ENCUENTROS ACADÉMICOS INTERNACIONALES
organizados y realizados íntegramente a través de Internet


LAS PYMES EXPORTADORAS ARGENTINAS. OPORTUNIDADES Y DESAFIOS DE CARA AL NUEVO ESCENARIO POST-DEVALUACION

Autora: Paula Oxoby. Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNCPBA) E-mail: bypau@yahoo.com.ar

 

SEGUNDO ENCUENTRO INTERNACIONAL SOBRE
Las Medianas, Pequeñas y Micro-Empresas del Siglo XXI
realizado del 9 al 27 de enero de 2007
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Resumen

Estas páginas surgen de la inquietud a propósito de la temática de la participación de las Pymes argentinas en el comercio internacional, especialmente dado el nuevo escenario que la devaluación les plantea.

Esta nueva etapa encuentra al sector por un lado, con nuevas oportunidades en términos de rentabilidad y aumento de competitividad y, por otro, seriamente limitado por los cambios producidos en los procesos productivos desde fines de la década del setenta y consolidados en los noventa.
El balance entre las oportunidades y los desafíos se ve afectado también por las transformaciones introducidas por la globalización en términos de la transición de la sociedad industrial a la sociedad basada en el conocimiento y del profundo cambio tecnoproductivo.
A las limitaciones estructurales del sector Pyme se suman aquellas provenientes de las nuevas reglas de juego impuestas por el capitalismo globalizado actual, que las ventajas derivadas del tipo de cambio no logran revertir.

En esta brecha surge el campo de las políticas públicas como potencial elemento equilibrador del “campo de juego”.

El objetivo de este informe es analizar la interacción de las variables mencionadas y su peso sobre la perfomance de las Pymes exportadoras argentinas.

Palabras claves PYMES, devaluacion, comercio internacional, innovacion, competitividad, deficiencias estructurales, politicas publicas


Introducción

Estas páginas surgen de la inquietud a propósito de la temática de la participación de las Pymes argentinas en el comercio internacional, especialmente dado el nuevo escenario que la devaluación les plantea.

Esta nueva etapa encuentra al sector por un lado, con nuevas oportunidades en términos de rentabilidad y aumento de competitividad, en el marco de un tipo de cambio devaluado y un programa económico que valoriza la esfera productiva en mayor grado que su predecesor y, por otro, seriamente limitado por los cambios producidos en los procesos productivos desde fines de la década del setenta y consolidados en los noventa.

El balance entre las oportunidades y los desafíos se ve afectado también por las transformaciones introducidas por la globalización en términos de la transición de la sociedad industrial a la sociedad basada en el conocimiento y del profundo cambio tecnoproductivo.

A las limitaciones estructurales del sector Pyme se suman aquellas provenientes de las nuevas reglas de juego impuestas por el capitalismo globalizado actual, que las ventajas derivadas del tipo de cambio no logran revertir.

En esta brecha surge el campo de las políticas públicas como potencial elemento equilibrador del “campo de juego”.

El objetivo de este informe es analizar la interacción de las variables mencionadas y su peso sobre la perfomance de las Pymes exportadoras argentinas.

A tal efecto en la primer parte se abordarán las transformaciones sufridas por el sector industrial argentino – y su impacto sobre las Pymes- desde la década del setenta hasta la actualidad. Se hará hincapié en aquellas tendencias que permitan aprehender la situación actual de las Pymes de una manera más cabal.

En la segunda parte se llevará a cabo una recopilación de la tipología de políticas industriales implementadas en los distintos países de América Latina y el Caribe, y se analizará los elementos relacionados que conforman el debate de la nueva sociedad basada en el conocimiento, los conceptos de innovación y productividad por citar solo unos pocos. Se abordará también el rol de las Pymes en dicho debate y en el nuevo escenario local postdevaluación.

La tercer parte se introducirá plenamente en la perfomance de las Pymes en el contexto ya mencionado y sus dificultades, a la vez que se elegirán ciertos parámetros específicos para ilustrarlos

Finalmente, en la cuarta y última parte se plantearán las políticas públicas existentes en apoyo a la internacionalización de las Pymes y su incumbencia en relación a los problemas anteriormente planteados.



Primera Parte

1- Políticas Económicas en Argentina desde 1976 y sus implicancias sobre la industria.


1-a Del Keynesianismo al Neoliberalismo

La crisis que el capitalismo enfrentó en la década del setenta, -que precipitara la del Estado Keynesiano-, desencadenada a propósito de la problemática de la contradictoria coincidencia de inflación con recesión, unida a la puja redistributiva; dio como resultado una bien documentada respuesta conservadora.

La reacción ante la acrecentada responsabilidad social que el Estado keynesiano presuponía, la crisis fiscal generada por la extraordinaria sobrecarga de demandas que lo agobiaban, el desorden fiscal, -generador del gigantismo estatal que deprimía el funcionamiento del mercado, causando inflación y repercutiendo negativamente en la paz y la disciplina social que la iniciativa privada necesitaba-, condujo al resultado final del diagnóstico neoliberal: un retorno al mercado que a su vez presuponía un drástico corte y redimensionamiento del Estado, unido a la exaltación de la sabiduría económica y política del mercado -en tanto mecanismo automático y pre-político capaz de generar crecimiento y equidad distributiva-.

El proceso de descomposición teórica y práctica del Keynesianismo, -médula espinal de la fórmula de desarrollo latinoamericano tras la Segunda Guerra Mundial -apresuró la búsqueda de soluciones a la crisis que el capitalismo enfrentaba en las virtudes del mercado, la iniciativa privada, el retiro del Estado y la desregulación de la economía.

Se produjo un retorno a la ortodoxia representada en la teoría neoliberal que se caracterizó por una respuesta unilateral en el sentido de que privilegiaba exclusivamente los intereses del gran capital y en particular del capital financiero, apuntando a constituir políticas de estímulo a la oferta y no a la demanda, reducir el gasto público y en el caso argentino a desindustrializar, a partir del ascenso tanto de gobiernos neoconservadores en países centrales como de dictaduras militares en América Latina.


Este brusco pasaje que implicó una fuerte liberalización de las economías al mercado internacional, privatización y flexibilización de la fuerza laboral produjo un cambio radical tanto en la economía política dominante (de keynesiana a neoclásica u ortodoxa) como en el consenso electoral (de un acuerdo social-demócrata o nacional-popular a otro contrario al Estado de bienestar) a favor del estado ‘mínimo’ neoliberal.


1-b El Neoliberalismo en Argentina: El modelo financiero


En la Argentina este nuevo modelo se implementó a partir del punto de inflexión que significó la dictadura militar -que usurpara el poder el 24 de marzo de 1976- y a partir de la cual se impuso un nuevo patrón de acumulación fuertemente inspirado en ideología mencionada.

El nuevo patrón de acumulación del último cuarto de siglo denominado “rentístico-financiero” “modelo aperturista” o “neoliberal”, respondió a una lógica que favorecía al sector financiero -que consecuentemente hegemonizó la dinámica del proceso económico-, en detrimento de la industria.

El principal rasgo distintivo del período que se inicia con la dictadura militar y que se afianza durante el primer gobierno de la restauración democrática es una crisis industrial en la que descollan -en su nueva naturaleza- sus características decrecientes, regresivas y reprimarizadas.

Bajo este nuevo modelo la estrategia de crecimiento se enmarcó en la creación de una economía de mercado que, a través del sector privado generara mayor productividad y mayores exportaciones y fuera a su vez, compatible con la especulación financiera. Este programa basado en el aprovechamiento de los recursos naturales (expansión agropecuaria, pesquera, energética y minera, así como de unas pocas manufacturas), centrado en la explotación de ventajas comparativas estáticas -propio del modelo agro exportador de la Argentina del Centenario significó una “reprimarización y desindustrialización” de la economía que tendría consecuencias regresivas nada despreciables y estuvo ligado a procesos como fuga de capitales y creciente endeudamiento externo.


En términos de M. Rapoport, la dictadura militar destruyó un aparato productivo con serias deficiencias, pero corregible, siguiendo una lógica que -lejos de reducirse a un efecto no deseado de la política económica implementada-, respondía a una motivación política: cortar de raíz el problema gremial, dejar sin sustentación a las fuerzas políticas apoyadas en el poder sindical e impedir definitivamente la aparición de movimientos populares y contestatarios, cuya base material era el proceso de industrialización.
La forma más idónea para llevar esto a cabo fue la destrucción del aparato productivo, las bases sociales de la “alianza defensiva” que permanentemente retornaba al poder apoyado en su fuerza electoral.
De esto se desprende el hecho de que la industria dejara de ser el eje ordenador de la actividad económica así como el sector de mayor tasa de retorno de la economía y su lugar fuera ocupado por la valorización financiera, con un fuerte impacto en el deterioro de la situación de los trabajadores.

Los cambios políticos de la década siguiente, aún cuando produjeron avances significativos en los ámbitos políticos –como el retorno a la democracia-no implicaron una reorientación de la estrategia económica impuesta por la fuerza bajo la dictadura militar.


1-b-1 El modelo financiero: sus efectos sobre la industria


La forma de acumulación que se construye entonces sobre las ruinas del proceso de industrialización, mantiene toda su vigencia hasta la caída de la Convertibilidad

Tal es así que determinados procesos implementados desde fines de los setenta y consolidados en los noventa adquieren gran importancia explicativa para abordar la situación de la Argentina en general y de la industria actual en particular.

Entre ellos es importante destacar en primer lugar el proceso de desindustrialización.
El nuevo patrón de acumulación redefinió el lugar que la industria sostenía en el sistema económico, su aplicación provocó un crecimiento industrial por abajo del producto bruto interno, tanto en fases de recesión como de crecimiento. La industria perdió el atributo de ser el sector de actividad que conducía el proceso de desarrollo de la economía local. Fueron otras actividades, como los servicios públicos, el sector agropecuario y la especulación financiera o el sector financiero, los que explican el “dinamismo” de la economía argentina del período.

En segundo lugar la reestructuración regresiva del sector industrial
El PBI industrial per cápita era del 14% en el año 1993 el cual es equivalente al del año 1974, o sea que en 20 años la industria argentina mantuvo el mismo tamaño, por lo cual se puede afirmar que a fines de la convertibilidad, la industria tenía aproximadamente un 14% menos de tamaño que en el año 1974. Esto señala un proceso de deterioro industrial y de deterioro del tejido industrial muy importante. No sólo se trata de proceso de desindustrialización, sino también de achicamiento industrial, de consolidación de una estructura de menor tamaño que la existente 20 años antes, lo cual está íntimamente relacionado con el siguiente proceso.

El proceso de desintegración del tejido productivo local
El proceso que se inicia a partir del año 1976 y que en los ’90 se afianza, tiene que ver con la ruptura del encadenamiento productivo, desestructurándose la matriz industrial, perdiendo o debilitando considerablemente núcleos estratégicos de las distintas cadenas productivas.


Estos procesos que rediseñaron el mapa económico y social de nuestro país y el equilibrio de fuerzas entre los actores sociales entre sí y con el Estado no pueden explicarse sin mencionar el peso de diversos factores cuyo impacto nocivo –en términos de regresividad y destrucción- sobre el sector industrial y por ende sobre la economía nacional fue de resultado y sentido similar.

En primera instancia la primarización: de la mano del neoliberalismo la estructura industrial argentina se fue consolidando como una estructura muy ligada al aprovechamiento de la dotación local de recursos naturales, consolidando una estructura industrial de alta primarización (en el año 2001, un conjunto muy pequeño de actividades explica aproximadamente un 70% de la producción, dichas actividades son agroindustriales, producción de petróleo y sus derivados, algunas actividades del complejo químico; algunas actividades importantes de la industria siderúrgica y la “industria” (armaduría) automotriz; con muy escasas inversiones en bienes de capital o bienes de alta tecnología), basado en un perfil productivo de especialización en commodities y en servicios, que involucionaba hacia una economía más simple, que al tiempo que reducía su densidad tecnológica, su valor agregado y producción, no generaba ningún tipo de integración vertical u horizontal.


En segundo término, la apertura asimétrica de la economía: es decir una apertura muy rápida de tipo shock que discrimina o perjudica a algunos sectores por sobre otros. Los más perjudicados han sido aquellos sectores intensivos en empleo con importante generación de conocimiento científico tecnológico y en los que las pequeñas y medianas empresas tenían un papel central. Esta característica asimétrica de la apertura es un dato nada menor ya que implica que sólo aquellos sectores que contaban con una trayectoria de fortaleza fueran los únicos que pudieran sobrevivir a esa apertura o posicionarse fuertemente a partir de ella.
En estos procesos inciden además la apreciación cambiaria y la discrecional utilización de los mecanismos de anti-dumping. Otra importante asimetría es la del crédito que se consolida en la Argentina desde 1976 de la mano de un sistema financiero que tiene rasgos anti-desarrollo económico donde el costo del crédito no tiene relación con el uso del dinero sino con el tamaño patrimonial.
En tercer lugar, la concentración económica, la creciente concentración de la producción en torno de un conjunto reducido de grandes empresas constituye otro de los rasgos característicos de la evolución industrial de los años noventa -hacia fines de la década del noventa las cien firmas de mayores dimensiones del sector daban cuenta de aproximadamente el 50% de la producción total –. En buena medida, este incremento en el grado de concentración del conjunto del sector se explica por la capacidad que tuvieron las empresas líderes de desempeñarse con cierto grado de autonomía con respecto al ciclo económico interno.

En cuarto lugar, la extranjerización de la producción, la mayor concentración económica que se verificó durante la década pasada se dio a la par de transformaciones de significación en los liderazgos empresariales, que derivaron en un importante aumento en el grado de extranjerización de la producción y la declinación relativa de los grandes grupos económicos de capital local que habían ejercido el liderazgo sectorial desde mediados de los setenta. Respecto de este proceso de desnacionalización de la estructura manufacturera doméstica, basta con mencionar que en el año 2001 las empresas controladas por capitales extranjeros que integraban el selecto grupo de las trescientas firmas más grandes del sector dieron cuenta de más del 75% del valor agregado generado por dicho universo de firmas.

En quinto lugar, la crisis de las pequeñas y medianas industrias, del aumento registrado en el peso relativo de las firmas de mayor tamaño dentro de la actividad, en un contexto global de involución sectorial, se desprende que en el transcurso de la década una parte mayoritaria del entramado manufacturero local debió transitar por un sendero crítico.
Al respecto, las evidencias disponibles indican que las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) resultaron sumamente afectadas por diversos factores, entre los que interesa destacar dos.
Primero, la orientación que adoptó el proceso de liberalización comercial instrumentado (de tipo shock, tendiente a producir una reestructuración masiva en un plazo muy corto, reasignando recursos rápidamente, y con fuertes asimetrías en detrimento de numerosos mercados fabriles en las que estas firmas tenían una participación relevante en la producción y el empleo globales).
Segundo, las desigualdades que los distintos tipos de compañías tuvieron que afrontar en materia de acceso al crédito para financiar sus respectivos procesos productivos (las PyMEs tuvieron que enfrentar tasas de interés muy altas). En este nuevo contexto debieron enfrentar costos cada vez más altos, reduciendo seriamente las posibilidades de reconversión al nuevo escenario macro.
La desindustrialización está muy ligada en los ’90 a la desaparición de muchas empresas pequeñas y medianas que no implica necesariamente desaparición como razón social; muchas o algunas de ellas lograron sobrevivir; y otras muchas abandonaron la actividad industrial y se dedicaron a la comercialización.


Finalmente la ausencia de Incentivo a la inversión industrial: en los ’90 se consolida una estructura de precios y rentabilidades relativas que favorece a los sectores de servicios (sobre todo a los privatizados y al sector financiero) y discrimina, por la apertura, a la actividad industrial. Este último elemento hace referencia a la vigencia de la valorización financiera como eje central del proceso de acumulación y reproducción de estas firmas, cuestión que puede observarse por ejemplo en la gran transferencia de capitales locales al exterior.




En definitiva, la desindustrialización, la falta de dinamismo del sector industrial en materia de creación de valor agregado se explica, por un lado desde los rasgos estructurales de las ramas de mayor gravitación agregada.
Es decir, a partir de las características estructurales de la empresas líderes que al hallarse en una situación oligopólica estuvieron en condiciones de afectar el rumbo de las actividades y, al especializarse en un perfil productivo muy centrado en las primeras etapas del procesamiento manufacturero redujeron el dinamismo en la generación de cadenas de valor, y el aporte en la creación de eslabonamientos y empleos.

Por otro lado, debe destacarse también en este proceso la incidencia que en el marco de la apertura asimétrica tuvo la compra en el exterior de insumos y hasta de productos finales por parte de las empresas industriales que en consecuencia produjo la desarticulación de cadenas y la destrucción de buena parte del tejido manufacturero al provocar el cierre de firmas o su reconversión hacia actividades de armado y/o venta de productos finales importados. Esta situación fue más decisiva en aquellos ámbitos donde las PYMES ocupaban un lugar relevante.



1-c Políticas Neoliberales y Consenso de Washington, la década del noventa. Balance

La última crisis de proporciones importantes que enfrentó la Argentina en diciembre del 2001 – cuyas causas pormenorizadas exceden el objeto de estas páginas- no sólo derrumbó el modelo económico anclado en la Convertibilidad sino que cuestionó también las lógicas macroeconómicas sobre las que se apoyaban las expectativas de crecimiento.
La depresión y el default cuestionaron los paradigmas de economía de libre mercado con desregulación y privatización total – con absoluta desestimación de los ritmos y secuencias con los que estas políticas debían incorporarse.

Este cuestionamiento proviene del balance de la década que arroja un proceso de importantes transformaciones estructurales que trajeron aparejada la consolidación de las principales tendencias que se impusieron como patrones distintivos del régimen de acumulación que se fue configurando en el país a partir de la segunda mitad del decenio de los setenta, a saber, desindustrialización, concentración y centralización del capital, predominio de la valorización financiera, caída de los salarios, desempleo y precarización laboral, distribución regresiva del ingreso y fragmentación social, desarticulación de la estructura productiva, crisis de las pequeñas y medianas empresas y disciplinamiento de los sectores populares y de ciertas fracciones empresarias.


1-d El modelo del “dólar alto”

La magnitud sistémica de la crisis que la Argentina atravesó a fines del 2001 permite a la literatura sobre el tema referirse a la etapa inmediatamente posterior como una de “reconstrucción”.

Desde el abandono de la Convertibilidad comenzó a gestarse un nuevo modelo económico que se distancia de su predecesor por una orientación más generadora de estímulos hacia la producción y el empleo nacionales, un modelo que se presenta como el “portador de un cambio a través del cual se envisiona la integración social y territorial de sus habitantes en un marco de equidad, y desarrollo con crecimiento sustentable”

Colaboran con esta visión un tipo de cambio “competitivo”, un proceso virtuoso de sustitución de importaciones y el incremento de las exportaciones –en especial las de origen industrial-.

Este modelo económico que algunos autores han dado a llamar de “dólar alto” se estructura desde lo ideológico discursivo en torno a la defensa de la producción, la industria., el trabajo, la competitividad, el regreso del Estado, y la Nación.

Cuenta con un amplio consenso social y se apoya en una nueva base de sustentación –hegemonizada por algunos grupos económicos de capital nacional, “los sobrevivientes” del modelo anterior- y por diversos conglomerados y grandes empresas extranjeras con importante presencia en el ámbito fabril.

La convalidación de uno de los pilares más importantes de este esquema –la devaluación que materializa el dólar alto- proviene de la posibilidad abierta por este medio para un proceso de sustitución de importaciones, avalado por el crecimiento que desde el abandono de la Convertibilidad registró el sector manufacturero local –y por su intermedio el conjunto de la economía- así también como por la fuerte generación de empleo que protagonizó el sector.

Pese sin embargo a lo que la retórica puede prestar a suposición, Schorr sostiene que no existe una estrategia de desarrollo productivo en general e industrial en particular, ya que por un lado, si bien se han implementado ciertas medidas en esta dirección, no logran cobrar relevancia dada la magnitud del proceso de desindustrialización y, por otro lado interpreta que la única política concreta hacia el sector industrial ha sido la maxidepreciación del peso que es juzgada –erróneamente- como la condición suficiente y necesaria para revertir los procesos industriales y económicos heredados del modelo anterior.

Segunda Parte.
2- Políticas industriales, competitividad, innovación y PYMES


2-a Políticas industriales en la región

Mas allá de la evaluación de esta aparente sustitución de la política industrial por la política cambiaria que se retomará más adelante, la apreciación que culminó el capitulo anterior nos introduce en la temática de las políticas industriales que merece -no solo en Argentina sino también en la región- un tratamiento especial dado por un lado, el abandono por décadas del sector industrial como estrategia privilegiada de crecimiento y desarrollo –en el marco de una gran pérdida de competitividad de los países latinoamericanos- y por otro, los decepcionantes resultados del modelo que lo reemplazara.
Se vuelve necesario esclarecer cómo se constituye el universo de políticas industriales en este nuevo contexto postneoliberal, cuales son las experiencias regionales y los debates y cuestiones que se configuran en torno a ella y a las posibilidades de un proceso de desarrollo sustentable, endógeno e inclusivo.


En terminos de Wilson Perez gran parte de la experiencia actual de América Latina en política industrial no presenta convergencia en materia de política sectorial.
Se cuenta con políticas que son una continuidad de las que se desarrollaron durante el modelo de sustitución de importaciones, con las que se busca profundizar y expandir un sector particular aplicando alguna combinación de protección comercial e incentivos fiscales y financieros –siendo este el caso con algunos matices de la Argentina y el sector automotriz-. Apoyos esporádicos a sectores sensibles como textiles, ropa, calzado, electrónica y juguetes, así como apoyos a numerosos productos agrícolas (para este último caso: Brasil, Colombia y República Dominicana)

Otras políticas se focalizaron en sectores que evolucionaron hasta transformarse en políticas con alto impacto sobre el conjunto de la economía –como el caso de la políticas hacia la industria electrónica y de cómputo- que iniciadas como parte de un esquema de sustitución de importaciones se integraron en las estrategias para el desarrollo de las tecnologías de información y comunicaciones.

Un tercer conjunto de políticas lo integran aquellas enfocadas a sectores con elevada concentración derivada de economías de escala y de red (electricidad, telecomunicaciones, petróleo) orientadas a desarrollar marcos eficientes de regulación, lo que ha implicado la creación y fortalecimiento de agencias reguladoras, adecuación del marco normativo y esfuerzos por vincular la expansión de las inversiones en estos sectores con una mayor articulación con proveedores locales. (Brasil)

Finalmente, las políticas de apoyo a clusters en particular de pequeñas y medianas empresas o de actividades en que hay muchas firmas de este tamaño aunque bajo el liderazgo de las grandes empresas.(México, Brasil)

Más allá de esta gran heterogeneidad en la posición de los países en materia de política sectorial, Wilson Perez sostiene que con el fin de potenciar sus procesos de desarrollo los países de la región –independientemente de las políticas que escojan para tal fin- deben poner en práctica políticas para la creación de nuevos sectores o la modernización de sectores maduros.

La diversificación dela estructura productiva, mejorando la mezcla de productos y el vector de especialización internacional, es un determinante del cierre de la brecha de productividad respecto a la frontera tecnológica internacional y, por lo tanto, de aceleración del crecimiento de la productividad agregada en economía abiertas. Tal diversificación permite mejores encadenamientos internos lo que fortalece el impacto positivo del crecimiento económico.

Las políticas de fortalecimiento sectorial aumentan la complejidad y la densidad de la estructura productiva, lo cual aparte de los beneficios evidentes de esta situación, trae aparejada otros adicionales como la creación de contrapesos internos a la transmisión de choques externos, generando entonces estabilizadores automáticos.

En resumen, en la visión de este autor el centro de una política para acelerar el crecimiento de la productividad en el largo plazo radica en la combinación de la acumulación de conocimiento y la diversificación de la estructura productiva.


2-b Competitividad, innovación y procesos de cambio

La fase actual del capitalismo global ha incorporado como factor decisivo de su competitividad, seguridad integral y “continuidad histórica” como sistema, la capacidad de generación científica y de innovación tecnológica a su estrategia global, afianzando un modelo reproductivo cualitativamente nuevo, condicionado ya no solo por el incremento acelerado y directo del papel protagónico del progreso científico tecnológico e innovativo en las fuerzas productivas, sino también su generalización a todos los eslabones e interrelaciones del proceso de reproducción social ampliada.

La conformación y ejecución de políticas científico-tecnológicas e innovativas autóctonas como parte consustancial de estrategias de desarrollo económico y social y de inserción internacional, constituye uno de los instrumentos clave para el fomento de las ventajas comparativas dinámicas –elemento esencial de la competitividad de las naciones

En el complejo escenario internacional se observa que en los países desarrollados las firmas buscan estrategias y formas de organización y producción más flexibles e innovativas con el objetivo de responder a la creciente globalización.

Para alcanzar este objetivo no basta con incorporar tecnologías modernas sino que en general es preciso simultáneamente adoptar nuevas formas de organización de los procesos de investigación, diseño, gestión, producción y comercialización. Si bien este proceso de transformaciones es complejo y asume características específicas según los sectores, regiones y países, diferentes análisis han planteado en el ámbito empírico que existe una correlación entre la adopción de nuevas formas de organización productiva, formación de habilidades y capacitación de recursos humanos y, ganancias de competitividad y productividad.

La cuestión de la productividad y de la competitividad adquieren singular importancia ya que dados los nuevos paradigmas globales y tecno-organizacionales mencionados ha entrado en crisis la noción de competitividad como un fenómeno de naturaleza exclusivamente macroeconómica y sectorial y determinada por ventajas comparadas estáticas o por la dotación factorial. En este nuevo contexto se comienza a afirmar la concepción de que las ventajas pueden ser creadas, y es en el tránsito de las ventajas comparativas estáticas a las ventajas competitivas dinámicas que la tecnología, el desarrollo de procesos de aprendizaje y el incremento de la capacidad innovativa juegan un rol clave.

En este marco, el ambiente social económico e institucional de las firmas se vuelve crecientemente importante. La nueva situación competitiva y la incertidumbre generadas por el proceso de globalización económica intensifican el rol de los agentes institucionales y sociales en el fortalecimiento de la capacidad innovativa de las firmas. Esto se manifiesta en la generación de conocimiento tecnológico, organizacional y de mercado y en el desarrollo de mecanismos formales e informales que facilitan su difusión a través de redes productivas internas.

En este contexto, definido por nuevas condiciones de producción y de mercado el proceso innovativo cambia desde una perspectiva individual (y frecuentemente incremental), hacia un fenómeno colectivo donde la capacidad para colaborar e interactuar y una estructura institucional adecuada promueve el desarrollo de actividades innovativas por parte de los agentes.

Las capacidades de competencia se caracterizan por ser el producto de un proceso colectivo y acumulativo a través del tiempo

De esta manera, se destaca la creciente importancia que adoptan los sistemas territoriales en la competencia global y en el marco de la emergencia y consolidación de las nuevas tecnologías intensivas en información y comunicación

La inserción en los espacios globales aparece fuertemente condicionada por las posibilidades de acceso de las firmas a las tecnologías de información para la realización de innovaciones. Este mismo proceso de apertura que genera una gran permeabilidad de la empresa a los cambios globales, se presenta como una amenaza a las heterogeneidades locales. Sin embargo, dado que esta heterogeneidad es lo que constituye la base de las ventajas competitivas construidas por los agentes, se destaca la importancia de los sistemas territoriales en la reformulación y adaptación de los conocimientos a los que se accede para la construcción de elementos de diferenciación.
La relevancia del territorio y su relación con el desarrollo se evidencia – y se explica a través- de los casos de los distritos industriales y los clusters, siendo éstos últimos la experiencia latinoamericana más sobresaliente, especialmente en países como México y Brasil.



2-c La relevancia de las Pymes en el debate sobre competitividad, innovación y productividad


Todos los factores anteriormente desarrollados –la nueva orientación del modelo económico vigenteen Argentina, los cambios acaecidos en el escenario mundial en términos de productividad, innovación tecnológica y competitividad, la importancia en ésta última de las nociones de territorio y de su carácter sistémico- ponen la cuestión de las PYMES en un lugar central.

La relevancia de las micro, pequeñas y medianas empresas es ampliamente reconocida dado su rol fundamental en la dinámica económica y social, su importancia se asocia frecuentemente a su contribución en materia de empleo y generación de riqueza, a su agilidad para incursionar en nuevos negocios y a su incidencia potencial sobre la competitividad sistémica - ya sea como proveedores de empresas ‘grandes’ (sector automotriz, de agroalimentos, etc.) o como exportador de bienes y servicios en los que las ‘series cortas’ o el trabajo a pedido constituyen una modalidad sobresaliente del modelo de organización de la producción-.

En la Argentina, las micro, pequeñas y medianas empresas explican el 78% del empleo, el 67% del valor agregado y el 40% del PBI, este fenómeno lejos de ser meramente nacional se registra también en los países desarrollados, donde por ejemplo en Alemania explican el 66% del empleo y el 35% del producto, en Italia el 49% y 41% respectivamente, en EEUU el 54% y 48%.

Asimismo, las PYMES constituyen una herramienta fundamental para una mejor distribución del ingreso. El desarrollo de este segmento empresarial se encuentra íntimamente relacionado con la instrucción de capacidades en los estratos más pobres de la población y con la implementación del autoempleo, proveyendo los medios para una disminución de la pobreza y una mejora en términos de inclusión social.

A su vez el desarrollo de las PyMEs es un elemento que tiende a asegurar el equilibrio entre las regiones del país como vía hacia un crecimiento más integrado, al tiempo que constituyen el núcleo fundamental para el desarrollo de las economías regionales contrarrestando los procesos de concentración económica y -ligada a éstos- la concentración geográfica.

Las PyMEs son también un factor clave de estabilidad económica por su fácil
adaptación a las circunstancias cambiantes del mercado y a los ciclos económicos, dada
su especial sensibilización a los procesos de recuperación de la inversión; desde un punto de vista dinámico, la entrada y salida constante de estas empresas del mercado es lo que contribuye a mantener un entorno de competencia, con niveles de precios y rentabilidad que tienden a los de un mercado competitivo.

Además, la renovación constante de empresas cumple un rol crucial en los procesos de innovación y avances tecnológicos, al proveer una fuente esencial de nuevas ideas y experimentación que, de otra forma, permanecería sin explotar en la economía. Las pequeñas empresas implican cambio y competencia, ya que ellas son las que cambian la estructura de mercado.



2-d Las pymes en el nuevo escenario post devaluación

El cambio de los precios relativos a partir de la flotación cambiaria, permitió el retorno de la rentabilidad al sector industrial y una mejora de la competitividad de los sectores transables internacionalmente, ya sean exportables o sustitutivos de importaciones. El desempeño del sector industrial fue determinante en la recuperación del nivel agregado de actividad e incluso evidenció las tasas de crecimiento más elevadas de la última década.

Además del hecho de abarcar a prácticamente todos los sectores productivos, una de las principales características de este proceso de recuperación es que está siendo
motorizado por la revitalización de las pequeñas y medianas empresas y el resurgimiento de emprendimientos en el interior del país.

En efecto, el fuerte incremento de la producción de sectores tradicionalmente
conformados por PyMEs –textil, metalmecánica, edición e impresión, etc.- y de las
economías regionales –miel, algodón, frutas y hortalizas, entre otros-, evidencia la gran
capacidad de estas empresas para explotar las ventajas relativas que adquirieron a partir
de la devaluación, con una importante participación en el mercado interno aprovechando el proceso de sustitución de importaciones, e incrementando su presencia
en los mercados externos tanto en términos de ventas como de número de empresas
exportadoras.

A su vez, son también las pequeñas y medianas empresas las que están liderando la vigorosa recuperación de la inversión, concretando proyectos para la ampliación de la
capacidad instalada a fin de abastecer la mayor demanda –interna y externa- de sus
productos, o para la apertura de nuevas empresas.

El tipo de cambio devaluado, la estabilidad de las variables macroeconómicas, la situación favorable de los términos de intercambio para países exportadores de materias primas –sostenido por la demanda creciente de China e India- han abierto nuevas posibilidades para la Argentina, que se han proyectado en un modelo económico que se presenta más productivista que se predecesor y que pone nuevamente en debate la sustitución de importaciones y centra el sistema de acumulación en la esfera productiva como un medio para alcanzar un desarrollo sustentable e inclusivo.

Más allá del lugar destacado de las PYMES en la política económica -ya analizado- su renacer se explica tanto por la mayor valorización productiva del actual modelo económico como por el hecho de que el proceso de recuperación está siendo motorizado por la revitalización de las PYMES y el resurgimiento de emprendimientos productivos

Se trata de un conjunto heterogéneo de empresas –del campo y la ciudad- que ahora están en condiciones de aprovechar las ventajas competitivas del país: recursos
naturales y capital humano.

Un dato adicional relacionado con este resurgimiento lo aporta la reversión a partir del año 2003 de la tendencia hacia la destrucción de empresas iniciada años atrás.

Olvidadas en los noventa, empujadas a medidas meramente defensivas o a la extinción- las pequeñas y medianas empresas son revalorizadas en este nuevo contexto, que no obstante presenta grandes desafíos y nuevos interrogantes.

Uno de ellos radica en la posibilidad de las PYMES de aprovechar las nuevas oportunidades de internacionalización -abiertas tras la devaluación- en un proceso de globalización en el que la economía argentina se inserta con la regionalización como su principal herramienta.

El alcance de esta posibilidad dependerá en gran medida de la configuración Estado-mercado- sociedad que prevalezca.

En efecto, si predominará una orientación que representa una continuidad con el modelo neoliberal en términos de mínima participación estatal en la regulación de la vida económica, reducida a la oferta de una adecuada política macroeconómica como condición necesaria y suficiente para la resolución de los problemas económicos o si, por el contrario a la luz de la experiencia internacional y de la magnitud de la crisis que heredó el sector industrial se procederá al apoyo del sector desde la política publica prestando especial atención tanto a las cuestiones de mercado como – especialmente- a las institucionales y sociales que contribuyen a lo que Kosacoff denomina la “construcción del mercado”, es decir, la actuación sobre las instituciones de la vida colectiva y la dotación de las capacidades que permitan a la mayoría de los sujetos tomar parte efectiva de la misma.

El desarrollo de la competitividad está íntimamente ligado a este punto ya que dado su carácter sistémico no puede ser abordado individualmente sino que debe ingresar a la agenda política como una prioridad y ser estimulado desde políticas deliberadas de apoyo al sector.



Tercer parte.
3- Perfomance de las PYMES tras la devaluación


3-a El sector industrial

En esta tercer parte se observará la perfomance de las PYMES exportadoras argentinas en este nuevo escenario nacional abierto por la devaluación y sus oportunidades y limitaciones de cara a este nuevo escenario
El balance arrojado entre la maximización de las primeras y la superación de las segundas determinará las posibilidades reales del modelo vigente para iniciar una suerte de sustitución de importaciones exitosa -y a largo plazo que logre revertir el proceso de deterioro del sector- y para iniciar un fuerte proceso de internacionalización de las PYMES construyendo un mercado que las conforme en un actor protagónico


De acuerdo a los indicadores económicos del Ministerio de Economía para el año 2006 , tras la finalización de la recesión, la industria argentina inició un proceso de recuperación de su nivel de actividad. Desde el primer trimestre del año 2002 y hasta el segundo de 2005, la producción industrial acumuló un 45% de crecimiento, equivalente a una tasa anual de aproximadamente de 12,2%

Desde la devaluación entonces se experimentó una fuerte recuperación de la rentabilidad para la producción de bienes transables internacionalmente (agropecuarios, mineros e industriales) y un incremento de la competitividad de los mismos, especialmente en el mercado interno respecto de sus similares importados. La inflexión final de la tendencia recesiva, existente desde mediados de 1988, ocurrió en el segundo trimestre de 2002, impulsada inicialmente por la producción manufacturera.


Dentro de la industria, las ramas productivas que en un principio reaccionaron
con mayor impulso fueron las que ya estaban claramente orientadas al mercado exterior,
las cuales se vieron beneficiadas por un ambiente de precios internacionales favorables;
en general, se trató de industrias productoras de insumos intermedios de uso difundido
(aceites, metales básicos, combustibles, cueros, etc.).

En la segunda mitad de 2002, el mayor dinamismo lo tuvieron las ramas
orientadas al mercado interno –las mismas que padecieron una alta competencia de la
importación durante los últimos años de la convertibilidad-, destacándose entre otras la
industria textil y la metalmecánica.

En todos los casos (exportadores y sustitutos de importaciones), el impulso fue
la mejora en la competitividad local vis-á-vis la producción extranjera. En los sectores
internamente más expuestos a la competencia de productos importados, el cambio de
precios relativos sobrecompensó el fuerte achicamiento del mercado local.
Ya durante el 2003, tras una buena performance inicial, el crecimiento industrial
se sostuvo sobre la expansión del mercado interno, destacándose la evolución de las
ramas vinculadas al consumo no durable.

En el 2004, comenzó la recuperación definitiva y la incorporación de las
producciones de bienes durables y de inversión que se encontraban más rezagadas a la
tendencia favorable de crecimiento industrial.

Finalmente, en los primeros seis meses del 2005 la industria acumuló un
incremento de 7.2% con respecto al año anterior, fenómeno que se caracteriza por su
amplia difusión sectorial, en un contexto en el cual hoy varios bloques se ubican
bastante por encima de sus respectivos máximos históricos, en una clara señal de que en
los últimos años realizaron inversiones tendientes a incrementar su capacidad de
producción.

En el año 2005 las ventas industriales continuaron liderando el crecimiento de las exportaciones, con un alza del 31% en el primer semestre del año respecto al mismo
período del año anterior. Entre los principales artículos que han traccionado dicha
dinámica se encuentran: vehículos de navegación con un incremento de 92%, cuero y
marroquinería con 50%, material de transporte y siderurgia, ambos con 46%, y calzado
con 44%. El avance de las manufacturas de origen industrial, además, se debe a la recuperación de los envíos direccionados a Brasil -principal destino de dichas exportaciones- y las mayores ventas al NAFTA, a Chile, UE y al resto de ALADI.


3-b Las pymes

Con respecto a las exportaciones, la devaluación mejoró efectivamente la rentabilidad del negocio exportador y, por esta razón – y siguiendo la tendencia observada en el sector industrial-, muchas pymes industriales comenzaron a exportar regularmente desde 2002.
En el informe sobre inserción internacional de las Pymes industriales de la Fundación Observatorio Pyme se destaca que la rentabilidad de las PyME exportadoras fue casi el doble que la que registraron las empresas orientadas exclusivamente al mercado interno.
Sin embargo, analizando como un todo el sistema industrial de las PyME la misma fuente llega a constatar que las ventas al mercado interno aumentaron más que las exportaciones.
Como consecuencia, la participación de las exportaciones en las ventas totales de las PyME industriales es similar o inferior a la registrada en los mejores años de la década pasada, lo cual conduce a la conclusión de que la devaluación no ha permitido superar todavía el nivel de apertura exportadora de aproximadamente 10% registrado en 1996-97.

Esta situación de estancamiento en la apertura exportadora es una debilidad específica del sistema industrial de las PyME, ya que la apertura exportadora del conjunto de la industria argentina ha aumentado bastante desde la devaluación.

La conclusión de estas líneas es una “obviedad”, que conviene no obstante remarcar y tener en cuenta a la hora de evaluar las oportunidades y alcances que el nuevo modelo económico representa para las PYMES: la devaluación fue útil y necesaria, pero solamente con un tipo de cambio real competitivo y estable no alcanza para dotar de competitividad al sistema industrial de las PyME..




3-c Las exportaciones pymes

La exitosa devaluación de 2002 (en cuanto a que los precios internos aumentaron en menor que el precio del dólar), aún después de un período de tiempo relativamente largo, no modificó la apertura exportadora de las PyME industriales argentinas. De hecho, incluso la misma se ha visto reducida respecto de aquella de la década pasada.

Las exportaciones aumentaron, pero mucho más lo hicieron las ventas al mercado interno. Como consecuencia, la participación de las exportaciones en las ventas totales de las PyME industriales representan en la actualidad aproximadamente el 9%.

Datos más alentadores se obtienen si se tiene en cuenta que casi la tercera parte de las PyME industriales que actualmente exportan, comenzaron a hacerlo de forma regular a partir de la devaluación.

Este es un número muy importante ya que, dado que sólo el 6% de los actuales exportadores nacieron luego del 2002 se puede concluir que el principal motivo por el cual se observa una positiva ampliación de la base exportadora argentina se debe a la mayor rentabilidad que actualmente arroja la actividad exportadora con respecto a la década pasada.

Efectivamente, - como ya se señalara- antes de la devaluación había un desincentivo de precio para abordar el negocio exportador.

El aumento en el número de PyME industriales exportadoras constituye, sin duda, una buena noticia ya que las comparaciones internacionales realizadas por el Observatorio PyME muestran que el principal déficit exportador argentino estaba constituido no tanto por el bajo nivel de apertura exportadora de las PyME industriales sino por el bajo número de estas empresas que exportan.

En efecto, mientras que la diferencia de la participación de las exportaciones en las ventas de las PyME exportadoras italianas y argentinas es de sólo ocho puntos (26% contra 18%), la diferencia en el porcentaje de PyME industriales que regularmente exportan en Italia y Argentina es, por lo menos, tres veces mayor.

Lo antedicho remite a las características estructurales del déficit industrial exportador de las Pymes argentinas. En efecto, si se compara la participación de las exportaciones en las ventas de pequeñas, medianas y grandes empresas industriales puede apreciarse que mientras que el 88% y el 70% de las empresas pequeñas y medianas exporta menos del 10% de sus ventas, respectivamente, esto ocurre sólo en el 26% de las principales empresas industriales. Las diferencias aparecen rotundas y, como se ve en el gráfico, aumentan a medida que disminuye el tamaño de las empresas industriales.





Exactamente lo mismo ocurre si se observa cómo disminuye la participación de empresas exportadoras sobre el total a medida que se desciende en la escala de tamaño de las empresas.
Una parte del déficit industrial exportador argentino se resuelve mediante una decidida orientación de las ventas al exterior de las empresas de tamaño más pequeño y de un mayor ingreso de este tipo de empresas a la actividad exportadora.




Otra parte del déficit exportador industrial se debe a los desequilibrios sectoriales y regionales: las tres cuartas partes de la base exportadora de las PyME industriales está constituida por empresas de los sectores de “Alimentos y bebidas”, “Metales comunes y productos de metal”, “Maquinaria y equipo” y “Aparatos eléctricos, electrónicos y de precisión”.

Por otra parte, el 75% de las PyME industriales exportadoras residen en las
regiones AMBA, Centro y Cuyo. La proporción de PyME exportadoras en varios sectores es extremadamente baja, especialmente en “Papel, edición e impresión”, “Textiles, prendas de vestir, productos de cuero y calzado”

Además es importante mencionar la relativamente menor proporción de empresas exportadoras en el NOA, el Sur y el Centro. Sin embargo, mientras que en el NOA y el Sur el tema de la incidencia de los transportes es muy importante, en el Centro la baja participación relativa de las empresas exportadoras se debe a la mayor participación productiva de sectores ligados al mercado interno.




Las exportaciones de las PyME industriales se expandieron en 2005 a tasas elevadas: con respecto a 2004, las exportaciones crecieron un 9,0%. Así, entre 2002 y 2005, las ventas al exterior se incrementaron aproximadamente un 40%.

Si bien el crecimiento del último año fue menor al de años anteriores, debe destacarse que por primera vez desde la crisis de 2001/2002 las ventas al exterior crecieron a una tasa superior a aquella de las ventas al mercado interno.

Todas las regiones geográficas han registrado importantes aumentos de las exportaciones de las PyME industriales, a excepción del NEA donde las ventas al exterior se redujeron en un 7,6%. En esta última región se advierten las dificultades para exportar por parte de las PyME de la cadena de madera y muebles de las provincias del Chaco, Formosa, Misiones y Corrientes. En cambio, las PyME de la región Centro registraron un sorprendente incremento de sus exportaciones en 2005. AMBA y Sur
también tuvieron un desempeño por encima del promedio.

Sectorialmente, se destaca el buen desempeño de las PyME de los sectores “Automotores y autopartes”, “Metales comunes y productos de metal”, “Productos de caucho y plástico” y “Alimentos y bebidas”.
En cambio, las PyME de “Madera, corcho y paja”, “Muebles y accesorios” y “Textiles, prendas de vestir, productos de cuero y calzado” vieron reducirse sus exportaciones. En cuanto respecta a la dimensión de las empresas, se observa que las medianas tuvieron un mejor desempeño que las pequeñas.
Finalmente, el incremento en las ventas al exterior se produjo tanto en manufacturas de origen agropecuario (MOA) como en aquellas de origen industrial (MOI), aunque en este último grupo el crecimiento fue mayor.
3-c-2 América Latina y el Caribe, principal mercado de exportación.

Los países del Mercosur y del Mercosur ampliado son el principal destino de las exportaciones de las PyME industriales argentinas, cerca del 56% de las exportaciones se dirigen hacia estos mercados, en las empresas medianas el porcentaje para la categoría de productos primarios exportados abarca el 46% mientras que aquellos de mayor elaboración, especialización, desarrollo y valor agregado ocupan el 54%, a su vez, para las pequeñas empresas estos porcentajes son del 38% y 62% respectivamente.

En comparación con las grandes empresas cuyos porcentajes arrojan valores de 73% y 27% respectivamente, se concluye que las PYMES argentinas son las que aportan proporcionalmente mayor cantidad de exportaciones no tradicionales con alto valor agregado y tecnología.

La cercanía geográfica unida con las ventajas que otorga el acuerdo regional hacen que el Mercosur sea el lugar donde las empresas de menor envergadura hacen sus primeras experiencias en el comercio internacional.

Si bien la importancia de esta región se había reducido en los últimos 10 años, el principal cambio se ha registrado en la composición de este grupo de países. La participación de Brasil como destino de las exportaciones PYME ha disminuido del 39% (año 1996) al 19,5% (año 2004) mientras que otros países han ganado importancia.
Este es el caso, por ejemplo, de Chile que en 1996 atraía el 9% de las exportaciones de las PyME industriales y que en 2004 significó el 13% de las ventas al exterior. De esta forma, Brasil pasó de representar hace una década la mitad de las ventas a América Latina y el Caribe, a sólo una tercera parte de las mismas en la actualidad.

En contraposición, en los últimos 10 años la Unión Europea y los Estados Unidos han adquirido mayor relevancia como destino de exportación de las PyME industriales.

Si se analizan los destinos de las exportaciones por región geográfica, se observa que Uruguay, Paraguay, Chile y resto de América Latina y el Caribe son muy importantes para las PyME del AMBA, el NOA y el Centro. En cambio, para las empresas de Cuyo y el NEA es importante el comercio con la Unión Europea y para las de Cuyo y Sur con los Estados Unidos y Canadá.
Asimismo, si se divide a las exportaciones según el origen de las manufacturas, se observa que mientras que Brasil, la Unión Europea, los Estados Unidos y Canadá son los principales destinos de las manufacturas agropecuarias (MOA), Chile, Uruguay y Paraguay y el resto de América Latina y el Caribe son los principales mercados para las manufacturas de origen industrial (MOI).


3-d Los grandes problemas de las pequeñas y medianas empresas


A continuación se procederá a la observación de la perfomance de las pymes, desde la perspectiva de ciertos parámetros particulares, éstos son la antigüedad de su maquinaria, el tipo de inserción internacional elegido, los problemas más frecuentes declarados por las PYMES, y el acceso al crédito, todos correspondientes a los análisis que confeccionara la Fundación Observatorio PYME.

La elección de estas variables en particular responde a un interés por retomar la temática del déficit estructural del sector.

En efecto, se considera que la evolución de las variables elegidas tienen un impacto –reflejan- sobre el dicho déficit estructural y por ende – si bien bajo ninguna circunstancia se considera que las variables elegidas agotan el universo de variables que explican este fenómeno, ni que éstas lo explican exhaustivamente- se las considera valiosas tanto para una mayor comprensión del fenómeno como desde punto de partida para el diseño de políticas públicas que ayuden a reducir la brecha que obstaculiza el funcionamiento potencial del entramado PYME.



Las maquinarias utilizadas en el proceso productivo son en su mayoría modernas, lo que evidencia una consistencia en el proceso de inversiones en equipamiento realizado durante los años '90.

En efecto, el 61,3% de las empresas considera que el equipamiento actualmente en uso es moderno, y otro 12,5% declara poseer equipos que pueden ser considerados de punta. Se observa una evidente relación entre el tamaño de las empresas y la difusión de las maquinarias de punta. De esta forma, la presencia de maquinarias antiguas disminuye a medida que aumenta la dimensión de las empresas.
No obstante, es importante destacar que la difusión de la maquinaria moderna es uniforme en todos los tamaños, y en ningún estrato dimensional representan menos del 56% del parque total.



Distribución porcentual de las empresas según la antigüedad de la maquinaria utilizadas en el proceso productivo. Total y por tramos de ocupación.
Año 2002.





Tipo de estrategia de inserción internacional
Especialización vs. Diversificación

Algo más de la mitad de las PyMI persigue estrategias de aumento de la especialización, mientras que un 45% adopta estrategias de mayor diversificación.
Entre las PyMI de menor tamaño, ambas estrategias están bien repartidas por mitades, entre las de mayor tamaño, es más frecuente la estrategia de especialización.



Porcentaje de empresas según estrategias de especialización y de diversificación en el bienio 2000-2001.
Total y por tramos de ocupación.





Acceso al crédito

En los dos últimos años, sólo el 46% de las empresas solicitó crédito bancario. La frecuencia de las solicitudes realizadas se incrementa uniformemente a medida que aumenta la dimensión de la empresa. Entre las más pequeñas, sólo el 38% de las empresas solicitó crédito, mientras que entre las más grandes esta proporción
asciende al 60%. En promedio, cada PyMI opera normalmente con 2,3 bancos y este índice asciende hasta 3,6 entre las más grandes.


Cuadro 2.32
Promedio de la cantidad de bancos con los que operan las empresas
Porcentaje de empresas que solicitaron algún crédito bancario en los años 2000 y 2001.
Total y por tramos de ocupación.






Del total de las empresas que solicitaron crédito bancario, el 79% lo consiguió. Se observa una correlación directa entre la frecuencia con que se obtiene un crédito bancario y la dimensión de la empresa. Mientras entre las más pequeñas el porcentaje de rechazo de la solicitud es del 28%, entre las más grandes este porcentaje se reduce al 17%.





El principal motivo de rechazo de la solicitud de crédito es el desinterés del banco en el proyecto (61%) y en segundo lugar, con igual nivel de frecuencia, la falta de garantías adecuadas y la alta deuda acumulada por la empresa. El desinterés del banco por los proyectos no tiene sesgos claros de tamaño, lo mismo que el problema de las insuficientes garantías. Sin embargo, se observa una clara conexión positiva entre tamaño y frecuencia de alto endeudamiento; las PyMI de mayor tamaño están más endeudadas.


Principales problemas declarados por los empresarios.
Cambios entre Octubre de 2002 y julio de 2003






Los problemas más frecuentemente declarados por las PyMI, a fines del año 2002, fueron de naturaleza distinta que los de mediados del año 2003. En el año 2002 los más frecuentes fueron el de la caída de las ventas y el de los retrasos en los pagos de los clientes. La disminución de la rentabilidad fue declarada como problema
por un porcentaje similar de empresas en ambos años. Las dificultades para obtener financiamiento y el aumento de los costos operativos, no aparecían como problemas relevantes en el año 2002.



Recapitulando, el déficit estructural de las PYMES industriales está configurado por desequilibrios de tamaño (las PYMES de menor y mediano tamaño tiene una participación significativamente menor en el mercado internacional), sectoriales (gran concentración de PYMES alrededor de escasas actividades) y regionales (concentración territorial desigual de las PYMES argentinas).

De lo expuesto podemos establecer que -en relación a estos déficit- la variable de las maquinarias es de gran importancia ya que su mayor antigüedad -especialmente en las empresas de menor tamaño- obstaculiza su reconversión hacia otras actividades y/o una mayor especialización y a su vez plantea también un techo a los posibles aumentos del producto y a la producción en escala que en la mayoría de los casos la internacionalización presupone.
Esta situación es originada y agravada por la limitación del sector para el acceso al crédito, fenómeno que plantea también problemas para los procesos de crecimiento de las PYMES en general –en producción, diferenciación, etc-.

El aumento de los costros operativos que las empresas reconocen como uno de los problemas principales que enfrentan incide ya sea sobre el precio, disminuyendo la competitividad y consecuentemente la rentabilidad, o directamente sobre la rentabilidad si no se traslada al precio directamente, lo cual constituye otra de las preocupaciones principales del sector: la disminución de la rentabilidad.

Esta cuestión nos dirige nuevamente a la de la productividad, - tanto de los bienes de capital como de los recursos humanos-, la tecnología, innovación y acceso a la información, para lo que se hace necesario tanto un acceso más democratizador al crédito como una línea de acción política que se aboque a rectificar las imperfecciones que las estructuras oligopólicas y concentradas producen en los mercados perjudicando a las PYMES.


Cuarta parte
4- Políticas publicas

Teniendo en cuenta los límites de la devaluación como elemento de estímulo a la apertura exportadora de las PYMES, los desequilibrios estructurales del sector y las variables elegidas para ejemplificarlos, se procederá en esta última sección al análisis de los programas o líneas de política pública destinadas a dar respuesta a las cuestiones sensibles para la internacionalización de las PYMES.


En el escenario descrito, las políticas públicas deben jugar un rol decisivo como catalizadoras de los procesos de transformación generando un marco institucional favorable al desarrollo de esfuerzos productivos y tecnológicos a sabidas cuentas de que los problemas que afectan a las PYMES en particular y a la industria argentina en general, no pueden dejarse en manos de una supuesta tendencia del mercado al equilibrio y a la competencia sino que debe ser encarado desde la voluntad política en el marco de un proyecto de sociedad esencialmente distinto al que inspirara la lógica neoliberal.

Se procederá entonces a la exposición de los programas de política pública específicamente diseñados para contribuir con la internacionalización de las PYMES, en base a los principales instrumentos que ofrece la Subsecretaría de la Pequeña y
Mediana Empresa y Desarrollo Regional (SSEyMEyDR).


4-1 Programas de aliento a la internacionalización Pyme


En el contexto actual, desde la Subsecretaría de la Pequeña y
Mediana Empresa y Desarrollo Regional se considera que uno de los desafíos más
importantes que enfrenta la economía de cara a los próximos años radica en generar mecanismos e instrumentos orientados a impulsar una mejora en la inserción internacional del universo PyME local.

En este sentido, proporciona el Programa de Apoyo a la Primera Exportación que brinda al empresario que desea iniciarse en la exportación el apoyo técnico necesario para desarrollar tareas de diagnóstico, investigación de mercado y promoción comercial, junto al desarrollo de una visión estratégica de largo plazo, indispensable para el éxito de este tipo de emprendimientos. La puesta en marcha de este instrumento es relativamente nueva y se encuentra en una etapa piloto. Sin embargo, varias empresas
ya han demostrado su interés por participar del mismo.

A su vez, en función de que la experiencia nacional e internacional de las décadas recientes muestra con claridad que en relación con buena parte de los problemas del sector, la cooperación y articulación de esfuerzos entre empresas puede contribuir eficazmente a resolver o suavizar las restricciones que enfrentan las Pymes a la hora de encarar su internacionalización, el Programa de Grupos Exportadores está orientado a impulsar el desarrollo de esquemas asociativos sectoriales entre PyMEs pertenecientes a un mismo sector de actividad o cadena productiva, interesadas en avanzar en la internacionalización de sus actividades a través de instrumentos de cooperación interempresarial.

Existen actualmente en funcionamiento unos 30 grupos exportadores que reúnen a unas 250 empresas de diversos sectores. En el año 2003, estas empresas incrementaron un 67% sus exportaciones con relación a 2002 y diversificaron fuertemente sus colocaciones hacia mercados no tradicionales.

Por otro lado, desde el punto de vista de las grandes empresas industriales, la existencia de una red local de proveedores y clientes PyMEs con capacidad exportadora puede contribuir no sólo a incrementar el alcance de sus posibles actividades, sino también a crear un espacio de interacción cliente – proveedor capaz de generar múltiples externalidades positivas hacia el conjunto del tejido microeconómico.

En este sentido, a través del Programa de Articulación Exportadora entre Grandes Empresas y PyMEs Vinculadas se invita a grandes empresas industriales que operan en el país a un esfuerzo conjunto y coordinado, orientado a tratar de incorporar, reincorporar o bien fortalecer en el negocio exportador a un conjunto de PyMEs con capacidad o potencialidad exportadora. Actualmente están vigentes acuerdos con las empresas Dupont, Ledesma, Sadesa y Techint, entre otras, con sus respectivas pymes clientes.


En definitiva, los instrumentos orientados a ampliar y mejorar la inserción de las
PyMEs en los mercados externos persiguen dos objetivos fundamentales. Por un lado,
concientizar a los empresarios sobre el protagonismo de las alianzas cooperativas en el
rediseño de las estrategias productivas y comerciales de las empresas, como la mejor
respuesta a las nuevas condiciones de la economía mundial y los nuevos paradigmas
organizacionales.
Por otro lado, se busca promover una inserción dinámica y diversificada en el comercio mundial y aumentar la capacidad de incorporar mano de obra y difundir productividad en la sociedad a través de herramientas que permitan mejorar esa capacidad y revertir los aspectos negativos heredados del pasado.

Finalmente, y con el objetivo de que las empresas argentinas puedan acceder y
promocionarse en los mercados mundiales, a través del programa FONPLATA, la
SSEPyMEyDR está trabajando activamente en el relevamiento de PyMEs exportadoras
para incluir en el portal ProArgentina.gov.ar.

Este será el primer portal argentino dedicado exclusivamente a la promoción y apoyo de las PyMEs exportadoras de nuestro país, permitiendo a las empresas contar con una poderosa herramienta de información y de capacitación.
Por medio de ProArgentina.gov.ar, las PyMEs estarán en condiciones de:

_ Publicitar sus productos en forma gratuita en todo el mundo.
_ Participar de los programas de promoción de exportaciones del FONPLATA.
_ Acceder a estudios de mercado en diferentes países para sus productos.
_ Recibir pedidos de cotización de importadores a nivel mundial.
_ Contar con su propia página web mediante un software gratuito provisto por
ProArgentina.gov.ar.
_ Acceder a bases de datos de empresas o proveedores de servicios de exportación.
_ Acceder a listados de importadores a través de convenios institucionales con las
principales cámaras y asociaciones internacionales.
_ Formar parte de catálogos digitales a nivel regional y sectorial.

Se espera que esta iniciativa se convierta en un formidable medio de comunicación que
posibilitará difundir los productos argentinos al mundo y establecer relaciones
comerciales con los mercados de interés.




De lo expuesto se deduce la existencia de ciertos programas de apoyo a las PYMES exportadoras, particularmente escasas para acceso al crédito si bien pueden complementarse con otras no diseñadas específicamente para el sector.
Sin embargo, dado su relativamente reciente diseño y aplicación no es posible la evaluación de su impacto. Además muchos de ellos se encuentran aún en etapa piloto –como sucede con el no obstante publicitado programa “Marca País”-.

De ello se desprende el hecho de que cuando se cruzan estos datos con los resultados del Observatorio Pyme –si bien la mayoría de estos programas comenzó su implementación en el año 2004- los informes de dicha institución no registren cambios significativos debido a su presencia.

La evaluación de las políticas públicas es una materia pendiente no sólo en Argentina sino también en el resto de América Latina .
En este sentido es sumamente valioso el aporte de las buenas prácticas de apoyo a las PYMES desarrolladas por la CEPAL en las que se brindan los lineamientos fundamentales a la hora de evaluar justamente el impacto de las políticas públicas hacia el sector.


Reflexiones finales


A lo largo de esta presentación se procuró –en su primer sección- dar cuenta de la gravedad del proceso de desindustrialización y desestructuración del tejido industrial, para dimensionar de alguna manera los desafíos que una reactivación industrial en general y de las PYMES en particular dentro del nuevo contexto abierto por la devaluación, implicaría.

Así mismo se dio cuenta también de las limitaciones de este nuevo escenario para revertir lo que sería nuestro foco de interés: la participación de las PYMES en el comercio internacional, planteando déficit estructurales que demandaban políticas más activas que las vinculadas meramente al tipo de cambio.

Acotando el universo de problemáticas a unas cuantas variables –antigüedad de la maquinaria utilizada en el proceso productivo, acceso al crédito, tipo de estrategia de inserción utilizada, disminución de la rentabilidad y aumento de los costos operativos- se ilustró modestamente su influencia sobre las debilidades estructurales y posteriormente se realizó un relevo de las políticas públicas ofrecidas en el marco de la Subsecretaría de la Pequeña y Mediana Empresa y Desarrollo Regional, de apoyo a las PYMES exportadoras, teniendo en cuenta todos los elementos mencionados.

Si bien como se estableció previamente la evaluación de dichas políticas excede los parámetros de este informe, es posible –no obstante- realizar un raconto de cuestiones que merecen especial atención.

Existen ciertos reparos sobre la viabilidad a largo plazo de un modelo industrial que como el del “dólar alto” se sostiene fundamentalmente sobre dos pilares: la salida exportadora y la sustitución de importaciones.

En el caso particular de la primera, los interrogantes se alzan alrededor de su capacidad real para introducir impactos positivos sobre el tejido productivo doméstico, a razón de ciertos fenómenos intrínsecos a su naturaleza.

En primer instancia, el bajo dinamismo que en el mercado mundial presentan los bienes que conforman la oferta exportadora argentina, por este motivo susceptibles a la tendencia hacia la caída de sus precios. Asimismo, la concentración de la oferta exportadora en unos pocos bienes –y como señaláramos muy cercanos a la frontera natural- posee escasas vinculaciones con el resto de la trama fabril y funciones de producción altamente intensivas en el uso del factor capital.

Lo expuesto, unido a la gran concentración de las firmas –que en su mayoría son propiedad de grandes grupos económicos de capital nacional y extranjero fuertemente trasnacional izados en términos comerciales, productivos y financieros- plantea interrogantes sobre la posibilidad de que el sector se convierta en el motor que traccione al conjunto de los sectores económicos en términos productivos y de generación genuina de empleo.

Estos interrogantes hacen referencia a procesos que –gestados a partir del cambio en el sistema de acumulación que la dictadura significó- consolidaron en la década del noventa una determinada estructura económica y de rentabilidades que -pese al cambio de orientación del modelo económico actual en términos de una mayor valorización de la esfera productiva de la economía en detrimento de la financiera-, no ha sido desarticulada aún y que mina por lo tanto las posibilidades reales de un crecimiento endógeno, sustentable y equitativo.

Bajo estas premisas, el fortalecimiento del entramado PYMES ya sea en su versión mercadointernista como en la exportadora excede sus bondades en relación a la creación de empleo e impacto sobre la actividad económica.

Adicionalmente implica corregir algunas de las profundas desigualdades y “fallas de mercado” heredadas tras años de aplicación de políticas neoliberales, como es el caso de la gran concentración económica dentro del sector exportador –en cantidad de firmas, productos, etc- al que las PYMES aportarían -apoyo de por medio- una mayor diversificación y dinamismo.

En el largo plazo, una mayor internacionalización de las PYMES, sostenida sobre la diversificación de productos y firmas, sobre una producción diferenciada, con alto contenido de valor agregado y tecnología implicará una mayor oferta de proveedores densificando el tejido industrial, y creando encadenamientos hacia delante y hacia atrás de la cadena productiva.

Sin embargo, este salto cualitativo difícilmente pueda sostenerse solamente en programas de apoyo a la internacionalización de PYMES, especialmente si se mantiene toda una estructura que la obstaculiza.

La línea de acción planteada debe entonces convertirse en política de estado –resguardándola así de los efectos de la alternancia política- y proyectarse en dos planos fundamentalmente.

En primer lugar, la adopción de medidas -paralelas a las de apoyo ya existentes- que tiendan a contrarrestar las asimetrías que caracterizan a la estructura económica, a modo de ejemplo, una modificación de la estructura tributaria incrementando la presión impositiva sobre los sectores de más altos ingresos y reduciendo en paralelo los gravámenes que pesan sobre los sectores de menos recursos y dentro del espectro empresario, las PYMES , así también como medidas tendientes a reducir las asimetrías de acceso al crédito, a incentivar a la conformación de conglomerados de empresas y la conformación de estrategias de cooperación entre grandes empresas y PYMES.

En segundo término, desde una perspectiva más holística y largoplacista el fortalecimiento de las capacidades de la economía, mediante el fomento del entrepreneurship, la innovación y la inversión en educación,. A su vez, el fomento también de la competencia a través de la apertura de mercados y transparencia.


La magnitud de los procesos económicos acentuados en los noventa no pueden ser revertidos solamente con políticas de apoyo sectoriales si éstas se enmarcan en una estructura que perpetúa la desigualdad y la concentración.

La perfomance de las PYMES así lo refleja, ni el tipo de cambio, ni los programas de apoyo han conllevado resultados que alteren sus debilidades estructurales. Estas tienen sin dudas más chances de ser superadas si lo existente se complementara con medidas más profundas en su poder de desarticulación de los resabios del modelo neoliberal.



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