ENCUENTROS ACADÉMICOS INTERNACIONALES
organizados y realizados íntegramente a través de Internet



ALGUNAS HIPÓTESIS SOBRE LA RELACIÓN ENTRE UN SISTEMA ORGANIZATIVO Y LA ENERGÍA DISPONIBLE.
 


Alfredo González Colunga. Ingeniero Técnico Industial.

Resumen:

Que uno de los valores más destacados de la Economía sea su capacidad predictiva la convierte en una disciplina acogedora para el análisis de modelos que pudieran incrementar capacidad. En este texto se ofrecen algunas hipótesis referidas a la relación entre un sistema organizativo y la energía de que dispone para mantener dicha organización. Es una propuesta en muchos aspectos incompleta e insuficiente, pero pese a tales limitaciones me decido a ofrecérsela debido a las responsabilidades no sólo económicas, sino sociales, morales y éticas en las que pudiera incurrir, y que desearía compartir con ustedes.

El texto se divide en dos partes. En la primera se exponen de una forma, me gustaría pensar, razonablemente sistematizada, una serie de hipótesis de partida. La segunda, breve y más discursiva, incluye algunas consideraciones generales sobre sistemas y subsistemas, centrándose especialmente en una visión sistémica de la sociedad.

Palabras clave: sistema organizativo expansivo, recesivo, sensor, decisor, herramienta.

Este texto fue presentado como ponencia al
CUARTO ENCUENTRO INTERNACIONAL SOBRE
Globalización Financiera
que se realizó del 5 al 24 de octubre de 2006

Esta página muestra parte del texto de la ponencia, pero carece de las tablas o imágenes o fórmulas o notas que pudiera haber en el texto original.

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ALGUNAS HIPÓTESIS SOBRE LA RELACIÓN ENTRE UN SISTEMA ORGANIZATIVO Y LA ENERGÍA DISPONIBLE.



En primer lugar, y como Ingeniero Técnico Industrial, quiero agradecer al Profesor Juan Carlos Martínez Coll y al grupo EUMED que hayan hecho posible mi participación en estas jornadas, ofreciendo a la discusión un texto que está dividida en dos partes, una más estrictamente hipotética y otra discursiva.


-1 algunas cuestiones respecto a los Sistemas organizativos y su relación con la energía disponible.

Un sistema organizativo –ser vivo, empresa, sociedad- requiere una energía para su funcionamiento. Ese sistema organizativo será abierto, es decir, necesita esa energía para

a)mantener su funcionamiento
b)capturar más energía futura y mantener dicha estructura.

Por lo tanto, independientemente de su complejidad interna y del tipo de energía requerida el sistema dispondrá, al menos, de los siguientes elementos:

-sensores, capaces de localizar la energía externa que el sistema necesita.
-herramientas capaces de capturarla.
-un sistema decisor que determine qué hacer en cada momento con la energía disponible.

Para una mejor visualización de esta idea supongamos que un sistema organizativo se desenvuelve en las dos dimensiones de un plano, que en ese plano existe un banco de energía de radio R, y que en el centro de ese banco de energía se sitúa el decisor del sistema organizativo. El decisor dispone de un sensor S, cuyo radio de localización RS es inferior al radio del banco de energía, y unas herramientas para capturar esa energía cuyo radio de acción RH es, a su vez, inferior al radio de acción de los sensores.



En un estado de cosas como el descrito la estrategia a seguir por el decisor será expansiva, esto es, consistirá en capturar mediante sus herramientas la energía disponible e invertir en sus sensores, para continuar localizando energía, y en sus herramientas, para capturarla.

Es importante destacar que aunque la energía disponible, de radio R, sea limitada -es decir, su radio es finito-, el sistema organizativo no dispone de este dato. Dado que su radio de localización de esa energía RS es inferior a R, consideraremos que la energía disponible tiene, para ese sistema organizativo, una apariencia ilimitada.

Aceptando esta idealización es posible concluir que si este proceso se mantiene durante un tiempo llegará el momento en el que, mediante un proceso continuado de inversiones en sus sensores y un consiguiente aumento del radio de acción de los mismos, el radio de localización de los sensores RS llegue a coincidir con el radio R del banco de energía. Dicho de otro modo, el sistema organizativo habrá localizado toda la energía de que dispone y su estrategia óptima se volverá recesiva, esto es, dejará de interesarse –invertir- en la búsqueda de energía exterior al sistema y se concentrará en el uso de la energía disponible restante.


Podemos distinguir al menos los casos para estas situaciones:

-existen varios sistemas de características similares compitiendo por la energía disponible restante.
-existe un único sistema con acceso a esa energía.
-se produce una combinación de ambos fenómenos.

En esta sección haremos mención a los dos primeros casos.


1a-Existen varios sistemas compitiendo por la energía disponible restante.


En este caso la limitación energética generará entre los agentes un proceso de competencia por esa energía.

Este proceso tiene una dinámica propia, muy compleja (hablar de la competencia por una energía de apariencia limitada viene a ser casi tanto como hablar de Economía en genera). La energía podría estar predeterminada, o reproducirse en mayor o menor grado con respecto a las necesidades de los agentes. Pero hay al menos un caso concreto que parece sencillo de analizar:

-La energía disponible restante es no sólo limitada, sino fija: no se esperan en ella variaciones. Además, los competidores conocen ambos hechos.

Un intento de describir este supuesto puede leerse en el breve artículo “Neoliberalismo, teoría de juegos, juegos de guerra”, publicado en “Contribuciones a la Economía” en marzo de este año

http://www.eumed.net/ce/2006/ac-0603.htm

Lo más destacable de un proceso de competencia entre varios sistemas por una energía limitada y fija (inelástica) es el hecho de que no depende, o no exclusivamente, de cuánta energía disponible queda realmente, lo cual es importante a la hora de plantear cualquier transición energética bajo estas circunstancias.


1b-existe un único sistema organizativo capaz de capturar la energía disponible restante.

Dada la existencia de sensores, herramientas y decisores, y dado que estos últimos, para serlo, deben disponer de un cierto control sobre el consumo energético de los anteriores, el decisor

-cesará o disminuirá su inversión en el mantenimiento y mejora de los sensores.
-incrementará los esfuerzos en aumentar la productividad de la energía disponible restante mediante el uso o desarrollo de herramientas específicas..

Este reagrupamiento energético será más o menos flexible, rápido y eficaz según lo sean los propios sensores, herramientas y decisores implicados. Sus características específicas dependerán también de los subsistemas en juego, y el proceso podrá ser de gran complejidad. Aquí se obvia este aspecto de la cuestión, intentando únicamente predecir su tendencia.

Un intento de describir estos supuestos puede leerse en los artículos

“Manifiesto Expansionista”

http://www.eumed.net/ce/2005/ac-expan.htm

y “Por un Nasdaq de la Energía, ya”

http://www.eumed.net/ce/2006/agc.htm

Lo más destacable de estos procesos es que aumentan notablemente las desigualdades en la distribución energética, y que su motor no es el decisor, sino que se encuentra en el descubrimiento de una apariencia de limitación energética


2- Algunas consideraciones sobre la relación entre energía interna y externa de un sistema.


Si consideramos la estructura sensores-herramientas-decisores requeridas por un sistema organizativo como universal, será por tanto aplicable a los subsistemas que componen el sistema. Cada subsistema, por tanto, repetirá la estructura. Así, el sensor de un sistema dispondrá, a su vez, de sensores, herramientas y decisores.

La orientación energética del subsistema será diferente de la del sistema al que pertenece: mientras que la energía del sistema proviene del exterior, la de los subsistemas proviene del exterior de los mismos, pero es interior al propio sistema. Es perfectamente posible entonces que mientras un sistema compite por un tipo de energía su sensor, o su herramienta, lo hagan por otro (entendemos siempre energía como el bien que un sistema organizativo precisa para mantener su estructura).

Algunos sistemas pueden simplemente trasladar la energía externa a sus subsistemas. Pensemos en un motor eléctrico, por ejemplo. Este recibe una energía eléctrica que redistribuye y transmite a sus componentes. La energía eléctrica recibida por los componentes presenta las mismas características que la energía de entrada. Si se produce una variación en las condiciones de generación energética el sistema es muy poco flexible, y su adaptación será evolutiva.

(incidentalmente: el motor es un sistema abierto, no cerrado, es decir, un subsistema herramienta de un sistema decisor que invierte en él para obtener energía futura por encima de la que el aparato consume y, además, de la entropía inherente al proceso. Merece la pena reflexionar sobre este asunto)

Pero al menos en algunos sistemas organizativos existe un conversor de la energía exterior a las necesidades energéticas de los subsistemas. Un subsistema que es utilizado como energía interna del sistema.

Un ejemplo podemos encontrarlo en el individuo. Para su supervivencia necesita oxígeno. Los diferentes subsistemas que lo componen, también, dado que cada célula del cuerpo requiere oxígeno para subsistir. Pero las células no actúan de forma independiente, sino como subsistemas de ese individuo que han cedido a un subsistema específico –digamos, sin mucha precisión, el sistema respiratorio- la transferencia del oxígeno externo a una unidad energética interna, los hematíes, encargados de incorporar ese oxígeno y trasladarlo hasta la última célula del cuerpo.

Así que los hematíes transportan el oxígeno del exterior que las células necesitan, pero lo que las células capturan –o reciben- no es oxígeno, son hematíes. Hematíes que incorporan, a su vez, una determinada carga energética que determinará su valor productivo real.

Podríamos apurar más la formulación y concluir que, de hecho, las células ni saben de la existencia de oxígeno exterior al individuo ni dispondrían, en caso de necesidad, de herramientas capaces de capturarlo y hacerlo útil para sus necesidades.

Así que los sensores y herramientas de las células estarán diseñados para capturar –o recibir- no oxígeno, sino hematíes. Y serán los hematíes, y no el oxígeno, el objeto de competencia en el caso de una limitación en la disponibilidad de oxígeno.

Si aceptamos una las hipótesis ofrecida en la primera parte, según la cual el motor de la competencia por la energía entre subsistemas se encuentra en la disponibilidad energética externa, podremos concluir que para cualquier estimación del valor energético de los hematíes que utilizan los subsistemas y su abundancia relativa habremos de tener en cuenta la disponibilidad energética –riqueza en oxígeno del aire, en este caso- disponible por el sistema en el que se integran.

Cuando el individuo sufre una deficiencia en el aporte de oxígeno al cuerpo éste, a través de procesos, al parecer, muy complejos, genera más hematíes en un fenómenos conocido como poliglobulia. Así sucede a los fumadores, o a los habitantes de la cordillera andina. Ante una limitación del oxígeno entrante el cuerpo genera más hematíes, pero con un menor valor energético.

Los ejemplos, y mucho más las comparaciones, son un terreno resbaladizo. El cuerpo humano es un sistema mucho más asentado que nuestra sociedad,, y al parecer son en este caso los hematíes los que acuden a las células, en lugar de ser éstas las que compitan directamente por su captura.

Esto puede deberse al hecho de que la energía en forma de oxígeno en el aire muestra características muy especiales: no importa el consumo que haga el individuo, no parece que disponga de sensores capaces de apreciar un cambio en la abundancia de la fuente. Algo que encaja bastante bien con la definición de una energía de apariencia ilimitada. En condiciones normales, por tanto, el cuerpo puede considerar garantizada la entrega de hematíes que, con su carga de oxígeno, garantizarán el mantenimiento de la estructura del sistema.

La aparición de una energía de apariencia ilimitada no es el paraíso para los sistemas implicados, sino que simplemente traslada –al menos, hasta ahora así ha sucedido- la competencia a nuevos terrenos. Pero en todo caso la consecuencia podrían ser los millones de especies que pueblan el planeta.


A pesar de las diferencias, y con las oportunas reservas, podemos tratar de establecer, con fines ilustrativos, un paralelismo entre la sociedad actual y un individuo. Esto nos obliga a buscar un caso especial.

Imaginemos que deseamos conocer el estado de salud de un individuo. Para ello le sometemos a todo tipo de análisis, chequeos, tomografías computerizadas... tras cuidadosas valoraciones emitiremos una opinión clínica: el estado de salud del individuo es bueno. Sus perspectivas de vida, optimistas.

Sin embargo en nuestro análisis desconocemos, o no hemos tenido en cuenta, un aspecto relevante referido a ese individuo: se encuentra solo y encerrado en una habitación hermética, sin más oxígeno que el que la habitación encierra.

Podemos suponer que el individuo, enfrentado súbitamente a esta situación, tratará de buscar una salida. Así que invertirá en sus sensores: ojos, oídos, olfato, tacto... en sus herramientas motoras, sus músculos, para hallarla. El individuo distribuiría sus energías de modo aún expansivo, es decir, continuará invirtiendo en sus sensores y herramientas asociadas con el fin. No resulta difícil convenir que esta actitud es correcta. Lo que nos lleva a la conclusión de que, incluso en una situación recesiva, la mejor estrategia para un sistema organizativo es mantener su inversión en sensores. Bien buscando más energía del tipo conocido, bien buscando otras que puedan sustituirlas. Eso lo sabe ese individuo, y también cualquier animal hambriento.

Sin embargo, si el individuo, en algún momento, se rinde, si considera que no tiene posibilidades de escape, su actitud pasará a ser recesiva. Rendirse significa dejar de invertir en sensores y herramientas sistémicos –ojos, pies, manos- y concentrarse en la competencia energética dentro del propio cuerpo. En esta situación el delirio, es decir, la generación de noticias imaginarias, no es una mala opción. Recordemos que el individuo ha llegado a la conclusión de que, sencillamente, ni hay buenas noticias ni se las espera.

Delirio supone la sustitución de la realidad por otra autogenerada, capaz de controlar el estado de excitación que, de otra manera, se apoderaría del individuo. Supone el control de la información exterior, que será sustituida por otra acorde, no con las necesidades del individuo, sino con la de los subsistemas que toman el control, eventualmente el troncocéfalo, el núcleo más duro y primitivo de su sistema nervioso.

¿Puede establecerse un paralelismo entre ese individuo y la sociedad actual? En los treinta últimos años el mundo del arte, de la filosofía, han pasado de un temperamento “moderno”, de la búsqueda de nuevas fronteras en todos los órdenes, del viaje a la luna, a uno “posmoderno”, caracterizado por la negación de la existencia de un relato y la autoreferencialidad. En paralelo, se ha producido una desaparición progresiva de lo que comúnmente se define como ideales, o utopías. Si identificamos a nuestra sociedad con el hombre aislado en la habitación, no puede extrañarnos mucho. ¿Qué clase de relato podría construir?. Mejor dedicarse a otra cosa.

Lo que más llama la atención de un proceso transición de una lucha sistémica a una subsistémica es lo insidioso del proceso. No hace ni diez años aún era posible leer una crítica de cine en un periódico, con alguna esperanza de que la misma fuera redactada con mayor o menor tino, pero desde la independencia. Hoy, el periódico, el cine, la televisión y la distribución pertenecen al mismo dueño. Operan en paralelo la pérdida del relato y la desaparición del narrador. Pero lo realmente asombroso es que este proceso, equivalente, digamos, a la toma de control de los ojos por los oídos, es la inexistencia de una reacción apreciable. Las “sinergias” han aparecido como única justificación.

Los efectos se combinan y amplifican sus efectos. La falta de inversión en censores externos al sistema hace que estos queden a disposición de los cada vez más poderosos subsistemas. Desaparece el arte, pero emerge la publicidad, las cada vez más sofisticadas técnicas de control que la técnica permite

En la sociedad coexisten además los dos fenómenos descritos en la parte primera: por un lado, una limitación energética que opera sobre todo el sistema, pero en cuyo seno coexisten varios subsistemas del mismo tipo que, a su vez, compiten por esa energía.

Ambos procesos interactúan, en dinámicas de gran complejidad.

Pero, ¿es que no hay buenas noticias? El ejemplo del individuo encerrado es incompleto por varios motivos. En nuestro ejemplo no hemos determinado qué información tiene del exterior, o cómo es de grande la habitación, si tiene agua, alimentos, herramientas a su alcance para tratar de abrirse camino hacia el exterior... todas esas informaciones son vitales para la toma de decisiones de ese individuo.

Sin embargo, si podemos reducir sus opciones a dos grandes actuaciones:

-sistémicas, entendidas como aquellas el sistema actúa conjuntamente para resolver su limitación energética.

-subsistémicas: el conjunto de actuaciones que los subsistemas emprenden para resolver su propia supervivencia, sin atender a la del conjunto.


Obviamente la primera es la más satisfactoria para resolver las necesidades energéticas del sistema. Sin embargo requiere una percepción adecuada del problema por parte del decisor (modelización) y las herramientas adecuadas para afrontarla..


Me gustaría aclarar antes de finalizar que, desde esta perspectiva, son cosas muy diferentes la búsqueda de energía más allá de los límites conocidos y la mejora en el aprovechamiento de la energía disponible. La primera actividad, de tipo expansivo, buscaría por ejemplo en nuestra sociedad energías alternativas que subsanen el problema de la limitación energética e incluirían, por qué no, la búsqueda de nuevos yacimientos petrolíferos. Que, eso sí, habrían de ser, para alterar la tendencia recesiva del sistema, de apariencia ilimitada – simples bolsas de petróleo más o menos cuantificables no lograrían este objetivo-.

La segunda, referida a la mejora del aprovechamiento de la energía disponible restante, no sólo incluye la mejora en el rendimiento de los motores de explosión, por ejemplo, sino también la de las técnicas de explotación, la redefinición y ampliación del petróleo o gas aprovechable, etc. Sin embargo unas y otras tienen carácter recesivo: Cuando un niño hace tostadas de un bote de mermelada y llega al fondo también aprende a hacer tostadas con menos mermelada, por un lado, y a rascar con más cuidado el fondo del tarro por otro. Y estará bien. Pero para el siguiente desayuno seguramente preferirá un tarro nuevo, y no es probable que argumentaciones del tipo “esas gotas de mermelada no te parecen rentables hoy, pero ya verás cómo mañana sí” le colmen de gozo.

Final:

Según una breve definición del método científico, que puede encontrarse en Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%A9todo_cient%C3%Adfico), cuyo autor es F. S. Kerlinger, éste se entiende como ”el estudio sistemático, controlado, empírico y crítico de proposiciones hipotéticas acerca de presuntas relaciones entre varios fenómenos”. Aquí se ofrece la última parte pero, independientemente de su consistencia, para que sea realmente eficiente falta todo lo demás. Trabajo de científicos. Con ese ánimo lo presento. Gracias por su atención y amabilidad.


“muramos por las ideas, sí, pero de muerte lenta”
George Brassens.

“sí, y divirtiéndose, cojones”
Juan Cueto
 


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