ENCUENTROS ACADÉMICOS INTERNACIONALES
organizados y realizados íntegramente a través de Internet



Relación Urbano Rural y Medio Ambiente en la Región Centro de Michoacán, México

José Odón García García 
Eduardo Carrillo Silva


Resumen
La dinámica poblacional en la región centro de Michoacán se ha caracterizado por un fuerte impacto de la población urbana en la población del medio rural, particularmente en el propio ambiente regional. Esto ha repercutido de manera negativa en el ya muy vulnerable agro, pues tanto en lo productivo como en lo social se vive una grave crisis, la que se ve agudizada por la expresión más visible del daño que lo urbano hace a lo rural: la emisión y el riego con aguas negras.

Palabras clave
Urbano-rural, crisis agrícola, crisis social, deterioro ambiental, riego con aguas negras.

Este texto fue presentado como ponencia al
TERCER ENCUENTRO INTERNACIONAL SOBRE
Desarrollo sostenible y población
realizado del 6 al 24 de julio de 2006

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Introducción
La Región Centro se encuentra al norte de la Ciudad de Morelia, capital del Estado de Michoacán, pertenece a una región urbano rural estructurada por la ciudad de Morelia en la cuenca del Lago de Cuitzeo, en donde el valle se encuentra en la parte más baja junto con el Lago, recibiendo los efectos de la acción humana y de la naturaleza en el resto de la cuenca, repercutiendo a su vez en el lago.
La actividad agrícola de la Región ha sido predominantemente la producción de granos en los que destacan el trigo, el sorgo y el maíz y una agroindustria dedicada a la transformación de estos principalmente como los molinos de trigo, las fabricas de alimentos balanceados para animales, las aceiteras y la pequeños productores de lácteos. Esta región vivió un proceso de modernización agropecuaria desde la construcción del Distrito de Riego No. 20, en los años 30, hasta la década de los 80. A partir de los cambios en la política sectorial y de la apertura comercial iniciada en esa misma década, se reforzaron fenómenos que se venían suscitando en la región:
a) Un importante retiro del Estado en sus funciones de aseguramiento, asistencia técnica, comercialización, otorgamiento de crédito y abasto de insumos.
b) Una importante caída de los precios reales de los granos.
c) La caída o el estancamiento de los rendimientos de los cultivos por efectos climáticos adversos.
d) El aumento en la emisión de aguas negras de las poblaciones, principalmente de la ciudad de Morelia, que se ha convertido en una restricción cada vez más importante para la conversión productiva a cultivos más rentables, como las hortalizas para la exportación.
e) La falta de capital para el emprendimiento de nuevas industrias transformadoras de los productos agropecuarios.
f) Un estancamiento en la agroindustria regional, relacionado con las restricciones ambientales (aguas negras, calidad insuficiente del producto agropecuario), los precios de los productos tradicionalmente manufacturados, la propia descapitalización de las unidades agroindustriales y la falta de una política de fomento adecuada a las necesidades de una región que enfrenta fuertes restricciones para una reconversión productiva exitosa.
g) Una expansión de las zonas urbanas, particularmente de la ciudad de Morelia sobre zonas agrícolas, ganaderas y forestales (entre ellas zonas de alta calidad).
La consecuencia de estos fenómenos ha sido la descapitalización de un amplio sector de los productores y de los industriales de la región, que los ha llevado a caer en cartera vencida y han dejado de ser sujetos de crédito, formando un circulo vicioso en el que los productores cada vez tienen menos de donde capitalizarse y van endeudándose cada vez más. Esto ha llegado a poner en riesgo de colapso a la producción de la región con su subsecuente impacto socioeconómico negativo, al perjudicar las condiciones de sobrevivencia de la población regional que labora mayoritariamente en el sector agropecuario y ha contribuido grandemente a la migración de fuerza de trabajo a Morelia, a otras partes de Michoacán y del país y a los Estados Unidos.
La reconversión productiva que la política sectorial ha promovido, como salida a la descapitalización de los productores de granos y a la agroindustria regional en el valle se ve fuertemente restringida por esta misma descapitalización y por la calidad del agua de riego, contaminada con la emisión de aguas negras de las localidades urbanas de la región en la que destaca la Ciudad de Morelia, lo que limitando la diversificación hacia productos de mayor rentabilidad como las hortalizas para la exportación, la cual enfrenta restricciones sanitarias muy fuertes (como la Ley de inocuidad alimentaria de Estados Unidos). Por otro lado la agroindustria no ha logrado ni siquiera capitalizar las oportunidades regionales como el déficit en el abasto de leche pasteurizada.
Touraine puntualiza que el actor social no es un conjunto de roles dados por una sociedad o algún poder central: es una unidad. Es aquel que logra ejercer un control regularizador sobre sus actividades en la medida en que vive su historicidad, y que tiene la capacidad de desprenderse de normas y formas de reproducción, tanto de comportamientos como de consumo, para llegar a participar en la producción de modelos culturales (Touraine, 1987: 32). Y solo habrá movimientos sociales y conductas colectivas si el actor tiene la capacidad de superar reivindicaciones y hasta negociaciones políticas, para reconocerse y afirmarse como productor de la situación social -antes que consumidor-inclusive es capaz de cuestionar esta última en lugar de depender de ella por lo que es pieza clave para el emprender procesos de mejora de la competitividad y el desarrollo de una actividad regional.
El papel de los actores sociales tanto individuales como colectivos se hace fundamental en la búsqueda de mejoras en la competitividad sectorial y del desarrollo urbano-rural, ya que es a nivel de estos que pueden generarse procesos de desarrollo comunitario y sistemas de innovación regional, pues son ellos quienes imprimen el rasgo distintivo y aportan los valores culturales que enriquecen dichas propuestas, sin embargo estos también son quienes pueden evitar, bloquear o destruir cualquier impulso.

La región de estudio
La región de estudio es la denominada Región Centro del estado de Michoacán, comprende 12 municipios, siendo estos: Alvaro Obregón, Copándaro, Cuitzeo, Charo, Chucándiro, Huandacareo, Indaparapeo, Queréndaro, Santa Ana Maya, Tarímbaro, Zinapécuaro y como centro urbano importante en la región el municipio de Morelia (INEGI, 2003), que alcanzan una extensión territorial de 3,528 km2, equivalentes al 6 por ciento de la superficie total del estado. Los municipios con mayor extensión territorial (kilómetros cuadrados) son: Morelia (1,336), Zinapécuaro (520) y Cuitzeo (247) (Cuadro 1).




Cuadro 1
Superficie en kilómetros cuadrados por municipio
Municipio Superficie (kilómetros cuadrados)
Región 3,528
Álvaro Obregón 210
Copándaro 131
Cuitzeo 247
Charo 175
Chucándiro 141
Huandacareo 54
Indaparapeo 181
Morelia 1,336
Queréndaro 186
Santa Ana Maya 118
Tarímbaro 229
Zinapécuaro 520
Fuente: Gobierno del Estado de Michoacán. Secretaría de Desarrollo Económico.


Ubicación
La Región Centro se encuentra al noreste del Estado de Michoacán entre los 19º05'40'' de latitud norte y los meridianos 100º43'13'' y 101º30'13'' de longitud oeste respecto al meridiano de Greenwich (SAGAR, 1995: 3). Esta región tiene una superficie de 388,556 hectáreas (Ver Mapa 1 y 2). La región limita al norte con el Estado de Guanajuato, al noreste con la Región Oriente del Bajío, al sur y sureste con la Región de Tierra Caliente y, al oeste con la Región Pátzcuaro-Zirahuén, todas del estado del estado de Michoacán.

Mapa 1
Localización geográfica de la Región Centro


Fuente: Elaboración propia con base en INEGI, 2003, Anuario Estadístico del Estado de Michoacán 2003, Aguascalientes.



Mapa 2
Municipios de la Región Centro


Fuente: CIDEM, 2004.


Factores que Explican la Región Centro
En esta región existen dos zonas principales, cuyas peculiaridades proporcionan cierta homogeneidad en el paisaje, en la primera se presentan características como suelos aluviales y residuales, desarrollados a partir de basaltos, brechas, tobas, andesitas y riolitas, ricos en calcio, magnesio y fierro, moderados en potasio y sodio, arcillosos y muy fértiles. Estos suelos se ubican en Tarímbaro, Alvaro Obregón, Indaparapeo, al norte de Morelia, Charo y Queréndaro, y al oeste de Zinapécuaro. El suelo tiene pendientes leves y existe poca pedregosidad, y son principalmente de tipo vertisol y feozem (naturalmente fértiles). El clima es semicálido y templado subhúmedo, con lluvias en verano. Este lugar se caracteriza por su importante desarrollo agrícola de riego y temporal (SARH, 1987).
En la segunda zona existen elementos volcánicos, con suelos jóvenes formados de manera residual a partir de cenizas volcánicas, son suelos profundos, pedregosos y gravosos, dominan las rocas volcánicas clásticas, tobas ácidas, andesitas y dasitas, existiendo fuertes pendientes. El clima es cálido, semicálido y templado con lluvias en verano y semifrío húmedo con abundantes lluvias en verano. Aquí los suelos predominantes son de tipo luvisol, andosol, acrisol, regosol, litosol, ranker, vertisol y feozem. Por ello estos lugares tienen vocación para la actividad ganadera, forestal y la agricultura de temporal. Los municipios de esta zona son: Morelia, Charo, Queréndaro y Zinapécuaro.
Sobre las características de los suelos cabe señalarse que en las zona cercanas, sobretodo en la orilla, al Río Grande de Morelia se ha observado un aumento en el pH de la tierra, lo que ha provocado que no se aprovechen al máximo elementos como el hierro, el fósforo y el manganeso, los cuales son nutrientes esenciales de las plantas. Pero además, se ha presentado también un aumento de dos de ellos: hierro y manganeso, así como del calcio, magnesio, estroncio, bario y zinc, que contrario a un beneficio a la planta está provocando: formación de costras en los suelos, proliferación de hierbas, trastornos en el desarrollo de las plantas y pudrición de semillas (Silva, 1999).
Esta región es atravesada por tres corrientes perennes: el Río Grande de Morelia, el Río Queréndaro y el Río San Marcos (Arroyo de Guadalupe); existen, además, otros caudales de menor magnitud como el Río Zinapécuaro, el Río Chiquito de Morelia, el Río Los Naranjos y el Río San Lucas Pio. Los almacenamientos superficiales de la zona son: la Presa de Cointzio, la Presa Malpais y el Lago de Cuitzeo.
El Río Grande de Morelia es el más importante de la región, se origina en la unión de los ríos Tirio y Tiripetio aguas arriba de la población del Santiago Undameo, fluye con rumbo noroeste y su caudal es controlado aguas abajo por la Presa Cointzio; una vez que sale de la presa recibe la aportación de varios arroyos secundarios antes de llegar a la ciudad de Morelia, donde se le une el Río Chiquito de Morelia; al salir de la zona urbana lleva un rumbo predominantemente al noreste, cruzando la planicie de Alvaro Obregón (donde se encontraba la Unión) de sur a norte por el llamado Río Rectificado de Morelia, mismo que tiene su origen al poniente de Zacapendo, específicamente en la estación hidrométrica El Plan y en su trayecto hacia el lago recibe las aguas del Arroyo Guadalupe, ya que este es la principal vía superficial de desalojo de aguas negras y la única de la Ciudad de Morelia, y la que tiene la mayor repercusión en la agricultura del riego del Valle Morelia-Queréndaro, pues es la que conduce el mayor volumen de agua para el riego y atraviesa la zona central del valle (Silva, 1999: 8-9).
En gran parte de la Región Centro, pasa el Río Grande de Morelia cuyas aguas riegan la mayoría de las zonas de cultivo de los municipios que la conforman, pero existe una problemática, y es que en las aguas del río se vierten los drenajes de la ciudad de Morelia (sector urbano), así como de los municipios por los cuales pasa. Estos residuos han ido aumentando con el crecimiento de la población de Morelia (Ávila en López, 1991: 240), haciendo cada vez más agudo el problema que trae consigo el regar con aguas negras. Por ello, se plantea la existencia de una relación urbano-rural.
En esta región se llevaron a cabo varios hechos que, con el tiempo, le dieron el carácter distintivo de ser importante desde el punto de vista productivo, específicamente agropecuario. De ahí que para su análisis se tomen aspectos histórico-sociales.
Finalmente el sector productivo que destaca en el medio rural regional es el agrícola, por ello se abordan varios puntos de región agrícola, sin ahondar en ellos. Pero cabe mencionar que esta no sería la única razón por la cual se retoman estos elementos, sino que se encontró que gran parte de la superficie que constituye el valle tiene características que han favorecido el desarrollo del sector agrícola, resaltando así este sector productivo tanto en el territorio como en la población que vive en este lugar, siendo también este sector el más importante entre los integrantes de la unión de productores (Rodríguez, 1998; Saravia; 1985).

Características Demográficas
En esta región encontramos que hay municipios que concentran los principales indicadores poblacionales, tal es el caso de: Morelia; pero a nivel regional van a destacar otros como: Zinapécuaro, Tarímbaro y Álvaro Obregón.
En la Región Centro, en 1970 había una población de 369,898 habitantes y para el 2000 eran ya 844,850. Así esta región ha presentado una tendencia dinámica en su población pues, ha crecido más del doble de 1970 al 2000, observándose una tasa de crecimiento media anual de 2.79% (INEGI, 1970, 1980, 1990, 2000). Con una tasa media de crecimiento anual (TMCA) en la última década de 1.07 por ciento, existiendo una gran diferencia entre hombres y mujeres cercanas a 40 mil personas. Cabe mencionar que el 74 por ciento de su población es urbana y el 26 por ciento rural, registrándose la mayor densidad de población del estado con 225 hab/km2, destacando la capital Morelia con 517 hab/km2 (Gráfica 11).
En esta región, la población existente en cada municipio es muy diferente pues hay municipios como Morelia con 619,958 habitantes, en el año 2000 (registrando una tasa de crecimiento del 3.54%, mayor que la regional), o Zinapécuaro con 48,819 (creciendo a 1.31% en el periodo 1970-2000); y, otros como Chucándiro y Copándaro con poblaciones de 7,432 y 9,133 habitantes, respectivamente, que son los municipios que menor población presentan en la región.
Siendo los municipios que tienen una mayor concentración de población respecto a la región: Morelia, Zinapécuaro, Tarímbaro (con 39,368 habitantes), Cuitzeo (26,269) y Álvaro Obregón (19,490).
Se espera el tamaño de la población de la región para el 2008 alcance los 912 mil habitantes, con una participación a nivel estatal de 22 por ciento, es importante mencionar que las expectativas de crecimiento para el municipio de Morelia indican que será el de mayor crecimiento a nivel estatal pasando de 621 mil habitantes en el 2000 a 684 mil habitantes en el 2008, consolidando su desarrollo urbano; al tiempo que municipios como Chucándiro no obstante de ser los menos poblados de la región presentan tasas de crecimiento negativas, esperándose que para el 2008 tenga una población de por encima de 6 mil personas.
Es importante comentar que en la Región Centro hay muy altos y altos niveles de expulsión de población, al revisar el indicador del grado de intensidad migratoria hacia Estados Unidos (COESPO, 2002) se encontró que en el año 2000 seis municipios tuvieron un grado muy alto de intensidad migratoria: Zinapécuaro, Alvaro Obregón, Queréndaro, Copándaro y Huandacareo y Chucándiro; otros cinco registraron un nivel alto de migración: Santa Ana Maya, Cuitzeo, Tarímbaro, Charo e Indaparepeo; y sólo uno se ubicó con un grado bajo de migración hacia Estados Unidos.
En este mismo periodo se observan bajas tasas de crecimiento, en el periodo 1970-200, e incluso negativas, a saber: Huandacareo con una tasa del 0.53%, Santa Ana Maya creciendo al 0.58%; pero el caso más preocupante es el de Chucándico que registró una tasa del -0.52%, en 1970 había una población de 8,702 habitantes y pasó en el 2000 al contabilizar sólo 7,432 personas.
El 74 % de su población es urbana y el 26 % rural. Concentra el 21 % de la población total y el 24 % de la población urbana del estado. Por municipio, el de Morelia registra la mayor tasa de población, misma que representa el 72 % del total regional y el 84 % de la población urbana de la región. Esta región es la de mayor densidad en el estado con 225 habitantes por kilómetro cuadrado, destacando Morelia y Tarímbaro. Los nacimientos anuales son del orden del 23,613, la tasa de natalidad de la región es de 2.9% de su población, porcentaje inferior al promedio estatal de 3.3% (INEGI, 2003; INEGI, 2001).

La Región Centro como Región Natural
Sobre ello expresa Bassols Batalla (1993) que la división de regiones naturales (climáticas, de vegetación, hidrológicas, etc.) se presenta como una de las más “extendidas y necesarias”, pues el conocimiento de los factores naturales que existen en un lugar específico va a ser necesario para saber con qué tipo de recursos cuenta ésta. Para el caso de México esto es viable porque es un territorio con gran diversidad de ambientes naturales, los cuales a su vez son muy heterogéneos (Santos, 1985: 17).
Por ello cabe resaltar que en la actualidad la región natural ha tenido un giro, contando ahora con una nueva dimensión, donde el medio físico continúa siendo objeto de estudio pero considerándolo como entorno del hombre, y las variaciones introducidas por éste hacen que la región natural deje de ser homogénea, por lo que la acción del hombre que la modifica -o destruye- la convierte en una región dinámica con una evolución más rápida. La recuperación sistemática de los elementos naturales y la aparición de ramas de geografía tales como la biogeografía, la climatología, etc., que precisan las relaciones existentes entre las esferas naturales y las humanas, permiten pensar en una región natural dotada de un contenido nuevo y que puede hoy alcanzar un mayor interés (Cuello, 1995) (Mapa 1).
Un valle es una planicie de tierras entre montes y alturas (Gran Diccionario Enciclopédico Ilustrado, 1979: 390). Con base en lo anterior podemos abordar que la región de estudio -Centro- se localiza en la porción central noreste del Estado de Michoacán y comprende los municipios de Alvaro Obregón, Copándaro, Cuitzeo, Charo, Chucándiro, Huandacareo, Indaparapeo, Queréndaro, Santa Ana Maya, Tarímbaro, Zinapécuaro y como centro urbano importante en la región el municipio de Morelia (INEGI, 2003). Este valle tiene forma irregular alargada con dirección Este-Oeste, localizándose en la provincia fisiográfica denominada Eje Neovolcánico y se caracteriza por ser parte de una cuenca lacustre o endorréica alargada y de forma irregular con orientación Noreste-Suroeste (Cuenca del Lago de Cuitzeo), la cuenca se encuentra dentro de una fosa tectónica originada por fallamiento de bloques (Escutia, 1998: 10-15).
Por otro lado, Melville (en Hoffmann, 1997) explica que una cuenca hidrológica es una superficie cóncava, como las de los ojos. Estas cuencas son depresiones territoriales por las que fluye un río, drenando las aguas del área desde las partes altas hacia una salida al mar. Las cuencas se identifican con el nombre del río o cauce de mayor importancia que drena ese territorio. Existen cuencas que no tienen salidas superficiales a los océanos, éstas se conocen como cuencas cerradas o endorréicas, en las cuales las filtraciones subterráneas y la evaporación suplen las funciones del drenaje de los ríos.
La situación de la Cuenca del Lago de Cuitzeo es precisamente ésta, porque es una cuenca endorréica la cual no tiene salida a algún río o al mar. Esta cuenca es un almacenamiento natural de forma alargada, en sentido Este-Oeste, tiene una longitud aproximada de 48 kilómetros, y en sentido Norte-Sur su máxima dimensión es de 13 kilómetros, y se considera como un residuo de los fenómenos tectónicos y volcánicos de esa región, quedando aislado –temporalmente- sin comunicación alguna (Bazzan). Al norte del Valle Morelia-Queréndaro se encuentra el Lago de Cuitzeo que sirve de receptor de todas las corrientes superficiales del área (Escutia, 1998: 11). Las principales aportaciones que recibe el lago provienen de los ríos: Grande de Morelia, Chiquito de Morelia, Queréndaro, San Marcos, Los Naranjos y San Lucas (Silva, 1999: 11).

La Región Centro como Región Histórico-Social
Juan José Palacios (en Ávila: 1993) plantea que la región histórica es una contribución que se desprende de un interés –con autores como Toscano y Florescano- por explicar la organización territorial a través del análisis de los procesos históricos que da origen a una región. Dirigen estos autores su análisis a las fuerzas económicas, sociales y políticas que determinaron la forma y el carácter de las regiones a través del tiempo.
En este sentido, el proceso histórico regional es reflejo y consecuencia de los procesos generales que lo afectaron (un caso sería la industrialización), y una región se conocerá cuando se considere en su contexto nacional y en su dimensión histórica. Así para diferenciar una región se identifica la formación económico-social, distinguiéndola como unidad histórica y resultado de las relaciones históricas y sociales más amplias que le dieron origen.
En esta línea de reflexión se puede señalar que en la Región Centro los sistemas agrícolas actuales son el resultado de un proceso histórico que se ha originado a lo largo de varios siglos. El sector agrícola sufrió varios cambios después de la llegada de los españoles, con la aparición de las encomiendas, se observa una reubicación de pueblos y de actividades productivas. Posteriormente, en el siglo XIX con la reforma, con la regularización de los bienes de la iglesia, el territorio sufre una nueva reorientación la cual vuelve a cambiar con la organización de las haciendas (Bazzan, Trigueros: 1990).
En ese tiempo, las tierras no eran totalmente utilizadas, si no que solamente se sembraban las que consideraban con mayor fertilidad, los mejores suelos se utilizaban para los cultivos básicos (maíz, trigo, lenteja); casi en su totalidad las tierras con fuertes pendientes eran dedicadas a la ganadería de las haciendas.
A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, con los aumentos de la población, ligados a la aparición del ejido, se abrieron nuevas tierras al cultivo (1930-1940) y fue necesario incluso desmontar aquellas áreas que no habían sido antes consideradas en la agricultura por su pendiente elevada y su pedregosidad, principalmente con esto se eliminó de modo paulatino la vegetación natural. Y el rostro del paisaje comenzó a modificarse.
Más tarde, antes de los efectos que aparecieron con la “revolución verde” de la segunda mitad de este siglo, donde se ampliaron zonas de riego y se dio un uso masivo de insumos agrícolas, el sector se basaba en su totalidad en la precipitación pluvial y respondían fundamentalmente a incrementar la productividad, y también contribuían a satisfacer las necesidades alimentarias de los hogares agrícolas. En las últimas cinco décadas se ha comenzado un profundo cambio, mismo que se manifiesta específicamente con el uso intensivo de la zona plana del valle.
En el período de 1910 a 1965 hubo una fuerte incorporación de las innovaciones tecnológicas en el campo de la hidráulica al programa político del régimen en cuestión. Así fue como en 1926 nació la Comisión Nacional de Irrigación (CNI), y la Secretaría de Recursos Hidráulicos (SRH) en 1946, las cuales se encargaban de llevar a cabo las políticas propuestas relacionadas con la innovación tecnológica de irrigación, lo cual tuvo una fuerte influencia en la Región Centro (Aboites en Ávila, 1998).
En este contexto nacional de cambios en el sector hidráulico, en 1940 se constituye el Distrito de Riego 020 Morelia-Queréndaro, la construcción de este fue importante en los cambios productivos que ya se comentaron. Cabe señalar que las aguas negras se incorporaron también a esta obra hidráulica lo cual va a determinar una fuerte problemática medioambiental que se expondrá a continuación (Romero, 1998). Finalmente Rafael Bazzan comenta que el valle “... es el resultado de las grandes transformaciones e inversiones realizadas sobre esta área...” (Bazzan: 99).

La Región Centro y la Ciudad de Morelia: una difícil relación urbano-rural
Desde sus comienzos la ciudad ha tenido atributos muy importantes, entre ellos está su función como centro de comercio, religioso, político y militar. En estos lugares se han establecido centros económicos muy significativos quedando disponibles servicios y ciertas mercancías a los mercados circunvecinos y dispersos. Los patrones de los asentamientos humanos y su relación con su entorno son de gran interés para todas las disciplinas, y la Teoría del Lugar Central es considerada como una contribución importante tendiente a una teoría general de los lugares urbanos, con Walter Christaller en 1933 (Ávila, 1993).
En este ensayo se resalta esta situación urbano-rural para conocer las relaciones existentes alrededor de la Ciudad de Morelia, específicamente con el valle, y no la ciudad como centro de atención como lo manejan las teorías de los polos de desarrollo.
En este modelo, Christaller explica dos aspectos interrelacionados con el desarrollo urbano: uno es la ubicación de los asentamientos humanos como centros de distribución para servicios y ciertas mercancías, otro es la forma en que estos servicios y mercancías se distribuyen dentro del sistema de los lugares urbanos. Plantea Christaller que sobre un espacio teóricamente homogéneo, las ciudades del nivel de especialización mínimo se hallan distribuidas uniformemente conformando un área de influencia (en forma de hexágono) de una ciudad mayor en tamaño y especialización (Avila, 1993: 14-15).
Los conceptos fundamentales de esta teoría son: a) lugar central, siendo un núcleo de población que ofrece bienes y servicios, en menor o mayor medida especializados, a un área más amplia que la ocupada físicamente por él mismo; b) bienes y servicios centrales, son aquéllos que poseen cierto grado de especialización y son ofertados solo en determinados núcleos; c) región complementaria (área de influencia o hinterland), siendo el área abastecida (Gutiérrez en Ávila, 1993: 43-45).
En la Región Centro, la Ciudad de Morelia ha estructurado una relación urbano-rural con los municipios que integran al primero, conformándose con estos últimos el área de influencia, dentro de esos municipios también se han demarcado áreas de influencia menores entre las cabeceras municipales y las localidades más pequeñas. Los bienes y servicios que otorga Morelia a los municipios de influencia son principalmente: a) Bienes: alimentos para consumo humano procesados y en fresco, alimentos procesados para consumo animal, medicamentos, bienes de consumo duradero y semiduradero, insumos para la producción y bienes de capital; b) Servicios: educativos, administrativos, de salud, bancarios, de esparcimiento, técnicos y diversos servicios profesionales. Pero hay que resaltar que esta relación no es unidireccional pues los municipios que conforman el área de influencia a su vez proporcionan a la ciudad bienes frescos para consumo humano y animal, principalmente.
Christaller presenta en esta teoría otro concepto importante que es la Jerarquía de los lugares centrales, en ésta propone que no todos los lugares centrales ofrecen los mismos bienes y servicios sino que los lugares de mayor tamaño son los que cuentan con los bienes y servicios más especializados, siendo así la Ciudad de Morelia el lugar de mayor jerarquía, siguiendo en importancia las cabeceras municipales.
Al comenzar ese proceso “incontenible”, como lo denomina Bassols (1993), que es el crecimiento de las ciudades, empiezan a presentarse varios fenómenos que afectan al área de influencia de la ciudad. Así, antes de este crecimiento, cuando las economías agrarias dominaban el manejo de los desechos, este último, era un asunto simple y local porque la naturaleza biológica de los desechos evitaba los problemas más serios. Pero esta situación cambió con el crecimiento de la industria y de las grandes ciudades.
En cuanto el hombre comenzó a crecer en número y se concentró en lugares propicios, su principal estrategia para combatir la enfermedad y la incomodidad de la acumulación de los desechos consistió en difundirlos en el ambiente, por lo general en terrenos alejados de la población o en cuerpos de agua donde los procesos naturales convirtieran los desechos orgánicos en sustancias inofensivas para el ambiente. Al presentarse un constante crecimiento en la población esta estrategia resultó cada vez menos efectiva.
El crecimiento de las ciudades comenzó a relacionarse directamente con el problema de la transferencia de desechos de la ciudad a los lugares circunvecinos de baja densidad de población. En donde, los riachuelos, lagos, bahías y estuarios fueron los principales depositarios de los desechos municipales, el agua corriente se llevaba, diluía y descomponía los materiales de desecho.
La construcción de alcantarillados permitió a las ciudades crecer aún más por medio de la recolección sistemática y movilización del agua de desecho hacia los ríos y otras concentraciones de agua, pero el aumento de los desechos y su movilización siguieron creciendo año con año, transfiriendo sus crecientes cargas de desechos hacia el ambiente en forma altamente concentrada, y si el ambiente está sobrecargado en un lugar dado no puede asimilar y neutralizar los productos de desecho a través de los procesos naturales. Esto afecta no únicamente la ciudad en sí misma sino a los lugares a donde llegan todos los desechos (Butler, 1986). Tal es el caso del río que pasa por el valle.
En la Región Centro se han utilizado las aguas del Río Grande de Morelia desde el período colonial este río captaba los desechos orgánicos de la joven ciudad, pero comienza un proceso lento y constante de crecimiento urbano el cual se aceleró a partir de 1980, pero más definitivamente en 1985 con el terremoto que sacudió al Distrito Federal, lo que provocó un fuerte movimiento poblacional hacia ciudades como Morelia (Vargas, 1995: 69), y de este modo con el crecimiento urbano se observa un aumento en los niveles de aguas negras las cuales se vierten al río. Pero la gran cantidad de desechos que llegan al Río Grande se ha convertido en un factor de conflicto pues los productores agropecuarios, que reciben estas aguas, han visto afectados sus recursos, agua y suelo, al empezar a recibir las aguas con mayor grado de concentración, a raíz del crecimiento urbano (Ávila en López, 1991: 252).
Por ello esta relación urbano-rural también es observada a la luz de la problemática medioambiental –la contaminación del agua-, que implica la concentración de desechos en la Ciudad de Morelia (sector urbano) que son arrojadas al río, para deshacerse de los residuos, y utilizadas para riego en las zonas de cultivo de los municipios aledaños a este: Charo, Indaparapeo, Tarímbaro y Queréndaro, principalmente (sector rural). El efecto negativo de esta contaminación no sólo afecta a las aguas sino que ya se están observando fenómenos como el deterioro de los suelos por salinización, provocando erosión en las áreas de cultivo del valle, contaminación de los mantos acuíferos subterráneos (Chávez, 1997: 6-7) e incluso la contaminación de los productos agrícolas obtenidos en superficies regadas con este tipo de aguas (Ávila en López, 1991: 252).
El riego agrícola con aguas negras aparece casi siempre vinculado al crecimiento de las ciudades, y no es una casualidad que las áreas más extensas regadas con estas aguas se encuentren cerca de un centro urbano importante (Peña, 1997).

La Región Centro como Región Agrícola
En la regionalización agrícola se ha dado énfasis al análisis descriptivo de los cultivos, pero con el tiempo se han considerado otros factores: económicos, físicos, humanos, políticos, y con ellos se ha intentado obtener un análisis más integral. Por eso, para autores como Parra (1982) la región se relaciona con los elementos que se conjuntan en la estructura agraria: físicos y biológicos, humanos, políticos y económicos.
Así, las regiones agrícolas se pueden concebir como espacios geográficos con cierta homogeneidad ambiental así como en las actividades agropecuarias y forestales (esta situación de homogeneidad solo se puede observar en la zona marcadamente plana del valle). En estos lugares se mantiene una dinámica económica más o menos definida, en relación al flujo de insumos y productos, en torno a los lugares centrales o ciudades más importantes, tal como la Ciudad de Morelia. Estas regiones agrícolas se enriquecen con su heterogeneidad interna particular (Escobar, 1996: 2). Pero aquí cabe comentar que la Región Centro no es completamente homogénea.
De ahí que la agricultura en una región no solo son: cultivos, ciclos de los cultivos o lugares del cultivo, sino que existen también elementos como: recursos naturales que participan, el grado de desarrollo de las fuerzas productivas, las relaciones sociales prevalecientes y, sus tendencias de cambio (Parra, 1982: 23). Reafirmando esta cuestión, Mario Capraro (1982) plantea la región como un espacio económico, considerando que este espacio es "...la porción territorial donde la reproducción social reviste características particulares, determinadas en función de los recursos naturales, la disponibilidad de fuerza de trabajo y su calidad (calificada, no-calificada, sindicalizada, no-sindicalizada, etc.), la infraestructura, las condiciones de circulación del capital, los mercados, etc." (Capraro, 1982: 11; Muench, 1982).
En la Región Centro se presentó un desarrollo agrícola a partir de elementos naturales y de políticas económicas que apoyaron este desarrollo con infraestructura, créditos y subsidios. Tal evolución de la agricultura en el valle se denota en indicadores como la población dedicada a la agricultura y el uso de suelo, principalmente.
Uno de los elementos que favorecieron las actividades agrícolas, es la zona plana que caracteriza la región –ver las características de la región que se comentaron en el apartado de región natural- y que se encuentra principalmente al norte de Morelia, de Charo e Indaparapeo, y en la mayoría de los municipios de Alvaro Obregón, Tarímbaro, Queréndaro y Zinapecuaro. Otro aspecto más que ha propiciado la agricultura en la región es que se encuentra irrigado por el Río Grande de Morelia, siendo este el más importante de la zona. Este elemento que en cierto momento fue un dinamizador y catalizador en la evolución y desarrollo agrícola, parece ser que en la actualidad en lugar de traer efectos positivos está propiciando una situación nociva en la región. Además, en la región existen tipos de suelo que por sus características naturales son muy fértiles, estos suelos son el vertisol y el andosol (SARH, 1987: 57-62).
Como ya se mencionó, uno de los indicadores que muestran la importancia del sector agrícola es: el uso del suelo. Así, podemos ver que el suelo se divide en uso agrícola, pecuario, forestal, otra vegetación, área improductiva y zona urbana (SARH, 1987: 72).
Estudiosos de esa zona observan un proceso intensivo en las actividades agropecuarias, aprovechando las características de planicie e irrigación de la región (Vargas, 1998; Bazzan Bazzan; Chávez, 1997; SARH, 1987). Vargas (1988) ahonda en lo siguiente: “Desde el punto de vista económico es una región con gran tradición agrícola que sufre un acelerado proceso de descomposición sobretodo a partir de los años 60's. En la parte baja del Valle se implementó uno de los distritos de riego más importantes del Estado y en esa zona, donde prosperaron algunas de las haciendas más importantes, se llevó a cabo un intenso proceso de reparto agrario, al igual que en otros distritos de riego del Estado” (Vargas, 1998: 102).

El Riego con Aguas Negras en la Región Centro
Cabe resaltar que tanto la Ciudad de Morelia como el Río Grande de Morelia son dos elementos fundamentales en la problemática del riego con aguas negras en la Región Centro.
En la Región existía el riego con aguas negras desde el período colonial en pequeños huertos de traspatio, pero también se utilizaba el agua del Río Grande que pasaba por varias localidades cercanas a la ciudad, aunque en pequeños volúmenes, este río captaba los desechos orgánicos de la floreciente ciudad de Morelia. Para 1940, se constituye el Distrito de Riego 020 Morelia-Queréndaro y las aguas negras se incorporan a la obra hidráulica, así estas aguas fueron y han sido una parte importante del riego en los municipios del valle, pero el problema no queda ahí sino que los volúmenes de aguas negras se han ido incrementando al ritmo del crecimiento de la población moreliana (Romero et al, 1998; Trigueros, 1990).
Como ya se comentó, Morelia produce 1,600 litros por segundo (lps) de aguas negras, esto se traduce en 138.35 millones de litros/año, y estas aguas van a dar al Río Grande de Morelia el cual pasa por varios municipios de la Región Centro y por una gran superficie de riego que ocupaban los productores de la Unión del Valle Morelia Queréndaro. Existen otras ciudades que producen aguas negras pero, en todo el Estado es precisamente Morelia el centro urbano que mayor cantidad produce, al contribuir con casi el 30% del volumen total generado en la entidad.









Cuadro 2
Algunos aspectos sobre la calidad del agua de los lagos de Michoacán
Parámetro Pátzcuaro Zirahuén Cuitzeo
Transparencia Secchi (m) 6.50 0.40 0.10
Conductividad (S/cm) 75 820 6,595
PH 8.1 9.3 10.4
Acidez al CO2 (mg/l) 6.1 0.0 0.0
Alcalinidad (mg/l) 70 390 750
Dureza total (mg/l) 24.2 125.3 202.1
Sólidos totales (mg/l) 14 593 4216
DBO (mg/l) 1.5 10.7 230.0
FUENTE: Romero et al. (1998).

En el estado se riegan 86,859 hectáreas con aguas mezcladas –agua limpia y agua negra- y solamente el valle representa el 20% con una superficie de 16,702 hectáreas regadas, sólo un distrito de riego se encuentra adelante del Morelia-Queréndaro y es el Rosario-Mezquite de Yurécuaro en una superficie de 41,455 hectáreas (Romero et al, 1998).
En el cuadro 1 se presentan características como transparencia, conductividad, ph, acidez, alcalinidad, en tres lagos. Es interesante ver que el lago que tiene los niveles más bajos en lo que a calidad se refiere, tomando en cuenta estos elementos, es el de Cuitzeo, el cual es principalmente alimentado por el Río Grande de Morelia. Esta situación puede explicarse porque el menos profundo de los tres lagos es precisamente éste, pero lo que sí es evidente es que recibe fuertes cantidades de aguas residuales de Morelia (1,600 lps), además de residuos industriales, drenajes y basura de las localidades de la orilla del río, diariamente. Esto provoca que la calidad del agua de Cuitzeo demerite y aunado a su poca profundidad hace que este problema se agrave.
Es importante comentar que en las aguas negras del Distrito Morelia-Queréndaro se detectan concentraciones más allá del límite máximo permitido de boro, cadmio, bicarbonatos, grasas, aceites, sodio y de coliformes fecales, lo cual afecta seriamente el desarrollo de algunos cultivos y limita el establecimiento de otros más rentables (como las hortalizas), este era el caso de la Unión de Productores del Valle Morelia-Queréndaro. Inclusive ya en tejidos de las plantas se encontraron elementos como calcio, magnesio, manganeso, fierro, cobre y aluminio. Por ello las implicaciones negativas, que puede tener esta situación, en la salud de la población son cada vez más preocupante (Martínez, 1991; Restrepo, 1995).
En lo referente a la calidad del agua (I, II, III, IV) utilizada en los distintos distritos de riego, existe otro elemento preocupante respecto al Valle Morelia-Queréndaro. Y es que de la calidad I, el distrito que utiliza más este tipo de agua es el de Lázaro Cárdenas en una superficie de 34,363 hectáreas, siguéndole el Distrito Morelia-Queréndaro en una superficie de 5,364 hectáreas. Pero, lo más grave es que el agua de calidad IV (la más contaminada) la utiliza principalmente el Distrito Morelia-Queréndaro, en 9,514 hectáreas, siguiendo el de Zamora con 1,904 hectáreas (Romero, 1998).
Los cultivos más afectados con esta situación son: el trigo, maíz, sorgo, alfalfa, avena, chile, jitomate y zanahoria, principalmente. Aunque las hortalizas son las que representan mayor riesgo para la salud, porque gran parte de éstas son alimentos que se pueden comer crudos.
Los cultivos más afectados con esta situación son: el trigo, maíz, sorgo, alfalfa, avena, chile, jitomate y zanahoria, principalmente. Aunque las hortalizas son las que representan mayor riesgo para la salud, porque gran parte de éstas son alimentos que se pueden comer crudos.
Se puede prever que la calidad del agua, tanto del río con el que se riega y la del lago, todavía va a demeritar más. Esto se puede observar claramente en los muestreos de aguas negras hechos en mayo de 1994 y mayo de 1995 en ocho sitios del Distrito de Riego 020 Morelia-Queréndaro, que reportan fuertes incrementos en el número de coliformes fecales (Romero, 1998).
Un comentario atinado sobre esta problemática, es el que hace Xóchitl Prado (1999) al abordar una temática relacionada con este recurso y en el valle: “El agua, hasta hace algún tiempo considerado un recurso inagotable, empieza a mostrar las consecuencias de un manejo social que poco ha tomado en cuenta las necesidad de sustentabilidad del recurso. La demanda creciente de los centros de población y de las diferentes actividades productivas, están reguladas por las reglas del mercado en el nuevo escenario. La incorporación del agua a las reglas del mercado, es un indicador de la valorización de un recurso considerado escaso” (Prado, 1999: 88-89).
En el sitio denominado "Derivadora de Quirio", ubicada en el valle, de 210,000 coliformes fecales estimados en mayo de 1994 pasaron a 12,500,000 en el mismo mes pero de 1995. Este sitio de muestreo es el punto de distribución de importantes volúmenes de aguas negras para el riego en el Distrito Morelia-Queréndaro.
Esta problemática referida al Distrito de Riego Morelia-Queréndaro ubicado en el valle, aquejó directamente a la Unión de Productores del Valle Morelia-Queréndaro. Y como vimos afectó sus recursos principales. Respecto a ello Patricia Ávila (en López, 1991) ha explicado que la enorme cantidad de desechos que se vierten en las aguas del Río Grande de Morelia es un factor de conflicto entre los agricultores del Valle Morelia-Queréndaro y la Ciudad de Morelia, ya que los primeros señalan que sus tierras se han visto deterioradas por la fuerte contaminación que trae las aguas con las que riegan. Y lo más importante es que los productores han señalado que la calidad de sus productos ha disminuido al estar contaminados y se cotizan a menor precio que si se regaran con agua limpia (pozo profundo).

Consideraciones finales

Es importante señalar que las condiciones para un desarrollo armónico y sustentable en la región centro están fuertemente vinculado al transito a un patrón de desarrollo de la Ciudad de Morelia menos depredador, pues en pleno siglo XXI no se cuenta con una planta de tratamiento de aguas negras, cuya instalación es urgente además de requerirse de una calidad de agua resultante que permita la producción agrícola en condiciones más favorables, lo que repercutiría fuertemente en la calidad de vida de la población rural.

Por otro lado es de gran importancia reconstruir las capacidades productivas pues la región cuenta con amplias posibilidades de desarrollo económico y de vinculación con la economía internacional.

El desarrollo de la región en un marco de sostenibilidad no puede considerarse sin tomar en cuenta la interdependencia del medio rural y el urbano por lo que es necesaria una evolución más equilibrada de la población que no deprede ambos medios.


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