Principios de Economía Política

Por el Doctor
D. Manuel Colmeiro
Catedrático de la Universidad de Madrid


Alojado en "Textos selectos de Economía"
http://www.eumed.net/cursecon/textos/

 

PARTE TERCERA. - De la distribución de la riqueza.

CAPÍTULO VIII. - De la usura.

La legitimidad del interés descansa en dos principios de una verdad incontestable, á saber, la virtud productiva del capital, y el sacrificio que se impone el capitalista, absteniéndose de disfrutar sus bienes.

Por eso llaman algunos economistas al interés el precio de la privacion, como el salario es el precio del trabajo. Todo servicio exige remuneracion; y quien edifica una casa, cultiva un campo, fabrica ó negocia con capital ajeno, debe dar participacion de su ganancia á los dueños de los instrumentos de la produccion, porque todos son autores de la riqueza.

A pesar de la inocencia del interés, fué llamado usura en sentido de general reprobacion, y las leyes reprimieron y castigaron con rigor al usurero como un hombre sin entrañas y sin misericordia, como reo de impiedad y negociante de tan desordenada codicia que no contento con su hacienda, roba la ajena. Veamos los fundamentos de esta opinion, y procuremos conciliar los preceptos de la moral con la doctrina de los economistas.

La Sagrada Escritura condena los contratos usurarios. «No darás á tu hermano dinero á usura, y no le exigirás más granos que los que le hubieres dado,» dice el Levítico, y el Deuteronomio repite: «No prestarás á usura dinero, granos, ni otra cosa cualquiera á tu hermano, sino al extranjero». En el Evangelio de San Lúcas se léen estas palabras: «Amad á vuestros enemigos, haced bien y prestad, sin esperar nada por ello».

Aristóteles distingue dos especies de industria, la una que llama natural y la otra facticia; aquélla esencial á la satisfaccion de nuestras necesidades, y ésta justamente menospreciada como parto de la codicia de los hombres, y prosigue: « Hay una rama de semejante industria digna de la execracion general, y es el tráfico de dinero que saca ganancia de la moneda violentando su oficio. El signo monetario fué inventado para facilitar las permutas; pero la usura lo hace productivo por sí mismo, porque así como un sér engendra otro sér, así la usura es moneda que engendra moneda. Con mucha razon se ha reputado esta especie de industria por la más contraria de todas á la naturaleza».

En Roma la usura es un perenne manantial de discordias intestinas y adquiere las proporciones de una cuestion social. Los filósofos la reprueban, los poetas la denuncian al odio público y las leyes limitan el interés, prohiben la prision por deudas y proclaman la abolicion de las deudas mismas, cuando la causa de los patricios sucumbe á la causa de los plebeyos. El derecho romano en los tiempos del Imperio reprime y castiga la usura como un delito, bien que la necesidad obligó á mostrar cierta tolerancia usando de benignas interpretaciones.

Los Santos Padres y los Doctores de la Iglesia reprenden amargamente la usura, porque (dicen) quien presta al necesitado se enriquece con la miseria de otro, y se goza en el hambre y desnudez del pobre, y muestra ser de ánimo cruel é inhumano. Los Concilios generales y provinciales las bulas apostólicas anatematizaron el pecado de la usura, y el derecho civil de la edad media, declarándola delito, fortificó con su autoridad las censuras y las penas del derecho canónico.

Así pues, tres poderosos enemigos se conjuraron para perseguir la usura, á saber, la filosofía aristotélica que enseñoreaba las escuelas, el derecho romano que era la ley comun de los pueblos latinos, y la teología moral que interpretó y extendió el sentido de los textos de los Libros Sagrados, las sentencias de los Santos Padres y los decretos conciliares y pontificios, examinó los contratos lícitos y los reprobados, distinguió la usura en paliada y manifiesta, y templó el rigor de los preceptos divinos y eclesiásticos con su teoría del lucro cesante y daño emergente.

Tal es el proceso de la usura: oigamos su defensa.

Los pasajes del Levítico y del Deuteronomio contienen un precepto impuesto al pueblo de Israel análogo á la remision total de las deudas cada siete años, y al jubileo que se celebraba cada cincuenta en cuya sazon las tierras enajenadas volvian á sus antiguos dueños; es decir, que eran mandamientos tocantes al gobierno temporal de los hebreos que regidos por una perfecta teocracia, daban ocasion á confundir lo moral y lo civil, lo político y lo religioso. Si la usura fuese un pecado á los ojos de Dios ¿cómo la habia de autorizar Moisés en daño de los extranjeros?

Las palabras de San Lúcas se interpretan por via de consejo, y no de precepto, y se reputan por máxima de caridad y acto parecido á otros actos recomendables de cristiana mansedumbre y desprendimiento de los bienes temporales. Si el Evangelio no consagra el deber absoluto de prestar dinero al prójimo, tampoco se concibe obligatorio prestarlo y no exigir rédito alguno. El Evangelio es la palabra de Dios, y en Dios no cabe contradiccion. Si prestar dinero á usura es pecado segun San Lúcas, ¿por qué segun San Mateo merece el nombre de siervo bueno y fiel el que con cinco talentos gana otros cinco, y el de siervo malo y perezoso el que esconde un talento debajo de la tierra, y lo restituye sin ganancia? «Debiste de haber dado mi dinero á los banqueros, y á la vuelta habria recibido yo mi caudal con usura,» le dice su señor.

Aristóteles cayó en el error de tener el dinero por estéril é infructífero. Cierto que la moneda no pare moneda, ni se siembra para coger fruto de ella; pero crece y se multiplica, sino como las semillas ó los ganados, por medio del trato y negocio. Más claro: los valores son fecundos, porque la produccion los aumenta, y el dinero es una forma accidental del interés.

Los Santos Padres vituperan con justicia la dureza de corazon de quien aprovecha la extrema necesidad de su hermano para añadir afliccion al afligido, y los Concilios y los Papas aluden siempre á la usura como fruto de una insaciable avaricia. Tal vez los primeros se dejan arrebatar con cierta ligereza por la corriente de una opinion en cuyo favor militan Aristóteles, Plutarco, Caton, Séneca y otros filósofos de la antigüedad: tal vez la doctrina de los jurisconsultos romanos y el espectáculo de la miseria pública agravada con la tiranía de los ricos fortificaron en ellos la idea de combatir la usura á todo trance, y el error se mezcló á la verdad, y el uso padeció por el abuso.

La Economía política dejaria de ser ciencia, si sus principios y leyes se apartasen de lo bueno y lo justo segun el criterio infalible de la Iglesia. Por eso nos hemos detenido en el exámen de la cuestion presente; y respetando lo digno de respeto, queda el campo libre á la controversia, en la cual bien podemos tener razon contra los teólogos y moralistas.

¿Qué es la lisura? Ganar sin causa, responde la teología escolástica: un vicio reprobado por la ley natural que consiste en hacer fructificar el dinero que de suyo es esterilísimo Así pues, « si se prestan algunos dineros ó cualquiera de las otras cosas y se lleva algun interés por prestarlo, lo más que se vuelve de lo que se dió, ó aquella demasía que se recibió, es la lisura» (P. Mercado, Tratos y corantratos de mercaderes, cap. VI.).

El usurero (prosiguen) hace por fuerza (es decir, con injusticia) que fructifique y se multiplique el dinero, y que siendo de suyo infecundo y seco, engendre y pára. Por la misma razon hay usura cuando se prestan cosas que se consumen con el uso, por ejemplo, trigo, vino, aceite, etc, y se saca del préstamo alguna ganancia, porque se logra sin poner trabajo, ni gastar tiempo, ni dar á este acto fundamento de valor; y puesto que en ambos casos la demasía se adquiere sin causa, se colige que entre la usura y el hurto no hay diferencia sustancial.

El préstamo (continúan los moralistas) debo ser un acto de liberalidad y misericordia, y como tal enemigo de toda ganancia. La usura es paliada ó manifiesta, ó una mancha que cunde por todos los negocios, así préstamos como ventas, compras, cambios y arrendamientos. Comprar al fiado, vender por más del justo precio, arrendar adelantando la paga, interesarse en los cambios, dar á censo con sobrada hipoteca y otros contratos del mismo tenor, son viciosos y usurarios. Sin embargo (añaden), quien tiene de oficio prestar, si deja de ganar prestando sin interés, no comete usura cuando lo exige, porque hay lucro cesante; y quien experimenta perjuicio de hacer un préstamo gratuito puede estipularlo por via de compensacion, porque hay daño emergente.

Los jurisconsultos aceptaron esta doctrina, y la usura pasó al catálogo de los delitos.

Ya hemos advertido en qué principios se funda la legitimidad del interés del dinero, ó por mejor decir del capital. Miéntras el oro y la plata fueron considerados como la única riqueza, pudo pasar la diferencia entre alquilar el dinero y alquilar una casa ó una tierra. Mas ahora que todos sabemos que el dinero es una mercadería cara ó barata segun la ley de la oferta y la demanda, y que tiene virtud reproductiva en juntándose al trabajo, pedir interés no es ganar sin causa. Hoy tan sólo combate la legitimidad del interés la escuela socialista, precisamente porque ha declarado la guerra al derecho de propiedad.

No, el dinero no es infructífero ni en manos de quien lo dá, ni en las de quien lo recibe. Tampoco son infructíferas las cosas fungibles, porque todo tiene su valor y es origen de otros valores; y quien toma parte en el trabajo, merece recompensa. El error fundamental de los moralistas estriba en la supuesta esterilidad del dinero y en la falsa idea de la riqueza. Porque miraban á la cantidad de las especies monetarias y no al valor que tenian y habian producido, proclamaron el dinero infecundo.

Vender al fiado más caro que al contado, equivale á prestar el vendedor al comprador un capital que debiera tener en giro desde la consumacion del contrato, por lo cual es justo que devengue un interés proporcionado á la ganancia que produce para una persona que no es su verdadero dueño. Anticipar la paga con descuento equivale á privarse por un plazo más ó ménos largo del empleo lucrativo de un capital que se cede en favor de otro, cuando no hay todavía derecho á exigirlo, en cuya avenencia hay un beneficio y un perjuicio que sólo puede compensar la estipulacion de intereses.

100 duros, 100 fanegas de trigo y 100 arrobas de cáñamo ó lino son un capital como una casa ó un campo; y si por la casa puedo pedir alquiler y por el campo cobrar renta, ¿ por qué causa no exigiré los intereses de mi capital que bajo cualquiera forma que exista supone siempre valores?

La usura será un delito, si la ley manda que lo sea. El acto en sí mismo es lícito y honesto. En todos los pueblos se ha usado y se usa prestar con interés, y los príncipes más solícitos por reprimir y castigar la usura, dieron el ejemplo de quebrantar la ley en las urgencias del tesoro. Si usura significa prestar á mayor interés que la tasa legal un hombre puede ser usurero hoy y no mañana, en España y no en Francia ó Inglaterra. Por eso dijo Bentham que la usura no era capaz de definicion. Las leyes represivas de los actos indiferentes sólo conducen á perseguir como culpados á los hombres que mejor guardan los preceptos de la moral.

Enhorabuena sea más meritorio á los ojos de Dios prestar desinteresadamente; pero el préstamo gratuito es una manera de hacer limosna, por lo cual atañe al fuero interno, y la ley jamás debe mezclarse en las cosas que son del dominio de la conciencia.

Protestamos aquí contra toda mala interpretacion de nuestra doctrina. Al defender la legitimidad del interés, vaya léjos, muy léjos de nosotros la idea de justificar la conducta de los miserables que llenos de avaricia y crueldad especulan con la miseria del prójimo. La Economía política, hermana, sino hija de la moral, reprueba la usura torpe y culpable. La ciencia no cubre con su manto tales iniquidades, que además de ofender las buenas costumbres, fomentan la disipacion, debilitan el trabajo, tienden lazos á la esperanza y conspiran á levantar una vil fortuna, labrando la ruina de millares de personas y familias honradas.

Hallaron prudente los gobiernos abandonar el sistema de la prohibicion absoluta, y se decidieron por el medio de tolerar un interés legal. La tasa del interés es una injusticia, porque siendo el dinero una mercadería, no se la puede fijar precio cierto, cuando las demás cosas se negocian con entera libertad.

La tasa es dificultosa, ó por mejor decir, imposible, pues no hay criterio seguro para establecer una relacion que no es única, general, absoluta é invariable, sino infinitas relaciones especiales, individuales, variables en cuanto dependen de la abundancia ó escasez de capitales, de la necesidad de los contratantes, de su buena ó mala fé, de su solvencia ó insolvencia.

La tasa es ineficaz como lo atestigua la historia de todos los pueblos. La usura no retrocedió jamás ante la amenaza de las leyes ni el rigor de las penas. Nunca se prestará con igual rédito á las personas de buena y mala fama, en los tiempos de paz y en los de guerra, en los dias prósperos y en los adversos. Cuanto más severa sea la prohibicion, tanto más redoblan los hombres su astucia para burlarla, y entónces se oculta el prestamista, se otorgan escrituras falsas, se simulan contratos y se envuelven los intereses con el principal. De este modo se consigue borrar las huellas de la usura: el juez sabe que existe, conoce al usurero y no puede castigarle por falta de pruebas.

La tasa es nociva, porque se opone al ahorro y á la formacion de capitales, instrumento del trabajo. Si arrecian las penas de la usura, se aumenta el riesgo del préstamo ilícito y crece el interés. Los tímidos se alejan y abandonan el campo á los atrevidos, con lo cual disminuye la concurrencia de los que ejercitan esta industria en perjuicio de los que acuden á ellos. Así sucedió en la edad media, habiendo caido la usura en manos de los judíos, quienes por amor del lucro arrostraron la infamia, inventaron fráudes y aventuraron sus personas y haciendas, buscando la compensacion de tantos daños y peligros en prestar con sórdida ganancia.

Puesto que las leyes restrictivas agravan el mal en vez de ponerle remedio, y al cabo son impotentes para moderar la cuota del interés, aconseja la razon abolirlas y proclamar la libertad del crédito. Absténgase la autoridad de intervenir en los contratos y negocios particulares, sea cada uno juez de su causa, presten muchos que ahora no prestan por respeto á la ley ó escrúpulos de conciencia, y lo que no ha conseguido ni conseguirá el legislador, lo alcanzará el curso natural de las cosas. Hágase de grado aquello que al fin se ha de hacer por fuerza.

El desarrollo del crédito, y sobre todo los bancos hipotecarios y los montes de piedad, contribuyen con más eficacia á bajar la cuota del interés que todas las leyes y reglamentos.

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