La reproducción de la escasez 


János Kornai

En De Marx al Libre Mercado Vuelta, México, 1993. IPágs.13—46 Publicado originalmente en inglés con el título: “Resource—constrained versus Demand—constrained Systems”, Econometrica Vol. 47, 1979, pp. 801—819. Mensaje presidencial presentado en los encuentros norteame­ricano y europeo de The Econometric Society, en Chicago, el 29 de agosto de 1978 y en Ginebra, el 6 de septiembre de 1978.

La palabra escasez que aparece en el título se refiere a un bien conocido conjunto de fenómenos al que todos nos enfrentamos como consumidores. Aunque en los últimos años la oferta de bienes de consumo ha mejorado mucho, los "bienes deficitarios" siguen perturbando la continuidad de la oferta. Decenas de miles de personas esperan una línea telefónica o la compra de un auto. El más grave fenómeno de escasez en el consumo es la falta de vivienda, que se ha convertido en un grave problema social.

Seguimos enfrentando fenómenos de escasez no sólo como consumidores, sino también como productores. No son raras las dificultades para el suministro de materiales, productos semiterminados y refacciones. La carencia de edificios y capacidad instalada figura en todos los procesos de inversión. Además de todo esto, la insuficiencia de mano de obra retrasa cada vez más el crecimiento de la producción.

Para muchos economistas y administradores, en esta situación influyen fenómenos separados. Aunque los síntomas son similares, la causalidad es diferente en cada caso. Cierto tipo de escasez resulta de los errores del planificador, otro de la negligencia de la fábrica que suministra el producto o de la empresa comercial que lo vende, un tercero puede ser consecuencia de que el precio establecido es muy bajo, etc.

En mi opinión todos estos síntomas surgen de la misma raíz y en última instancia pueden ser rastreados hasta sus principales causas comunes. Nos enfrentamos a varias manifestaciones concretas del mismo fenómeno general. La prioridad de este estudio es investigar lo que tienen en común estos diversos fenómenos y explicarlos.
 
La palabra "reproducción" que aparece en el título alude al hecho de que no nos enfrentamos a sucesos temporales, provisionales u ocasionales sino a un fenómeno complejo que se reproduce constantemente a sí mismo bajo circunstancias específicas. No es un simple caso de "escasez que engendra escasez" aunque tal autopropulsión y autogeneración también puede presentarse. La escasez renace continuamente de las condiciones sociales y de ciertas características del mecanismo económico de las cuales hablaremos en un momento.

El análisis de la escasez es un tema con múltiples ramificaciones. ya sea como causa o como consecuencia, está relacionado con todos los procesos importantes de la vida económica. Para analizarlo en su totalidad tenemos que repasar casi todos los capítulos de la teoría económica. Este breve estudio no pretende ser exhaustivo ni un resumen de argumentaciones más vastas y detalladas. Debe conformarse con permanecer dentro de una fracción de esta amplia esfera de problemas y demostrar ciertas relaciones importantes.


La escasez puede ser vista a un tiempo como buena y mala. Es favorable que no exista capital ocioso sin ser requerido por alguna empresa para uso productivo. hay pleno empleo. (Más tarde volveremos a esto). Al mismo tiempo, los logros vienen necesariamente acompañados de problemas. La escasez provoca pérdidas y molestias a los consumidores. Con frecuencia tienen que esperar el abasto, hacer colas y muchas veces se ven forzados a contentarse con bienes diferentes a los que originalmente deseaba. Hay ocasiones en que no pueden cubrir su demanda particular en lo absoluto. La escasez perturba la producción. Se desarrolla un mercado del vendedor en el cual no hay suficiente incentivo para mejorar la calidad de los productos o para la innovación. Menciono todo esto sólo de manera preliminar: mi estudio tampoco pretende ser una evaluación normativa o una formulación de recomendaciones. Su único propósito es la descripción del fenómeno y la explicación de sus causas.

El examen de la escasez que surge en la economía socialista tiene muchos precedentes en la historia del pensamiento económico. Por limitaciones de espacio es imposible describirlos aquí en detalle y comparar mi punto de vista con el de otros.

Voy a proseguir mi análisis sobre un plano más bien abstracto; no habrá representación detallada de la realidad económica. Básicamente me ocupo de la forma "clásica" de economía socialista, anterior a las reformas de la administración económica emprendidas en las décadas de los sesentas y setentas. No voy a discutir en detalle hasta qué grado la situación actual del mecanismo económico húngaro es idéntica o diferente de la forma "clásica". Otro supuesto simplificador que haré es descartar el comercio exterior. Comienzo mi estudio con el enfoque microeconómico, y me ocuparé del macroeconómico en la segunda parte.

Análisis microeconómico

Las tres restricciones al incremento de la producción

Concentraremos nuestra atención en la empresa productora, ocupándonos exclusivamente de su comportamiento a corto plazo. Se supone que la empresa busca incrementar la producción y no habremos de cuestionar su motivación, es decir, si su impulso proviene del mandato de las autoridades superiores, de su propia decisión voluntaria (con miras a incrementar utilidades), de los premios prometidos a sus administradores o de las presiones de los clientes, etcétera.

La pregunta es la siguiente: ¿cuáles son las restricciones que limitan los esfuerzos por incrementar la producción? Como ilustración podemos visualizar un modelo de programación matemática de la empresa en el que las variables de producción están restringidas por desigualdades. En un momento dado existen miles de restricciones para cada empresa, y si pensamos en la totalidad de las empresas, es decir, en el conjunto de una economía nacional, la producción está delimitada por millones de restricciones superiores. Las restricciones se dividen en tres grandes grupos: en las actividades productivas no puede exceder el total de los recursos disponibles. Estas son restricciones de naturaleza física o técnica: la cantidad de mano de obra con diferente grado de calificación disponible en ese momento para la producción, la cantidad de materiales, productos semiterminados y refacciones en bodega, la capacidad de la maquinaria y el equipo en buen estado de las fábricas, el espacio utilizable en terrenos de la fábrica, etcétera.

2. Restricción de demanda: La venta del producto no puede exceder la demanda de los compradores a los precios establecidos.

3. Restricciones presupuestales: Los gastos financieros de la empresa no pueden exceder el monto de su capital monetario inicial y sus ingresos por ventas. (más tarde analizaremos el crédito).

¿Cuál de las tres restricciones es efectiva como característica definitoria del sistema social? Para clarificar lo que quiero decir con "restricción efectiva" quisiera referirme nuevamente a la teoría matemática de los sistemas de desigualdades, por ejemplo a la programación lineal, cuyo empleo se entiende mejor entre economistas. En la solución de un problema de programación, la igualdad se sostiene para algunas de las restricciones planteadas originalmente en forma de desigualdades. La producción utiliza algún recurso en su totalidad; las ventas quizás se extienden hasta el límite de la demanda; los gastos agotan los fondos disponibles. Las restricciones para las cuales la igualdad se sostiene son efectivas porque realmente delimitan la elección. La producción hubiera sido mayor si no se hubieran alcanzado los límites efectivos. Sin embargo, la desigualdad se mantiene para otras restricciones ("no están agotadas") en la solución del problemas de programación. Estas no son efectivas desde el punto de vista de la solución momentánea. Es como si no estuvieran ahí: son redundantes, no influyen la elección.

Siempre son las restricciones comparativamente más ajustadas las que son efectivas, porque entran en conflicto con el esfuerzo por aumentar la producción. Las restricciones relativamente más laxas no son efectivas.

Sistemas restringidos por la demanda y sistemas restringidos por los recursos

Se conciben dos tipos de sistemas puros desde el punto de vista de la efectividad de sus restricciones. Uno es el sistema restringido por la demanda . En él la restricción efectiva al incremento de producción es la demanda del comprador. La cantidad disponible de recursos permitiría un mayor incremento de la producción. Sin embargo, las empresas productoras no aprovechan esta posibilidad, pues consideran que el excedente no puede ser vendido.

El capitalismo es, en su forma "clásica" un sistema restringido por la demanda. Esta es la economía de la cual se ocupa Marx en Das Kapital cuando escribe acerca de la contradicción entre la tendencia a la expansión ilimitada de la producción y el limitado potencial de compra del mercado. 

La atención de Keynes se centró en este problema. El analizó las formas en que se puede incrementar la demanda efectiva. Entre las posibilidades que consideró se cuentan las inversiones gubernamentales y privadas, junto con los efectos indirectos que éstas ejercen sobre el empleo y la demanda del consumidor.

El capitalismo modernos -gracias sobre todo al efecto de la activa intervención estatal, muchas veces emprendida en nombre de Keynes- ya no se puede calificar de sistema restringido por la demanda "puro".

El otro tipo de sistema "puro" es el sistema restringido por los recursos. Aquí la restricción efectiva al incremento de la producción son los recursos físicos disponibles. La economía socialista, en su forma "clásica", es una economía restringida por los recursos. 

Para evitar malos entendidos debe señalarse que calificar a una economía como sistema restringido por los recursos no quiere decir que en tal economía todos los recursos se utilicen al 100% en todo momento. En la producción prevalece una complementariedad o más o menos estricta en el corto plazo. La tecnología está dada; se deben de combinar diversos insumos en proporciones fijas. Es decir, si se da un cuello de botella momentáneo en alguno de los recursos, al mismo tiempo otros recursos quedan parcial o totalmente ociosos. Cierto número de obreros estarán inactivos en el taller si no hay materiales que procesar, o si falta una refacción para la maquinaria, o si se corta la energía eléctrica; o del lado contrario, si hay material pero no se le puede procesar porque el trabajador encargado de eso no asistió al trabajo, hay escasez de los recursos que provocan el cuello de botella y desaprovechamiento de los recursos complementarios. Por lo tanto, la escasez y la inactividad no son fenómenos mutuamente excluyentes, considerando el conjunto de la producción y un periodo largo, pero sí necesariamente concomitantes.

Sobre la medición

De la presencia simultánea de escasez e inactividad se desprende una conclusión importante. La pregunta de si debe clasificarse a una economía como restringida por la demanda o restringida por los recursos, no se puede responder únicamente mediante la observación de sus inactividades o de sus recursos desaprovechados. Es posible, pero de ningún modo seguro, que al comparar dos sistemas económicos -uno restringido por los recursos y otro restringido por la demanda- la utilización promedio de los recursos sea mayor en el primero. El único criterio de distinción es: ¿cuál fue la restricción efectiva durante los procesos elementales de la producción? Si en la gran mayoría de los procesos elementales la restricción por la demanda fue efectiva y la restricción por los recursos físicos no lo fue, entonces nos enfrentamos a un sistema restringido por la demanda. Si, por el contrario, en la gran mayoría de los procesos elementales se dio la situación opuesta, es decir, la producción se topó constantemente con cuellos de botella, se califica al sistema como restringido por los recursos.

Esto nos lleva a los problemas de medición. La escasez no puede describirse mediante ningún agregado macroeconómico y no se puede expresar por la suma del poder adquisitivo no gastado, o en ese momento imposible de gastar, de las unidades económicas. Este es sobre todo el caso cuando la escasez se vuelve crónica y el comportamiento de las unidades económicas se ajusta de algún modo a la situación. Se vuelve costumbre que el producto o servicio deseado, pero no disponible en ese momento, se sustituya por alguna otra cosa. En este caso decimos que hay sustitución forzosa. La sustitución forzosa y el gasto forzoso absorben permanentemente el poder adquisitivo que no se pudo gastar de acuerdo con la intención original de consumo. Es por ello que el "exceso de demanda" agregado, medido en términos monetarios, no es una magnitud operativa. 

"Escasez" es el conjunto de millones de sucesos elementales de escasez a nivel submicroeconómico. Presentaremos algunos ejemplos de ellos. (Aquí y ahora, con el propósito de complementar, mencionaremos a las instituciones no lucrativas y a las familias además de las empresas productoras.)

1) En algún lugar no hay oferta de cierto producto o servicio cuando la empresa, institución no lucrativa o familia compradora quiere adquirir exactamente ese producto o servicio precisamente en ese lugar.

2) Falta algún insumo en el taller o en las oficinas de la institución no lucrativa, cuando la empresa o institución no lucrativa necesita exactamente ese insumo para sus actividades.

3) La empresa, la institución no lucrativa o la familia lleva a cabo una adaptación forzosa improvisada para mitigar las consecuencias de una escasez momentánea. Esto puede pasar tanto en el curso de un acto de compra, como en el curso de la utilización del producto. Por ejemplo, se sustituye el producto o servicio faltante con un producto inferior o más claro.

En el caso de una escasez crónica, se dan miles o cientos de miles de tales sucesos elementales de escasez o similares. La intensidad de la escasez depende de la frecuencia de dichos sucesos elementales de escasez, también de si se trata de sucesos de escasez con consecuencias relativamente sencillas que ocurren con frecuencia, o si se dan también sucesos elementales de escasez con consecuencias graves.

Como éste es un fenómeno estocástico masivo, se puede describir en forma estadística. Aunque cada suceso elemental de escasez puede ser bien observado, es obviamente imposible observarlos y registrarlos absolutamente todos. No obstante, para propósitos prácticos se puede reemplazar adecuadamente la medición cabal mediante la observación de muestras representativas y la descripción de cómo se distribuyen los principales tipos de sucesos de escasez característicos.

Como la intensidad de la escasez no puede medirse con una escala que lo incluya todo, tiene que describirse mediante un conjunto de varios indicadores de escasez. Uno u otro indicador de escasez puede mostrarse, por ejemplo, la frecuencia con que aparece un suceso de escasez típico. 

Volviendo a la producción, con base en lo anterior podemos emplear los dos enunciados siguientes como expresiones de contenidos idénticos: "la producción se topa frecuentemente con la restricción por recursos, es decir, con cuellos de botella físicos" y "en la producción la intensidad de la escasez de insumos es alta".

Restricción presupuestal dura o blanda

Tras el rodeo dado en lo relativo a la medición, volvamos a las restricciones de la producción. Hasta el momento no hemos tratado de la tercera categoría, la restricción presupuestal. En esta sección habremos de introducir un término que no era usual hasta ahora en microeconomía; distinguiremos entre las restricciones presupuestales dura y blanda.

Una restricción presupuestal es dura si se aplica con disciplina de hierro: la empresa sólo puede gastar tanto dinero como tiene. Debe cubrir sus gastos con los ingresos de sus ventas. Tiene derecho a obtener crédito, pero el banco sólo está preparado para conceder crédito bajo condiciones "conservadoras" y "ortodoxas". Por lo tanto, éste sólo puede ser un adelanto de los futuros ingresos por ventas.

La restricción presupuestal es blanda si los principios que acabamos de mencionar no se aplican consistentemente.

La dureza o blandura de la restricción se puede establecer de manera indirecta mediante la observación de dos fenómenos.

Primero, la supervivencia. La restricción presupuestal es dura si las dificultades financieras graves conducen a la empresa a la bancarrota. Muere por sus pérdidas en el sentido estricto de la palabra y sin considerar si el fracaso se debe a su propia negligencia, o a la coincidencia desafortunada de circunstancias externas. La restricción presupuestal es blanda si el Estado ayuda a la empresa a salir del problema. Hay varias maneras de hacerlo: subsidios, exención individual del pago de impuestos u otras contribuciones (su cancelación parcial o total, o su aplazamiento), indulgencia en el precio establecido centralmente para un insumo, incremento abierto del precio de venta establecido centralmente o tolerancia a un aumento encubierto del mismo, concesión de crédito con condiciones blandas, aplazamiento de los pagos de créditos vencidos, etc. El Estado es una aseguradora universal que compensa tarde o temprano a los afectados por alguna pérdida. El Estado paternalista garantiza automáticamente la supervivencia de la empresa.

El segundo fenómeno que nos permite extraer una conclusión indirecta respecto de la dureza o blandura de la restricción presupuestal es el crecimiento de la empresa. La restricción presupuestal es dura si el crecimiento de la empresa depende de su propia posición financiera; es decir, por una parte, de cuánto ha sido capaz de ahorrar y acumular de sus utilidades anteriores, y por otra, de si -bajo condiciones "conservadoras'- está en posición de contratar crédito y es capaz de obtenerlo para propósitos de inversión. Esto depende de las perspectivas de su situación financiera y de la rentabilidad esperada de la inversión. Si la inversión resulta un fracaso financiero puede conducir a la quiebra de la empresa. La restricción presupuestal es blanda si el crecimiento de la empresa no está ligado a su situación financiera presente y futura. En este caso no hay quiebra; la empresa sobrevive aun cuando la inversión implique graves perdidas.

Lo que yo llamo aquí dureza de la restricción presupuestal no es idéntico a lo que se denomina "incentivo de utilidades de la empresa" en los debates sobre la reforma de la administración económica en los países socialistas. El incentivo de utilidades -por ejemplo, el reparto de utilidades entre administradores y empleados- es compatible con una restricción presupuestal blanda. En esos casos los administradores de una empresa piden apoyo financiero a las autoridades superiores precisamente para que los empleados (y quizá también los administradores) puedan obtener su participación usual de utilidades aun en caso de reportar perdidas. Las restricciones presupuestales duras son efectivas en el sentido que hemos explicado. Restringen la actividad y la libertad de elección. "Sólo podemos gastar tanto dinero como tenemos" "Si invertimos mal, nos costará la vida." Las restricciones presupuestales blandas no son efectivas. La situación financiera de la empresa no restringe su actividad. El dinero sólo tiene un papel pasivo. "Que cueste lo que sea." "El objetivo principal es obtener material y capacidad, de algún modo conseguiremos dinero para hacerlo. "Una vez que encontremos un contratista no vamos a detener la inversión sólo porque no tenemos dinero. "Si hay pérdidas, las absorberá el presupuesto del Estado".

Los anteriores estereotipos de formas de pensar habituales en los círculos empresariales sugieren que la dureza o blandura de la restricción presupuestal refleja una actitud. No debe confundirse con una categoría contable en la hoja de balance de la empresa. Esta última es una identidad expost. Es una relación que se mantiene todo el tiempo: la diferencia entre el monto final de dinero y el monto original es idéntica a la diferencia entre ingresos y egresos. En oposición a esto, la restricción presupuestal -si es dura y por lo tanto efectiva- es una regularidad de comportamiento ex ante, que ejerce su influencia sobre las decisiones de la empresa.

Debido precisamente a que es una restricción ex ante, está relacionada con las expectativas de los administradores de la empresa. Estas no se conforman sobre la base de un solo evento, ni se desprenden únicamente de las experiencias de un administrador con su propia empresa, sino que se forman a lo largo de un período duradero y como resultado de la generalización del conjunto de experiencias. Si jamás se ayuda a ninguna empresa, o sólo muy rara vez se les rescata de la quiebra financiera, el administrador esperará que suceda lo mismo con su propio caso. Considerará que la restricción presupuestal es dura y actuará en consecuencia. Si la compensación de pérdidas se vuelve más frecuente, si el crecimiento de las empresas empieza a desligarse con mayor frecuencia y en mayor número de lugares de su situación financiera, el administrador puede pensar que ha aumentado la probabilidad de que su empresa también sobreviva aun cuando exceda la restricción presupuestal o fracase financieramente por una mala inversión. Y después de cierto límite, el administrador puede esperar con seguridad casi absoluta que la supervivencia de su empresa está garantizada; puede resistir cualquier pérdida y el fracaso financiero de cualquier inversión. Cuando la gran mayoría de los administradores de empresas tienen esta expectativa para el futuro, se puede decir que la restricción presupuestal es blanda. 

En la forma "clásica" de la economía socialista la restricción presupuestal es blanda. Parece que las reformas a la administración económica -aunque se ha introducido el reparto de utilidades en varios países socialistas, Hungría entre ellos- no han conducido a un endurecimiento significativo de la restricción presupuestal y no la han convertido en una restricción efectiva.


La demanda de la empresa

Existe una estrecha relación causal entre la dureza o blandura de la restricción presupuestal y los dos grupos de restricciones discutidos anteriormente: la efectividad de las restricciones por recursos y de las restricciones por demanda.

Examinemos primero el caso de la restricción presupuestal dura. La demanda por insumos de una empresa depende de su precio y de la situación financiera de la empresa. Los postulados de la teoría de demanda habitual, que conocemos tan bien, son válidos si la restricción presupuestal del comprador es dura (y sólo en ese caso). Como comprador, la empresa está preparada para evitar voluntariamente comprar y acumular demasiado material, contratar demasiados empleados y emprender inversiones demasiado fuertes; "demasiado" y "demasiado fuertes" en el sentido de que como vendedor la empresa se puede enfrentar a una restricción por demanda, y entonces no se justificarán los gastos; la empresa puede sufrir pérdida que tal vez la lleven finalmente a la quiebra. Por lo tanto, la empresa debe tener cuidado al calcular su demanda, porque "pasarse de la raya" implica riesgos y pondría en peligro su existencia.

Todo esto tienen múltiples efectos sobre las relaciones entre las empresas. Cada firma es al mismo tiempo un vendedor y un comprador. La demanda de la empresa compradora está limitada por la restricción presupuestal dura. Las ventas de la empresa vencedora, y por lo tanto su producción, está limitada por la restricción de la demanda de los compradores. Hemos llegado a un sistema restringido por la demanda.

La demanda agregada se puede incrementar mediante política económica keynesiana. No obstante, mientras la restricción presupuestal siga siendo dura, la demanda será finita. Aun con la expansión keynesiana de la demanda el inversionista mantienen su aversión al riesgo. El sistema no se expande hasta los límites establecidos por los cuellos de botella de la restricción por recursos.

Consideremos ahora el caso de la restricción presupuestal blanda. En este caso no hay restricción voluntaria por el lado de la demanda. La demanda no sólo es demasiado grande, sino que en primera instancia se puede plantear como infinita. La demanda por insumos de la empresa no es elástica al precio. La demanda de la empresa no depende de su ingreso financiero. En consecuencia, la forma de la función de demanda de la empresa difiere por completo de la que tiene en la teoría microeconómica habitual. Si algo impide que la empresa presente una demanda "infinita", son sobre todo los dos factores siguientes: 1) Aunque quisiera acaparar tantos materiales, productos semiterminados y refacciones como fuera posible, la capacidad de sus bodegas es limitada. 2) La opinión pública y las autoridades superiores condenan el "acaparamiento", que incluye, además de los insumos mencionados anteriormente, la "reserva" de mano de obra. Da mejor impresión y es por lo tanto mejor estrategia mostrar cierto autocontrol en la determinación de las demandas.

Conservamos en mente estos factores restrictivos al hacer la formulación siguiente: la demanda por insumos de las empresas es casi insaciable. Continúa por todos los medios hasta los límites de la oferta de insumos. Por lo tanto, en la esfera de las relaciones insumo-producto entre empresas, el sistema se vuelve restringido por los recursos.

Si la restricción presupuestal es blanda, el Principio de Say no se sostiene y tampoco la ley de Walras. En última instancia, los axiomas fundamentales de la teoría microeconómica habitual dejan de ser válidos. Ahí está la clave para comprender los fundamentos microeconómicos de una economía de escasez.

Debemos concluir el análisis microeconómico en este punto. Para nuestra exposición fue necesaria una extremada cantidad de simplificaciones; no tenemos espacio aquí para una descripción más exhaustiva y completa. De cualquier modo, el aparto microeconómico es suficiente para examinar algunas relaciones macroeconómicas.

Análisis macroeconómico

Simplificación de los supuestos

Quisiera explicar lo que tengo que decir con ayuda de un modelo simple. Como antecedente permítaseme repetir los principales supuestos:

1. Discutiremos la forma "clásica" de economía socialista.

2. Se realizará un análisis de corto plazo.

3. Se describirá una economía estacionaria. 

4.Sólo nos ocuparemos de los bienes no perecederos; descartaremos los servicios.

5. Se dividirá a la economía en dos sectores: el sector de las empresas y el sector de las familias. Descartaremos el sector de las instituciones no lucrativas (aunque en ciertos momentos nos referimos a su papel).

6. Como dijimos en la introducción al estudio, no nos ocuparemos del comercio exterior.

7. Se dividirá la producción en dos tipos tomados de la teoría marxista de la reproducción: Tipo I, producción de bienes para el productor, y Tipo II, producción de bienes de consumo. Suponemos que el comprador exclusivo de los bienes de consumo es el sector de las familias, que paga con dinero todas las mercancías. De este modo descartaremos el consumo asignado en especie a la población. El sector de las empresas compra los bienes para el productor, tanto del Tipo I como del Tipo II.

Puede demostrarse que las observaciones que presentamos a continuación serían válidas bajo supuestos menos restrictivos. Sin embargo, no podemos relajar los supuestos debido al restringido espacio con el que contamos.

Al diseñar el modelo he tratado de hacerlo tan amplio como sea posible, y por lo tanto no lo presento en forma matemática sino "gráfica". Utilizaremos una analogía hidráulica: el flujo de productos será representado por el flujo de un líquido, por ejemplo agua, y su almacenamiento por el almacenamiento de un líquido. La analogía no es nueva. La máquina de Phillips se presentó en la London School of Economics hace varias décadas. Se trataba de un modelo de analogía física, en el cual se representaba la interdependencia entre las variables de acervo y de flujo de la teoría macroeconómica de Keynes mediante flujos líquidos reales. Aquí utilizaremos diagramas para sustituir tanto el modelo físico análogo como la descripción matemática.

Depósito de Tipo II

Iniciaremos la descripción del sistema presentado el segundo depósito que almacena la producción de Tipo II. (Véase figura 1). La interpretación que debe darse al segundo depósito es que todos los productos de las empresas de Tipo II fluyen a su interior después de ser producidos pero antes de ser transferidos a las familias. De acuerdo con nuestro enfoque macroeconómico es como si los inventarios totales de la producción terminada de bienes de consumo que producen las empresas y los inventarios acumulados en el comercio se reunieran en una enorme tienda.


Figura 1. El depósito de Tipo II

Por el momento supongamos que el segundo depósito está perfectamente aislado del depósito de Tipo I.

¿Qué es lo que determina el nivel del agua en el depósito (es decir, qué dimensiones tendrá el conjunto de bienes de consumo terminados)? Eso depende, obviamente, de las proporciones del flujo de entrada y del flujo de salida. Consideremos como dado el ritmo del flujo de entrada o la cantidad de productos que fluyen al interior durante una unidad de tiempo. En ese caso el nivel del agua depende del flujo de salida que se permita pasar a través de la llave que hay en el depósito. La llave se puede regular cambiando el nivel de precios al consumidor y el ingreso nominal de las familias. Aquí se hacen valer bien conocidas interdependencias macroeconómicas elementales. El flujo de salida crece si a un nivel dado de precios al consumidor aumenta el ingreso nominal o si a un ingreso nominal dado se reduce el nivel de precios al consumidor. En tales casos el nivel del agua empieza a disminuir, y si el flujo de salida es más rápido que el de entrada durante un periodo largo de tiempo, los inventarios acabarán por extinguirse. A partir de entonces sólo irán llegando a los clientes tantos bienes como se acaben de producir. Y de igual manera, el flujo de salida se reducirá si a un nivel dado de precios al consumidor el ingreso nominal de las familias disminuye o si a un ingreso nominal dado el nivel de precios al consumidor aumenta. El nivel del agua en el depósito subirá, es decir, la existencia de bienes de consumo aumentará.

La llave puede funcionar porque la restricción presupuestal de las familias es dura. El consumidor sólo puede comprar la cantidad que su dinero le permite (tras deducir el monto del ahorro deseado).

Es necesario hacer aquí una pausa, porque tenemos que hablar de la importancia del nivel del agua en el depósito. Existe una estrecha relación negativa ceteris paribus, con una organización del sistema dada y propiedades de adaptación de la producción y el comercio dadas- entre los inventarios por una parte y la intensidad de la escasez por otra, o -en términos más generales- entre la disminución de la producción y el comercio por una parte, y la escasez por otra. (Esta relación se muestra en la figura 2.) La relación puede demostrarse rigurosamente en teoría, y también se puede verificar de manera empírica. 

Figura 2. Relación entre la intensidad de la escasez y la cantidad de inventarios y reservas.

Pero ahora todo lo que podemos hacer es confiar en la intuición. Consideremos nuestra experiencia cotidiana como compradores. Si emprendemos nuestro itinerario de compras y los estantes y aparadores de las tiendas están llenos de bienes, podemos esperar que muy probablemente encontraremos lo que deseamos en el primer lugar, o en todo caso tras una corta búsqueda. Sin embargo, si los estantes y aparadores lucen más bien vacíos, es muy fácil que nos digan, no es uno sino en varios lugares, que el artículo que estamos buscando no se halla en existencia. Esta es tan sólo una relación estocástica. mayores inventarios tampoco pueden garantizar la satisfacción exacta e inmediata de todas las intenciones de compra, pero pueden reducir la probabilidad de que se presenten fenómenos de escasez.

Dados estos supuestos, el nivel de precios al consumidor y el ingreso nominal (la "llave") regulan el volumen de los inventarios de bienes de consumo (el "nivel del agua"), y por lo tanto la intensidad de la escasez en el mercado de consumo.

Depósito de Tipo I

Ahora presentaremos el depósito de Tipo I en al figura 3. De acuerdo con nuestro enfoque macroeconómico el primer depósito también puede interpretarse como una enorme tienda transitoria. A su interior fluyen todos los bienes para el productor producidos por cualquiera de las empresas de Tipo I; de ahí pueden llegar a las empresas de Tipo I y Tipo II que los usarán como insumos.

Figura 3: El depósito de Tipo I

Como ya mencionamos, se supone por el momento que este depósito está perfectamente aislado del segundo depósito. Al comparar los dos depósitos, nos damos cuenta de que el primer depósito no tiene llave. La restricción presupuestal del sector empresarial es blanda. El líquido fluye libremente hacia afuera de este depósito: la demanda de los compradores (es decir de las empresas de Tipo I y II) no está limitada por su posición financiera. Más aun, no basta con enfatizar que no hay llave. Podemos apreciar que en la figura hay bombas que bombean el líquido fuera de depósito. El depósito está vacío: no hay inventarios de bienes para el productor y al mismo tiempo se presentan fenómenos de escasez intensiva en la producción. Es este primer depósito vacío lo que corresponde (a nivel macroeconómico y en el contexto de la analogía hidráulica) al sistema que llamamos "restringido por los recursos" en la primera parte del estudio.

Antes de hablar sobre bombas, debemos señalar algo. No hay que olvidar una lección importante del análisis microeconómico: la escasez y la inactividad por lo general se presentan juntos. Sin apartarnos de la analogía hidráulica podríamos decir que el fondo del depósito no es completamente liso. Si lo miramos más de cerca (véase figura 4), podemos observar que está lleno de huecos en los que se estanca el líquido. Lo que es más, no es agua lo que fluye dentro del depósito, sino un material más denso que se pega a las paredes y el fondo del depósito. Volviendo a la realidad económica: los procesos del sistema se llevan a cabo con fricciones. La adaptación se realiza con retraso y va acompañada de decisiones equivocadas. Por lo tanto, a pesar de los efectos del sifón, los inventarios no vendidos pueden deteriorarse y los recursos pueden permanecer desaprovechados.

Figura 4: Los residuos excedentes

Sin embargo, por ahora descartaremos en aras de la simplicidad las consecuencias de las fricciones y volveremos al cuadro macroeconómico más general. Decíamos que las bombas impulsan hacia adelante lo que corresponde más o menos a las reservas del sistema; la escasez es muy intensiva.

Las fuerzas que hacen funcionar la bomba

Debemos mencionar a dos de las fuerzas activas que manipulan las manijas de la bomba. La motivación cuantitativa a la producción puede inducirse mediante ajustados planes centrales. En este caso se ordena a las empresas que cumplan elevadas metas de producción. Se sabe que en la forma "clásica" de la economía socialista, en la cual las empresas recibían instrucciones detalladas de las autoridades centrales, se alentaba a los administradores para que aumentaran principalmente el volumen de la producción. Sin embargo, este fenómeno no necesariamente está ligado al sistema de instrucciones (que sólo es uno de los muchos tipos de señales que puede enviar el centro a las empresas). Es factible que se logre un efecto similar si el órgano superior no da instrucciones, pero manifiesta enfáticamente sus requerimientos. Ya sea que el centro mande a las empresas señales del primero o del segundo tipo, lo ajustado del plan significa de cualquier manera que es necesario que la empresa produzca de algún modo más de lo que realmente puede producir con esos recursos a un nivel de organización y adaptabilidad dados. Bajo tales circunstancias el fenómeno de "toparse con la restricción por recursos", que mencionamos en la primera parte del estudio, se presenta necesariamente.

Sin embargo, no sería correcto rastrear el origen de la motivación cuantitativa únicamente a lo ajustado de los planes centrales. También podría surgir aunque el plan central fuera más razonable y moderado. Existe también un mecanismo de escasez autónomo y descentralizado. Este se ha sumado siempre a la escasez generada por el centro y puede prevalecer aun cuando la política económica central no induzca la escasez (o lo haga sólo ligeramente).

Sobre este asunto me remito al análisis microeconómico en la primera parte del estudio. Debido a la restricción presupuestal blanda la empresa como comprador genera una demanda casi insaciable. Cualquiera que sea el monto disponible de recursos e insumos, la empresa siempre lo considera insuficiente. No tiene paciencia, o apremia al propio productor, o pide la intervención de los órganos superiores.

Y ahora consideremos el otro papel: la empresa en su función de vendedor. Real simbólicamente, los compradores hacen cola frente a la empresa; están impacientes, presionan a la empresa. Aunque no reciba instrucciones de hacerlo, la empresa empezará a impulsar por voluntad propia un aumento de la producción para poder satisfacer a sus ansiosos clientes en cuanto sea posible. Sin embargo, para lograrlo necesita ella misma mayores insumos, y esto nos sume en el círculo vicioso autogenerado de la escasez.

Más aun, la escasez crónica y el continuo toparse con el límite de la restricción por recursos, es decir, con los cuellos de botella físicos, provoca incertidumbre en cuanto al suministro de materiales. Esto genera una tendencia al acaparamiento. Mientras los inventarios de producción disminuyen por todas partes, cada productor trata de acumular sus propios inventarios de insumos. El acaparamiento amplifica todavía más la autogeneración de la escasez.

Por lo tanto podemos decir: la escasez genera escasez.

La otra fuerza importante que hace funcionar la bomba es el impulso a expandirse. Este puede surgir, de manera similar al caso de las decisiones de corto plazo sobre el flujo de producción, como consecuencia de los ajustados planes centrales de inversión. Si la política económica desea aumentar la producción a ritmo forzado, establecerá por lo común ambiciosas metas de inversión con requerimientos de insumos que superan la oferta disponible de bienes para inversión. Las actividades de inversión se topan constantemente con las restricciones físicas por recursos para inversión.

Igual que antes, cuando hablábamos del flujo de producción, podemos establecer que el impulso a expandirse no se tienen que imponer mediante instrucciones centrales a las autoridades de nivel medio e inferior de la administración económica y a las empresas. Existe una fuerza interna que promueve el impulso a expandirse. Todas las empresas, sin excepción, desean crecer y su "representante", las autoridades superiores, también quieren que crezca el sector a su cargo. El apetito de inversión es general y surge una y otra vez aun cuando pueda ser detenido momentáneamente en algunos lugares. 

Existen varias motivaciones para el impulso interno a expandirse, entre ellas el apetito de inversión. La más importante de todas es la identificación con la empresa o en el caso de un organismo superior, con el sector a su cargo. Todo dirigente está plenamente convencido de que las actividades de la unidad a su cargo tienen importancia social. Percibe que su producción es insuficiente. Por lo tanto, considera que la expansión es justificada y urgente. Observamos de nuevo el mecanismo autogenerativo de la escasez, pero ahora en la esfera de las decisiones a largo plazo. La percepción de la escasez intensifica el impulso a expandirse y el apetito de inversión; el impulso a expandirse y el apetito de inversión intensifican la escasez.

Sin embargo, no basta con reconocer la motivación objetiva que estimula la expansión y la inversión. Quizás sea aun más importante entender que en el caso de la restricción presupuestal blanda, nada impide a la empresa invertir. El riesgo en la inversión ha cesado; la quiebra financiera es imposible. Ninguna empresa existente rechazará de manera voluntaria cualquier oportunidad de inversión que se le presentara. Esta es la diferencia más importante entre las dos situaciones sociales que nos ocupan y que Keynes abordó en su tiempo. Su problema era cómo alentar al inversionista precavido, temeroso del fracaso, y de qué manera se podía complementar la insuficiente inversión privada, al menos en parte, mediante inversiones estatales. Pero nosotros nos enfrentamos a una empresa cuyo "apetito de inversión" es irrefrenable.

Se desarrolla una particular ilusión de fondos para inversión. Parece como si los órganos centrales: la oficina de planeación, las autoridades financieras y los bancos, distribuyeran las cuotas de inversión financiera. De hecho ellas asignan los permisos para iniciar las actividades físicas de inversión. Y cuando la actividad ha comenzado no se puede detener, aun cuando cueste mucho más dinero del que se había planeado. La oferta de dinero se ajusta pasivamente a la demanda por dinero generada por los insumos físicos para las actividades de inversión. La restricción presupuestal de la inversión también es blanda e ineficaz.

En resumen, se puede asegurar que la motivación cuantitativa crea una demanda casi insaciable por insumos para el flujo de producción y el impulso a expandirse crea una demanda casi insaciable por bienes para inversión. Desviándome ligeramente voy a mencionar que el papel de las instituciones no lucrativas es similar al de las empresas desde el punto de vista de los procesos que examinamos aquí. También conocen los síntomas de la motivación cuantitativa y el impulso a expandirse. Por lo tanto, ellas también "bombean". Ya hemos abordado la pregunta de quién maneja en realidad las bombas. Si, como señalamos, es la política económica central la que está detrás de la motivación cuantitativa y la expansión a ritmo forzado, esto refuerza en gran medida los efectos del bombeo. Sin embargo, aun cuando la política económica central sea más moderada, sigue habiendo cientos de autoridades económicas de nivel medio e inferior y miles de empresas e instituciones no lucrativas que tienen la bomba en sus manos. Es difícil hacerles recordar el autocontrol. Si alguno bombeara menos, otros bombearían lo que él pudo haber recibido. Si bien a ningún administrador de empresa, institución no lucrativa u órgano superior le complacen las consecuencias de la escasez, considera de cualquier modo que no pueden parar, se siente compelido a bombear.

Fisuras y filtraciones

El siguiente paso en nuestro análisis es eliminar el supuesto de que los dos depósitos están perfectamente aislados entre sí. Echemos un vistazo a la figura 5, que muestra los dos depósitos juntos. Hay fisuras en su pared común, a través de las cuales el líquido se filtra. Pasando de la analogía a la realidad económica: no hay dos mercados independientes herméticamente cerrados, uno para uso exclusivo de las familias y otro para las empresa. Estos dos tipos de compradores compiten entre sí por los mismos productos. 

Figura 5: Fisuras

A través de las fisuras el agua consigue pasar en ambas direcciones y esto puede suceder de hecho en la economía. (Los dueños de autos particulares compran refacciones antes de que el Estado pueda comprarlas para los suyos, o a la inversa). Sin embargo, aun cuando existe la posibilidad de simetría, en la práctica la dirección real del flujo es por lo general asimétrica: es el sector de las empresas el que absorbe en su provecho.

No olvidemos que hay una llave del lado derecho, a la salida del segundo depósito, mientras que del lado izquierdo no hay llave. Supongamos que mientras el ritmo de entrada al segundo depósito se mantiene constante, el orificio de salida de la llave se angosta (por ejemplo, aumenta el nivel de precios al consumidor). Durante algún tiempo el nivel del agua subirá. Sin embargo, esto será, ceteris paribus, sólo transitorio. Se hace valer la ley de los vasos comunicantes. Si hay comunicación entre dos recipientes y uno está lleno mientras que el otro está vacío, el nivel del agua se igualará. También en este caso, el nivel del segundo depósito baja al nivel del primero.

La interpretación económica de la analogía es la siguiente. Se da una competencia desleal entre los dos tipos de compradores. La "familia" tiene una restricción presupuestal dura y por lo tanto es sensible a los costos. La "empresa" tiene restricción presupuestal blanda y por lo tanto es poco o nada sensible a los costos. Tarde o temprano transfiere el aumento de costos al comprador o al presupuesto. Por lo tanto, en la competencia entre compradores la empresa tiene ventaja sobre la familia; puede absorber parte del suministro destinado a las familias.

Examinemos uno o dos ejemplos. Suben las tarifas de los taxis. La "familia" reacciona como lo marcan los manuales de microeconomía: su demanda se reduce. Sin embargo, para la empresa los gastos en taxis sólo representan un costo menor; si es que utiliza taxis, lo seguirá haciendo a tarifas superiores. Lo que es más, puede ser que hasta utilice el servicio más que antes, ya que ahora existe mayor disponibilidad y menor tiempo de espera. Examinemos un ejemplo más serio. Supongamos que las rentas de los departamentos públicos aumentan drásticamente. Esto induciría a muchas familias a mudarse voluntariamente a departamentos más pequeños y baratos. Si el aumento de las rentas es suficientemente alto, quedarían incluso departamentos vacíos una vez efectuadas todas las mudanzas. Las empresas absorberían inmediatamente dichas vacantes para utilizarlas como oficinas. El aumento de renta, que puede resultar muy pesado para el presupuesto de las familias, sería cubierto fácilmente por las empresas.

Sin embargo, hay varias razones por las cuales no todos los inventarios se filtran del segundo al primer depósito de acuerdo con la ley de los vasos comunicantes. Aquí sólo señalaremos dos factores. uno es la "fricción", que ya se ha mencionado. Los agentes de compras de las empresas no se lanzan con suficiente rapidez sobre los productos; tal vez no necesitan exactamente los mismos productos que se ofrecen al consumidor. La otra razón podría ser que las sanciones administrativas prohiben a las empresas comprar bienes y servicios destinados a las familias (por ejemplo, está prohibido usar para oficinas las habitaciones destinadas a departamentos). Dichas sanciones son las que están simbolizadas por las compuertas que cierran o reducen parte de las fisuras en la figura 5. Por supuesto, es difícil hacer respetar consistentemente tales restricciones administrativas y sobre todo extenderlas para que cubran todos los productos y servicios que se pueden filtrar.

Nuestra conclusión es la siguiente: la intensidad de la escasez en el mercado de consumo no depende únicamente de los reguladores habituales como la oferta de bienes de consumo, el precio al consumidor y el ingreso nominal. También depende de la fuerza del efecto de absorción del sector de las empresas e instituciones no lucrativas.

El vaciado de los depósitos, es decir, la intensificación de la escasez, se da con particular fuerza si, ceteris paribus, se abre más la llave del segundo depósito (por ejemplo, si se acelera el crecimiento del ingreso nominal a precios dados y el aumento de la oferta de bienes y servicios de consumo no puede mantener el paso). Pero los depósitos también puede vaciarse o disminuir a niveles muy bajos aunque eso no suceda y a pesar de una restricción de la demanda de las familias, ya que prevalece el efecto de absorción por la casi insaciable demanda de las empresas que no está limitada por la restricción presupuestal. Esta es la última referencia a la analogía hidráulica. Podemos ver, de manera gráfica, el sistema de flujos con sus depósitos, llave, bombas, fisuras y compuertas, que denominé de succión en mi libro Anti Equilibrium 

Escasez e inflación

A pesar del carácter abstracto de nuestro análisis, es factible extraer algunas conclusiones prácticas de política económica. Aquí presentamos sólo dos ejemplos: lo relativo a la inflación y el empleo.

Inflación 

En los debates económicos en Hungría ha surgido la idea de que la inflación es un antídoto efectivo contra la escasez. A precios fijos la escasez es intensiva; con un nivel de precios en aumento dicha intensidad disminuiría. Según esto, hay una "compensación" entre escasez e inflación. Cuanto más fuerte sea una, menor será la otra. Se presume la existencia de cierto tipo de "curva de Phillips socialista". En mi opinión, este punto de vista es equivocado. Se sustenta en supuestos inexactos que no toman en cuenta las condiciones institucionales existentes.

La compensación "escasez-inflación" ciertamente puede darse en una economía plenamente monetarizada, donde la restricción presupuestal tanto de las familias como de las empresas es dura. En tal economía, si se desatan procesos inflacionarios por el lado de los salarios mientras que el aumento de los precios se contiene artificialmente ("inflación reprimida"), la expansión del exceso de demanda conducirá obviamente a una escasez aun más intensiva. Bajo tales condiciones, dejar de "reprimir" la inflación, es decir, abrir el camino al incremento de precios, podría drenar el exceso de demanda acumulado. La restricción de la demanda se hace efectiva nuevamente y la escasez puede eliminarse en cierta medida.

Sin embargo, nada de esto se sostiene para el caso de una economía sólo monetarizado a medias. En las condiciones institucionales que discutimos en la primera parte del estudio, el sector sujeto a la restricción presupuestal dura está monetarizado, mientras que el sector sujeta a la restricción presupuestal blanda sólo está aparentemente monetarizado. El sector que funciona bajo restricción presupuestal blanda no reacciona a los incrementos de precios mediante una reducción de la demanda. Como subrayé anteriormente tarde o temprano la empresa puede transferir cualquier incremento de precio en los insumos al comprador o al presupuesto estatal. Por lo tanto, su demanda sigue siendo -aun dentro de cualquier proceso inflacionario-casi insaciable. Lo que es más este sector puede dedicarse a absorber las existencias en detrimento del sector que ya está sometido a una restricción presupuestal dura, el cual, de hecho, reaccionaría al aumento de precios mediante una reducción de su demanda.

Como consecuencia de la cadena de causas y efectos que hemos resumido brevemente aquí, no hay compensación entre inflación y escasez. Con precios estables, al igual que con un nivel de precios en ascenso o descenso, la escasez se reproduce mientras existan las condiciones institucionales para su reproducción crónica.

Empleo

En una economía restringida por los recursos, tras el periodo histórico transitorio de absorción de mano de obra el pleno empleo se vuelve permanente. Este es uno de los logros más importantes de la economía socialista. Al mismo tiempo surge la escasez crónica de mano de obra como una de las manifestaciones de la escasez de recursos.

El pleno empleo no es resultado de ninguna medida de política económica específica encaminada a incrementar el empleo y ni siquiera de la planeación o el diseño de combinaciones insumo-producto intensivas en mano de obra. La explicación del fenómeno debe buscarse en las condiciones prevalecientes. Es una consecuencia de la restricción presupuestal blanda que la demanda por recursos crezca de manera casi insaciable. La demanda por recursos, incluyendo la demanda por mano de obra, necesariamente tiene que crecer hasta que llegue al límite de la oferta.

Este fenómeno viene en "paquete" junto con los demás efectos de una restricción presupuestal blanda: el pleno empleo permanente se asocia a la escasez permanente de mano de obra y a otros fenómenos de escasez. Lo contrario también es cierto: por lo general, una auténtica restricción presupuestal dura reproduce continuamente el desempleo, junto con las demás consecuencias negativas y positivas de la restricción presupuestal dura.

Surge la gran pregunta: ¿es posible desarrollar algún tipo de situación intermedia, es decir, una "combinación convexa" de los dos diferentes esquemas institucionales y, junto con ella, una situación tal en que no hubiera ni escasez de mano de obra ni desempleo? ¿O poderosas fuerzas sociales llevan al sistema económico hacia una u otra de estas soluciones de esquina? El autor tienen que confesar que no conoce la respuesta a esta pregunta.

Por último, parece necesaria una observación final. No he presentado propuestas concretas. no he tratado de elaborar una teoría normativa que determine la manera de superar la escasez o el peligro de la inflación. Me he limitado estrictamente al desarrollo de una teoría descriptivo-explicatoria. El grupo de fenómenos en cuestión es extremadamente complejo y complicado. Se han presentado ya bastantes sugerencias sobre la manera de resolver las dificultades de la economía socialista de las que nos ocupamos aquí, pero cada una de ellas ha demostrado que sólo puede dar tratamiento a los síntomas sin eliminar las causas profundas que reproducen la escasez crónica. Estoy convencido de que los esfuerzos por llevar a cabo un análisis completo de la situación y una mayor clarificación de las relaciones causa-efecto pueden ayudar a descubrir una solución práctica de los problemas.

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