La obligatoriedad en la educación
BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

EL FUTURO, DE LA ESPERANZA
 

Alejandro A. Tagliavini

 

 

 

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La obligatoriedad en la educación

Como imposición inevitable del racionalismo, el iluminismo y el 'enciclopedismo', hoy muchos Estados obligan a sus ciudadanos a concurrir a las escuelas hasta determinado grado (8). Pero la verdad es que "los estudios han demostrado que los índices de alfabetización en los EE.UU. del Siglo XVIII (cuando no existía escolaridad obligatoria ni estatal) eran superiores a los de hoy en día", según Rolf McEwen, profesor en el East Linn Christian Academy (9). Y es razonable que así suceda.

Si consideráramos que la educación es un servicio del mercado y para el mercado natural, es decir, las personas, lo suficientemente serio como para encararlo eficientemente, esto es, con el mismo sentido de lucro que caracteriza a las empresas e instituciones privadas y, en consecuencia, dejáramos a la educación totalmente en manos de la naturaleza social del hombre (esto es, no sólo todos los establecimientos, sino dejar que la gente, determine los programas, si quiere estudiar, en donde, de que modo, que materias y a que costo), entonces, tendríamos una educación hecha a la medida de las personas. En una tendencia al equilibrio real entre realización personal, necesidades de desarrollo de la sociedad y posibilidades financieras. Y esto llevaría, inevitablemente, a que se estudiara con mayor entusiasmo y no, como ocurre hoy, que las personas son obligadas a estudiar cosas que no les interesan (y que muchas veces son obsoletas e inútiles) y que en el futuro les servirán para poco o nada.

Estudiarían más personas dado que, los programas de estudio ya no serían tediosos 'enciclopedismos', que para nada sirven, sino el resultado de lo que el mercado natural, con su inevitable autoridad moral, mande. Es decir, lo que la gente quiere, desea y necesita, para su desarrollo personal. Además del hecho de que, al estar ahora los recursos en manos privadas, eficientes, esto traería aparejado mayor calidad y cantidad de educación a menor costo (10).

Por otro lado, si fuera verdaderamente "privada" y libre, es decir, que la educación de desarrollara en un ámbito de respeto al orden natural, ocurriría lo que ocurre con cualquier otro producto o servicio: la competencia haría que los buenos establecimientos se fortalecieran y los malos desaparecieran. Y que los buenos maestros fueran ampliamente recompensados, a los niveles de excelencia que merecen, jerarquizando como corresponde a la educación. Y el mercado quedaría, por otra parte, satisfecho en cuanto al grado de formación de los profesionales y técnicos que necesita para poder desarrollarse. Y no como ocurre hoy, en los países en los que los programas son impuestos coactivamente por el Estado, que no sirven sino para crear profesionales que están absolutamente fuera del mercado, como que no es el mercado el que los diseño.

Por cierto que no es poco importante el hecho de que, en un sistema natural, los padres se verán obligados a poner más atención en la educación de sus hijos, con todas las ventajas que esto significa. Pues tendrán que ocuparse de elegir escuelas, programas, materias, maestros y demás. Mientras que hoy, el escaso margen de elección que tienen, les produce una inevitable apatía, y terminan preocupándose poco por sus hijos visto que poco es lo que pueden decidir (11). Todo lo demás lo decide el Estado racionalista.

Pero, además, el sistema de educación coercitivo, conlleva un nefasto cargamento ideológico. Por un lado, como al niño se le enseña, de hecho, más allá de los discursos, que es el Estado violento quién lo educa, quién le da las escuelas, los programas de estudio, los títulos habilitantes (12) y demás, es decir, que hace las veces de padre, el estudiante terminará creyendo, consciente o inconscientemente, que en definitiva, en última instancia, es su 'padre'. Y es a él, al Estado coercitivo, a quién tiene que recurrir en caso de extrema necesidad.

Tanto esto es así, que hasta Usted mismo, al tiempo que lee estas líneas, probablemente sienta una especie de desamparo de sólo pensar que, al que han pretendido presentarle como si fuera su padre, pueda desentenderse de las cuestiones básicas, cuando toda evidencia y toda razón indican que nadie se ocupó peor que el Estado racionalista, a lo largo de toda su vida, de sus necesidades más importantes.

Por otro lado, en la educación artificial, estatista, el niño aprende sus primeras nociones autoritarias y violentas. Puesto que se le impone la educación autoritariamente, vía violencia coercitiva, desplazándolo injustamente del lugar que es de derecho exclusivo suyo y de sus padres: el de elegir su educación en todos sus aspectos (13). Queda claro, pues, que es el estatismo el principal sostenedor de la 'cultura de la violencia' (14). En contraposición con la actividad "privada" cuando es verdaderamente libre, la imperancia del orden natural, dirigida esencialmente a favor de la vida, de la paz.

Por otro lado, ¿por qué es que el Estado racionalista se preocupa tanto por 'proteger' a los niños contra la ignorancia y no pone el mismo énfasis, ni parecido, para alimentarlos, por caso? ¿Será que lo único que pretende es alguna clase de lavado de cerebro de modo de contar con súbditos sumisos? ¿Aquello de 'educar al soberano', que tanto le gustaba a Sarmiento, no será 'educar para tener fe en el Estado racionalista'?

Para terminar, y dejar claro que no existe forma en que la educación coercitiva pueda ser eficiente, baste con decir que, en toda la historia, no hubo mejor sistema educativo que el de los Estados Unidos: es público y notorio que, de todas partes del mundo, quieren ir a estudiar allí. Y, sin embargo, veamos como describe David Smyth al sector estatal en este país: ".... hay... ciudades en los Estados Unidos... donde los corredores de las escuelas son un poco más seguros que las trincheras de la Primera Guerra Mundial, donde los baños escolares son inusuables para los estudiantes decentes, donde la educación es tan mala que un gran porcentaje de los estudiantes se gradúan de la escuela secundaria (high school) sin saber leer o escribir correctamente o ni siquiera localizar donde están los Estados Unidos en un mapa del mundo" (15).

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