el orden natural de la sociedad notas
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EL FUTURO, DE LA ESPERANZA
 

Alejandro A. Tagliavini

 

 

 

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Notas al Capítulo II:

(1) "La persona humana necesita de la vida social. Esta no constituye para ella algo sobreañadido, sino una exigencia de su naturaleza. Por el intercambio con otros, la reciprocidad de servicios y el diálogo con sus hermanos, el hombre desarrolla sus capacidades; así responde a su vocación (cf. GS 25, 1)", C. Ig. C., n. 1879. Por otro lado, J. M. Ibáñez Langlois señala, con acierto, que "Todos los hombres están interiormente 'conectados' entre sí de un modo ontológico invisible, si bien la insistencia bíblica en su condición de personas -como imagen de Dios- nos aleja enteramente del modelo de 'organismo' social celular, propuesto por las ideologías socialistas", 'Doctrina Social de la Iglesia', Editorial Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile, 1988, p. 52.

(2) Desde un punto de vista psicológico, la mejor definición del amor que he podido encontrar, probablemente, sea la que da M. Scott Peck en 'La nueva psicología del amor' (Emecé Editores, Buenos Aires 1989, pp. 83-4-5): "la voluntad de extender el sí mismo de uno con el fin de promover el crecimiento espiritual propio o de otra persona", y más adelante "... el proceso de extender el propio ser de uno es un proceso de evolución... de manera que el acto de amar es un acto de auto evolución aun cuando la finalidad del acto sea el crecimiento de otra persona..."; y luego "... el acto de extender los límites de uno mismo implica esfuerzos... nuestro amor se demuestra sólo a través de nuestras obras... supone esfuerzos... es un acto de la voluntad, es intención y acción... implica elección... decidimos amar". Por su lado santo Tomás afirma que "Amar es desear el bien a alguien", S. Th., I-II, q. 26, a. 4. Sin duda resulta sugestivo el siguiente párrafo del controvertido Erich Fromm: "Ese deseo de fusión interpersonal (el amor) es el impulso más poderoso que existe en el hombre: Constituye su pasión más fundamental, la fuerza que sostiene a la raza humana, al clan, a la familia y a la sociedad. La incapacidad para alcanzarlo significa insania o destrucción- de sí mismo o de los demás - Sin amor, la humanidad no podría existir un día más", 'El Arte de Amar', Editorial Paidós, Buenos Aires, 1966, pp. 30-31. Estas citas vienen al caso porque, para entender el resto del ensayo, es importante comprender que, si bien el ser humano es imperfecto y, en consecuencia, capaz de cualquier maldad, el balance final de la acción humana, como género, será necesariamente positivo, de otro modo se autodestruiría, lo que es contrario a la evidencia histórica. Pero en fin, volviendo a esta digresión sobre el sexo, es muy sabido entre los psicólogos (aunque muchos intentan taparlo), lo destructivo que puede resultar su utilización evitando la posibilidad de vida. Algunos profesionales aseguran que, finalizado el acto sexual, el físico de la mujer nota la falta del esperma, lo que le produce trastornos psicológicos. En el caso de anticonceptivos que permiten la llegada del esperma, pero inhiben la fecundación del óvulo, están por demás probados los efectos secundarios desastrosos que éstos producen. Luego sucede que los matrimonios no funcionan o son mediocres, sin duda, aquí puede estar la raíz de los problemas. "La realización más maravillosa del matrimonio es crear una nueva vida... Como toda realización de importancia, debe ser precedida de una larga serie de complicados acontecimientos tales como la mutua atracción del hombre y la mujer desde el punto de vista físico, entretejida con tiernos sentimientos de amor. Dada la intensidad de dichos sentimientos, éstos pueden contribuir a la más gratificante de las experiencias humanas o... a un conflicto emocional, preocupaciones y hasta enfermedad física. Las actitudes de los futuros padres respecto del amor y el sexo, determinan en gran parte su felicidad y sabiduría en el cuidado de sus niños. ¿Acaso el niño no es el resultado de las relaciones sexuales entre el padre y la madre? Son muy afortunadas, por cierto, las familias cuyos progenitores se aman, desean tener hijos...", Florence L. Swanson, 'Desarrollo físico y cuidado del niño', en 'Comprenda a su hijo', Edith Buxbaum, Ediciones Hormé, Buenos Aires 1959, p. 17.

(3) S.Th., I-II, q. 1, a. 2.

(4) Ibid, I-II, q. 1, a. 6.

(5) Ibid, I-II, q. 1, a. 7. "Si el fin atrae es precisamente porque es bueno, y porque, en cuanto tal, puede perfeccionar a otros: esta es la raíz de su apetibilidad, lo que hace que se desencadene la actividad del agente que va en pos de su propia perfección. En resumen: el fin, 'aquello a lo que tiende el que obra, es necesariamente algo adecuado para él, ya que no se movería a conseguirlo sino en virtud de alguna conveniencia. Y como lo que es apropiado para alguien, es su bien, resulta que todo agente obra por el bien' (Tomás de Aquino, Summa contra gentiles, III, 3)... Además, todas las criaturas, al tender a la perfección de su especie, se ordenan a asemejarse a Dios en la medida de su participación en el ser..." , Tomás Alvira, Luis Clavell, Tomás Melendo, 'Metafísica', EUNSA, Pamplona 1986, pp. 220 y 226.

(6) Algunos católicos aseguran que, al ser el hombre pecador, se justifica el empleo de la coerción o coacción (violencia, al fin de cuentas) de modo de corregir o, al menos, evitar o contener, su 'natural tendencia pecadora'. Lo que en la actualidad les ha servido para, finalmente, proponer un tipo de sociedad muy parecido al que proponen los 'neoliberales'. En primer lugar, a mi modo de ver, esto contradice lo que santo Tomás afirma, según hemos visto al estudiar el Orden Natural. En segundo lugar, toda evidencia empírica indica que la violencia siempre empeora cualquier situación. Pero más allá de estas consideraciones, lo cierto es que, el hecho de que el hombre, efectivamente, sea imperfecto y tenga, inevitablemente, un lado 'oscuro' que en algún momento lo hará pecar, nada tiene que ver con violar la naturaleza de las cosas. Es decir, que al utilizar la violencia, lo que se está haciendo, primero, es violar el orden natural y, luego (insisto, luego) intentar violar el libre albedrío (la naturaleza) de la persona violentada. Para dejar este punto debidamente aclarado y terminado, quiero citar una obra que no puede ser tildada de 'permisiva', en las 'Las Tres Edades de la Vida Interior', R. Garrigou-Lagrange, O.P., nos dice que "El primer hombre, por su pecado,... nos transmitió una naturaleza caída, privada de la gracia y herida. Sin caer en las exageraciones de los jansenistas, preciso es reconocer, ... que venimos al mundo con la voluntad alejada de Dios...." (II, cap. 3; Ed. Desclée, De Brouwer, Buenos Aires 1950, p. 333). Efectivamente, nuestra voluntad alejada de Dios, pero nunca la de Dios alejada de la nuestra. Esto le sirve a Garrigou-Lagrange para justificar la mortificación, la propia negación en función del amor a Dios y, le sirve también, para alentar a vencer la pereza a la hora de ayudar al prójimo. Pero de ninguna manera para justificar a la violencia contra terceros, porque esto, simple y sencillamente, significaría pecar contra Dios y Su orden natural (Su voluntad hacia nosotros). Pero, además, aclara que el jansenismo es una deformación pesimista de la idea cristiana de penitencia, exagerando la idea del pecado original "hasta el extremo de decir que el hombre no conserva ya el libre albedrío... y que todos los actos de los infieles son pecado... el hombre durante toda su vida debe hacer penitencia... En consecuencia, retenían a las almas, toda la vida, en la vía purgativa", op. cit, p. 325. El C. Ig. C. (n. 420) no deja dudas: "La victoria sobre el pecado obtenida por Cristo nos ha dado bienes mejores que los que nos quitó el pecado: 'Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia' (Rm 5, 20)". Una explicación teológica más precisa es la siguiente "El estado de perfección puramente natural no ha existido. Es una mera hipótesis. La providencia divina..." (al hombre) "...lo creó en estado de gracia y lo destinó al fin que es la bienaventuranza o el mismo Dios visto, amado y gozado en su más profunda realidad. En este estado vivió no sabemos cuanto tiempo. Pero pecó y perdió la gracia. Su pérdida no supuso la pérdida del destino; pecador y sin gracia, siguió destinado a la gloria, a la que no podía llegar por carecer del medio que conduce a ella que era la gracia misma. Aparecen entonces en los planes divinos el redentor y la redención, con la que se recuperaría la gracia y se rehabilitaría el hombre. Es el estado del hombre caído y redimido. Este no recibe la gracia como la recibió el hombre primitivo, sobre una naturaleza natural, pura y limpia; la recibe sobre una naturaleza sucia y pecadora, y produce un efecto añadido al que produjo en el primer hombre. A éste lo santificó haciéndole hijo de Dios. Al hombre caído, previamente lo limpia, porque la gracia divina, que es participación de la naturaleza de Dios, es incompatible con la suciedad y el desorden del pecado. ...Es la gracia de la justificación que se desdobla en dos. Se trata de una misma realidad ontológica, que tiene virtualidades distintas... la de quitar el pecado y la de dar la filiación divina, comunicando la participación de la misma naturaleza de Dios. ...La gracia que sana o limpia y la que eleva y promociona no se pueden separar. Separarlas sería caer en un estado de naturaleza natural o pura. ... persona sin pecado y sin filiación divina. ... que sepamos, no entra en los planes de Dios.", según escribió Emilio Sauras O.P. en 'El Sacrificio de la Misa', Ediciones Palabra, Madrid 1980, pp. 116-7.

(7) El proceso metafísico, que ya hemos estudiado, es el siguiente. El orden natural implica un progreso hacia el último fin, el bien. De modo que, necesariamente, nos dirige al bien; consecuentemente, de suyo, de algún modo, evita el mal. Esto no significa que el hombre no pueda actuar mal, significa que el orden natural, por sí mismo, lo ignorará y, consecuentemente, en la medida en respetemos a la naturaleza de las cosas, evitaremos el mal.

(8) Esto ocurre, incluso (o más aún, diría) en el campo del conocimiento humano. La gran pregunta que nos había quedado pendiente es: si el conocimiento a partir del ser humano es relativo, parcial y mezclado con muchos errores ¿quién o cómo se decide qué es conocimiento científico válido? Paul Fereyabend (ver 'Adiós a la razón', Ed. Tecnos, Madrid 1996) asegura que "...la elección de programas de investigación en todas las ciencias es una tarea en la que deben participar todos los ciudadanos... " (en) "Esta democratización de la ciencia y de otras formas de conocimiento ...el curso más racional de acción a tomar es: si debe existir una elección, pero no hay garantía de éxito, entonces la elección deberá dejarse a aquellos que paguen la política elegida y que sufran sus consecuencias. En tales circunstancias, dejar la ciencia a los científicos significaría abandonar nuestra responsabilidad ante una de las instituciones más poderosas y, si no se toman grandes precauciones, también mortales de nuestro medio, mortal para las mentes tanto como para los cuerpos", ('Ciencia: ¿Grupo de presión política o instrumento de investigación?', en op. cit., p. 119); y anteriormente "Es verdad que ocasionalmente la gente ha sacado provecho de los resultados científicos, pero no comprendieron lo que sucedía, no tenían nada que decir sobre el tema, se mantenían en un estado de ignorancia, y, por otra parte, se producían muchos fracasos y desastres. Las instituciones se hicieron más humanas, pero, de nuevo, poco tiene que ver esto con las ciencias. Una total democratización del conocimiento podría haber restaurado por lo menos parte del contexto más amplio, habría establecido un nexo real y no meramente verbal con la humanidad, y habría podido llevar a una auténtica ilustración..." (op. cit, p. 100). En fin, se acerca a una respuesta a nuestra pregunta al afirmar que, el conocimiento, debería acercarse más a un 'proceso democrático'. Dado que, finalmente, el saber válido debería ser el que la gente acepta como tal (esto es fácil de visualizar en el mercado natural, en donde la gente en un proceso democrático decide que le sirve y que no). Sin duda, y salvando la distancia infinita, la última (mejor dicho, la primera) fundamentación teológica de esta última afirmación tiene que ver con que "'La totalidad de los fieles... no puede equivocarse en la fe. Se manifiesta esta propiedad suya, tan peculiar, en el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo: cuando 'desde los obispos hasta el último de los laicos cristianos' muestran estar totalmente de acuerdo en cuestiones de fe y de moral' (LG 12)... 'El Espíritu de la verdad suscita y sostiene este sentido de la fe. Con él, el Pueblo de Dios, bajo la dirección del Magisterio... se adhiere indefectiblemente a la fe transmitida a los santos de una vez para siempre, la profundiza con un juicio recto y la aplica cada día más plenamente en la vida' (LG 12)", C. Ig. C., nn. 92-3. Lo que en realidad ocurre, completando la idea de Feyerabend, es que el orden natural se encargará de decidir que es científicamente válido y que no, 'registrando' lo bueno e ignorando lo malo ('democráticamente' a través de las personas que triunfarán en la medida en que respeten el orden natural) . El orden natural (como que dirige a la vida, al bien), de alguna manera (básicamente, por 'descarte': quién tiene un conocimiento errado, que no conduce a la vida, o lo olvida o desaparece y, con él, el saber no válido), provoca la selección de aquellas ideas que conducen al bien, sosteniéndolas a través del tiempo. De este modo progresa el mundo a pesar de tantos errores científicos. De aquí el respeto que merecen las tradiciones y costumbres. Y descarta para el 'olvido' las ideas malas, aun cuando puedan ser históricamente recordadas (recordamos las ideas de Marx pero ya nadie las aplica, al menos no en forma sustancial). Así, es curioso observar como, a través del tiempo, pensadores y escuelas, van tamizando sus posiciones, adaptando de la otra lo bueno y descartando lo malo propio, hasta parecerse cada día más. Hoy en día, por caso, hasta los estatistas más fanáticos (hasta la China comunista) reconocen, en alguna medida, el valor de la 'economía de mercado' que durante tantos años el liberalismo, aunque con los equívocos que estudiaremos, ha pregonado con insistencia. Por su lado, el liberalismo ha hecho un esfuerzo en el sentido de desentenderse definitivamente de la Ilustración y la Enciclopedia. "...toda innovación lo es, en último término, si mejora los fines subjetivos del ser humano de su tiempo y al que le llega la información. Esa innovación será más perdurable y menos fugaz en la medida en que los fines subjetivos del ser humano se aproximen más o menos a los auténticos objetivos del mismo", asegura José Juan Franch, 'La Fuerza Económica de la Libertad', Unión Editorial, Madrid 1998, p. 125. S.S. Juan Pablo II, lo deja muy claro, refiriéndose al conocimiento moral, de la ley natural, al Conocimiento, en definitiva, afirma que "...el progreso mismo de las culturas demuestra que en el hombre existe algo que las trasciende. Este 'algo' es precisamente la naturaleza del hombre: precisamente esta naturaleza es la medida de la cultura y es la condición para que el hombre no sea prisionero de ninguna de sus culturas, sino que defienda su dignidad personal viviendo de acuerdo con la verdad profunda de su ser", Encíclica 'Veritatis Splendor', Roma 1993, n. 53.

(9) Encíclica 'Pacem in Terris', Introducción 4, 5 y 6; Roma, 1963.

(10) Antes de entrar en esta nota quiero aclarar, de acuerdo con lo que dije en la Introducción con respecto a las connotaciones de las palabras, que 'capitalismo' no define nada con precisión. Efectivamente, la Rusia comunista, por ejemplo, era capitalista, aunque de Estado, pero tenía capitales e intentaba hacerlos producir. De cualquier manera, esta palabra, comúnmente, es utilizada para definir un sistema socioeconómico que surge dentro de una sociedad con un Estado menos coercitivo que el total marxista. Personalmente, reivindicaré la palabra capitalismo solamente en la medida en que signifique ausencia de violencia como método sistemático para 'organizar' a la sociedad. Hecha la aclaración, recordemos que Max "...Weber detectó algo nuevo, un nuevo Geist o espíritu o inspiración cultural, un nuevo sistema de actitudes sociales y hábitos. Puede haber errado al llamarlo Protestante. Pero no erró al identificar una dimensión moral y cultural interna al capitalismo. En un modo totalmente diferente Adam Smith había hecho lo mismo un siglo antes, en su La teoría de los sentimientos morales", asegura Michael Novak, en 'The Catholic Ethic and the Spirit of Capitalism', Ed. The Free Press, Macmillian Inc., New York 1993, pp. 7-8. Ver también del mismo autor 'An Invisible Hand?', en 'The Spirit of Democratic Capitalism', Madison Books, Lanham, New York 1991, p. 113. Sin embargo, está claro que Adam Smith no entendió de qué se trataba la moral, de hecho, fue, sino el más importante, uno de los más importantes exponentes de la 'moral de la simpatía' (ver 'Theory of Moral Sentiments') según la cual un acto es bueno o malo según suscite sentimientos de simpatía o antipatía. Con respecto a la idea de que el capitalismo es más Protestante que perteneciente a cualquier otra religión, resulta sintomática la posición de algunos católicos, como Amitore Fanfani que, en su 'Catolicismo, Protestantismo y Capitalismo', publicado en el año 1935, asegura que este 'sistema económico' es propio del protestantismo y contrario al espíritu de la doctrina de la Religión romana. Lo que no es descabellado en la medida en que 'capitalismo' signifique un mercado con intervención coercitiva estatal, según veremos.

(11) Ver lo referido en la nota 32 al Capítulo IV siguiente.

(12) S.S. Juan Pablo II denuncia que: "Para algunos, el comportamiento concreto sería recto o equivocado según pueda o no producir un estado de cosas mejor para todas las personas interesadas: sería recto el comportamiento capaz de 'maximalizar' los bienes y 'minimizar' los males... Este 'teleologismo', como método de reencuentro de la norma moral, puede, entonces, ser llamado... 'consecuencialismo' o 'proporcionalismo'. El primero pretende obtener los criterios de la rectitud de un obrar determinado sólo del cálculo de las consecuencias que se prevé pueden derivarse de la ejecución de una decisión. El segundo, ponderando entre sí los valores y los bienes que persiguen, se centra más bien en la proporción reconocida entre los efectos buenos o malos, en vista del 'bien más grande' o del 'mal menor', que sean efectivamente posibles en una situación determinada... aun reconociendo que los valores morales son señalados por la razón y la revelación, no admiten que se pueda formular una prohibición absoluta de comportamientos determinados" (recordemos que, de acuerdo al 'no matarás', pesa una prohibición absoluta sobre la violencia) "que, en cualquier circunstancia y cultura, contrasten con aquellos valores... En un mundo en el que el bien estaría siempre mezclado con el mal y cualquier efecto bueno estaría vinculado con otros efectos malos, la moralidad del acto se juzgaría de modo diferenciado: su 'bondad' moral sobre la base de la intención del sujeto, referida a los bienes morales, y su rectitud sobre la base de la consideración de los efectos o consecuencias previsibles y de su proporción. Por consiguiente, los comportamientos concretos serían cualificados como 'rectos' o 'equivocados', sin que por esto sea posible valorar la voluntad de la persona que los elige como moralmente 'buena' o 'mala'. De este modo, un acto que, oponiéndose a normas universales negativas viola directamente bienes considerados como pre-morales, podría ser cualificado como moralmente admisible si la intención del sujeto se concentra, según una 'responsable' ponderación de los bienes implicados en la acción concreta, sobre el valor moral reputado decisivo en la circunstancia. La valoración de las consecuencias de la acción, en base a la proporción del acto con sus efectos y de los efectos entre sí, sólo afectaría al orden pre-moral... En esta perspectiva, el consentimiento otorgado a ciertos comportamientos declarados ilícitos por la moral tradicional no implicaría una malicia moral objetiva... El no poder aceptar las teorías de las teorías 'teleológicas', 'consecuencialistas' y 'proporcionalistas' que niegan la existencia de normas morales negativas relativas a comportamientos determinados y que son válidas sin excepción, halla una confirmación particularmente elocuente en el hecho del martirio cristiano, que siempre ha acompañado y acompaña la vida de la Iglesia", Encíclica 'Veritatis Splendor', Roma 1993, nn. 74-5 y 90.

(13) Ver 'El racionalismo iusnaturalista' en el Capítulo III siguiente.

(14) S.Th., I, q. 103, a. 6. Es importante notar que, según iremos estudiando más adelante, "La subordinación de las causas segundas a Dios no disminuye, sino que fundamenta la eficiencia del obrar creado", Tomás Alvira, Luis Clavell, Tomás Melendo, 'Metafísica', EUNSA, Pamplona 1986, p. 240.

(15) "La libertad del hombre y la ley de Dios se encuentran y están llamadas a compenetrarse entre sí, en el sentido de la libre obediencia del hombre a Dios y de la gratuita benevolencia de Dios al hombre. Y por tanto, la obediencia a Dios no es, como algunos piensan, una heteronomía, como si la vida moral estuviese sometida a la voluntad de una omnipotencia absoluta, externa al hombre y contraria a la afirmación de su libertad... En efecto, la fuerza de la ley reside en su autoridad de imponer unos deberes, otorgar unos derechos y sancionar ciertos comportamientos: 'Ahora bien, todo esto no podría darse en el hombre si fuese él mismo quién, como legislador supremo, se diera la norma de sus acciones'. Y concluye: 'De ello se deduce que la ley natural es la misma ley eterna, ínsita en los seres dotados de razón, que los inclina al acto y al fin que les conviene; es la misma razón eterna del Creador y gobernador del universo'", Juan Pablo II, Encíclica 'Veritatis Splendor', Roma 1993, nn. 41 y 44. La cita es de León XIII, Encíclica 'Libertas Praestantissimum' (20 junio 1888): Leonis XIII P.M. Acta VIII, Romae 1889, 219.

(16) C. Ig. C., n. 1903.

(17) Ibíd., n. 2235.

(18) En este caso "Nuestros actos, al someterse a la ley común, edifican la verdadera comunión de las personas y, con la gracia de Dios, ejercen la caridad, 'que es el vínculo de la perfección' (Col 3, 14). En cambio, cuando nuestros actos desconocen o ignoran la ley, de manera imputable o no, perjudican la comunión de las personas, causando daño", Juan Pablo II, Encíclica 'Veritatis Splendor', Roma 1993, n. 51.

(19) n. 1897.

(20) n. 1898.

(21) n. 1899.

(22) n. 1901.

(23) n. 1902.

(24) Ed. Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile, 1988.

(25) Ibíd., p. 60.

(26) Ibíd., p. 123. Sin duda deberíamos leer todo el Mensaje Radiofónico de S.S. Pio XII en la víspera de Navidad del año 1942, porque advertiremos muy claramente que su espíritu es contrario a convalidar a la violencia, coerción o coacción como método válido para organizar a la sociedad. De hecho, en particular el párrafo aludido es el siguiente: "Un tal ordenamiento... posee también el poder coactivo contra los que sólo mediante este camino pueden ser contenidos en la noble disciplina de la vida social; pero, precisamente en el justo cumplimiento de este derecho, no habrá jamás una autoridad verdaderamente digna de tal nombre que no sienta la angustiosa responsabilidad ante el Eterno Juez en cuyo tribunal toda falsa sentencia, y sobre todo, todo trastorno de las normas que Dios ha querido..." como "... el positivismo jurídico que atribuye una engañosa majestad a la promulgación de leyes puramente humanas y allana el camino a una funesta separación entre la ley y la moral", recibirá su infalible sanción y condena.

(27) Ibíd., p. 38.

(28) Ibíd., p. 78.

(29) Ibíd., p. 77.

(30) Ibíd., p. 220.

(31) Ibíd., p. 72. Aquí pareciera existir una contradicción seria con sus afirmaciones anteriores, de acuerdo a lo que cité en la nota (25) anterior. Efectivamente, si el 'pecado original no es una fatalidad' no podría justificar ninguna excepción a un precepto negativo (que, por otro lado, de suyo no admite excepciones) como el no a la violencia ('no matarás').

(32) "En otras épocas parecía que la 'naturaleza' sometiera totalmente al hombre a sus dinamismos e incluso a sus determinismos. Aun hoy día las coordenadas espacio-temporales del mundo sensible, las constantes físico-químicas, los dinamismos corpóreos, las pulsiones psíquicas, y los condicionamientos sociales parecen a muchos como los únicos factores realmente decisivos de las realidades humanas. En este contexto, incluso los hechos morales, independientemente de su especificidad, son considerados a menudo como si fueran datos estadísticamente constatadles, como comportamientos observables o explicables sólo con las categorías de los mecanismos psico-sociales... coinciden en olvidar la dimensión creatural de la naturaleza y en desconocer su integridad. Para algunos, la naturaleza se reduce a material para la actuación humana y para su poder", S.S. Juan Pablo II, Encíclica 'Veritatis Splendor', Roma 1993, n. 46.

(33) Los investigadores más serios aseguran que, la 'evasión fiscal', hoy se ubica en alrededor del 40 por ciento.

(34) Con respecto al 'poder real' de las armas militares y las guerras ver 'Las fuerzas de seguridad', en el Capítulo I de la Parte Segunda.

(35) Ver nota 8 anterior.

(36) 'The Treatment of Capitalism by Continental Intellectuals', en 'Capitalism and the Historians', F. A. Hayek, Editor, The University of Chicago Press, 1974, p. 95.

(37) En este sentido, muy acertadamente, la Iglesia advierte que "...la separación entre la fe y la vida diaria, que se evidencia en muchas personas, debe ser considerada como uno de los más graves errores de nuestra época", Constitución 'Gaudium et spes' (n. 43), del Concilio Vaticano II.

(38) Roma 1986, C. II, I, art. 25, firmado Ioseph Card. Ratzinger, Alberto Bovone, Arzobispo.

(39) n. 387.

(40) 'Ascética y Mística de la Libertad', Scripta Theologica 28 (1996/3), Facultad de Teología, Universidad de Navarra, p. 882.

(41) 'El Hombre Light', Ed. Temas de Hoy, Imp. Ed. Planeta Argentina, Buenos Aires, 1996, p. 46.

(42) "Si se niega al niño por nacer este derecho (el derecho a vivir su propia vida), resultar cada vez más difícil reconocer sin discriminaciones el mismo derecho a todos los seres humanos", S.S. Juan Pablo II, Angelus del 4 de septiembre de 1994, L'Osservatore Romano (Edición Semanal en lengua española), El Vaticano, 9 de septiembre de 1994.

(43) Vida, 18, 7.

(44) Encíclica 'Veritatis Splendor', nn. 54, 55 y 56, Roma 1993.

(45) 'De Iustitia et Iure' (Libro V, Cuestión III); citado por A. A. Chafuén en 'Argumentos post Tomistas en favor de la propiedad privada', Libertas, no. 3, ESEADE, Buenos Aires, Octubre de 1985, p. 184. Ver también la cita de santo Tomás en la nota 3, Capítulo VIII, Parte Segunda.

(46) S.Th., II-II, q. 66, a. 1, resp. 2.

(47) "...no existe nada más conforme a la justicia natural que respetar la voluntad de una persona que desea transferir el dominio de sus bienes"..."Toda persona tiene el derecho natural de donar o transferir en la manera que le venga en gana las cosas que legalmente posee", Domingo de Soto, escolástico español, 'De Iustitia', Libro IV, qu. V, fol, 110 (citado por A. A. Chafuén, en 'Argumentos post-Tomistas en favor de la propiedad privada', Libertas, no. 3, ESEADE, Buenos Aires, Octubre de 1985, p. 196).

(48) 'La Teoría del Justo Precio', Madrid, Ed. Nacional, 1981, pp. 167-168.

(49) Una definición clásica, desde el punto de vista del 'marketing', según E. Raymond Corey, asegura que "El precio es una expresión del valor. El valor reposa en la utilidad y en la calidad del producto, en la imagen transmitida a través de la publicidad y la promoción, en la disponibilidad a través de los sistemas de distribución al por mayor y al por menor, y en el servicio relacionado con el producto. El precio es el cálculo que hace el vendedor del valor que todo esto representa para los compradores potenciales, reconociendo las demás alternativas que tienen los compradores para satisfacer una necesidad con ese producto", 'Determinación de los precios: La estrategia y el proceso', en 'La esencia del marketing', Vol. II, Harvard Business School Press, publicada en español por Grupo Ed. Norma, Bogot 1995, p. 115. Ya se ve que utiliza la palabra valor superficialmente, es decir, no como valor moral sino como valor puramente relativo y circunstancial, en definitiva, confunde valor con precio, porque, lo cierto es que, los compradores, no 'valoran' nada, simplemente, de acuerdo a cuanto dinero tengan disponible, cuanta necesidad (utilidad) o gusto tengan por el artículo en cuestión, y de acuerdo, con las ofertas alternativas, es lo que están dispuestos a pagar.

(50) Citado por Jesús Huerta de Soto, en Austrian Economic Newsletter, Summmer 1997, Vol. 17, n. 2, Auburn, Alabama, USA, p. 3.

(51) 'Del Rey y de la Institución Real', en Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, Atlas, 1950, vol. 31, p. 560. Existe la equivocada idea, bastante generalizada, sobre todo hoy en día, de que la moderna teoría del mercado fue, sino desarrollada, al menos, seriamente expuesta, a partir de la escuela escocesa liderada por Adam Smith. Esto es claramente falso. Por el contrario, "En varios sentidos... Adam Smith desvió la economía de su recto camino, el representado por la tradición continental iniciada en los escolásticos medievales y tardíos, y continuada por los escritores franceses e italianos del siglo XVIII, llevándola hacia otro muy diferente y falaz. La 'economía clásica' smithiana... se encenagó en análisis agregativos, en la teoría del valor basada en el coste de producción, en situaciones de equilibrio estático, en la división estática entre 'micro' y 'macro', y en un complejo bagaje de análisis holístico y estático", asegura Murray N. Rothbard ('Historia del Pensamiento Económico', Unión Editorial, Madrid 1999, p. 404). Así es que me parece temerario el atribuir el desarrollo de la teoría del mercado a un grupo en particular, más bien me inclino a pensar en una maduración antigua y lenta a través de los siglos. Sin embargo, es indudable que un grupo de destacados tomistas, en su mayoría jesuitas y algunos dominícos, gran parte de ellos profesores de Moral y Teología en la Universidad de Salamanca, tuvieron mucho que ver en un desarrollo serio y sistemático de la teoría del mercado. "Tengo una carta de Hayek (premio Nóbel, liberal)... en donde... Dice que Rothbard y Marjorie Grice-Hutchinson 'demuestran que los principios básicos de la teoría del mercado competitivo fueron establecidos por los escolásticos españoles del siglo XVI y que el liberalismo económico no fue diseñado por los Calvinistas sino por los jesuitas españoles", asegura Jesús Huerta de Soto (Austrian Economic Newsletter, Summmer 1997, Vol. 17, n. 2, Auburn, Alabama, p. 3.). Una opinión diferente, con la que, finalmente, no coincido, puede leerse en 'Historia de las Teorías del Valor y del Precio' (Parte I), Juan Carlos Cachanosky, Libertas no. 20, ESEADE, Buenos Aires, Mayo de 1994, p. 113 y ss. En cualquier caso, por el nivel intelectual, el prestigio dentro de la Iglesia (dos de estos escolásticos fueron san Bernardino de Siena y san Antonino de Florencia que escribe en 1449 la doctrinalmente tomista Summa Moralis Theologiae que constituye el primer tratado de la nueva ciencia de la Teología Moral), y por la jerarquía que ocupaban (por ejemplo, Diego de Covarrubias y Leyva, era Obispo de Segovia), sin ninguna duda puede decirse que éste fue, hasta hoy, el intento más serio y más válido, dentro de la Iglesia Católica, en el estudio de la economía. Lo que sí logró Adam Smith y sus seguidores, fue dominar el pensamiento económico, terminando con el desarrollo de la escuela 'subjetivista' (aunque no tanto), escolástica, que no sólo había estudiado seriamente al mercado, sino que lo entendía teóricamente. La tradición se mantuvo viva en Francia, en los escritos de Richard Cantillon, Anne Robert Jacques Turgot y Jean-Baptiste Say, y algunos conocimientos pasaron a Inglaterra, a través de los escritos de los teóricos protestantes del 'derecho natural', Hugo Grotius y Samuel Pufendorf. Por cierto que, ésta defensa del mercado, era coherente con la realidad histórica. Recordemos que, la Iglesia, había sido siempre un 'poder' contrario al estatismo. Pero, sobretodo a partir de la Revolución Francesa, se fortalece el racionalismo a la vez que decae el 'poder' de la Iglesia que, consecuentemente, deja de significar un verdadero reto y freno al estatismo. En fin, dejando el tema exclusivamente económico, y ya que estamos hablando de escolásticos, sin duda es interesante la opinión de Joseph A. Schumpeter ('History of Economic Analysis', Oxford University Press, New York, 1954, pp. 81 y ss.) según quién, la ciencia escolástica de la Edad Media, contiene el germen de la ciencia laica del Renacimiento. Fray Roger Bacon y Peter de Maricourt, emplearon notablemente el método experimental en el siglo XIII; el sistema heliocéntrico tuvo su origen dentro de la Iglesia (Cusano era cardenal y Copérnico, canonista); los monjes benedictinos llevaban la delantera en el desarrollo de la ingeniería medieval; ver también 'Dynamo and Virgin Reconsidered', Lynn White jr, The American Scholar, primavera de 1958: 183-212.

(52) 'Competencia y Empresarialidad', Unión Editorial, Madrid 1998, p. 17.

(53) Ibíd., p. 85.

(54) Ibíd., p. 97. La cita es de L. von Mises, 'Human Action', New Haven: Yale University Press, 1949, p. 288.

(55) Ibíd., p. 99.

(56) n. 2425.

(57) n. 1928.

(58) n. 1930.

(59) Encíclica 'Inmortale Dei', nn. 32, 36 y 41, Roma 1885.

(60) 'El significado del proceso de mercado', Libertas, no. 27, ESEADE, Buenos Aires, Octubre de 1997, pp. 128-9-133-4-5-8-9. El Papa Juan Pablo II asegura que "Movido por el deseo de descubrir la verdad última sobre la existencia, el hombre trata de adquirir los conocimientos universales que le permiten comprenderse mejor y progresar en la realización de sí mismo. Los conocimientos fundamentales derivan del 'asombro' suscitado en él por la contemplación de la creación: el ser humano se sorprende al descubrirse inmerso en el mundo, en relación con sus semejantes con los cuales comparte el destino. De aquí arranca el camino que lo llevará al descubrimiento de horizontes de conocimientos siempre nuevos. Sin el asombro el hombre caería en la repetitividad y, poco a poco, sería incapaz de vivir una existencia verdaderamente personal", Encíclica 'Fides et Ratio', Roma 1998, n. 4.

(61) 'Socialismo de Mercado', Libertas no. 27, ESEADE, Buenos Aires, octubre de 1997, p. 167.

(62) Paul A. Samuelson, 'Foundations of Economic Analysis', Harvard University Press, Cambridge, 1947, pp. 117-8.

(63) 'El Descubrimiento Empresarial y el Proceso Competitivo de Mercado: el punto de vista Austriaco', en 'Competencia y Empresarialidad', Unión Editorial, Madrid 1998, p. 275.

(64) 'Wither socialism?', Cambridge, Mass. y Londres: MIT Press, 1994.

(65) Por ejemplo, ver Ludwig M. Lachmann, 'The market as an economic process', Oxford: Basil Blackwell, 1986; 'Austrian economics as a hermeneutic approach', en Don Lavoie, 'Economics and hermeneutics', London: Routledge, 1991, pp. 134-46; y 'From Mises to Shackle: An essay on austrian economics and the kaleidic society', J. Econ. Lit., marzo de 1976, 14 (1) pp. 54-62.

(66) Por ejemplo, Murray N. Rothbard, recensión de 'Austrian economics: tensions and new directions', Southern Econ. J., oct. 1994, pp. 559-60; Joseph T. Salerno, 'Mises and Hayek dehomogenized', Rev. Austrian Econ., 1993, 6 (2), pp. 113-46, y 'Mises and Hayek on calculation and knowledge: Reply', Rev. Austrian Econ., 1994, 7 (2), pp. 111-25.

(67) 'El Descubrimiento Empresarial y el Proceso Competitivo de Mercado: el punto de vista Austriaco', en 'Competencia y Empresarialidad', Unión Editorial, Madrid 1998, p. 293.

(68) En este aspecto (y sin querer entrar en una discusión porque lo mío no es hacer Teología), resulta muy interesante la 'Teología del Trabajo Profesional' que impulsó san Josemaría Escrivá de Balaguer. Por cierto que me estoy refiriendo al aspecto económico del proceso social. Un padre significa una necesidad primaria para un hijo y, sin embargo, no esperaría del infante obtener un gran lucro. Hecha esta aclaración, me interesa señalar que, el racionalismo, ha deformado a tal punto nuestra 'cultura' que, hoy, hay dos prejuicios que resultan difíciles de evitar. Por un lado, la creencia de que si alguien se beneficia, es por que está perjudicando a otro ('la suma cero' que mencionaba Benegas Lynch h.). Y por el otro, el creer que lo material y lo espiritual corren por caminos diferentes, separados, como si nada tuvieran que ver una cosa con otra. Pero lo cierto es que, recordando siempre que lo espiritual manda (por cuanto, en definitiva, el mundo es un devenir dirigido por fuerzas inmateriales, según hemos visto), ambas 'esencias' están íntimamente interrelacionadas. Juan Pablo II, en la Encíclica 'Veritatis Splendor' (Roma 1993, nn. 48-9), es muy claro, y afirma, con respecto a las teorías que pretenden separar, de algún modo, los 'actos físicos de los morales', que en estas teorías "... la naturaleza humana y el cuerpo aparecen como unos presupuestos o preliminares, materialmente necesarios para la decisión de la libertad, pero extrínsecos a la persona, al sujeto y al acto humano. Sus dinamismos no podrían constituir puntos de referencia para la opción moral, desde el momento que las finalidades de estas inclinaciones serían sólo bienes 'físicos', llamados por algunos 'premorales'. Hacer referencia a los mismos, para buscar indicaciones racionales sobre el orden de la moralidad, debería ser tachado de fisicismo o de biologismo... Esta teoría moral no está conforme con la verdad sobre el hombre y sobre su libertad. Contradice las enseñanzas de la Iglesia sobre la unidad del ser humano, cuya alma es 'per se et essentialiter' la forma del cuerpo. El alma espiritual e inmortal es el principio de unidad del ser humano, es aquello por lo cual éste existe como un todo -corpore et anima unus- en cuanto persona. Estas definiciones... recuerdan igualmente el vínculo de la razón y de la libre voluntad con todas las facultades corpóreas y sensibles... Una doctrina que separe el acto moral de las dimensiones corpóreas de su ejercicio... hace revivir, bajo nuevas formas, algunos viejos errores... porque reducen la persona humana a una libertad 'espiritual' puramente formal. Esta reducción ignora el significado moral del cuerpo y de sus comportamientos (cf. 1 Cor 6, 19)". De modo que, queda claro que, siempre con la supremacía del alma, el bien espiritual supone, de suyo, el bien físico y, por cierto, la inversa, esto es, el bien físico (en tanto es resultado del libre albedrío humano, dentro del orden natural) supone el bien espiritual. Así, dentro del orden natural, lo 'normal' es que, cuando un empresario realmente sirve a la sociedad, obtenga lucro en esta medida. En una sociedad, en la medida en que impere el orden natural, es en absoluto imposible que se obtenga bien sin realizar el bien. De aquí que, la obtención de bien es claro índice de estar realizando el bien. Va de suyo que, el bien, es aquello dirigido, dentro del orden natural, hacia el Bien.

(69) 'La Fuerza Económica de la Libertad', Unión Editorial, Madrid 1998, p. 40.

(70) "El nacionalismo aísla a los pueblos en contra de lo que es su verdadero bien", Pablo, Papa VI, Encíclica 'Populorum Progressio', El Vaticano 1967, Segunda Parte, II, 62.

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