7. La política colonial inglesa.

La abolición de la esclavitud y de la servidumbre

En Inglaterra, simultáneamente a la supresión los obstáculos que se oponían al comercio exterior, prodújose una eliminación de las limitaciones del tráfico colonial. Para sustituir las prohibiciones del Acta de Navegación, Huskisson había establecido un arancel diferencial de favor para los productos coloniales frente a las mercancías extranjeras. En 1846, al ser suprimidas las tarifas aduaneras de los granos, desapareció también la preferencia, introducida en 1825, por el trigo canadiense, y se preparó la derogación paulatina del trato de favor que disfrutaba el azúcar de las Indias Occidentales. En 1860, con la preferencia de las maderas del Canadá, desapareció el último eslabón de este sistema.

En el transcurso del siglo XIX Inglaterra fué agrandando incesantemente su imperio colonial, pero respetando siempre los principios del liberalismo, hasta el extremo de conceder una considerable autonomía a las colonias de población blanca. El Canadá se presentaba particularmente peligroso en este concepto, a causa de su proximidad con los Estados Unidos. En 1791 aquel territorio había recibido una constitución, y cuando, en 1839, se produjo allí una sublevación, dejóse al ParIamento canadiense, a propuesta de Lord Durham, el privilegio de designar a los miembros del Ministerio, facultad privativa hasta entonces de la Corona británica. En 1849 cedióse a la colonia, no sólo la administración financiera, sino también la comercial. En 1867 las colonias británicas norteamericanas se unieron para formar un Estado federativo. Australia y Nueva Zelanda obtuvieron un Gobierno autónomo en 1855, mientras El Cabo lo lograba en 1872. En cambio, después de la sublevación de los cipayos (1857) fué suprimido el privilegio de la Compañía de las Indias Orientales, haciéndose cargo el Estado de la administración después de haber sido concedida la libertad de comercio, en 1793 con la India y en 1833 con China. La ocupación de Egipto en 1882 aseguró a Inglaterra el camino del Indostán.

En Inglaterra, una parte de la población arrancada del campo por la revolución agraria fué absorbida por la industria de las ciudades, mientras la parte restante emigró. Wakefield demostró que las colonias estaban llamadas a complementar la economía nacional inglesa. Mientras en la metrópoli se iba reduciendo el suelo laborable y crecía, en cambio, el capital y la mano de obra, en las colonias ocurría el caso inverso, es decir, la sobra de tierras y la falta de mano de obra y de capital. Tratábase, pues, de proporcionarles estos elementos. A fin de atenuar en las colonias la oposición de los factores productivos, Wakefield recomendaba qua las tierras no fuesen cedidas gratuitamente, sino vendidas. El producto obtenido se destinaría a facilitar el traslado de los trabajadores y colonos. Los razonamientos de Wakefield hallaron aplicación principalmente en la colonización de Australia meridional y de Nueva Zelanda (1839).

La demanda de emancipación de la personalidad no se detuvo ante los individuos de raza negra. A pesar de los tratados internacionales que prohibían el comercio de esclavos y de la caza de que los cruceros británicos hacían objeto a los barcos negreros, en el período qua va de 1819 a 1847 se calcula en cerca de 3 millones de esclavos el número de los que fueron transportados de Africa a América. Era pues cuestión de abolir la esclavitud como institución. Inglaterra llevó la delantera; en 1832 declaráronse emancipados los esclavos de la Corona, y al año siguiente quedó suprimida la esclavitud en todas las colonias inglesas, con indemnización de los propietarios. Estas medidas no pudieron llevarse a la práctica sin que fuese preciso sortear dificultades económicas. Los plantadores de las Indias Occidentales viéronse expuestos, con la abolición de la esclavitud, a una peligrosa competencia por parte de Cuba y del Brasil, países que continuaban explotando a los negros. La aparición del azúcar de remolacha dió totalmente al traste con la prosperidad de aquellas colonias británicas, de máximo valor en otros tiempos. Privados de su mano de obra por efecto de la supresión absoluta de la esclavitud, los boers comenzaron en 1836 a emigrar hacia el Norte, para establecer allí posesiones autónomas. Francia libertó a los negros de sus colonias en 1848, indemnizando a sus propietarios. La resolución definitiva tomada en la cuestión de la esclavitud, produjo en los Estados Unidos la guerra civil.

En este país los propietarios de plantaciones habían venido representando el principal papel desde el día de su fundación. A instancias suyas la capital federal fué trasladada en 1790 a un territorio entresacado de los Estados no abolicionistas de Maryland y Virginia. Siendo el algodón el principal de los artículos de exportación de los Estados Unidos, los habitantes del Sur tuvieron una influencia predominante en los esfuerzos expansionistas a costa de Méjico, el cual, en 1848, cedió los territorios de Texas, Nuevo Méjico y California. Con todo, la inmigración y los progresos industriales habían fortalecido también a los Estados del Norte, y ambas partes se disputaban el destino de los de reciente creación: tratábase de ver si el predominio iba a corresponder o no a los Estados antiabolicionistas del Sur. Cuando, en 1860, Lincoln fué elevado a la silla presidencial, los Estados meridionales se separaron de la Unión, mientras los republicanos septentrionales luchaban por el mantenimiento de la integridad federativa y contra la extensión de la esclavitud, pero de ningún modo por su supresión, la cual era considerada como un problema particular de cada Estado. Así, de los territorios limítrofes, mantuviéronse fieles a la Unión Delaware, Maryland, Kentucky, Missouri y Virginia occidental. Sólo los éxitos Bélicos de los Estados del Sur obligaron a los del Norte a considerar a los negros como sus aliados. En 23 de septiembre de 1862 concedióse la libertad a los esclavos de los territorios ocupados, pero la manumisión no tuvo carácter de ley constitucional hasta 1865. Para los Estados del Sur, esta modificación de la antigua organización del trabajo constituía un serio perjuicio económico. Los plantadores perdían sus capitales, invertidos en los esclavos, y en la peuda pública, totalmente desvalorizada, de la Confederación, mientras los negros manumitidos mostraban muy poca disposición para el trabajo. Para el Sur no empezó un nuevo florecimiento hasta después de 1880, gracias a la industrialización.

De igual modo que en Occidente, también los años subsiguientes a 1860 aportaron en Oriente la eliminación de la antigua servidumbre. La derrota de Rusia en la guerra de Crimea señaló la necesidad de reformas interiores. En 1861 Alejandro II decretó la emancipación de los siervos. Esta liberación de los campesinos, empero, no suponía, como en el Oeste, la instauración de empresarios independientes, agricultores y propietarios, sino que los campesinos rusos, en su mayor parte, continuaron ligados en la vieja forma de la propiedad comunal en tierras reducidas y gravadas por cuotas de rescate. El terrateniente vióse privado de la clase trabajadora que había proporcionado al propietario prusiano la no regulación de los campesinos sujetos a servidumbre personal; de modo que si quiso seguir explotando sus tierras, no le quedó otro recurso que acudir a los servicios de los labriegos con sus propias yuntas, sistema retrógrado, totalmente equivalente al empleado en el viejo régimen de servidumbre, sin otra diferencia que la de formas jurídicas. Hasta fechas bastante más recientes no se constituyó una clase de empresarios agrícolas que arrendaban o compraban tierras de labor, e integrada, ya por elementos ciudadanos, ya por campesinos que habían logrado reunir un capital trabajando en el Sur como obreros temporeros. La derrota de Rusia en la guerra con el Japón volvió a poner a la orden del día, junto con la cuestión de la constitución del Imperio, el problema agrario, tan mal resuelto antes. Las Leyes de 1906 y 1910 abolían las antiguas trabas de la propiedad territorial y creaban para Rusia la base de la agricultura capitalista-individualista.

El sexto decenio del siglo XIX señala el apogeo del movimiento en pro de la libertad económica iniciado por los fisiócratas y Smith. Mientras Ios Estados de la Europa occidental se unían por una red de tratados librecambistas, en América era abolida la esclavitud y en Rusia la servidumbre. El movimiento hubo de enfrentarse continuamente con tendencias opuestas que aparecieron en primer plano hacia 1880.

3.8 La oposición al librecambio

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