Economista colombiano, debe ser considerado perteneciente a la escuela del nuevo institucionalismo económico.
Nació en Barranquilla el 12 de agosto de 1943. Estudió en los USA, en University of New hampshire, Durham, N.H., (1963-1967) y en la New School for Social Research, Nueva York (1967-1970). Fue investigador visitante en el Institute for Development Studies, University of Sussex, Inglaterra, donde trabajó sobre teoría del desarrollo económico (1979-1980).
Fue profesor de Economía en la Universidad Nacional de Colombia (1970-1998) y decano de la Facultad de Ciencias Económicas (1990-1993). Ha colaborado como investigador con la CINEP y con el Departamento Nacional de Estadística de Colombia.
Desde 1993 es Codirector del Banco de la República.
Kalmanovitz es considerado como uno de los más agudos observadores de la
realidad socioeconómica de su país. Desde sus inicios en la cátedra
universitaria formó parte de un destacado núcleo de investigadores de la
realidad nacional agrupados en torno a la denominada Nueva
Historia. Su trabajo intelectual se caracteriza por la búsqueda permanente
de nuevas formas de ver e interpretar la complejidad del proceso de desarrollo
capitalista en Colombia.
Salomón Kalmanovitz, La cliometría y la historia económica institucional: reflejos latinoamericanos
Kalmanovitz Krauter, Salomón Las instituciones, la ley y el desarrollo económico en ColombiaSalomón Kalmanovitz propone un análisis histórico que se remonta a la configuración de las primeras instituciones políticas colombianas para explicar la ausencia de ley y orden en la Colombia de hoy. Inspirado en economistas institucionales como D.C. North y R.H. Coase, parte del supuesto de que el mercado es algo más que el cruce de la oferta y la demanda y que el sistema legal e institucional, constituido a través de la historia, es el que garantiza el funcionamiento eficaz del mercado. De este modo, identifica en la historia colombiana profundas debilidades institucionales al conformarse simultáneamente un estado centralizado y autoritario de estirpe hispánica, una débil tradición parlamentaria, y una cultura de la picardía como forma de burlar la ley y legitimar la desobediencia. A ello se suma la ausencia de un sistema educativo generalizado de alta calidad y laico, capaz de formar cuadros públicos y privados, profesionales y técnicos. La alta impunidad y elevada rentabilidad del crimen en el país le debe bastante a esta configuración histórica, a la que se le suma la crisis que sufre la ética católica en los años cincuenta como reguladora de los comportamientos sociales y privados de los colombianos.
