Este ensayo sostiene que el subdesarrollo de Chile es el producto necesario de
cuatro siglos de desarrollo capitalista y de las contradicciones internas del
propio capitalismo. Estas contradicciones son: la expropiación del excedente
económico a los más y su apropiación por los menos; la polarización del sistema
capitalista en un centro metropolitano y en satélites periféricos, y la
continuidad de la estructura fundamental del sistema capitalista a lo largo de
la historia de su expansión y transformación, a causa de la persistencia o
reproducción de estas contradicciones en todas partes y en todo tiempo. En mi
tesis que estas contradicciones capitalistas y el desarrollo histórico del
sistema capitalista han generado subdesarrollo en los satélites periféricos
expropiados, a la vez que engendraban desarrollo en los centros metropolitanos
que se apropiaron el excedente económico de aquéllos; y además, que este proceso
continúa.
La conquista española incorporó e integró de lleno a Chile en el expansivo
sistema capitalista mercantil del siglo XVI. Las contradicciones del capitalismo
han engendrado un subdesarrollo estructural en Chile desde que éste comenzó a
participar en el desarrollo de ese sistema universal. Contrariamente a la tan
difundida opinión, el subdesarrollo de Chile y de otros países no es un atado de
costes original o tradicional, ni una etapa histórica del crecimiento económico
por la cual han pasado los países capitalistas hoy desarrollados. Antes bien, el
subdesarrollo de Chile y de otros países, no menos que el desarrollo económico
mismo, vino a ser a lo largo de los siglos el producto necesario del proceso,
plagado de contradicciones, del desarrollo capitalista. Este mismo proceso
continúa engendrando subdesarrollo en Chile, y este subdesarrollo no puede ser
ni será eliminado con más desarrollo capitalista. En consecuencia, el
subdesarrollo estructural continuará siendo engendrado y profundizado en Chile
hasta que los chilenos mismos se liberen del capitalismo.
La interpretación que aquí se ofrece difiere no sólo de las interpretaciones
generalmente aceptadas de la naturaleza y las causas del subdesarrollo y el
desarrollo en general, sino también de las opiniones de importantes
comentaristas y analistas de Ia sociedad chilena de ayer y de hoy. Por ejemplo,
durante la campaña electoral de 1964 tanto el candidato presidencial
democristiano-liberal-conservador como el candidato socialista-comunista dijeron
que la sociedad chilena contemporánea contiene elementos "feudales"; en su
comentario posterior a esas elecciones, Fidel Castro se refirió también a los
elementos "feudales" de Chile, y G. M. McBride, en su libro de bien merecida
fama Chile, Land and Society, escrito en los años 30, sostuvo que todo Chile
adolecía del "dominio de una pequeña clase de aristócratas terratenientes del
viejo orden feudal".
El marxista Julio César Jobet, en su Ensayo crítico del desarrollo
económico-social de Chile, sugirió que el siglo XIX había presenciado la
formación de una burguesía que se levantó "sobre las minas de la economía
exclusivamente feudal de la primera parte del siglo XIX (citado por Pinto,
1962)¹. Aníbal Pinto, en su fundamental Chile: Un caso de desarrollo frustrado,
que desde su aparición en 1957 ha influido en todos los trabajos históricos y
económicos acerca de Chile, retrocedió un poco más para sugerir que "la
independencia abrió las puertas", no obstante lo cual sostiene que el "comercio
exterior pasó a ser la fuerza motriz del sistema económico doméstico" sólo
posteriormente, y que hacia finales del siglo XVIII Chile era y continuó siendo
una "economía reclusa". Max Nolff, ampliando el análisis de Pinto, formula su
teoría del desarrollo industrial chileno en el supuesto de que Chile tuvo
durante todo el período colonial una "economía de subsistencia cerrada". Hasta
el marxista Hernán Ramírez (1959), cuyos Antecedentes económicos de la
Independencia de Chile proporcionen amplia prueba de que los anteriores juicios
acerca de Chile en el siglo XVIII y siguientes no están bien fundados, se
refiere a una supuesta "tendencia autárquica" en la economía chilena antes de
ese tiempo.
De acuerdo con lo que he leído de la historia de Chile y de la de América Latina
en general, tales referencias a una economía de subsistencia autárquica,
cerrada, reclusa y feudal no representan cabalmente la realidad de Chile y de
América Latina desde la conquista del siglo XVI. Además, el no reconocimiento y
la incomprensión de la naturaleza y el significado de la economía exportadora
capitalista, abierta y dependiente, qua ha caracterizado y plagado a Chile y a
sus hermanos a lo largo de la historia posterior a la conquista, conducen
inevitablemente e una mala interpretación y comprensión de la verdadera
naturaleza del capitalismo de hoy, de las verdaderas causas no sólo del
subdesarrollo pasado sino del todavía más profundo del presente, y de los
caminos de acción necesarios para eliminar ese subdesarrollo en lo futuro. El
esclarecimiento de esas cuestiones es el objeto de este ensayo.
Específicamente, no puedo aceptar los supuestos fundamentos empíricos y, por
ende, las formulaciones del problema y de la política para el desarrollo de
Chile expuestas por Aníbal Pinto, Max Nolff (este último, principal asesor
económico de Allende, candidato presidencial en 1964 de la coalición
socialista-comunista), y otros autores vinculados a los principios del análisis
de la Comisión Económica para la América Latina de las Naciones Unidas. Estos
analistas, partiendo del criterio inexacto de que Chile tuvo en los siglos
anteriores a la independencia política una economía de subsistencia cerrada y
reclusa, atribuyen el posterior subdesarrollo de la economía chilena al supuesto
error de desarrollarse "hacia afuera" en vez de "hacia adentro", una vez que la
independencia, según ellos, abrió la puerta en el siglo XIX. De haber escogido
entonces Chile el desarrollo capitalista hacia adentro, hoy estaría
desarrollado, sugieren dichos autores, quienes asimismo arguyen que Chile podría
desarrollarse todavía si se apresurara y por fin se dedicara al desarrollo
(todavía capitalista) hacia adentro.
Mi interpretación de la historia chilena y mi análisis del capitalismo me
obligan a rechazar tanto la premisa como la conclusión. Por causa, precisamente,
del capitalismo la economía de Chile estaba ya subdesarrollándose durante las
tres centurias anteriores a la independencia. Y si las innatas contradicciones
del capitalismo continúan operando hoy en Chile, como mi análisis sostiene y mi
observación confirma, ninguna forma de desarrollo capitalista, hacia afuera o
hacia adentro, podrá salvar a Chile del continuo subdesarrollo. En verdad, si el
desarrollo hacia afuera dependiente e incompleto ha estado en la entraña de la
economía chilena desde la conquista misma, la supuesta opción al desarrollo
capitalista, independiente y nacional hacia adentro no existió siquiera en el
siglo XIX. Mucho menos existe hoy.
1. Todas las fuentes entre paréntesis se refieren a la bibliografía citada.