2. La organización social del capital

En el punto central de la moderna economía de tráfico está el banquero. El banquero facilita el movimiento de pagos, cobra por sus clientes y cuida de sus pagos y, principalmente, sirve de intermediario en el tráfico de capital. Al banquero van a confluir los capitales sobrantes, que él distribuirá entre los que solicitan dinero. Al principio, esta posición de confianza se otorgó a personas cuyas casas pudieron alcanzar más tarde una importancia extraordinaria. Con el incremento de los objetivos y con el progreso de la acumulación de capitales y de la educación económica, las organizaciones colectivas fueron reemplazando a los banqueros particulares. Ya vimos la misión que desempeñó el Banco central de emisión, a cuyo lado se encuentran otras instituciones adaptadas a las necesidades especiales de las diferentes ramas del negocio.

Para las posesiones territoriales de la nobleza, los Comités comarcales, fundados ya en el siglo XVIII, habían creado una notable organización de crédito, que demostró sus valiosas cualidades durante las guerras napoleónicas y cuando la crisis agraria de los años 1820. En correspondencia con la legislación sobre amortizaciones, creáronse en la Alemania norteoccidental y central Cajas de crédito agrícola, Institutos oficiales que favorecieron también a la propiedad rural mediana y a la pequeña.

En 1847 Raiffeisen inició la creación de asociaciones de crédito popular destinadas al auxilio de los agricultores pobres. En 1819 Schulze-Delitzsch fundó la primera de sus sociedades que debían servir a las necesidades de crédito del artesanado y de la clase campesina. A partir de aquel momento se ha venido desarrollando el cooperativismo, especialmente en la agricultura, y esta organización del crédito de explotación ha terminado al fin con la usura.

Vimos cómo en Inglaterra, ya en el siglo XVII, las grandes Compañías privilegiadas concedían créditos al Estado, mientras en el Continente esta función estaba reservada a firmas particulares. Los Eichborn, de Silesia, ayudaron al Estado prusiano a salir de los apuros del dominio extranjero, y más tarde, cuando empezó la construcción de líneas férreas, tomaron parte en la instalación de minas y fundiciones. La casa Rothschild cobró categoría internacional al cubrir las necesidades financieras provocadas por las guerras napoleónicas. Encumbrados por su unión con el Landgrave de Hesse (Príncipe Elector desde 1803), los Rothschild supieron atraer al Continente las remesas monetarias de Inglaterra, y a partir de 1818 emprendieron la labor de ser los agentes de los empréstitos de Prusia, Austria, Francia y otros países. La mejor ordenación de las finanzas y el importantísimo desarrollo de las Bolsas de valores impidieron que los Rothschild alcanzaran la preeminencia que en tiempos pretéritos lograron los Fugger. Con todo, desde el segundo decenio del pasado siglo constituyeron la primera potencia capitalista de Europa, suplantando a los Baring, Hope y Parish, que ocupaban el primer plano todavía en 1815.

Si bien en la actualidad la casa Rothschild ocupa una situación todavía eminente en Inglaterra, y países como Chile y Brasil dependen financieramente de ella, lo cierto es que, desde mediados de siglo, la importancia de estas potencias monetarias de carácter privado se ha visto excedida, en el Continente, por las organizaciones capitalistas de las sociedades bancarias.

Junto con los Rothschild participaron los hermanos Pereira, los discípulos de Saint-Simon, en las primeras construcciones ferroviarias francesas que tuvieron éxito, el ferrocarril de Saint-Germain, inaugurado en 1837, y el del Norte, cuya concesión se otorgó en 1845. Bajo el Imperio aparecieron en primer plano. En 1852 fundaron el Crédit Mobilier, un Banco que reunía capitales para invertirlos principalmente en la construcción de la red ferroviaria francesa, pero que, a la vez, servía al crédito del Estado, fundaba las sociedades del Gas y de los Ómnibus, la Compañía Marítima y los nuevos tranvías de Paris, y lograba, incluso, atraer el extranjero a la esfera de intereses del capital francés, construyendo ferrocarriles en España, Suiza, Austria-Hungría y Rusia. En 1853 fué fundado el Banco de Darmstadt, y en 1855 el Kreditanstalt austriaco, ambos, bajo el modelo del Crédit Mobilier.

Ya por los años de 1840 Mevissen había señalado en Renania la importancia de las sociedades anónimas, las cuales, sin embargo, no llegaron a adquirir verdadera importancia hasta después de 1850. El mismo Mevissen, influenciado por las ideas saint-simonistas, desplegó grandísima actividad como organizador de esta clase de empresas. Presidente, desde 1844, del Ferrocarril Renanu (Colonia a Amberes), encargóse, en 1849, una vez malogradas las esperanzas políticas de una constitución germánica, de Ia reorganización de la asociación bancaria de Schaaffhausen, en Colonia. Fundó el Banco de Darmstadt, cuya sede no pudo ser establecida en Francfort (como se había proyectado), a causa de la oposición de Rothschild. Mevissen supo extender la red del ferrocarril renano mediante la construcción de la carretera del Rhin desde Bingen a la frontera holandesa y la penetración en la comarca del Ruhr. Creó también Compañías de seguros, fábricas textiles y de maquinaria, empresas mineras. Las grandes explotaciones de la época del hierro, del carbón, de las máquinas y de los ferrocarriles exigen sumas que solamente pueden ser aportadas por la organización colectiva del capital: Sociedades anónimas y Bancos. Mevissen demostró de qué manera esas empresas pueden ser administradas en provecho de los intereses de la colectividad. Sin embargo, es necesario tener presente que tales instituciones creadas con miras al interés general, otorgan ventajas preponderantes a los capitalistas y, en consecuencia, no determinan una nueva organización de toda la suciedad, como en principio se había proyectado, sino que hacen más honda y sensible la oposición entre el capital y el trabajo.

A mediados de siglo Francia se situó a la cabeza del progreso económico. Pero por haberse lanzado a empresas demasiado audaces (Ferrocarril del Norte de España, especulación sobre terrenos en el puerto de Marsella), por habérsele impuesto obligaciones de carácter político y por la especulación de Bolsa, el Crédit Mobilier abusó de sus fuerzas, hasta el punto de que, habiéndose retirado los hermanos Pereire, en 1867 el Barco de Francia hubo de hacerse cargo de su liquidación. La guerra de 1870-71, por su parte, trasladó a Alemania el centro económico de gravedad.

La favorable situación financiera de Alemania patentizóse en el hecho de que el Reich proporcionó a la economía germánica no sólo la tan ansiada unidad de circulación monetaria, sino, al mismo tiempo, el paso al valor oro.

Los ensayos de unificación de la moneda alemana habían cristalizado solamente, en 1857, en la creación de una moneda confederal, el tálero (Taler), junto al cual habían subsistido los territoriales: en el Norte el Taler y los Groschen, en el Sur los florines (Gulden = 4/7 de Taler) y los Kreuzer, sin contar los florines austríacos (= 2/3 de Taler). El tálero mecklemburgués se redujo a 48 chelines, y la moneda de Lübeck, de circulación en esta ciudad y en Hamburgo, se calculó, según M. Kurant (2½ = 1 escudo), en 16 chelines. Había también el M. Banko de Hamburgo, y los bremeses contaban por táleros oro.

La ley relativa a la acuñación de monedas de oro del Reich (4 de diciembre de 1871) y la ley monetaria de 8 de julio de 1873 determinaron, a la par que la unificación de la moneda del Imperio, el paso del valor plata al valor oro, por el que, aparte de este metal, sólo conservó fuerza ilimitada de pago la reducida suma de táleros en existencia. Inglaterra, cuya circulación se había alimentado en el siglo XVII con el oro portugués (brasileño), había adoptado el valor monetario oro en 1816. En cuanto a la circulación francesa, alimentada a su vez a mediados de siglo con el oro de California, se disponía a dar el mismo paso, cuando la guerra y la indemnización de guerra que hubo de pagar a Alemania desplazaron el punto favorable de París a Berlín. Los Estados asociados en 1865 bajo la dirección de Francia para realizar la unificación monetaria latina (Francia, Bélgica, Suiza e Italia) no procedieron hasta 1874, y en vista de la desvalorización de la plata, al cierre de sus talleres de acuñación, con el fin de impedir la salida del oro qua les amenazaba.

Del mismo modo que en el siglo XVIII los pequeños Estados alemanes habían emitido un exceso de monedas de valor inferior para qua circulasen en los Estados vecinos, así también hacia 1850 toda Alemania se vió inundada de papel moneda de poco valor de los Bancos de emisión de los referidos pequeños Estados. Para proceder a la reforma monetaria, promulgáronse en Alemania la Reglamentación del papel moneda (Ley relativa a la emisión de certificados de caja del Reich, de 30 de abril de 1874) y la Ley bancaria de 14 de marzo de 1875.

El Banco del Imperio fué erigido en celador de la circulación monetaria y del crédito al conferírsele la categoría de centro emisor principal de billetes. De los 32 Bancos de emisión que al principio quedaron subsistentes junto a él, la mayoría han quedado ya disueltos; hoy quedan sólo los Bancos emisores de Baviera, Wurttemberg, Baden y Sajonia.

Los Estados Unidos no llegaron a una organización unitaria del papel moneda hasta 1913, con la creación del Federal Reserve System. En cambio, la potencia capitalista que alcanzaron como resultado de la guerra mundial situóles en condiciones de sanear los quebrantados valores europeos sobre la base del oro. En 1924 fué concedido un empréstito a Alemania, y el Reichsbank fué separado completamente del Estado. Pero también Inglaterra necesitó del auxilio de América para volver al patrón oro en 1925.

Mientras en los días de la Dieta federal el centro del tráfico capitalista de Alemania había radicado en Francfort, después de ellos se trasladó a Berlín, la nueva capital del Imperio. Los Bancos alemanes y a su cabeza el Deutsche Bank (fundado en 1870 bajo la dirección de Georg v. Siemens), la Diskontogesellschaft (fundada en 1851 por Hansemann) y, más tarde, el Banco de Dresde, constituyen hoy las principales entidades capitalistas alemanas, resultantes de una amplia absorción y asimilación de otras instituciones y empresas particulares.

4.3 Anarquismo y Socialismo

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