FE Y FE NATURAL
BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

EL FUTURO, DE LA ESPERANZA
 

Alejandro A. Tagliavini

 

 

 

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FE Y FE NATURAL

"Existen tres clases de handicaps en la vida: aquellos con los que nacemos, aquellos que nos imponen otros, y aquellos que nos imponemos nosotros mismos"..."lo más frecuente es que las limitaciones que nos imponemos nosotros mismos sean los más grandes obstáculos que tenemos que superar", citado por James W. Robinson (41).

El racionalismo es, en definitiva, una actitud que niega, de hecho, la existencia de Dios, aun cuando, incoherentemente, algunos autores no lo nieguen explícitamente. Y así, en la medida en que se niega la existencia de Todo lo anterior a la razón humana, se niega, necesariamente, todo lo anterior al hombre. De aquí que niega la existencia del orden natural (42).

El termino 'racionalismo' hace referencia a que, ésta actitud, pone énfasis en que la razón humana es capaz de 'gobernar' el mundo, prescindiendo (negando) de Dios. Consecuentemente, sus cultores han despojado, a la razón natural tomista (que luego estudiaremos con más detalle), de su capacidad de conocer a Dios. Convirtiéndola en la razón humana que, supuestamente, sin nada anterior al hombre (ni Dios, ni el orden natural), puede 'dirigir' al cosmos.

Debido a su gran crecimiento histórico, el racionalismo ha influenciado a tal punto a la humanidad (incluidos, por cierto, muchísimos católicos) que ha logrado imponer su idea de razón. Hoy, salvo por los documentos de la Iglesia, prácticamente no conozco a nadie que utilice inequívocamente la idea de razón natural tomista. Pero esto no es tan malo.

Efectivamente, la idea actual de razón (43) no es del todo incorrecta (no podría serlo y al mismo tiempo haber resistido durante tantos años los embates de la ciencia), pero es irremediablemente incompleta; de manera que, lo absurdo es la actitud que niega todo lo anterior al hombre (Dios y el orden natural) y, consecuentemente, la suposición de que todo termina (o empieza) en la razón humana. De hecho, es la misma idea que utilizaba santo Tomás, con el agregado de que el Aquinate entendía que es posible conocer a Dios con la razón. Para ponerlo en términos 'matemáticos': la idea tomista de razón natural humana es la idea actual de razón más la capacidad de conocer a Dios. Con todo lo que esto implica: el conocimiento de lo anterior al hombre que, de suyo, supone un conocimiento 'interactivo' puesto que, al existir algo anterior, el hombre debe dirigirse a él para encontrar la sabiduría. En cambio, si no hay nada anterior, el hombre, por sí mismo, sin 'interactuar' puede (supuestamente) adquirir toda sabiduría. Por cierto que, los términos 'matemáticos', los utilizo solamente con fines didácticos, porque, en rigor, no se puede 'dividir' matemáticamente, 'geométricamente', dado que, según iremos viendo, la 'capacidad de conocer lo anterior al hombre' 'ilumina' toda la razón 'desde y hacia su interior'.

Así las cosas, dado que la idea hoy universal de razón es la racionalista, por motivos didácticos, utilizaré en adelante esta misma definición. Además, esto me permitirá 'jugar' con los racionalistas en el mismo campo (de hecho, muchas desinteligencias hoy provienen de que dos interlocutores discuten cualquier idea a partir de concepciones diferentes de lo que es la razón). Es decir que, en adelante, utilizaré la idea actual, pero, al mismo tiempo, para completar la razón natural tomista, al 'instrumento' que nos hace capaces de conocer lo anterior al hombre (por otros medios que no sean la revelación Divina) lo llamaré la fe natural (44). De nuevo, puesto en términos 'matemáticos', en adelante utilizaré la siguiente fórmula: la razón natural tomista será igual a la razón, en sentido actual, más la fe natural. Aclaradas las cosas, empezaré por mostrar que la fe es un modo de conocimiento necesario en el hombre y, consecuentemente, válido. Más aún, sin la fe es imposible el conocimiento en el hombre, de donde, sin la fe no tiene ningún sentido la razón (45).

Podría decirse que, todo ser humano, 'tiene', necesariamente, el 'conocimiento' de la existencia de Dios. El motivo de esto es de orden natural. Como la naturaleza es 'infinitamente sabia' (en realidad, lo es su Creador), ha previsto que, aquello que es esencial y urgente para la vida humana, se dé en forma inmediata y abundante, de modo que la vida continúe o, al menos, tenga una oportunidad. Puesto en forma negativa, podríamos decir que esta 'infinita sabiduría' surge de que, aquellas formas de vida que no obtuvieran esta respuesta inmediata, desaparecerían y, sólo quedarían, por descarte, aquellas que sí la tuvieran.

Por ejemplo, el aire. La materia más urgente que el hombre necesita, mucho más que la comida y el agua, es el oxígeno. Y la naturaleza, 'sabiendo' de esta urgencia, lo proveyó, en forma muy abundante e inmediata.

Del mismo modo como ocurre con el aire, el hombre necesita en forma urgente de Dios para poder vivir y, en consecuencia, le ha dado el conocimiento inmediato de Su existencia (46). Veámoslo por el lado contrario. ¿Cuánto tiempo podría pasar antes de morir, por suicidio o por simple depresión, una persona que no creyera en la perfección, en el amor, en la felicidad, en el bien, u otros 'absolutos' (47)? Y digo 'creyera', es decir, 'tuviera fe', porque estas cosas, como no 'existen físicamente' en este mundo, no son posibles de mostrar. De modo que sólo se puede creer, sólo se puede tener fe en su existencia (48). Es difícil de imaginar, pero seguramente viviría poco tiempo. De hecho, así ocurren los suicidios (49).

De modo que, ¿quién no sabe de la existencia de la perfección, del amor, de la bondad, la felicidad, el bien u otros 'absolutos'? Pues, todas y cada una de éstas, son atribuciones de Dios que pueden configurar, por sí solas, una definición natural del Ser Supremo.

Los 'ateos' son personas que, conociendo a través de la fe natural, la existencia de la perfección, el absoluto, la bondad, es decir, de Dios, se niegan a reconocerlo. Y, en cambio, como tienen la fe natural, y no la pueden evitar porque hace a la naturaleza humana, la desvían aplicándola a otras "ideas absolutas": a sí mismos, creyéndose más de lo que la realidad indica que son, en la razón humana creyéndola capaz de conocimientos más elevados de lo que en realidad puede, en fetiches, o en cualquier otra cosa. Pero nadie puede, por mucho que se lo niegue, desconocer realmente la existencia de Dios y la consecuente fe (50). Por mucho que explícitamente lo nieguen, e incluso, conscientemente no reconozcan la palabra Dios, la idea del Absoluto es innegable, hasta para los 'relativistas' más extremos que, finalmente, tienen que admitir que existe algo como 'el cosmos'.

El motivo por el cual era interesante entrar en esta discusión es el siguiente. Si bien, el orden natural, puede mostrarse independientemente de la existencia de Dios y de la fe, ambos son necesarios para que la idea adquiera su dimensión completa (de hecho, la gran falla del liberalismo es que observa el orden natural, pero, al ser racionalista, no le encuentra ni principio ni fin, así, finalmente, no le encuentra sentido). La importancia de la fe natural reside en que nos 'intuye' (en rigor, es su modo propio de conocimiento) un orden natural, en forma completa, incluida la perfección como principio y fin. Así, la idea de Dios (el Absoluto, y su Providencia) le 'da perfección', principio y fin, al orden natural. Claramente, dicho sea de paso, en principio, la fe natural nada tiene que ver con el orden sobrenatural.

Por otro lado, con respecto a la idea de Absoluto, me parece importante señalar que, si algo, de alguna manera, 'viene impreso' en todos, es, de por sí, anterior a cada uno y de existencia superior, y es el 'creador', por tanto, de lo anterior al hombre: esto es, el orden natural. No porque esto haga a la demostración científica de la existencia de este orden, lo que es, insisto, fácilmente mostrable y, de aquí, todo este ensayo, sino porque hace a la idea en forma completa. La no existencia de los ateos (51) demuestra, por otro lado, que la fe es un modo de conocimiento necesario al hombre y, por lo tanto, válido. Que 'viene impreso' en su propia naturaleza y que, en consecuencia, actuará en favor de la vida más allá de la retórica 'atea', lo quieran o no, lo acepten o no. Recordemos que, si el conocimiento es tal que nos conduce a la vida, va de suyo que, aquello que la vida demanda, es conocimiento necesario.

También por otro lado, el hombre tiene conocimiento inmediato de la existencia de Dios. El "pienso, luego existo" de Descartes es el modo racionalista de expresar una verdad anterior, esto es, 'existo, luego fui creado' (52) (el pensar es difícil de identificar, en cambio la yoidad es inmediata). Porque nada aparece de la nada. Ahora, si fui creado, alguien superior a mi debió hacerlo, aun cuando pueda haber sido por etapas, debe haber un principio, por el principio metafísico de ordenes, y esto superior es Dios.

Otro motivo, histórico, que, a mi modo de ver nos da, sino una prueba definitiva, un fuerte indicio de que existe la fe como necesaria al hombre y, por tanto, como modo válido de conocimiento, es el hecho de que, desde que el hombre existe, han existido 'religiones' y 'dioses' por todo el orbe. Y de tipos muy diferentes (lo que prueba, en principio, que cada 'religión' fue pensada por cada pueblo en forma inconsulta). Lo creíble es que la religión fuera, naturalmente, un conocimiento necesario para el hombre. En este sentido es notable ver como ya en los griegos, incluidos Platón y Aristóteles, la filosofía se apoyaba en una 'tradición' cuyo postulados esenciales tienen sorprendentes parecidos con la Teología Católica: para empezar, toda la filosofía estaba basada en la 'sabiduría de los antiguos' que, finalmente (o inicialmente) la habían recibido de Dios en forma de Revelación (53).

Así, la religión natural (el campo de la Teodicea), y la consecuente fe, es aquella que surge espontánea y directamente, y que va de suyo en la naturaleza humana. La Religión superior (el campo de la Teología), y la consecuente fe religiosa, es aquella basada en dogmas, tradiciones y costumbres, que surgen de Dios y no directamente de la naturaleza de la persona (aunque hace a su 'naturaleza final', porque encuentra su 'lógica' en el hombre, discusión que escapa a este ensayo); y que, necesariamente incluye, por cierto, a la expresión natural. La superior es de orden mucho más elevado. En este mundo, el hombre siempre estará infinitamente lejos de la perfección, aun cuando pueda avanzar mucho. Pero a través de la experiencia mística (54) (que es una experiencia natural en cuanto que la experimenta el hombre, pero 'sobrenatural' en cuanto a su 'origen y resultados', que implica 'misterio' necesariamente explicado 'dogmáticamente'), el hombre puede 'tocar el cielo con las manos', la infinita bondad, la infinita misericordia, la infinita paz y alegría, la perfección.

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica refiriéndose a la Fe de la Iglesia romana: "Sólo es posible creer por la gracia y los auxilios interiores del Espíritu Santo. Pero no es menos cierto que creer es un acto auténticamente humano... Ya en las relaciones humanas no es contrario a nuestra propia dignidad creer lo que otras nos dicen sobre ellas mismas y sobre sus intenciones, y prestar confianza a sus promesas (como, por ejemplo, cuando un hombre y una mujer se casan), para entrar así en comunión mutua. Por ello, es todavía menos contrario a nuestra dignidad 'presentar por la fe la sumisión plena de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad al Dios que revela' (Cc. Vaticano I: DS 3008) y entrar así en comunión íntima con El" (55).

Ya se ve pues, por todo lo que hemos estudiado, que la Fe tiene, por un lado, un ingrediente Divino y, por el otro, uno humano, natural.

La Fe religiosa superior, no la natural, es un modo de conocimiento válido y necesario, según hemos visto, que deber tener un cuerpo dogmático por propia definición, porque de esto se trata (de conocimiento Absoluto y, consecuentemente, 'indemostrable'). Dogmas (56) que se refieren a cuestiones que escapan, que son imposibles de alcanzar con la razón humana y que, de ningún modo, interfieren con el conocimiento natural, cuando éste es real, sino que, por el contrario, sus enseñanzas lo conducen y enriquecen. Me atrevería a decir más: de acuerdo con lo que estudiaremos sobre la Teología, me atrevería a decir que los dogmas hacen posible el conocimiento humano coherente (con principio y fin). Que, de otro modo, en el mejor de los casos (suponiendo que se pudiera llegar a tener conocimiento verdadero sin los dogmas), no sería más que un lenguaje con un final confuso. Por otro lado, si el hombre tuviera oportunidad de alcanzar el absoluto con su sola razón, significaría que es infinitamente sabio y, en consecuencia, la ciencia no tendría sentido porque todo sería actualmente conocido. La ciencia tiene sentido, justamente, a partir de que 'pensamos en la Perfección' (hacemos teología) e intentamos acercarnos.

Sobre estos dogmas, entonces, se basa la Ciencia Superior del conocimiento de Dios, la Teología, que va más allá de la razón lógica implicando, también, la experiencia propiamente religiosa, la experiencia mística.

Personalmente sé (gracias a Dios, porque, insisto, nunca hubiera podido saberlo a través de mi propia razón, ni de mi fe natural) que los únicos dogmas verdaderos son aquellos revelados por Dios y celosamente guardados por la Iglesia Romana. Y, a mi modo de ver, lo hechos han venido corroborando esto, histórica y permanentemente. Sin embargo, debo admitir que, desde un punto de vista puramente gnoseológico, otro cuerpo dogmático, siempre de tipo religioso, claro está, puede ser respetable como modo de conocimiento para el ser humano, en tanto tenga en cuenta las reglas básicas del de orden superior, esto es, ser, por excelencia, conocimiento de vida, por tanto, contrario a la violencia (57).

Para precisar un poco más el concepto de fe natural, leamos el siguiente párrafo de santo Tomás: "Según lo dicho (I, q. 60, a. 5)... el hombre, en el estado de naturaleza íntegra, podía, por virtud de su naturaleza, operar el bien que le es connatural sin necesidad de un don...aunque no sin el auxilio de Dios como motor. Pero amar a Dios sobre todas las cosas es cierta cosa connatural al hombre..." (58).

En este sentido, me parece muy interesante lo que dice Kieran Conley, O.S.B.: la "...sabiduría filosófica, es atribuida a Anaxágoras, Thales, y gente como ellos 'cuando parecen ignorantes de lo que es su propia ventaja...' (Aristóteles, Etica a Nicómaco)" (59), y luego "... las raíces históricas de la noción tomista de sabiduría son indudablemente aristotélicas..." (60). Y más adelante "Toda sabiduría implica el conocimiento de Dios como última causa final, que es la base para el juicio contemplativo del orden en la realidad... el bien supremo no puede evitar evocar una respuesta afectiva. En el objeto de la sabiduría la suprema inteligibilidad es identificada con el supremo deseo- prima veritas con summum bonum- aquí está la fuente de la unión de la sabiduría con el amor... En el don de la sabiduría la luz formal de la experiencia intelectual es afectiva- Dios es conocido en la luz de ser amado. La sabiduría... no puede separarse de su dimensión afectiva. Esta es la base para el compromiso personal implicado por la sabiduría, evidencia de su profundo realismo... sapientis est ordinare... el hombre sabio.. ordena los actos humanos a su correcto fin (proper end)... finalmente.. la sabiduría infusa resulta en el orden de tranquilidad que conocemos como paz... el mundo de la sabiduría, paradójicamente, es el de la última ignorancia- cognoscimus Deum tamquam ignotum- conocemos a Dios como un desconocido. Aun así, la ignorancia del hombre sabio es preferible a todo otro conocimiento... el deseo es el de toda sabiduría creada de un conocimiento no más de reflejos sino de realidad..." (61).

En fin, queda claro que la fe (ya sea natural o religiosa superior) no solo es un modo de conocimiento válido para el hombre sino que es el modo de conocimiento humano más elevado, desde dos puntos de vista: por el tema que trata, la perfección, el absoluto, en definitiva Dios, y, también, porque este conocimiento 'eleva' al ser humano más que ningún otro. Es decir, que el hombre puede saber de la existencia de la Verdad absoluta a través de la fe (y puede conocerla aunque imperfecta y parcialmente). Pero, cuidado, esto es muy diferente (se opone, en rigor) a pretender conocer la verdad de modo absoluto como pretende el racionalismo.

Los racionalistas, por su lado, que se jactan de ser tan 'rigurosos científicos' (62), cuando no pueden explicar como llegaron a determinado conocimiento, 'distraídamente', de modo que nadie lo note demasiado, afirman que lo hicieron 'intuitivamente' (método que utilizan, inexorablemente, en todo proceso de investigación). Pero, si uno no se hace el distraído y les pregunta qué es el método 'intuitivo', la 'intuición', que tanto utilizan, sorprendentemente, descubriremos que tienen una idea 'poco científica' (de acuerdo con su propio concepto de ciencia) si es que tienen alguna idea al respecto (63). Mucho más serio, en lugar de esta actitud cuasi 'esotérica' (64), es la fe.

"En lo que concierne a las predicciones que confirman aparentemente el éxito de la doctrina galileica, la situación es la siguiente: en Aristóteles, el acto de la percepción se veía sometido a las mismas leyes que cualquier otra interacción. Y, dado que las interacciones también pueden llevar a un intercambio de cualidades, la descripción de las percepciones y la realidad objetiva son de género esencialmente diferente: existe un problema alma-cuerpo. El problema no se queda en la periferia, pues en cada observación se supone que acaba resuelto. El problema no es resuelto. Las observaciones y los procedimientos básicos de verificación de la nueva forma de pensar están en el aire. Si uno sigue apoyándose en ellos, esto implica una especie de acto de fe. No se advierte dicho acto de fe, pues se posee ahora frente al método de comprobación una actitud tan ingenua como ante la cuestión de la continuidad: los resultados de las medidas producidos sobre el acto de fe concuerdan mutuamente (más o menos): esto basta. Tal actitud práctica se diferencia esencialmente de la actitud de Aristóteles, al que no importaban sólo buenas predicciones, sino también el conocimiento de la naturaleza de las cosas sobre las que se predecía algo. Pero esto significa que tenemos ante nosotros un nuevo estilo de pensamiento, con nuevos criterios y con una nueva estructura del saber construido por él", asegura Paul Feyerabend (65).

Por decirlo rápidamente, de este párrafo se desprende que, el 'acto de fe' no sólo está en el inicio sino, incluso, inmerso en el proceder científico, lo estaba en Galileo (en el modo 'intuitivo'), según la descripción de Feyerabend, y lo estaba en Aristóteles, aun cuando éste necesitaba, además, el conocimiento de la naturaleza de las cosas. Por otro lado, si bien esta descripción hace solamente a un procedimiento científico, descubre un 'vacío', no tan sólo en el conocimiento humano de por sí relativo, sino incluso en el mismo proceso. De aquí que, de la necesidad de llenar este vacío, la importancia de la Teología como Ciencia que 'irradia la sabiduría absoluta', llenando estos vacíos, no solamente en los principios, sino en el proceder y, finalmente, consecuentemente, en el resultado.

Recordemos que, lo que aquí designo como fe natural (el 'acto de fe', la 'intuición') en principio (de modo 'matemático') está incluido en la razón humana natural tomista. Así, refiriéndose al tomismo, Gustavo Eloy Ponferrada, asegura que "La inteligencia humana en cuanto inteligencia, es intuitiva, pero en cuanto humana es discursiva. Un espíritu puro capta inmediatamente lo real; pero la condición corpórea del hombre hace que el objeto propio de su intelección sea el ser de las cosas materiales; es en lo sensible donde halla lo inteligible. Por ello la intuición primera es sensorial y en ella la inteligencia intuye, pero de un modo confuso y oscuro, sus aspectos inteligibles. De ahí la necesidad del proceso discursivo. Una vez en posesión de la verdad, puede seguir, por razonamientos sucesivos, al inmenso campo de verdades que le son desconocidas" (66).

Además, y no es poca cosa, la fe, la virtud de la esperanza (conclusión necesaria de la fe), ayuda a mejorar sustancialmente la calidad de vida. Si, hasta en una reunión de negocios, una visión trascendente y positiva puede resultar decisiva para el éxito de un proyecto. Rich DeVos, un exitoso empresario asegura que "...no existe medicina como la esperanza - ni incentivo tan grande, ni tónico tan poderoso. La libre empresa y la esperanza son inseparables" (67).

Luego, cuando estudiemos 'La fe natural y el racionalismo comparados', volveré sobre la fe para mostrar como 'opera' lo que aclarará, creo, definitivamente su existencia. Entretanto, quiero terminar con la siguiente cita de Paul Feyeradend: "Leamos ahora el siguiente texto del Libro de la consolación divina del Maestro Eckehart: 'Además, debemos saber que, en la naturaleza, la impresión y el influjo de la naturaleza suprema y más elevada es para todo ser algo más delicioso y recreante que su propia naturaleza y modo de ser. ... Pues ciertamente, cuando se hubiera negado a sí plenamente y se hubiera olvidado de sí, para él esto no sería ya ni cruz ni sufrimiento o padecer. Para él todo sería delicia y vendría a Dios y lo seguiría realmente'. En esta cita encontramos una concepción de la realidad que se diferencia esencialmente de la concepción de las modernas ciencias. La realidad consiste aquí en dos dominios, uno natural y otro sobrenatural. El hombre puede participar en ambos dominios. Si participa en el dominio sobrenatural, entonces también se modifica su parte natural, incluso su cuerpo. Pero su alma encuentra la paz en Dios. No sólo se expone esta concepción; se la fundamenta. En la justificación desempeñan un papel: los escritos sagrados, las ideas de los Padres de la Iglesia, las resoluciones de los concilios y de los sínodos locales, reflexiones filosóficas. También se emplean experiencias, como una curación de una enfermedad mortal, una paulatina satisfacción después de una larga dolencia, y otros hechos singulares" (68).

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