Observatorio de la Economía Latinoamericana

 


Revista académica de economía
con el Número Internacional Normalizado de
Publicaciones Seriadas  ISSN 1696-8352

 

Economía de México

 

ENSEÑANZAS DE LAS CRISIS FINANCIERAS EN LOS MERCADOS EMERGENTES

 

 

Alan F. Carrasco Dávila (CV)
American University Of London
alancarrasco_cursos@yahoo.com.mx

Nota: Este texto fue preparado inicialmente como ponencia para el 2º Encuentro Internacional sobre Globalización Financiera realizado del 5 al 25 de octubre de 2004. Puede ver un resumen del Encuentro. También puede comprar el Informe Completo y Actas Oficiales que contiene todas las ponencias, comunicaciones y debates.

 Resumen
La globalización financiera impone grandes retos para las autoridades financieras. Las crisis de los mercados emergentes han demostrado que los mercados internacionales de capital rápidamente exhiben y castigan las debilidades económicas de los países. Por lo tanto, para extraer los grandes beneficios de la integración financiera a la vez que se minimizan los riesgos de una reversión repentina de los flujos de capital, es esencial que los países mantengan políticas macroeconómicas coherentes y apropiadas: una posición fiscal sólida, inflación baja, supervisión y regulación fuerte del sistema financiero y un régimen cambiario adecuado.
Por otra parte, la globalización de los mercados financieros se pone de manifiesto con la expansión de las crisis financieras originadas en una zona a amplias regiones, sobre todo a países con economías en fase de desarrollo; por ejemplo, el efecto ¿tequila?, o la crisis asiática de junio del 1997, o el atentado sobre las Torres Gemelas de Nueva York.

 Palabras Clave: Crisis financiera, Economía, Mercados emergentes, Capitales, Sistema financiero, Bancos, Liquidez, Desarrollo, políticas macro y microeconómicas.


Introducción.

 Las similitudes entre la crisis mexicana de 1994-95 y las crisis financieras en algunos países asiáticos son notables. Por lo tanto, una comparación entre éstas puede ser útil para profundizar nuestro entendimiento de las causas de la reciente conmoción económica de los mercados emergentes, y para obtener algunas lecciones de política.

Más aún, la similitud de los retos que nuestras economías tuvieron que enfrentar durante los últimos años, ha incrementado la importancia de fortalecer los lazos entre las autoridades financieras de Asia y América Latina.

Como sabemos, México fue el epicentro del "Efecto Tequila" en los años de 1994 y 1995. Dado que muchos de los elementos básicos de la crisis mexicana fueron novedosos, y debido a que entonces se pensaba que ésta sería la última crisis del siglo 20, Michel Camdessus llegó a llamarla la primera crisis del siglo 21. Sin embargo, el virus que apareció en México resurgió con toda su fuerza en Asia durante 1997 y posteriormente, en Rusia y Brasil. Por lo tanto, antes del inicio del Siglo actual, ya se le habían adjudicado más de cinco crisis financieras.

La devaluación del peso en diciembre de 1994 sorprendió a los observadores debido a la severidad y rápida reversión de flujos de capital, dado que se consideraba a la economía como fundamentalmente sana. No obstante, en contraste con las crisis en Asia, el contagio hacia la mayoría de los mercados emergentes fue contenido después de pocos meses, dejando a Argentina como la única economía significativamente afectada. La crisis asiática también fue detonada por cambios imprevistos en las percepciones de los inversionistas y grandes salidas de capital, en un contexto de fundamentos económicos sólidos. En este caso, el contagio fue incontrolable, amenazando el funcionamiento de los mercados internacionales de capital. Por consiguiente, la principal característica de este nuevo tipo de crisis de balanza de pagos es que éstas se originan en la cuenta de capitales, y la fuente de presiones especulativas más importante ha sido el retiro masivo de capitales en un periodo muy corto.

A pesar de que existen muchas diferencias entre las crisis financieras y de que ningún diagnóstico común podría explicarlas, se pueden subrayar cuatro factores que han estado en el centro de casi todas ellas:

ü      Un régimen de tipo de cambio rígido que ha generado grandes entradas de capital.

ü      La liberación del sistema financiero (bajo una supervisión débil) y la subsiguiente expansión de crédito.

ü      La vulnerabilidad de la economía ante cambios repentinos en la confianza, debido a incongruencias entre los plazos de los activos y pasivos de la economía.

ü      Problemas institucionales.

Juntos, estos cuatro factores han probado ser una combinación letal que provocó una intermediación financiera excesiva y grandes déficits de cuenta corriente, incrementando la vulnerabilidad ante choques negativos.

Cuando cada una de estas economías liberó su cuenta de capitales en el contexto de un tipo de cambio fijo, surgió la trinidad imposible. Este antiguo concepto económico establece la incompatibilidad de los siguientes tres objetivos:

§         Libre movilidad de capital

§         Política monetaria independiente y

§         Sostenibilidad de un tipo de cambio fijo.

Por lo tanto, como resultado de estas crisis, hemos presenciado una tendencia a la polarización en los regímenes cambiarios, mientras varios mercados emergentes han optado por tipos de cambio flotantes y algunos están considerando la opción de la dolarización. Más aún, el proceso de liberación financiera trajo consigo una dimensión adicional a la trinidad imposible: problemas bancarios. Las grandes entradas de capital superaron la capacidad operativa de los sistemas financieros domésticos. Esta situación eventualmente debilitó la posición financiera de los bancos y, al originarse la salida de estos capitales, se presentó una crisis bancaria. Al respecto, estudios recientes muestran que después de una liberación financiera, las crisis cambiarias y bancarias están estrechamente ligadas.

Además, estos estudios corroboran las externalidades negativas que surgen entre estos dos

tipos de crisis, registrando que cuando el efecto de las crisis gemelas ocurre (no sorprendentemente), sus efectos son aún más severos que cuando cada crisis ocurre de manera aislada.

Las crisis bancarias subrayan que el sistema financiero -y el sector bancario en particular- no solamente ha sido el amplificador de problemas originados en algunos otros sectores de la economía, sino uno de los principales culpables de las crisis. Un segundo factor de importancia en los problemas bancarios y del sistema financiero, es que éstos permanecen después de que las economías se han recuperado, ya que el establecimiento del marco institucional necesario para un desarrollo sano del sector financiero toma varios años.

Por lo tanto, de las crisis financieras se destacan los problemas que tienen que enfrentar las autoridades, en un mundo de alta movilidad de capitales y sistemas financieros liberados.

Debido a que los beneficios potenciales que las naciones en desarrollo pueden obtener de los flujos de capital de largo plazo, provenientes del mundo en desarrollo, son incuestionables, el reto al que nos enfrentamos es el de construir un marco económico que sea conducente a flujos de capital estables. Para esto, debemos trabajar tanto en el frente macro como microeconómico. Por consiguiente, en esta ponencia haré referencia primero a las causas principales de las crisis de mercados emergentes, y discutiré las políticas macroeconómicas implementadas para hacerles frente. En segundo lugar, me referiré a los asuntos microeconómicos e institucionales que son esenciales para el desarrollo de un sistema financiero sano y para atraer capital de largo plazo. Finalmente, terminaré subrayando algunos de los retos que las economías mexicana y asiáticas enfrentan, particularmente respecto a la reconstrucción de sus sistemas financieros, en el mediano plazo.

 

Crisis de Mercados Emergentes: Factores Macroeconómicos.

Como mencioné anteriormente, las crisis financieras tienen raíces comunes.

Todas ellas -México, Asia y Brasil-  fueron precedidas por periodos de optimismo respecto al desarrollo de estas economías. Los grandes flujos de capital respondieron a esta perspectiva positiva y a la abundante liquidez en los mercados mundiales. En casi todos los casos, existían buenos fundamentos económicos que apoyaban este razonamiento.

En el caso de México, la economía recibió sustanciales entradas de capital en los años anteriores a la crisis de 1994-95. En su mayor parte, este capital fue atraído por la estabilización macroeconómica y la intensiva reforma estructural implementada durante la segunda mitad de los años ochenta y principios de los años noventa. La consolidación fiscal, la privatización de empresas estatales, la liberación financiera, la renegociación de la deuda externa, y la promoción de libre comercio, incluyendo la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) en 1993, están entre las principales reformas económicas implementadas durante tal periodo.

Estas políticas condujeron a una recuperación económica, después de una década de bajo crecimiento y alta inflación. De 1989 a 1994, el PIB de México creció en a una tasa anual promedio de casi 4%, después de experimentar un muy bajo crecimiento de 1982 a 1988. Más aún, en 1993, la inflación cayó a una cifra de un solo dígito por primera vez en 20 años. En este contexto, se generaron flujos de capital sin precedente hacia México, alcanzando los 104 mil millones de pesos entre 1990 y 1994, ó 27.1 % del PIB al final del episodio (20% del total de flujos de capital de los países en desarrollo durante ese periodo).

En la región asiática, un periodo prolongado de crecimiento que empezó en los años sesenta fue la base para las entradas de capital. De 1990 a 1996, el PIB real creció a una tasa promedio anual de 7.6%. Como resultado, la región recibió entradas de capital sustanciales. Por ejemplo, de 1988 a 1995 Malasia y Tailandia recibieron flujos privados acumulados equivalentes al 46 y 52 % del PIB, respectivamente.

Las entradas de capital de tal magnitud son difíciles de manejar. En el caso de México, estos flujos amplificaron el déficit de la cuenta corriente a tal grado, que los inversionistas empezaron a cuestionar su sostenibilidad (el déficit de cuenta corriente en México llegó a ser 7% del PIB en 1994). En algunos países asiáticos, las instituciones financieras canalizaron una gran porción de los flujos a proyectos de inversión de alto riesgo, especialmente en el sector de bienes inmuebles.

En México, el acceso a más recursos como resultado de las entradas de capital y la corrección de las finanzas públicas, llevaron a un considerable crecimiento del crédito al sector privado. De 1989 a 1994, el financiamiento bancario del sector privado se expandió a una tasa anual real del 25 %, creciendo del 13.4 % del PIB en 1988 al 50.7 % en 1994.

Obviamente, después de más de una década de prestarle principalmente al gobierno, el sistema bancario mexicano no estaba preparado para intermediar eficientemente estos enormes flujos.

En algunos países asiáticos, los bancos actuaron, en cierta medida, como instrumentos para la promoción industrial en lugar de hacerlo como intermediarios financieros, dedicados a asignar recursos a sus usos más productivos. Además, la regulación y supervisión bancaria era generalmente inadecuada y los controles internos de los bancos, muy poco estrictos. Los riesgos de mercado y de crédito no fueron evaluados con rigor y en algunos casos, no había bases comerciales claras para otorgar préstamos.

Más aún, en ambos casos, el relativamente fácil acceso a recursos externos hizo posible incurrir en deuda en moneda extranjera sin la evaluación adecuada del riesgo cambiario.

En el otro lado de estas transacciones de crédito, encontramos una actitud de descuido en el otorgamiento de préstamos por parte de los inversionistas internacionales que ha sido explicada por varios observadores como el resultado de la existencia de riesgo moral. Desde mi perspectiva, el riesgo moral ha sido sobreestimado. No existe evidencia de que los flujos de capital hacia Asia estuvieran basados en expectativas de que la comunidad internacional construiría paquetes para rescatar a los inversionistas internacionales. La inversión en Asia no se dirigió predominantemente a la clase de activos que con mayor probabilidad se beneficiarían de un programa del FMI.

Parece que los inversionistas estaban actuando sobre la suposición de que estos países continuarían con su acelerado desarrollo. Por lo tanto, creo que solamente en circunstancias excepcionales el riesgo moral ha jugado un papel importante en la generación de condiciones para las crisis financieras, y que la mayoría de éstas han sido causadas por errores de juicio y episodios de euforia en los mercados financieros, que son elementos que han estado presentes aún antes de la creación del FMI.

Otro elemento común de las crisis fue la existencia de un ancla cambiaria. Este régimen fomentó préstamos irresponsables en moneda extranjera. Las anclas cambiarias son además susceptibles a ataques especulativos, especialmente cuando el sistema financiero del país es débil. En México y en Asia, la apreciación del tipo de cambio real, el crecimiento de deuda de corto plazo, y un gran déficit en la cuenta corriente, junto con un sistema financiero débil, ejercieron una fuerte presión sobre el mercado de divisas.

En ambas regiones, México y Asia, fue imposible defender la paridad cambiaria mientras que las reservas internacionales se redujeron considerablemente por una secuencia de ataques especulativos. La debilidad del sistema financiero se empeoró en el proceso de defensa de la paridad, mediante el incremento substancial en tasas de interés domésticas.

Las caídas en el nivel de confianza y las crisis de liquidez son también factores comunes en Asia y México. Una crisis de liquidez es el equivalente a una corrida bancaria en contra de la deuda del país, tanto gubernamental como privada. En el caso de México, mientras los indicadores fiscales subrayaban la solvencia del gobierno mexicano, la corta madurez de la deuda gubernamental expuso al país a un pánico financiero. Aun cuando los inversionistas reconocieran la solvencia de México, eran conscientes de que si todos los demás inversionistas dejaban de refinanciar la deuda mexicana, el país sería incapaz de cumplir con sus obligaciones financieras. Por tanto, la falta de liquidez del gobierno mexicano generó una corrida sobre su deuda.

Una lección importante de las recientes crisis es que, dado que los mercados financieros sobre reaccionan, la política económica debe sobre ajustar para reestablecer la confianza, una vez que el país se encuentra bajo un ataque. En estas circunstancias, los costos de atrasar la aplicación de políticas son extremadamente altos.

Sobre este aspecto, la reacción de política implementada en México es un muy buen ejemplo de una respuesta rápida y decisiva. El Presidente Zedillo entendió la severidad de la crisis y que no existía otra alternativa más que actuar decidida y oportunamente para alcanzar un ajuste macroeconómico ordenado, para refinanciar la deuda pública de corto plazo de casi 30 mil millones de dólares y para mantener la solvencia del sector bancario. En el caso de México, desde muy temprano existió el convencimiento de que actuar de tal modo minimizaría los costos de ajuste. Además, esta rápida respuesta fue útil para detener el contagio a economías sanas.

Con el fin de hacer frente a estos retos, cuatro semanas después de que se generara la crisis, México implementó un programa de ajuste macroeconómico y el paquete de ayuda financiera empezó a negociarse. Las negociaciones fueron terminadas el 21 de febrero y el programa entero fue anunciado en marzo.

El problema de liquidez que enfrentó México en 1995 transformó lo que debió haber sido un periodo de ajuste costoso en la peor crisis en la historia económica del país. Por lo tanto, la apertura de la cuenta de capital y las innovaciones tecnológicas que han tenido lugar en los mercados financieros han puesto las consideraciones de liquidez entre las principales estrategias para la prevención de crisis. En consecuencia, para minimizar la probabilidad de futuras crisis, los sectores público y privado tienen que trabajar arduamente en el manejo de sus pasivos para minimizar la concentración de amortizaciones de deuda durante un periodo dado, y asegurar niveles adecuados de liquidez oficial y bancaria. Para alcanzar esta meta, se deberán hacer esfuerzos para incrementar los plazos de deuda, acumular reservas internacionales y establecer líneas contingentes de crédito.

Desde 1995 en México, se ha estado trabajando para fortalecer la posición de liquidez pública, privada y del sector bancario.

a) Respecto al sector público, la política de manejo de pasivos ha estado concentrada en minimizar la acumulación de amortizaciones de deuda pública, negociar líneas contingentes de crédito con bancos comerciales, acumular cantidades sustanciales de reservas internacionales y, más recientemente, negociar un programa con el FMI y facilidades contingentes de crédito con otras instituciones y bancos centrales.

b) La regulación de liquidez de moneda extranjera del sistema bancario se ha fortalecido. Hoy en día la banca comercial tiene más de 11 mil millones de dólares de activos líquidos a manera reserva de liquidez.

c) Después de la adopción del régimen de tipo de cambio flexible, las corporaciones han internalizado el riesgo involucrado en el endeudamiento en moneda extranjera.

Por lo tanto, si observamos la composición de deuda en moneda extranjera de las corporaciones mexicanas, encontramos que se encuentran adecuadamente cubiertas ante el riesgo cambiario. Hoy en día, más del 80% de la deuda corporativa denominada en moneda extranjera está contratada por compañías exportadoras, y la razón de sus ventas anuales a sus deudas en moneda extranjera es de aproximadamente 60%. La experiencia mexicana muestra que la adopción de un régimen de tipo de cambio flexible y un sistema de libre determinación de tasas de interés, ha sido extremadamente útil en limitar el atractivo de la exposición cambiaria.

Los gobiernos asiáticos también han implementado duros programas de reforma y estabilización tras la crisis regional. Sin embargo, dada su larga tradición de prudencia fiscal y monetaria, y el comportamiento macroeconómico excepcional, en esta región tomó más tiempo percatarse de la proporción de las crisis que enfrentaban. En cierta medida, la reacción inicial fue minimizar el problema.

El comportamiento de las economías mexicana y asiáticas después de las crisis ha mostrado que aquellas economías que reaccionaron con mayor prontitud, fueron capaces de reducir el tamaño de la crisis y asimismo, de recuperarse de ellas con mayor rapidez.

En México, después de la profunda recesión de 1995, la actividad económica se recuperó rápidamente, creciendo a una tasa promedio de 5% durante el periodo de 1996-1999. Al mismo tiempo, la inflación bajó de 51.7% en 1995, a 12.3% en 1999.

El ajuste de las políticas económicas asiáticas también ha comprobado su efectividad.

Finalmente, y contrastando con la experiencia mexicana, el comportamiento de la inflación en Asia después de la crisis ha sido sobresaliente. Las economías asiáticas no presentaron una transmisión importante de la devaluación del tipo de cambio a los precios. Sin tomar en cuenta a Indonesia, la inflación anual en promedio no pasó de 8 % en la región. El éxito sobresaliente de controlar el crecimiento de los precios tiene por lo menos dos explicaciones. Una de ellas se relaciona con la dimensión y la magnitud de la recesión inicial y en consecuencia, la reducción de la demanda agregada. Otra explicación es la alta credibilidad de las autoridades monetarias. Esto muestra que la perseverancia y compromiso respecto a políticas monetarias estrictas y el mantenimiento de una inflación baja por un periodo prolongado, tuvieron una importante recompensa al momento de la crisis.

Como mencioné anteriormente, en las crisis el sistema financiero jugó un papel central. Por lo tanto, en la siguiente sección discutiré cómo se desarrollaron las fragilidades del sistema bancario en México, y las políticas implementadas para evitar una crisis sistémica después de la devaluación del peso mexicano en 1994.

Crisis de mercados emergentes y sistemas financieros

Permítanme referirme ahora al papel que el sistema bancario ha tenido en las crisis de mercados emergentes, a las políticas implementadas para prevenir corridas bancarias y para recapitalizar el sistema bancario, y finalmente, a aquellas reformas a las instituciones que se necesitan para evitar una repetición de los problemas experimentados en el sector financiero.

El problema original en relación con las dificultadas en el sector bancario en México empieza en el año de 1982 con la nacionalización de la banca. Esto sucedió en un contexto de desequilibrios fiscales importantes, de la crisis de la deuda y de represión financiera. La importancia de esta acción para las condiciones actuales reside en que el sistema bancario perdió la mayoría de sus recursos operativos y administrativos, y se convirtió en un vehículo para financiar el déficit gubernamental. Obviamente, en este contexto, la regulación y la supervisión bancaria eran irrelevantes y, por tanto, prácticamente inexistentes.

Para el final de los años ochenta y el principio de los noventa, México empezó un amplio proceso de liberalización financiera, implementada en un periodo muy corto.

Sus principales elementos fueron:

·        eliminación de los controles sobre tasas de interés y del sistema de cajones selectivos de crédito

·        abolición de los requerimientos de reserva

·        eliminación de las restricciones a extranjeros para invertir en activos nacionales

·        privatización de la banca

Estas reformas se desarrollaron en un ambiente de consolidación fiscal y de grandes entradas de capital extranjero. Por lo tanto, el sistema bancario se encontró repentinamente con abundantes recursos para prestar, generando la expansión de crédito que mencioné anteriormente, en un ambiente caracterizado por:

§         evaluación inadecuada del riesgo por parte de los bancos

§         administradores inexpertos

§         supervisión inadecuada

Las fragilidades acumuladas por el sistema financiero nacional, así como el sobreendeudamiento de las empresas y los hogares se hicieron evidentes durante la crisis, cuando el aumento de las tasas de interés y la baja de los salarios reales que siguieron, impactaron tremendamente la cartera vencida, afectando seriamente al sistema financiero.

Con el objeto de preservar la integridad del sector, las autoridades implementaron una serie de programas con los siguientes objetivos:

ü      Prevenir una corrida sistémica contra el sistema bancario

ü      Evitar el riesgo moral y minimizar las distorsiones

ü      Absorber el costo de las reestructura del sistema bancario como un asunto fiscal y evitar la expansión del crédito del banco central.

Basado en estos objetivos, el Banco Central creó líneas de crédito denominadas en moneda extranjera a una tasa penal de tal forma que los bancos pudieran cumplir con sus obligaciones, se estableció un programa para promover la capitalización del sistema bancario y se implementaron reformas legales para permitir mayor participación extranjera en el sistema bancario.

Reforma institucional

Hasta este punto hemos hablado sobre el manejo de la crisis enfocándonos, en particular, en las políticas fiscal, monetaria, bancaria y de endeudamiento. Estos son elementos importantes de la respuesta inmediata de política económica; sin embargo, para evitar una repetición de las crisis recientes, y para establecer una estructura de incentivos que promueva un sector financiero responsable, entradas de capital de largo plazo y, por lo tanto, crecimiento económico sostenido; tenemos que trabajar para fortalecer aquellas instituciones que son la espina dorsal de una economía de mercado: un sistema de derechos de propiedad, sistemas legales y judiciales firmes, y disposiciones adecuadas de quiebra, entre otras. Esta infraestructura promueve la transparencia a nivel corporativo y un terreno de juego equitativo para inversionistas pequeños, estimulando un proceso sólido de intermediación financiera. Sin embargo, el proceso de construir las bases de un sistema financiero más fuerte es largo y hasta que un sistema de este tipo no esté operando, el sector bancario no hará una contribución significativa al crecimiento económico. Por ejemplo, en México, a pesar de que la economía creció durante en período 1997 – 2000, el crédito bancario al sector privado permaneció estancado. Dado que éste es un tema extenso, déjenme concentrarme en 3 aspectos:

  1. La regulación y supervisión del sector financiero.
  2. Ley de quiebras.
  3. Protección de accionistas minoritarios.

Las crisis financieras de México y de Asia tienen en común una expansión rápida del crédito, que la mayor parte de las veces respondió a debilidades serias de las habilidades administrativas y de evaluación de riesgo por parte de los bancos, y a una supervisión inadecuada de las autoridades. Por lo tanto, para evitar un exceso de apalancamiento se debe desarrollar una supervisión adecuada. Ésta es una de las tareas más difíciles y complejas para las autoridades financieras. Aún en mercados desarrollados es difícil contar con un análisis y una supervisión sofisticada, pero dada la escasez de capital humano, el problema es más complicado en los mercados emergentes. Algunas lecciones que podemos derivar de las experiencias recientes son:

a)      Dado que toma tiempo desarrollar un sistema regulatorio adecuado y una planta de personal bien entrenado para supervisar el sector financiero, un proceso rápido de liberalización financiera debe apoyarse en un sistema alternativo de control, como podría ser la apertura del sector financiero a bancos extranjeros. Esto aumentará la confianza sobre el sector financiero y también elevará su eficiencia.

b)      La detección oportuna y la rápida acción correctiva reducen el costo de la reestructuración y mandan señales apropiadas para disciplinar la administración bancaria. Sin embargo, esto no se debe confundir con acciones apresuradas, que podrían convertirse en el detonador de un problema sistémico. Para instrumentar un sistema de detección oportuna y rápida acción correctiva, la transparencia es esencial.

En México se han tomado varias medidas para fortalecer el sistema financiero. Entre las propuestas más importantes se encuentra la remoción de las restricciones restantes a la inversión extranjera en el sistema financiero, y la limitación de la cobertura del seguro de depósito solamente a pequeños ahorradores, para inducir mayor disciplina y reducir el riesgo moral.

Otra lección de las crisis mexicana y asiática es la importancia de tener una buena ley de quiebras para el funcionamiento eficiente del sector financiero.

La moratoria generalizada de pagos en contratos de deuda privados es uno de los conflictos más complejos con los que el sector financiero tiene que tratar, particularmente cuando la empresa que declara la moratoria tiene múltiples acreedores. La eficiencia del sistema financiero depende en gran medida de contar con una infraestructura legal que permita resolver estos conflictos de manera simple, predecible y expedita, que otorgue seguridad a los participantes de que sus derechos serán respetados y que permita que los recursos sean asignados a los usos más valiosos. En ausencia de esta infraestructura, el crédito se volverá más caro - si es que existe - y la asignación de recursos será ineficiente, provocando un alto costo social. Adicionalmente, una infraestructura inadecuada puede disminuir la credibilidad del sistema judicial en la resolución de estos conflictos, promoviendo que los deudores no cumplan con sus obligaciones.

La ley de quiebras vigente en México se estableció en 1943. Desafortunadamente, esta ley tuvo varios problemas que la hacían poco útil en la práctica. La ley generaba procedimientos de bancarrota que eran excesivamente burocráticos, largos, inciertos, costosos y que no proveían incentivos adecuados a los deudores y acreedores para que alcanzaran acuerdos de reestructuración que beneficiaran a ambas partes. Además, los jueces al estar sobrecargados de obligaciones administrativas en estos procedimientos, y los síndicos, que ellos nombran, al no tener la responsabilidad ni los esquemas de remuneración que provean los incentivos correctos para ofrecer servicios administrativos de alta calidad. Como consecuencia, los procedimientos de quiebra en México se llevaban varios años.

Reconociendo estos problemas se mandó al Congreso de la Unión una nueva ley de quiebras misma  que fue aprobada por el Senado. Las principales características de esta nueva Ley son las siguientes: 1) Contempla la creación del Instituto de Especialistas en Reorganización de Empresas. Este instituto regulará a aquellos especialistas privados involucrados en los procedimientos, y liberará a los jueces de tareas administrativas, permitiéndoles concentrase en las funciones que le competen. 2) Simplifica el régimen de reorganización empresarial sustituyendo los procedimientos de quiebra y de suspensión de pagos con un procedimiento único con una etapa de reorganización, una fecha límite de 270 días y una etapa de liquidación. Cada una de estas acciones tiene ahora una fecha límite creíble, y, 3) El proceso de reconocimiento de crédito se simplificará tanto como permite el sistema legal.

Por lo tanto, al proponer un conjunto de reglas claras, mecanismos y fechas límite, los procesos de quiebras se simplifican y acortan. De esta forma, la propuesta reducirá la incertidumbre que enfrentan los acreedores y los accionistas minoritarios.

Desde el comienzo de la crisis Asiática, varios observadores han subrayado el papel que juega una estructura de control corporativo defectuosa en la explicación de otorgamiento imprudente de préstamos, y en la debilidad general del sistema financiero. Varios economistas han destacado la importancia de proteger a los accionistas y a los acreedores de una posible expropiación por parte de los administradores o de los accionistas mayoritarios, para el desarrollo de los mercados financieros, para la mejora de las condiciones en las que se otorga el crédito y por lo tanto para el desarrollo económico.

Al comparar la legislación de México con las de otros países, es claro que las leyes mexicanas son deficientes en cuanto a la protección de los acreedores y accionistas. Algunas estimaciones econométricas producidas recientemente, sugieren que una reforma profunda de estas leyes en México podría por lo menos duplicar la capitalización del mercado de valores, e incrementar el crédito de la banca al sector privado en 50%. La combinación de estos dos factores podría aumentar en casi 1 punto porcentual la tasa de crecimiento de largo plazo de la  economía.

Mejorar la protección de los accionistas y acreedores es un proceso largo y complicado. En palabras del profesor Schleifer:

“ La naturaleza de la protección de inversionistas y de la regulación de los mercados financieros en general, está profundamente enraizada en la estructura legal de cada país, y en el origen de sus leyes. Reformas marginales pueden ser insuficientes para cumplir el propósito del reformador... la protección al inversionista puede traer beneficios significativos, y es factible políticamente en algunos países. Puede tomar la forma de optar por regímenes legales con más protección, así como por introducir cambios más radicales en las estructuras legales. La integración de los mercados globales de capital hace estas reformas mucho más probables hoy en día de lo que han sido por décadas”.

Es conveniente agregar, para terminar con este tema, que el proceso de globalización y de integración de los mercados de capital, no solo hace que estas reformas sean más probables, sino extremadamente necesarias para atraer el financiamiento necesario para fortalecer las estrategias de desarrollo.

 

Comentarios finales.

La globalización financiera impone grandes retos para las autoridades financieras. Las crisis de los mercados emergentes han demostrado que los mercados internacionales de capital rápidamente exhiben y castigan las debilidades económicas de los países. Por lo tanto, para extraer los grandes beneficios de la integración financiera a la vez que se minimizan los riesgos de una reversión repentina de los flujos de capital, es esencial que los países mantengan políticas macroeconómicas coherentes y apropiadas: una posición fiscal sólida, inflación baja, supervisión y regulación fuerte del sistema financiero y un régimen cambiario adecuado.

Hoy, las buenas noticias son que se han contenido las crisis económicas y a la vez se ha evitado un problema sistémico en los sistemas bancarios. Sin embargo, las heridas provocadas por los eventos de la última década tomarán varios años y requerirán un esfuerzo sustancial de nuestra parte para sanar.

Como señalé anteriormente, la combinación de un sistema financiero recién liberalizado, complejo e integrado, con una estructura legal e institucional endeble pueden causar serias distorsiones a la intermediación financiera y al desarrollo económico en general, así como incrementar sustancialmente la vulnerabilidad de la economía. Para evitar estas distorsiones, las autoridades en las economías en desarrollo deben no solo continuar con la desregulación financiera sino que deben promover reformas legales e institucionales para mejorar los incentivos que enfrentan los bancos, los depositantes, los deudores, los administradores corporativos y los accionistas minoritarios. De no hacerlo, se reducirán los beneficios asociados al ahorro externo en las economías emergentes y también aumentará la vulnerabilidad de la economía ante una crisis financiera futura.

Por lo tanto, debemos recordar que las reformas necesarias para construir las bases de un sistema financiero sólido aún no han sido implementadas. Así, tenemos que ser realistas y reconocer que nuestras economías necesitan una reforma mayor del marco institucional para llevar nuestro sistema financiero hacia estándares internacionalmente aceptables. La importancia de esas reformas institucionales para las economías asiáticas es evidente debido a los altos niveles de apalancamiento de éstas.

La importancia de tener un sistema financiero saludable en un ambiente externo de alta volatilidad no radica solamente en la necesidad de promover la intermediación financiera, sino también en mantener la efectividad y credibilidad de las políticas fiscal y monetaria. En el ambiente actual, para que las políticas fiscal y monetarias jueguen un papel adecuado en lograr una economía estable, el sistema financiero debe reposar sobre cimientos sólidos.

Ahora que los efectos perversos de la crisis financiera internacional han cedido, debemos mantener en mente que además de aprender las lecciones de esas crisis, se tienen que recordar en un futuro, de tal forma que sigamos con el trabajo que tenemos frente a nosotros de construir el marco institucional necesario para evitar una repetición de las crisis de finales del Siglo XX.


Nota.

Banco de México, información proporcionada por el Banco Central mexicano, se agradece en especial a su gobernador el Dr. Guillermo Ortiz Martínez, las facilidades para presentar esta ponencia.


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Alan F. Carrasco Dávila: Enseñanzas de las crisis financieras en los mercados emergentes, Observatorio de la Economía Latinoamericana, Número 41, abril 2005. en http://www.eumed.net/cursecon/ecolat/index.htm


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