RACIONALISMO Y SOCIEDAD ARTIFICIAL notas
BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

EL FUTURO, DE LA ESPERANZA
 

Alejandro A. Tagliavini

 

 

 

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Notas al Capítulo III:

(1) 'Cruzando el Umbral de la Esperanza', Ed. Plaza & Janés, 1994, p.29.

(2) 'Adiós a la razón', Editorial Tecnos, Madrid 1996, p. 101.

(3) 'Ciencia como Arte', en 'Adiós a la Razón', op. cit., p. 176.

(4) A mi modo de ver, algunos racionalistas intentaron suplir esta deficiencia con la teoría del evolucionismo materialista, según la cual, en definitiva, el hombre era el resultado de una evolución de la materia desde la nada. Dejando, deliberadamente, de lado el hecho de que es imposible evolucionar desde la nada. De donde, esta teoría, es doblemente falaz, primero, porque no alcanza para explicar la auto creación y, segundo, porque no tiene principio ni fin. El orden natural, como vimos, implica necesariamente, como cualquier orden, la teoría de una evolución. Pero de una evolución que viene, y va, desde el infinito (desde lo eterno, en última instancia), en definitiva, desde la perfección. Bertrand Russell, aun siendo uno de los líderes del 'cientificismo' y haber dado vuelta insólitamente a la realidad al atribuir determinismo al hombre y libre albedrío a las partículas físicas, afirmó que "El evolucionismo... consta de dos partes:... una apresurada generalización perteneciente a aquella clase que las ciencias especializadas podían confirmar o refutar andando el tiempo; la otra, no científica, que es simplemente un dogma sin apoyo... que en manera alguna puede deducirse de los hechos sobre los cuales descansa... El interés predominante del evolucionismo está en la cuestión del destino humano...", 'Nuestro conocimiento del mundo externo', Editorial Losada, Buenos Aires 1946, pp. 35-36. Para una discusión acerca de la 'creación natural' y el panteísmo puede verse Jaime L. Balmes, 'Metafísica', Teodicea, Capítulos IX y X, Ed. Sopena Argentina, Buenos Aires 1944. Es, probablemente, durante el Renacimiento (con Giordano Bruno, Copérnico y otros) que aparece una nueva concepción 'dinámica' de la naturaleza dejando atrás al mundo escolástico de las 'formas estáticas'. Es decir, que se trueca la inmutabilidad de los principios (la esencia) del orden natural, por una teoría, según la cual, una supuesta dinámica material produce la variación permanente de todos los principios de la creación. Nótese que existe una gran diferencia entre el 'momento estático metafísico', que supone que el hombre tiene una relación 'estática' en el orden natural, a suponer que el orden natural cambia en función de una evolución material. Por otro lado, existe una discusión en la que no entraré pero que me interesa dejar planteada a grandes rasgos, entre quienes afirman que el orden natural supone leyes inmutables y quienes sostienen que las leyes son humanas y no del orden natural (el orden sería 'sólo' Orden). Quienes pregonan la última teoría suponen, finalmente, que al orden lo hace el Ser y, consecuentemente, de algún modo lo puede cambiar cuando le plazca, de donde, no existirían leyes inmutables: el orden existe y es sustentado y dirigido por el Ser (inmutable, eterno) y esto basta, lo demás es humano. Quienes sostienen (sostenemos, debería decir) que el orden supone leyes inmutables, lo hacen fundamentalmente preocupados por dejar establecido que deben existir comportamientos 'objetivos', es decir, regulados por el Objeto, el Ser, y susceptibles de ser conocidos (anticipados), aunque muy imperfectamente, por la persona humana. En cualquier caso, más allá de que, eventualmente, el Ser pudiera estar permanentemente creando ('cambiando') el orden, lo realmente importante es dejar bien claro que el orden existe, que es 'objetivo' en cuanto a que es externo y anterior (por superior) al hombre y, consecuentemente, el ser humano debe hallarlo en su exterior y seguirlo so pena de desaparecer.

(5) Ibáñez Langlois, señala con gran acierto que no hay orden histórico y, por tanto, racional (humanamente creado), que pueda ser perfecto, ya que su naturaleza caída, su imperfección natural, le impiden poder por sí mismo formar un orden social perfecto. Sin embargo, no queda muy claro si cree que el ser humano es capaz de crear un orden social (lo que, obviamente, sería, de tan racionalista, crudamente contrario al tomismo). Así, afirma en su 'Doctrina Social de la Iglesia', Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile 1988, que: "Por una parte, es irreal el diseño de un orden social, de unas estructuras e instituciones cuya viabilidad exigiera una presunta inocencia original y paradisíaca que el hombre, hijo de Adán no tiene. La realidad del pecado es una llamada constante al realismo social. La Iglesia, que proclama sin cesar la vocación de todos los bautizados a la santidad, y en esa santidad cifra las mejores esperanzas de un orden social más justo, no ha proyectado nunca, sin embargo, un modelo de sociedad que sólo pudiera funcionar en la hipótesis de una humanidad sin pecado original y sin las consecuencias personales de esa caída. Son los diversos utopismos sociales quienes han incurrido en esta irrealidad, tanto los de signo socialista como liberal. Pretender una socialización plena donde la persona renuncie a todo interés individual, o pretender, a la inversa, que todo interés individual converge automáticamente en el bien común, son dos formas inversas de este irrealismo. A su vez, el 'perfeccionismo social' -el 'mito de la sociedad liberada', con toda su carga utópica y mesiánica- conduce inevitablemente al fanatismo y al absolutismo: en virtud del pecado, todo orden social histórico es forzosamente imperfecto. A la inversa, hay otro desconocimiento del pecado que lleva a cifrar toda la perfección en las 'estructuras sociales', a las que se asigna una prioridad causal y una misión purificadora del corazón humano, invirtiendo el orden natural de los factores: utopismo de signo marxista, presente en ciertas 'teologías de la liberación' (Libertatis nuntius, IV, 15: el 'hombre nuevo' no proviene de una reforma o revolución de las 'estructuras'). También en este aspecto coinciden los socialismos y liberalismos que creen haber descubierto estructuras sociales 'a prueba de malos' o intrínsecamente buenas y benefactoras. La Iglesia, en su doctrina social, tiene siempre a la vista la condición pecadora del hombre: por eso es realista y 'experta en humanidad'; consciente a la vez de las grandezas y miserias de la condición humana" (p. 72), y más adelante "... la Iglesia, no obstante la inercia del pecado, no lo considera una fatalidad personal ni social, y no cesa de anunciar proféticamente el 'deber ser' de la sociedad humana en cada momento de su historia" (p. 72). Sin embargo no descarta que "... la naturaleza social de hombre refleja la gloria de Dios que ha de ser alcanzada en la plenitud de la existencia social" (p. 77). Está claro que, una cosa es pretender sistemas racionales (perfectos) basados en el 'hombre perfecto', y algo muy distinto es creer que el orden natural es 'perfecto' (como efectivamente lo es su Creador) y que señala el 'deber ser' del hombre y la sociedad humana.

(6) Ed. Emecé, Buenos Aires, 1993.

(7) Alberto Benegas Lynch (h), Ibid., p. 200.

(8) 'Autobiographie', Ed. Plon, Paris, 1977, p. 182.

(9) Alberto Benegas Lynch (h), op. cit., p. 214.

(10) 'The Open Society and Its Enemies', Princeton University Press, USA, 1971, Part I, Ch. 5, p. 58.

(11) Ibíd., Ch. 6, p. 111.

(12) Murray N. Rothbard, probablemente uno de los liberales más 'tomistas', llegó a afirmar que "Una razón por la que Cantillon fue 'el primero de los modernos' es que emancipó el análisis económico de su anterior subordinación a las preocupaciones éticas... los escolásticos medievales y renacentistas habían incrustado su análisis económico en un entramado moral y teológico", pero más adelante, al pretender salvar a la moral, se hunde todavía más asegurando que "Separar el análisis económico de la ética... no significaba que estas materias no fuesen importantes... ya que es imposible decidir la ética de la vida económica... sin precisar cómo funciona el mercado..." ('Historia del Pensamiento Económico', Unión Editorial, Madrid 1999, Vol. I, pp. 388-9). Es decir, exactamente al revés, para los liberales, si existe la moral, que será una normativa positiva impuesta por el Estado (o por alguna 'agencia de seguridad privada'), deberá ser posterior al análisis económico al que no podrá desdeñar y al que deberá adaptarse: materialismo en su más pura expresión. Sin embargo, Rothbard, al menos tiene la astucia para darse cuenta de que "De lo que la economía nos informa correctamente no es de que los principios morales son subjetivos, sino de que lo verdaderamente subjetivo son las utilidades y los costos", 'La ética de la libertad', Unión Editorial, Madrid 1995, pp. 277-8.

(13) La idea de Buchanan está citada por Alberto Benegas Lynch (h), 'Hacia el Autogobierno', op. cit., p. 311. En cuanto a la imposibilidad de la existencia del gobierno limitado (al estilo propuesto por el liberalismo clásico) sin duda es interesante el punto de vista de Anthony de Jasay en su 'Against politics' (Routledge, Londres 1997), en particular el capitulo 2 'Is Limited government possible?'.

(14) 'Doctrina Social de la Iglesia', op. cit., p. 186.

(15) Ibíd., p. 68.

(16) Op. cit., p g. 44. Supongo que, el autor, con esto quiere significar que, aun cuando se hace el bien, en realidad, la persona actúa porque considera que lo mejor para él es realizarlo. Es decir que, en última instancia, incluso en este caso, el principio de acción es egocéntrico (por no decir egoísta). Sin duda, ésta es una afirmación exagerada. Es cierto que el propio bien consiste en hacerlo a los demás, y es bueno no perder de vista esta idea, pero me parece que todos conocemos personas que, alguna vez, han actuado en bien del prójimo sin pensar en el propio yo. Aún más, algunos psicólogos aseguran que, en muchos casos, la última ratio de la acción de una persona sana es inconsciente a su ego (actúa, psicológicamente, en forma refleja) y es el bien del más próximo, por ejemplo, cuando un hijo corre grave riesgo inmediato. Pero más allá de

estas disquisiciones, recordemos que (ver 'El bien y el mal' en el Capítulo I, Parte Primera) el bien es uno sólo y se 'confunde', es decir que, cuando se hace el bien, es para todos a la vez.

(17) Quizás el caso más sintomático sea la filosofía 'objetivista' de Ayn Rand que escribió que "Mi filosofía... es el concepto del hombre... con su propia felicidad como el propósito moral de su vida, con la productiva realización como su más noble actividad, y la razón como su único absoluto" (Apéndice de 'La Rebelión de Atlas'). Solamente el título de una de sus obras, 'La virtud del egoísmo', es por demás claro; sin embargo, en éste escrito, llega a afirmar que la ética es una necesidad objetiva, metafísica, para la supervivencia del ser humano- no por gracia de lo sobrenatural ni de sus vecinos ni de sus caprichos, sino por mandamiento de la realidad y la naturaleza de la vida. Es decir que, aun cuando niega lo sobrenatural, al menos admite la 'objetividad' y la 'necesidad natural' de la ética.

(18) El poeta estadounidense, Robert Frost, lo escribe del siguiente modo, sin disimular, por cierto, el amor por su patria: "Tengo un sueño. Me niego a aceptar el fin del hombre. Creo que el hombre perdurará. El prevalecerá. El hombre es inmortal, no porque solo entre las criaturas de Dios él tiene voz sino porque tiene un alma, un espíritu capaz de compasión, sacrificio, y paciencia. Entre América y los americanos esto es particularmente cierto. Es un país fabuloso, el único país fabuloso, en donde los milagros no sólo ocurren, sino que ocurren todo el tiempo", citado en 'Remembering Great Men', Charlton Heston, Imprimis, Hillsdale College, Hillsdale Michigan, May 1997, Volume 26, Number 5, p. 8.

(19) Se me dirá que las ideas de Marx, si bien ahora quedaron en poco o nada, en su momento edificaron grandes reinos del terror. Esto es falso. Sin duda, semejante actitud, la de creer que las ideas humanas son tan poderosas como para provocar 'grandes revoluciones', es racionalista, por cuanto supone que la razón individual tiene un poder mucho más importante de lo que claramente posee. Dictadores como Stalin, por caso, sólo utilizaron las ideas de Marx como 'excusa'. Me atrevería a decir más, me atrevería a decir que Marx se horrorizaría ante los hechos que protagonizó el líder soviético. Pero lo cierto es que, ni siquiera los acontecimientos atribuidos a este dictador fueron, estrictamente, de su exclusiva responsabilidad. Stalin, poco hubiera podido de no ser por la violencia de sus conciudadanos y el apoyo crucial que recibió de parte de los 'Aliados'. Estas matanzas y guerras atroces se produjeron porque, todos los seres humanos involucrados, directa o indirectamente, creían en la violencia, es decir, descreían de la vida y, consecuentemente, mucha vida humana terminó perdiéndose. Definitivamente, difícilmente existe tal cosa como guerra justa. De modo absolutamente necesario e inevitable, para que exista una guerra, hacen falta dos lados violentos. Es un absurdo metafísico el que pueda existir una guerra si una de las partes trabaja verdaderamente por la vida (por caso, no recuerdo que, ni siquiera dictadores de la talla de Stalin o Hitler, hayan osado atacar al Vaticano, a pesar del odio que le tenían; y tampoco a Suiza). En fin, a lo que quiero llegar es a que, definitivamente, las ideas de Marx lograron nada, los homicidios y destrucciones que se le atribuyen, fueron el resultado que de suyo involucraba la falta de respeto que la humanidad, en su conjunto, tenía por la vida humana, incluso la propia. Debemos tener claro, por cierto, que un sólo niño que hubiera muerto es un hecho atroz, pero el planteo es inverso. Lo cierto es que, todos los niños reciben la vida gratuitamente de Dios, a través de los padres (y la necesaria colaboración de la sociedad), a partir de aquí, la vida debe construirse. Así, lo atroz es que no se haga nada para construir la vida, porque desde aquí, la muerte es sólo un trámite.

(20) Probablemente fue Sócrates, el primer antecedente de lo que, en filosofía del derecho, se conoce como iusnaturalismo, al 'proponer' una idea de Dios, un tanto desdibujada, pero ordenador del mundo físico a la vez que legislador universal que establece leyes, no escritas, que deben respetarse tanto o más que las humanas. Por su parte, la Stoa (escuela fundada por Zenón de Citio, 350-264 a. C.) sostenía, de modo categórico, que la ley natural es anterior a la formulada por los hombres, y que ésta es la misma ley divina que rige al mundo. En esta afirmación aparece, por primera vez, la noción de 'lex aeterna', con lo cual, los estoicos, serían los iniciadores del iusnaturalismo de origen divino; sin olvidar, por cierto, la falta de trascendencia en su idea de Dios. San Agustín, probablemente recoge, a través de Cicerón, la noción estoica de 'lex aeterna', cuya grabación en la conciencia humana es la 'lex naturalis'. Así, se convierte en el primer gran sistematizador del derecho natural con raíz trascendente, y de aquí el lugar destacado que ocupa en la filosofía del derecho. Por otro lado, y más tarde, aparecen Hugo Grocio (1583-1645), que puede ser considerado el iniciador del 'iusnaturalismo' sin fundamento teológico, y Samuel Pufendorf (1632-1694), que intenta construir un sistema de derecho natural con absoluta prescindencia de cualquier elemento teológico o revelado. Estos dos últimos podrían considerarse como los padres del 'iusnaturalismo racionalista', que es diferente (aunque el resultado práctico final casi se confunde) a lo que en este ensayo defino como racionalismo 'iusnaturalista', en donde, con racionalismo, solamente hago referencia a que se pretende que, con la 'razón absoluta', puede y debe conocerse cuasi 'perfectamente' y, luego, imponerse (coercitivamente, de modo que se realice necesariamente), un supuesto orden natural. Finalmente, Christian Thomasius (1655-1728), 'logra' escindir el derecho de la moral, antecedente de Kant y del positivismo jurídico. La raíz del racionalismo 'iusnaturalista' queda, a mi modo de ver, muy claramente explicitado por el liberal Murray N. Rothbard quien escribió que "... los griegos elaboraron una teoría- un modo de razonar y un método de hacer ciencia -que más tarde llegaría a denominarse ley natural" ('Historia del Pensamiento Económico', Tomo I, Unión Editorial, Madrid 1999, p. 31), es decir, claramente para Rothbard el orden natural deja de ser algo preexistente que la mente humana solo descubre pobremente, débilmente, para pasar a ser algo que el cerebro humano puede, de algún modo, establecer.

(21) "La justa autonomía de la razón práctica significa que el hombre posee en sí mismo la propia ley, recibida del creador. Sin embargo, la autonomía de la razón no puede significar la creación, por parte de la misma razón, de los valores y de las normas morales", Juan Pablo II, Encíclica 'Veritatis Splendor', Roma 1992, n. 40. Es decir, 'el hombre posee en sí mismo la propia ley, recibida del creador', de modo que no hay nada para crear ni nada para imponer porque ya 'está la ley en el corazón del hombre', de cada persona humana.

(22) n. 1960.

(23) S.Th., Introducción de la Parte Primera, q. 1, a. 1. San Agustín también es muy claro al respecto: "Cosa muy ardua y rarísima es, amigo Cenobio, alcanzar el conocimiento y declarar a los hombres el orden de las cosas, ya el propio de cada una, ya sobre todo el del conjunto o universalidad con que es moderado y regido este mundo", 'Del Orden', Libro Primero, Capítulo I, 'Todo lo dirige la Divina Providencia' (I, I, 1); Obras de San Agustín, Biblioteca de Autores Cristianos (Edición Bilingüe), EDICA SA, Madrid 1970, Tomo I, p. 594.

(24) n. 66.

(25) Ver 'Le Droit Naturel' (Ed. Galláimard 1972), y su escrito del año 1800 'Positivité du Christianisme' (Nohl, 141).

(26) ver su 'Teoría General del Derecho y el Estado' (1944), Harvard University Press. Kelsen es, sin duda, lo más coherente que existe para sostener los sistemas jurídicos estatales actualmente imperantes en el común de los países. Estos sistemas están basados en el Estado violento, en la violencia. Consecuentemente, deben justificarse a partir de una 'independización' de la moral y el derecho, al estilo de la sostenida por Christian Thomasius. Sin duda, los demás sostenedores del actual sistema jurídico coercitivo son racionalistas (incluidos los 'iusnaturalistas') kelsenianos, aunque no lo quieran admitir.

(27) Sin duda, el sistema hegeliano (y, consecuentemente, el racionalista 'iusnaturalista') constituye una heteronomía. Al respecto de este tipo de ideas, dice Juan Pablo II en la Encíclica 'Veritatis Splendor' (Roma 1993, n. 41): "En realidad, si heteronomía de la moral significase negación de la autodeterminación del hombre o imposición de normas ajenas a su bien, tal heteronomía estaría en contradicción con la revelación de la Alianza y de la Encarnación redentora, y no sería más que una forma de alienación, contraria a la sabiduría divina y a la dignidad de la persona humana". Nótese que se refiere al hombre como persona individual. Para justificar esto Juan Pablo continúa afirmando (n. 43) "Pero la sabiduría de Dios es providencia, amor solícito... Dios provee a los hombres de manera diversa respecto a los demás seres que no son personas: no 'desde fuera', mediante leyes inmutables de la naturaleza física, sino 'desde dentro', mediante la razón que, conociendo con la luz natural la ley eterna de Dios, es por esto mismo capaz de indicar al hombre la justa dirección de su libre actuación. De esta manera, Dios llama al hombre a participar de su providencia, queriendo por medio del hombre mismo... dirigir el mundo: no sólo el mundo de la naturaleza, sino también el de las personas humanas". Nótese que la violencia pertenece a la naturaleza física, en tanto que no (en sentido excluyente) pertenece a la naturaleza humana (metafísica).

(28) 'Statism: The Opiate of the Elites', Imprimis, Hillsdale College, Hillsdale, Michigan, May 1997, Volume 26, Number 5, p. 2.

(29) 'Historia de la Teoría Política', Fondo de Cultura Económica, México 1945, p. 589.

(30) Op. cit., p. 10.

(31) Ibíd., p.40.

(32) Ibíd., p. 85.

(33) Ibíd., p. 10.

(34) Citada por el mismo Ibáñez Langlois, op. cit., p. 10.

(35) Juan XXIII, en ocasión de la apertura del Concilio Vaticano II, aseguró que "Esta doctrina es, sin duda, verdadera e inmutable, y el fiel debe prestarle obediencia, pero hay que investigarla y exponerla según las exigencias de nuestro tiempo. Una cosa, en efecto, es el depósito de la fe o las verdades que contiene nuestra venerable doctrina, y otra distinta es el modo como se enuncian estas verdades, conservando, sin embargo, el mismo sentido y significado", L'Osservatore Romano, El Vaticano, 12 octubre 1962, p. 2.

(36) Debate sobre '¿El fin de la historia?', revista Facetas no. 89, USIA, Washington DC, 3/90, pp. 10-11.

(37) Ya Adam Ferguson lo describía de la siguiente manera: "Cuando la humanidad actúa en el presente siguiendo sus inclinaciones, cuando apunta a eliminar inconvenientes o a obtener ventajas aparentes y contingentes, conduce a metas que no hubiera podido anticipar incluso en su imaginación ... Cada paso y cada movimiento de la gente, incluso lo que se considera las épocas de mayor esplendor, se llevan a cabo, en este sentido, ciegamente hacia el futuro y las naciones se encuentran con instituciones que en realidad son el resultado de la acción humana pero no corresponden al designio humano", 'An Essay on the History of Civil Society', Edimburgh University Press, 1966 (1767), p. 123.

(38) "Todos pueden alcanzar este amor a través de la meditación, del espíritu de la oración y del sacrificio, por medio de una intensa vida interior", Madre Teresa de Calcuta. Por otra parte "...debemos recordar que la verdadera fuente de nuestra seguridad y nuestras libertades no es secular sino espiritual. Hasta que recapturemos esta verdad, la relación entre el individuo y el estado permanecerá desencontrada y continuaremos poniendo al Becerro de Oro delante de la Regla de Oro", Theodore J. Forstmann, 'Statism: The Opiate of the Elites', Imprimis, Hillsdale College, Hillsdale, Michigan, May 1997, Volume 26, Number 5, p. 5.

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