ENCUENTROS ACADÉMICOS INTERNACIONALES
organizados y realizados íntegramente a través de Internet

DEMOCRACIA Y LIBERALISMO EN MÉXICO
(Del proyecto liberal decimonónico a su sesgo neoliberal posmoderno)

Jorge Isauro Rionda Ramírez
Guanajuato, Gto; a 30 de Abril de 2007
 

ENCUENTRO INTERNACIONAL SOBRE
Historia y Ciencias Sociales
Simposio Historia en perspectiva de género
del 6 al 24 de mayo de 2007

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SUMARIO:

El presente trabajo establece un panorama histórico que revisa la evolución del pensamiento político latinoamericano, especialmente para el caso de México, bajo la lógica de la acumulación capitalista durante las formaciones económicas que le caractericen como fórmulas de organización del trabajo y la producción en la articulación entre los regímenes de producción y los regímenes de regulación, la beligerancia política entre los protagonistas actuales de la democracia y los antagonismo sociales que representan. En esto las líneas ideológicas de los partidos políticos derivan de los fundamentos del liberalismo, la social democracia y la democracia cristiana, como fórmulas de poder, de democracia y propiamente con su propio proyecto político de nación.

PALABRAS CLAVES:

1. Democracia
2. Liberalismo
3. Social democracia
4. Democracia cristiana
5. Proyecto de nación

INTRODUCCIÓN:

Hoy día la región latinoamericana vive el tránsito de economías que desde la posguerra, en concordancia de los esquemas keynesianos y cepalinos de 1946 a inicios de los años 80, se caracterizaron por tendencias ideológicas de corte social demócrata.

La social democracia en la región arriba a inicios del siglo XX como parte de los procesos de modernización de las economías latinoamericanas, donde nacen las fórmulas de organización social corporativas, especialmente aquellas de tipo sindical.

Los antecedentes de la socialdemocracia como proyectos de nación son inspirados desde el siglo XIX por los liberales y sus movimientos libertarios. El periodo independiente de las economías latinoamericanas se caracteriza por el influjo del pensamiento liberal dominantemente del escocés Adam Smith que presenta, en 1776, su libro La riqueza de las naciones, texto fundamental del liberalismo económico. Publicado el mismo año de la Independencia de los Estados Unidos de América, que marca el inicio de las guerras de independencia en todo el continente americano.

Destaca también la influencia de pensadores liberales españoles tales como Álvaro Flórez Estrada (1765-1853), cuyo pensamiento trasciende en pensadores mexicanos liberales tales como Lucas Alamán, Benito Juárez, Lerdo de Tejada, entre otros y Simón Bolívar en América del sur, así como la inclusión en la vida política de las logias masónicas en toda la región.

El primer proyecto de nación que se tiene en México nace de la contienda entre los liberales y los conservadores durante el siglo XIX. Son los primeros quienes logran imponer su programa de desarrollo y se da durante la segunda mitad de la décimonovena centuria la reforma liberal liderada por Benito Juárez y Lerdo de Tejada como como fundamento no solo del proyecto económico liberal del desarrollo de la nación, sino de la visión y aspiración a hacer de México una República regida por la democracia.

Para ello, la contiendas políticas que se suscitarán en la nación llevarán derroteros distintos según evolucione la organización privada del trabajo y la producción en América Latina. De fórmulas de organización artesanales, a modernas y recientemente posmodernas. De manera articulada a éstos regímenes de producción, se irán tramando los respectivos regímenes de regulación liberal, keynesiano (dominado por la social democracia) y neoliberal (dominado por la democracia cristiana).

Es por esto que el objetivo del presente trabajo es establecer un panorama histórico que revise la evolución del pensamiento político latinoamericano, especialmente para el caso de México, bajo la lógica de la acumulación capitalista durante las formaciones económicas que le caractericen como fórmulas de organización del trabajo y la producción en la articulación entre los regímenes de producción y los regímenes de regulación, la beligerancia política entre los protagonistas actuales de la democracia y los antagonismo sociales que representan.

ANTECEDENTES

Es a inicios del siglo XIX que se inicia –desde Europa-, una serie de exploraciones en todo el globo terráqueo por parte de las potencias europeas, cuya finalidad era identificar las potencialidades naturales existentes en las distintas geografías, y con ello establecer un inventario de recursos explotables para sus economías, so pretexto de un interés cuentista. El décimo novena centuria es de exploración y parte de un interés meramente económico por descubrir oportunidades y potenciales mercados internacionales.

Por otra parte, debe considerarse que los conflictos entre Inglaterra y Francia en 1793 favorecerán para lograr una mayor autonomía de la economía estadounidense y a su vez, lograr una mayor ingerencia en las naciones latinoamericanas, cuando España se ve envuelta en dicho conflicto, vencida por Inglaterra y postrada ante Francia. Esta relevancia norteamericana explica en qué momento se vuelve líder de las economías latinoamericanas (Stein, 1979b; 121 - 153).

Las guerras de independencia en la región son promovidas bajo inspiración liberal, que se encunaron principalmente en las logias masónicas, las cuales promovieron desde la clase criolla las aspiraciones tanto independentistas como libertarias en Latinoamérica. El ideal como economía ex colonial independiente era lo realizado por la nación norteamericana que sirve de marco de referencia y guía para trazar el camino del desarrollo económico independiente.

En los conflictos de las guerras napoleónicas europeas, norte América fortalece su fuerza marítima con la creación de nuevas rutas y aumento de su marina mercante al pertrechar a Inglaterra y en parte a Europa durante esta fase. Los recursos económicos obtenidos por esta causa generan capitales muy significativos para proyectar a esta nación como una nueva potencia económica tan fuerte como su metrópoli en el Reino Unido.

Por su parte, las naciones latinoamericanas ahondaron sus conflictos de inclusión – exclusión por la descomposición de su sociedad estamentaria y el surgimiento de una nueva de pretensiones liberales y democráticas. Los criollos y clérigos a inicios del periodo independiente, no deseaban perder los privilegios tenidos durante el periodo colonial, como a su vez, los mestizos e indígenas luchaban por adquirir un estatus de ciudadanía democrática.

A su vez, el exacerbado centralismo colonial ocasiona que regiones distantes como las del sur del país se independicen del ahora Méjico independiente, como es el caso de Guatemala, Honduras y Nicaragua. Así también se pierden grandes extensiones del territorio nacional en el norte. Yucatán se independiza aunque posteriormente se le reintegra a la República naciente.

Tanto norte América como Inglaterra derribaron en gran medida el imperialismo hispano y construyeron las bases de un nuevo colonialismo liderado por estas dos naciones, y por el cual se explica el posterior desenvolvimiento económico de América Latina hasta la actualidad.

EL LIBERALISMO DECIMONÓNICO EN MÉXICO Y SU PROYECTO DE NACIÓN

En la comprensión del surgimiento del liberalismo en América latina debe partirse de las propias aspiraciones libertarias del continente americano de su sujeción europea. La independencia de las colonias inglesas de América del norte y la formación de la nación norteamericana, son el antecedente más directo y referencia base para inspirar a las colonias españolas como portuguesas en procurar su independencia y formación de estados nacionales( Stein, 1970a; 83 -117). Aunado a esto, las propias crisis regionales y el decaimiento de las economías regionales a razón del cambio de régimen fiscal, donde los Habsburgo habían establecido concesiones a las oligarquías locales tales como hacendados, clérigos y ricos mineros como mercaderes y cuyas canonjías fueron abolidas por las nuevas regulaciones de los borbónicos a razón de la sujeción de Francia sobre España ((Florescano y Gil, 1976; 183 -301).

Las reformas borbónicas restaron poder a las oligarquías de la Nueva España. En 1760 José Galvez (visitador de España para iniciar las reformas borbónicas en la Nueva España), promueve algunas iniciativas que vienen en perjuicio de la Iglesia como fue la cédula de desamortización de bienes que viene a perjudicar las canonjías de ésta como de otras clases oligárquicas. Asimismo, las reformas borbónicas beneficiaron bien a unos como los mineros y los comerciantes, pero perjudicaron a otros desmantelando las relaciones establecidas durante la administración de los Habsburgo, restándoles poder y canonjías.

En América latina se tienen una economía urbana manufacturera donde la industria es incipiente pero inicia el ascenso de talleres y telares pequeños pero con escalas productivas que rebasaban el autoconsumo. El régimen de producción artesanal tiene dos fases, la primera implementada con base al esquema europeo basada en economías domésticas de autoconsumo con esquemas de producción simple y sobre todo de tipo rural. La segunda correspondiente al finales del siglo XVIII e inicios del XIX de tipo ampliado y con una lógica de acumulación, destinada al mercado aunque sea de un mercado local, de tipo industrial urbano incipiente.

Es en el siglo XVIII que el sistema metropolitano del país ya está bien consolidado y el sistema de comunicaciones ha logrado integrar el territorio (al menos el de interés bajo la lógica de la expoliación colonial), como una unidad productiva. Existen algunos lugares desarticulados del centro metropolitano de la ciudad de México, el caso más grave es el de Mérida en Yucatán, cuyo aislamiento le hacen una isla autónoma del resto del país. Regiones dependientes de áreas metropolitanas como Puebla, Guadalajara y Oaxaca operan con cierta autonomía del centro y las divergencias regionales son notorias por la especialización de la producción. Por decir, mientras en el Bajío al agricultura adquiere un fin comercial gracias a la seguridad del mercado agrícola, en Puebla los hacendados arriendan sus tierras a terceros o medieros por los riesgos que corren en un mercado más débil (Moreno, 1974; 95 -130).

El decreto de comercio libre que establecieron las reformas borbónicas estrechó en suma el comercio exterior de la Nueva España y los excedentes productivos encontraron un comercio interno muy restringido (Villoro, 1976; 316 - 356). Este decreto hizo que grandes capitales comerciales se canalizaran al avío de la minería, que para entonces era una actividad de lo más lucrativa. La proletarización se da en varias industrias del país como la textil o bien algunas actividades manufactureras, pero sobre todo en la minería. No obstante los importantes capitales captados por este sector, la riqueza generada era concentrada en las manos de los inversionistas y ya no beneficio a la clase trabajadora, la cual pronto se ve empobrecida en extremo. Esto es quizá una de las razones por las cuales el mayor resentimiento social se observa entre los mineros.

Las reformas borbónicas causan un reacomodo de la configuración en la organización social del trabajo y la producción dentro de la sociedad novohispana, reforzando las medidas de sujeción colonial como de expoliación, esta última que recae con mayor fuerza en los criollos y los clérigos. De alguna forma resulta en el reforzamiento del régimen anterior de los Habsburgo. Pero sobre todo, propicia el surgimiento de una economía industrial urbana que engendra en su seno la nueva clase de la burguesía naciente con aspiraciones independentistas como libertarias.

Estas reformas agravaron la situación de los jornaleros, especialmente mineros. (Di Tella, 1972; 761 – 791). El ascenso industrial urbano causaba el aumento de lumpen proletarios en las ciudades, en su gran mayoría mestizos desposeídos que no encontraban acomodo en la sociedad estamentaria virreynal, que los discriminaba y les recluía a actividades poco remunerativas y de bajo prestigio social.

Consumada la independencia, los liberales ven como principal problema de la nación el acaparamiento de tierras agrícolas por parte de la Iglesia, que para mediados del siglo XIX controlaba más de la mitad de las tierras arables del país (Bazant, 1976; 155 -190).
En 1856 la ley Lerdo de Tejada o de desamortización de los bienes de la Iglesia afecta los intereses de los clérigos seculares. La Iglesia pasa de terrateniente a acreedor hipotecario. El Estado se apropia de los bienes inmuebles de la Iglesia Católica, especialmente los terrenos rústicos y tierras agrícolas, entre inmuebles de casas conventuales, entre otros.

Las leyes liberales del periodo juarista no tuvieron relevancia social alguna puesto que los bienes confiscados fueron enajenados para sostener la guerra de Reforma como enfrentar la intervención francesa en México. No obstante la desamortización de los bienes eclesiásticos si trazaron el inicio de la modernización de la economía mexicana, aunque fuese de manera incipiente, se crean instituciones de corte capitalista y liberal que son el fundamento necesario para el ascenso del país al desarrollo capitalista e industrial de corte nacionalista (Florescano y Lanzagorta, 1976; 76 - 106) .

Se tiene una sociedad en conflicto entre dos clases sociales: los liberales que representaban abogados, pequeños propietarios, comerciantes de provincia, clase media urbana; y la clase conservadora liderada por el clero, los terratenientes y grandes comerciantes. De 1821 a 1857 la contienda entre estos dos frentes políticos explicará la inestabilidad política que tipificará este periodo.

Amabas corrientes ideológicas, sin embargo, coincidía en el papel que se le debe conferir al estado como un estado no interventor, regido bajo la norma del laissez faire. Esto es, los conservadores como los liberales coinciden respecto su concepción del Estado como objeto económico, no obstante, las diferencias radicaban entre mantener una sociedad estamentaria de privilegios para clérigos, ricos comerciantes y hacendados, y una sociedad democrática donde se extinguiera todo tipo de privilegio.

A su vez, ambos grupos procuraban sostener un gobierno regido por criollos, aunque después de 1857 los masones liberales incorporarán en la vida política los intereses de indígenas y mestizos sobre los de los criollos, puesto que evidentemente, el grupo mayoritario era la de los mestizos y los indígenas, mientras que los criollos eran una muy pequeña minoría de la sociedad y pronto tiende a extinguirse en una sociedad aplastantemente compuesta por mestizos.

Crece el latifundio laico a costa del latifundio clerical, especialmente durante la Reforma juarista. Lo cual fortalece a los hacendados agrícolas y ganaderos del país. Mientras prospera el latifundio laico en el campo, en las ciudades las viejas clases de comerciantes criollos y españoles son desplazados por ingleses, franceses y norteamericanos.

En los primeros tiempos independientes se tiene viva la polémica entre los que consideran que el laissez faire el mejor camino al desarrollo, y quienes creen que el proteccionismo y una mayor participación del Estado es lo conveniente (Hale, 1972; 255 - 297). El librecambismo y el bilateralismo son las dos corrientes en que se fundamentan los proyectos del desarrollo económico.

En materia liberal, existen dos vertientes importantes, la doctrinaria de José María Luis Mora y la pragmática de Lucas Alamán y Estevan de Antuñano. Parten de tesis liberales con fuerte fundamento fisiocrático puesto que consideran que la economía nacional es básicamente primaria.

Álvaro Flórez Estrada es un pensador español liberal que inspira a los liberales latinoamericanos y sus ideas abundan en el proyecto económico liberal en el México independiente.

El liberalismo en sí tiene mayor éxito en las ex colonias españolas que en la propia España, puesto que las sociedades coloniales ante el yugo del colonialismo enarbolaron las ideas libertarias de la época, por otra parte, las logias masónicas, especialmente las infiltradas desde Inglaterra y Norte América, fueron las principales promotoras del pensamiento liberal, como sustento doctrinario del capitalismo industrial al que se aspiraba, imitando las economías de Inglaterra y de los Estados Unidos de América.

En 1833 el liberalismo abiertamente se expresa contra toda fórmula de monopolización, identificando como principal monopolio a la propia Iglesia Católica. Se le conoce como liberalismo doctrinario puesto que solo inspira las ideas liberales, como fundamento dogmático y de convicción política pero no se llega a la implementación del liberalismo en la economía. Mismo que se vuelve pragmático ante las propuestas reales y efectivas de Lucas Alamán y Estevan de Antuñano.

La invasión norteamericana de 1846 fortalece de gran manera el liberalismo en México, con la apertura comercial de los puertos nacionales, y quitó el armamento arancelaria de la política proteccionista que si de inicio procuró la industrialización del país, para inicio de los 40 se parecía cada vez más a las políticas borbónicas de un mercantilismo moderado.

La idea de que el capitalismo era un orden natural de inspiración divina se sostenía como parte del cuerpo del pensamiento liberal y es el fundamento de concebir al ciudadano como un individuo libre y con ello, el tema de la justicia se dejaba a la condición del libre albedrío de las personas en decidir (libremente) su destino.

El triunfo del esquema liberal tiene continuidad en administraciones ulteriores a la del presidente Benito Juárez, especialmente durante la dictadura porfirista (Keremitsis, 1973; 41 - 76). Después de los turbulentos años de 1850 a 1880 terminan y la nación arriba al desarrollo capitalista moderno. Con Profirio Díaz se generan vías férreas y se firman convenios de colaboración con potencias extranjeras para el fomento de la minería y la energía eléctrica. Con las líneas férreas van las líneas telegráficas en el centro del país, y le centralismo político es un fundamento de control para la organización de la nueva economía y la organización del territorio, donde se incorpora a las regiones, al menos las centrales del país, al esquema modernista. No obstante, el régimen porfirista restringe intereses norteamericanos en participar en la economía mexicana, favoreciendo a otras potencias como lo fue Inglaterra.

No obstante el éxito sobre los conservadores de los liberales, el liberalismo en México tuvo varios tropiezos en su implementación, uno fue al reacción de la sociedad conservadora, que en esperanza de mantener sus canonjías otorgadas como parte de una organización social que parte de estamentos de clase, se opusieron abiertamente al modelo de los liberales, especialmente en reacción a Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada. La segunda fuerza en contra la reacción en México ante el surgimiento de la guerra civil en Estados Unidos que cuestionaba si el camino al capitalismo era propiamente el liberal, similar al yanqui, o bien el conservador similar al de las haciendas sureñas de esta nación. La secesión en Norteamérica puso un suspenso en la propuesta de desarrollo e industrialización en México. Finalmente la intervención francesa que, contrario a la esperanza de los conservadores, reinventa el liberalismo en México que, más allá de Juárez y Lerdo de Tejada, se incorporan elementos de la ilustración francesa y el reformismo francés (Perry, 1974; 649 - 699).

A su vez, la intervención norteamericana de 1846 – 1848 deja su impronta en compromisos institucionales que enmarcarán la nueva constitución del país de 1857. La constitución conservadora de 1824 queda atrás ante la de 1857 de abierto liberalismo frangmasónico. Ahí se vela el interés de llevar a la nacíón hacia la democracia, y para ello se requiere contar con regímenes de gobierno basados en el sufragio. No obstante, el alto nivel de analfabetismo y la falta de compromiso político de la población no dan el fundamento necesario para aspirar a una sociedad democrática. Por ello, las elecciones y comicios no eran en su momento una realidad viable para una nación que previamente, requiere la concientización política necesaria. La consecuente entonces es el inevitable surgimiento del régimen dictatorial de Porfirio Díaz.

El federalismo es a su vez, otra de las aspiraciones del programa liberal que queda plasmado en el artículo 40 de la constitución del 57. Una grave contradicción radicaba en que los liberales aspiraban a un federalismo de jure pero no de facto pues veían la heterogeneidad del país como un grave problema que debiera erradicarse para procurar ser una sociedad más homogénea y fortaleza de la unidad nacional.

Un reto en la uniformación de la sociedad nacional era el surgimiento del caudillismo, producto derivado inminentemente del regionalismo nacional, a lo que se le consideró como la persistencia de cacicazgos heredados de periodos coloniales. Típicamente estos caudillos fueron fórmulas de gobierno local que incluso, llegaron a ser gobernadores de los Estados. El caudillismo de hecho era una fórmula de control y poder político local y regional en el país. Por eso, el federalismo y la democracia enfrenta como principal restricción la existencia de cacicazgos y caudillos que proliferaban en todo el territorio nacional. Los caudillos incluso tenían poder militar pues llegaron a reclutar a ejércitos locales que bien apoyaban a un gobernante, como sucedió con Benito Juárez, o bien lo enfrentaban, como muchos caudillos se levantaron durante la revolución mexicana contra Porfirio Díaz.

El caudillismo por otra parte, pugnaba por los intereses de las oligarquías locales que, en muchos casos, llevaron a conflictos militares a una escala nacional. Organizar el territorio y pacificar al país era un reto que se enfrentaba duramente con la presencia de los caudillos que podían cuestionar el mandato de gobierno a nivel municipal, estatal e incluso nacional (Emiliano Zapata a inicios del siglo XX).

El bajo nivel de instrucción del pueblo, el control a nivel local de caudillos, la minoría liberal, una burocracia comprometida con las clases conservadoras comprometieron las elecciones de la nación. Las primeras elecciones fueron cuestionadas por la parte conservadora al considerar que de manera delictuosa tanto Juárez como Lerdo de Tejada intervinieron en las elecciones para sesgar sus resultados a los intereses del partido liberal. Los últimos 30 años de la decimonónica centuria se marcaron con un gran número de insurrecciones en todo el país, que se fueron calmando con el régimen de porfirismo de 1880 a 1900, al conceder Porfirio Díaz canonjías a las oligarquías locales como nacionales del país. No obstante, la falta de una reforma agraria, a razón de proteger los intereses de los caudillos que a nivel local eran los dueños de las Haciendas agrícolas y ganaderas del país, engendraron otro tipo de insurrecciones, cada vez más de tipo agrario.

LA SOCIAL DEMOCRACIA EN MÉXICO Y SU PROYECTO DE NACIÓN

A fines del siglo XIX la economía de la nueva nación se sostenía principalmente por la producción de sus haciendas en lo rural. En el ámbito urbano los obrajes y el comercio con el campo son la base de la principal columna de la economía. La minería quiebra y sierra por la carencia de capitales como por el abandono de sus antiguos propietarios. La tenencia de la tierra basada en el latifundio ocasiona que en el campo el cautiverio de peones y trabajadores agrarios observen un empeoramiento de sus condiciones de vida. La parcelación de la tierra no existe lo cual será un polvorín que explotará a inicios del siglo XX con la revolución mexicana. Se dice que el 3% de los propietarios de la tierra controlaban el 58% de la tierra arable del país (Stein, op. cit.).

En México, la pobreza extrema, el acaparamiento de tierras, el encasillamiento de trabajadores y jornaleros agrícolas, la falta de un ejército industrial de reserva suficiente como proletariado urbano, persistencia de instituciones estamentarias y de trabajo que no permitían la liberalización de la mano de obra, la falta de industrias consolidadas y capitales de avío significativo, la alta incertidumbre y abruptos conflictos sociales, la carencia de un programa nacional de desarrollo que mantuviera una continuidad, entre otros aspectos, entorpecieron el programa liberal del desarrollo del país, y sobre todo la aspiración a ser una sociedad democrática.

Las insurrecciones en el país dieron por resultado la exacerbación del centralismo, como el exceso en gastos militares, y militarización de la vida pública del país. Los militares de hecho fueron parte de las clases privilegiadas en al sociedad porfiriana. Mucho del erario público se dilapidaba en sueldos y salarios a militares como en gastos de guerra para pacificar a la nación. Siendo el porfirismo de inspiración liberal, no obstante, el Estado creció a efecto de las insurrecciones y el aumento de la clase militar del país. El estado más que juez y policía, era propiamente un estado gendarme que procuraba la integridad nacional, protegía de cualquier intervención extranjera, como la paz de la República ante las continuas insurrecciones regionales (Perry, op. cit.).

Con el advenimiento de los esquemas modernos de producción y sus formas deshumanizadas de explotación de la mano de obra, así como la proliferación de tesis del socialismo utópico, como la publicación del Manifiesto Comunista en 1848, las organizaciones obreras a nivel mundial empezaron a aparecer como sindicatos de trabajadores. Las formas corporativas del trabajo son un fundamento del modernismo capitalista naciente (Keremitsis, op. cit.).

En México, la primera organización sindical aparece en 1853, y en 1880 aparece la segunda. Durante el porfiriato los sindicatos proliferaron a la par que crecían las factorías modernas, especialmente de inversión extranjera inglesa como francesa. El periodo porfirista fue de ascensión industrial urbana. Lo que hacía falta era una reforma agraria que repartiera la propiedad agrícola a los peones y jornaleros de las Haciendas, procurando con ello el alivio de la pobreza cada vez más generalizada y extrema que se vivía en el campo mexicano, ante el acaparamiento de los latifundistas que controlaban la producción, los precios agrícolas y hasta la vida de sus trabajadores, que estaban cautivos bajo un sistema de deudas, deudas incluso heredables de padres a hijos por generaciones.

La crisis de 1929 – 1933 que marca el crepúsculo del fordismo y la publicación del texto del inglés John Maynard Keynes Teoría general sobre la ocupación, el interés y el dinero (1936), aunado al surgimiento desde 1848 con el Manifiesto comunista del judío alemán Kart Marx, fundamentan la ideología social demócrata que propiamente nace desde el inicio del siglo XX en América Latina. Para 1946 con la creación de la Comisión Económica de América Latina, bajo la dirección de Raúl Prebisch (Gurrieri, 1982), se delinea el esquema endogensita de desarrollo para la región latinoamericana bajo el influjo teórico del estructuralismo (que propone que la inversión debe canalizarse a proyectos de infraestructura productiva primaria y secundaria), el keynesianismo (que es el fundamento de un Estado social más participativo en la economía) y del marxismo (que orienta los movimientos sociales hacia un ideal socialista).

La social democracia propiamente de 1946 a 1982 en México establece su proyecto de nación bajo la tesis del proteccionismo bilateralista, donde la aspiración del desarrollo es lograr la independencia y la autosuficiencia (propiamente la autarquía). Su éxito se sostiene ante la prosperidad y paz social que otorgó de 1946 a 1976, donde durante esos 30 años la nación logró crecimiento sostenido de hasta 8% anual, también se vive una transición demográfica que duplica la población del país, no obstante le incremento del ingreso per cápita será para dicho lapso en promedio anual de 3.2%.

El éxito del esquema endogenista bajo la tesis social demócrata se explica tanto por factores internos como externos: los internos tienen que ver con la paz social lograda, el surgimiento de un Estado corporativo y la organización social del trabajo y la producción exitosa bajo la directriz de la modernización del país, principalmente. Los factores externos viene en correlación a la segunda guerra mundial y el periodo de reconstrucción de las economías europeas y nipona a efecto de la contienda mundial, donde la nación sostuvo un comercio exterior significativo y con superávit consistentes que aumentó las reservas internacionales a un nivel que la estabilidad económica del país se expreso en una estabilidad cambiaria que por mucho se mantuvo en 12.50 pesos por dólar.

La recuperación paulatina de Europa y Japón, así como el surgimiento de la producción flexible o toyotización, vino en detrimento de la economía norteamericana, quien es a la fecha el sostén de la demanda externa mexicana hasta en un 95%. La crisis de 1971 y 1973 marca el crepúsculo de la modernidad bajo el liderazgo norteamericano y una década después abiertamente las economías occidentales se vuelvan a favor de adoptar las fórmulas orientales de organización privada del trabajo y la producción, en razón de adquirir la competitividad necesaria para hacer frente a las economías de reciente industrialización asiáticas, que hasta ahora presentan las tasas de productividad más altas del mundo. Surge con ello la producción flexible como fórmula de organización privada del trabajo y la producción, acompañada del neoliberalismo como fórmula pública de organización del trabajo y la producción.

En México, como en América Latina, desde 1982, con la iniciativa para las Américas liderada por la nación estadounidense, se establece el pacto entre las naciones donde la renegociación de las deudas latinoamericanas vendrá en respuesta a la obediencia de éstas a las directrices marcadas por el Consenso de Washington.

Se tiene por ello que establecer un nuevo pacto social en la base corporativa de la organización del trabajo y la producción bajo la óptica de la producción flexible y sus intereses de reproducción plasmados en las tesis de regulación neoliberales (Concheiro, 1996; 07 -207).

LA DEMOCRACIA CRISTIANA EN MÉXICO Y SU PROYECTO DE NACIÓN

Fue en 1939 que Manuel Gómez Morín funda el Partido de Acción Nacional como la primera oposición de oferta política al entonces partido oficial: el Partido Revolucionario Institucional.

La formulación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917 plantea las bases para que el país ingrese de lleno al régimen de producción modernista.
La tradición centralista que arrastra el país desde antes incluso de tiempos coloniales, en el nuevo esquema moderno del corporativismo político, patentado entonces en lel artículo 123 constitucional, como de la Ley Federal del Trabajo en la entonces prominente cláusula de exclusión, viene a enconar el centralismo político en la toma de decisiones, como en materia fiscal.

Todavía en los años 80 de cada peso que se recaudaba en los municipios, la federación le regresaba solo 5 centavos al H. Ayuntamiento!

Este exacerbado centralismo que se enconó principalmente durante las administraciones priístas, es en sí la causa del resentimiento de las oligarquías provincianas respecto al centro. Oligarquías principalmente lideradas por los empresarios locales como la Iglesia católica.

El PAN representa el resentimiento local ante un centralismo de abierto abandono presupuestal a la provincia, al campo y sobre todo, en materia de desarrollo regional. Era tal la miopía centralista que se tenía en el país que los residentes del Distrito Federal sostenía que "más allá del DF todo era Cuauhtitlán"!

El exacerbado centralismo discriminó las potencialidades locales como al propio territorio del país.

En realidad la formulación del Partido de Acción Nacional no obedece desde su origen a la búsqueda de la democracia. La democracia de hecho es un medio, no el fin. El fin para este caso es el federalismo.

El federalismo que trataba de invertir la lógica del centralismo donde era la federación el nivel de gobierno que decidía respecto al bienestar del ciudadano, quien a su vez era la instancia más distante al ciudadano. Mientras que el municipio, la instancia más cercana al ciudadano tenía la menos capacidad de decisión, acción y gestión en el desarrollo local.

La idea es precisamente que el municipio adquiera mayor capacidad de decisión, acción y gestión, por lo que la toma de decisiones debe partir de las necesidades locales a las instancias tanto de las entidades federativas (estados), como de la propia federación.

Por ello, el PAN es en sí la respuesta de las oligarquías locales de provincia ante el abandono que el centralismo en el país causaba. El arribo al poder federal del PAN es a su vez, el arrebato del Estado de provincia al centro.

Fueron las reformas al Artículo 115 de la constitución a inicios de la década de los 80 que fundaron las bases para iniciar un auténtico federalismo en el país. Y puede considerarse que la reforma a este artículo marca quizá el primer logro de la oposición política respecto a la búsqueda del federalismo auténtico.

Es durante la administración del Presidente Carlos Salinas de Gortari que se procura terminar con la tradición centralista y social demócrata, para dar pié a las iniciativas federalistas, solo que bajo la directriz de la democracia cristiana.

La muerte de MAQUIO y el nuevo liderazgo que le da al PAN Fernández de Ceballos, le posibilitan a Carlos Salinas de Gortari la inclusión dentro de la oferta política del partido de intereses extranjeros, especialmente norteamericanos. El partido deja atrás su pasión nacionalista para adquirir los motes de la nueva ética de la administración pública basada en el neoliberalismo (Concheiro, op. cit.).

La alianza cívica para arribar al poder por parte de las oligarquías locales de provincia ahora se compone de la empresa, la iglesia católica y los inversionistas extranjeros, especialmente estadounidenses. Misma que como fórmula para arrebatarle el poder al PRI es exitosa, no obstante bastante cuestionable como fórmula de gobierno.

La nueva clase política que presenta el PAN se compone de una burguesía provinciana incipiente, y por tanto, en gran medida ignorante y servil al Clero. No se trata de la burguesía liberal del centro del país, sino de una burguesía ultra conservadora de provincia, que ven la realidad a través de las gafas puestas por la Iglesia católica, retrógrada a la ciencia, al arte, y al libre pensamiento, como al libre sentimiento.

Es este entonces el costo político del término del centralismo a cambio de un mayor federalismo, es entonces y por ello, que hemos de soportar administraciones miopes, torpes y facciosas en materia de atender las reales necesidades del país, especialmente cuando se trata de los estratos de la población más vulnerables: los humildes.

CONCLUSIONES

No obstante que en México, como en América latina, el proyecto de desarrollo liberal tiene más de 150 años, ha sido hasta 1930 que se puede establecer un proyecto de desarrollo capitalista consistente y sostenibles a razón de las contiendas sociales e intervenciones extranjeras que le precedieron y entorpecieron el camino del país por consolidarse como una nación dentro del derrotero del desarrollo capitalista.

El liberalismo decimonónico latinoamericano tiene su sustento en el tipo de régimen de producción artesanal donde los mercados eran altamente competitivos, debido a que aún no existen fórmulas de monopolización de los mercados, dado que las empresas tenían una dimensión local. La ética basada en el laissez faire, laissez passer, es legítima para el momento histórico del desarrollo capitalista prevaleciente.

El surgimiento de la producción organizada moderna y de los monopolios obliga a abandonar el liberalismo por las tesis keynesianas y marxistas englobadas dentro de la corriente social demócrata de inicios del siglo XX.

A su vez, el mejoramiento de la organización privada del trabajo y la producción fordista es causa del nacimiento de la producción flexible, lo que lleva a reformas las instituciones que regulan la organización del trabajo y la producción bajo las tesis de lo que da a llamar neoliberalismo. El mismo que distinto al liberalismo parte de fundamentaciones laicas y no teológicas como lo fue el liberalismo adamsmithsoniano. Con un laicismo cuentista, la argumentación de la que parte el neoliberalismo es diametralmente distinta a la liberal, no obstante coinciden en sus conclusiones a favor del libre comercio. La integración económica propuesta por los neoliberales es una tesis distinta la planteamiento liberal, pues mientras estos últimos fundan el éxito de las naciones en la especialización bajo la óptica de la ventaja comparativa, el neoliberalismo supone el éxito en base a una producción compartida (desde luego, en correspondencia a la localización industrial a escala mundial que deriva del esquema toyotista).

No obstante, la discrepancia grave entre liberales y neoliberales estriba en que el liberalismo se da en un momento histórico donde el capitalismo industrial parte de una producción de tipo artesanal donde la dimensión de influencia de la empresa es a una escala de mercados locales, mientras que el neoliberalismo se da en la fase imperialista del capitalismo donde lo monopolios han adquirido dimensiones multinacionales que abarcan mercados internacionales y cuya formulación parte de la transnacionalización.

Por tanto, el liberalismo y la democracia en México, como en Latinoamérica se abortan ante la impostura de la ultraderecha inspirada en la democracia cristiana que enarbola las tesis neoliberales como nuevo fundamento del orden natural del capitalismo. Tesis cuya miopía es causa de su análisis ahistórico que supone prevalecen las condiciones del siglo XVIII para sostener el laissez faire, en un mundo a merced de los gigantescos corporativos internacionales monopolistas cuyo efecto social es la polarización del ingreso, y en la vida política la elitización de las ventajas del desarrollo capitalista a favor de las clases privilegiadas hegemónicas del sistema.

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