EL AHORRO Y LA INVERSION
BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

EL FUTURO, DE LA ESPERANZA
 

Alejandro A. Tagliavini

 

 

 

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EL AHORRO Y LA INVERSIÓN

"La condición sine qua non para producir bienes de capital es el ahorro, entendido como la renuncia al consumo inmediato. En efecto, el actor sólo podrá alcanzar sucesivas etapas intermedias de un proceso de acción cada vez más alejadas en el tiempo si es que, con carácter previo, ha renunciado a emprender acciones con un resultado temporal más próximo, es decir, si ha renunciado a la consecución de fines que satisfacen inmediatamente necesidades humanas y que temporalmente son inmediatos (consumo)", asegura Jesús Huerta de Soto (13). En donde los bienes de capital (lo que vulgarmente se denomina capital) o factores de producción, son los bienes económicos de orden superior.

Por otro lado, en principio, está claro que el ahorro es inducido por la inversión, y no a la inversa. Porque éste supone que, los 'eventos' (lucro), que produce un tercero (o la misma persona), resultarán, hacia el futuro (inversión), en mayor beneficio (tasa de interés) para el ahorrista, que los 'eventos' (lucro) que podría haber producido por sí mismo en el momento actual. La razón metafísica de esto es que, debido a la evolución que conlleva el orden natural, los 'eventos' futuros serán más eficientes o más productivos. Sin olvidar que también, como al apoyar el trabajo de un tercero uno se beneficia más que trabajando sólo (esto hace a la vocación social del ser humano), se produce el ahorro.

De modo que, si las inversiones resultan productivas (rentables), el ahorro, con fines de inversión directa, es automáticamente inducido. Mientras que la inversa no es cierta. Es decir que, si de algún modo contra natura, se pudiera aumentar el ahorro, éste no se volcaría en inversiones productivas y sí, en cambio, en 'especulación'. En otras palabras, si las inversiones directas son rentables, es decir, por ejemplo, si la tasa interna de retorno de los capitales invertidos supera a los intereses de una plaza financiera natural, entonces, automáticamente se promoverán los flujos de dinero en esa dirección.

Así es que no es con actitudes 'voluntaristas' (en sentido racionalista), pidiendo o exigiendo a la gente que ahorre, y mucho menos compulsivamente, que se conseguirá mayor cantidad de ahorro, al menos, eficiente, productivo, que sirva para elevar el nivel del mercado. Efectivamente, supongamos que el gobierno decide forzarlo de algún modo. Lo primero que sucederá es que, los capitales, si no es recomendado por los datos reales que maneja el mercado, intentarán, por todos los medios (legales e, incluso, 'ilegales'), escapar a esta intención del gobierno. Pero, supongamos que en alguna medida sucede, supongamos que el Estado consigue, vía coerción, que se ahorre algo más de lo que el mercado natural hubiera indicado, dadas las circunstancias. Si, éste estaba diciendo que no convenía ahorrar, era porque esto significaría una errónea asignación de recursos, bajo las condiciones existentes.

¿Qué sucedería, entonces, con lo que se pudiera lograr contra natura? Pues sería inútil, mejor dicho, contraproducente. Efectivamente, los fondos acumulados en forma forzada o inducida por el Estado coactivo significarán, en primer lugar, el retiro de recursos que se hubieran volcado en forma eficiente a otras actividades. En segundo lugar, un exceso de ahorro (comparado con lo que el mercado estaba solicitando dadas las circunstancias) que no terminarán en inversiones productivas sino que quedarán para la 'especulación financiera'.

Esta claro que el ahorro resultará inducido por lo atractiva que resulte la tasa de retorno y la cantidad de dinero potencialmente disponible en el mercado. En un juego de la tendencia equilibrante entre la oferta y demanda. Y esto da lugar a un ordenamiento racional de los recursos sociales. Por ejemplo, si alguien le solicita fondos para instalar un casino en Las Vegas, pero sucede que Usted necesita ese dinero para alimentar a su familia, evidentemente, no le dará los ahorros ('desalentará' la inversión en cuestión). Y, en cambio, al demandar alimentos, presionará en forma positiva sobre su producción, de modo que en este campo se realicen inversiones. En otras palabras, ésta tendencia equilibrante del mercado, en la medida en que sea verdadera y no artificial, surgirá como resultado de los mandatos del orden natural (aunque sea por defecto: si Usted presta el dinero que tiene para comer, desaparecerá y, con Usted, las malas inversiones).

Así es, pues, como se manifiesta el orden natural, porque ahora, aun cuando el casino de Las Vegas pudiera a Usted significarle una interesente tasa de interés, esta 'serie de eventos' es menos perentoria que darle de comer a sus hijos. Esto por cierto, suponiendo la misma información en el mercado. De otro modo, aprovechando una información que Usted conoce y un banquero no, podría pedir un préstamo, para alimentar a su familia, y prestar su dinero para el casino, haciendo una diferencia a su favor (premio que Usted recibirá en función de su servicio de coordinación voluntaria).

De aquí, por otro lado, surge la importancia de la información en el mercado, en tanto ésta sea veraz y real: lo que, en última instancia, implica un conocimiento del orden natural, por ejemplo, comer es más urgente que jugar. Y es, precisamente, esta desinformación, la consecuencia de nuestra inevitable imperfección, pero a la vez, lo que da lugar al mercado natural. Ya que éste, en definitiva, no es más que el proceso más eficiente en la búsqueda de la información que permite salvar los desajustes en la sociedad humana. Justamente, en el mercado (en el orden natural) la información, tal que nos lleve a lo bueno, a mejorar (a la Perfección) es aquella que nos descubre algo preexistente (el orden natural).

En fin, en particular el ahorro en el sistema financiero, estará dado por lo atractiva que resulte la tasa de interés, tasa que vendrá definida por la rentabilidad global de las inversiones menos el spread. Es decir que, los depositantes recibirán menores ganancias a cambio de mayor seguridad para sus fondos. Pudiera darse el caso, obviamente, de que hubieran inversiones rentables pero que el spread fuera muy alto, lo que provocaría falta de ahorro en el sistema financiero local.

En cuanto a las inversiones extranjeras, éstas estarán dadas por la rentabilidad local en comparación con otras posibilidades en el mercado internacional. En consecuencia, si el mercado es natural, o sea que las inversiones extranjeras y nacionales prácticamente se confunden, para que se produzcan inversiones, éstas deberán ser rentables en comparación con el exterior. Y, obviamente, lo mismo ocurrirá con el ahorro. De modo que, nuevamente, para formar y atraer capitales locales o extranjeros no se necesitan, ni sirven para nada, actitudes 'voluntaristas'. Visto que, el mercado, las desoye completamente y, en cambio, responde rápidamente a los datos reales.

Resumiendo, entonces, el motivo por el que se ahorra poco y se piden pocos préstamos es, por un lado, la baja rentabilidad de las inversiones directas y, por el otro, el elevado spread que hace que las tasas pasivas sean demasiado bajas y las activas demasiado altas. Y estas cuestiones tienen su origen, por un lado, en la presión alcista sobre las tasas que significa el alto endeudamiento del Estado coercitivo, y por el otro, en la carga financiera que significa la presión impositiva, y, finalmente, las artificiales intervenciones y 'regulaciones' estatales que encarecen las operatorias e inutilizan y malgastan recursos reduciendo la cantidad disponible.

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