3. Anarquismo y Socialismo

Mientras Saint-Simon f el portavoz de una organización de amplias miras y que debía sustentarse sobre la solidaridad fraterna y la articulación jerárquica de los hombres, Fourier proclamó el derecho del individuo y de las pequeñas organizaciones espontáneas. Al desarrollar Ias ideas liberales combatidas por Saint-Simon, constituyóse en precursor del anarquismo.

Nacido en Besançon en 1772, Fourier, en su condición de empleado de comercio, había podido conocer por experiencia los aspectos sombríos de la economía de su tiempo. Como Newton con la ley de la Naturaleza, creyó él haber descubierto la ley de la sociedad humana. Sus ideas quedan expuestas en las obras Théorie des quatre mouvements (publicada en 1808), Trai de l'association domestique-agricole (1822) y Nouveau monde industriel et sociètaire ou invention du procèdè d'industrie attrayante el naturelle distribuèe en sèries passionèes (1829).

Así como la ley de la gravedad nos da la clave para el conocimiento de la Naturaleza, así también, según Fourier, la doctrina de la sociedad humana tiene por base los instintos de los hombres. A su juicio, cada persona lleva en sí el impulso para una actividad determinada, y basta con combinar debidamente esos impulsos para hacer surgir una organización en la cual se atienda a todas las necesidades. La armonía de las pasiones ha de ser el fundamento del trabajo. Pero ¿acaso no existen trabajos que cada cual procura evitar? Fourier opina que hay hombres cuyos impulsos los inclinan incluso a la suciedad, y los mozos en quienes esos instintos se manifiestan de un modo más marcado, deben organizarse como cuerpo de cochinos (1).

La colectividad debe repartirse en grupos de 1620 personas, grupos que recibirán el nombre de «falanges», sacado de la distribución del pueblo y el ejército de la antigua Esparta. En estas falanges se hallan representadas todas las diversas pasiones, actuando en el trabajo. Se vive en colectividad en los «falansterios» y se trabaja según un plan basado en la armoa de tus pasiones. Como cada cual no sigue sino su propio impulso, resultará una tal productividad en el trabajo, que los obreros no habrán de pensar en la expropiación de los ricos; antes al contrario, los falansterios ofrecen a aquéllos una magnífica manera de colocar sus capitales: los 5/12 del rendimiento del trabajo corresponderán al capital, los 4/12 a los obreros y Ios 3/12 restantes al talento.

Disuelta la escuela saint—simonista, el sistema de Fourier adquirió cierto prestigio hacia los años de 1830, particularmente gracias a Victor Considérant, cuyos ensayos encaminados a fundar falanges, en Texas particularmente, mostraron, hacia 1850 y 1860, que los humanos instintos no se avienen armónicamente con facilidad sin el empleo de la coacción.

Con idénticas dificultades hubo de luchar Cabet, quien después de haber publicado en 1840 su Voyage en Icarie, intentó en 1848 llevar a la realización, también en Texas, su ideal comunista.

Las doctrinas de Fourier hallaron un apasionado defensor en Godin, quien habiendo llegado desde simple obrero a la categoría de fabricante de estufas y propietario de fundiciones, organizó en 1859 su empresa de Guisa en forma de «familisterio». No sólo se atendía allí a todas las necesidades de los obreros, los cuales disfrutaban de sanas viviendas, de un parque, un palacio social y de las más variadas instituciones de asistencia, sino que destinando el propietario una gran parte de sus beneficios a los trabajadores, podían éstos sentirse copartícipes de la empresa y copropietarios de una ciudad obrera colectivamente administrada. Una creación semejante, como la que en 1888 Ernst Abbe realizó en Jena con la Fundación Carl-Zeiss, presuponía, ciertamente, una productividad de la fábrica por encima de la normal.

Mientras los socialistas franceses habían partido de especulaciones ingeniosas, el socialismo inglés encarnó, con Robert Owen, en un hombre que se preocupó enseguida del aspecto práctico. Enriquecido gracias a haber sido uno de los primeros hiladores de algodón que comprendieron en Mánchester la aplicación de la fibra americana, había fundado, en 1800 y en circunstancias harto difíciles, una gran fábrica, modélica también desde el punto de vista social, en New Lanark (Escocia). Como en las nuevas fábricas era cuestión de disciplinar una multitud abigarrada de obreros, salidos con frecuencia del arroyo, en los primeros decenios del siglo XIX hubo de preocupar por encima de todo la situación de los pequeños productores, que se hizo crítica por la implantación de la gran industria.

La crisis de 1815 hizo que Owen dedicase su atención a este problema. Para él, el origen del mal radicaba en el gran mercado que favorecía a las nuevas industrias y en las dificultades de venta con que habían de luchar los pequeños productores, para ayudar a los cuales se proponía crear, de acuerdo con Biller, como Fourier, pequas comunidades autónomas cuyo número no excediese de 1000 personas. Pero sus intentos de organizar una colonia de dichas características en New Harmony (Norteamérica) fracasaron (1824).

En el mismo año Thompson formuló con la máxima precisión el socialismo inglés, apoyando para ello las ideas de Owen sobre la doctrina de Ricardo. Puesto que el trabajo es la única fuente del valor, aquél y el intercambio de sus productos debían ser libres, y el rendimiento íntegro pasar a los trabajadores.

Si Thompson, con Owen, veía como un ideal la colectividad autárquica, por otro lado quería asegurarse de que Ios obreros tuviesen también garantizados sus derechos en una relación más elevada, cosa que estimaba posible si se les aseguraba la propiedad natural de los medios de producción. En este aspecto, los campesinos y artesanos yanquis le parecieron como el prototipo. Los obreros debían hacerse capitalistas, los sindicatos habían de abrir fábricas para los parados, y debía prepararse la organización de sociedades de producción por medio de asociaciones de ahorro y crédito. A la filantropía autocrática de Owen, Thompson oponía la constitución económica democrática.

Ya en el siglo XVIII los tejedores escoceses se habían asociado espontáneamente para realizar sus compras en común y, por lo tanto, en mejores condiciones. Este movimiento fué organizado sobre una base más amplia por W. King, quien había fundado cooperativas en Brighton y otras localidades y, desde 1828, editaba el Cooperator (2). Si Owen, a principios del tercer decenio, se adueñó, para llevar adelante sus vastos proyectos, de las sociedades de consumo, no lo hizo en beneficio de ellas.

Para las cooperativas de producción de los obreros huelguistas y de los pequeños industriales, la venta resultaba el problema de más difícil solución. Gray había propuesto una dirección de la actividad productora por medio de una Cámara de comercio nacional y el depósito de las mercancías en almacenes nacionales. En 1832 Owen intentó resolver el conflicto acudiendo a la creación de una Bolsa de trabajo, en la cual las mercancías enviadas se valoraban por el tiempo invertido en su elaboración, entregándose a los productores unos billetes que les daban derecho a otras mercancías de valor equivalente. Pero la Bolsa fracasó debido a que afluían a ella, principalmente, los artículos de difícil salida, tales como medias, chalecos, mesas, pero no substancias alimenticias, que era la que precisamente interesaba a los pequeños productores.

Los proyectos de Owen hubieron de ceder, en Inglaterra en el transcurso de los años 1830-35, ante el embate de una corriente más radical. La reforma electoral de 1832, para cuya consecución se habían alzado también los obreros, sólo había aprovechado a las clases medias. En 1834 fué promulgada una ley de asistencia social inspirada en las doctrinas de Malthus, que restringía en todo lo posible la utilización de la ayuda a los pobres. El descontento producido por esta disposición dió motivó a los obreros a reunirse en el movimiento Chartista. Una nueva Carta debía garantizar al proletariado una participación en la administración del Estado, el cual, influido así por la clase obrera, debería acudir en su auxilio. Este movimiento, qua tomó carácter revolucionario primero en Birmingham y más tarde (1848) en Londres, fué reprimido por la organización militar del duque de Wellington.

Cuando, hacia 1850, inicióse una época de prosperidad, los obreros ingleses procuraron mejorar su situación valiéndose para ello de organizaciones económicas y renunciando a finalidades políticas. Propagóse el movimiento sindical; en 1850 quedó constituída la Sociedad unida de los constructores de máquinas. En 1844 los Honrados Pioneer de Rochdale formaron una cooperativa de consumo, cuyos ahorros se distribuían no sobre el capital aportado, sino de acuerdo con el consumo. En 1863 fué fundada en Manchester la Sociedad de compras al por mayor de las cooperativas de consumo.

Uno de los principales méritos de Owen será siempre el de haber difundido entre las masas las ideas de organización, aunque fracasara en sus ensayos prácticos. En su New view of society (1812) y en su obra Book of the new moral world (1820) hace profesión de librepensador. El bien debía florecer en el hombre por medio de una sólida educación moral; después había de ser cuidado en un ambiente económico apropiado. En la estructuración práctica del colectivismo inglés han participado, sin embargo, de modo sobresaliente los socialistas cristianos (por ello opuestos a Owen), Maurice, Ludlow, Kingsley.

Si fué en Inglaterra donde se desarrolló primero el capitalismo y si fué en su suelo donde provocó las más enconadas pugnas entre el capital y el trabajo y la más terrible miseria de la clase trabajadora, también fué Inglaterra la primera en asistir a la regeneración del proletariado a través de la organización cooperatista y sindical. Frente a este plácido progreso del movimiento obrero británico, el socialismo francés no pudo sino realizar un intento, en la revolución de 1848, para llevar a la práctica sus ideas.

Contra los hombres que, como Buchez, creían únicamente en el propio esfuerzo de las organizaciones obreras, Louis Blanc cifró todas sus esperanzas en la asistencia del Estado. También él partió de los males de la economía contemporánea y, para remediarlos, aconsejó, en su Organisation du travail (1839), el fomento de las asociaciones productoras obreras. Creía, con Owen, que estas colectividades, como organizaciones racionales, determinarían un incremento de las energías productivas. Sin embargo, opinaba que los obreros, por sí solos, no eran lo bastante fuertes para crear dichas organizaciones. Por eso el Estado habría de suministrar el capital necesario y encargarse de la dirección. De este modo irían convirtiéndose paulatinamente en explotaciones nacionales las empresas mineras, los ferrocarriles, bancos, etc.

Blanc recuerda a Saint-Simon por el valor que concede a una alta y severa organización y por sus consideraciones histórico-filosóficas; pero en él aparece con más fuerza que en Saint-Simon o en Fourier la oposición entre el capital y el trabajo. En su Histoire des dix ans (1830-1840), Blanc intenta sintetizar la Historia de Francia como la historia de las clases económicas, la nobleza, la burguesía y el proletariado. La revolución de 1848 le elevó al cargo de miembro del Gobierno provisional, y desde allí hubo de convencerse de que el proletariado formaba la mayoría en Paris, pero no en Francia. Al principio logró algunas ventajas para los obreros, pero las elecciones a la Asamblea Nacional dieron una mayoría burguesa. Organizáronse talleres nacionales para sastres, guarnicioneros e hilanderos que trabajaron para la Guardia nacional; pero las asociaciones productoras no fueron dirigidas del modo como Blanc había ideado, y hubieron de ser disueltas después de los combates de Junio.

La nueva Era no sólo había disuelto organizaciones arcaicas, sino que, con el maquinismo y la organización del crédito, había creado también una nueva sujeción, nuevos deberes tributarios. En su primera etapa el socialismo aspira con oranza, no sólo a la vieja organización, sino también a la libertad de antaño. Proudhon fué quien con mayor crudeza expuso este afán, del cual hallamos ya manifestaciones en Babeuf y Fourier.

Proudhon, nacido, como Fourier, en Besançon, se dió a conocer al público por el trabajo con que tomó parte en un concurso organizado por la Academia de su ciudad natal. A la pregunta: «Qu'est-ce que la proprié?», Proudhon respondió en 1840: «La propriété c'est le vol». En 1846 publicó el Système des contradictions économiques ou Philosophie de la mire. Impugnó la economía nacional clásica, a Adam Smith, como al socialismo de Blanc y, por su parte, hubo de sufrir también la critica disolvente de Carlos Marx.

Para Proudhon, como para Law, la circulación es el factor decisivo en el proceso económico. No quiere, como Blanc, una nueva organización del trabajo, sino solamente una nueva reglamentación de la circulación, en la forma contemporánea de la cual ve la causa de todos los males. Hay que abolir el dinero y los intereses, y crear, en su lugar un Banco de intercambio y popular que regularice la circulación natural. Los obreros entregan al Banco los productos de su trabajo y reciben de los tasadores del establecimiento unos bonos controlados de canje, en correspondencia con sus desembolsos y el tiempo empleado en la elaboración de los productos, y contra Ios cuales el Banco les suministra lo que necesitan.

Ya en 1832 Owen había realizado el experimento de un Banco de intercambio del referido tipo, basado sobre el salario. Suprimidos en 1848 los talleres nacionales, Proudhon creyó se le ofrecía una oportunidad para poner en práctica su mutualismo. No obstante, el autor del nuevo sistema fué encarcelado antes de que su institución pudiera surgir a luz.

Con su Banco y su crédito gratuito, Proudhon creía poder regular, no ya la vida económica, sino incluso todas las relaciones sociales. Una vez los hombres estuviesen ligados por aquellos elementos, toda la máquina gubernamental sería inútil. Esta teoría de la superfluidad del gobierno y la demanda de una descentralización de la población hicieron de Proudhon el jefe del individualismo extremo, el anarquismo.

Las doctrinas de Proudhon hallaron eco principalmente en los países latinos y en Rusia, donde Bakunin y Kropotkin las desarrollaron.

Descendiente de una familia de rancia nobleza, Kropotkin había esperado que, después de la guerra de Crimea, tendría lugar una reforma en Rusia. Cuando el sistema de poner en practica la emancipación de los campesinos y la reacción que le sucedió hubieron desvanecido sus esperanzas, Kropotkin intentó actuar en Siberia, en la provincia del Amur, de reciente adquisición. Finalmente trasladóse al occidente de Europa, donde entró a participar en el movimiento anarquista de los relojeros del Jura.

Kropotkin, cuya vida agitada le obligó a bastarse siempre a sí mismo, condena de modo rotundo la división del trabajo: precisa volver a la unificación del mismo, a una síntesis de la humana actividad. Hay que hacer desaparecer toda separación entre la agricultura y la industria, separación a la que tanto valor concediera Smith. Una educación integral debe poner al hombre en condiciones de ejercer a la vez los trabajos del campo y de la industria descentralizada, una labor manual agradable a la par que una actividad espiritual. De ello espera Kropotkin un progreso tal, particularmente en la producción agrícola, que incluso los países densamente pobladas puedan bastarse a si mismos sin la distribución internacional del trabajo, de manera que, en el fatuo, puedan evitarse los rodeos a tras de la exportación y del lucro (3).

Ante todo Kroputkin arremete contra la división del trabajo entre el listado y los súbditos. A su juicio, los principios básicos de la sociedad humana son la confianza en sí mismo y el federalismo. Doquiera dominaron estos postulados, como en la mutua asistencia en los gremios medievales, hubo un gran florecimiento cultural; a la usurpación de las funciones sociales por el Estado opuso Kropotkin un individualismo desenfrenado y espiritualmente limitado. Para él, lo natural no es la lucha entre los individuos (como creyeron los investigadores, desde Hobbes a Huxley); sacándolo de la Naturaleza y de la Historia, Kropotkin pretende demostrar que la «asistencia mutua» es la condición primordial para el desarrollo progresivo de la especie (4).

El anarquismo se halla en absoluta oposición con el socialismo autoritario, fundamentado ante todo en una rígida organización; tendencia representada por Saint-Simon, Louis Blanc, y especialmente por Carlos Marx y los socialistas alemanes. Entre los socialdemócratas marxistas y los anarquistas produjéronse, hacia 1870, vivísimas polémicas y luchas. Los anarquistas, empero, aun cuando parten de la libertad individual, quieren sin embargo una organización, pero una organización voluntaria, no basada en la canción, ni siquiera de los dirigentes de la clase obrera; y así como ven a su precursor en Fourier, se sienten afines a Owen y a las organizaciones de los trabajadores en sindicatos (Trade Unions) y cooperativas de consumo.

Así como el capitalismo no es un movimiento exclusivo y característico de la Era moderna, así también encontramos una reacción anticapitalista, comparable al socialismo de nuestros as, en la Antigüedad (Platón) (5) y en la Edad Media, particularmente en los albores de la Moderna (Moro, Campanella) (6). Todos esos movimientos no pueden ser pasados por alto, Iimitándose a considerarlos como otras tantas utopías. En los comienzos de la evolución de la municipalidad de la comarca, nos enfrentamos con asociaciones de individuos posesores de la igualdad de derechos, algo así como lo que imaginaron los socialistas. Así en las leyes de las colonias norteamericanas aparece algo sacado de la Utopía de Moro, y para Kropotkin fué de influencia decisiva el período que residió en Siberia (7). No obstante, como este tipo de colectividades, al pasar a formar parte de una economía del tráfico progresista, o desaparecen con la absorción ilimitada de otros miembros, o claudican de sus principios al cerrarse a nuevas afluencias, sólo en circunstancias extraordinarias y por breve tiempo pueden sostenerse en países de economía avanzada, como ocurrió con la Commune de París en 1871, la cual únicamente fue posible gracias al aislamiento de la ciudad sitiada y a Ia participación de toda la población en su defensa.

Entra las formas de socialismo hasta ahora consideradas y el historismo romántico, pueden observarse numerosos puntos de contacto. En las organizaciones del pasado vióse un ideal frente al cual fueron menos-preciados los progresos técnicos y económicos de la actualidad. De hecho, este progreso al principio benefició solamente a una clase, la de los modernos empresarios. Los antiguos ricos y los explotados, feudales y proletarios, se manifestaron hostiles al nuevo proceso. Y no obstante, también a ellos les reportó innegables beneficios la nueva Era, circunstancia que les indujo a cesar en su resistencia contra ciertos aspectos de la nueva vida: el tráfico en cuanto no les perjudicaba, la máquina en cuanto no los explotaba. Si con List y Carey surgieron hombres en quienes la comprensión de las particularidades históricas abrió los ojos a los objetivos del progreso de su época, con Carlos Marx entró en la lid una orientación del socialismo que enfocó las conquistas de la nueva organización económica como un adelanto, aunque no definitivo.

(1) Le nouveau monde, Section III, Education harmonienne, pág. 242: «Parmi les enfants, on trouve environ 2/3 de garçons qui s'inclinent à la saleté... Ces enfants s'enlent aux petites hordes dont l'emploi est d'exercer, par point d'honneur et avec intrépidité, tout travail pugnant que avilirait une classe d'ouvriers. Cette corporation est une espèce de légion à demi sauvage, qui contraste avec la politesse raffie de l'harmonie, seulement pour le ton et non pas pour les sentiments, car elle est la plus ardente en patriotisme».

(2) HANS MÜLLER, Kings Stellg. in d. Gesch. d. Genossenschaftswesens. Jb. d. internat. Genossenschaftsbewegung, II. Londres, 1913.—R. MUNDING, W. King und R. Owens Beziehungen z. Schweiz, Schweizer Konsumverein, 1913, núms. 48-51.

(3) Landwirtschaft, Industrie und handwork oder die Vereinigung von Industrie un Landwirtschaft, geistiger und körperlicher Arbeit.

(4) Gegenseitige Hilfe in der Entwicklung, traducción alemana de G. LANDAUER. Leipzig, 1904, contra HUXLEY, Struggle for existence and its bearing upon man, 1888.

(5) R. PÖHLMANN, Geschichte des antiken Kommunismus und Sozialismus. Munich, 1893.

(6) Die Geschichte des Sozialismus in Einzeldarstellungen von E. BERNSTEIN, C. HUGO, K. KAUTSKY, P. LAFARGUE, F. MEHRING, G. PLECHANOW, I. Die Vorläufer des neuren Sozialismus. Stuttgart, 1895. —G. ADLER, Geschichte des Sozialismus und Kommunismus von Plato bis zur Gegenwart, I. Leipzig, 1899.

(7) Memorias, I, cap. XVI: «Cuando vi las enormes ventajas que les proporcionaba su organización fraterna, semicomunista; cuando observé la maravillosa prosperidad de sus colonias, contrastando con el fracaso de las del Estado que las circundaban, aprendí algo que no puede aprenderse en los libros».

4.4 El socialismo «científico»

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