5. La economía agrícola en Francia y en Inglaterra. Los comienzos del socialismo moderno

A partir de la segunda mitad del siglo XVIII difundióse, partiendo de Inglaterra, una explotación racional de la agricultura.

Con el sistema, predominante hasta entonces, del cultivo de triple amelga, la mayor porción de las tierras la constituían pastos perpetuos, de los cuales nadie cuidaba debido a utilizarlos en común todos los lugareños. La consecuencia de este estado de cosas era una ganadería deficiente. En las tierras de sembradío, los campos pertenecientes a cada una de las fincas se hallaban dispersos en diversos distritos o circunscripciones, en confusión con los de las otras propiedades; por eso los vecinos del pueblo no podían emprender siembras ni proceder a las cosechas si no era a base de un plan común. Los rebaños de la comunidad eran llevados al rastrojo, y si bien de este modo el campo quedaba algo abonado, no lo era, ni con mucho, suficientemente. El cultivo forzoso excluía el cuidado de las labores que efectúa el individuo cuando se trata de un campo de su única pertenencia. Por regla general, los cultivos se hacían de manera que, en las tres amelgas, se sucedían cereales de invierno, cereales de verano y el barbecho; a veces éste se aprovechaba para sembrar plantas forrajeras. En resumidas cuentas, la escasez de rebaños y la falta de abono daban cosechas pobres, es decir, un mísero rendimiento de la agricultura.

Las cosas cambiaron el día en que la tierra fué repartida en parcelas, y en ellas se sucedieron, en turno regular, los años de cereales y los de prado, o bien los años de siembra de cereales fueron alternados con el cultivo de otras plantas (cereales de invierno). Esta alternancia de cultivos contribuyó al aumento del rendimiento del suelo por el aporte de elementos fertilizantes dado por esta racional rotación de cultivos.

Pero estos sistemas de explotación intensiva presuponían la liquidación de la vieja constitución agraria. El prado común fué cercado por el propietario o repartido entre los lugareños. El dueño de la tierra u otros propietarios separaron sus campos del conjunto del suelo de labor y los cercaron. Los pequeños propietarios, para quienes la manutención del ganado era de importancia extrema, experimentaron una pérdida sensible en la del prado comunal, sobre el cual no tenían sino un derecho incierto, y que en ningún modo les ofrecía suficiente compensación. El cambio les planteó el dilema de emigrar o de convertirse en trabajadores asalariados. Pero también empeoró la situación de Ios campesinos, ya que en todos aquellos casos en que su derecho de posesión era incierto, en que no eran acaso sino arrendatarios temporales, el propietario reunió las pequeñas granjas para formar otras grandes que dió en arriendo. Los gastos de cercado y el sostenimiento de los pobres pesaron gravosamente sobre las pequeñas explotaciones. El arrendatario hereditario o el pequeño propietario no se sintió con fuerzas para hacer frente a la competencia de la gran explotación y vendió su puesto, más o menos voluntariamente. De este modo la introducción de la explotación agrícola racional coincidió en Inglaterra con la desaparición de la clase campesina. En el Nordeste de Alemania Ias cosas sucedieron de modo muy semejante, y en Inglaterra formáronse las tres clases de los fisiócratas: el propietario rural, el arrendatario y el bracero del campo.

Ya en las siglos XV y XVI esta progresión de la gran explotación había adquirido en Inglaterra extensión considerable. Entonces, la causa de ello había sido la producción lanera. Las ovejas, según frase de Moro, devoraban a los hombres. En el siglo XVIII, lo que dió el impulso a las acometidas asoladoras contra la antigua constitución agraria fué el cultivo de cereales, de prados grasos y el engorde de los rebaños.

El primer impulso partió del afán de los propietarios de aumentar sus rentas. Este incremento de réditos determinó ante todo el cercado de los prados comunales, sobre los cuales, por regla general, el terrateniente inglés tenía derecho de propiedad. Unicamente los grandes arrendatarios podían pagar arriendos elevados, pero el consumidor sacaba escasísima ventaja del progreso que aquéllos aportaban a la agricultura. Frente a los pequeños agricultores que se veían obligados a vender a cualquier precio, la posición del consumidor había sido mucho más favorable de lo que era entonces, frente a los grandes arrendatarios que, poseyendo un capital de resistencia, podían retener sus ofertas. Así se explica el alza de Ios precios de los cereales en Ios últimos decenios del siglo XVIII, alza debida no sólo a las malas cosechas, sino también al incremento de la población. Como es natural, los precios elevados estimularon la inversión de capitales en la agricultura, y llevaron al desbancamiento, cada día mayor, de campesinos y quinteros, los cuales sólo en parte pudieron continuar viviendo como colonos y labriegos, mientras la mayoría se veían obligados a trasladarse a las ciudades, con la consiguiente congestión de la población industrial y el aumento del contingente de emigración.

Los esfuerzos técnicos de la agricultura inglesa tuvieron su centro en el Board of Agriculture, fundado en 1793, y cuyos presidente y secretario fueron, respectivamente, J. Sinclair y A. Young. Pero por mucho que éste se mostró partidario del adelanto técnico que significaban los cercados, no tuvo mas remedio que reconocer que las consecuencias sociales derivadas de ello eran muy poco satisfactorias. Opinaba Young que, de cada 20 casos, había 19 en que los pobres, que generalmente no podían exhibir títulos de propiedad, no alcanzaban tierras. Cuando Sinclair y Young quisieron proporcionar una situación económica relativamente independiente (tres acres y una vaca) a los trabajadores, categoría a qua habían descendido la mayor parte de los antiguos campesinos, los obreros del campo quedaron sujetos, en la mayoría de los casos, a un salario tan exiguo, que la beneficencia pública hubo de señalarles un auxilio para que pudiesen disfrutar de un mínimo de subsistencia.

Las tendencias imperantes en Inglaterra presentáronse también en Francia antes de la Revolución. Una buena parte del malestar qua se observaba entra el pueblo campesino se explica por el desalojamiento de las capas más inferiores de la población rural de los prados comunales acotados, así como de la reunión de las pequeñas explotaciones. La diferencia esencial entre los procesos francés e inglés consistió en que, en Francia, la constitución feudal se mantenía aún con considerable autoridad. Precisamente en la segunda mitad del siglo XVIII numerosos privilegiados intentaron acrecentar sus rentas, no implantando en sus predios la nueva forma de explotación capitalista, sino exigiendo con mayor empeño de los campesinos el acatamiento a sus derechos feudales. Estos derechos, formas de imposición qua hacían más gravosa la explotación, así como las servidumbres y los derechos de caza del señor, habían de producir forzosamente un hondo resentimiento en aquella clase campesina de la Francia prerevolucionaria, clase que se hallaba en vías de franco progreso espiritual y que empezaba a adquirir conciencia de sí misma. Los derechos feudales no amenazaban la existencia del campesino (como lo hacían los nuevos sistemas económicos); antes bien pretendían continuar haciendo de él un objeto de explotación por parte de los privilegiados. A los impuestos satisfechos al señor feudal y que gravaban onerosamente al pequeño agricultor, venía a añadirse otro, directo y desigualmente repartido, sumamente odioso a la clase campesina: la talla. Contra esta opresión se dirigió el alzamiento de 1789. Las demandas de los campesinos fueron apoyadas por la clase burguesa, e incluso por la pequeña nobleza, la cual, por su parte, llevaba sobre sus hombros una pesada carga de deberes de vasallaje. La memorable sesión de la noche del 4 de agosto de 1789 tuvo como consecuencia la abolición de los deberes feudales de los campesinos franceses.

La secularización de los bienes eclesiásticos, realizada en el siglo XVI, había redundado esencialmente en provecho de la Corona y de la nobleza. Cuando la Revolución procedió a apropiarse de aquellos bienes, participaron en su adquisición los campesinos y los ciudadanos, con lo cual se formó en Francia una clase de pequeños agricultores independientes mucho más numerosa que la de Inglaterra.

La repartición uniforme de la propiedad territorial correspondía en Francia a las ideas socialistas, muy extendidas en el país. Como las teorías de los fisiócratas, surgían aquéllas del Derecho natural; pero mientras las primeras descansaban ante todo sobre la libertad del individuo y las ventajas técnicas de la gran explotación, las segundas sostenían que la misión de la sociedad consistía en velar por la dotación igualitaria de sus componentes. Vairasse, en su Histoire des Sevarambes (1675), quiere que la población viva en osmasios, edificios capaces para un millar de personas. El trabajo esta organizado colectivamente. Meslier y Morelly, en su Code de la Nature (1755), creen ver el estado de naturaleza en la igualdad social. En sus Doutes proposes aux philosophes économistes sur I'ordre naturel et essentiel des sociétés politiques (1768), Mably arremete directamente contra los fisiócratas.

Aun cuando la Revolución francesa tuvo en cuenta, en algunos aspectos, las ideas socialistas, significó ante todo una victoria de la libertad del individuo, la cual comportaba la preponderancia del más fuerte. La desigualdad de chances impedía llegar a Ia igualdad de los hombres. Por eso pareció necesario completar aquella revolución. Tal fué el proyecto de Graco Babeuf, quien, en su Manifeste des Egaux (1795), pedía la república de los iguales, fundándose en que la Naturaleza había puesto la mesa para todas sus criaturas.

Nacido en 1760, Babeuf había tenido ocasión de experimentar sobre si la injusticia del estado de cosas imperante, ya que, siendo uno de los notarios que habían renovado las batas de impuestos, les terriers, quemadas en 1737 en la Chambre des Comptes, vióse negar por los señores las sumas que se le adeudaban. Su conspiración fué reprimida en 1796 y él condenado a muerte en 1797. En Buonarotti halló un biógrafo que, en 1828, publicó la Histoire de la conjuration pour l'égalité, asegurando así la influencia de Babeuf sobre el subsiguiente desenvolvimiento del socialismo francés.

2.6 La emancipación de los campesinos y la libertad profesional en Alemania

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