorrida y relativamente reciente. Fue dada por Sir Lionel Robbins en 1932 y, nos sirve, de momento, para justificar nuestros alardes y anunciar que podemos empezar a funcionar como Ciencia. La Economía es la Ciencia que estudia la relación entre unos fines y unos medios escasos. Otra definición más irónica, ya aludida, define a nuestra Ciencia como el tiempo perdido entre la elaboración de previsiones y las explicaciones de por qué no se cumplieron. Se nos podría ocurrir una definición sumamente descabellada de inspiración periodística: La economía sería aquello que viene medido, diariamente, por los índices bursátiles. Otra sumamente pesimista sería la de Ciencia encargada de explicar situaciones que no van a volver a producirse.

La noción más usada en el mundo académico también es un tanto vaga y ya fue descartada como válida, entre otros, por Polanyi (1994, citado por Prieto, 1996). Si reflexionamos un poco acerca de la definición aportada por Robbins, nos daremos cuenta que éste puede ser el enunciado para una determinada cualidad de otras ciencias o un sinónimo de eficiencia. Cuando se trata de recursos naturales, dicha eficiencia será objeto de la Ecología; cuando hablemos de recursos técnicos, invocaremos a la ingeniería, etc.

Puestos a analizar cuál es el objeto material de nuestra disciplina, solemos acordarnos de las riquezas, los medios de pago y las instituciones, entre ellas, el mercado, aparte de fenómenos macroeconómicos como la subida de precios, el tipo de interés, la producción, etc. Heilbroner (1968, p. 49) no aporta formalmente una definición para la Economía, pero la define como “filosofía de la riqueza”. Otros conceptos bastante relacionados son la producción y el bienestar. En ese caso, ¿Son las Bolsas de valores el “termómetro de la economía”?¿Acaso el bienestar o la productividad pueden cambiar de un día para otro entre Tokio y Nueva York, como lo hace el capital especulativo?

Si analizamos un poco el significado de la riqueza, tendremos que identificarla necesariamente con el poder adquisitivo, incluso con otros tipos de poderes menos mercantilistas. En relación con el primero, la problemática se amplía al contexto de las transacciones posibles, es decir, los mercados (la formación de precios) y los medios de pago. En relación con las demás formas de poder, la Economía debe considerarse una parte de las Ciencias Sociales difícil de desgajar.

Por todo ello, diremos que el objeto de la economía es el comportamiento humano, en sociedad, en relación con las desigualdades de origen mercantil, en un contexto de ineficiencia. En resumen, estamos ante la Ciencia que estudia la ineficiencia en la asignación del poder entre los seres humanos, cuando ese poder tiene su origen en la riqueza material. Todo lo demás, son técnicas aplicadas a la economía: Contabilidad, cálculo matemático, econometría, informática, etc. Desde este punto de vista, estamos ante una parte del discurso de Rousseau, a quien se considera padre del romanticismo y de las Ciencias Sociales. No sería materia de la Economía la adquisición del poder mediante gestas y batallas de cualquier tipo, aunque sí el móvil material de las guerras .los intereses económicos. y la forma en que éstas se financian. No sería materia nuestra, sino de la psicología, la obtención de poder mediante el carisma o la persuasión, aunque sí el aprovechamiento de una coyuntura de poder para acumular bienes materiales (capital tangible).

El capital llamado intangible, al que en otros trabajos he dedicado varias páginas, coloca a la “nueva” Economía, como la más ambiciosa de todas las ramas de las Ciencias Sociales y nos obliga a replantear la multidisciplinariedad, en el contexto recurrente del término ‘globalización’.

A mi parecer, a partir de este punto será necesario referirnos a la Ciencia Social en singular, como propugnaba Marx, bajo la denominación de “historia” (investigación), porque no han conseguido separarse de ella las denominadas Ciencias Sociales, en plural (Economía, Historia, Derecho, Psicología, Pedagogía, etc.), sino que están pugnando por abarcarse unas a otras. Por el contrario, estas ramas de la Ciencia Social, están diferenciándose más por las herramientas que utilizan que por su objeto de estudio, dada la definición que acabamos de plantear.

Por último, dado que el objeto de la Economía se acaba de definir como la ineficiencia en la asignación de poder material y la eficiencia se define como una relación deseable entre fines y medios, habremos de establecer como medios, en las relaciones humanas, la cuestión de la parcela de poder que ostenta cada cual. Como fines de dicha eficiencia, habremos de adoptar el bienestar para la humanidad en general. Esto supone un cambio radical de perspectiva, con respecto a la corriente actual, que estudia los mismos fenómenos que aquí se exponen. La eficiencia desde el punto de vista de un interés particular puede representar ineficiencia con respecto a los intereses generales.

En cierto modo, este ensayo supone una primera victoria de la Ciencia Económica con respecto a otras disciplinas “más científicas”, puesto que se ha puesto de manifiesto que el ritmo al que progresa el conocimiento, en términos generales, depende o, más bien, está limitado por circunstancias de tipo sociológico (Bourdieu, 2001) y, en último término, económico. El economista se encuentra en situación de explicar al científico su comportamiento y echarle en cara su propia naturaleza, cuyo ámbito debería conocer y haber previsto, para saber que no está tomando la línea recta hacia la verdad, sino los senderos espirales de los intereses privados.  

 

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