Principios de Economía Política

Por el Doctor
D. Manuel Colmeiro
Catedrático de la Universidad de Madrid


Alojado en "Textos selectos de Economía"
http://www.eumed.net/cursecon/textos/

 

PARTE TERCERA. - De la distribución de la riqueza.

CAPÍTULO IV. - De los salarios

Antes de entrar en materia conviene recordar al lector que estudiamos las leyes económicas en toda su verdad y pureza, es decir, el movimiento natural del trabajo en el régimen de la libre concurrencia. Si existen monopolios autorizados por el gobierno, privilegios singulares, reglamentos administrativos, tasas y posturas ú otra suerte de intervencion oficial en la produccion ó distribucion de la riqueza, la ciencia declina la responsabilidad de estos actos y condena la memoria de estos abusos. Cuando la voluntad del hombre prevalece contra los principios, la culpa de los males que afligen ó pueden afligir á la sociedad carga sobre la potestad arbitraria que ordena las cosas públicas con olvido ó menosprecio de toda buena doctrina.

Salario es el precio del trabajo del obrero; y por obrero se entiende el hombre que concurre á la produccion de la riqueza con su trabajo manual ó con la obra de mano. Recibe periódicamente y en pequeñas porciones el premio de su servicio; pero de cualquier modo que se pague el salario, el dia es la unidad de tiempo que se escoge para determinar su cuota. En este sentido salario equivale á jornal, ó sea el precio de una jornada ó dia de trabajo.

El obrero no se fatiga en balde, ni consume sus fuerzas por el mero placer de vivir ocupado, sino que busca una renta en el empleo de su inteligencia y sus brazos, así como otros la buscan en el empleo de su capital ó su tierra. Por lo mismo que tiene necesidades, procura medios legítimos y honrosos de existencia.

Vivir del salario es tocar el término de la emancipacion del hombre, porque el trabajo libre forma una verdadera propiedad. Cuanto más se extiende el salario, tanto más se disminuye la clase parásita de los pobres cuya presencia desgarra el corazon, acusa los vicios de la ley, impone cargas pesadas á los pueblos y amenaza turbar el órden social. El salario suministra recursos propios á la multitud de trabajadores que ántes eran esclavos, luégo siervos, despues gente menesterosa vejada y oprimida con prestaciones feudales, tasas y reglamentos. La facultad de vivir confiado en su fuerza y su derecho ennoblece y eleva nuestro carácter con el sentimiento de la independencia personal, y redobla la intensidad de la accion de los individuos.

El salario es un progreso comparado con la asociacion primitiva del trabalo y del capital, porque establece una forma nueva de retribucion sin imposibilitar la antigua, quedando la opcion entre ambos sistemas á voluntad de los contrayentes segun les aconsejen sus recíprocos intereses.

El salario promete una ganancia cierta, exenta de todo riesgo y ventura y anticipada á los beneficios de la empresa. Que pierda ó gane el empresario de industria, el obrero recibe la recompensa debida á su trabajo, sin esperar el momento de realizar los valores producidos. Estas circunstancias explican en parte por qué la cuota de los salarios es moderada en proporcion de las utilidades que reportaria el obrero constituyendo una sociedad comanditaria con las personas que poseyeran los instrumentos del trabajo. Sin poner en duda el poderoso influjo de tales asociaciones en cuanto á hermanar los intereses de las clases productoras, á excitar la actividad y la inteligencia de los obreros y á despertar la emulacion en el ánimo de todos, no perdamos de vista que el salario representa el pan de cada dia sin las amarguras y tribulaciones del hombre que tiene la fortuna pendiente de un cabello. El empresario, hoy rico, tal vez sea pobre mañana; y el obrero que más participa de su prosperidad, le abandona más pronto, cuando llama á sus puertas la desgracia.

El salario no es enemigo del capital, ni el capital enemigo del salario. Ambos se auxilian mutuamente para llevar á cabo la obra de la produccion. Un capitalista codicioso que menguase la parte legítima del obrero, se veria condenado á estéril ociosidad por falta de trabajo; y el obrero exigente que cercenase la parte legítima del capitalista, quedaría al fin reducido á la inaccion por falta de capital. Todos los productores tienen interés en mantener la concordia que la funda en la justa remuneracion de sus servicios: la discordia los arruina. Todos deben ser partícipes en las ganancias; y si alguno pretende aumentar las suyas con pérdida de otro, obra con injusticia y además con torpeza.

El precio del trabajo crece y mengua, como el de todos los productos y servicios, segun fueren favorables ó adversas las condiciones del mercado. Así pues, la cuota del salario es esencialmente variable, oscilando entre un maximum y un minimum que constituyen sus límites necesarios.

El trabajo es un servicio que supone ciertos gastos de produccion; y á la manera que el precio de toda mercadería no puede ser constantemente inferior á lo que tiene de coste, porque entónces, faltando el estímulo de la ganancia, el fabricante cesaría de producir, el salario no puede tampoco ser constantemente inferior á lo que tiene de coste la cooperacion del obrero, porque sin la esperanza de remuneracion cesaria de trabajar.

Por eso distinguen los economistas el salario corriente del necesario, á semejanza del precio corriente y necesario de cualesquiera géneros ó frutos. El primero significa la cuota ordinaria de los salarios, más alta ó más baja conforme á las circunstancias del mercado, y el segundo se determina por lo indispensable á la subsistencia del obrero y su familia. Más allá de este término empieza el desmayo de la industria, la miseria de los trabajadores, y por último la emigracion ó la muerte.

Lo estrictamente necesario del obrero es una cantidad relativa á los tiempos y lugares, á los usos y costumbres de los pueblos. En efecto, las necesidades habituales de la vida varian al extremo segun el clima, la estacion, la manera comun de alimentarse, vestirse y alojarse, el precio de los artículos de general consumo, etc. Y no tan sólo deben tomarse por necesidades verdaderas las que llaman de primer órden, como hambre, sed y abrigo, pero tambien las facticias, supuesto que el hábito forma segunda naturaleza.

En las regiones septentrionales necesita el obrero alimento más fuerte, bebidas espirituosas, mayor cantidad de combustible y ropas más dobles que en las tierras suaves y templadas del mediodía. La vida es más cara en la ciudad que en el campo. El uso del tabaco, del azúcar, del té, del café, del vino ó la cerveza constituye otras tantas necesidades facticias, es verdad; pero su privacion no causa á veces ménos pesadumbre que la privacion del pan ó del agua.

Cuando el salario corriente excede al necesario, el obrero puede satisfacer con holgura sus necesidades materiales, extender los goces del espíritu, mejorar su condicion y asegurar un porvenir á sus hijos. La vida es entónces más cómoda, más noble y más tranquila. La abundancia de los bienes presentes dilata el horizonte de la fortuna, porque brilla en medio de esta prosperidad la esperanza de hacer economías y mejorar de estado con el tiempo, pasando el obrero á la clase de empresario ó capitalista.

El maximum del salario se determina por la utilidad del trabajo, pues la recompensa debe guardar proporcion con el servicio. Si hay una suma de valores producidos para repartir entre varios coproductores, la cuota parte de cada uno no puede traspasar el límite que le ponen las ganancias regulares y ordinarias de los otros; de modo que el maximum del salario es el minimum de los demás partícipes, y el maximum de éstos el minimum del salario. Supongamos para mayor claridad dos únicos productores, el obrero y el capitalista. Si el salario corriente fuese más alto de lo justo, sucederia una de dos cosas, á saber: ó absorberia los intereses del capital hasta el punto de obligar al capitalista á retirarlo de un empleo infructuoso, ó los artefactos resultarian tan caros que imposibilitasen el consumo, y en ambos casos cesaba la produccion,

Hemos dicho que entre el maximum y el minimum oscila la cuota corriente de los salarios, y ahora conviene investigar las leyes económicas que regulan su movimiento.

El precio del trabajo, lo mismo que el precio de todas las cosas, se determina por la comparación de la oferta y la demanda. Cobden ha expuesto este principio en forma de parábola diciendo: cuando dos obreros corren tras de un amo, el salario baja, y cuando dos amos corren tras de un obrero, el salario sube. Así pues, la cuota de los salarios se subordina á la ley comun de la competencia. Esto nos explica por qué los salarios de las mujeres son más cortos que los de los hombres en condiciones análogas; y no podrá suceder otra cosa miéntras la oferta del trabajo femenino fuere superior á la demanda.

Otros economistas sustituyen á la máxima anterior la siguiente: la cuota de los salarios depende de larelacion entre la poblacion y el capital. Mas para penetrar bien el sentido de esta nueva fórmula, conviene advertir que aquí la palabra poblacion no significa el número total de habitantes, sino tan sólo el número de personas que componen la clase obrera de un estado; y á pari, no se entiende por capital la suma total de valores destinados á la produccion, sino únicamente aquella parte del capital circulante que se aplica á la remuneracion de la obra de mano. Con esta salva las dos proposiciones son equivalentes. Poblacion quiere decir demanda de salario ú oferta de trabajo, y capital quiere decir oferta de salario ó demanda de trabajo.

Si la poblacion y el capital fuesen dos términos invariables, la proporcion entre la demanda y la oferta de salario subsistiria siempre la misma, y el precio corriente de la obra de mano nunca seria mayor ni menor. Pero como ambos términos son en extremo sensibles, la proporcion se altera á cada paso, y entónces la cuota media de los salarios crece ó mengua segun se muestre favorable ó desfavorable al obrero la balanza de la oferta y la demanda.

La abundancia de capitales junto con la escasez de poblacion, levanta el nivel de los salarios. En este caso sucede que la prosperidad general influye en la multiplicacion de las gentes, y al cabo de un período regular, creciendo el número de los obreros, mengua el precio del trabajo. Para mantener alta la cuota media de los salarios, seria preciso que los capitales se aumentasen con igual rapidez, por lo ménos, que se aumenta la poblacion.

Cuando un pueblo llega á poseer una industria floreciente y se afirma en la posesion de su riqueza, el movimiento progresivo del capital vá retardándose poco á poco, miéntras que el movimiento progresivo de la poblacion es cada vez más acelerado. Entónces bajan los salarios, y la condicion del obrero seria fatalmente miserable, si él mismo no participase de los beneficios de la prosperidad comun. El obrero disfruta de los bienes que proporcionan las leyes protectoras de la libertad del trabajo, los inventos maravillosos, la introduccion de las máquinas, la importacion de los géneros y frutos extranjeros, el precio moderado de las subsistencias, y en suma, goza de todas las conquistas de la civilización, porque si bajo un aspecto es productor, bajo otros muchos es consumidor de riqueza.

Para mayor claridad del asunto advertiremos que el salario se distingue en real y nominal. Salario real es la cantidad de cosas útiles que el obrero puede obtener en remuneracion de su trabajo; y salario nominal la suma de dinero que recibe por la misma causa. La sustancia del salario consiste en el valor ó la facultad de adquisicion, y la moneda es sólo un accidente del salario. Llámese diez ó veinte reales viene á ser lo mismo, si la baratura ó carestía de los artículos de general consumo para la clase obrera le permiten procurarse los mismos medios de existencia.

Siguese de lo dicho que el salario real ó el verdadero salario puede crecer ó menguar sin que padezca la más leve alteracion el salario nominal y viceversa.

Cuando se dobla el valor de la moneda, ó lo que es lo mismo, cuando baja hasta la mitad el precio de todas las mercaderías, el obrero que ganaba veinte reales está igualmente retribuido con diez, porque con un real compra géneros y frutos en igual cantidad y de igual calidad que ántes con dos. Y por el contrario, aunque el salario nominal suba de veinte á cuarenta reales, si el valor de la moneda baja la mitad, ó lo que es lo mismo, si todas las mercaderías están doblemente caras, la fortuna del obrero permanece inalterable, porque el alimento, el vestido, la habitacion y las demás cosas necesarias á la vida que le costaban dos, le cuestan cuatro.

Así pues, no seria justo culpar á la civilizacion de escasa piedad para con los obreros, mirando á que deprime el nivel del salario, si no se probase que reduce sus medios de existencia. Los adelantamientos de la industria facilitan la abundancia y baratura de todos los bienes logrados por el artificio del hombre, y el obrero halla en el aumento del salario real el contrapeso de la disminucion de su salario nominal.

La cuota media de los salarios, por lo mismo que son de naturaleza variable, no se puede determinar por el precio corriente del trabajo en un dia, una semana ó un mes, ni regularse por lo que gana el obrero en este ó aquel arte ú oficio. Es preciso tomar un plazo no ménos largo que un año, y averiguar el medio proporcional.

La subida de los salarios, cuando pasa de sus justos límites, lastima á los mismos obreros, ya porque

si son productores bajo un aspecto, son consumidores bajo otros muchos, y ya porque minora la demanda del trabajo. Síguese de aquí que la subida de los salarios no es siempre orígen de ganancia y fuente do prosperidad para la clase obrera, ántes puede causarle graves perjuicios. Aunque así fuese, no deberiamos celebrar el alza como un progreso, porque sobre su interés está el bien general. Aboguemos por la felicidad comun, y no caigamos en la tentacion de levantar á los unos para derribar á los otros. La corriente de los hechos es favorable á la subida paulatina del salario; y esta tendencia natural que llegará á ser un beneficio positivo, se transformaria en verdadera calamidad, no respetando la libertad de las transacciones que la moderan.

La baja de los salarios, es decir, un salario inferior á lo que exige la equitativa remuneracion del servicio, además de sumir en la miseria á los obreros, paraliza la produccion debilitándose el trabajo. Sin embargo, la baja de los salarios no puede ser constante, porque el menor precio de las mercaderías aviva el consumo, y el mayor consumo estimula á la produccion, lo cual provoca una mayor demanda de trabajo y la consiguiente subida del salario.

Las repentinas variaciones del salario rompen el equilibrio de los intereses legítimos de los coproductores y son causa de funestas perturbaciones. Para que estas alteraciones sean inofensivas ó produzcan solamente males pasajeros y de fácil enmienda, conviene que ocurran de un modo lento y gradual. Haya libertad en las transacciones particulares, absténgase la ley de intervenir en los negocios de órden privado, remueva los obstáculos que coartan la doble accion de la oferta y la demanda, y las crísis serán ménos frecuentes, duraderas y peligrosas.

Hay una propension natural ó una tendencia al equilibrio de todos los salarios, porque movido el hombre al

trabajo por el cebo de la ganancia, acude á donde le ofrecen mejor partido. Su ausencia de un ramo de produccion disminuye la oferta de brazos, y sube el salario; y su presencia en otro ramo distinto aumenta la demanda de brazos, y el salario baja. Así van acercándose poco á poco hasta confundirse todos en un mismo nivel.

Esta ley económica es verdadera, aunque no debemos persuadirnos á que se cumpla con rigor matemático. Cuando el físico explica la teoría del descenso de los graves en el vacío, supone que las resistencias modifican la realidad de su doctrina. Negar la ley del equilibrio de los salarios seria negar los principios de la Economía política; pero pretender que la sociedad se ajuste á ella sin tener en cuenta la dificultad de abandonar un oficio conocido por un nuevo aprendizaje, ni la vocacion particular, ni la esperanza de que la baja sea transitoria, ni la dificultad de mudar de domicilio, ni el dolor de apartarse del país natal, ni otras razones que comprimen la voluntad del hombre y moderan el deseo de llevar su trabajo á cualquiera parte del mundo donde le prometan mayores salarios, seria lo mismo que si el físico no considerase en el movimiento más que las fuerzas con entera abstraccion de las masas y velocidades. Por eso la llamamos tendencia ó propension, porque pugna por acercarse á la verdad, y de hecho se acerca más de lo que parece á primera vista.

En efecto, la desigualdad aparente de los salarios no destruye, ántes confirma, la regla general del aproximado equilibrio de todos ellos, porque la infinita variedad de trabajos manuales impone la condicion de una recompensa proporcionada. Adam Smith señala con grande penetracion y demuestra con sutileza de ingenio las causas que suelen influir en la diversidad de las cuotas respectivas del salario.

Es la primera causa lo agradable ó desagradable de la ocupacion, porque los salarios son menores ó mayores segun la facilidad ó dificultad, limpieza ó suciedad, nobleza ó bajeza del oficio. - La atmósfera de gloria que respiran los sabios, los honores que los príncipes acostumbran á dispensarles, la veneracion de los pueblos, su fama extendida por todo el mundo, son parle del premio debido á estas lumbreras de la humanidad. Por eso mismo los gobiernos dignos de las naciones cultas cuidan de favorecerlos y recompensarlos mejorando su fortuna; que los sabios al fin son hombres, y Cervantes, harto de gloria, jamás pudo consolarse de su pobreza. Por el contrario, cuando la opinion persigue con la nota de vileza ó infamia ciertos ministerios industriales, son más pingües los salarios, porque es preciso compensar el menosprecio de las gentes con una mayor retribucion pecuniaria. Los oficios insalubres ó peligrosos son más liberalmente retribuidos que las sanos y exentos de riesgo. Un trabajador de las minas de Almaden está libre de quintas; y este favor de la ley compensa hasta cierto punto las enfermedades que las emanaciones del mercurio le ocasionan, y forma parte de su salario.

La segunda causa es la facilidad ó poca costa ó la dificultad y muchos gastos del aprendizaje. - Pueden dichos gastos compararse á un capital cuyos intereses vá percibiendo el obrero á título de salario. Un aprendizaje largo y dispendioso supone mayor capital anticipado, á que corresponde mayor suma por via de intereses. El abogado emplea doce años en cursar las áulas, toma grados académicos y prosigue cultivando la ciencia del derecho, ó empieza á ejercitarse en el foro bajo la direccion de un famoso jurisconsulto. Apénas logra coger el fruto de su educacion literaria sino despues de muy entrado en la edad madura; en tanto que un carpintero, cerrajero ó peon de albañil pronto llega á igualarse con su maestro, y principia á ganar jornal en breve tiempo. Así parecen tan desigualmente retribuidas las profesiones liberales comparadas con las artes y oficios mecánicos, cuando en realidad, salvas leves excepciones, no pasan sus utilidades del límite ordinario.

Tercera causa: la constancia ó inconstancia del trabajo. - El consumo del obrero es diario, y no siendo diaria la produccion, debe en los períodos de actividad ganar lo bastante á satisfacer las necesidades corrientes de la vida, y á economizar para los períodos de ócio y descanso. Por esta razon un obrero habitual se contenta con ménos salario que otro á quien se tome ó despida segun aumenten ó disminuyan los pedidos que se hacen á una fábrica ó taller. Al fijar la cuota del salario se computa el riesgo de quedar sin trabajo. Las labores del campo padecen interrupcion por la alternativa de los temporales y el curso regular de las estaciones, por lo cual deben ser los jornales más altos que si el propietario diese trabajo en invierno y en verano. Los muchos dias de fiesta contribuyen al aumento de los salarios, porque la suma de trabajo anual se reparte entre pocos dias de labor. En esta parte España es de inferior condicion que otros pueblos católicos ó protestantes. Feijóo y Campomanes abogaron por la disminucion de las fiestas religiosas, y propusieron que el gobierno solicitase de la Santa Sede la reforma del calendario. Mas como el arco no puede estar siempre tirante, hasta la ley de la naturaleza exige la celebracion del domingo. Las demás festividades religiosas, excepto pocas, grandes y señaladas, pudieran trasladarse á estos dias que la Iglesia santifica; pero cuidando de no aumentar por otra parte las fiestas civiles, y no tolerando espectáculos públicos que fomentan la disipacion y quebrantan los hábitos de trabajo.

Los sueldos de las personas que al servicio del estado siguen una carrera facultativa, suelen ser menores que los de tantos otros como hay de libre nombramiento, porque la inamovilidad de su cargo y la consideracion de que gozan son parte de su recompensa.

Cuarta causa: la mayor ó menor confianza que hay que depositar en el obrero. —En las artes y oficios y en las profesiones liberales cuyo ejercicio requiere una moralidad exquisita ó una aptitud probada, los salarios deben ser más altos que cuando bastan cualidades comunes, porque es preciso remunerar al mismo tiempo el trabajo y la fidelidad ó la inteligencia extraordinaria, y amortizar el capital invertido en adquirir la educacion moral y profesional del obrero. El oficial de un diamantista debe ganar mayor salario que el oficial de cerrajero. El médico y el abogado son depositarios de la salud y la vida, la honra y la fortuna de las personas y familias, y por eso merecen y alcanzan una recompensa superior á la que obtiene un obrero vulgar.

Por último, es la quinta causa la probabilidad ó improbabilidad del buen éxito ó feliz suceso del obrero. - Es decir, que debe computarse el riesgo del capital aventurado en aquella empresa al estimar la cuota del salario. Adam Smith compara la prosperidad de un juez ó letrado á una lotería, porque de cada veinte personas que profesan el derecho, apénas hay una que logre ocupar un puesto elevado en la magistratura ó reunir mediana clientela. Las ganancias del afortunado, por muy exorbitantes que parezcan, equivalen á la suma de las ganancias moderadas que deberian allegar los otros veinte jugadores que no sacaron premio alguno. En los oficios mecánicos entra por poco el azar, pues casi siempre acaba el hombre por vencer las dificultades del arte y obtiene la recompensa del trabajo.

El salario debe fijarse por mútuo convenio de los interesados sin intervencion de la autoridad. Las mismas razones que se oponen á tasar el precio de las mercaderías, resisten la tasa del trabajo. El gobierno no puede seguir paso á paso las alternativas de carestía ó baratura de las subsistencias, ni calcular lo estrictamente necesario al obrero segun los tiempos y lugares, ni apreciar la proporcion variable de la oferta y la demanda, ni buscar un tipo uniforme del salario en medio de la infinita multitud de circunstancias que alteran su cuota. Así pues, la fuerza reguladora del salario es la libre concurrencia. Los antiguos ordenamientos de Cortes, las muchas pragmáticas reales expedidas en el siglo XVII y principalmente los aranceles moderando el precio de las hechuras, salarios y jornales, formados con acuerdo del Consejo de Castilla en 1680, son delirios de la imaginacion, prácticas ruinosas á la industria y al comercio y ejemplo vivo de arbitrios insensatos que sólo pueden hallar disculpa en la comun ignorancia de las leyes económicas holladas por la autoridad á titulo de policía de los abastos.

Por la misma razon tampoco debe aumentar ó disminuir las horas de trabajo, porque es un medio indirecto de reglamentar el salario. Pagar hoy doce horas de trabajo como ayer se pagaban diez, equivale á bajar la sexta parte del jornal; y pagar hoy diez como ayer doce, equivale á subirlo otro tanto. Si el salario de diez horas es insuficiente para cubrir las necesidades de la vida, prohibir al obrero que trabaje doce, es una caridad inhumana, porque á trueque de ahorarle dos horas de fatiga, le condena la ley á todos los rigores de la miseria.

Suelen los obreros formar ligas ó hermandades á que dan vulgarmente el nombre de coaliciones, para negarse colectivamente al trabajo, si los fabricantes no se allanan á mejorar el salario. Estas coaliciones producen un mal grave cuando interrumpen la actividad de los pueblos, y otro mayor si son frecuentes ó van acompañadas de sobresaltos ó tumultos que espantan los capitales y los obligan á esconderse ó emigrar á tierras más tranquilas.

Las coaliciones favorecen poco la subida del salario, porque el obrero necesita el pan de cada dia, y el fabricante puede vivir mucho tiempo á expensas del capital. Por otra parte si los obreros hacen causa comun contra los fabricantes, éstos á su vez se juntan contra aquéllos, y como son en menor número, se conciertan con más facilidad, proceden con más sigilo y al cabo dictan condiciones más rigorosas. Así el pacto de los obreros es un arma de dos filos.

Siendo las coaliciones pacíficas y respetando la libertad individual, deben ser toleradas por el gobierno, mayormente si se consiente y autoriza la liga de los fabricantes. No hay ningun título legal para exigir el trabajo á los obreros; y al rehusar su concurso á la obra de la produccion no aumentándoles el salario, están en el pleno ejercicio de su derecho. La prudencia aconseja abstenerse de mediar en tales conflictos, limitándose el magistrado á procurar la observancia de las leyes y reglamentos de policía. La libertad ordenada de coaligarse es el mejor preservativo y el remedio más eficaz contra las coaliciones. Nuestro Código penal, castigando á los que se coaligaren con el fin de encarecer ó abaratar abusivamente el precio del trabajo ó regular sus condiciones, establece y sanciona la buena doctrina.

Las emigraciones periódicas de los habitantes de una provincia á otra provincia ó de un reino á otro reino proceden de la falta de equilibrio en los salarios y contribuyen á restablecerlo. Esta poblacion flotante baja de la montaña á la llanura en los meses del estío, en cuya estacion abunda más el trabajo con las faenas de la cosecha, ayuda al labrador y vuelve á su país natal con el producto de sus ahorros.

Las emigraciones periódicas son un mal, cuando nacen de amor á la vida errante y vagabunda, ó cuando rebosan en obreros las regiones por donde encaminan sus pasos, porque la competencia de los forasteros hace la condicion de los vecinos cada vez más miserable. Son un bien si la emigracion lleva y ejercita ó difunde ciertas industrias desconocidas en la tierra que recorre, ó si emplea sus brazos en trabajos ásperos y urgentes, superiores á las fuerzas de los naturales.

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