ENSAYO SOBRE LA NATURALEZA Y SIGNIFICACIÓN DE LA CIENCIA ECONÓMICA

 

Lionel Robbins

FINES Y MEDIOS

§1. Tenemos ya una definición práctica del objeto de estudio de la Economía. El segundo paso consiste en examinar sus consecuencias. En este capítulo nos referiremos a la naturaleza de los fines y medios según los consideran la teoría y la historia económica. En el siguiente trataremos de la interpretación de diversas "magnitudes" económicas.

§ 2. Examinaremos primero la condición de los fines.(1)

A la Ciencia Económica, como hemos visto, le concierne el aspecto de la conducta que proviene de la escasez de medios para lograr determinados fines. Se deduce que la economía es enteramente neutral frente a los fines y que la consecución de un fin cualquiera, en la medida en que dependa de la limitación de medios, es una cuestión que interesa al economista. Los fines como tales no interesan a la Economía. Supone que los seres humanos los tienen en el sentido de que tienen tendencias que pueden definirse y comprenderse de modo que se pregunta cómo la escasez de medios condiciona el progreso hacia sus objetivos, cómo la disposición de medios escasos depende de estas valoraciones finales.

Debe ser claro, pues, que es del todo equívoco hablar de cualquier fin como "económico" en sí mismo. La costumbre de ciertos grupos de economistas de hablar de "satisfacciones económicas" es ajena al propósito central del análisis económico. Una satisfacción debe ser concebida como un producto final de la actividad. Ella misma no forma parte de la actividad que estudiamos. Sería ir muy lejos sostener la imposibilidad de concebir "satisfacciones económicas", pues tal vez pueda describirse así la que depende de la disponibilidad de medios escasos, considerándola en forma distinta de una satisfacción que depende enteramente de factores subjetivos: la satisfacción de unas vacaciones veraniegas, por ejemplo, comparada con la satisfacción de recordarlas. Esta concepción, sin embargo, no es útil, puesto que, como ya hemos visto, la limitación de medios es tan general que influye de algún modo en casi todos los tipos de conducta. Probablemente lo mejor será desecharla del todo, puesto que manifiestamente no está en armonía con las principales deducciones de nuestra definición.

Se colige, además, que es hija de una equivocación la creencia, dominante entre ciertos críticos de la Ciencia Económica, de que la preocupación del economista es un tipo peculiarmente bajo de conducta. Al economista no le interesan los fines mismos, sino la forma en que el logro de ellos es limitado. Los fines pueden ser nobles o bajos, "materiales" o "inmateriales", si pudiera hablarse de ellos en esa forma. Pero sí la consecución de un conjunto de fines supone el sacrificio de otros, entonces esa actividad tiene un aspecto económico.

Todo esto resulta obvio con sólo considerar la esfera real en que se aplica el análisis económico, en lugar de aceptar las afirmaciones de quienes no saben qué es el análisis económico. Supongamos, por ejemplo, una comunidad de sibaritas, sus placeres sensuales y groseros y sus actividades intelectuales encaminadas a lo "puramente material". Es evidente que el análisis económico puede establecer categorías para describir las relaciones entre esos fines y los medios disponibles para lograrlos. Pero no es exacto, como Ruskin y Carlyle y otros críticos parecidos han afirmado, que se limite a esta clase de cosas. Imaginemos que esta reprobable comunidad recibe la visita de un Savonarola. Sus antiguos fines les repugnarán ahora; los placeres de los sentidos quedan proscritos; los sibaritas se convierten en ascetas. Sin duda que el análisis económico sigue siendo aplicable. No hay necesidad de cambiar las categorías que nos han servido para explicarlos. Todo lo que habrá sucedido es que la curva de la demanda ha cambiado. Algunas cosas serán relativamente menos escasas y otras más. La renta de los viñedos baja y sube la de las canteras de piedra para construcciones eclesiásticas. Eso es todo. La distribución del tiempo entre oraciones y obras piadosas tiene su aspecto económico del mismo modo que su distribución entre las orgías y el sueño. La "filosofía porcina". -para usar el desdeñoso epíteto de Carlyle- resulta abarcarlo todo.

Debe admitirse, para ser sinceros, que éste es un caso en el que hay que culpar en cierta medida a los economistas de sus propios reveses. Su actitud ha sido más o menos intachable, según hemos visto ya; pero sus definiciones han sido equívocas y de excusa innecesaria su actitud frente a la crítica. Aun se dice que algunos economistas de los más modernos, quienes han sido convencidos de la importancia de la Economía y de la preocupación de ella por el "aspecto más material del bienestar humano", se han limitado a comenzar sus explicaciones de Teoría Económica general con la excusa, un tanto pusilánime, de que, después de todo, el pan y la mantequilla son necesarios aun para la vida de las artistas y de los santos. Esto parece innecesario en sí mismo y, al propio tiempo, expuesto a provocar un error en quienes son propensos a considerar insignificante lo meramente material. Sin embargo, si Carlyle y Ruskin hubieran estado dispuestos a hacer el esfuerzo intelectual necesario para asimilar el cuerpo central del análisis legado por los grandes hombres a quienes criticaron tan injustamente, habrían admitido su profunda significación para interpretar la conducta en general, aun si no hubieran podido mejorar la descripción de sus autores. Pero nunca lo hicieron, según se percibe con tanta claridad de sus criticas. No querían: era mucho más fácil y más agradable desfigurar a quienes lo hicieron. Y no había que ir muy lejos para encontrar ocasión de desfigurar una ciencia que apenas era consciente de sus alcances lejanos.

Pero si no hay ya pretexto alguno para que los detractores de la Economía la acusen de que se preocupa de fines particularmente bajos de la conducta, tampoco la hay para que los economistas adopten una actitud de superioridad por lo que toca a los temas que pueden manejar. Ya hicimos notar la actitud un tanto paradójica del profesor Cannan frente a la economía política de guerra. Y, en términos generales, ¿no tenemos razón para afirmar que desde este punto de vista, el profesor Cannan no es el más indicado para que, imitando a San Pedro, pueda decir: "no, Señor, pues nada vulgar ni sucio ha entrado jamás por mi boca"? En el primer capítulo de Wealth (2) el profesor Cannan, abandonando un tanto su posición, afirma que "el criterio de comprar y vender introduce varias cosas en la Economía que comúnmente no son motivo de su estudio ni es conveniente que lo sean. Desde que nació la historia ha existido un tráfico importante para proporcionar ciertas satisfacciones de carácter sensual que nunca se consideran cómo bienes económicos. Las indulgencias para purgar lo que de otro modo sería pecado contra la religión o la moral se han vendido algunas veces abiertamente y en todo los tiempos apenas con un tenue disfraz: ninguno las ha considerado como bienes económicos". No hay duda de que esto es muy discutible. Los economistas, al igual que otros seres humanos, pueden considerar los servicios de las prostitutas como una cosa no "buena" en el verdadero sentido ético último de la palabra; pero negar que semejantes servicios son escasos en el sentido en que usamos el término, y que, por consiguiente, hay un aspecto económico del amor alquilado, susceptible de ser tratado con las mismas categorías del análisis general que nos permiten explicar las fluctuaciones del precio de la retórica pagada, no parece estar de acuerdo con los hechos. Por lo que toca a la venta de indulgencias, en la historia económica la naturaleza de estas agradables transacciones no es objeto, seguramente, de una seria discusión. ¿Esa venta afectará o no la distribución de los ingresos, la magnitud de los gastos en otras mercancías, la dirección de la producción? No debemos evitar las consecuencias de la conclusión de que toda conducta que se halla bajo la influencia de la escasez tiene su aspecto económico.

§ 3. Un ejemplo muy interesante de las dificultades que pueden surgir si descuidamos las consecuencias que hemos venido procurando esclarecer, lo tenemos en un trabajo de Sir Josiah Stamp sobre la Estética como factor económico.(3) Dicho autor, como la mayoría de los hombres de imaginación, se empeña en conservar intactos la campiña y los viejos monumentos. (El motivo de ese escrito fué la decisión de su empresa ferrocarrilera de no destruir un edificio del siglo XVI, Stratford Fouse, en Birmingham y dejar un espacio libre para acomodar una vía secundaria.) Al mismo tiempo, estima que la Economía se ocupa del estudio del bienestar material.(4) Se ve obligado, por consiguiente, a afirmar que "la indiferencia por la estética, a la larga, reduce la producción económica y que la atención del aspecto estético incrementará el bienestar económico".(5) Es decir, que si nosotros hacemos por que impere el reinado de la belleza, el bienestar material se nos dará por añadidura. Y sir Josiah Stamp ha puesto todo el peso de su sólida autoridad al servicio de la tarea de hacer creer en esa verdad al mundo de los negocios.

Es fácil simpatizar con la intención del razonamiento, aunque difícil aceptar que su lógica sea muy convincente. Puede ser perfectamente cierto, como pretende sir Josiah, que los amplios intereses que fomenta el estudio de los monumentos antiguos y la contemplación de los bellos objetos, sean, al mismo tiempo que estimulante de la inteligencia, sedante para el sistema nervioso, y que, en esa medida, una comunidad que ofrezca semejantes oportunidades a dichos intereses pueda ganar en otras ventajas "más materiales". Pero suponer que esto tendrá que suceder necesariamente es quizá un optimismo que no justifica la experiencia ni una probabilidad a priori. Debemos reconocer que el hecho de rechazar el confort material en favor de valores estéticos o éticos no trae consigo necesariamente una compensación material. Hay casos en que la disyuntiva es tener un pan o una azucena. La elección de uno importa el sacrificio de la otra, y aunque podamos estar satisfechos de la nuestra, no podemos engañarnos de que eso fué realmente una elección, y que tendremos más pan después. No es verdad que todas las cosas operen conjuntamente para el bien material de quienes aman a Dios. La Economía, lejos de sostener que existe una armonía de fines en este sentido, nos hace ver en toda su amplitud ese conflicto de elección, característica permanente de la existencia humana. El economista es un trágico de verdad.

Lo que ha sucedido es, por supuesto, que la definición "materialista" a la que se adhiere ha impedido que Sir Josiah Stamp reconozca con claridad que la Economía y la estética no están in pari materia.(6) A la estética concierne cierta clase de fines. Lo bello es uno que se ofrece para elección, en competencia, por así decirlo, con otras cosas. A la Economía no le interesa en modo alguno ningún fin como tal. Se ocupa de los fines en la medida en que afectan la disposición de medios, los toma como proyectados en una escala de valoraciones relativas e investiga qué consecuencias se producen respecto de ciertos aspectos de la conducta.

Sin embargo, puede argüirse: ¿no es posible considerar el procurarse dinero como algo que compite con otros fines, y, si ello es así, no podemos hablar legítimamente de un fin "económico" de la conducta? Esto hace surgir problemas de gran importancia. El supuesto de que el lucro es el único motivo que nos impulsa a actuar lo examinaremos con amplitud en un capítulo posterior con objeto de determinar la parte que desempeña en el análisis económico. Mas, por el momento, puede replicarse que la objeción se apoya en una interpretación equivocada del significado del dinero. Ganar dinero, en el sentido normal de esta expresión, es una mera etapa intermedia entre una venta y una compra. Procurarse una cantidad de dinero mediante la venta de los servicios de uno o del alquiler de lo que nos pertenece no es un fin per se. El dinero es, evidentemente, un medio para una compra final. No se le busca por si mismo, sino por las cosas en que puede gastarse, ya sean elementos constitutivos del ingreso real de ahora o del ingreso real del futuro. En este sentido ganar dinero significa obtener los medios para lograr todos esos fines que pueden lograrse mediante mercancías susceptibles de compra. Es obvio que el dinero en sí mismo es tan sólo un medio: un medio de cambio, un instrumento de cálculo. La existencia de una mayor o menor cantidad de dinero es indiferente para la sociedad desde el punto de vista estático; para el individuo sólo tiene importancia en la medida en que sirva sus objetivos últimos. Sólo el avaro, esa monstruosidad psicológica, desea la acumulación infinita de dinero. En efecto, fuera de este caso excepcional, lejos de considerar la demanda de dinero para acumulación como indefinidamente grande, tenemos la costumbre de suponer que se le desea sólo para traspasarlo. En lugar de suponer que la curva de la demanda de dinero para ese fin es una línea recta paralela al eje y, los economistas acostumbran suponer, como primera proximación, que adopta la forma de una hipérbola rectangular.(7)

§ 4. La Economía, por consiguiente, no puede concebirse como la Ética o la Estética, es decir, como disciplinas que estudian los fines en sí mismos. También es importante que el objeto de su estudio se distinga tajantemente del de las técnicas de producción, es decir, del modo de usar determinados medios. Esto da lugar a problemas de una complejidad considerable que conviene examinar con alguna amplitud.


La relación entre la Economía y las técnicas de producción ha presentado siempre grandes dificultades para los economistas que pensaban que las causas del bienestar material son el objeto de su estudio. Es claro que el bienestar material importa a esas técnicas. No obstante, la distinción entre técnica y ciencia no parece agotar la diferencia, porque mucho del conocimiento científico que está íntimamente ligado a ellas es extraño a la Ciencia Económica. ¿Cuál será, pues, la línea divisoria? Sir William Beveridge ha aclarado bastante esta dificultad en su conferencia sobre la Economía como educación liberal. "La definición de Economía como ciencia del aspecto material del bienestar humano es demasiado amplia. Una casa contribuye al bienestar humano y es material; pero si al construirla se suscita la cuestión de si la techumbre debe hacerse de papel o de otro material, el problema no tiene que ver con la Economía y sí con la técnica de construcción."(8) No se sortea la dificultad al intercalar la palabra "generales" en "causas del bienestar material". La Economía no es la suma de las tecnologías. Tampoco intenta elegir de cada una elementos comunes a varias. El estudio del movimiento, por ejemplo, puede ofrecer generalizaciones aplicables a más de una ocupación; pero nada tiene que ver con la Economía. Y tampoco es capaz de reemplazarla, a pesar de las esperanzas de ciertos psicólogos industriales. La conexión entre la Economía y las artes técnicas de la producción será irremisiblemente obscura mientras nos movamos dentro del ámbito de una definición del objeto de la Economía en función de las causas del bienestar material.

Pero queda perfectamente definida desde el punto de vista de la definición que hemos adoptado. Las técnicas de producción deben agruparse simplemente entre los factores dados que influyen en la escasez relativa de diferentes bienes económicos.(9) La técnica misma de la manufactura del algodón no es parte del objeto de la Economía; pero la existencia de una determinada técnica de diversas posibilidades, junto con otros factores que influyen en la oferta, condiciona la posible respuesta a toda valoración de los artículos de algodón y, en consecuencia, influye en las adaptaciones que constituyen el objeto de estudio de la Economía.

Hasta aquí las cosas son supremamente simples; pero ahora es necesario evitar algunas malas interpretaciones posibles. A primera vista pudiera parecer que el concepto que adoptamos corre el peligro de vaciar la tina con todo y niño. Considerando la técnica como mera información ¿no corremos el riesgo de excluir del objeto de la Economía los asuntos en que el análisis económico se siente más a sus anchas? ¿Acaso la producción no es un problema de técnica? ¿Y no es la teoría de la producción una de las grandes preocupaciones del análisis económico?

La objeción parece fundada, aunque, en realidad, arranca de un grave error que importa disipar para siempre. La actitud que adoptamos frente a las técnicas de producción no elimina la conveniencia de una teoría económica de la producción,(10) pues las influencias que determinan la estructura de ésta no son por su naturaleza puramente técnicas. La técnica, sin duda, es muy importante; pero no es todo. Uno de los méritos del análisis moderno consiste en que nos permite poner a la técnica en el lugar que le corresponde, hecho que merece una mayor explicación. No es exagerado decir que hoy día uno de los principales peligros de la civilización nace de la incapacidad de las personas adiestradas en las ciencias naturales para percibir la diferencia entre lo económico y lo técnico.

Consideremos la conducta de un hombre aislado que dispone de una sola mercancía escasa;(11) por ejemplo, la conducta de Robinson Crusoe frente a una cantidad de madera estrictamente limitada. Robinson no tiene suficiente madera para todos los propósitos que desea satisfacer. En ese momento su acervo de madera es irremplazable. ¿Cuáles son las influencias que determinarán el uso que haga de ella?

Ahora bien, si la madera sólo puede usarse en un solo momento y para un solo propósito, o si sólo se la necesita en un momento y para un propósito, y si suponemos que Robinson tiene tiempo bastante para utilizarla, resulta perfectamente cierto que su conocimiento de las técnicas de producción correspondientes dictará completamente la economía que haga de ella. Si la necesita sólo para hacer una fogata de ciertas dimensiones, y si sólo dispone de una cantidad de madera limitada, entonces su conocimiento de la técnica de hacer fogatas determinará sus actividades. Sus actividades a este respecto son puramente técnicas.

Pero si la necesita para más de un propósito, si además de requerirla para hacer la fogata, la necesita para cercar su cabaña y para mantener la cerca en buenas condiciones, entonces, inevitablemente, se enfrenta a un problema nuevo: el problema de cuánta madera usará para el fuego y cuánta para cercar. En estas circunstancias las técnicas de hacer fogatas y levantar cercas siguen siendo importantes, pero el problema ha dejado de ser un mero problema de técnica.(12) En otras palabras las consideraciones que determinan el uso de la madera no son ya puramente de orden técnico. La conducta es la resultante de tirones psicológicos en conflicto que obran dentro de un ambiente de posibilidades técnicas y materiales dadas. El problema de técnica y el problema de economía son fundamentalmente diferentes. El primero, para usar la forma tan elegante con que el profesor Mayer expresa la diferencia, surge cuando hay un fin y una multiplicidad de medios; el segundo, cuando tanto los fines como los medios son múltiples.(13)

Ahora bien, como ya lo hemos visto, una de las características del mundo en que vivimos es que nuestros fines son varios y que la mayoría de los medios escasos de que disponemos son susceptibles de distinta aplicación. Esto no sólo es verdad respecto a los productos escasos, sino más aún a los factores básicos de la producción. Las diversas clases de recursos naturales y mano de obra pueden usarse para una variedad casi infinita de propósitos. La resolución de abstenerse de consumir en el presente permite usar los factores primarios en más de una clase de procesos indirectos. Y por esta razón el mero conocimiento de la técnica existente no nos permite determinar el "conjunto" del aparato de la producción. Necesitamos conocer también las valoraciones finales de los productores y consumidores conectados con él. Los aspectos de la conducta que el economista estudia quedan determinados fuera del juego mutuo de los sistemas dados de fines, por una parte, y de las potencialidades materiales y técnicas, por la otra. Las consideraciones técnicas serían las determinantes únicas de la satisfacción de los fines dados sólo en un mundo en que todos los bienes fueran gratuitos; pero, en semejante mundo, el problema económico habría dejado de existir por definición.

Todo esto parece muy abstracto; mas, en realidad, sólo expresa, con un grado de generalidad propia de las cuestiones fundamentales que examinamos, hechos que nos son perfectamente conocidos. Si preguntamos concretamente por qué la producción de un artículo determinado en un lugar también determinado es la que es y no otra, nuestra respuesta no se expresa en términos que de pronto tengan un sentido técnico; la expresamos en función de precios y costos y, como todos los estudiantes de primer año lo saben, unos y otros son un reflejo de valoraciones relativas y no de condiciones meramente técnicas. Todos conocemos artículos que, desde un punto de vista técnico, podrían producirse bien fácilmente.(14) No obstante, no es lucrativo por el momento hacerlo así. ¿Por qué? Porque dado el precio probable, los costos son demasiado elevados. ¿ Y por qué lo son tanto? ¿Acaso porque la técnica no ha progresado suficientemente? Esto sólo es cierto en un sentido histórico; pero no resuelve la cuestión fundamental de por qué, dentro de una técnica dada, los costos son demasiado altos. Y la respuesta sólo puede expresarse en términos económicos. Depende por esencia del precio necesario para pagar los factores de la producción requeridos, comparado con el precio probable del producto. Y eso puede depender de una diversidad de consideraciones. En condiciones de competencia dependerá de las valoraciones que los consumidores hagan de las mercancías que pueden producirse con esos factores. Y si los costos son demasiado elevados, eso significa que los factores de producción pueden emplearse para producir otras mercancías que se estiman más. Si la oferta de un factor determinado está monopolizada, entonces los costos elevados pueden explicarse meramente porque quienes dominan el monopolio siguen una política que conduce a que alguno de los factores que dominan quede por una temporada sin ocupación. Pero, de todos modos, el proceso de la explicación final principia justamente donde termina la descripción de las condiciones técnicas.

Esto nos trae, aunque con mayor conocimiento de sus consecuencias, a la proposición de la que partimos. Los economistas no están interesados en la técnica misma. Su interés por ella se explica simplemente porque es una de las influencias determinantes de la escasez relativa. Las condiciones de la técnica se "manifiestan" en las funciones de productividad del mismo modo que las condiciones del gusto se "manifiestan" en las escalas de las valoraciones relativas; pero ahí cesa la conexión. La Economía es un estudio de la disposición de mercancías escasas. Las técnicas de la producción estudian las propiedades "intrínsecas" de los objetos o de los seres humanos.

§ 5. De los argumentos expuestos en las secciones anteriores se concluye que el objeto de la Economía es, esencialmente, una serie de relaciones; por una parte, entre los fines concebidos como objetivos posibles de la conducta, y, por otra, el ambiente técnico y social. Los fines mismos no forman parte de ese objeto, como tampoco el ambiente técnico y social. Son las relaciones mutuas entre ellos, y no ellos mismos, lo que importa al economista.

Si se aceptara ese punto de vista, es posible una explicación de mucho alcance de la naturaleza de la historia económica y de lo que a veces se llama economía descriptiva, explicación que esclarece la relación mutua entre esas ramas del estudio y la economía teórica y suprime todos los posibles motivos de conflicto entre ellas. La naturaleza de la teoría económica es clara: es el estudio de las consecuencias formales de estas relaciones entre fines y medios dados diversos supuestos relativos a la naturaleza de los datos reales. La naturaleza de la historia económica no debiera ser menos evidente. Es el estudio de los ejemplos más importantes en que esas relaciones se manifiestan a través del tiempo. Es la explicación de las manifestaciones históricas de la "escasez". La teoría económica describe las formas, la historia económica la sustancia.

Así, pues, tanto por lo que se refiere a la historia como a la teoría económicas, no podemos ya clasificar los fenómenos en grupos y decir: éstos son la materia de tu rama de conocimiento y éstos no. El dominio de la historia económica, lo mismo que el de la teoría, no puede restringirse a una parte cualquiera de la corriente de acontecimientos sin hacer violencia a sus propósitos internos; pero no pretende descubrir comprensivamente esa corriente de acontecimientos, como no lo pretende ninguna otra clase de historia.(15) Se concentra en la descripción de un cierto aspecto de ella: una red cambiante de relaciones económicas,(16) el efecto sobre los valores, en el sentido económico, de los cambios en los fines y en las oportunidades técnicas y sociales de lograrlos.(17) Si el economista teórico, manipulando su ábaco espectral de formas relaciones inevitables, puede consolarse con la reflexión de que todo esto puede caer dentro de sus categorías, el economista historiador, libre de la subordinación de otras ramas de la historia, puede tener la certeza de que no hay ningún segmento de la trama policroma de acontecimientos que pueda carecer de interés para sus investigaciones.

Unos cuantos ejemplos debieran aclarar este asunto. Tomemos ese vasto soliviantamiento que llamamos abreviadamente la Reforma. Para el historiador de la religión tiene importancia por su influencia sobre la doctrina y la organización eclesiásticas. Desde el punto de vista del historiador político, su interés reside en los cambios en la organización política: en las nuevas relaciones de gobernantes y gobernados y en el nacimiento de los estados nacionales a que dió lugar. Para el historiador de la cultura, lo tiene por los trascendentales cambios registrados en la forma y en el objeto del arte, así como por la liberación del espíritu para la investigación científica moderna. Pero para el historiador economista significa, sobre todo, cambios en la distribución de la propiedad, en las vías del comercio, en la demanda de pescado, en la concesión de indulgencias, en las incidencia de los impuestos. El historiador economista no está interesado en los cambios, en los fines y en los medios mismos. Le interesan en la medida en que afectan las series de relaciones mutuas entre medios y fines, su verdadera función de estudio.

Examinemos ahora un cambio en el proceso técnico de producción: la invención de la máquina de vapor o el descubrimiento del transporte por ferrocarril. Acontecimientos de esta clase, a semejanza de los cambios en los fines, presentan una variedad inagotable casi de aspectos. Tienen importancia para la historia de la técnica, para la historia de las costumbres, para la historia de las artes, y así ad infinitum. Mas para el historiador economista todos estos aspectos carecen de importancia excepto si suponen una acción y una reacción en su esfera de interés. La forma exacta de la primitiva máquina de vapor y los principios físicos en que descansaban no le conciernen como historiador economista, aun cuando en el pasado ha hecho a veces gala de un interés desordenado por semejantes asuntos. Para él tiene importancia porque afectó la oferta y la demanda de ciertos artículos y de algunos factores de la producción, porque afectó las estructuras de precios e ingresos de las comunidades en que fué adoptada.

Así, también, en el campo de la "economía descriptiva" -la historia económica del presente- el principal objeto es siempre la explicación de determinadas "relaciones de escasez", aun cuando la consecución de este objeto a menudo supone, necesariamente, investigaciones muy especializadas. En el estudio de los fenómenos monetarios, por ejemplo, con frecuencia nos vemos obligados a embarcarnos en investigaciones de gran carácter técnico o legal: la forma de conceder los sobregiros, las leyes relativas a la emisión de papel moneda. Estos casos son el foco de atención para el banquero y el abogado, pero para el economista, aunque un conocimiento exacto de ellas puede ser esencial para su propósito. la adquisición de ese conocimiento está subordinada por esencia a su propósito principal de explicar, en situaciones particulares, las potencialidades de los cambios de la oferta del medio de cambio. Lo técnico y lo legal sólo interesan al economista en la medida en que tienen este aspecto.(18)

§ 6. Veamos, por último, la relación que sostiene con la célebre interpretación materialista o "económica" de la historia, pues desde el punto de vista que hemos adoptado pueden discernirse ciertas distinciones que no siempre se admiten con claridad.

Ya hemos visto que, aunque en el pasado se ha dado a la Economía lo que pudiéramos llamar una definición "materialista", su contenido no tiene en modo alguno semejante carácter. El cambio de definición que proponemos, lejos de necesitar un cambio del contenido, sirve tan sólo para hacer más comprensible el contenido presente. El "materialismo" de la economía era un speudo-materialismo. En realidad no era materialista.

Podría pensarse que una situación similar prevalece respecto de la interpretación "económica" o materialista de la historia, que un mero cambio de marbete de esta doctrina sería suficiente para hacerla consecuente con la concepción moderna del análisis económico. Pero no es así. La llamada interpretación "económica" de la historia no sólo es "materia lista" en el nombre; lo es en todos sus aspectos, en la sustancia. Sostiene que todos los acontecimientos de la historia o, por lo menos, los fundamentales, son atribuibles a cambios "materiales", no en el sentido filosófico de que estos acontecimientos son parte del mundo material, ni tampoco en el psicológico de que las disposiciones psíquicas son meros epifenómenos de los cambios psicológicos -aunque Marx, por supuesto, habría aceptado estas posiciones-, sino en el sentido de que la técnica material de la producción condiciona la forma de todas las instituciones sociales y de que todos los cambios en las instituciones sociales son el resultado de los cambios en la técnica de la producción. La historia es el epifenómeno de los cambios técnicos. La historia de las herramientas es la historia de la humanidad.(19)

Ahora bien, correcta o equivocada, esta doctrina es ciertamente materialista y, sin duda, no se deriva de la Ciencia Económica que conocemos. Sostiene muy definitivamente que no sólo los cambios técnicos provocan modificaciones en las relaciones de escasez y en las instituciones sociales en general, proposición ésta que seria armónica con el análisis económico moderno, sino también que todos los cambios en las relaciones sociales se deben a cambios técnicos, proposición de carácter sociológico ajena del todo al alcance de las generalizaciones económicas. Supone decididamente que todos los cambios de fines, de valoraciones relativas, están condicionados por cambios en las potencialidades técnicas de la producción; es decir, supone que las valoraciones últimas son tan sólo un subproducto de las condiciones técnicas. Si éstas se alteran, los gustos y todo lo demás se altera. Si no cambian entonces los gustos y todo lo demás no se modifican. No hay cambios autónomos en el aspecto de la demanda. Los que ocurran deben atribuirse, en último análisis, a los cambios del mecanismo técnico de la oferta. No existe un aspecto "psicológico" (o, para el caso "fisiológico") independiente de la escasez. Los hombres, sin miramiento de sus características fundamentales, innatas o adquiridas, cuando se desenvuelven en ambientes técnicos similares, poseen hábitos e instituciones similares. Esto puede ser correcto o equivocado, palabrería hegeliana o visión profunda de cosas que, por el momento, no son susceptibles de análisis científico, pero lo cierto es que eso no se puede deducir de ninguna ley de la teoría económica. Es una declaración de carácter general acerca de los motivos de la conducta humana que, desde el punto de vista de la Ciencia Económica, es del todo gratuita. El marbete de "materialista" encaja perfectamente en la doctrina; no así el de "económica". La Economía puede bien proporcionar un instrumento valioso para la explicación de la historia; pero nada hay en el análisis económico que nos autorice a afirmar que toda la historia puede explicarse en términos "económicos", si "económico" se usa como equivalente de lo técnicamente material. La interpretación materialista de la historia se ha llegado a llamar interpretación económica porque se creyó que el objeto de la Economía era estudiar las "causas del bienestar material". Una vez que se admita que ese no es el caso, la interpretación materialista debe sostenerse o rechazarse como tal. La Ciencia Económica no presta ningún punto de apoyo a sus doctrinas, ni supone las conexiones que aquélla establece. Los cambios en las valoraciones relativas son datos desde el punto de vista de la Ciencia Económica.(20)



1. Las siguientes secciones se dedican a esclarecer algunas deducciones que se obtienen de considerar a la Economía como ciencia positiva. Para !a cuestión de si la Economía debe aspirar a una condición normativa, ver el capítulo VI, § 4.

2. 1ª ed., 15.

3. Some Economic Factors in Modern life, 1-25.

4. "... Uso el término Economía como una palabra que abarca todo lo que se endereza a la obtención del bienestar material" (op. cit., 3).

5. Ibid., 4.

6. Es justo decir que existen pasajes en el mismo trabajo que parecen dictados por esta consideración, especialmente las observaciones de las páginas 14 a 16, sobre el equilibrio en el consumo.

7. Ver sobre estos problemas The Commonsense of Political Economy, de WICKSTEED, 155-157. No se niega que la adquisición de la facultad para procurarse un ingreso real pueda llegar a ser un objetivo en sí mismo, o, que si lo es, el sistema económico no se verá afectado de varias maneras. Todo lo que se discute es que calificar cualquiera de estos fines de "económicos" supone un concepto equivocado de lo que por fuerza cae bajo el dominio del análisis económico. La Economía considera como supuestos todos los fines, los cuales se "manifiestan" en las escalas de valoraciones relativas que suponen las proposiciones del análisis económico moderno.

8. Economica, I, 3. Por supuesto que la cuestión de si la techumbre debe ser de pizarra o de teja, por ejemplo. puede depender muy bien de los previos relativos de estos materiales y, en consecuencia, tener un aspecto económico. La técnica tan sólo señala ciertos limites dentro de los cuales puede hacerse la elección. Ver p. 61.

9. El profesor KNIGHT, en un artículo reciente (Economic Science in Recent Discussion", American Economic Review, XXIV, 225 ss), se queja de que no aclaro que la técnica con respecto a la Economía es simplemente una serie de datos. No puedo dejar de pensar que el pasaje anterior ha escapado a la atención del profesor Knight. Desde luego, concuerdo con sus opiniones a este respecto, aunque no acierto cómo podría expresarlo con mayor vigor del que ya he puesto.

10. Es otra cuestión -de la que trataremos después: Capítulo III, § 6- la de si esta teoría ha de concebirse -como lo ha sido a veces en otros tiempos- como interesada en sumas de riqueza.

11. Cp. OSWALT, Vorträge über wirtschaftliche Grundbegriffe, 20-41.

12. Todo esto puede aclararse mucho usando unas cuantas curvas paretianas. Conocemos las posibilidades técnicas si se nos dan las curvas del costo de sustitución pero el problema no se habrá resuelto a menos que conozcamos también las curvas de indiferencia del consumo.

13. Ver Hans MAYER, op. cit., 5 y 6.

14. Los aceites combustibles producidos de carbón son un caso del que se habla mucho.

15. Acerca de la imposibilidad de una historia sin un principio selectivo, ver RICKERT, Kulturwissenschaft und Naturwissenschaft, 28-60.

16. Cf. CUNNINGHAM: "La historia económica no es tanto el estudio de una clase especial de hechos como el estudio de todos los hechos desde un punto de vista especial (Growth of English Industry and Commerce, I, 8).

17. Por lo que se refiere a la relación entre Teoría e Historia Económicas, ver HECKSCHER, "A Plea for Theory in Economic History" (Econnmic History, I, 525-35); CLAPHAM, Tite Study of Economic History, passim; MISES, "Soziologie und Geschichte (Archiv für Sozialwissenschaft und Sozialpolitik, 61, 465-512). Puede decirse que la descripción que se hace arriba acerca de la naturaleza de la Historia Económica presenta un cuadro muy idealista de lo que se encuentra en la generalidad de los tratados de Historia Económica. Puede admitirse, además, que en el pasado la Historia Económica, lo mismo que la teoría, no siempre ha logrado sus propósitos de depurarse de elementos adventicios. En particular, es innegable que la influencia de la escuela histórica alemana fué la causa de la intrusión de toda clase de elementos éticos y sociológicos que no pueden entrar, ni tomando las palabras en su más amplio sentido, dentro de la Historia económica. También es verdad que ha habido una considerable confusión entre la Historia Económica y la interpretación económica de otros aspectos de la historia -en el sentido que más arriba se ha dado a la palabra "económico"- y entre la Historia Económica y la interpretación económica de la historia en el sentido de la interpretación materialista de la historia (ver § 6 de este capítulo). Pero me aventuro a sugerir que la corriente principal de la historia económica desde Fleetwood y Adam Smith hasta el profesor Clapham admite la interpretación dada aquí más consistentemente que ninguna otra.

18. Consideraciones de esta clase señalan los peligros muy reales de un afán exagerado de seccionar los estudios económicos. El campo de ellos se ha dividido en los últimos años en gran número de sectores. Tenemos institutos de economía agrícola, de economía de transportes, de economía minera, etc. Es indudable que esto es conveniente hasta cierto punto. Alguna división del trabajo es esencial en el dominio de la economía aplicada y como veremos más tarde, la teoría no puede aplicarse con ventaja a la interpretación de situaciones concretas a menos que esté informada a la perfección de los cambios que se operan en industrias determinadas; pero como la experiencia demuestra, las investigaciones seccionales que se conducen independientemente están expuestas a peligros muy graves: tienden a la sustitución gradual de los intereses económicos por los tecnológicos si no se ejerce una vigilancia continua. El toco de atención se desplaza y una serie de generalizaciones que sólo tienen una significación técnica, se disfrazan de economía, lo cual es fatal, pues dado que la escasez de los medios rige para todos los fines, se concluye que una visión adecuada de las influencias que gobiernan las relaciones sociales en sus aspectos económicos sólo puede lograrse considerando el sistema económico como un todo. Las "industrias" no existen para sí mismas en el sistema económico. Su razón de ser es la existencia de otras, de manera que su suerte sólo puede comprenderse en relación con la red toda de las relaciones económicas. En consecuencia, los estudios consagrados exclusivamente a una industria u ocupación se exponen en seguida a perder contacto con lo esencial. Puede suponerse que su atención se halla enfocada al estudio de los precios y costos, pero continuamente tienden a degenerar en una tecnología de amateur o en meros datos contables. La existencia de este peligro, sin embargo, no quiere decir que dejen de hacerse esta clase de investigaciones; pero es muy importante reconocer con toda claridad su existencia. Aquí, como en todas partes, lo importante es mantener un equilibro adecuado. Nuestro conocimiento sería muchísimo más pobre si no fuera por la existencia de diversos institutos especializados en algunas investigaciones concretas; pero muchos graves errores podrían haberse evitado si los que las realizan hubieran tenido presente el concepto de lo que es importante económicamente hablando.

19. Las distinciones que empleo en lo que sigue son muy semejantes a las usadas por el Dr. STRIGL (op. cit., 158-161). La diferencia de énfasis puede atribuirse al propósito diverso de exposición. El Dr. Strigl trata de exhibir la interpretación materialista como una teoría primitiva de lo que él llama Datenänderung. Por consiguiente, tiende a menospreciar su deficiencia al no querer tomar en cuenta los cambios en las valoraciones últimas, excepto en una forma derivativa de los cambios de la oferta. Por mi parte, deseo demostrar la distinción fundamental entre cualquier explicación de la historia que resulte del análisis económico que conocemos y la explicación que presenta la interpretación materialista. Por consiguiente, saco a luz este punto particular. No creo que el Dr. Strigl ponga en duda la lógica de mis distinciones, como tampoco objetaría yo el interés de su analogía.

20. Es verdad que puede sostenerse que una Comprensión cabal del análisis económico conduce a presunciones contra la interpretación materialista. Una vez que se entiende cómo los cambios de la técnica influyen directamente sobre el volumen de la demanda, es extraordinariamente difícil postular cualquier conexión necesaria entre los cambios técnicos y los cambios autónomos de la demanda. Semejante actitud de escepticismo frente a la teoría marxista no supone la negación del materialismo metafísico, aunque tampoco supone su aceptación. Supone tan sólo rechazar la creencia de que las causas que influyen el gusto y otras cosas son técnicas por naturaleza. El más intransigente behaviorista encontraría inobjetable la creencia de que en este sentido el materialismo técnico es una verdad a medias muy equívoca.

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