LAS FLECHAS

Coste y valor de los objetos

Llamaremos coste de la necesidad-recurso 'flecha' a las cantidades de recursos que hay que entregar para conseguir 'flecha'. Llamaremos valor de 'flecha' a la estimación de los recursos que podemos conseguir si entregamos 'flecha'. Llamaremos beneficio de 'flecha' a la diferencia entre su valor y su coste.

El valor de una información es la expectativa o estimación que hace un individuo sobre la capacidad de esa información de satisfacer sus necesidades. Esto implica que ni el instrumento ni la información tienen ningún valor "en sí", ningún valor objetivo. Una información en cualquier soporte tendrá sólo el valor subjetivo que le asigne un individuo según su utilidad para satisfacer sus necesidades, es decir, para producir y transmitir nuevas informaciones. Por tanto, si una flecha puede utilizarse para cazar, para una danza ritual o como símbolo jerárquico, tendrá un valor diferente para el cazador, el danzante y el jefe de la tribu, ya que la utilizarán con fines distintos, para satisfacer necesidades diferentes. Además, aunque la información contenida en la flecha, su tecnología, sea la misma, su uso requiere la incorporación adicional de saber y de logística. El valor que se pueda obtener se deberá no sólo a la tecnología de la flecha sino también al saber y a la logística que se le incorpore. Además, la estimación del valor será normalmente muy imprecisa ¿Cómo puedo saber cuántas gacelas me ayudará a cazar a lo largo de mi vida esa información que acabo de conseguir?

Economia Sapiens

La estimación del tiempo de producción de una cosa, de su coste, es también subjetiva ya que diferentes personas harán diferentes estimaciones del coste del mismo instrumento. Hay personas que son muy hábiles fabricando flechas y otras que son más torpes y tardan mucho por lo que el coste en tiempo que tienen que pagar es mayor. Si se pueden conseguir las flechas entregando cosas a cambio, las diferencias en el coste de una flecha, en el tiempo requerido para conseguirla, pueden ser muy grandes para diferentes individuos. Además, el mismo individuo puede mejorar su técnica y reducir el tiempo que tarda en fabricar flechas con lo que el coste de las flechas habrá disminuido.

Obsérvese sin embargo que cuando tenemos una flecha conocemos con precisión su coste porque ya lo hemos tenido que pagar, en cambio no conocemos con precisión su valor porque aún no hemos recibido lo que podemos obtener; es tan solo una estimación basada en expectativas. Cuando entregamos un recurso a cambio de otro estamos transformando su coste en su valor. En el momento de decidir si entregamos un recurso que ya tenemos (si pagamos un coste) para obtener este o aquél recurso (satisfacer esta o aquella necesidad) lo que hacemos es comparar una estimación subjetiva e insegura de los beneficios. El "cuento de la lechera" es una ilustración popular de la pérdida de seguridad en la estimación de beneficios cuando planificamos una cadena de conversión de costes en valores.

Supongamos el caso más sencillo, el de una economía natural en la que un árbol, para obtener la energía E tiene que dedicar el tiempo Tc y que esa energía alarga su vida en un tiempo Tv. Podemos afirmar que Tc es la medida del coste que tiene la energía E y que Tv es la estimación de su valor. La diferencia entre ambos es el beneficio: Tb = Tv – Tc.

Ante diversas fuentes alternativas de energía E1, E2, ... un "árbol racional" elegiría aquella que produjera mayor beneficio, siempre que el beneficio sea positivo. Pero esa "racionalidad", esa elección, requiere información sobre la existencia de diversas fuentes de energía, sobre su coste y su valor. Es decir, requiere saber y para tener saber es necesario tener un cerebro. Las plantas carecen de cerebro y de saber por lo que no pueden elegir sus fuentes de energía. En la economía natural la elección no la hace el individuo sino el azar o la naturaleza. Dicho en otras palabras, no hay elección sino sólo selección. La racionalidad es "ex post", a posteriori, y se realiza mediante eliminación diferencial de individuos según el resultado que hayan obtenido en su tratamiento de la energía y el tiempo.

Supongamos ahora una economía instintiva en la que un animal puede obtener el saber S con un coste en tiempo Tc y con un coste en energía Ec. Si se emplea Ec en la obtención de saber, se pierde el tiempo que se podría haber obtenido a cambio de esa energía, se pierde su valor en tiempo. Por tanto, aunque en la realidad para obtener informaciones tipo saber hay que entregar "en especie" tiempo y energía, podemos hacer un cálculo de su coste expresado solo en tiempo. La información obtenida permite seleccionar entre fuentes de energía y elegir la más beneficiosa, la que tiene un Tb más alto. El valor de esa información puede ser medida exclusivamente en tiempo, es el tiempo "extra" que permite obtener. Esa elección se realiza de forma instintiva.

Para que la argumentación desarrollada en el párrafo anterior quede más clara, tratemos de representarla escenográficamente. Pensemos en cómo recibe su saber un león: perdiendo tiempo y energía en persecuciones de gacelas sanas y rápidas que resultan infructuosas. Múltiples experiencias de persecución le proporcionan información suficiente para realizar comparaciones entre gacelas. Esa información no es articulable, no es conocimiento, es sólo saber, pero permiten que el león tome decisiones instintivas y persiga a la gacela más débil, o más pequeña, o más lenta. Ese saber ha tenido un coste en tiempo y energía que podríamos medir con precisión. También podríamos estimar, pero de forma imprecisa, su valor y los beneficios que proporcionará al león.

El individuo animal no tiene posibilidad de elección entre diversas informaciones, ya que eso requeriría tener información sobre las informaciones, incluyendo una estimación de su coste y valor. Si observamos el comportamiento animal comprobamos que no hay una búsqueda de saber, una decisión consciente de aprender, una elección entre diversas fuentes de información. Los animales reciben involuntariamente informaciones que almacenan en su cerebro en forma de saber por el que, involuntariamente, tienen que pagar un coste en energía y tiempo. Ese saber tiene un valor expresable en tiempo, pero los conceptos de coste y valor implican una información articulada, es un conocimiento del que carecen los animales.

Podemos llamar a esa forma de elegir "racionalidad instintiva" ya que es frecuente utilizar la palabra "instinto" para aludir al comportamiento animal y para cuando los seres humanos tomamos decisiones sin poder explicar de forma articulada porqué adoptamos esas decisiones.

Pasemos ahora a considerar la economía tradicional. Además de tiempo, energía y saber, el hombre tiene capacidad de manipular informaciones en forma de tecnología, logística y conocimiento. El conocimiento es un tipo de información muy especial, que se transmite de un humano a otro y que incluye informaciones referidas al coste y valor de los recursos y del saber. Pensemos en una banda de cazadores recolectores paleolíticos o en un grupo de yanomami en el Amazonas. Los jóvenes, además de observar y aprender el comportamiento tecnológico y logístico de los adultos de forma no articulada, son educados por los mayores, es decir, se les proporciona información articulada que se refiere a valores y costes. Valorar implica comparar y por tanto permite elegir. Aunque los individuos humanos, al igual que los animales, pueden tener vivencias únicas y experimentar por sí mismos el valor alimenticio (o venenoso) de una planta, esa información, del tipo saber, sólo le permitirá hacer comparaciones y tomar decisiones de tipo instintivo, como los animales. Cuando tome decisiones mediante la comparación del coste y el valor de las cosas, esas estimaciones estarán basadas en la información proporcionada por el grupo social, es decir, la información acumulada y transmitida por tradición.

El individuo no está capacitado para valorar el conocimiento que recibe en una economía tradicional previa a la política. El conocimiento recibido por tradición le permite valorar su saber y su comportamiento instintivo. El hombre que vive en una economía tradicional puede reprimir alguno de sus instintos siguiendo las indicaciones recibidas por la autoridad y la tradición, pero tiene que aceptar todo el conocimiento que recibe de la autoridad y la tradición de forma acrítica.

En una economía política, en cambio, ya existen los derechos. Como hemos visto, los derechos son informaciones referidas a tecnología, logística y conocimientos por lo que permiten realizar estimaciones de su coste y de su valor. Esos derechos nos permitirán hacer una valoración personal, individual, de las informaciones recibidas de la autoridad y la tradición. En las bandas paleolíticas la autoridad y la tradición no se ponen en cuestión, no pueden cuestionarse. En las neolíticas, sí. Los derechos son un sistema de medición de costes y de estimación de valores aplicable a conocimientos, tecnología y logística.

Finalmente, el análisis financiero proporciona informaciones referidas a derechos. Son instrumentos formales que permiten estimar con precisión los costes y los valores de los derechos, compararlos y elegir entre ellos.

Obsérvese que para obtener energía hay que entregar sólo tiempo; no hay que renunciar a saber ni a ninguna información; es posible que para obtener energía se utilicen informaciones, pero sin renunciar a ellas, sin perderlas, sin que se reduzca la cantidad de información que tenemos. Es por eso que el coste de la energía sólo se puede expresar en tiempo. Sin embargo la energía es necesaria para obtener informaciones, por ejemplo, para obtener saber. Por tanto el valor de la energía podría medirse considerando el saber que permite obtener. Esa medición sería, en cualquier caso una medición estimativa ya que no es posible obtener saber sólo con energía sino que hace falta también dedicar tiempo. Las mismas informaciones pueden obtenerse con diversas combinaciones de tiempo y energía.

De igual forma podemos observar que, como los recursos necesarios para obtener saber son sólo tiempo y energía, el coste del saber puede ser expresado en cualquiera de estos dos recursos. Sin embargo, el saber, combinado con tiempo y energía, permite obtener informaciones en forma de tecnología, conocimiento y logística. Podremos medir y expresar su valor en términos de los instrumentos que permite conseguir.

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