El ciclo económico
 

Ralph G. Hawtrey

 

Texto alojado y servido gratuitamente en
www.eumed.net/cursecon/textos

Publicado originalmente en
De Economist, 1926.

Reimpreso como capítulo V en
R.G. Hawtrey, Trade and Credit,
Longmans, Green and Company, Londres, 1928

Reeditado como capítulo en
Gottfried Haberler, 1944,

Readings in business cycle theory

Traducido al español y publicado en
Ensayos sobre el ciclo económico,
Fondo de Cultura Económica, México, 1944,
bajo la dirección de Víctor L. Urquidi.

Escaneado por Luana Chirila
para el grupo de investigación EUMED.NET
de la Universidad de Málaga
en mayo 2003.


EL CICLO ECONÓMICO

 Ralph G. Hawtrey •*


A partir de la primera Guerra Mundial la cantidad de literatura sobre el tema del ciclo económico ha aumentado más allá de cualquier precedente, aunque Ios numerosos escritores que han contri-buido, no siempre se dan cuenta de que en los tiempos actuales ya no hay ciclo económico. Su característica esencial es la periodicidad, que por supuesto, es el significado del término ciclo. Lo que impresionó a los economistas de antes de la primera guerra, fue que la alternativa entre buenos y malos negocios se extendía regularmente en un período de 7 a 11 años y que sucedía en todo el mundo. De otra manera no hubieran tenido nada que explicar. Que el estado de los negocios variará es lo que cada quien puede esperar. Si fuera éste siempre igual, como la temperatura del cuerpo humano, habría habido al menos tanta necesidad de explicarlo como al ciclo económico.

Desde la primera guerra hemos tenido altas y bajas en los negocios, pero no se han presentado en forma generalizada sino tan sólo parcialmente en diferentes países, por lo que ya no existen huellas de periodicidad regular. Este cambio es significativo y debe arrojar luz en la explicación del ciclo económico. Regresaremos después a este tema.

Indudablemente, al investigar el ciclo económico debemos considerar en primer lugar, cuáles son los fenómenos que varían periódicamente. La alteración consiste en buenos y malos negocios, o en prosperidad y depresión. Pero son términos imprecisos. Los que estudian el ciclo económico están enterados de que la alternación es aparente en muchos aspectos distintos. Apenas si hay algún campo de la actividad económica que no presente este fenómeno.

Pero entre los síntomas multiformes del ciclo económico hay dos tendencias que sobresalen notablemente y pueden muy bien considerarse como fundamentales, que son la fluctuación en la actividad productiva y la fluctuación en el nivel de precios. La primera no debe confundirse con una fluctuación en la producción. La una se mide por la cantidad de esfuerzo que se pone en la producción, y la otra por el monto de la producción resultante. La producción depende en parte del esfuerzo y en parte de otros factores, tales como los procesos técnicos y las condiciones naturales.

La producción proporciona una buena medida de la actividad productiva cuando los factores perturbadores están ausentes, o si se toman en cuenta, cuando están presentes. Pero la ocupación es la mejor prueba. Cuando el porciento de trabajadores sin empleo aumenta, la actividad productiva disminuye, y viceversa.

El ciclo económico se compone de períodos de buenos negocios, caracterizados por aumento de precios y bajas proporciones de des-ocupación, alternando con periodos de malos negocios con precios bajos y altas proporciones de desocupación.

Puesto que la actividad productiva y el nivel de precios aumentan y disminuyen juntas, se sigue necesariamente que hay una fluctuación correspondiente en la demanda total para todos los productos expresada en términos de dinero.

El dinero en que consiste dicha demanda lo proveen directa o indirectamente los ingresos de la población. El total de ingresos de que dispone ésta para gastar yo lo llamo ingreso de los consumido-res; el total que ellos gastan lo llamo gasto de los consumidores. El ingreso de los consumidores y el gasto de los consumidores tienden a ser iguales. Los medios de pago (comprendiendo moneda y crédito bancario) que la gente tiene en sus manos lo llamo el margen no gastado. El ingreso de Ios consumidores y el gasto de Ios consumidores sólo pueden diferir cuando el margen no gastado cambia.

El término "consumidor" como se usa aquí no debe interpretar-se con demasiada estrechez. La gente gasta sus ingresos no sólo en bienes de consumo, sino también en inversiones. Al "consumidor" debe considerársele también como "inversionista" y los gastos de los consumidores deben incluir las inversiones, pues el dinero invertido se gasta en bienes de capital.

Por otra parte, los gastos de los consumidores no incluyen los gastos de los negociantes en la compra o en la producción de artículos para la reventa. Tal gasto no sale del ingreso del negociante, sino
de los ingresos brutos de sus negocios. Sólo sale de un negocio aquel capital adicional que es invertido en el mismo y que se obtiene de sus propios ahorros. Este es un gasto de su ingreso en inversiones, ya sea que el dinero se use para una ampliación o mejoramiento del capital fijo o para un incremento neto de los artículos que se tienen en existencia.

Así entendido, el gasto de los consumidores representa la de-manda efectiva total de todo lo que se produce, ya sean mercancías o servicios. El negociante que compra para la reventa es propiamente un intermediario que pasa parte de esta demanda a uno de sus vecinos. Las alternaciones cíclicas en la demanda efectiva deben ser, por lo tanto, altercaciones en los gastos de los consumidores.

La demanda, sin embargo, es relativa, y algunos economistas han intentado explicar que la depresión, que marca la fase adversa del ciclo económico, se debe, no a una disminución real en el gasto de los consumidores, sino a un exceso en la producción de bienes.

Los economistas clásicos sostuvieron que la sobreproducción general era imposible porque nadie producía sino para el consumo y, por lo tanto, la demanda era necesariamente igual a la oferta. Además, la producción llegaba a su máximo durante la fase activa del ciclo económico y caía durante la fase de depresión en el preciso momento en que los síntomas de sobreproducción aparecían. Estas dificultades pueden evitarse si se supone que la sobreproducción toma la forma de acumulación de existencias de mercancías. Si la sobreproducción excede la demanda, es decir, que una parte de los productos permanecen sin venderse, los negociantes, sobrecargados con bienes no vendidos, se muestran poco dispuestos a producir más. Producción restringida significa empleo restringido. Estas condiciones continuarán mientras las existencias no vendidas sean mayores de lo normal. Los artículos sobrantes tienen que ser vendidos con un sacrificio de precio. Cuando ese proceso se completa, las existencias de los negociantes se adaptarán a una escala reducida de producción y consumo, por lo que, al aliviarse la presión sobre los mercados, se encuentra un margen de capital y trabajo sin empleo, ansioso de empezar a producir. Cuando renace la producción nos encontramos con que las existencias de mercancías son insuficientes para las necesidades del mercado y el proceso de aumentar dichas existencias hace más activa la producción. En realidad, ésta excede
al consumo, y continuará así hasta que las existencias se acumulen de nuevo y el ciclo se inicie otra vez.

Tal cosa es una versión de la teoría de sobreproducción del ciclo económico. La teoría es incompleta porque no ofrece ninguna explicación de la acumulación y la liquidación de existencias en diferentes industrias y en distintos países ni de por qué el proceso debe tener un período de 7 a 11 años o por qué éste se inicia.

Debido a esto, la teoría ha sido elaborada un poco más. Para explicar la longitud del período se indica que, cuando la producción aumenta, debe aumentar la capacidad de las industrias respectivas para producir el aumento correspondiente de las existencias. Dicho aumento puede hacerse por medio de la construcción de nuevas plantas y por la creación de nuevo capital fijo, lo que llevará un tiempo considerable. A menudo no sólo la construcción de una pieza de equipo lleva meses y aun años, sino que la capacidad de las industrias de construcción es limitada, y cuando están sobrecargadas de pedidos, no pueden comprometerse a una rápida terminación.

Por eso al final de un período de depresión la época de recuperación se prolongará durante el proceso de aumento del equipo de la industria. El clímax llegará cuando se use el capital nuevo y cuando la producción en aumento de bienes de consumo lleve las existencias más allá de lo normal y, por lo tanto, exceda la demanda.

Para explicar los movimientos simultáneos en diferentes industrias se hace uso de dos argumentos; en primer lugar, se dice, la prosperidad en una industria crea demanda para los productos de otras y éstas a su vez, siendo prósperas, crean una demanda mayor para otras más. En segundo lugar, la actividad de una industria de-pende de causas psicológicas. Los productores se vuelven emprendedores cuando esperan buenos mercados; y desconfiados cuando prevén mercados vacilantes. Tales previsiones, se dice, son contagiosas y están sujetas a las leyes de la psicología colectiva. El optimismo en una industria se extiende a otra; el optimismo en un país alimenta el optimismo en los demás. En la misma forma el pesimismo una vez que se extiende Llega a ser universal.

Creo que la teoría de la sobreproducción así elaborada representa claramente la explicación del ciclo económico que prevalece entre los que podemos llamar economistas de la escuela clásica. En muchos aspectos se ajusta bien a Ios hechos. La experiencia demuestra que en las épocas de buenos negocios las industrias de construcción son
más activas que las otras, y cuando la marea cambia, son las que sufren más. Sus existencias de mercancías son sobrantes cuando la actividad económica es mala y reducida cuando es buena.

Una cosa, sin embargo, he omitido. No se ha dicho nada sobre los cambios monetarios, o sobre la regulación del crédito, del cual comúnmente dependen aquéllos. Los economistas de la escuela clásica no abandonan completamente el factor monetario; pero sí lo consideran como secundario o que tan sólo modifica e intensifica las tendencias que se explican de otra manera.

Pero en la teoría de la sobreproducción, como se acaba de expresar, hay ciertos elementos que se presuponen en cuanto a la moneda y el crédito. La teoría encuentra la explicación de la actividad de los negocios en la renovación de existencias destruidas por la depresión anterior, y la de ésta, en la liquidación de existencias acumuladas durante la fase activa anterior. El aumento de existencias consiste en un exceso de las compras de los negociantes sobre sus ventas. Esta es una adición a su capital y debe ser pagada. Los fondos necesarios pueden ser provistos ya sea por ahorros obtenidos del ingreso o por medio de crédito bancario.

Si son previstos por ahorros del ingreso, significa que una parte de los gastos de los consumidores se desvía de la acumulación de existencias. Si los gastos de aquéllos permanecen inalterables, lo que se deja para la demanda efectiva de bienes de consumo disminuye en forma proporcional. En este supuesto el aumento de existencias no activará los negocios.

Si, por otra parte, los negociantes aumentan sus existencias con dinero que piden prestado de los bancos, esa situación no podrá prolongarse mucho. Los bancos pueden crear los fondos necesarios. El negociante llega a endeudarse con los banqueros por la cantidad de sus préstamos, y el banquero se endeuda con el negociante por una cantidad igual en la cuenta corriente.

El negociante puede usar las obligaciones de los banqueros como un medio de pago, que puede transferir por cheque a aquellos a quienes él compra. Así, puede aumentar sus existencias de mercan. cías sin disminuir los gastos de los consumidores en otras direcciones.

Si el ingreso y el gasto de los consumidores se supone que se encuentran en equilibrio en £ 1.000,000 al día o £ 30.000,000 al mes, y si los negociantes deciden aumentar sus existencias en £ 5.000,000 de mercancías en el curso de tres meses, obteniendo los fondos necesarios de sus propios ahorros, entonces la demanda de Ios negociantes para su propio consumo disminuirá en esa cantidad y los gastos de los consumidores como un todo se reducirán durante tres meses de 90 millones de libras a 85 millones. Si, en cambio, los negociantes piden prestados los £ 5.000,000 a sus banqueros, los gastos de los consumidores permanecerán en £ 90.000,000 y la demanda total que reciben los productores subirá a £ 95.000,000.

Aquí tenemos un aumento definido de los gastos de los consumidores, una demanda que surge de la nada. Esto, sin embargo, no nos da una explicación cabal. Es importante distinguir tan clara-mente como sea posible los efectos ulteriores de la creación de crédito bancario adicional, y después regresaremos a nuestro tema. Mientras tanto es suficiente hacer notar que sin la creación de crédito adicional, o algún otro medio equivalente, el deseo de los negociantes de aumentar sus existencias no se verá satisfecho y, por lo tanto, no ocasionará ninguna actividad en los negocios.

Se puede aplicar exactamente la misma línea de argumentación a la creación del capital fijo adicional. Si el capital fijo se paga de los ahorros obtenidos del ingreso, la cantidad disponible para otros propósitos disminuye en una suma equivalente. El profesor Aftalion sostiene que la característica del auge es una escasez de bienes de consumo en relación con la demanda. Para hacer subir la oferta, sostiene, es necesario aumentar, desde un principio, el equipo de la industria. Pero eso lleva tiempo, y, mientras progresa, los precios de los bienes de consumo son normalmente altos y, además, los precios de los bienes de capital, de los productos de la industria de bienes de construcción y de maquinaria y sus materiales, son también altos, porque reflejan las anticipaciones de la ganancia final que se obtiene de la venta de ofertas aumentadas de bienes de consumo. No es fácil establecer el supuesto que aquí se acepta implícitamente, que al final de la depresión el equipo no es suficiente para proporcionar empleo completo a la población. Pero dejando a un lado el argumento del profesor Aftalion, en realidad se presupone que los gastos de los consumidores mantienen una demanda indefinida de bienes de consumo, mientras la oferta adicional de los bienes de capital se paga de otras fuentes. En otras palabras, ya sea por la creación de crédito bancario o par otros medios, se supone que los gastos de los consumidores han aumentado.

Una vez más se aplica la misma crítica a la supuesta extensión de la prosperidad de una industria a otra. Si los gastos de los consumidores no se alteran, entonces cualquier aumento en la cantidad gastada en los productos de una industria sólo puede hacerse a costas de la disminución de lo que se gasta en los de otras. En tanto que los gastos de los consumidores se supongan fijos, sólo hay una manera por la cual puede reconciliarse esto con el aumento en la actividad económica, y es por medio de una caída general en los precios. Pero tal cosa significa el reverso exacto de lo que enseña la experiencia del ciclo económico; la fase activa se acompaña invariablemente por precios altos, ya que los precios bajos son una característica fundamental de la fase de depresión.

Aún subsiste el argumento de la psicología de los negociantes. ¿No pueden los negocios ser activos porque los negociantes esperen una demanda buena aunque sus previsiones sean erróneas? 1Y no puede la depresión obedecer a la previsión de una demanda escasa? Un negociante optimista que hace pedidos para una oferta adicional de mercancías necesita no pagarlas sino hasta que han sido repartidas. Mientras tanto los productores se encontrarán más ocupados en vista de los nuevos pedidos. Pero la carga de financiamiento no se nos escapa. Los productores deben hacer frente a sus gastos en salarios y de otra clase, de una u otra manera, ya sea que pidan prestado a sus banqueros o que cubran estos gastos de sus propios ingresos. En el primer caso se crean créditos bancarios; en el segundo se usa de Ios gastos de los consumidores.

Un movimiento especulativo puede provocar pedidos lucrativos que se hacen a los productores para el reparto de bienes en fechas futuras. La ganancia prevista en tales pedidos es parte del ingreso del productor. Si se abstiene de anticipar la ganancia, y sólo pide prestado lo esencial para pagar Ios costos ordinarios, puede considerarse que aplica esa parte de su ingreso para pagar los bienes en pro-ceso de manufactura yen el intervalo antes de ser distribuidos. Aquí tenemos un aumento del ingreso de Ios consumidores que no depende de la creación de crédito bancario. Pero la adición que se hace al ingreso se asegura con los bienes en proceso de manufactura, y no pueden llegar al mercado para ningún otro fin hasta que la orden se complete y los bienes sean distribuidos. El comprador debe pagarlos entonces, y sólo puede obtener Ios medios necesarios de su ingreso o de préstamos.

Si la previsión favorable del mercado de un especulador está equivocada, tendrá una pérdida, o de todos modos una pequeña ganancia que él anticipó. Esta pérdida debe ser contrapuesta a la ganancia del productor, y el ingreso de los consumidores como un todo no habrá aumentado. Como puede ser complicado el efecto de la especulación, el monto del ingreso y del gasto de los consumidores continúa siendo el factor dominante.

A estas alturas podemos regresar ya a la cuestión de su relación con la creación de créditos bancarios. Vemos que, si los negociantes se deciden a aumentar sus existencias de mercancías y piden presta-do los medios para pagarlas, hay un aumento en la demanda efectiva total. La demanda de los negociantes por mayores existencias de mercancías, mientras subsiste, se agrega a los gastos de los consumidores que presionan la demanda preexistente de bienes de consumo.

El método usual de proceder sería, para un comerciante o negociante, hacer pedidos a los productores para nuevas provisiones, y serán entonces los productores los que en primer término pidan prestado. Pueden girar contra documentos de los comerciantes y descontarlos en los bancos, o pueden obtener anticipos de estos úl-timos.

Las sumas que se dan a crédito a los productores las aplican al pago de los gastos de producción. Pero los costos de producción se componen de los ingresos de aquellos que contribuyen a la producción, ya sea por sus servicios o por el uso de su propiedad. El costo de los materiales usados en la producción se compone igualmente de los ingresos de otros productos. Así, el monto total de los fondos creados por los bancos se recibe como ingreso, ya sea en forma de ganancias, salarios, sueldos, renta o intereses, por los que se dedican a la producción de mercancías.

Este proceso distribuye entre ellos el dinero adelantado y aumenta sus saldos en efectivo por la cantidad distribuida. En realidad, lo que resulta es un aumento en el margen no gastado, en la cantidad total de dinero yen los depósitos bancarios. De acuerdo con la teoría cuantitativa de la moneda, se producirá un aumento de los precios si otras cosas no cambian.

Nosotros no podemos suponer, sin mayores consideraciones, que otras cosas no cambian. Si los que reciben esta cantidad extra de dinero, tanto los que obtienen ganancias como los que ganan sala-rios, lo agregan a sus saldos en efectivo y además no lo gastan, no habrá ningún aumento en los gastos de los consumidores y tampoco
una tendencia al alza de precios. Sin embargo, tal cosa es extremadamente poco probable; algunos de Ios que reciben ingresos pueden ser trabajadores recién empleados y gastarán su dinero en consumo necesario; Otros, ciertamente, gastarán parte de sus ingresos adicionales en bienes de consumo; otros ahorrarán parte de su dinero, pero el ahorro ordinariamente tomará la forma, no de dinero atesorado o de depósitos en cuenta corriente en el banco, sino de inversión. Y el dinero invertido se gasta en capital fijo.

Un poco del dinero permanecerá en forma de saldos. El individuo cuyos ingresos han aumentado mantendrá en sus manos, por término medio, cantidades algo mayores de efectivo; pero probable-mente la mayor parte del ingreso adicional se gasta en una u otra forma, por ejemplo, en la compra de artículos de los negociantes, que encuentran así sus existencias disminuidas, y se hallan en condiciones de pagar parte de las deudas a sus banqueros con el efectivo recibido.

Pero empezamos suponiendo que Ios negociantes desean aumentar sus existencias y que encuentran que vale la pena pedir prestado a sus bancos con objeto de sostener las existencias adicionales. Ahora vemos que si lo hacen así, crean una demanda nueva en los consumidores, que disminuye sus existencias casi tan rápidamente como ellos las aumentan. Lo que los negociantes completan se limita a la diferencia entre sus compras y las ventas a los consumidores y el aumento neto de su adeudo en los bancos llega a lo que se requiere para financiar este excedente. El aumento neto en el margen no gastado, la cantidad de medios de pago, es igual al mismo excedente, lo que, desde otro punto de vista, es aquella parte de los ingresos aumentados que la gente deja en forma de saldos en vez de gastarla o invertirla.

El deseo de los negociantes de aumentar sus existencias permanece insatisfecho y, por lo tanto, continúan haciendo pedidos cada vez mayores a los productores. Puede señalarse que el gasto de los consumidores aumenta tan pronto como los productores empiezan a pedir prestado. Estos y sus empleados tienen más que gastar mien-tras los pedidos no se cubran completamente. Los negociantes encuentran que las existencias que de momento tienen en sus manos, están disminuyendo realmente, aunque contra tal reducción disponen de una mayor oferta futura. En el momento en que un pedido se complete, todo su valor estará disponible para los productores como ingreso. El efecto neto en el aumento de las existencias estará limitado en la medida en que este ingreso se conserve en las manos de los que reciben saldos en efectivo.'

Para completar su programa de aumento de existencias, Ios negociantes deben ir haciendo pedidos nuevos, hasta que la cantidad conservada en su poder en forma de saldos en efectivo sea suficiente para igualar las existencias adicionales deseadas. Mientras tanto, los productores llegan a estar cada vez más ocupados, pero hay un límite a esa actividad. Cada vez están más y más ocupados hasta el límite de su capacidad ' y, por lo tanto, tienden a aumentar los precios. Ahora bien, como los negociantes experimentan también cada vez mayo-res dificultades para que les cubran sus pedidos y para asegurar el cumplimiento rápido de ellos, tratarán de defender sus existencias contra la disminución aumentando los precios a los consumidores. Aquí encontramos que debe ocurrir el alza de los precios que sostiene la teoría cuantitativa de la moneda. Esto sucede porque la gente gasta el dinero que recibe, pero sólo hasta donde sus gastos no sean satisfechos por una producción aumentada.

Si volvemos por el momento a la teoría de la sobreproducción, podemos ver ahora que no solamente presupone un aumento en los créditos bancarios como condición para el aumento de la actividad comercial, sino que aquél produce una sucesión complicada de reacciones que tiende a intensificar la actividad más allá de sus efectos inmediatos.

Es igualmente cierto que cuando los negociantes tratan de reducir sus existencias de mercancías, no habrá disminución en la actividad de los negocios a menos que tomen medidas para disminuir sus adeudos con los bancos. Un negociante que reduce su existencia restringiendo sus compras o acelerando sus ventas, se encuentra cada vez con más efectivo en sus manos; pero si gasta el efectivo (ya sea en bienes de consumo o en inversiones) lo pasa directa o indirecta-mente a los productores y se neutraliza el efecto contrario en los mercados. El curso más normal de los hechos es que los negociantes hacen menos pedidos a los productores, los productores piden prestado menos de los bancos, que, junto con sus empleados, tienen menos que gastar, y los negociantes, en consecuencia, encuentran que venden menos.

Aquí, como en el caso contrario del aumento de pedidos, se produce un círculo vicioso. Los negociantes desean disminuir sus existencias de mercancías, pero, cuando restringen los pedidos que hacen a Ios productores, los gastos de los consumidores disminuyen y sus ventas se reducen hasta que sus existencias bajan apenas un poco.

El análisis anterior de los efectos de una aceleración o retraso en la reacción del crédito bancario, se ha simplificado omitiendo cualquier referencia al mercado de inversión y a la oferta de capital fijo. El equipo de la industria y el transporte en su mayor parte difieren esencialmente de Ios bienes de consumo que pueden ser acumulados por los comerciantes en la forma de existencias. La demanda efectiva de bienes de capital emana de los ahorros. Estos ahorros son una parte de los gastos de los consumidores.

No obstante, también aquí el crédito bancario es un factor que interviene en la materia al menos en tres formas. Un contratista que produce equipo puede pedir prestado de su banco por el intervalo que media antes de que reciba pagos. Cuando los fondos requeridos surgen en el mercado de inversión para pagar el equipo, una parte de las acciones o valores emitidos puede ser manejada temporalmente por corredores o por negociantes del mercado de inversión, con dinero prestado. Finalmente, un industrial puede evitar por completo pedir fondos al mercado de inversión y pagar la ampliación de su capital fijo por medio de un adelanto de su banquero, que pagará de sus ganancias en un período corto de años. Un aumente o disminución de los créditos bancarios creados para estos propósitos, tiene sustancialmente el mismo efecto que un aumento o disminución para manejar existencias de bienes de consumo. El principio fundamental aplicable a todos los casos es que nadie pide prestado en un banco para mantener el dinero ocioso; sino que se hacen pagos inmediatamente, pasan a la circulación y aumentan los ingresos de los consumidores y sus gastos.

Hemos demostrado que las variaciones de la demanda efectiva, que es la sustancia real del ciclo económico, deben seguir los movimientas del crédito bancario; pero tenemos todavía que explicar por qué y cómo pueden ocurrir tales movimientos en este último.

En las condiciones de antes de la primera guerra, la creación del crédito bancario estaba gobernada por la oferta de oro. Si las operaciones de préstamo de los bancos se aceleran y los gastos de los consumidores aumentan, hemos visto que habrá un aumento de los sal-dos en efectivo de las gentes. Los saldos de las personas acomodadas pueden mantenerse en forma de créditos bancarios, pero los de las clases trabajadoras deben estar en dinero real, ya sea acuñado o papel. Cuando los ingresos de las clases trabajadoras aumentan, empiezan a absorber efectivo, disminuyendo, por lo tanto, las reservas de los bancos. Aun en los países donde se usa el papel moneda, la ley no permite un aumento indefinido sin un respaldo determinado de oro. Por eso, tarde o temprano, las restricciones de la oferta de moneda obligarán a Ios bancos a limitar sus préstamos.

Es un hecho comprobado por la experiencia que la transición de la prosperidad a la depresión está marcada por una restricción de crédito que se produce por la limitación de reservas en efectivo de los bancos. Pero todavía tenemos que explicar por qué se extiende a un largo período de años el proceso por el que los bancos primero aumentan y luego contraen el crédito.

Para un banco el préstamo es fuente de ganancia, y estará dispuesto siempre a prestar tanto como pueda. Pero si cualquier banco presta con mayor libertad que sus vecinos, empezará a perder efectivo en las operaciones de compensación. Ésta es una medida restrictiva más rápida que el retiro de efectivo de la circulación y hace que todos los bancos en el país caminen de acuerdo, lo que por sí mismo no impide al conjunto acelerar sus operaciones de préstamos; pero sí evita cualquier brusca ampliación, excepto cuando están de acuerdo. Tal ampliación simultánea puede ocurrir ocasionalmente, por ejemplo, cuando hay una reducción de la tasa bancaria, pero en general la expansión de crédito será gradual.

Y si tal expansión en un país con patrón oro es mayor que la de otros, aquél tendrá que encontrarse con una balanza de pagos adversa. Como hemos visto, una expansión de crédito aumenta los gastos de los consumidores; esto hace al país un mercado más favorable para vender en él y, por lo tanto, atrae las importaciones y desvía las mercancías de la exportación al mercado interior. La balanza comercial adversa que se produce, tiene que ser pagada con oro y sólo puede corregirse, y la salida de oro sólo puede detenerse por una contracción del créditos

Por eso, así como un banco debe marchar de acuerdo en sus préstamos con los otros en el mismo país, también un país debe marchar de acuerdo con los demás. El afán de ganancia siempre conduce hacia la expansión, pero, cada banco y cada país al caminar con cautela por el temor de ir demasiado aprisa, hacen que el progreso de la expansión del crédito sea necesariamente gradual y lento. Esto no es propiamente como un desfile que marcha bajo la dirección de un mando central, que se mueve, sin duda, algo más despacio que un individuo libre; es más bien como una multitud que camina sin organización hacia un objetivo, con la condición de que a cualquier individuo que vaya más aprisa que el resto se le obliga inmediatamente a retroceder.

Hay otro factor que materialmente afecta el ritmo de progreso del ciclo de crédito. Lo que en último término limita la expansión del mismo es la absorción de dinero por la circulación, la que como hemos visto se realiza principalmente por las clases trabajadoras, quienes reciben y pagan pequeñas sumas y no tienen cuentas bancarias (exceptuando cuentas en los bancos de ahorro que son real-mente una forma de inversión). Esta absorción lleva un retraso respecto a la expansión de crédito.

Cuando el empleo mejora y los salarios suben, las clases trabaja-doras gastan la mayor parte de lo que reciben en bienes de consumo y el resto vigoriza sus saldos en efectivo con mucha lentitud. El alza de los salarios se retrasa de alguna manera con relación al alza de los precios y de las ganancias. En el curso de la recuperación después de una depresión, cuando se alcanza la etapa en que la industria está trabajando aproximadamente a plena capacidad y los precios están quizá no muy lejos de lo normal; los salarios están todavía más abajo. Después de un intervalo, cuando los salarios han llegado a lo normal, la posesión de efectivo de las clases trabajadoras no alcanza todavía la proporción usual de los salarios. Entonces sobreviene un período en que las tenencias de efectivo continúan aumentando. Ya para entonces han llegado no sólo hasta lo normal, sino tan lejos que producen una escasez en las reservas de efectivo de los bancos y un progreso mayor en la expansión de crédito, así coma en los sala-rios, que estarán arriba de lo normal. En esta etapa los bancos empiezan a restringir el crédito, los precios y las ganancias aumentan y Ios gastos de los consumidores suben más allá de lo común. Los productores trabajarán a toda su capacidad bajo la presión de una acumulación de pedidos anteriores. La restricción de crédito no será del todo efectiva hasta que estos pedidos hayan sido terminados; pero mientras los productores se encuentren ocupados en los mismos, pe-dirán prestado en los términos que sean. Por eso hay un intervalo incómodo en que las productores permanecen ocupados, pero la sombra de la contracción del crédito está ya sobre los negocios. Durante ese intervalo los trabajadores estarán todavía completamente ocupados. Seguirán absorbiendo efectivo y los salarios no podrán ser reducidos. Cuando al fin la restricción de crédito llega a ser completamente efectiva y se inicia la desocupación, la absorción de dinero por la circulación alcanzará su máximo.

El proceso de transferir el dinero de la circulación a las reservas de los bancos es lento y penoso. La presión de la desocupación y de los salarios insuficientes conduce a las clases trabajadoras a retirar sus ofertas de efectivo, o en cualquier forma, a evitar que aumenten esas ofertas, mientras el nuevo oro de las minas fluye hacia los bancos.

No sería posible calcular a priori el período que abarque completar un ciclo de estos procesos. Pero de todos modos, no es sorprendente que se extienda a un número considerable de años.

La regulación del crédito par las reservas de oro en un sistema internacional, ofrece una explicación adecuada del ritmo de progre-so del ciclo y de su carácter periódico, una vez que se ha iniciado. Pero, Spot qué se inicia éste? La respuesta está en que el crédito es esencialmente inestable. Ya nos referimos al "círculo vicioso" de expansión y contracción. La actividad provoca la expansión del crédito, la expansión del crédito aumenta la demanda y la demanda produce mayor actividad. La depresión desalienta los préstamos, la disminución de préstamos viene acompañada de una demanda restringida y la demanda restringida significa más depresión.

De aquí se sigue que un movimiento de crédito pequeño o casual, ya sea expansión o contracción, tiende a exagerarse por sí mis-mo. Una vez iniciado, se desarrolla, y continuará creciendo hasta
que los bancos tomen medidas decisivas para detenerlo. En las condiciones que hemos supuesto, Ios bancos no toman estas medidas hasta que sus reservas se afectan, y en el momento en que tal cosa ocurre, el movimiento habrá alcanzado un impulso considerable. El proceso de refrenar e invertir ese impulso será bastante lento.

Por eso, aun si pudiera establecerse un estado de equilibrio perfecto del crédito, éste cedería a la primera pequeña perturbación produciéndose un movimiento cíclico. Ninguna otra causa se necesita al lado de las variaciones sin fin y fortuitas del crédito y de las pre-visiones de los negociantes, que están siempre ocurriendo.

Hemos recorrido ya un largo trecho de la teoría de la sobreproducción con que empezamos. En realidad, demostramos que las de-presiones comerciales no pueden deberse a la sobreproducción; la disparidad que surge entre la oferta y la demanda no se debe a un exceso de la riqueza sino a una deficiencia de la segunda. La demanda, es decir, los gastos de Ios consumidores, se restringe debido a una disminución del crédito. Si la restricción de crédito no ocurriera, la fase activa del ciclo económico podría prolongarse indefinidamente, a expensas, sin duda, de un aumento indefinido de los precios y del abandono del patrón oro. No hay ninguna sobreproducción. Duran-te toda la fase activa, la producción está a un alto nivel, pero esto se debe a que apenas puede llevar el ritmo del consumo. Las existencias de mercancías están entonces más bajo de lo normal y bajarán todavía más cuando la restricción de crédito produzca la crisis.

La medida de suficiencia en las existencias es por sí misma cela tiva, y depende, entre otras cosas, del estado del crédito. Es común para los comerciantes manejar una parte de ellas con dinero prestado, y cualquier aumento o disminución de las mismas probable-mente significa un aumento o una disminución en sus adeudos. El interés sobre los adelantos transitorios es un pequeño detalle para un manufacturero, cuya principal preocupación es conservar su equipo empleado completamente. Pero es de considerable importancia para un comerciante que obtiene una ganancia, a menudo un pequeño porcentaje, de la compraventa de grandes consignaciones de artículos. Para él, la desventaja de dejar bajar sus existencias un poco más de la cantidad común, es probablemente muy pequeña. Cuando la tasa de interés aumenta, su idea de lo que es una cantidad razonable para mantener en existencia se modifica inmediatamente; acelera sus ventas y restringe sus pedidos.

La grave plétora de bienes que es la característica de la depresión ocurre en el último momento, cuando la contracción en los gastos de los consumidores se ha hecho sentir por la disminución de las ventas. Las existencias entonces llegan a ser realmente más grandes de lo normal.

Se inicia gradualmente una expansión de crédito por la sensibilidad de los comerciantes a la tasa de interés, que son estimulados por el dinero barato para apresurar sus compras.

Es claro que mucho depende de su psicología y particularmente de sus previsiones, así como del curso de los mercados. Si se espera una demanda en aumento se apresurarán las compras y se anticiparán las ventajas de las ventas rápidas, de los altos precios o de am-bas cosas. Cuando los precios están aumentando, tener bienes en existencia es por sí mismo lucrativo; cuando los precios están bajan-do, es una fuente de pérdidas. Si hay un aumento de precios, una tasa de interés muy alta puede fracasar para que los comerciantes no pidan prestado; cuando hay una disminución, una tasa de interés aparentemente baja puede no ser suficiente para estimularlos.

Aquí encontramos un nuevo punto de contacto con la escuela clásica de economistas que hacen gran hincapié en el estado de con-fianza de los negocios y encuentran una explicación del ciclo econá mico principalmente en la repetición rítmica de errores de optimismo y de pesimismo.

Se da por sentado que el optimismo y el pesimismo están equivocados. Pero en realidad esto no es así. El optimismo significa la esperanza de que los precios aumentarán o que la demanda de un precio dado será mayor. El pesimismo significa la previsión de que los precios bajarán o que la demanda de un precio dado disminuirá. En las épocas de buenos negocios, el optimismo no está equivocado del todo, sino que es un punto de vista perfectamente correcto y lo mismo es cierto del pesimismo en las épocas de malos negocios. Cada estado de previsión tiende a producir su propia realización. Los optimistas piden prestado libremente, y el poder adquisitivo así creado produce el alza de precios que se espera; los pesimistas se abstienen de pedir prestado y la disminución del poder adquisitivo produce la caída de precios que ellos temen. Es sólo en el punto crítico, cuando los bancos restringen los préstamos o tienen éxito en estimularlos, cuando los optimistas y los pesimistas están respectivamente equivocados. Y aun puede ser que no estén equivocados allí; pueden tener suficiente conocimiento de la situación del crédito para anticiparse a la acción de los bancos. Si este conocimiento fuera general, el cambio de una fase del ciclo a otra seria iniciada entonces sin ninguna iniciativa de Ios bancos, por una disminución o aumento espontáneos, como puede ser el caso, en las operaciones de préstamo de Ios negociantes. En la práctica, sin duda, hay invariablemente algunos optimistas equivocados cuando la declinación empieza, y algunos pesimistas también equivocados, cuando la recuperación se inicia. Pero su existencia no es esencial para la teoría del crédito del ciclo económico.

Las previsiones de Ios negociantes, ya sean erróneas o correctas, constituyen un elemento en el problema de la regulación del crédito. Pero en las condiciones de antes de la primera guerra, la regulación de éste se guiaba por la situación de las reservas de oro. Si las previsiones de los negociantes fueran de tal manera que sostuvieran y ayudaran la acción de Ios banqueros para estimular o desalentar los préstamos, se facilitaría su tarea. Pero si dichas previsiones se orientan en dirección contraria, los banqueros no podrán renunciar a su política y estarán siempre dispuestos a tomar las medidas que sean necesarias para hacerla prevalecer.

En realidad, deben ser tomadas en cuenta Mes influencias distintas; el estado de Ios negocios depende de su resultado. En primer lugar está la tasa de interés sobre los préstamos de los comerciantes; en segundo lugar, su previsión sobre el curso de los precios, y en tercer lugar, el volumen real de sus ventas. El primero se encuentra dentro del control de los bancos; el segundo es psicológico, pero puede ser influido por circunstancias extrañas, y el tercero depende del efecto neto de los primeros dos sobre el gasto de los consumidores.

La inestabilidad inherente del crédito, que se hace ostensible en el círculo vicioso de la expansión y la contracción, se debe a las relaciones mutuas de esos tres factores. El optimismo estimula los préstamos, los préstamos aceleran las ventas y las ventas acentúan el optimismo. El pesimismo desanima los préstamos y la consiguiente disminución en las ventas intensifica el pesimismo.

Si los comerciantes rehusan dejarse influir en alguna forma por ciertas previsiones como la del estado futuro de los mercados, el factor psicológico podrá desaparecer, pero el ciclo del crédito persistirá todavía. Los préstamos responderán ala tasa de interés y el volumen de ventas al de préstamos. Por eso la psicología de los negocios, aun-
que en la práctica es un factor muy importante, no es esencial en el ciclo económico.

En general, las previsiones de los negociantes se adaptaron en forma muy fácil —en las condiciones de la primera guerra— a la situación del crédito. Las dificultades que se presentan para realizar el control del crédito en la cúspide de la actividad económica se de-ben, principalmente, a los fuertes compromisos que contraen Ios negociantes al pedir mayores préstamos a cualquier término. Es más probable que ocurra un conflicto entre la disposición de Ios negociantes y la política de crédito en las profundidades de la depresión económica. Después de una dosis excesiva de contracción de crédito, a veces es difícil inducir a los negociantes para que inicien nuevas empresas, cuando todo parece terminar probablemente en una pérdida por los precios a la baja.

Se introduce una complicación en el control del crédito cuando la psicología del negociante influye sobre la velocidad de circulación del dinero. Si se espera que los precios suban, la gente se apresura a gastar su dinero y, por lo tanto, conserva saldos más pequeños en relación al volumen de sus transacciones; cuando se espera que los precios bajen, pierden poco dejando que se acumulen saldas. El resultado es que una contracción del crédito puede tener muy pequeños y visibles efectos sobre la cantidad de depósitos bancarios. Los préstamos se restringen, pero porque Ios saldos se gastan con menos rapidez y los adeudos existentes no se pagan.

En 1920, cuando la tasa de interés en Londres se elevó al 7 % y se produjo la más intensa deflación, la cantidad total de depósitos bancarios en Inglaterra realmente aumentó.

Empecé diciendo que desde la primera guerra no ha habido ciclo económico. Esto es por sí mismo una valiosa confirmación de la explicación monetaria, pues si la causa del ciclo económico se encuentra en el progreso gradual de la expansión del crédito en un sis-tema de patrón oro internacional, podremos esperar que cuando no existe tal sistema no habrá ciclo. En los Estados Unidos existió el patrón oro desde junio de 1919, pero la fuerza de un sistema inter-nacional no se hizo sentir. En el lapso de seis años y medio la actividad económica en ese país alcanzó tres máximas sucesivas; en mayo de 1920, en marzo de 1923 y en febrero de 1925, con severas depresiones en 1921 y en la primera parte de 1924.

Otros países han experimentado similares fluctuaciones de corto plazo que tienen poca relación con las de Estados Unidos. Algunos, en las angustias del colapso monetario llegan a familiarizarse dolorosamente con la "catástrofe del auge", o sea, la actividad exagerada asociada con una rápida depreciación de la moneda. Otros, bajo la sombra de la deflación, sufren depresión crónica y desocupación. Así los males de las fluctuaciones no se han evitado. Sin embargo, esta experiencia nos da una valiosa ayuda para encontrar un remedio al ciclo económico. Los Bancos de la Reserva Federal se enfrentaron al problema de cómo evitar una expansión indebida del crédito y un alza de precios cuando las importaciones excepcionales de oro aumentaron de tal manera sus reservas que las proporciones establecidas por la ley eran completamente ineficaces. Se vieron obligados a buscar un medio distinto a las proporciones de reserva, adoptando sustancialmente la política de estabilización de precios. La fácil aceptación de las proporciones de reserva como guía para la política de crédito fue la causa real del ciclo económico antes de la primera guerra. Las proporciones de reserva sirvieron de advertencia, demasiado tarde, contra la expansión de crédito y ésta se desarrolló hasta cobrar ímpetu durante años, antes de que Ios bancos tomaran medidas efectivas para detenerla. Entonces se presentó la depresión del crédito acompañada de una prolongada contracción que desde ese momento se hizo necesaria para restablecer la posición de efectivo de los bancos. Si se contiene la expansión antes de que vaya demasiado lejos, puede evitarse la necesidad de, cuando menos, una pequeña y transitoria depresión. La experiencia norteamericana demuestra convincentemente que se puede hacer esto para un solo pals. No hay razón, en principio, para que el mismo remedio no pueda aplicarse a un sistema internacional, si las autoridades responsables controlan el crédito y están dispuestas a cooperar. En Europa, la cooperación internacional para evitar las fluctuaciones indebidas en el poder adquisitivo del oro se acordó, en principio, en la Conferencia de Génova de 1922. Puesto que el progreso se hizo hacia ese ideal no sólo en Europa, sino también en América, podemos esperar que el ciclo económico, la causa siniestra de tantos desastres antes de la primera guerra y particularmente de las epidemias periódicas de des-ocupación, llegará a ser un asunto de interés puramente histórico.

• Este artículo apareció originalmente en la publicación holandesa De Economist, 1926, y fue reproducido como capitulo 5 del libro del autor Trade and Credit, Londres, 1928 (Longman Green and Company).

•• De la Tesorería de Inglaterra.


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