La globalización e internacionalización de la economía que se ha desarrollado en la última década del siglo XX, ha impuesto a todos los países del orbe la necesidad de una adaptación rápida a las nuevas condiciones imperantes.
Esta situación obligó a los países en vías de desarrollo y a los de menor desarrollo relativo, a introducir cambios importantes en sus sistemas productivos y monetarios.
En el orden interno se destaca la lucha frontal contra la inflación y contra la inestabilidad de los sistemas de precios en el marco de una política económica abierta, globalizada y de cara al exterior.