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Economía y religión - Dos visiones sobre el desarrollo económico
 

Dr. Rogelio Martínez Cárdenas
Universidad de Guadalajara
correo electrónico: roy963@hotmail.com
Tel.: (474) 742-4314 / 742-3678

En fechas recientes se ha empezado a considerar la incorporación de factores de carácter social como la religión para explicar el crecimiento económico. En este trabajo se busca hacer un recorrido panorámico por las distintas escuelas de pensamiento del desarrollo económico, para después ver como es concebida la religión por la economía y concluir con una rápida visión de cómo es concebido éste por la doctrina social de la iglesia católica.
 

Este texto fue presentado como ponencia al
SEGUNDO ENCUENTRO INTERNACIONAL SOBRE
Economía y religión
realizado en junio de 2006
ISBN - 84-689-6682-7

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ECONOMÍA Y RELIGIÓN
DOS VISIONES SOBRE EL DESARROLLO ECONÓMICO



Los primeros estudios sistemáticos y por lo tanto considerados como formales de la ciencia económica aparecen tanto en Francia como en Inglaterra a lo largo del siglo XVIII, ya que “la economía política como ciencia, se inicia en una época en que los cimientos del capitalismo industrial eran ya muy firmes.”(Roll, 1980)
Sin embargo, es hasta la década de los 30’s del siglo pasado con el trabajo de Colin Clark que se inician los estudios sobre desarrollo económico bajo la concepción actual, dónde se pretende explicar los factores que influyen para que una economía alcance cierto nivel de maduración y como se ve reflejado éste hecho en el nivel de vida de la población.
Los primeros estudios sobre el desarrollo económico a los que se les ha denominado “teorías del desarrollo temprano” hacían énfasis en que los países latinoamericanos, asiáticos y africanos se encontraban en una etapa de subdesarrollo con respecto a las naciones europeas, y que era sólo cuestión de tiempo para que los primeros alcanzaran el mismo nivel de desarrollo que los países europeos. Es decir, el desarrollo era concebido como un proceso lineal compuesto por diferentes etapas. Entre los principales representantes de este pensamiento se encuentran Alexander Gerschenkron (1953, 1962) y Walt W. Rostov (1960)
Autores como Hollis Chenery, Simon Kuznets e Irma Adelman entre otros se opusieron a la concepción lineal del desarrollo que se habían popularizado, y arguyeron que efectivamente existían patrones que podían considerarse como comunes para todos los países que habían alcanzado el desarrollo, sin embargo, no se trataba de etapas consecutivas, lo que habría una panorámica diametralmente distinta al futuro de los países en vías de desarrollo, puesto que permitía que un nación no necesariamente tuviera que recorrer el mismo camino que otra, el camino hacia el desarrollo no era un modelo único y repetible, sino que cada país podía planificar su futuro de manera específica encontrando rutas alternas donde se podía excluir una de las etapas planteadas por los teóricos del desarrollo temprano, lo que les permitía una independencia en sus expectativas de futuro.
En la década de los 50’s en medio de una discusión en la cual el tema del subdesarrollo por motivos históricos y la concepción de las etapas alternativas del desarrollo eran los protagonistas, surgen los trabajos de Ragnar Nurkse (1952) en el que pone de manifiesto la importancia de la formación de capital como elemento crucial para el logro del desarrollo. Esta misma vertiente fue trabajada por los seguidores de Keynes como Nicholas Kaldor y Joan Robinson, e incluso por marxistas como Maurice Dobb. Para estos autores, el principal problema por el cual un economía no podía crecer, era su falta de capacidad para generar ahorro, motivo por el cual no existía inversión productiva y por lo tanto tampoco crecimiento. Sin embargo, el análisis del crecimiento en base a la generación de capital estaba centrado solamente en factores de carácter económico y dejaba de lado aspectos de tipo social, antropológicos, psicológicos, etc. que influyen en la toma de decisiones de los actores de la vida económica.
Esta nueva visión sobre los diversos factores que intervienen para determinar el desarrollo económico, da como resultado toda una corriente sobre la planeación del crecimiento económico, donde es retomada la idea keynesina de que el gobierno es un actor importante para estimular a la economía, dado que su intervención puede estimular la actividad económica en un determinado sector productivo al cual se pretende acelerar su crecimiento, y de esta manera alcanzar una etapa de maduración mas rápida, tal y como lo planteaban los defensores del crecimiento alternativo, entre los postulantes de ésta tesis se encuentran Hans W. Singer y Gunnar Myrdal
Pero no sólo Keynes fue retomado para tratar de explicar el desarrollo económico, sino que también la visión clásica de Adam Smith fue replanteada cuando Hla Myint, Gottfried Habeler y Jacob Viner entre otros plantearon la posibilidad de utilizar el comercio exterior como medio para alcanzar el desarrollo, aspecto estudiado también por el marxista Raúl Prebich.
A pesar de que existían muchas visiones de cómo era posible que un país pasara de un estado de subdesarrollo a uno de desarrollo, la esencia de la discusión siempre estuvo centrada en la formación de capital, el desarrollo económico, estaba concebido como la capacidad de generación del mayor ingreso per capita posible.
Es hasta que T.W. Schultz, plantea la necesidad de la formación de capital humano, y principalmente a partir de la aparición de los trabajos de Dudley Seers, que varios de los estudiosos del desarrollo económico cambian su concepción del mismo, lo importante no es sólo generar un gran ingreso per capita, sino lograr una disminución de la pobreza, la desigualdad y el desempleo; razón por la cual se empiezan a incorporar cada vez más factores sociales tales como salud, fertilidad, educación, pobreza, desempleo, etc. para explicar las diferencias de crecimiento económico entre los países.
Sin embargo, autores como Albert O Hirchmann ya habían planteado antes que Seers, que la diferencia entre los países subdesarrollados y los desarrollados, se basaban en diferencias de carácter estructural, cuya tesis principal era que los países en vías de desarrollo enfrentaban un proceso de industrialización diferente al que tuvieron los países desarrollados, ya que estos últimos influían en los primeros, mediante actividades de comercio, lo que no permitía que su proceso de industrialización fuera natural, puesto que por un lado estaban en una etapa de maduración interna, pero a su vez competían de manera externa con países altamente desarrollados. Es bajo este enfoque que Raúl Prebish y H. W. Singer desarrollan su “teoría de la dependencia” la cual es bien acogida por los pensadores marxistas como Maurice Dobb, Paul Sweezy, Paul Baran, A. G. Frank y Samir Amin.
En fechas más recientes, ha resurgido una tendencia a ver la economía bajo la visión clásica, la cual se ha denominado “pensamiento neoclásico” o “neo-liberalismo” y entre sus principales representantes se encuentran, P.T. Bauer, I.M.D. Little, Deepak Lal, Bela Balassa, Anne Krueger y Harry G. Johnson, cuya tesis principal es que la intervención del gobierno en la economía representa un impedimento para el desarrollo de la misma, ya que las regulaciones por parte del estado frenan la inversión privada de capital, puesto que las cargas impositivas impuestas por el gobierno a determinados bienes o servicios, desmotivan la actividad en determinados sectores, dando como resultado una distorsión en el funcionamiento normal de la economía al no operar los mecanismos naturales de regulación de los mercados.
A pesar de las diversas opiniones y visiones sobre como explicar y entender el desarrollo económico ninguna de estas teorías ha podido dar una respuesta satisfactoria, ya que éste -el desarrollo económico- no se trata de un proceso mecánico, sino que esta influido por una gran cantidad de factores y que no siempre son previsibles aún cuando muchos mantengan un patrón repetitivo de acción.
Siguiendo el pensamiento de Seers, referente a la incorporación de factores de carácter social para explicar el crecimiento económico, en fechas recientes se ha empezado a considerar de manera formal el efecto que sobre la economía tiene la religión .
Patrick J. Welch (2001) identifica cuatro categorías en las cuales se puede ser vista la relación entre economía y religión.
La economía separada de la religión
La economía en servicio de la religión
La religión en servicio de la economía
La religión y la economía en unión
El trabajo de Welch esta basado en la religión cristiana, motivo por el cual algunos efectos que pudieran tener religiones como la musulmana, budista, indú, etc, no están contemplados, sin embargo, muestra de manera clara las cuatro concepciones que plantea.
La idea de que la economía es ajena a la religión esta sustentada en la creencia de que los valores de carácter ético que establece la religión tienen que ver con una cuestión de tipo personal y no con la manera de relacionarse socialmente, por lo tanto, si la economía es una actividad de carácter social, la religión no tiene ninguna influencia sobre ella. La economía positiva de Friedman es el más claro ejemplo de esta posición cuando argumenta que la economía es independiente de cualquier posición ética o juicio normativo.
Welch argumenta que la economía esta en servicio de la religión ya que las creencias religiosas afectan las preferencias de las personas y por lo tanto modifican el comportamiento del mercado, terminando éste último, actuando en base a lo aceptado por la religión.
La tercera manera de ver la relación economía – religión, es cuando la última sirve para apoyar a la primera. Es decir, la vinculación esta basada en la argumentación que hace la religión para dar validez o reconocimiento a ciertos factores que permiten que una economía de mercado se desarrolle, como por ejemplo: el reconocimiento al derecho de las personas a la propiedad privada.
La cuarta y última relación entre la economía y la religión esta basada en un reconocimiento de la interdependencia de ambas, de cómo la Iglesia reconoce que las creencias de las personas tienen un impacto sobre el desarrollo de la economía y a su vez la economía influye sobre el comportamiento de las personas, razón por la cual ambas pueden ser consideradas como sistemas de valores éticos. Ésta visión cada vez es más aceptada por la Iglesia Católica, de ahí que la vertiente social de ésta ha emitido desde el año de 1891 con el Papa León XIII y su famosa encíclica Rerum Novarum, documentos relativos al contexto de la vida económica.
Bajo la línea de investigación donde la religión se ve en servicio de la economía Luigi Guiso (2002) realiza un trabajo en Institute for Social Research de la Universidad de Michigan para 66 países acerca de aspectos demográficos, económicos, religiosos, preferencias políticas y actitudes. La fuente de información que utiliza son encuestas realizadas en tres periodos diferentes y con distinto número de países (siempre en aumento), por lo que se requirió realizar algunos ajustes de tipo estadístico para poder llevar a cabo el análisis de regresión que utilizó.
Me voy a ocupar solamente de las aportaciones que tienen que ver con la religión católica por ser la religión dominante en la población de estudio de este trabajo, aún cuando las conclusiones no las realiza a nivel de cada país, y mucho menos de las regiones que los conforman, sin embargo, si permiten tener una idea de la manera en que la religión católica tiene contacto con la economía. De acuerdo con Guiso, el Concilio Vaticano II viene a ser un momento coyuntural dentro ya que observó una modificación de la conducta de los creyentes que fueron educados antes y después del mismo.
Personas educadas antes del Concilio Vaticano II Personas educadas después del Concilio Vaticano II
Menos abiertas a otras personas y más intolerantes. Más abiertas a otras personas y menos intolerantes.
No aceptan plenamente los derechos de la mujer. Reconocen más los derechos de la mujer.
Se tiende más a romper las normas legales. Se tiende más a respetar las normas legales.
Tienen un mayor aprecio al libre mercado, propiedad privada y competencia. Tienen menor aprecio al libre mercado, propiedad privada y competencia.
Menor creencia de que la pobreza tiene orígenes en aspectos sociales. Mayor creencia de que la pobreza tiene orígenes en aspectos sociales.
Fuente: Cuadro elaborado por el autor en base al artículo de Luigi Guiso
Louise Keely (2002) hace una replica al trabajo de Guiso argumentando que existe una asociación entre práctica religiosa e intensidad de creencia, lo que genera un error de tipo metodológico de acuerdo con la propuesta original de Weber ya que la relación religión – economía tiene que ver con las creencia que promueve la primera a favor o en contra de la segunda y no con las actitudes de las personas.
Es pues el trabajo de Guiso un intento de proponer una metodología para tratar de medir los efectos que la religión tiene sobre la economía, sin embargo, no es algo terminado, y el mismo Guiso lo reconoce al plantear la necesidad de profundizar en los resultados obtenidos para tener una explicación más acertada.
Algunos otros autores como el caso de Pedro Pita Barros (2002) han incursionado al estudio de la economía y la religión bajo el análisis de una estructura de mercado, considerando las diferentes opciones religiosas como la oferta de mercado, y la afiliación a alguna de ellas como la demanda, y tratando de explicar porque unas tienen mayor número de demandantes en base a una elección de los adherentes de acuerdo con los diferentes criterios de exigencia de cada religión.
LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
La iglesia católica empieza a hablar sobre los problemas del desarrollo hasta la década de los sesentas, cuando el Papa Juan XXIII emite una encíclica llamada Mater et magistra (1963) donde hace referencia al hecho que desarrollo económico no ha generado un progreso en el nivel de vida de todas las personas con lo cual existe una injusticia social, es decir, una gran parte de la población no puede gozar de los beneficios que en términos de progreso económico muestra una nación, los indicadores macroeconómicos muestran una mejoría, pero la mayoría de la gente no lo ve reflejado en su vida diaria.
“…consideramos oportuno llamar la atención de todos sobre un precepto gravísimo de justicia social, a saber, que el desarrollo económico y el progreso social deben ir juntos y acomodarse mutuamente, de forma que todas las categorías sociales tengan participación adecuada en el aumento de la riqueza de la nación…la prosperidad económica de un pueblo consiste, más que en el número total de los bienes disponibles, en la justa distribución de los mismos, de forma que quede garantizado el perfeccionamiento de los ciudadanos.”
Pero existe una contradicción en el discurso de la iglesia, por un lado se considera que el proceso de industrialización es algo bueno, “la industrialización es al mismo tiempo señal y factor de desarrollo” de acuerdo con la encíclica Populorum progressio (1967) de Pablo VI y más adelante menciona:
“Pero si es verdad que un cierto capitalismo fue la causa de muchos sufrimientos, de injusticias y luchas fraticidas, cuyos efectos duran todavía, sería injusto que se atribuyera a la industrialización misma los males que son debidos al nefasto sistema que la acompaña.”
La crítica no es específicamente al sistema de producción capitalista, sino al hecho de la falta de compromiso social, sin embargo, esta polarización de riqueza y pobreza es una situación natural e implícita a este sistema de producción, de ahí la necesidad expuesta por Keynes de que el Estado participe para evitar los desajustes de la economía. Esta visión de la economía la asume Pablo VI en la encíclica antes cita cuando dice:
“La sola iniciativa individual y el simple juego de la competencia no serían suficientes para asegurar el éxito del desarrollo. No hay arriesgarse a aumentar todavía más la riqueza de los ricos y la potencia de los fuertes, confirmando así la miseria de los pobres y añadiéndola a la servidumbre de los oprimidos. Los programas son necesarios para ‘animar, estimular, coordinar, suplir e integrar’ la acción de los individuos y de los cuerpos intermedios. Toca a los poderes públicos escoger y ver el modo de imponer los objetivos que hay que proponerse, las metas que hay que fijar, los medios para llegar a ellas, estimulando al mismo tiempo todas las fuerzas, agrupadas en esta acción común. Pero ellas han de tener cuidado de asociar a esta empresa las iniciativas privadas y los cuerpos intermedios.”
Pero la polarización de ricos y pobres no sólo se da dentro de las economías intrafronteras, sino a nivel de países, lo que ha llevado depender unas naciones de otras en lo económico y tecnológico dando como resultado países ricos y otros pobres. Este es el origen de la teoría de la dependencia.
Juan Pablo II en su encíclica Sollicitudo rei socialis (1987) también se ocupa del problema del desarrollo y plantea la diferencia entre el “ser” y “tener” donde “el mal no consiste en el ‘tener’ como tal, sino en el poseer que no respeta la calidad y la ordenada jerarquía de los bienes que se tienen” es otras palabras, el problema no es lo que se posea, sino en la actitud que se asume cuando se le tiene a los bienes obtenidos, ya no se vive pensando en lograr la realización como persona, sino por el contrario, se convierte en una actitud creada y desarrollada en función del tener.
De ahí el problema del desarrollo
“…el desarrollo no puede consistir solamente en el uso, dominio y posesión indiscriminada de las cosas creadas y de los productos de la industria humana, sino más bien en subordinar la posesión, el dominio y el uso a la semejanza divina del hombre y a su vocación a la inmortalidad.”
Así pues, para el discurso de la iglesia católica en relación con el problema del desarrollo, la parte central sigue siendo el hombre como ser que debería pretender alcanzar la perfección, esto en función de ser una creación de origen divino, independientemente del medio de producción en el que viva.
La crítica que se hace del capitalismo en la doctrina social de la iglesia no está en el hecho de que en su naturaleza esta la generación de la pobreza para una parte de la población y la concentración de la riqueza en una minoría, esta situación pareciera que debe considerarse normal “la economía debe ser obra, ante todo, de la iniciativa privada de los individuos, ya actúen éstos por sí solos, ya se asocien entre sí de múltiples maneras para procurar sus intereses comunes.” , el gran problema que la iglesia ve al capitalismo esta en que su esencia se basa en el pensamiento liberal que tiene como principal principio filosófico la autonomía del hombre en sus determinaciones, con lo cual el hombre ya no necesariamente debe obrar con forme al plan divino, sino en razón a lo que criterio le dictamine.
Hoy día se habla constantemente de que la economía a crecido, que los número macroeconómicos son mejores, pero mientras la población no vea reflejado en su nivel de vida diaria, seguirá existiendo una deuda con la población y por lo tanto seguiremos independientemente de la postura filosófica o la corriente económica que se elija, teniendo una falta de desarrollo.



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