C. EL SUBDESARROLLO DEL DESARROLLO

4. Crisis en la metrópoli e involución activa en el satélite

En 1929 vino el estallido. El precio y la demanda de café descendieron vertiginosamente; las exportaciones se redujeron de 95 millones de libras esterlinas en 1929 a 66 millones en 1930. (Norman, 1945: 257.) La convertibilidad permitía ahora la fuga de los capitales y la afluencia de fondos extranjeros cesó por completo, naturalmente. El gobierno, corto ahora de numerario para pagar a sus acreedores exteriores, trató de encontrarlo en la economía nacional. Continuando las clásicas prescripciones que aún siguen sus sucesores actualmente, Washington Luis, vacilando entre "la escuela bancaria y la secuela monetaria" (Normano, 1945: 240), redujo los gastos del gobierno en el país. Al igual que su mentor, el gobierno norteamericano de la época, redujo el dinero en circulación, en un 10 %. (Guilherme, 1963: 32.) El resultado fue en extremo nocivo para la industria nacional, que vio disminuir sus ventas y su producción. Al mismo tiempo resultaron afectados los productores agrícolas, especialmente los que trabajaban con créditos a largo plazo.

La consecuencia de todo ello fue la triunfante "revolución de 1930". Este movimiento político y económico contaba con el apoyo de la burguesía industrial nacional, cuyos intereses habían sido perjudicados por los acontecimientos anteriores, y se oponía a los intereses agrarios, comerciales y metropolitanos, en bien de los cuales se había formulado la, anterior política gubernamental. La revolución era apoyada también por los elementos políticos del estado sureño de Río Grande do Sul, cuya economía estaba menos ligada al comercio de exportación y a la metrópoli imperialista, y se oponía a los centros tradicionales del poder politico: São Paulo, caficultor y comercial, y Minas Gerais, agrícola, minero y bancario. Estos dos estados se habían pasado uno a otro la presidencia de la república. No fue una casualidad la circunstancia de que el nuevo presidente, Getulio Vargas, procediera de Río Grande do Sul, que había sido poblado por propietarios residentes más que por latifundistas, y en el que había surgido un nuevo centro manufacturero regional. Algunos observadores llaman "revolución burguesa de Brasil" a este acontecimiento. Pero este cambio de gobernantes no trajo consigo la expulsión del poder de los intereses agrarios que "tradicionalmente" lo habían poseído y que eran obviamente capitalistas y no "feudales". Al contrario, el nuevo gobierno significó el acceso al poder de un nuevo grupo, los industriales y los sureños, que ahora venían a compartir los privilegios con sus anteriores beneficiarios.

La "revolución" se reflejó de inmediato en la nueva política gubernamental. Se mantuvo, por supuesto, la vieja línea de sostén del previo nacional del café y, a causa de la depresión, incluso se reforzó. Pero este programa se financió ahora con fondos del país y no del exterior, modificación que había de tener trascendentes repercusiones económicas en Brasil. El gobierno instituyó también una política de protección arancelaria, aunque la metrópoli, económicamente deprimida, no estaba exportando mucho entonces.

El resultado fue una expansión económica muy diferente de las anteriores. Sus características, sumariamente, fueron las siguientes: a) inflación nacional y aumento de la demanda interna, como en todas las expansiones anteriores y posteriores; b) revaluación en lugar de devaluación; c) deterioro de los términos de intercambio a causa de la caída del prado y la demanda del café y otros productos de la exportación. La capacidad de Brasil para importar se redujo en un tercio entre 1929 y 1937 (Furtado, 1959: 223), a la ves que la metrópoli económicamente deprimida exportaba menos productos industriales; d) financiamiento interior en vez de exterior; e) en consecuencia, en lugar de mayor dominio y estrangulación metropolitana de la economía brasileña, surgió un crecimiento sin paralelo de la industria nacional.

Durante la depresión económica del sistema capitalista mundial, de acuerdo con mi modelo y mi hipótesis, el satélite brasileño experimentó una activísima involución capitalista. La inflación interna, acompañada del financiamiento interior y de un relativo aislamiento de la competencia metropolitana, condujeron a un crecido aumento de los precios y la demanda de los productos industriales brasileños. La industria respondió con un rápido y gran aumento de su producción, aproximadamente el 50% entre 1929 y 1937 (Furtado, 1959: 224) y alrededor del 100% entre 1931 y 1938, según Roberto Simonsen (1939: 44), entonces presidente de la Asociación de Industriales de Brasil. Entre 1934 y 1938, la producción industrial creció aproximadamente un 60%. (Simonsen, 1939: 44.) Este aumento se consigue, al principio, mediante la mayor utilización de la capacidad instalada, en gran parte ociosa durante la "prosperidad" que trajo la creciente presencia extranjera a fin de los años 20 y durante la crisis de los primeros del 30. La misma capacidad industrial excesiva supuesta, ociosa y que se observa en posteriores aumentos de la producción no debidos a ampliaciones de la capacidad instalada, se encuentra también en la década del 10, años en que la producción industrial, impulsada por la guerra, creció con más rapidez que la capacidad. (Normano, 1945: 139-142.) En los últimos años de la década del 30, Brasil, contando con las ganancias de esta producción y con los altos ingresos de industriales y agricultores, comenzó a instalar nueva capacidad industrial productiva, sacando partido también de las facilidades dadas para la adquisición a bajo precio de la maquinaria de uso que la depresión mantenía ociosa en los países metropolitanos. Brasil produjo así los bienes de consumo que antes importaba y vigorizó aún más su industria básica. No obstante, en 1938, los tejidos, la ropa y los comestibles representaban aún el 56% de la producción industrial, y la industria básica sólo el 13%. Y, a diferencia de la expansión soviética de esta época, la producción de hierro y acero sólo satisfacía un tercio del consumo brasileño de estos productos. (Simonsen, 1939: 44.)

Detengámonos un instante a analizar estos acontecimientos. Económicamente, ¿por qué este periodo fue de involución capitalista activa, ante las debilitadas relaciones del satélite brasileño con su metrópoli, y no de involución pasiva como en períodos anteriores? Políticamente, ¿por qué los intereses agrarios, comerciales e imperialistas se avinieron a compartir su poder y su influencia con los nuevos, pero todavía débiles intereses industriales nacionales? En otras palabras ¿por qué fue posible y por qué triunfó la revolución de 1930? (Otros retos al gobierno existente habían fracasado en la década de 1920.)

Mi modelo, como se recordará, pone el énfasis en la transformación histórica (particularmente de la base del monopolio metropolitano) dentro del sistema capitalista. La estructura fundamental metrópoli-satélite no ha sufrido cambios a lo largo de los siglos, pero la base del monopolio metropolitano sí. Durante el período mercantilista, dicha base residía en la fuerza militar y el monopolio del comercio; a los satélites no se les dejaba en libertad de comerciar. Durante el siglo XIX, la industria ligera y textil pasaron a ser cada vez más la base del monopolio metropolitano. Este monopolio metropolitano, llamado "liberalismo", concedió y hasta impuso a los satélites la libertad de comercio, pero les negó la libertad de producción industrial. Hacia la primera mitad del siglo XX, la base del monopolio metropolitano había venido a residir en los medios de producción y los bienes intermedios. Los satélites gozaban ahora de creciente libertad pare producir tejidos y otros productos de la industria ligera —y hasta se veían obligados a hacerlo para las fábricas que la metrópoli imperialista establecía en ellos—; pero no se les dejaba en libertad de crear su propia industria de equipos básicos e intermedios. En cuanto a éstos de los que dependían cada vez más por cuanto le eran necesarios para su propia producción industrial ligera, los satélites continuaban dependiendo del monopolio de la metrópoli. Después, en la segunda mitad del siglo XX esta base volvió a tomar un nuevo aspecto, ahora hacia la tecnología, combinada con la penetración, aún mas profunda, de las corporaciones internacionales del monopolio metropolitano en la economía de los satélites.

La involución activa brasileña de la década del 30 puede, pues, explicarse por el hecho de que Brasil, como algunos otros países satélites, había podido establecer en años anteriores alguna industria, y, con ella, la consiguiente estructura socioeconómica y la incipiente burguesía industrial, en parte independiente durante la primera guerra mundial y en parte dependiente de la metrópoli durante la década de 1920. En 1930, por tanto, la estructura socioeconómica de São Paulo podía responder mejor con una involución capitalista activa al aflojamiento de los vínculos metrópoli-satélite, que Minas Gerais al final de la fiebre del oro, o el Nordeste o el norte en los tiempos de su involución capitalista pasiva. Con todo, como mi modelo señala y los sucesos posteriores iban a demostrar, mientras Brasil continuara siendo en satélite capitalista, tal involución activa, por muy encaminada hacia el desarrollo que entonces pareciera ser, tenía que ser efímera.

Pero, ¿por qué fue políticamente posible que la revolución de 1930 triunfara y que prosperara la coalición de intereses agrarios, mercantiles, imperialistas e industriales nacionales? ¿Por qué a un grupo industrial nacional tan débil se le permitió compartir el poder y la formulación de los programas de gobierno? En pocas palabras, porque los intereses capitalistas "tradicionales" tenían poca capacidad y menos razón para oponerse a este vuelco de los acontecimientos. La metrópoli imperialista, a causa de la depresión, estaba menos capacitada para intervenir. Y si los intereses agrarios, mercantiles y metropolitanos no fueron favorecidos por los acontecimientos de los años 30, si era menos posible vender café a la metrópoli e importar manufacturas de ella, esto no se debió tanto a la política de gobierno adoptada en concierto con los intereses industriales nacionales como a la inevitable depresión por la que pasaba la metrópoli capitalista mundial. Además, los intereses cafetaleros internos no fueron seriamente perjudicados por la intervención de los industriales en la política de gobierno, ya que, gracias al mantenimiento de la línea de sostén del precio del café, estos intereses podían continuar vendiendo su gramo en el mercado nacional artificialmente creado, no ya en el deprimido mercado mundial. La unión de intereses potencialmente conflictivos no fue, por el momento, demasiado desafortunada.

Pero en un satélite capitalista, esta clase de luna de miel no puede ser eterna. En Brasil duró dos decenios, porque las presiones que naturalmente tendían a disolver el matrimonio fueron de nuevo amortiguadas por la recesión de 1937 y, poco después, por la guerra y sus consecuencias inmediatas. No tardaron en aparecer tensiones —hubo un intento de "contrarrevolución" en 1932 y otro en 1937--, pero fueron políticamente reprimidas por la dictadura del Estado Novo (Estado Nuevo) de Vargas y, económicamente, por lo que acontecía en la metrópoli. Hasta donde alcanzo a saber, no se ha publicado ninguna interpretación económica de las circunstancias políticas del Estado Novo, por lo que me aventuro a ofrecer la que sigue:

Los años de 1934 a 1937 presenciaron una recuperación parcial de la metrópoli, especialmente en Alemania, que había tomado una tajada significativa de la participación de Estados Unidos en el comercio brasileño. (Guillermo, 1963: 43.) El precio y la demanda de las exportaciones brasileñas comenzaron a subir de nuevo y presionaron para que se volviera a aumentar la tasa de cambio. El gobierno parece haber cedido, en parte al menos, a esta presión, para congoja de ciertos grupos de intereses brasileños. Un investigador inglés de los asuntos de Argentina, refiriéndose al periodo anterior a la primera guerra mundial, resume como sigue los intereses en juego en esta clase de situación: "[El] grupo político predominante, los productores-exportadores y los terratenientes... se interesaban claramente, en los años favorables, en la estabilidad del cambio, porque ésta impedía la variación adversa en la distribución de ingresos que había traído un aumento de la tasa de cambio, y en los años desfavorables se parcializaban en favor de la devaluación porque variaba la distribución del ingreso en su beneficio." (Ford, 1962: 192.) Es decir, la devaluación pasaba la carga a otros, mientras que la estabilidad del cambio la mantenía donde estaba. Wanderley Guilherme observa: "Cuando se revalorizó el tipo de cambio, durante la recuperación del sistema capitalista mundial, entre 1934 y 1937, los dos grupos principales de la sociedad brasileña se opusieron decididamente a la recuperación del poder adquisitivo internacional de nuestra moneda„ dado que esto significaba la reducción de las ganancias de uno de ellos —los caficultores— y la amenaza de productos extrenjeros a precios más bajos, para el otro, la burguesía industrial." (Guilherme, 1963: 41.) En consecuencia, el gobierno fijó la tasa de cambio.

Pero como la revalorización reducía inmediatamente las ganancias de los agricultores, los intereses agrarios se oponían más a ella que los industriales, quienes tenían otros modos de proteger sus ventas y eran también importadores de equipos extranjeros. Estas circunstancias de origen externo, unidas a la mala voluntad con que los intereses agrarios veían la demanda industrial de sus trabajadores, condujeron, probablemente, a nuevas tentativas de reactivar la tradicional alianza política de terratenientes, comerciantes e imperialistas y de restablecer la tradicional política económica de devaluación, financiamiento exterior, etc. En 1937, los integralistas, grupo fascista de abierta inspiración italiana y alemana, intentaron un golpe contra Vargas, pero fue frustrado por el reciente "estado nuevo". Seis meses antes Getulio Vargas había asumido poderes dictatoriales y había instituido el Estado Novo. El propósito era, en parte, resistir estas presiones de la derecha, así como también las de la izquierda, manifestadas en 1935 en un frustrado golpe dirigido por los comunistas (y quizás motivado, en parte, por el efecto perjudicial de la revalorización sobre el ingreso de los trabajadores). El propósito consistía además, en mantener por la fuerza el maridaje de las burguesías agraria, comercial, imperialista e industrial nacional. Vargas duró hasta 1945. La recesión de 1937, que eliminó las presiones en favor de una nueva revaluación de la moneda, y la guerra, que una vez más suprimía en parte la presión que desde afuera se ejercía sobre este inestable matrimonio, lo ayudaron a frenar la oposición interna.

La segunda guerra mundial, como señalaría mi modelo, renovó o continuó la involución capitalista activa de Brasil. Los términos de intercambio mejoraron; mas para Brasil era dificil aprovechar esta "ventaja" para importar más, porque la metrópoli naturalmente, necesitaba todo lo que producía. Las divisas que se adquirían se inmovilizaban afuera, e incluso su volumen era menor del que podía haber sido, porque Brasil, al igual que otros países satélites, convino en mantener bajos los precios de sus exportaciones a los aliados, como "contribución al esfuerzo bélico". Al mismo tiempo, el exceso de capacidad productiva desapareció, a causa de los aumentos de la producción industrial en la década anterior, por lo que la presión dé la demanda interna obligó a aumentar los precios y la cantidad de productos. El presidente Vargas se identificó cada vez más con la burguesía industrial nacional y con los obreros sindicalizados, que eran el producto social de esta expansión industrial. Su gobierno instituyó varias medidas "progresistas", como el apoyo a la sindicalización y a los salarios mínimos, a la vez que él en persona fundaba el Partido Trabalhista Brasileiro o PIB (Partido Laborista de Brasil). A la larga, esta política obrera, como la de Perón en Argentina, conduce a una alianza entre los trabajadores de la industria y la burguesía industrial nacional, o sea el apaciguamiento de aquéllos y sus sindicatos, por los dueños de las fábricas. Hasta donde el potpourri de partidos políticos brasileños representa a grupos particulares, el PTB se ha convertido en los últimos tiempos en el instrumento mediante el cual los sectores nacionalistas de la burguesía brasileña más industrial controlan los votos obreros. Pero esta burguesía "nacional" y, con ella, sus mesas obreras organizadas, se han hecho cada vez menos independientes de la metrópoli.

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