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BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

EL FUTURO, DE LA ESPERANZA
 

Alejandro A. Tagliavini

 

 

 

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Notas al Capítulo IV:

(1) Encíclica 'Sollicitudo Rei Socialis', Roma 1987, VII, 46.

(2) Por otra parte, recordemos que en algunos países el gobierno y el Estado coinciden, teóricamente. En otros, las monarquías, por caso, la máxima representación del Estado (que coincide teóricamente con la Nación) está en manos del Rey que no tiene prácticamente responsabilidad de gobierno. Con respecto a esto resulta interesante una propuesta que habría hecho tiempo atrás el Príncipe de Gales que, básicamente, consistiría en recuperar el patrimonio de la corona que hoy gestiona el Gobierno y que fue cedido por el Rey Jorge III al Parlamento en 1760. Como contrapartida, la casa Windsor dejaría de recibir los fondos que hoy le da el Gobierno, debidamente legislados en la denominada Lista Civil, con excepción del Príncipe Carlos que no recibe dinero estatal. "Pasar de depender de la Lista Civil, que está sujeta a los votos y a una cierta auditoría del Parlamento, a depender del patrimonio de la Corona es una forma de privatizar la monarquía", aseguró David Strakey, profesor de historia en la London School of Economics. Son obvias las ventajas para los británicos. Económicas, a partir del achicamiento del Estado coercitivo, además del obvio fortalecimiento de la monarquía a partir de su mayor independencia del Gobierno. El éxito de este proyecto significaría la reversión de la actual idea de Estado, desde el mismo momento en que la máxima representación de la Nación, la Monarquía, pasaría a ser 'privada'. En definitiva, vendría a terminar con el concepto absoluto del Estado, desde que ya no sería el aparato estatal coercitivo, sino que la máxima representación de la Nación pasaría a ser del ámbito 'privado', de la persona humana sin capacidad de coerción sobre el resto y sin arrogarse la última palabra, la verdad definitiva, la verdad absoluta.

(3) "El Estado es una organización que monopoliza gran parte del potencial de violencia y que goza de ventaja relativa para aplicarlo sobre el territorio físico en el que habitualmente puede cobrar impuestos. El poder coactivo del Estado ha manado de fuentes diversas en la historia. En nuestros días se mantiene sobre la base de los altos costes de abandonar la sociedad en la que se vive, una vez que se ha elegido vivir en ella. En una asociación voluntaria el derecho de abandono es relativamente barato. En una sociedad, el poder coactivo del Estado es tanto mayor cuanto más lábil es el derecho de abandono. El carácter obligatorio universal de la asociación de los individuos en alguna forma de Estado tiene importantes consecuencias que no hemos de desarrollar ahora. El carácter coactivo que se manifiesta en el poder fiscal, en el poder de conceder monopolios, subsidios, salarios altos a sus empleados, favores distintos y algunos poderes más, no es absoluto. Incluso el poder fiscal requiere algún grado de consenso voluntario con la norma. Una rebelión fiscal generalizada derrumbaría el impuesto general sobre la renta, por ejemplo", según opinión de varios autores en el 'Libro Blanco sobre el Papel del Estado en la Economía Española', Rafael Termes, Director, Instituto Superior de Estudios Empresariales, Madrid 1996, p. 135. Por otro lado, según dos 'futurólogos', sobre quienes tengo mis reservas, pero que, indudablemente, representan la opinión de mucha gente: "Padecemos el hedor y la podredumbre moral... al contemplar como, una tras otra, se precipitan (la)s instituciones en una ciénaga de ineficacia y corrupción. Como resultado resuenan por doquier la amargura y las demandas de un cambio radical... Nuestros medios de comunicación presentan la política de Estados Unidos como una continua pugna... Pero los norteamericanos se sienten crecientemente alienados, aburridos e irritados tanto con los medios de comunicación como con los políticos. A la mayoría de las personas, los partidos se les antojan una especie de sombras chinescas falsas, costosas y corrompidas", Alvin y Heidi Toffler, 'La creación de una nueva civilización', Plaza & Janés Editores, España 1996, p. 91. Entre otras cosas, surge claramente que, la corrupción e ineficacia que se observa en los Estados actuales, ocurre también en el, supuestamente, país más avanzado del mundo. Lo que sin duda, da a pensar que éste no es un problema circunstancial del Estado moderno, sino sistémico. Por el contrario "El nuevo pluralismo en la sociedad es un pluralismo de organizaciones con un sólo propósito, cada una preocupada con una tarea social: la creación de riqueza, o la educación, o el cuidado de la salud, o la formación de valores y hábitos en los jóvenes. Este nuevo pluralismo de la sociedad es totalmente apolítico... Las nuevas instituciones no se basan en el poder sino en la función", Peter F. Drucker, 'Los Nuevos Pluralismos', Facetas no. 89, USIA, Washington DC, 3/90, p. 2.

(4) 'Trayectoria del Pensamiento Político', Fondo de Cultura Económica, México 1941, p. 35.

(5) 'Moral a Eudemo', VII, X (en Aristóteles, 'Moral', Ed. Espasa-Calpe Argentina SA, Buenos Aires 1945, pp. 228-9).

(6) 'Política', I, 3. Sin embargo, debe quedar claro que lo que aquí estamos discutiendo son principios filosóficos pertinentes y no realidades históricas. Porque, resulta muy diferente analizar principios filosóficos hoy que en aquellos tiempos. Por ejemplo, la propiedad privada en aquella época incluía a los esclavos lo que hoy resulta impensable, no por error en el concepto de propiedad privada, sino por error en el concepto de naturaleza humana. Así, lo cierto es que la polis estaba basada en el trabajo de esclavos y eran solamente los hombres libres los que gozaban de estos principios, todo esto conformaba de hecho, más allá de la filosofía social o estatal, una sociedad con un alto grado de estatismo si por tal entendemos la existencia del Estado coactivo (cfr. 'The Primacy of Politics in Classical Greece', Paul A. Rahe, American Historical Review, April 1994, pp. 265-93).

(7) 'Historia de la Teoría Política', Fondo de Cultura Económica, México 1945, p. 249.

(8) 'Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio', N.H. Thomson, Londres, 1883, I, cap. XXXIX. Los primeros en advertir los lazos esenciales entre los dirigentes protestantes y 'secularistas amorales' como Nicolás Maquiavelo fueron los jesuitas de la Contrarreforma, particularmente Antonio Possevino (1534-1611) y Pedro de Ribadeneyra (1527-1611). Estos advirtieron que tanto Lutero como Maquiavelo (los fundadores del 'impío' Estado moderno), por diferentes motivos, estaban empeñados en rechazar a la ley natural como fundamento moral de organización social. Claramente, el objetivo de Maquiavelo era mantener y acrecentar el poder del Estado coactivo, en tanto que Lutero, entre otras cosas, justificaba de este modo a sus sostenedores, los príncipes alemanes, que ansiaban el absolutismo para poder hacerse de grandes riquezas y poder. Hasta entonces el Príncipe debía ser virtuoso, según la Iglesia entendía por virtud. Pero ahora la 'virtú' del príncipe consistía, principalmente, en mantener y acrecentar su poder.

(9) 'El Príncipe', Capítulo IX (Editorial Sopena Argentina, Buenos Aires 1943, p. 54).

(10) Ibíd., Capítulo XII (p. 62).

(11) Refiriéndose al Estado coercitivo, Arthur Seldon afirma que "Debemos aceptar, pues, la presencia del Estado, aunque sea imperfecto, cuando es mejor que su ausencia: Debemos aceptar el capitalismo, aunque imperfecto, cuando ha sido y puede ser mejor que el socialismo. Este es el concepto del Estado mínimo", 'Capitalismo', Unión Editorial, Madrid 1994, p. 314.

(12) 'The Second Treatise of Government', The Liberal Arts Press, New York 1954, pp. 32-33.

(13) 'Leviathan', Londres: Macmillan Pub., 1962, p. 100.

(14) 'The Constitution of Liberty', The University of Chicago Press, Phoenix Edition 1978, USA, p. 143. Para que quede muy claramente establecida cual es la posición de Hayek (uno de los máximos exponentes de la Escuela Austriaca) notemos que escribió que "El principio básico de la tradición liberal, que toda acción coactiva del Estado debe estar limitada a la imposición (enforcement) de reglas generales de conducta justa, no excluye al gobierno de la posibilidad de ofrecer muchos otros servicios para los cuales, excepto por la obtención de la necesaria financiación, no necesita basarse en la coacción...", 'New Studies in Philosophy, Economics and The History Ideas', Chicago: Chicago University Press, 1978, p. 111.

(15) 'L 'Esprit des Lois', Première Partie, Livre Premier, Chapitre III, Des Lois Positives. Por cierto que Montesquieu utiliza la 'razón' en sentido racionalista, es decir, incapaz de aceptar algo anterior (el orden natural). Theodore J. Forstmann, asegura que "Cada ser humano tiene una necesidad de creer y pertenecer. Tradicionalmente este impulso encontró su expresión a través de la religión. Pero con la declinación del poder clerical durante el siglo XVIII, la búsqueda de la salvación no terminó. En cambio, los intelectuales de la época empezaron a buscar por cualquier lugar ídolos y respuestas, parentescos y comunidad. Como Paul Johnson lo señala en Intellectuals: 'Por primera vez en la historia humana... los hombres se levantaron para decir que ellos podían diagnosticar las enfermedades de la sociedad y curarlas, sin ayuda, con su solo intelecto: más, que podían inventar formulas según las cuales no solamente la estructura de la sociedad sino los hábitos fundamentales de los seres humanos podían ser transformados... estos no eran servidores e interpretes de Dios sino sustitutos. Su héroe era Prometeo, que robó el fuego celestial y lo trajo a la tierra'. En 1789, la chispa de Prometeo encendió las llamas de la Revolución Francesa. El historiador Will Durant cuenta que líderes revolucionarios 'proclamaron una nueva teología en donde la Naturaleza sería Dios, y el cielo sería una utopía terrena en donde todos los hombres serían buenos'", 'Statism: The Opiate of the Elites', Imprimis, Hillsdale College, Hillsdale, Michigan, May 1997, Volume 26, Number 5, p. 2. Quiero aclarar que la 'Naturaleza' racionalista nada tiene que ver con la naturaleza tomista, la primera se refiere sólo al aspecto material, mecánico, físico, la segunda a todo el conjunto del 'cosmos'. Y es ésta, sin duda, una característica del racionalismo: que propone sistemas 'mecánicos' que sólo podrían funcionar (la 'justicia' estatal coercitiva, por ejemplo, que supone que el hombre puede conocer la verdad de modo absoluto, según estudiaremos) en el supuesto de que el hombre es perfecto.

(16) "Así vemos que las haciendas particulares, esas van adelante, y crecen: las de la ciudad y consejo disminuyen: son mal proveídas y peor regidas, sino son ya ventas. Así dice Aristóteles, que es inevitable el deleite que el hombre recibe de ocuparse en sus negocios propios. No se puede fácilmente explicar cuanto hace el caso, para hacer una cosa con alegría considerar el hombre que es suya. Al contrario es gran tibieza la con que trata negocios comunes. ...De manera que creciesen todos los bienes repartidos y divididos, que no pudieran dejar de venir a muy menos, si en montón (supuesto el pecado) se quedaren". asegura Tomás de Mercado, escolástico español, 'Summa de Tratos y Contratos', Sevilla, 1571, Libro II, cap. II, fol. 19 (citado por A. A. Chafuén, 'Argumentos post-Tomistas en favor de la propiedad privada', op. cit., p. 186).

(17) El siguiente párrafo lo deja muy claro: "¿Acaso el uso coactivo de la violencia no resguarda a las colectividades del capricho destructivo de los individuos o de la ambición de los megalómanos? ¿Acaso no se ha empleado la violencia ...para obligar a que fuesen atendidas las reivindicaciones de los oprimidos o para impulsar transformaciones sociales?... Tampoco es pedagógicamente aceptable establecer que a la violencia 'nunca se le debe responder con la violencia'... Porque todos los hombres podemos y sabemos ser violentos: si no queremos serlo es porque consideramos nuestros intereses vitales resguardados por instituciones que no sólo representan nuestra voluntad política de concordia sino también nuestra voluntad violenta de defensa o venganza. Apelar a la violencia particular para conseguir nuestros fines es un pecado... de imprudencia... si unas pautas racionales no controlan... Y sin duda las instituciones democráticas no son pacíficas... sino pacificadoras: intentan garantizar coactivamente un marco dentro del cual las relaciones humanas puedan suspender sus tentaciones violentas...", Fernando Savater, 'El camino de las patrañas', La Nación, Buenos Aires, 22 de junio de 1997, sección 6, p. 2. Ya se ve pues que, lamentablemente, para este autor, la sociedad está basada en la violencia.

(18) Las teorías de la conquista militar, como origen del Estado coercitivo, no son nuevas. En este sentido es interesante la opinión de san Agustín: "En la sociedad humana... por desear cada cual sus comodidades y apetitos ...cada uno salga vencido o vencedor en la guerra... unos tuviesen reinos y otros viviesen sujetos a los que reinan" ('De Civitate Dei', XVIII, 2). El Papa Gregorio VII (autor de los famosos 'Dictatus Papae' del año 1075, cuya esencia merece ser revaluada) remarcaba el origen violento de los reinos de este mundo. Ptolomeo de Lucca aseguraba que todos los gobiernos se originaban en la conquista y quedaban legitimados cuando resultaban útiles. Aun en la misma Roma, tan supuestamente sabia en el derecho y las instituciones, el poder real nunca estuvo ni en el Emperador ni en el senado, sino en las Legiones, sus generales y, particularmente, la guardia imperial que, en alguna oportunidad, hasta llegaron a rematar entre los ciudadanos ricos el cargo de Emperador, entregándoselo a quién ofreció más dinero a cada legionario, para luego, al poco tiempo, caer asesinado por los propios soldados (la realidad violenta de los romanos puede verse en la 'Historia de la decadencia y ruina del Imperio Romano', Edward Gibbon, Ediciones Turner SA, Madrid 1984; un comentario excesivamente sintetizado sobre la 'anarquía militar' en Roma puede leerse en 'Historia de la Iglesia', José Orlandis, Ediciones Palabra, Madrid 1977, T. I, p. 37). Ahora, en la actualidad, en donde, justo es reconocerlo, a raíz de la disminución en el tamaño de los Estados coercitivos mundiales, las guerras han disminuido considerablemente, poco tiempo atrás se produjo un hecho sintomático. Efectivamente, cuando tuvo lugar el traspaso pacífico de Hong Kong de Gran Bretaña a China continental, el primer acto que se produjo fue la entrada de tropas militares pertenecientes a los nuevos dueños, y el mundo entero lo vio a través de la televisión.

(19) 'The Second Treatise of Civil Government', Londres: Macmillian Pub., 1947, p. 123.

(20) Ibíd., p. 127.

(21) Ibíd., pp.163-164.

(22) Ibíd., p. 169.

(23) Op. cit. p. 140.

(24) Ibíd., p. 161.

(25) Ibíd., pp. 198-199.

(26) Ibíd., pp. 199-200.

(27) El voluntarismo racionalista se caracteriza por la imposición de la propia 'voluntad' (decisión) sobre el resto. En contraposición, el voluntarismo del verdadero acto moral, se caracteriza por la 'adecuación', de acuerdo con el juicio de la conciencia, de la propia voluntad a principios (la ley natural), aunque de 'manifestación' intrínseca, de origen exterior a la persona. Un tipo de voluntarismo racionalista es el 'consecuencialismo', que consiste en creer que se puede actuar, tomando decisiones maximizadoras de las consecuencias positivas previstas, a partir de los medios dados y de costos también supuestamente conocidos. Juan Pablo II critica al 'consecuencialismo' del siguiente modo: "...cada uno conoce las dificultades o mejor dicho, la imposibilidad, de valorar todas las consecuencias y todos los efectos buenos o malos -denominados pre morales- de los propios actos: un cálculo racional exhaustivo no es posible. Entonces, ¿qué hay que hacer para establecer unas proporciones que dependen de una valoración, cuyos criterios permanecen oscuros? ¿Cómo podría justificarse una obligación absoluta sobre cálculos tan discutibles?", Encíclica 'Veritatis Splendor', Roma 1993, n. 77.

(28) Según el dominico y escolástico español Francisco de Vitoria (1480-1546), en concordancia con todos los escolásticos tardíos, "las limosnas se deben realizar con los bienes propios y no con los comunes". 'De Iustitia', II-II, qu. 66, art. 2, ed. Beltrán de Heredia, Madrid, Publicaciones de la Asociación Francisco de Vitoria, 1934, p. 324.

(29) S.Th., I-II, q. 90, a. 1.

(30) Ibíd., respuesta a la tercera dificultad del presente artículo.

(31) 'De Libero Arbitrio', 1.1, c. 5.

(32) S.Th., I, q. 21, a. 1.

(33) S.Th., I-II, q. 96, a. 4.

(34) Encíclica 'Veritatis Splendor', Roma 1993, n. 90.

(35) Encíclica 'Diuturnum Illud', Roma 1881, n. 12.

(36) Con respecto al manejo de una empresa comercial, por caso, en base a normas de cumplimiento voluntario, quiero relatar una experiencia personal, que, en realidad, ocurre en muchas instituciones. Tuve oportunidad de manejar una pequeña empresa cuyos dueños habían decidido que, debido a que querían mantener un alto nivel moral y prestigio, no debía coercionarse a los clientes de ningún modo. Es decir que, si un cliente, por los motivos que fueran, decidía no pagar después de haber utilizado el servicio, se intentaba hacerlo razonar. Pero si éste mantenía su posición, sencillamente se lo dejaba ir. Es decir, que, en definitiva, pagaban el servicio utilizado sólo los que querían hacerlo por propia voluntad. El resultado práctico de esta política, era que la empresa perdía alrededor del 0,8 por ciento de sus ingresos brutos en clientes que se negaban a pagar. Pero esta decisión le imprimía a la empresa tal nivel moral, tal calidez humana, que los clientes se sentían casi como en su propia casa. Y de esta situación, sin duda, se obtenían importantes ganancias. No tengo modo de realizar un cálculo preciso, pero mi estimación es que la 'adhesión moral' de la gente, le significaba un aumento, en sus ingresos brutos, del orden del 15 al 20 por ciento.

(37) n. 1951.

(38) 'Del Gobierno de los Príncipes', Libro I, Capítulo I (Editora Cultural, Buenos Aires 1945, Vol. I, p. 23).

(39) Ibíd., Libro III, Capítulo IX (Vol. II, p. 10). Según dije esta parte parece autoría de Ptolomeo de Lucca, sin embargo, coincide exactamente con la S.Th. (ver nota 43 siguiente).

(40) n. 1889.

(41) C. Ig. C., n. 1909.

(42) Ver C. Ig. C., n. 2309.

(43) Ver santo Tomás, S.Th., I, q. 96, a. 4.

(44) Ver santo Tomás, S.Th., I, q. 96, a.3, ad. 1.

(45) Ver santo Tomás, S.Th., I-II, q. 91, a.3.

(46) Santo Tomás, S.Th., I-II, q. 92, a. 2, in c. No vendría mal, por otro lado, para completar esta doctrina, leer el C. Ig. C. que, textualmente, dice que "...el pecado tiene una doble consecuencia... la 'pena eterna'...Por otra parte... la 'pena temporal'... Estas dos penas no deben ser concebidas como una especie de venganza, infligida por Dios desde el exterior, sino como algo que brota de la naturaleza misma del pecado" (n. 1472), y más adelante "El cristiano debe esforzarse... por aceptar como una gracia estas penas temporales..." (n. 1473). Sin embargo, "Los efectos espirituales del sacramento de la penitencia son:... -la remisión, al menos en parte, de las penas temporales, consecuencia del pecado..." (n. 1496). Por su parte, la Iglesia Católica tiene su propio derecho que, como 'organización privada' que es, es no violento. Así, en el Código de Derecho Canónico (EUNSA, Pamplona 1984), asegura que (c. 1311) "La Iglesia tiene derecho originario y propio a castigar con sanciones penales a los fieles que cometen delitos". Siendo éstas sanciones penales (cfr. c. 1312) medicinales o censuras indicadas en los cc. 1331-1333; expiatorias según el c. 1336; u otras. De éstas penas, la más grave es la excomunión (cfr. c. 1331). Así, por ejemplo, en el caso de homicidio (cfr. c. 1397) deben aplicarse las penas expiatorias, salvo en casos especialmente graves como (cfr. c. 1370) atentado físico contra el Papa, en cuyo caso la pena se aumenta hasta la excomunión. Ahora, en cuanto a aplicar las penas, se recomienda especialmente (cfr. c 1341) no promover procedimiento alguno hasta haber intentado la corrección fraterna, la reprensión u otros medios de la solicitud pastoral.

(47) Encíclica 'Diuturnum Illud', Roma 1881, nn. 28 y 29.

(48) Ver S.Th., I-II, q. 105, a. 2, in c.

(49) S.Th., II-II, q. 108, a. 1, in c.

(50) Ibid., II-II, q. 108, a. 1, ad 2.

(51) Cfr. 'Léxico filosófico', Rialp, Madrid 1984, p. 281. Kant, por ejemplo, consideraba que una cosa eran los deberes éticos o internos y otra los jurídicos o externos, de donde el derecho, la ley jurídica, es independiente de aquellos y es coercible a diferencia del acto moral. Es decir, derecho y moral son cosas diferentes con lo cual se reafirma lo que ya había comenzado Thomasius. Así deber y ley quedan desvinculados. De aquí el positivismo jurídico, único modo 'legal' de justificar al Estado coercitivo.

(52) 'Trayectoria del Pensamiento Político', Fondo de Cultura Económica', México 1941, p. 87. En este sentido, José Orlandis opina que "Los señores, propietarios de grandes dominios, tenían... el necesario poder para dispensar protección a otros hombres libres... al hombre libre medieval le decían muy poco las relaciones con entes abstractos, como las que puedan existir entre el súbdito o ciudadano y el Estado; ...tenía en cambio una fina sensibilidad para las vinculaciones de naturaleza personal establecidas entre individuo e individuo. Estas relaciones constituyeron como el entramado de aquella sociedad", era una sociedad basada en relaciones personales de mutuo y concreto beneficio (vasallaje, protección y tierras eran los beneficios más comunes); la unidad existente entre toda la Europa cristiana se dividió con la aparición de los Estados nacionales. "En fin, para Marsilio (de Padua), la Iglesia carecía de cualquier soberanía y se hallaba en situación de estrecha dependencia con respecto al Estado....Ockam exaltaba el papel que correspondía al Imperio... en la misma medida en que rebajaba la autoridad del Papado... Marsilio de Padua, al proclamar la absoluta supremacía del Estado y su independencia con respecto a cualquier concepción de orden metafísico o moral, llevaba hasta sus últimas consecuencias una doctrina y un espíritu -el 'espíritu laico'- ..." y las modernas monarquías nacionales (cfr. 'Historia de la Iglesia', Ediciones Palabra, Madrid 1977, T. I, pp. 226-7, 288 y 379). No está demás señalar que la época hasta la aparición de los Estados nacionales (entre los siglos XI y XIV) fue una de las más progresistas que haya conocido Europa occidental; como índice baste señalar que, gracias a los progresos de todo orden, la población europea se triplicó en ese período.

(53) 'Historia de la Teoría Política', Fondo de Cultura Económica, México 1945, pp. 246-7.

(54) "Dos amores fundaron dos ciudades: el amor propio hasta el desprecio de Dios, la terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial. Aquella se gloría en sí misma, ésta en Dios", san Agustín, 'De Civitate Dei', XIV, 28. "Sin la virtud de la justicia, ¿qué son los reinos sino grandes bandas de ladrones?... Si por adición de más hombres desesperados esta plaga crece hasta apoderarse de un territorio y establecer un gobierno fijo... sometiendo a su población, entonces el título de reino que recibe resulta más conspicuo, y le es concedido abiertamente no porque hubiera disminuido el apetito de riquezas, sino porque ahora se suma a éste la impunidad. Elegante y muy cierta fue la réplica que recibió Alejandro Magno de cierto pirata que capturó. Cuando el rey le preguntó qué pretendía al sojuzgar los mares, éste le respondió con desafiante independencia: '¡Lo mismo que tú cuando sojuzgas el mundo! Por hacerlo yo con un pequeño barco se me llama pirata; a ti, que aterrorizas al mundo con una gran flota, se te llama emperador'", 'De Civitate Dei', IV, 4. Nótese que por justicia entiende algo tal que "mantiene en el hombre un orden justo de la naturaleza" (ibid., XIX, 4). Más claridad, pocas veces he visto. Sin embargo, debe quedar claro que el obispo de Hipona no estaba contra el Estado, de hecho, apoyó a la Iglesia cuando ésta se opuso a la herejía donatista, secta anarquista, que creía que toda autoridad era de suyo necesariamente mala.

(55) Cfr. 'De Civitate Dei', XV y ss.. "Así gustaba de proceder San Agustín, particularmente en el libro admirable que escribió sobre la Providencia o el plan divino: La ciudad de Dios, su establecimiento progresivo acá en la tierra y su pleno desarrollo en la eterna bienaventuranza", asegura R. Garrigou-Lagrange, en 'La providencia y la confianza en Dios', Ediciones Palabra, Madrid 1980, p. 338.

(56) Algunos liberales (ver, por ejemplo, Alberto Benegas Lynch h., 'Socialismo de Mercado', Libertas no. 27, ESEADE, Buenos Aires, Octubre de 1997, p. 190), aseguran que los Estados han venido creciendo sustancialmente desde la Primera Guerra Mundial hasta 1991. Más allá de que este período histórico es relativamente pequeño, esta afirmación me llama la atención. Efectivamente, Benegas Lynch (h) basa su presunción en cálculos de la participación estatal en la renta nacional. Pero, él sabe muy bien que, estos cálculos, son muy caprichosos y carecen de valor científico. Sin embargo, es interesante traer esto a colación, porque marca una diferencia sustancial entre ellos y la postura que explico en este ensayo. Los liberales tienden (por oficio racionalista) a basar todo, finalmente, en lo material (lo económico, es lo único que, más allá de algunos débiles intentos en contrario, finalmente, les interesa; consecuentemente, es lo único que entienden relativamente bien). Así, para ellos, lo malo es el tamaño 'económico' del Estado, a diferencia de éste ensayo que pretende demostrar que lo malo es el nivel de violencia que se ejerza. Un Estado podría ser muy 'pequeño', económicamente hablando, pero con un nivel de coacción física muy elevado. Supongamos un gobierno que sólo administrara el monopolio de la fuerza física y, para esto, solamente gastara dinero en fuerzas armadas poderosas, con las cuales garantizaría que todo el resto fuera privado pero todo monopólico. Tendría un gasto pequeño, probablemente una mínima parte de lo que hoy gastan, pero su resultado sería nefasto. En fin, hecha esta aclaración, y sólo para tener una rápida idea del resultado del respeto a la imperancia del orden natural, señalemos que, según de "The World in 1989" de Economist Survey, 1988, pp. 81-87, las economías con menor intervención coercitiva institucional (las economías más 'libres') del mundo gozaban del siguiente PIB anual per capita, en el año 1988: Suiza 30.000, Japón 26.000, Noruega 24.000 y los EE.UU. 22.000, todos expresados en dólares. 'The Wall Street Journal Americas' publicó una lista de los países de menor a mayor nivel de coerción institucional (más a menos 'libres'). Si bien esta lista es discutible, resulta notable la coincidencia con la mayor a menor riqueza de los países en cuestión. Gracias al ritmo en el achicamiento del Estado coercitivo, la producción industrial China aumentó, entre 1991 y 1996, aproximadamente, 235 por ciento. Por su lado, la ausencia de coerción estatal en los Estados Unidos, produce el hecho de que este mercado represente alrededor del 31 por ciento del capital en acciones en todo el mundo. Así es que, el resto de los países, no lo pueden ignorar y, hasta empresas de la comunista China, han colocado ADRs (American Depositary Receipts), acciones que una compañía extranjera emite en los Estados Unidos, y paralelamente en su país, con la intención de atraer capitales.

(57) Durante 1997, en la Argentina, por caso, la confianza de la gente en la resolución de los problemas sociales era "mucha o bastante" en la Iglesia Católica (58%), en las entidades de bien público sin fines de lucro (57%), en el Estado Nacional (19%), en los sindicatos (13%) y en los partidos políticos (11%); se notaba también una gran confianza, quizás la mayor, en la educación. El total de la población que colaboró en trabajos voluntarios llegaba al 20%. De estos el 35,8% colaboró en parroquias, templos o lugares de rezo; y solo 7,4% en partidos políticos. El 57% de los hogares realizó donaciones con fines benéficos. De estos, el 34,6% donó a parroquias, templos o lugares de rezo y sólo el 1% a partidos políticos. Ver Instituto Gallup de la Argentina, Encuesta: 97029. Sólo por ver un ejemplo, de los miles que ocurren todos los días, puede leerse 'Un Incalculable Aluvión Solidario', La Nación, Buenos Aires, 20 de abril de 1998, p. 14, en donde se relata como, frente a una crisis puntual, la ayuda privada fue muy superior a la estatal coercitiva, sin olvidar, por cierto, que los dineros estatales fueron sustraídos del sector privado.

(58) Ya discutimos la palabra capitalismo, y queda claro que solamente la reivindico en la medida en que significa ausencia de coerción institucional. Lo que importa ahora es que, al hablar de su caída, se implicaba la desaparición de las sociedades abiertas, las sociedades 'libres', las sociedades con menor intervención coercitiva institucional. Desde Karl Marx, que anunció la caída del capitalismo, se siguieron una cantidad de autores que sostuvieron la misma idea. Así, Werner Sombart, que con su libro 'El capitalismo moderno', publicado en 1902, hizo mucho en la difusión del término capitalismo, dio por hecha la declinación de este sistema socioeconómico. Rudolf Hilferding, socialdemócrata alemán, publica en 1910 'El capitalismo financiero'. Y, en el mismo sentido, Rosa Luxemburgo publicó, en 1913, 'La acumulación del capital'. Luego Lenin, en 1916, da a luz 'El imperialismo: última etapa del capitalismo'. También desde la derecha se oían estas mismas ideas apocalípticas. Así, en 1930, Ferdinand Fried, publica 'El fin del capitalismo'. Y siguieron una cantidad de autores e intelectuales, como Howard Scott, en los EE.UU., Karl Mannheim, en Inglaterra, A. J. P. Taylor, Richard Lowenthal y tantos otros. Luego aparece la nueva izquierda, con exponentes como Jürgen Habermas que, en 1973, publica su libro 'Problemas de la legitimación en el capitalismo tardío'. Y así podríamos seguir, incluso hasta nuestros días, en que no falta algún personaje preguntándose como será la civilización 'post moderna', 'post liberal', 'post capitalista'. Por caso, Ronald Dworkin, con su 'A Matter of Principle' (Harvard University Press, 1985); John Rawls, que llega a afirmar que "La idea intuitiva es que el orden social no ha de establecer y asegurar las perspectivas más atractivas de los mejor situados a menos que el hacerlo sea en beneficio de aquellos menos afortunados", en su 'Teoría de la Justicia' (México: Fondo de Cultura Económica, 1978, pp. 97-8), lo que significa todo un avance ya que reconoce "intuitivamente" un principio original del orden natural social, pero, como buen racionalista, no parece creer que este principio sea anterior sino que debe forzarse coactivamente, de hecho, más adelante, afirma que "Nadie merece una mayor capacidad natural ni tampoco un lugar inicial más favorable en la sociedad" (op. cit., p. 124), lo que supone una incoherencia, que luego explicita del siguiente modo "El sistema social no es un orden inmodificable colocado más allá del control de los hombres, sino un patrón de la acción humana" (op. cit., p. 125). También Jorge Castañeda, 'La utopía desarmada' (Ariel, Buenos Aires, 1993); Lester C. Thurrow, 'El futuro del capitalismo' (Javier Vergara Editor, Buenos Aires, 1996); Frank Roosevelt, 'Marx and Market Socialism' (en 'Why Market Socialism?: Voices from Dissent', M. E. Sharpe, New York, 1994) que explícitamente intenta rescatar algo de Marx; James Tobin, 'One or Two Cheers for the Invisible Hand', (en 'Why Market Socialism?: Voices from Dissent', op. cit.); y Alain Touraine, '¿Qué es la democracia?' (Fondo de Cultura Económica, México, 1995). Pero, lo cierto es que, todas las ideas de estos autores, cayeron con el muro de Berlín, en tanto que el sistema de 'libertades' sigue su avance con mayor fuerza y mayor bravura que nunca (ver Jerry Z. Muller, 'El futuro del capitalismo', revista Facetas no. 85, USIA Washington DC 3/89; y Alberto Benegas Lynch (h), 'Socialismo de Mercado', Libertas no. 27, ESEADE, Buenos Aires, Octubre de 1997).

(59) Algunas personas han querido ver en lo que se propone en este ensayo, esto es, un Estado no coercitivo, un "laissez faire universal", con lo que dejan al descubierto su racionalismo, según hemos visto cuando estudiamos La Autoridad. En definitiva, me parece que a esta altura es obvio, lo que aquí describo es un Estado, una "comunidad organizada" bajo la única y real autoridad: la autoridad moral.

(60) "En el ámbito político se debe constatar que la veracidad en las relaciones entre gobernantes y gobernados; la transparencia en la administración pública; la imparcialidad en el servicio de la cosa pública; el respeto de los derechos de los adversarios políticos; la tutela de los derechos de los acusados contra procesos y condenas sumarias; el uso justo y honesto del dinero público; el rechazo de medios equívocos o ilícitos para conquistar, mantener o aumentar a cualquier costo el poder, son principios que tienen su base fundamental - así como su urgencia singular - en el valor trascendente de la persona y en las exigencias morales objetivas del funcionamiento de los Estados. Cuando no se observan estos principios, se resiente el fundamento mismo de la convivencia política y toda la vida social se ve progresivamente comprometida, amenazada y abocada a su disolución (cf. Sal 13 (14), 3-4; Ap 18, 2-3, 9-24). Después de la caída... de las ideologías que condicionaban la política a una concepción totalitaria del mundo... existe hoy un riesgo no menos grave debido a la negación de los derechos fundamentales de la persona humana y por la absorción en la política de la misma inquietud religiosa que habita en el corazón de todo ser humano: es el riesgo de la alianza entre democracia y relativismo ético, que quita a la convivencia civil cualquier punto seguro de referencia moral, despojándola más radicalmente del reconocimiento de la verdad. En efecto, 'si no existe una verdad última - la cual guía y orienta la acción política - entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder. Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia' (Encíclica Centesimus annus, 1 mayo 1991). Así, en cualquier campo de la vida personal, familiar, social y política, la moral- que se basa en la verdad y que a través de ella se abre a la auténtica libertad - ofrece un servicio original, insustituible y de enorme valor no sólo para cada persona y para su crecimiento en el bien, sino también para la sociedad y su verdadero desarrollo", asegura Juan Pablo II, Encíclica 'Veritatis Splendor', Roma 1993, n. 101.

(61) 'Ética a Nicómaco', VIII, 12.

(62) Había dicho, también, que otra cosa que sí puedo hacer es estudiar los hechos históricos (empíricos). Así, y sin que esto signifique idealizar a la sociedad norteamericana que, entiendo, tiene puntos muy críticos (y sin entrar en discusiones de carácter religioso, que no vienen al caso de este ensayo), me parece interesante, porque hace a la tendencia (aunque el fin está todavía muy lejano), analizar algunos aspectos de ésta sociedad. Muchas encuestas confirman que los estadounidenses religiosamente activos llegan a cerca del 30 por ciento de la población total, porcentaje superior al de los países en donde el Estado coercitivo ocupa un mayor espacio. Por ejemplo, en la Argentina no llega al 10. Lo que viene a confirmar dos cosas: por un lado, que la mayor imperancia del orden natural, aumenta el compromiso religioso y, por otro lado, que no es cierto que el avance científico y tecnológico produzca una disminución en las creencias religiosas, sino todo lo contrario. Cuanto más avanzada es una cultura, más sabe que Dios existe, más confía en El y menos en la razón humana. Es también muy sabido que los EE.UU. es el país con mayor porcentaje de ayuda económica social privada, incluidos los Estados de muchos países. Según Nathan Glazer, de la Universidad de Harvard, "El sector privado, voluntario o lucrativo, siempre ha tenido más prestigio en los EE.UU.. Tiene fuerza y desempeña un papel mucho más amplio en materia de política social que en cualquier otro país... Las estadísticas de salud, beneficencia social y educación indican... el papel que desempeña el gasto privado, y este es considerable. Así en 1986 los gastos privados destinados a la salud excedieron a los públicos (269.000 millones de dólares contra 190.000 millones)", Revista Facetas no. 87, USIA, Washington DC, 1/90, p. 40. Según Sara Meléndez, Presidente del 'Independent Sector' de los Estados Unidos: "El sector (las organizaciones no gubernamentales sin fines de lucro, ONGs) genera, en los EE.UU., 560 mil millones de dólares por año... El 70% de los hogares contribuye ya sea a la Iglesia Católica, a la Sinagoga, o distintas instituciones... El 50% de los individuos trabaja como voluntarios. Es el índice más alto del mundo... El gobierno de los EE.UU. ha decidido achicar el Estado entonces son éstas organizaciones las que deben ocuparse de los servicios... En los Estados Unidos hay muy poca reglamentación y esto no es casual... Hasta ahora (el sector de las ONGs) ha superado al gobierno en la variedad de estrategias, de misiones y en la creatividad... Las ONGs son ahora más importantes que nunca en la historia...", conferencia organizada por el Foro del Sector Social, Buenos Aires, 27 de noviembre de 1997. Por último, tampoco podemos desconocer el hecho de que la ética humana del ciudadano medio, es mayor en éste país que en la mayoría del mundo; podría, para mostrar esto, comentar una innumerable cantidad de detalles, pero baste con señalar uno: muchos periódicos se venden en máquinas que nadie controla; si cualquiera introduce las monedas del costo de un ejemplar, la máquina en cuestión, se abre quedando todos los periódicos al alcance de cualquiera, pero a nadie se le ocurriría tomar más del ejemplar que le corresponde por lo que pagó, ¿en cuántos países cree Usted que este sistema funcionaría sin que se robasen todos los diarios?

(63) Encíclica 'Centesimus Annus', Roma 1991, n. 25.

(64) En el colmo de ésta posición está Arturo Schopenhauer quien llegó a afirmar que "... el individuo.. no procede en el orden mental sólo a impulsos de su cerebro y de la circulación de la sangre que excita a éste, sino que también importa mucho tener en cuenta... a todo su carácter moral... que, conviene no olvidarlo, deriva indefectiblemente de la conformación de su organismo, de los tejidos, de la estructura, del peso, de las relaciones recíprocas del corazón, del hígado, de los pulmones, del bazo, de los riñones, etc.", 'La Moral, la Religión y La Ciencia de la Naturaleza', Sociedad Española de Librería, Madrid s/f, pp. 324-5. De donde el 'carácter moral' de un ser humano no es algo que esté fundamentado en un orden exterior, sino el resultado de una operación fisiológica.

(65) Es de resaltar que, por ejemplo, la Iglesia Católica Apostólica Romana es una institución privada, en el justo sentido, es decir, que es una asociación voluntaria y libre.

(66) Para una idea curiosa e insólita de la familia y el Estado ver 'La République' de Jean Bodin. Lo mejor que he podido encontrar, en cuanto a la familia, desde un punto de vista psicológico, es el siguiente párrafo de Wade F. Horn (Ph. D. en Psicología Clínica de la Universidad de Southern Illinois y Director de la National Fatherhood Initiative; por indicación del Presidente de los EE.UU. trabajó para el Gobierno en estos temas), que vale la pena transcribirse, a pesar de su extensión: "... nuestra cultura ha aceptado la idea de que los padres son superfluos -en otras palabras, no son necesarios en la familia 'moderna'-. Supuestamente, su contribución al bienestar de los niños puede ser fácilmente desempeñada por el estado, que distribuye cheques de bienestar social, subsidia ligas de basketball nocturnas, y establece facilidades para el cuidado de los niños... Y las consecuencias de estas ideas han sido tan profundas como desastrosas... Indiscutiblemente, los padres son importantes para el bienestar de los niños. Y, también, la familia tradicional. Esta asegura la continuación de la civilización propagando la especie y sociabilizando a los niños. Todos parecen entender los obvios beneficios de la propagación, pero el importante papel que juegan los padres en la sociabilización de los niños es ampliamente mal entendida y subvaluada. La sociabilización puede definirse como el proceso por el cual los individuos adquieren el comportamiento, las actitudes, y valores que no sólo son considerados deseables y apropiados por la sociedad sino que también han superado el examen del tiempo y demostrado ser los más humanos. Una sociabilización correcta requiere dilatar o inhibir la 'gratificación impulsiva' en orden a convivir por las reglas de la ley y las reglas de las costumbres... Los niños bien sociabilizados han aprendido... a no quitar a otros lo que quieren... a obedecer las directivas de las autoridades legítimas como los padres y maestros... a cooperar y compartir con otros, los niños pobremente sociabilizados no lo han hecho. Gran parte de lo que se describe como 'buen carácter' o 'virtud' refleja la habilidad para dilatar o inhibir la gratificación impulsiva. Cuando un niño dice la verdad, aun cuando sabe que tendrá consecuencias negativas, está inhibiendo el impulso de mentir para evitar incomodidades. Cuando demuestra caridad hacia otros, está inhibiendo el impulso de portarse egoístamente. Una sociedad civil es dependiente de estos ciudadanos que han desarrollado esta capacidad de dilatar o inhibir la gratificación impulsiva; esto es, personas que pueden controlar voluntariamente su comportamiento... Existen pocas sentencias que uno puede hacer con completa certeza, esta es una: cuando las familias fallan en su tarea de sociabilizar a los niños, la sociedad civil no es posible... Los padres sociabilizan a los niños a través de dos mecanismos. El primero es enseñando a través de instrucción directa reforzada por una combinación de recompensas y castigos por aceptable y no aceptable comportamiento. El segundo es enseñando con el ejemplo. De los dos, el segundo es el más importante desde que la mayor parte del comportamiento humano complejo se adquiere por aprendizaje observacional. Los niños están mucho más inclinados a hacer como el padre hace que como el padre dice....Por favor nótese que no he afirmado que el estado es necesario para la correcta sociabilización de los niños... Las madres tienden a ser más verbales, mientras que los padres tienden a ser más físicos... las madres tienden a ser figuras confortantes más fuertes que los padres que tienden a ser figuras más inclinadas a establecer y promulgar reglas para el gobierno del comportamiento de los niños... Lo que los niños necesitan para desarrollar buen carácter es la combinación de lo que las madres y padres pueden aportar a la ecuación de ser padres... las madres tienden a ser alimentadoras y los padres tienden a ser disciplinarios. Los expertos solían creer que las familias sociabilizan mejor a los niños cuando los dos padres adoptan un rol alimentador pero permisivo, demostrando altos niveles de amor y bajos niveles de control. Décadas de investigación han mostrado que cuando los niños son criados de este modo responden con mal comportamiento crónico. La permisividad como modo de 'ser padres' simplemente no funciona. Los niños y las niñas necesitan altos niveles de alimentación balanceado con un alto nivel de control... Muchos... expertos exhortan a los padres a parar de jugar con los niños y hacer más trabajo hogareño. Algunos incluso aseguran que el rudo y movido juego de los padres enseña agresión y debería ser evitado. Pero nuevos estudios clínicos revelan que el juego físico de los padres en realidad le da al niño la muy necesitada práctica en la regulación de sus emociones y comportamiento y los ayuda a desarrollar la capacidad de reconocer el humor emocional de los otros... Los chicos no necesitan 'cuidadores' impersonales; necesitan amantes mamis y papis. Los padres también son críticos para la correcta sociabilización de los niños porque enseñan con el ejemplo como mantener los impulsos negativos bajo control. Es a través de la observación de los niños sobre los modos en que sus padres encaran las frustraciones, la ira y la tristeza que aprenden como los hombres deben convivir con esas emociones... Sin duda, toda la evidencia indica que mejorar el bienestar de nuestros hijos -y finalmente de nuestra nación- depende de encontrar los modos de traer a los padres de vuelta a casa. La pregunta es: ¿cómo? Primero, nuestra cultura debe reemplazar la idea del padre superfluo con un más comprometido entendimiento del crítico rol que juegan los padres en la vida de sus hijos, no solamente como 'pagadores de cuentas', sino como disciplinarios, maestros, y guías morales. Y los padres deben estar físicamente presentes en el hogar... Los niños necesitan saber que están allí para ellos. Segundo, necesitamos transmitir la importancia y santidad del matrimonio... Se les debe enseñar que el matrimonio viene primero (antes que los hijos) y que no es un arreglo jurídico que puede abandonarse cuando los conflictos surgen... Tercero, debemos hacer de la restauración de los derechos y responsabilidades de los padres una prioridad nacional. Durante el último siglo, la crianza de los hijos ha sido cada vez más vista como materia pública que privada. Tan temprano como en 1901, la Corte Suprema de Indiana sostuvo una ley educativa coercitiva declarando arrogantemente que 'Los derechos naturales de un padre a la custodia y control de sus hijos están subordinados al poder del estado'. El asalto a la autoridad paternal gradualmente se extendió a todas las otras áreas de la vida. Para 1960, un trabajador social (estatal)... se sintió en libertad para escribir que 'los cuidados durante el día (servicios estatales como guarderías y demás) pueden ofrecer algo valioso a los niños porque son separados de los padres'. Distribución de profilácticos con base en la escuela..., abortos sin consentimiento de los padres- estos son todos ejemplos contemporáneos de cómo el estado ha elegido sostener la guerra contra los padres y convencer a los niños de que las personas en quienes más confían están para lastimarlos. En esencia, el estado le está diciendo a los niños de hoy 'no confíen en sus padres- nosotros no lo hacemos'. De cualquier manera, la marea está cambiando. Incluso muchos críticos de la familia tradicional se han visto forzados a admitir... que los niños necesitan ser criados por los padres. Y que los padres necesitan la libertad de decidir que va en el mejor interés de sus propios hijos. Otro desarrollo positivo ha sido el del 'movimiento pro-familia' que ha crecido tremendamente durante los últimos años. ¿Qué puede hacer usted en su propia casa y en su propia comunidad? Puede empezar por prometer 'Seré un buen cónyuge y padre'. Es una promesa simple, sin duda. Pero es una promesa sobre la que una buena, justa, y civilizada sociedad depende", 'Why There Is No Substitute for Parents', Imprimis, Hillsdale College, Hillsdale, Michigan, June 1997, Volume 26, Number 6, p. 1 y ss. Nótese que el castigo no se refiere a violencia, negarle dinero para golosinas, por ejemplo, es un castigo y no implica violencia, violencia sería si le quitáramos las golosinas que tiene. Disciplinarios significa que imponen una disciplina clara, firme y ordenada, por medio del ejemplo y los premios y castigos (no violentos), pero, fundamentalmente, por medio del amor.

(67) Es público y notorio que en muchos países el Estado racionalista reivindica 'moralmente' al aborto al permitirlo, diferenciándolo de otros casos de supresión de futura vida humana (el pecado en el homicidio de una persona nacida, por caso, es la vida futura que quita, no la pasada que nadie puede quitar). Es público y notorio, también, que son agencias estatales o paraestatales (como los organismos multinacionales) quienes realizan las campañas más fuertes y sistemáticas en favor del aborto y la anticoncepción. Finalmente, también es público y notorio que las instituciones y clínicas abortistas privadas, donde las hay permitidas, son fuertemente subvencionadas por el Estado coercitivo. "...resulta muy alarmante constatar en muchos países el lanzamiento de campañas sistemáticas contra la natalidad, por iniciativa de sus gobiernos...", asegura Juan Pablo II, Encíclica 'Sollicitudo Rei Socialis', Roma 1987, III, 25. Es así que no tiene caso el pretender que el Estado racionalista se pronuncie verdaderamente contra el aborto. Efectivamente, cada vez son más los Estados coercitivos que se están sincerando y admitiendo algo que les es propio como es el aborto. Pero los pocos que todavía explícitamente, aparentemente, lo condenan, en realidad, lo único que están haciendo es disimular su inevitable vocación anti vida. Personalmente he sido testigo de un hecho por demás sintomático: un destacadísimo político de un Gobierno supuestamente antiabortista, luego de terminar su enfervorizada arenga contra el aborto, aseguró que quería 'ver muertos a los homicidas', es decir que ya se ve que tan verdadera es su vocación por la vida humana: vivos unos, pero muertos los que no le gustan. Esta claro que, en los países en donde está 'prohibido', existen innumerables clínicas abortistas 'ilegales' que son de fácil acceso para cualquier persona común. Pero ¿los funcionarios estatales no se enteran? ¿la policía no lo sabe? ¿los jueces no las conocen? Que duda cabe, el Estado racionalista sabe perfectamente que existen y, no sólo las deja operar tranquilamente, sino que las induce. El principio filosófico es obvio, desde que se acepta a la 'violencia justa' como perteneciente a la naturaleza humana, como el feto no puede ejercer tal 'derecho' no es, por tanto, una persona. En las sociedades en donde el principio social, de organización social, es la coerción, quién no puede ejercer este principio (u oponerse a el), deja (de hecho, más allá de los discursos para bobos) de ser persona por cuanto no tiene existencia real a los fines prácticos de organización social. Se me preguntará qué cuál es la fuerza moral de un feto humano. Pues muchísima y se expresa, primero, a través de la madre y luego a través de todas las personas que saben de su existencia. De aquí que, el único modo de combatir el aborto es, primero, dejando claro que es homicidio y actuando en consecuencia, y luego, suprimiendo a su máximo promotor, el Estado racionalista, consecuentemente, estableciendo el gobierno del orden natural.

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