ENCUENTROS ACADÉMICOS INTERNACIONALES
organizados y realizados íntegramente a través de Internet



MUJERES INMIGRANTES EN ITALIA: LA IMAGEN OFRECIDA POR EL CENSIMENTO 2001

Susana Martínez-Rodríguez. Elena Vidal Coso
Centro de Estudios Demográficos -Universidad Autónoma de Barcelona
susanamr@usc.es; evidal@ced.uab.es
Resumen
El objetivo de este artículo es aportar elementos que ayuden a definir un completo perfil de la mujer inmigrante en Italia. La elección del caso italiano está avalada por su significación dentro de los nuevos países destino de inmigración de la Europa Mediterránea. La reciente feminización de los flujos inmigratorios ha sido un aspecto presente desde un primer momento en el caso italiano, pues ya las primeras inmigrantes provenientes de las antiguas colonias en los años setenta eran sobre todo mujeres que acudían a desempeñar actividades domésticas. A través de los datos del Censimento 2001 hemos realizado un análisis demográfico de los rasgos destacados de la mujer inmigrante en su conjunto y también de cada una de las 10 naciones con más presencia en Italia.
Palabras clave: feminización de la inmigración, Italia, censo del 2001

Summary
This article aims to contribute elements that help to define a complete profile of the woman immigrant in Italy. The Italian case is very significative among the new immigration countries destiny of Mediterranean Europe. The recent feminización of the immigratory flows has been an characteristic presented from the first moment in the Italian case. The first immigrants that came from the old colonies in the Seventies were mainly women who went to carry out household activities. Through Censimento 2001 data we have made a demographic analysis of the outstanding characteristics of the woman immigrant, as a whole and also of each one of the 10 nations with more presence in Italy.
Key works: migration feminization, Italy, census of 2001

Índice:
1.- Introducción.; 2.- Notas históricas sobre la inmigración reciente en Italia.; 2.1.- Los años 90: la reagrupación familiar y la llegada de nuevos flujos.; 3.- La imagen derivada del censo del 2001; 3.1.- El estado civil, edad y sexo; 3.2.- El nivel educativo de las inmigrantes; 3.3.- Breve análisis del mercado de trabajo; 4.- Comentarios finales; 5.- Bibliografía.
 

TERCER ENCUENTRO INTERNACIONAL SOBRE
Migraciones: causas y consecuencias
realizado del 6 al 24 de noviembre de 2006

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1.- Introducción
Uno de los rasgos que caracterizan la nueva fase migratoria en la que el globo está inmerso desde los años 90 es la feminización de los flujos migratorios internacionales [S. Castles; M.J.Miller, 1993, p. 8]. La afirmación tiene carácter cuantitativo y también cualitativo, al no tratarse sólo de un aumento numérico, sino que las mujeres han adquirido un mayor protagonismo en los nuevos flujos migratorios, y no sólo desde su tradicional papel de acompañante sino que el incremento de las que emigran de manera autónoma ha llamado la atención a varios especialistas [Nyberg-Soerensen et al., 2002].
El sexo de los migrantes es un hecho en el que sólo se ha reparado recientemente; se asumía que la mayoría de los inmigrantes era hombres, o al menos los que efectuaban una aportación económica [H. Zlotnik, 2003]. No obstante numerosos estudios han evidenciado desde una perspectiva histórica la presencia femenina en los flujos migratorios internacionales , hecho, por otro lado nada novedoso. Sin embargo, convertir en objeto de investigación a las mujeres inmigrantes ha sido en parte el resultado de una labor de construcción de la identidad femenina y de los avances de la incorporación de las mujeres. El estudio de la emigración femenina exige un mayor énfasis en la dimensión familiar, el nuevo rol desempeñado por la emigrante en las sociedades de acogida respecto a la sociedad de partida, las propias rupturas provocadas en el punto de origen, etc. También deben ser consideradas las limitaciones sociales inherentes a su cómputo. Todavía hoy existen restricciones a la movilidad de las mujeres como sujetos individuales, expresadas en forma de prohibiciones explícitas, o a través del imperativo de presentar documentos donde sus familiares masculinos directos autoricen los viajes. En los países destino de emigración también subsisten los obstáculos, ya que las inmigrantes se ven sometidas a múltiples explotaciones por su doble condición de mujer y extranjera.
La feminización de los flujos migratorios internacionales ha supuesto un mayor protagonismo de las mujeres en los países de origen como sujetos económicos activos, y como protagonistas de la vida social, siendo un elemento de empoderamiento. Si bien también es sinónimo de explotación y violencia sexual. En los párrafos anteriores se esbozan algunos de los rasgos más significativos de las tendencias de la feminización de la inmigración reflejadas en el 2004 World Survey on the Role of Women in Develepment (ONU, 2005). Y servirá de marco analítico para analizar la experiencia inmigratoria femenina en Italia. El caso italiano es, junto al español, uno de los más representativos de los nuevos países de inmigración mediterránea. Italia, junto a España, Portugal y Grecia han sufrido una rápida transformación desde su posición tradicional de países de emigración a ser destinatarios de nuevos flujos internacionales que acuden allí como destino final o de tránsito para buscar un futuro mejor.
Italia delata ya en la etapa pre-inmigratoria – años 1970, cuanto todavía era significativo el número de sus ciudadanos que abandonaba su país – la presencia de colectivos diferenciados femeninos que acudían buscando empleo. Éste es un aspecto singular, frente a las tradicionales cadenas migratorias iniciadas por hombres, que sólo una vez se han asentado en el país reclaman la presencia de sus mujeres [A. Colombo, G. Sciortino, 2004, p. 38] . A pesar de la elevada variabilidad étnica de los flujos inmigrantes italianos , la presencia femenina siempre ha sido un elemento destacado, v.g., en los años ´80 había dos grandes modalidades bajo las que se agrupaban las mujeres inmigrantes: (1) trabajadoras procedentes de las antiguas colonias africanas o de Filipinas; (2) mujeres extranjeras dedicadas al cuidado de su familia, sobre todo esposas de una emigración de procedencia africana encabezada por los ciudadanos de origen marroquí, tunecino y egipcio. Con el colapso de las economías de Europa del Este (años ´90) y con el propio proceso de ampliación de la Unión Europea (principios del siglo XXI) se ha producido una definitiva incorporación de la presencia femenina y su llegada al país parece estar dirigida por el objetivo de conseguir una mejor posición económica.
En este artículo se efectúa un análisis de la feminización de la inmigración italiana a través de los datos del censo de 2001 poniendo de manifiesto algunas de las limitaciones del propio censo a la hora de analizar este hecho particular, como las que se perciben a la hora de analizar las nuevas presencias femeninas según su estado civil y profesión. Ya adelantamos que el perfil que arroja el Censimento 2001 es el de una mujer que, en efecto, tiene una importante presencia en el país, pero que parece no estar integrada en el mercado laboral, con autonomía en sus decisiones. ¿Qué explicación se puede dar? ¿Acaso no era Italia un país donde se había feminizado el flujo inmigratorio? ¿No reflejan los datos la realidad?
En el primer epígrafe se revisa la historia reciente de la inmigración femenina en Italia. Comentamos algunos rasgos del país como atractor de inmigrantes y acerca de las primeras naciones extranjeras donde el grupo de mujeres inmigrantes era más significativo. En análisis de los años noventa se ha realizado a través de la información Para la década de los años 90 se ha empleado la información disponible a partir de los permisos de residencia. La tercera sección, donde hemos concentrado nuestra atención, analiza con detalle la información disponible en el censo del 2001. Tres son las secciones en las que hemos dividido la información extraída del censo: (1) análisis del estado civil, edad y sexo; (2) nivel educativo de las inmigrantes; (3) análisis somero del mercado de trabajo. En cada una de las secciones nos hemos interesado por analizar el perfil medio de la mujer extranjera, pero también de las 10 naciones con mayor presencia en el país. Además de efectuar comparaciones con la situación de la mujer italiana.
Las fuentes numéricas utilizadas son fundamentalmente el Censimento 2001, las cifras históricas de los permisos de residentes desde 1992 al 2003, y puntualmente hemos recurrido a la información anual publicada por Cáritas-Roma a través de los informes que publica desde los `80 sobre la inmigración.

2.- Notas históricas sobre la inmigración reciente en Italia
La inmigración italiana es uno de los casos más significativos de los que configuran el modelo mediterráneo de inmigración, constituido además por España, Portugal y Grecia. La posición de los países mediterráneos como atractores de mano de obra extranjera comienza en los años sesenta. Se trata de un fenómeno reciente frente a la persistencia del modelo de inmigración que ha caracterizado a los países integrantes del modelo continental (Francia, Gran Bretaña y Países Bajos). Como rasgos definitorios presentan un alto grado de clandestinidad en la llegada, a lo que se une en muchas ocasiones que el flujo de entrada posee una fuerte componente de tránsito. La tipología ocupacional está fuertemente orientada a la economía estacional (agrícola o de servicios) y al sector doméstico, una inserción destinada a cubrir los espacios laborales que los nativos ya no encuentran apetecibles. En su corta trayectoria temporal, el modelo italiano se ha caracterizado por la heterogeneidad de su flujo y por su poliformía, es decir, por el elevado número de ciudadanos de diferentes países extranjeros, explicado en parte por la posición geográfica del país.
El censo de 1981 presentó por primera vez un saldo migratorio positivo [M. I. Macioti; E. Publiese, 1991, p. 5]. Testimonialmente la presencia de inmigrantes era anterior, y en particular había un colectivo femenino importante. Se trataba de oriundas de las antiguas colonias africanas que acudían a la metrópoli para desempeñar ocupaciones domésticas. Llegaban a Italia solas, principalmente de Somalia, Eretria y Cabo Verde. La llegada al país de acogida estuvo mediatizada por la intervención de los misioneros católicos, que ejercían de intermediarios para las familias italianas que precisaban de empleadas domésticas , lo que explica la religión cristiana y mayoritariamente católica de las trabajadoras [M. E. Tonizzi, 1999, p.145]. La llegada de las primeras inmigrantes también se produjo a través de contactos directos con familias que habían residido en las antiguas colonias africanas [G. Favoro, 2003, p. 449]. En particular el reclutamiento de las mujeres caboverdianas comenzó a partir de la independencia de su país, a finales de los años sesenta. Se distinguen dos flujos: el primero, constituido por mujeres de mediana edad, sin formación escolar y en su mayoría madres de familia. En la segunda oleada acudieron jóvenes con mayor formación. Este colectivo generó en la sociedad de origen una consideración positiva de la emigración como medio para alcanzar una mayor calidad de vida. El flujo migratorio caboverdiano estaba formado por un 90 % de mujeres. A diferencia de lo que sucederá con otras etnias, donde una vez establecidas existe una reagrupación de la familia en el país huésped, los hombres caboverdianos no siguieron a sus mujeres a Italia y prefirieron otros destinos, como Portugal o los Estados Unidos de América. Este flujo muestra, por tanto, un ejemplo particular donde la mujer ha sido “cabeza inmigratoria” pero no logró atraer a su núcleo familiar, sino que las nuevas llamadas efectivas eran a mujeres del mismo clan, familiares o amistades, una vez que le habían conseguido un puesto de trabajo.
La mayoría encontraban ocupación en el servicio doméstico, como trabajadoras internas, residentes en el hogar donde servían. Una ínfima parte trabajaba como doméstica por horas, camarera o asistente de ancianos. Las condiciones laborales de las caboverdianas en Italia eran peores a las de otros grupos de trabajadoras extranjeras: su salario oscilaba alrededor de un 20-30% menos que el de las filipinas, por ejemplo. La falta de credenciales educativas, también el color de la piel, explicaban las diferencias y frenaba su integración social.
El status de la inmigrante doméstica africana, cristiana y con contrato de trabajo legal, representaba el polo opuesto a muchos inmigrantes africanos varones y de religión islámica dedicados a la venta ambulante [M. E. Tonizzi, 1999, p. 150]. Antes de la Ley 943/1986 3.315 caboverdianas estaban en posesión de permiso de residencia [G. Campani, 2003, p. 11].
Otro grupo de inmigrantes con una fuerte presencia femenina desde el comienzo del proceso inmigratorio fueron las filipinas. Su llegada obedece a razones laborales, y se benefició en un principio de la intervención de las entidades eclesiásticas, pues la religión católica era la dominante. La acción intermediaria de asociaciones religiosas fue pronto sustituida por la mediación de las propias inmigrantes y de las agencias especializadas. En los años ochenta fue el grupo extranjero que experimentó un mayor incremento, convirtiéndose en una de las comunidades más numerosas de Italia. El grupo filipino se distinguía por su elevado grado de instrucción con un perfil orientado a actividades de cuidado y sanitarias. Su llegada a Italia forma parte de una estrategia económica que también se dio en otras latitudes desarrolladas. Antes de 1987 estaban registrados cerca de 7.000 permisos de residencia de nacionalidad filipina y con la Ley 943/1986 se alcanzaron las 9.121 regularizaciones [G. Campani, 2003, p. 8]. A finales de los ochenta cerca del 70% de la comunidad filipina estaba constituida por mujeres, pero a diferencia del grupo caboverdiano, ya se apuntaba una tendencia a un mayor equilibrio entre los sexos [G. Campani, 1989, p. 4].
Ha sido en los últimos quince años cuando la presencia de mujeres en el flujo inmigratorio italiano se ha acentuado , coincidiendo con varios elementos: la caída del bloque comunista, donde las mujeres gozaban de un mayor protagonismo económico; el aumento de las inmigrantes de origen latinoamericano, donde las mujeres son numerosas debido a la elevada demanda de trabajo doméstico o asistencial en el que se han especializado. El aumento de estos flujos ha desplazado el peso de presencias más tradicionales. Si se realiza una breve revisión de las macroáreas dominantes en las regularizaciones habidas en Italia se ha pasado de una preeminencia africana – evidenciada en el proceso de regularización de 1986 y 1990 – a un sucesivo aumento de los trabajadores de Europa del Este – proceso de regularización de 1995 y 1998 –, lo que se ha confirmado en la regularización de 2002: mientras los inmigrantes de procedencia africana presentaron un tercio de las demandas, los trabajadores de Europa del Este acapararon el 60% de las mismas [Caritas, 2004].

2.1.- Los años noventa: la reagrupación familiar y la llegada de nuevos flujos.
La presencia de mujeres inmigrantes en Europa se ha incrementado como consecuencia de la política de estabilización de la población extranjera presente y por la contención de la corriente de nuevos trabajadores llevada a cabo por en la mayoría de países europeos tras la recesión económica de los años setenta. El proceso de reconocimiento y ampliación del derecho de reagrupación familiar experimentado en los años `90 también ha favorecido este hecho . En la segunda mitad de los años noventa – particularmente entre 1996 y 1998 – en Italia, España y Francia se han modificado las normas relativas a la extranjería y en los tres casos se ha puesto de manifiesto un singular interés por la reagrupación familiar [L. Santos, 2000, p. 267]. Dicha política se ha convertido en una llave para controlar el proceso inmigratorio [C. Giudici, 2000, pp. 219-220]; y en la vía principal de entrada de regulares, una vez que la Unión Europea ha puesto en práctica políticas que frenan la inmigración laboral. En Italia, en 1992 hubo una modificación del procedimiento por el Ministero degli Esteri, y en el 1995 el permiso por reagrupación familiar entró en la programación de los ingresos – atravesando el techo de las 15.000 unidades –. La ley 189/2002 (Ley Bossi-Fini) ha introducido más limitaciones al derecho de reunificación familiar.
A lo largo de los años noventa se ha experimentado un constante aumento del número de mujeres, sobre todos casadas, que llegaban a Italia a través de la reagrupación familiar. Un elemento que delata el éxito de esta fórmula ha sido el espectacular incremento del número de niños nacidos de padres extranjeros, demostrando que existe un considerable segmento de inmigrantes en vías de estabilización. La cifra estimada del 2004 era de 48.384 nacimientos de padres extranjeros, lo que rondaba casi el 9% del total de niños nacidos en Italia. Esta cifra casi sextuplica el número de nacimientos de 1994.
Tabla 1.- Número de nacimientos de padres extranjeros (1993-2000)
Año Nacimientos totales De los cuales son extranjeros % extranjeros sobre el total
1994 536.665 8.028 1,5
1995 526.064 9.061 1,7
1996 536.740 10.820 2,0
1997 540.048 13.469 2,5
1998 532.843 16.901 3,2
1999 537.242 21.186 3,9
2000 543.039 25.916 4,8
2001 535.282 29.600 5,5
2002 538.198 32.800 6,1
2003 544.063 33.691 6,2
2004 562.599 48.384 8,6
Fuente: Caritas (2005 p. 167). Elaboración propia
Analizando los permisos de residencia, y centrando la atención en las dos partidas numéricamente más significativas, trabajo y familia, hay varios elementos que cercioran las hipótesis anteriores. Se puede contrastar que las entradas por permisos laborales han disminuido, y que a su costa se han incrementado las entradas debidas a causas familiares, a través de los permisos de residencia (permisos di soggiorno). Las categorías de permisos de residencia se dividen en trabajo, familia, religión, residencia electiva, estudio, turismo, asilo, solicitud de asilo y otros; las dos primeras son las partidas de dimensión mayor. Adicionalmente, el Instituto de Statistica Italiano (ISTAT) ofrece información sobre la procedencia de los inmigrantes según pertenezcan o no a países de fuerte presión demográfica , lo que informa sobre cuál pudo haber sido el principal motivo de su viaje a Italia.
En 1992 más del 73% del total de permisos de residencia de mujeres extranjeras eran motivados por el trabajo y la familia; la causalidad era ligeramente superior (cercana al 80%) entre las mujeres provenientes de los países de fuerte presión demográfica. En una década las proporciones se han incrementado: el 90% de los permisos de residencia de las naciones con una fuerte presión demográfica son debidos al trabajo y la familia; y en el total de las migraciones dichas motivaciones alcanzan el 86%. Observando sólo la proporción de entradas por sendos motivos, también los cambios han sido sustanciales. En general se ha experimentado una disminución de las entradas laborales, que en 1992 eran el 45% del total y en los países de fuerte presión demográfica superaban la mitad del total (58%). A lo largo de los años a estudio la proporción ha disminuido de manera inequívoca en ambos grupos, representando en 2003 el 34% y el 35% respectivamente. La evolución de los permisos familiares ha sido la opuesta, lo que concuerda con los comentarios realizados sobre el protagonismo femenino en la reunificación familiar. En 1992 sólo el 30% de los permisos totales expedidos eran por causas familiares; el porcentaje incluso bajaba entre los países de fuerte presión demográfica (21,5%). Once años más tarde prácticamente las proporciones se han doblado. Entre los países de fuerte presión demográfica el 54% de los permisos de residencia concedidos se parapetan en razones familiares y en el total de países del 51%.
Por países, los datos más recientes de permiso de residencia remiten al 01.01.2003, y la tabla está encabezada por Marruecos, Albania y Rumania. El orden no varía si sólo primase la presencia femenina. A pesar de que representan dos modelos culturales bastante dispares, en Albania y Marruecos los permisos que corresponden a los hombres continúan siendo bastantes superiores a los de las mujeres . En el caso de Marruecos el flujo migratorio se encuentra asentado en Italia desde los años ´80, y el agrupamiento familiar está muy avanzado. En la emigración albanesa, quizás por la proximidad física a su país de residencia y por su relativa novedad, resulta más difícil establecer este tipo de conductas de manera general. Para el caso rumanés – tercer país con mayor número de presencia de residentes – el número de mujeres es superior al de hombres, aunque existe una tendencia a la equiparación. En la comunidad Filipina ha imperado un patrón de emigración femenina y continúa con esta línea; ocupan una cuarta posición. China ocupa la quinta posición.

Gráfico 1.- Permisos de residencia debido al motivo “trabajo” o “familia” para el total de los países extranjeros y aquellos de fuerte presión demográfica (1992-2003).








Fuente: ISTAT, 2004. Elaboración propia.
La evolución de toda la década de los ´90 y principios del siglo XXI desvela a una mujer extranjera que llega al país a reunirse con su marido. Un perfil tradicional que a priori no tendría por qué ser mantenido en la nueva sociedad. Varios estudios apuntan que la mujer suele encontrar más elementos que facilitan su integración en la nueva sociedad porque por lo general haya más posibilidades de desarrollo económico, social y personal que las que se le brindaban en su país de origen. Pero suele tratarse de análisis particulares, que análogamente se encuentran refrendados por otra pluralidad de casos donde se muestran las limitaciones de la mujer para superar las propias barreras y limitaciones de su grupo de referencia. Otro aspecto interesante es la cuestión de si el status de las mujeres mejora con la emigración. La mayoría de los estudios suelen ser de caso, donde la respuesta a la cuestión depende de los parámetros o valores adoptados por el investigador. P. Hondagneu-Sotelo (2000, pp. 116-117) tras evaluar varias investigaciones internaciones para dar una respuesta a la misma pregunta, aconseja cautela a la hora de zanjarla con un simple monosílabo, si bien apunta que en términos generales la situación mejora claramente cuando la esposa gana más dinero que el marido. En las situaciones donde la esposa sigue ejerciendo de ama de casa, o donde la comunidad de origen y las tradiciones tienen una fuerte presencia no se aprecian grandes variaciones. También es un elemento a valorar las situaciones diversas que se producen cuando tiene lugar la reunificación familiar; tanto si la mujer ha ejercido de cabeza de familia durante la ausencia de marido, o si ha sido ella quien durante un tiempo ha aportado el dinero para el sustento del grupo, son situaciones donde “de facto” ha aumentado su capacidad decisoria y de control. Asumir un papel menos vital no siempre es encajado bien por los maridos, sobre todo si en su comunidad gozan de total impunidad a la hora de actuar.

3.- La imagen derivada del Censimento 2001.
El Censo de 2001 permite efectuar una caracterización demográfica de la población extranjera femenina presente en Italia. Hay un conjunto de apreciaciones que deben ser especificadas para evaluar mejor la aproximación que los datos censales ofrecen. En primer lugar reflejan al conjunto de la población extranjera, es decir, con nacionalidad diferente de la de referencia (la italiana) y no del colectivo de inmigrantes, aunque emplearemos como hemos venido haciendo desde el comienzo del artículo sendas categorías como sinónimos . Otro problema particular en este caso es la fecha, el último censo es del año 2001, un registro que además de contar con 5 años de antigüedad fue efectuado un año antes de la regularización migratoria del 2002 (Ley Bossi-Fini). Aunque hay datos más recientes – y a ellos también nos referiremos –, el censo es más completo.

3.1.- El estado civil, edad y sexo.
El censo de 2001 muestra una feminización numérica en el sentido estricto del término, pues el número de extranjeras residentes supera al de varones (660.694 y 674.195 respectivamente). La estructura por sexos es bastante similar a la de la población italiana, en términos globales. El porcentaje de mujeres italianas es del 51,6%, mientras que el de extranjeras residentes lo es del 50,5%, como resultado de la feminización de los flujos migratorios de los últimos 10 años, así mismo lo revela la evolución de los permisos de residencia. Un análisis pormenorizado ofrece una imagen más elaborada.
Comparando el estado civil entre hombres y mujeres, la proporción de varones solteros supera a la de mujeres. Sin embargo, la proporción de casadas es la mayor. Esto no siempre significa – aunque sí ha sido la pauta dominante – una presencia femenina extranjera derivada de la reunificación familiar. Algunas tradiciones migratorias, como la de Filipinas o Perú, han estado protagonizadas en un primer momento por mujeres casadas (en su mayoría) que acudían solas a Italia asumiendo un rol económico activo. También debe señalarse que el número de extranjeras desposadas con hombres de nacionalidad italiana supera al de italianas que se han casado con extranjeros [Caritas, 2005, 137-138].
En los supuestos de “separados/as”, “divorciados/as” y “viudos/as” la proporción femenina alcanza un porcentaje del 4%, frente al 1,6% de los varones. En este colectivo, algunos autores como N. Nyberg-Soerensen (2002) vislumbran nuevos segmentos en la feminización migratoria. También el número de viudas es 7 veces superior al de viudos, pero como veremos en el análisis de estructura de edad, éstas suelen ser mujeres en edad avanzada que acuden a reunirse con su familia.
Comparando los porcentajes femeninos de estado civil con los de la población italiana, la diferencia más acusada se encuentra en el porcentaje de viudas, que para Italia ronda el 13%, fruto de una población envejecida, donde además las mujeres tienen una esperanza de vida superior a la de los varones.
Los comentarios que habíamos efectuado con anterioridad sobre el estado civil cobran una nueva interpretación si son analizados directamente sobre las 10 naciones con mayor presencia. La proporción de casadas es superior al 50% en Polonia, Albania, Alemania, Francia y Rumania. En los demás países, incluida la propia Italia, la proporción es mayor al 45% y será Perú el único país en donde la proporción de solteras es superior a la mitad (57,34%).
Respecto a la proporción de viudas señalábamos que se trataba de la proporción más disonante de Italia y representaba casi el 13% de las mujeres debido a la estructura de edad más envejecida. Los países con la proporción más cercana son Alemania (7,86%) y Francia (7,94%). En los demás la presencia de viudas suele rondar entre el 2 y el 3% con la ligera salvedad de la Rep. Fed. Yugoslava que se acerca al 4%; la proximidad física del país pero también su sangrienta historia reciente pueden explicar estas variaciones.
Lo que ya resulta más interesante para analizar la autonomía de los flujos migratorios femeninos es tanto el número de solteras – que ya hemos visto y que con la salvedad de Perú sería una variable de segunda importancia – sería el número de separadas y divorciadas. Si bien numéricamente son poco significativas, reflejan a mujeres donde claramente la decisión de emigrar es tomada en primera persona. Podemos agrupar en un primer segmento las naciones donde la proporción de separadas y divorciadas oscila entre el 6-8%: Rumania, Alemania, Francia y Polonia, todas elllas naciones europeas. En un segundo cluster se incluiría la propia Italia y tendría una magnitud inferior al 3%; además agruparía a Perú, Rep.Fed. Yugoslava, Marruecos, China y Filipinas (ambas con menos del 2%).

Gráfico 2.- Estado civil de las 10 nacionalidades más numerosas en Italia (mujeres)













Fuente: Censimento 2001. Elaboración propia.

El colectivo de extranjeros en Italia cuenta con una edad ligeramente superior a 30 años (30,4 para los hombres y 31,4 para las mujeres), mientras que para la población italiana la media roza los 42 años (40,1 para los hombres y de 43,1 para las mujeres) [Istat, 2005]. A través de la observación de las pirámides (Gráfico 3) de población podemos examinar la estructura por sexos de la población extranjera residente en Italia y realizar alguna comparación con la pirámide de población Italiana. Visualmente ambas poblaciones tienen una estructura por edades dispar que encuadra con la realidad de una población inmigrante en un país desarrollado y envejecido. La población italiana muestra unos numerosos cohortes en edad avanzada, con una sobrepresencia femenina en las últimas etapas. La baja fecundidad se manifiesta a través de la estrecha base.
Siguiendo algunas tesis demográficas recientes podríamos preguntarnos si el perfil de la población residente inmigrante “complementa” a la nativa. Gráficamente, - y reiterando la aclaración de que hemos representado la población extranjera residente– se observa que las generaciones más viejas apenas tienen representación en la pirámide de los extranjeros, que sí aglutinan numerosas cohortes jóvenes. La población en edad laboral se concentra en las cohortes de 30-44 años, con una distribución similar para ambos sexos, aunque ligeramente favorable a los varones.

Gráfico 3: Pirámides de la población extranjera e italiana según edad, sexo y estado civil
















Fuente: Censimento 2001. Elaboración propia.
La pirámide (Gráfico 3) también nos permite apreciar con mayor detalle la distribución del estado civil por grupos de edad. Al principio del apartado comentamos que la distribución total del estado civil – aunque con matizaciones, donde la más destacada era las viudas – no difería notablemente entre italianos y extranjeros. El detalle por grupos de edad muestra que los inmigrantes, y en especial las mujeres, se casan a edades más tempranas.
A continuación hemos confeccionado cada una de las pirámides de la población por edad y sexo de los 10 países extranjeros más numerosos según el Censimento 2001 (Gráfico 4). La presencia extranjera dominante es la de Marruecos. En los años 80 la emigración marroquí era sobre todo masculina pero a lo largo de los 90 vivió un fuerte proceso de reagrupación familiar. No obstante, como muestra la pirámide, todavía se trata de una población masculina dominante con una sobrerepresentación entre los adultos, ya que entre la población más joven hay una práctica equiparación entre los sexos que se explica por la presencia de menores de esta nacionalidad y por el propio asentamiento familiar. El número de menores de 15 años según el último censo era de 57.778, es decir el 32% del total de su población residente.
La segunda nación con mayor presencia es Albania, que al igual que Rumania – que ocupa la tercera plaza – representan el nuevo dominio demográfico de Europa del Este en la emigración italiana frente al tradicional predominio africano, que todavía era claro en el censo de 1991. El perfil de Albania muestra una clara tendencia al equilibrio entre los sexos con una presencia femenina para todas las edades ligeramente inferior a la masculina.
El caso de Rumania, siendo también una presencia consolidada en los años 90 muestra una pirámide con características propias: es una población cuyo volumen de hombres y mujeres está equilibrado, con la peculiaridad de que la mayor parte de la población se concentra entre los 20-44 años, - es decir, una edad potencialmente laboral -, y la presencia de menores es significativamente inferior al caso albanés. A pesar de ser dos países que pertenecieron al bloque comunista, el papel de la mujer es dispar, las mujeres de Rumania poseen una mayor formación e integración en el mercado laboral, también emigran más de manera autónoma.
De hecho la forma de la pirámide de Rumania se semeja a la de Filipinas, en el sentido de que la mayor proporción de gente se encuentra en la franja de actividad laboral, si bien deben hacerse ciertas salvedades. La población femenina es mayoritariamente femenina, rasgo que es muy evidente a partir de la población mayor de 25 años. En la nacionalidad filipina la poca incidencia de menores entre los residentes, a pesar de la relativa antigüedad en el país – que ya en los 80 era una de las naciones extranjeras con más presencia – denota que el establecimiento de los efectivos obedece sobre todo a motivaciones laborales (y no a la reunificación familiar). En los 80 las filipinas tenían el mayor número de matrimonios mixtos, y en la información que proporción Cáritas-Dossier Statistico 2004 continúan estando entre las tres primeras nacionalidades con mayor número de matrimonios con varones italianos, lo que significa que de haber descendencia, tendría nacionalidad italiana.
La pirámide de la Rp. Fed. Yugoslava muestra una población extremadamente joven y ligeramente superior en la proporción de varones en la franja 30-54. Resulta curioso contemplar cómo Rumania y Rp. Fed. Yugoslava han optado por un patrón migratorio tan dispar.
El perfil chino también es joven y con una presencia de sexos muy equilibrada. La presencia de menores, especialmente de niños con menos de 4 años puede estar explicada por la lejanía del país que incita a que la emigración acometida sea un proceso de largo plazo que afecta a toda la unidad familiar.
Perú es la octava nación con más presencia en Italia y representa la pujanza de la emigración latinoamericana en el país, un flujo reciente caracterizado porque sus cohortes femeninas son las que han iniciado la cadena y a la hora de efectuar la reagrupación familiar en numerosas ocasiones privilegian la llegada de los hijos menores sobre los cónyuges.
Las pirámides de Alemania y Francia representan la excepción en esta cata de las 10 nacionalidades extranjeras con mayor presencia (residentes) en Italia. Su perfil insinúa que el motivo de su presencia en el país tendrá aspectos diferenciadores frente a las demás naciones. La población menor a 25 años es muy pequeña, pero lo verdaderamente distintivo es la población de más de 54 años, una población que en el caso de Alemania es incluso superada por la población 54-64 años. En ambos casos se trata de una estructura donde la presencia femenina supera a la masculina.
El país que ocupa la 10ª posición es Polonia, con una estructura cuyo perfil femenino es bastante similar al de Rumania, pero con una presencia masculina menos numerosa.
Analizadas en su conjunto las naciones anteriores que presentan una fuerte presión demográfica puede ser agrupadas en dos cluster:
El primero formado por Polonia, Rumania, Filipinas y Perú: se caracterizan por (1) una presencia femenina dominante, aunque las diferencias de grado son acusadas; (2) mayor presencia de los contingentes en edad potencialmente laboral; (3) pocos menores, aunque habría que realizar matizaciones para el caso de Filipinas y Perú. En el primer caso, porque se trata de una población muy asentada, y en el segundo porque, si bien se trata de un flujo reciente, en su cadena de reagrupación familiar privilegia la llegada de los niños antes que de los hombres adultos. En ambos casos la cabeza migratoria es femenina
El segundo grupo está formado por Albania, Rep. Fed. Yugoslava, China y Marruecos. Entre los rasgos comunes despunta (1) la mayor presencia de menores (más o menos significativa), (2) perfiles ligeramente masculinos. Semeja que sería la mujer quien acude al país por motivos de reagrupación familiar y sería la que llevaría consigo a los hijos menores. En este cluster, donde el área geográfica de origen es tan variopinto, resulta difícil encontrar una rasgo cultural común que explique el anterior comportamiento.








Gráfico 4: Pirámides de las 10 naciones extranjeras con mayor presencia en Italia


































Fuente: Censimento 2001. Elaboración propia.

3.2.- El nivel educativo de las inmigrantes
Entre los aspectos positivos asociados a la feminización de la emigración, de cómo puede contribuir a la mejora de las condiciones de las propias migrantes y a la mejora de condiciones económicas y sociales para las que permanecen en los países de origen, está la educación. Desde la teoría económica se propone que la persona que emigra es aquella con mayor acerbo de capital humano: ya sea porque la emigración es una decisión que implica asumir ciertos riesgos, o porque se selecciona al más apto y formado del grupo. En los Dossier di Immigrazione de Caritas de los últimos años se insiste en la capitalización educativa que caracteriza a las nuevas inmigrantes, principalmente de Europa del Este, herederas de la tradición instructiva habida en el bloque soviético antes de su desmantelamiento. Acudiendo a los permisos de residencia, y significando el número de entradas femeninas por motivos de estudio, se observa un discreto aumento en términos absolutos, pero se traduce en un drástico descenso en términos porcentuales con respecto al total de permisos entre 1992-2003. De modo que se ha pasado de 8.996 permisos femeninos de residencia en 1992 por motivos de estudios (y de ellos 4.853 eran solicitudes de países con fuerte presión demográfica) a 21.248 permisos por el mismo motivo y sexo en 2003. No obstante, en realidad, debido al significativo crecimiento del número de inmigrantes en la última década, la causalidad debida a los estudios ha reducido su incidencia pasando de ser el 3,47% del total al 2,92% (en el supuesto de nacionalidades de fuerte presión demográfica ha pasado de representar el 3,1% al 2,37%) (ISTAT, 2004). Las limitaciones de esta fuente para contabilizar a las jóvenes que eligen Italia para continuar sus estudios son importantes, pues sólo refleja a la parte de las mujeres que acuden al país para incrementar su formación, que son un porcentaje muy limitado y no incluye las cifras de las menores de edad, ni tampoco de todas aquellas universitarias que animadas por el nuevo escenario de convergencia educativo de la UE continúan de manera temporal sus estudios en otro país miembro de la Unión, sin necesidad de haber cambiado su lugar de residencia legal, ni haber efectuado una solicitud de residencia en el lugar de acogida.
Acudiendo al último censo puede extraerse una primera comparación entre el grado de instrucción de la población femenina residente total y la extranjera. Examinaremos a través de un gráfico (Gráfico 5) el nivel educativo de la población extranjera femenina según su edad. En el Censimento 2001 los grupos de instrucción que se recogen son: licenciatura; diploma universitario o terciario de tipo no universitario (a los que hemos agrupado en un mismo grado: instrucción universitaria); diploma de escuela secundaria superior; diploma de escuela media inferior o formación profesional (que hemos denominado educación secundaria); diploma de escuela elemental (primaria); alfabetos sin escolarizar y analfabetos (ambos agrupados como estudios inferiores a la categoría de primaria).








Gráfico 5: Nivel educativo de las mujeres extranjeras e italianas



















Fuente: Censimento 2001. Elaboración propia.

La presencia de extranjeras con un alto grado de formación que se observa en el (Gráfico 5) matiza el estereotipo de la inmigrante sin formación escolar. Imagen que en Italia era hasta cierto punto cierta en las fases previas al periodo de inmigración masiva (años setenta) con las mujeres procedentes de las ex-colonias. Por lo general, las mujeres con alta cualificación que han emigrado al extranjero provienen de dos contextos: de un lado están las clásicas áreas de origen del flujo migratorio, países en vías de desarrollo; del otro lado las provenientes de los países desarrollados. En el primer caso, los migrantes provienen de zonas económicamente desaventajadas en donde la población es constreñida a emigrar para sobrevivir o ayudar a la familia que permanece en el país de origen; dicho imperativo hace que acepten trabajos marginales o mal pagados que reducen sus competencias por debajo de su nivel de cualificación. En el caso de las mujeres altamente cualificadas y emigrantes de países industrializados, las motivaciones son aquellas características de una sociedad desarrollada en donde la mujer ha adquirido un notable grado de emancipación e independencia en sus decisiones. En el Gráfico 5 también muestra que son las extranjeras las que, en una cifra muy superior a la población femenina total poseen mayores cotas absolutas de instrucción inferior a la primaria. El déficit de educación primaria, o la falta de estudios en la población femenina menor de 14 años revela a un porcentaje de niñas que están sin escolarizar, y el hecho de que sea inferior al de niños hace suponer que se trata de un problema de adaptación al nuevo país, no una cuestión de discriminación por razón de sexo.
El gráfico permite comparar la población femenina extranjera e italiana respecto a su mayor nivel educativo. Es en las edades más jóvenes donde Italia exhibe porcentajes cuyo grado educativo es superior al de las extranjeras, lo que delata el avance experimentado en los últimos 20 años (la extensión de la edad obligatoria de escolarización y la propia difusión de enseñanza entre las mujeres). Pero en la población de más edad hay varios elementos que conviene señalar. Primero, que la proporción de mujeres italianas que sólo tienen educación primaria supera el 50% (54%) en el tramo de edad entre 60 y 64 años, y si se suma a la proporción de mujeres con formación inferior a la primaria llega al 66%. En el caso de las extranjeras, el porcentaje además de ser mucho más pequeño tampoco experimenta la tendencia creciente y clara que se observa entre las italianas a medida que tiene más años. La tendencia que se observaba en la educación primaria también se aprecia para la educación secundaria. Entre la población italiana más joven, de nuevo como resultado de la difusión educativa las diferencias entre los grupos que poseen un grado de formación secundaria están muy marcados por la edad, es decir, el mayor porcentaje es inversamente proporcional a la edad. La población extranjera presenta en las edades más jóvenes un menor porcentaje que la italiana en mujeres que han conseguido un grado educativo de secundaria. Pero esta presencia es muy significativa en todos los cohortes de edad representados y no desciende del 50%. En cuanto a la proporción de mujeres con estudios superiores universitarios la única edad donde el porcentaje de italianas y extranjeras presenta un porcentaje similar es entre 25-34 años, en los demás grupos la diferencia siempre es favorable a las extranjeras.
Comparativamente, la inmigrante también posee un mayor grado de educación al varón extranjero. Esto se puede observar en la pirámide (Gráfico 6). La mejora educativa, que por lo general ha beneficiado más a las mujeres en las últimas décadas, tiene su claro reflejo en la pirámide de edades. Respecto a la educación terciaria, desde los 20 a los 59 años en cada grupo quinquenal las mujeres extranjeras poseen una educación superior o incluso muy superior a la de los hombres. Sólo en los últimos cohortes la tendencia se invierte. En la educación secundaria, aunque con oscilaciones la pauta dominante también es femenina. La proporción de mujeres con estudio de este tipo supera a la de varones a excepción de los grupos de edad 15-19 y 30-44.
Que una mayor proporción de muchachas extranjeras posea un grado educativo superior a la de los varones encuentra una posible explicación en que su incorporación al mercado de trabajo es más tardía, por lo que puede acumular un mayor bagaje educativo. Como veremos más adelante, la inserción laboral masculina en las primeras edades es muy superior a la femenina, por lo tanto probablemente interrumpen sus estudios.
El siguiente indicador complementa estas afirmaciones (Tabla 2). A través de un simple índice de feminización, donde se divide por cada grupo de edad el número de efectivos femeninos para cada nivel educativo con el correspondiente masculino. La lectura del cuadro es sencilla: cuando el índice es mayor que la unidad podemos decir que hay más mujeres que hombres para ese grupo de edad y nivel educativo. Comparativamente, la mujer inmigrante tiene un mayor grado de educación que el varón en los ciclos superiores. De hecho en la tabla se observa claramente como todas las cohortes de edad inferiores a los 60 presentan unos índices superiores o iguales a la unidad. La situación opuesta la encontramos en los niveles educativos inferiores, donde las mujeres superan a los varones en las cohortes de edad más avanzadas.

Gráfico 6: Pirámide de la población extranjera e italiana según edad, sexo y nivel educativo




























Fuente: Censimento 2001. Elaboración propia.


Tabla 2.- Feminización en los diferentes grados educativos según el cohorte de edad para la población residente extranjera (grado educativo donde el número de mujeres iguala al de hombres=1)








Fuente: Censimento 2001. Elaboración propia.

Organizaciones como Cáritas han llamado la atención sobre el número creciente de mujeres que acude a cursos de formación y gestión para poder iniciar su pequeño negocio (Cáritas 2004). Entre los grupos con mayor iniciativa están las latinoamericanas, chinas, eslavas, croatas. Junto al grado educativo que posee la emigrante, también es determinante el proyecto migratorio elegido. Aquellas inmigrantes con perspectivas de una integración definitiva en la nueva sociedad tendrán mayores expectativas a la hora de mejorar su formación o sacarle un mayor rendimiento que aquellas que incluso por cercanía geográfica con su país de origen ven la etapa inmigratoria como una elección corta y definida.
Si seleccionamos del censo del 2001 las 10 primeras nacionalidades (población mayor de 6 años) podemos elaborar un conjunto de gráficos donde observar el porcentaje de mujeres por nacionalidad y su grado educativo (Gráfico 7). Las oscilaciones de algunas de las nacionalidades respecto a la media de la mujer extranjera son importantes aunque también lo son respecto a la propia Italia. De hecho, lo primero que llama la atención es que el porcentaje de mujeres con formación universitaria italiana es menor a la media extranjera, que casi la dobla (7,3% vs. 13,3 %) y bastante inferior a las mujeres con formación secundaria. Esta mayor formación superior de las extranjeras encuentra una primera explicación en el peso específico de las ciudadanas residentes de los países de la UE15 (Francia y Alemania), y también del resto de Europa, donde el caso más significativo sería el de Polonia.
Gráfico 7: Grado educativo femenino de las 10 naciones más numerosas en Italia































Fuente: Censimento 2001. Elaboración propia.
Una formación notable la presentan las oriundas de las Filipinas. Filipinas siempre se ha caracterizado por presentar un perfil migratorio con un importante grado de capital humano, concretamente el perfil femenino está fuertemente especializado en el sector sanitario y educativo. No obstante, y aquí reaparece la importancia de la contextualización, tales títulos superiores respecto a los europeos, aunque son parámetros semánticamente iguales, en términos cualitativos muestran un menor grado formativo . Perú también presenta un perfil educativo alto. La inmigración femenina procedente de Latinoamérica suele tener un notable grado de formación. Como hemos visto en las pirámides por edad y sexo es una emigración fuertemente femenina y joven. Filipinas y Perú se ha caracterizado por sus cadena migratorias femeninas y la alta instrucción de sus componentes.
Las mujeres con peor formación escolar serían las provenientes de Marruecos, que exhiben las peores ratios en todos y cada uno de los grupos educativos. Aunque son países que no se encuentran entre las 10 primeras naciones del 2001, pero sí poseen una notoria presencia en el total de extranjeros residentes, Senegal y Túnez también presentan cifras semejantes en la educación, lo que apunta a que las diferencias culturales todavía tienen un fuerte reflejo educativo.
Las nacionalidades de Albania, Ex.Rep. Yugoslava y Rumania ocupan entre la 4ª y la 6ª posición de naciones con mayor presencia de mujeres residentes. El perfil de Albania es bastante cercano al de la mujer media extranjera excepto en el número de universitarias que sólo es del 7,3%, como la propia Italia. En cambio Rumania muestra mayores ratios.
3.3.- Breve análisis del mercado de trabajo
La población extranjera en el Censimento 2001 representa el 2,34% de la población total de Italia ( y el 2,39% de la población italiana). Respecto a la población ocupada, los extranjeros residentes (ocupados) alcanzan el 3% (3,03%), siendo la proporción por sexos del 2,78% de mujeres y del 3,19% de hombres. Para tener una imagen más precisa del volumen de activos por su edad y sexo hemos elaborado un gráfico (Gráfico 8) con las líneas de actividad, donde se relaciona (en tanto por cien) a cada grupo de activos con la población de su misma edad y sexo (ocupados por grupo de edad/total grupo de edad *100), según el colectivo de referencia (Italia y extranjeros residentes).










Gráfico 8: Población activa y activa ocupada por grupo de edad (%)





















Fuente: Censimento 2001. Elaboración propia.
En las edades tanto de entrada como de salida laboral existe una horquilla entre italianas y extranjeras de ambos sexos. El retraso en el inicio de la vida laboral de la población italiana (pues la misma pauta se observa en las mujeres y los hombres) obedece a un mayor período formativo y también al grado económico de la población y amparo familiar que le permite postergar el inicio de su vida laboral. Por el contrario los extranjeros – y aquí sí debe especificarse el sexo – comprendidos entre los 15 y los 19 años presentan una tasa de actividad por su grupo de edad superior al 40%, lo que revela la motivación económica que subyace en una parte sustancial de la inmigración. El mayor diferencial radica en las edades más jóvenes, donde en el inicio de la vida laboral existe un diferencial de casi 20 puntos y converge de forma paulatina hasta el tramo 30-34 años. Este nuevo dato es coherente con la juventud de la población inmigrante. En los hombres una práctica total coincidencia en las tasas de actividad 35-49 años para nativos y extranjeros, que coincide con los máximos de ocupación (92,9% para los varones italianos y 94,4% para los extranjeros). A partir de entonces las evoluciones divergen nuevamente a favor de los extranjeros y la diferencia de 10 puntos de mantiene constante hasta la salida del mercado de trabajo a partir de los 65 años.
En el caso de las mujeres hay que destacar varios elementos. Primero, se repite la característica universal de que la proporción de hombres empleados es superior a la de mujeres de su mismo origen (italianos y extranjeros). Los datos insinúan un perfil femenino inmigrante que difiere del masculino, más orientado al mercado laboral. Alguno de los resultados de las secciones precedentes ofrecían un cuadro dominante de emigrantes casadas que habían llegado al país a través de la reunificación familiar, carentes de una motivación laboral propia. La variabilidad entre las líneas de ocupación femenina es mayor que la masculina, y las diferencias obedecen a otras causas. Las mujeres extranjeras más que doblan la proporción de las mujeres italianas cuando entran en el mercado de trabajo, y al alcanzar la edad de la jubilación, también abandonan en mayor medida la población activa. En la franja de edad desde los 20-24 a los 45-49 años la proporción de mujeres italianas ocupadas es superior a la de extranjeras. Esto debe atribuirse a que las italianas han dado preferencia a la adquisición de formación y que cuando entran en la vida laboral posiblemente lo hagan en sectores donde se requiere una mayor cualificación que los que emplean a mujeres extranjeras. La situación se invierte a partir de los 49 donde de nuevo la proporción de extranjeras activas es mayor, pero las diferencias entre las dos magnitudes son más suaves. A su vez coincide con los grupos de edad que no han vivido la incorporación al trabajo habida a partir de los años 70.
Los datos de la baja ocupación de las mujeres extranjeras femeninas son significativos, sobre todo si tenemos en consideración que la tasa de ocupación en Italia del 32,01% (frente al 54,82% de los varones en Italia, y la media que es del 42,94%) [Censo 2001], está entre las más bajas de Europa. Dicha afirmación debería ser tomada con precaución y sería errado extrapolarla al momento actual, ya que – como hemos señalado en la primera parte del artículo – fuera del cómputo censal queda una parte de la nueva emigración acaecida después del 2001, donde por su procedencia de Europa del Este, y también de América Latina, tendría más peso la población femenina que trabaja. También debe señalarse que en la mayor parte de los flujos internacionales se cumple la característica de que la tasa de empleo de las nativas supera a la de las extranjeras (ONU, 2005). Y sería en los países de la Europa Mediterránea donde esta pauta, de darse, estaría más atenuada por la baja incorporación femenina al mercado de trabajo. Acudiendo a la base de datos de Eurostat, para 2004, la media de las tasas de empleo femeninas era del 55,7% en los países UE15, y la proporción aumentaba algo más de un punto para la UE25 (56.8%), pues en el área que estuvo bajo la influencia del bloque comunistas la presencia de las mujeres en el mercado de trabajo era alta . En el conjunto de los países mediterráneos la tasa de empleo femenina italiana es incluso inferior a la media, pues su 45,2% es igualado por Grecia, mientras España y Portugal muestran unos porcentajes más altos: 48,3 y 61,7% respectivamente .
Por nacionalidades y representando una vez más las 10 naciones más numerosas vemos que en todas la proporción de mujeres que pertenecen a la población activa es inferior a la masculina. Así se refleja en el Gráfico 9, donde lo relevante son las diferencias entre las magnitudes de cada nacionalidad. En un primer grupo hemos juntado aquellos países que la diferencia en tasas de actividad entre hombres y mujeres es inferior al 10%: Perú y Filipinas. Como venimos observando a lo largo del estudio los dos países presentaban similitudes demográficas y educativas que se han trasladado al plano laboral. También resulta curioso que si bien hemos estado comentando el fuerte perfil activo de estas mujeres como grupo migratorio, realmente tengan unas tasas de actividad inferior a las de los hombres de su mismo grupo nacional. En conjunto ambos países poseen las tasas de actividad femeninas más altas (un 80,.9% para Filipinas y un 73,7% para Perú) seguidas a gran distancia por Rumania (62,1%).

Gráfico 9: Población activa total según las 10 nacionalidades más numerosas en Italia.










Fuente: Censimento 2001. Elaboración propia.

El segundo cluster sería el dominante, donde la diferencia de la población activa por sexos sería mayor al 20%. En la propia Italia esta diferencia es del 23,5%, cifra muy similar a la que presentan las francesas y alemanas en el país (en ambos casos una cifra mucho más alta que la de sus propios países de origen) . Polonia, China y Rumania también estarían dentro de este grupo. A más de 10 punto de distancia estaría la Rep. Fed. Yugoslava donde tan sólo el 44,3% de las mujeres pertenecen a la población activa frente al 81,3% de los hombres. Los valores más altos serían los de Marruecos y Albania donde la mujer continúa desempeñando un rol doméstico como el que ocupa en su país de origen.

4.- Comentarios finales
El análisis que hemos realizado de la población femenina inmigrante se basa en gran parte en el Censimento 2001, aunque también se ha acudido a la información disponible sobre los permisos de residencia para la década de los noventa y otras fuentes de manera muy puntual, todas ellas disponibles al público en general. La presencia femenina ha sido un elemento muy visible en la inmigración italiana, puesto que entre los primeros contingentes inmigratorios registrados en el país eran numerosas las mujeres que acudían a desempeñar labores domésticas en casas particulares, previamente contratadas por sacerdotes o antiguos residentes de las ex-colonias a partir de los años setenta. Conforme la mujer italiana se iba incorporando al mercado de trabajo, también se incrementaba la oferta de empleo relacionada con el cuidado de la casa y de la asistencia a ancianos y enfermos, una ocupación poco atractiva para las propias oriundas por las bajas condiciones retributivas y su sujeción de horarios.
A finales de los ochenta la inmigración en Italia se convirtió en una realidad palpable y desde el punto de vista gubernativo y social comenzaba a ser obvia la necesidad de fijar esta población creciente en el tejido social. En los años 90 la entrada por motivos laborales en el país se redujo y se produjo contemporáneamente un fuerte aumento de las entradas por reunificación familiar. La evolución de los permisos de residencia por este motivo tiene el inconveniente de que no recoge la presencia de los niños, pero como contrapartida puede ser interpretada como una variable proxy de la llegada al país de mujeres esposadas. Singularizando sólo la entrada en el país por motivos de “trabajo” y “reagrupación familiar” la evolución ha sido casi que la inversa, como señalamos en el texto. En 1992 el 45% del total de las entradas era producido por motivos laborales, mientras que sólo el 30% era por motivos familiares. En cambio en el 2003 era el 34% por trabajo, pero un 51% por familia.
Respecto al estado civil de las extranjeras, más del 50% son casadas, mientras que en los hombres el estado civil dominante es la soltería. Comparativamente con las mujeres italianas, las extranjeras tienen un menor porcentaje de soltería. Curiosamente la proporción de separadas y divorciadas es muy similar al de la media de Italia, alrededor del 4%. Del total de efectivos extranjeros con una situación de separación, divorcio o viudez casi tres cuartos son mujeres, lo que demuestra que para un colectivo previsiblemente creciente de féminas la emigración será – y es – una forma de comenzar una nueva vida, buscando un modo de lograr el propio sustento y la independencia económica.
En cuanto a las edades, en término medio la población femenina extranjera residente en Italia tiene una edad de 31,4 años; más del 78% posee una edad potencialmente activa (esto es, entre 16-64); y entre las naciones dominantes en el Censimento 2001 en un conjunto considerable de países más del 80% del contingente femenino se encuentra en este segmento. Las mujeres inmigrantes presentan un cuadro instructivo superior al de los varones, pero también más alto que el de las mujeres italianas. Que la población femenina emigrante sea más instruida, lo que devengue beneficios tanto en la sociedad de origen como en la de destino [ONU, 2005]. De origen, porque la mujer suele invertir más en la creación de redes sociales en el lugar de donde proviene, ayudando directa o indirectamente a que otras mujeres posean no sólo la información sino también los medios para materializar sus propias decisiones. En cuanto al lugar de destino, porque aunque la mujer sufra un agudo proceso de descapitalización en el mercado laboral, aquellas con un mayor acerbo educativo podrán salir con mayor facilidad de las actividades por excelencia femeninas – sector doméstico y asistencial -. También poseen un mayor capital relacional y capacidad para integrarse en la red social. Comparativamente, y respecto de la media extranjera residente, las diez primeras naciones extranjeras dominantes en el censo de 2001 no ofrecen una clara sintonía con los valores medios instructivos. Una de las razones se encuentra en la fuerte divergencia geográfica que se parapeta tras cuadros culturales dispares. La notable presencia de europeos en Italia explica en parte esta característica, aunque no en exclusividad, como demuestra el alto nivel educativo mostrado por las mujeres procedentes de Perú o Filipinas.
En el último apartado hemos efectuado un somero análisis de la presencia de la mujer extranjera en el mercado laboral. Hemos reparado en primer lugar en la actividad y ocupación de hombres y mujeres tanto extranjeros como italianos. Los resultados alcanzados coinciden con pautas bastante previsibles para estos cuatro grupos. En primer lugar, que independientemente de la nacionalidad el porcentaje de población activa y ocupada es inferior para mujeres que para varones. Un segundo aspecto a comentar sería que la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo suele ser más tardía al de los varones. Otro elemento a destacar, pero este ya característico de Italia, es que el diferencial entre la actividad de la población femenina extranjera y la de las nacionales es inferior al que se encuentra en otros países desarrollados, por la baja tasa de actividad de las mujeres italianas.
La nota final con la que deseamos cerrar nuestro artículo quiere mirar hacia el presente. En la primera parte del texto hemos comentado que una de las características de la reciente inmigración a Italia era su variabilidad. De hecho, en los datos disponibles para el 2005 se observan variaciones en la composición de las 10 naciones dominantes en el país que confirman el afianzamiento de las naciones que pertenecían al antiguo bloque soviético y una emergente presencia de los países de América Latina. Como ya se ha visto a lo largo de nuestra exposición, precisamente estas dos macroáreas se había destacado por la elevada instrucción de las mujeres y su inserción en el mercado de trabajo. Cabe por tanto esperar que en un futuro reciente conquisten mejores posiciones laborales donde poner en práctica sus cualificaciones, lo que contribuiría también al enriquecimiento de la sociedad de destino.







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