Observatorio de la Economía Latinoamericana

 


Revista académica de economía
con el Número Internacional Normalizado de
Publicaciones Seriadas  ISSN 1696-8352

 

Economía Latinoamericana

 

EL ENFOQUE DEL PNUD Y LA VISIÓN ALTER-MUNDIALISTA: NUEVAS PERSPECTIVAS PARA UN DEBATE SOBRE EL DESARROLLO EN AMÉRICA LATINA

 

José Leopoldo Montesino Jerez (CV)
poloporo@gmail.com

 

Introducción

En este trabajo me propongo confrontar dos visiones distintas referentes a temas determinantes del bienestar social mundial y latinoamericano en particular. Por un lado examinaré los planteamientos del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (en adelante PNUD), en lo concerniente a temas fundamentales con los que define el estado del desarrollo de diferentes países y, por otro, las propuestas sobre materias de calidad de vida efectuadas por un conjunto de agrupaciones muy variadas, que se han constituido más recientemente como un frente alternativo al llamado enfoque neoliberal.

Este último enfoque ha mantenido una presencia aparentemente predominante en la aplicación de políticas económicas y sociales por parte de gobiernos de diferentes tendencias políticas en el mundo, cuyos eventuales éxitos en la conducción macroeconómica de los países no habría tenido un resultado similar en lo referente a numerosos temas que afectan el bienestar de esto grupos específicos de población y que han constituido la denominada visión alter-mundialista.

En el caso particular de la región de América Latina la situación política en la década del año 2000 muestra una mayoría de gobiernos democráticos de izquierda o centro-izquierda, que en la práctica han combinado elementos de políticas neoliberales con otras de tendencia dirigista o centralizadoras y en presencia de fuertes presiones para enfatizar aún más estas últimas. A pesar de ello, la percepción de gran parte de la intelectualidad académica universitaria, parece definir esta forma de conducir las distintas políticas públicas en términos más bien generales como de neoliberal.

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Montesino Jerez, J.L.: "El enfoque del PNUD y la visión alter-mundialista: nuevas perspectivas para un debate sobre el desarrollo en América Latina" en Observatorio de la Economía Latinoamericana Nº 97, mayo 2008. Texto completo en http://www. eumed.net/cursecon/ecolat/la/


Para establecer un debate enriquecedor sobre un diagnóstico de lo que ha sucedido recientemente en algunos países de América Latina, creo resulta oportuno aclarar qué se entiende por políticas neoliberales y políticas alternativas al neoliberalismo, pues de lo contrario se corre el riesgo de confusión o indeterminación en el análisis de lo acontecido recientemente.

La libertad del hombre, en el amplio sentido de la palabra, ha sido cantada en himnos nacionales y glorificada a través de la poesía en numerosas ocasiones, por lo que resulta curioso, por decirlo de alguna manera, que actualmente existan movimientos en contra de una nueva forma de libertad o neoliberalismo entendida como el logro de un mayor nivel de libertad.

Un punto a considerar, indudablemente, son los límites de la ansiada libertad, pues es reconocido que la libertad de una persona termina en el momento que a través de ella no afecta la libertad de otra o de un grupo de individuos: así, la libertad de tirar la basura de nuestra casa al patio de la casa del vecino o de rayarle un muro se transforma en un delito, en un robo, pues mi familia estaría utilizando sin permiso bienes ajenos, que constituyen derecho de propiedad de terceros.

Otros ejemplos similares, sobre necesidad de establecer límites a la libertad, se aprecian cuando una fábrica de productos químicos contamina con residuos industriales el curso de un río y por esa causa mueren cisnes u otros animales que forman parte del patrimonio ecológico de un país, o bien cuando se permite una libertad absoluta de pesca a compañías o agrupaciones de pescadores en cierta zona, lo que puede llevar a la extinción de especies marinas.

De acuerdo a estos antecedentes preliminares y a otros que reviso a continuación, aventuro la hipótesis de que: En el enfoque sobre desarrollo humano, la visión del PNUD es de naturaleza homogénea y coherente en su discurso y propósito al tratar distintas materias económicas relacionadas con el bienestar social, lo que contrasta con lo heterogéneo y hasta contradictorio del enfoque alter-mundialista. A pesar de estas diferencias, ambas visiones mantienen algunos puntos coincidentes sobre los cuales es posible avanzar con políticas de consenso orientadas a resolver dificultades pendientes en países de América Latina y del resto del mundo.

El Enfoque de Desarrollo Humano del PNUD

Antecedentes Generales

El enfoque sobre desarrollo humano se inspira básicamente en una nueva concepción de la noción de calidad de vida efectuada por el economista Amartya Sen, quien obtuviera el Premio Nobel de Economía en el año 1998. Sen, economista bengalí de fructífera y connotada trayectoria profesional, había aportado una interesante visión sobre el fenómeno de las hambrunas que ocurrían en su país natal, la India.

En la década de los años 80 ya se avizoraba su línea de pensamiento al obrar de una manera un tanto inusitada en el campo de la investigación y extensión universitaria: organizó y participó junto a la filósofa Martha Nussbaum en unas conferencias sobre el bienestar de la población en Canadá, que reunió a destacados académicos de los campos de la economía, filosofía y salud humana. En el mes de julio del año 1988, en la ciudad de Helsinki en Canadá, Sen y Nussbaum reunieron una serie de ensayos que formaron parte de las conferencias interdisciplinarias y que fueron publicadas en un libro titulado “La Calidad de Vida”, cuya primera edición en inglés apareció en el año 1993.

En la introducción de esta obra Lal Jayawardena, director del centro académico donde se dictaron las conferencias (denominado WIDER), explica la concepción de desarrollo planteada en las discusiones de los panelistas y que, con el paso de los años, se transformaría en líneas generales lo que podemos entender como enfoque del PNUD:

“Una parte importante del mandato del WIDER –simbolizado de hecho en la palabra wider- consistía en realizar investigaciones interdisciplinarias. Lo que se quiere decir con “calidad de vida” y lo que se requiere en términos de política para mejorarla, ha sido una preocupación frecuente de la economía y la filosofía, y un punto de interés para el trabajo del WIDER era una conferencia que reuniera a académicos de estas dos disciplinas. En el nivel totalizador, los economistas trabajaban con la burda medida del ingreso per cápita como indicador del bienestar humano, y aquí surgen varias preguntas que requieren una investigación más detallada. De manera similar, en el micronivel, la noción de maximizar la utilidad de un individuo subyace en gran parte de la teoría de la demanda convencional. Pero esto hace surgir dos preguntas: ¿puede medirse la utilidad? Y, ¿es correcto medir la utilidad cuando lo que nos interesa es evaluar la calidad de vida humanas?”.

El economista Amartya Sen era escasamente conocido en Chile en el año 1998 en que se le otorgó el Premio Nobel de Economía. El periodista Oscar Contardo, en un interesante reportaje que apareció en el diario El Mercurio del domingo 25 de Octubre de 1998, explicaba que la trayectoria y el trabajo de Sen no había conformado a los analistas del Wall Street Journal. Este medio informativo llegó a titular en un editorial “Ganó el economista equivocado”, afirmando de paso que con la entrega de este prestigioso premio internacional se daba voz a organizaciones y académicos de izquierda. Más aún, se abría un espacio de debate quizás impensado a quienes habían elaborado estudios sobre “desarrollo humano” en las organizaciones de Naciones Unidas.

En el mismo artículo anterior explica que Amartya Sen habría sido uno de los inspiradores de dicho concepto de “Índice de Desarrollo Humano” (IDH), el cual incluye una ponderación de distintas variables relevantes que apuntan a mejorar la comprensión de cómo evoluciona la calidad de vida de una sociedad en términos generales. Por ejemplo, además del ingreso de la población, el IDH incorporaría componentes relacionados con la educación, la salud, la seguridad, la descentralización y la discriminación por género. De este modo y de acuerdo a algunos resultados estadísticos obtenidos, el articulista ejemplifica con casos como la República de Corea con un Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de US 12.000.- anuales y un índice de desarrollo humano de 0,9 puntos, mientras que Costa Rica lograba un PIB per cápita de sólo US $ 6.000.- anuales, pero con el mismo IDH de 0,9 puntos.

El desarrollo humano de Sen y su fundamento teórico-filosófico

La esencia de la propuesta teórica de Amartya Sen se desprende, entre otras fuentes posibles, de su artículo titulado “Capacidad y Bienestar”, incluido en el capítulo II del libro “La Calidad de Vida” antes citado. En la introducción comienza aclarando el sentido de la palabra “capacidad”, que corresponde a la ventaja que tiene una persona cualquiera para realizar actos valiosos. Esta misma idea ampliada la denomina ventaja social, la cual considera entonces los conjuntos de capacidades individuales como si formaran parte fundamental de una base de información para ejecutar dichos actos valiosos. De este modo el enfoque de Sen es más amplio y distinto a otros que establecen las bases del desarrollo humano en función de un tipo de información más específica, como el de la utilidad personal (que se concentra en los placeres, la felicidad o el deseo de realización) o el de la opulencia absoluta o relativa (que se concentra en paquetes de bienes, ingreso o riqueza real) o el de la evaluación de libertades negativas (que se concentra en la ejecución de procesos para que se cumplan los derechos de libertad y las reglas de no interferencia).

En la segunda parte de este trabajo, subtitulada “Funcionamientos, capacidades y valores”, Amartya Sen establece su terminología: los funcionamientos se refieren a partes del estado de una persona con los que consigue hacer o ser al vivir, que pueden ser valiosos o (se desprende o se interpreta) no valiosos. Estos funcionamientos de cada individuo pueden ser combinados de distintas formas, de tal manera que cada combinación determina una capacidad. De esta manera, la calidad de vida debería evaluarse, por ejemplo, según la capacidad para lograr funcionamientos valiosos como estar bien nutrido, poseer buena salud, acceder a una buena vivienda, escapar de la morbilidad evitable y otros. El autor continúa su razonamiento señalando que a los funcionamientos más valiosos (o prioritarios como en una sociedad con mucha pobreza) se les puede asignar una evaluación alta (interpreto como asignar una ponderación alta dentro de un índice de calidad de vida determinado).

En la tercera parte Amartya Sen se refiere a los objetos de valor y a los espacios evaluativos. Con respecto a los primeros entrega una definición técnica: son aquellos [funcionamientos valiosos] que tienen ponderaciones positivas y que generan una jerarquía de dominio, es decir un parámetro para poder comparar si la acción “x” es por lo menos tan alta como la acción “y”. Con respecto a los segundos, los espacios evaluativos, son aquellos que permiten la identificación de los objetos de valor. Por ejemplo, en un análisis de tipo utilitario, el espacio utilitario consiste en las utilidades individuales definidas en términos comunes de placer, felicidad o satisfacción de deseos. De acuerdo a esto, el espacio evaluativo del enfoque de capacidad es diferente e incluso incorpora el espacio evaluativo del enfoque utilitarista, pues permite a una serie de actos y estados humanos ser considerados como importantes por sí mismos y no sólo porque producen utilidad. Además, da un margen para poder estudiar y evaluar varios tipos de libertades, en términos de capacidades.

La cuarta parte del trabajo en referencia se titula “Capacidad y libertad”, en el que Amartya Sen reconoce la complejidad de la noción de libertad. Esto es así pues las metas sociales no siempre están relacionadas con las aspiraciones de la propia individualidad, lo que complica las interpretaciones. Pero además, los intentos de comparar libertades entre distintos individuos o grupos también plantean dificultades en una evaluación, pues el rango de elecciones de cada uno de ellos también puede variar. En este lugar Sen se pregunta: ¿Cómo podemos juzgar qué tan bueno es un rango de elección independientemente de –o antes de- considerar las alternativas que constituyen ese rango?. La respuesta a esta cuestión que da el autor es que es posible efectuar algunas comparaciones entre conjuntos de opciones que, no por ser más numerosas reflejarán una mayor libertad del individuo necesariamente. Así, desde este puno de vista resulta curioso afirmar que la libertad de una persona no es menor cuando puede elegir entre opciones como “mala”, “horrorosa” y “espantosa”, que cuando efectúa la misma elección ante “buena”, “excelente” y “soberbia”. Más aún, es posible aquí añadir trivialidades en la lista de opciones [de un vector de funcionamientos] las categorías “jalarse el cabello”, “cortarse las orejas”, “rebanarse los pulgares” o “saltar por la ventana” y quitar otras opciones realmente valiosas sin que se afecte la libertad del individuo en momentos que efectuamos la medición.

En la quinta parte titulada “Propósitos y ejercicio diferentes”, Sen da a entender que si bien la identificación de los objetos de valor y la especificación de un espacio evaluativo necesita de normas, la naturaleza de éstas dependerá del objetivo de la medición a efectuar. Esto es así pues cuando pretendamos evaluar el bienestar, los resultados pueden variar respecto a una medición en términos de metas generales de un individuo, ya que sus propios objetivos pueden tener una naturaleza distinta a los que le permitirían obtener su propio bienestar. De acuerdo a Sen, la libertad posible de alcanzar puede incluso ser mayor, pero con el sorprendente resultado de haber logrado menos, e incorpora en esta parte de su análisis teórico cuatro componentes que también inciden en la concepción de calidad de vida humana: (a) logro de bienestar; (b) logro de agencia; (c) libertad de bienestar y (d) libertad de agencia. La introducción de estas nuevas nociones rompe definitivamente con el supuesto de racionalidad humana utilizado en la tradicional teoría del bienestar. Con el ejemplo siguiente se aclara este aporte:

“Por ejemplo, al determinar si una persona sufre privaciones de una manera que requiere asistencia de otros o del Estado, puede argumentarse que el bienestar de ésta posiblemente sea más importante que su éxito como agente (pongamos por caso: el Estado podría tener una mejor base al ofrecer apoyo a una persona para superar el hambre o las enfermedades que para ayudarla a construir un monumento a un héroe, aunque dicha persona dé más importancia al monumento que a la eliminación del hambre o de su enfermedad). Además, para los ciudadanos adultos, la libertad de bienestar puede ser, en ese contexto, más importante para la política de Estado que el logro de bienestar (por ejemplo el Estado podría tener razón al ofrecer a una persona oportunidades adecuadas para superar el hambre, pero no para insistir en que debe aceptar esa oferta y dejar de tener hambre)”.

La relación entre “Agencia y estándar de vida” constituye el tema de la sexta parte del trabajo de Sen y en el cual plantea una nueva perspectiva para el tratamiento de la concepción de calidad de vida: sugiere la posibilidad de que de que el bienestar sea evaluado ya sea en función de la condición de cada persona (de su propia felicidad) o bien desde la perspectiva que la propia persona puede hacer al resto de la sociedad, que de paso puede coincidir con las metas de la agencia. Visto de otro modo, vemos en esta idea la posibilidad de que el bienestar de un sujeto también puede estar condicionado por “la preocupación por otros”, cuestión que si bien no es del todo novedosa, es evidente que apunta a recordarnos que las realizaciones de tipo vocacional, o simplemente de carácter éticas, también forman parte de nuestro diario vivir. Es oportuna la referencia que efectúa Amartya Sen sobre el pensador clásico Adam Smith cuando se centra en determinados funcionamientos relevantes para el bienestar: ellos varían desde elementales como alcanzar una buena alimentación a otros más complejos como lograr autorrespeto, participar en organizaciones comunitarias y hasta hablar en público sin timidez. El estándar de vida en cambio afecta sólo al individuo, por cuanto éste podría desear la libertad política de un prisionero distante, por ejemplo, que de conseguirse aumentaría su felicidad personal al satisfacer su preocupación por otros, pero no su estándar de vida.

En la séptima parte de su escrito Sen se pregunta: “¿Por qué las capacidades y no sólo los logros?”. En esta parte el autor explica su propuesta teórica como alternativa para medir la calidad de vida a través de un conjunto de funcionamientos que definen la capacidad del individuo. Estos funcionamientos están constituidos por n-tuples [vectores] que combinan quehaceres y seres de cada persona [o también categorías]. En mi interpretación personal Sen considera este enfoque sobre calidad de vida mucho más general, por cuanto permite evaluaciones parciales o particulares, que denomina evaluaciones elementales, sin perder de vista el espacio evaluativo general.

Una interpretación personal de las ideas de Amartya Sen

Las ideas antes expuestas y en las que he intentado descubrir e interpretar al economista indio Amartya Sen, naturalmente que pueden ser rebatidas parcial o totalmente. Es posible que el pensamiento de este autor siga siendo motivo de nuevas y más exigentes interpretaciones por parte de intelectuales que representan otras realidades.

El libro en referencia, “La calidad de vida”, de hecho es una compilación de eminentes autores (sociólogos, economistas, filósofos, matemáticos) representantes de países considerados desarrollados como Estados Unidos, Alemania, Suecia, Finlandia, Inglaterra y Canadá, a excepción de la profesora Margarita Valdés, del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

De acuerdo a lo leído, y tratando de poner en práctica las ideas de Sen, es que da la impresión que en su mente la calidad de vida es un concepto de carácter dinámico, con múltiples interpretaciones (no sólo una) y en que las variables relevantes componentes (o no componentes) de un sistema evaluativo pueden no sólo influirse mutuamente, sino además anularse a través de efectos contrarios o, como alternativa también válida, ser independientes.

Esta última opción no es posible descartarla y quizás hasta constituya buena parte de la realidad dinámica, como es el caso de los bienes y servicios que se estudian en economía. Por ejemplo se dice que un bien A es sustituto de otro B si al bajar el precio de A disminuye la demanda de B (como la mantequilla y la margarina). Por otra parte se dice que un bien C es complementario de un bien D si al bajar el precio de C, aumenta la demanda de D (como el pan y la mantequilla). Pero cuando al bajar o subir el precio de un bien E no se afecta la demanda de otro bien F, se dice que son bienes independientes (como los repollos y los relojes). Estos últimos, los bienes independientes entre sí, indudablemente son mucho más numerosos que los complementarios y sustitutos.

En términos de una evaluación de la calidad de vida Sen parece sugerir que definamos distintos escenarios, que denomina espacios evaluativos. En cada uno de ellos propone construir vectores que denomina capacidades, cada uno de ellos, a su vez, constituidos por distintas categorías (estados de ser o logros). Al menos cabe imaginarlo en notación vectorial de este modo:

La configuración de los distintos espacios evaluativos dependerá, naturalmente, de los intereses de cada investigador o centro académico y según las posibilidades de acceso a la información necesaria y fidedigna para proceder a las estimaciones estadísticas, que siempre son complejas en ciencias sociales. Pero la esencia de la idea parece estar ahí, por cuanto los estudiosos pueden tener a la vista distintas matrices de análisis que incluso posibiliten las relaciones cruzadas y de signos contrarios. La socióloga Giselle Munizaga, por ejemplo, ha planteado una interesante discusión entre desarrollo humano y medios de comunicación, manifestando entre otros asuntos que la maximización de las capacidades culturales y humanas en materia de desarrollo dependería de la “organización de las capacidades comunicativas”.

En lo personal y en relación con mis investigaciones sobre calidad de vida, por ejemplo, me resulta bastante claro que un niño que no ha sido bien educado en su hogar, proveniente de familias deshechas o con padres ausentes, no sólo tiene una mayor probabilidad de resultados educativos más bajos que niños de hogares bien constituidos, sino además puede llegar a presentar la probabilidad de que en futuro cometa actos vandálicos, robos o su salud se vea afectada por consumo de drogas y alcohol. En otras palabras, observamos que la calidad de vida en la realidad, o el resultado de una medición sobre calidad de vida, depende no sólo de las relaciones causales lineales directas de una variable en función de sus componentes más esenciales, sino que puede estar directa o indirectamente determinada por el comportamiento de otra variables ubicadas en vectores incluso alejados al espacio evaluativo que intentamos medir con precisión.

En palabras simples, un problema menor en salud puede incidir en un importante resultado educacional de un individuo o un problema suscitado en el ámbito de la cultura o entretención puede influir directamente en la salud. Por ejemplo, un dolor de cabeza muy fuerte o inesperado puede llevar a que me desconcentre en una prueba de Historia y obtener una baja calificación, o bien por ir a esquiar a la montaña (entretención, deportes), termine con una fractura (salud).

En mi opinión y al menos para el caso chileno, estos cruces o interrelaciones de las distintas variables que definen la calidad de vida, tanto sociológicas como biológicas y económicas, constituyen un universo poco explorado y sobre el cual cabe establecer un marco de análisis coherente y hasta provocativo, dado el carácter complicadamente multidisciplinario del tema en estudio, como el propuesto por Amartya Sen y sus continuadores.

La concepción del desarrollo: desde el Banco Mundial al PNUD

Los informes sobre el desarrollo mundial tradicionales de la década de los años 80 centraban su enfoque casi estrictamente en variables de tipo económico, en que la preocupación predominante era promover el crecimiento sostenido, diseñar políticas comerciales que estimularan el intercambio entre países y efectuar revisiones sobre los precios de productos agrícolas, base de las economías de países menos desarrollados.

No obstante la preocupación por el crecimiento, como tema fundamental en cualquier economía, el informe del año 1986 mostraba su tradicional preocupación por la seguridad alimentaria. Esta era definida entonces como el acceso a todas las personas, en todo tiempo, a cantidades de alimentos suficientes para una vida activa y saludable. Más específicamente, se hablaba de inseguridad alimentaria crónica y transitoria: la primera de ellas consistía en una dieta continuamente deficiente a causa de la imposibilidad de producir alimentos, mientras que la segunda era una disminución temporal del acceso de una unidad familiar a suficientes alimentos. Sin embargo, la solución a este tipo de dificultades llevaba a los expertos del Banco Mundial a sugerir que la seguridad alimentaria sólo puede lograrse elevando los ingresos reales de las familias. Las cifras que entonces se manejaban, con respecto a los problemas de hambre y pobreza en el mundo (excluyendo a China) variaban desde uno 340 millones a unos 730 millones de personas.

Un antecedente sobre el tema del crecimiento en el informe del Banco Mundial correspondiente al año 1986 señala que, para la mayoría de los países en desarrollo, el comienzo de la década de 1980 fue un lapso muy difícil, en un escenario de grandes fluctuaciones en la economía mundial, creciente deuda externa, bajos niveles de precios de sus productos exportables y disminución del crédito bancario comercial. Este informe incluye una revisión realizada desde una perspectiva histórica, la que muestra que entre los años 1980 y 1985, tanto las principales economías industriales del mundo como los países en desarrollo, habían tenido una recuperación vacilante después de la recesión de los años 1980-1982. En ambos casos se aprecia una breve recuperación entre 1983-1984, pero la baja de los precios mundiales de productos básicos en el año 1985, sumada a un menor movimiento de corrientes de capital, provocaron una nueva caída de la actividad económica. Más aún, el desempleo en general se mantuvo alto en todos los países, incluso con cifras del orden del 9% al 10% de la población activa.

Las políticas públicas y comerciales examinadas en aquellos años se relacionaban en forma directa con el tema antes señalado, el crecimiento, por cuanto la preocupación de los expertos del Banco Mundial era fomentarlo a través de un buen manejo del ahorro tanto público como privado. Por ejemplo se hablaba entonces de reducciones de gastos militares, mejoras a las políticas de salarios y precios del sector público, reasignación de gastos corrientes y establecimiento de tarifas reales en servicios públicos de carácter monopólico como agua, luz, gas e incluso transporte público, con el objeto de que reflejasen los verdaderos costos de oportunidad de largo plazo. En cuanto a la inversión, variable motora o impulsora del crecimiento, las presiones inflacionarias en países latinoamericanos como Argentina, Brasil, Chile y México habían condicionado tasas de interés real altas que se esperaba bajasen para poder impulsar procesos de inversión que incidieran en el crecimiento.

En otro ámbito, una buena parte del informe se preocupaba de la situación agrícola de muchos países en desarrollo, entre ellos los latinoamericanos. Con referencias de casos específicos a países como Colombia (precios y políticas macroeconómicas), Argentina (políticas comerciales y sector agropecuario), Haití (políticas de precios agrícolas y medio ambiente), Brasil (subvención del crédito en mercados financieros rurales), el informe del Banco destacaba aspectos como tipos de cambio reales, tributación versus subsidios, políticas monetarias y fiscales, derechos de exportación, aranceles y otros tipos de instrumentos incidían en los resultados generales obtenidos por estos y otros países mencionados.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), por otra parte, asignaba al tema del crecimiento de la región una importancia fundamental. Las perspectivas de aumento en variables macroeconómicas como el PIB, el consumo, la inversión, las exportaciones e importaciones, según un estudio de este organismo internacional, eran de moderado optimismo, con tasas positivas que tendían oscilar en torno a un 5% positivo para los años 1984, 1985 y 1986 en todas las variables mencionadas. De acuerdo al análisis del BID, el crecimiento latinoamericano sería impulsado básicamente por la demanda de exportaciones (dependientes a su vez de la evolución del PIB de los países industrializados), de la deuda externa latinoamericana y de la devaluación de las monedas latinoamericanas.

El enfoque de desarrollo humano que comenzó a plantear el PNUD en la década de los años 90 era de naturaleza distinta. Si bien los conceptos de ingreso, inversión y crecimiento formaban parte importante de su filosofía sustentadora, nuevas concepciones relacionadas con la calidad de vida y, sustancialmente, con las ideas que venía planteando Amartya Sen, fueron puestas en práctica. El Informe del año 1992 centraba su atención en las dimensiones internacionales del desarrollo humano, incorporando los efectos que las políticas de inmigración, las barreras comerciales y la deuda internacional provocaban en las disparidades económico-sociales existentes entre naciones ricas y pobres.

Un aspecto de interés y hasta paradójico del comportamiento de los mercados en ese momento, según el informe, era su amplia liberalización desde Polonia hasta Pakistán y desde Rusia hasta México, pero en un contexto de algunos mercados internacionales relevantes pero restringidos, como los de economías desarrolladas, caracterizados por imponer barreras arancelarias y no arancelarias a todo tipo de productos exportables. En particular, en lo que respecta al mercado del trabajo, las leyes de inmigración bloqueaban el libre movimiento de empleados y desempleados alterando con ello no sólo las posibilidades ciertas de empresas de los países avanzados de contar con mano de obra para innumerables actividades en la agricultura o servicios, sino además de los propios trabajadores de países menos desarrollados que pierden posibilidades laborales y de adquirir experiencia internacional.

En lo que respecta al nuevo enfoque de desarrollo humano, el PNUD lo definía como el proceso de ampliar la gama de opciones de las personas, brindándoles mayores oportunidades de ocupación, atención médica, ingreso y empleo, abarcando el espectro total de las posibilidades humanas, desde un entorno físico en buenas condiciones hasta libertades económicas y políticas.

Esta idea central habría sido descrita incorrectamente por algunos analistas, que han entendido el desarrollo humano como anticrecimiento, expresando que da prioridad a la distribución por sobre la generación de ingresos y que se interesaba sólo en lo social, no en una mayor creación de bienes y servicios. Más aún, otras concepciones y hasta prejuicios equivocados sobre el desarrollo humano han afirmado que: (a) se trata de un enfoque puramente sectorial, al enfatizar las inversiones en educación, salud y otros servicios sociales y (b) las estrategias de desarrollo humano son sólo válidas para las sociedades más pobres, cuya meta es satisfacer necesidades básicas. En definitiva:

“El desarrollo humano es, por lo tanto, un concepto amplio e integral. Comprende todas las opciones humanas, en todas las sociedades y en todas las etapas de desarrollo. Expande el diálogo sobre el desarrollo, pues éste deja de convertirse en un debate en torno a los solos medios (crecimiento del PNB) para convertirse en un debate sobre los fines últimos. Al desarrollo humano le interesan tanto la generación de crecimiento económico como su distribución, tanto las necesidades básicas como el espectro total de las aspiraciones humanas, tanto las aflicciones humanas del Norte como las privaciones humanas del Sur. El concepto de desarrollo humano no comienza a partir de un modelo predeterminado. Se inspira en las metas de largo plazo de una sociedad. Teje el desarrollo en torno a las personas, y no las personas en torno al desarrollo”.

Los aspectos teóricos sobre el desarrollo humano antes referidos, como es de rigor, estuvieron acompañados de los primeros intentos de medición comparables a escala internacional. En el Informe del año 1990 del PNUD se introdujo un nuevo índice de desarrollo humano (IDH), que combinaba las categorías de esperanza de vida, educación e ingresos. Los primeros resultados produjeron cambios en la clasificación de numerosos países, como por ejemplo Canadá que desplazó a Japón del primer lugar, aunque Rumania mantuvo el último puesto. En el Informe del año 1991, además, se incluyó un índice de libertad política (ILP), cuyo objeto era evaluar el status de los derechos humanos de conformidad con su concepción ampliamente aceptada.

Por otra parte en el Informe del año 1992 se alcanzaban cinco reveladoras conclusiones:

(i) El crecimiento económico no mejora automáticamente las vidas de las personas, ni en sus propias naciones ni a escala internacional.

(ii) Los países ricos y pobres compiten en el mercado internacional en calidad de socios desiguales. Si se pretende que los países en desarrollo compitan en un mayor pie de igualdad requerirán inversiones masivas en capital humano y desarrollo tecnológico.

(iii) Los mercados globales no operan libremente. Esto, unido a su condición de socios desiguales, le cuesta a los países en desarrollo US $ 500.000.- millones anuales, o sea 10 veces más de lo que reciben en ayuda exterior.

(iv) La comunidad mundial precisa de políticas establecidas para proveer una red de seguridad social a las naciones pobres y a la gente pobre.

(v) Los países industrializados y en desarrollo tienen la oportunidad de diseñar un nuevo pacto internacional y de asegurar un desarrollo humano sostenible para todos en un mundo pacífico.

En la presente década con la cual se inicia el nuevo milenio, la posición del PNUD respecto al desarrollo humano incorporó un nuevo elemento y que no deja de sorprender: un inesperado énfasis en la promoción de las libertades humanas, en momentos en que el neoliberalismo ha debido enfrentar crecientes cuestionamientos, en particular como los planteados por el movimiento altermundialista, como veremos más adelante.

El concepto general de desarrollo humano del PNUD se mantuvo en lo sustancial, definiéndose como el proceso de ampliación de las opciones de la gente, aumentando las funciones y las capacidades humanas. Las tres más esenciales se referían a que la gente tenga una vida larga y saludable, posea conocimientos y alcance un nivel de recursos necesarios para una vida decente, pero el ámbito de dicho desarrollo humano iba más allá todavía, pues otras esferas de la vida cotidiana como participación, seguridad, sostenibilidad y garantía a los derechos humanos también fueron reconocidas como parte de este nuevo paradigma. Este último incorporó nuevos términos como los que hemos adelantado aquí en las referencias sobre Amartya Sen, entre ellos los conceptos de: (a) “funcionamientos” de una persona, es decir las cosas valiosas que puede hacer o ser (estar bien nutrido, vivir una vida larga y tomar parte en actividades de la comunidad) y (b)”capacidad” de una persona, la cual representa las diferentes combinaciones de funcionamientos que pueda lograr.

A inicios del tercer milenio de la era cristiana, el tema de los derechos humanos se incorporó con fuerza a la visión del PNUD fundamentada a su vez por las ideas de Amartya Sen. De este modo, la idea del desarrollo humano se orientó directamente en el progreso de la vida y bienestar humanos, lo cual incluye la combinación de poder desarrollar capacidades en un contexto de libertades fundamentales. El PNUD entiende éstas últimas como las que permiten satisfacer necesidades fundamentales, enfocadas ahora como capacidad de evitar la inanición y malnutrición, salvarse de la morbilidad prevenible o de la mortalidad prematura. Además considera las oportunidades que ofrecen la educación, la libertad y los medios económicos que puedan ser incorporados sin trabas ni impedimentos en un traslado de un lugar a otro y escoger donde vivir. Entre otras libertades sociales que también resultan hoy altamente deseables, están la capacidad de participar en vida comunitaria, incorporarse al debate público, poder adoptar decisiones políticas e incluso la capacidad básica de “presentarse en público sin sentir vergüenza”.

En el ámbito de la lucha por las libertades humanas con vistas al desarrollo económico y social, el enfoque del PNUD coincide claramente en mi opinión, no sólo con las ideas denominadas neoliberales, sino que simplemente liberales de todos los tiempos. La lista de tipos de libertades deseables según esta visión alcanzaba un total de siete, que se anotan a continuación:

(a) Libertad de discriminación, que ha motivado el surgimiento de movimientos sociales impulsores de los derechos humanos, derechos civiles contra el racismo y el reconocimiento del multiculturalismo, la tolerancia y la solidaridad humanas como factores determinantes para luchar contra las arbitrariedades.

(b) Libertad de la necesidad para disfrutar un nivel decente de vida, cuestión ampliamente aceptada en conferencias mundiales que han coincidido en que eliminar la pobreza es un objetivo importante y que se refleje en políticas de carácter nacional. Afortunadamente el mundo avanzó bastante en la reducción de la pobreza en el decenio de 1990 y diversos indicadores estadísticos lo prueban. No obstante la realidad continúa mostrándonos un panorama sombrío, como es el hecho de que unas 1200 millones de personas viven apenas con el equivalente a un dólar diario y que el fenómeno de la pobreza de ingreso también ha sido observado en países desarrollados de la OCDE.

(c) Libertad para realizar el potencial humano propio, en que la provisión de adecuada alimentación y de buenos servicios de educación y salud condicionan definitivamente las potencialidades de la población. El PNUD ha ejemplificado aquí, uno de los tantos efectos de la educación en la violencia intrafamiliar, con evidencia de que la violencia doméstica no está del todo correlacionada con los años de matrimonio, la edad de la mujer, las condiciones de alojamiento ni la educación del esposo, sino con la educación de la propia mujer. Es el caso de la India en que los datos muestran que, si la mujer tiene una educación que va más allá del nivel secundario, la violencia se reduce en más de dos tercios.

(d) Libertad del temor, que se traduce en la idea de que las personas desean vivir sin temor a los demás, a no verse expuesto a la violencia física de diversa índoles, como: amenazas del Estado (tortura física, detención o prisión arbitrarias); amenazas de otros Estados (guerra, apoyo a regímenes opresores); amenazas de otros grupos de personas (conflictos étnicos, crímenes, violencia en las calles); amenazas dirigidas contra niños y mujeres (maltrato, violaciones). En este plano es oportuno destacar que acuerdos sobre estos temas en convenciones internacionales contra la tortura, discriminación contra la mujer y reconocimiento de los derechos del niño habían sido ratificadas a comienzos del tercer milenio por 119, 165 y 191 países respectivamente. En este plano también cabe agregar a la discusión todos aquellos problemas de calidad de vida relacionados con delitos comunes como robos, estafas y hasta delitos más graves, como crímenes o heridos por asaltos, que de algún modo han adquirido un carácter global. Es así como el PNUD ha señalado que el tráfico estimado en el mundo de armas pequeñas alcanzaba alrededor de 500 millones de unidades al año, de las cuales 100 millones eran rifles de asalto.

(e) Libertad de injusticia, que es aquella que otorga la posibilidad de librarse del temor y la posibilidad de disfrutar las demás libertades. Para ello es necesario que cada Nación conforme un estado de derecho y una administración de justicia eficientes e imparciales. Así, el sentido y espíritu de la ley no deben caer en el vacío ni constituir letra muerta, pues la justicia bien aplicada es algo que las personas valoran altamente. Si bien el PNUD anota como avances en esta materia la abolición de la pena de muerte por parte de unos 66 países hacia el año 2000, (que en mi opinión puede ser discutible desde el punto de vista de la prevención de ciertos delitos graves), se habría avanzado además en varios países en otras áreas del bienestar como derechos de igualdad de la mujer frente a los hombres, reconocimiento de ciudadanía a hijos de padres con distinta nacionalidad y en mediación de derechos humanos.

(f) Libertad de participación, expresión y asociación, que se ha manifestado a través de los años por luchas contra Estados totalitarios en que han imperado regímenes de carácter fascistas y militaristas, los cuales han impuesto sus decisiones en forma arbitraria respecto a numerosos temas que han afectado la calidad de vida de la gente y, por sobre todo, han coartado las posibilidades de participación de la población. Esto último el PNUD lo refiere no sólo al hecho de contar con elecciones libres en la elección de autoridades políticas, sino en la plena libertad de asociación, expresión y decisión de asuntos que resulten vitales para el bienestar de la población.

(g) Libertad para desempeñar un trabajo digno sin explotación, en que al derecho al trabajo y a la libre elección del tipo de éste por parte de las personas, se agrega el concepto de dignidad en su realización en cualquier institución que sea de carácter estatal o privada. El PNUD habla de mercados estructurados y no estructurados de servicios de trabajo, los primeros más avanzados que los segundos. En lo mercados estructurados, propios de países avanzados, se alcanzan en mejor medida los objetivos principales en el logro de esta libertad. Entre ellos señala que las condiciones contractuales sean equitativas, que los ingresos del trabajo permitan a las gentes satisfacer sus necesidades básicas y que sea posible fomentar la dignidad y autoestima del trabajador. Este tema, que presenta múltiples facetas y sobre las cuales un debate más profundo no es posible desarrollar aquí, también incorpora otras cuestiones de interés y sobre las cuales sería necesario avanzar en las legislaciones de varios países del orbe. Entre ellas están la discriminación laboral, los códigos de conducta de los empleadores, el derecho a sindicalización, la prevención de riesgos (muchas mujeres han muerto encerradas en incendios por ejemplo), el respeto de los horarios acordados, el maltrato físico o psicológico en el trabajo, etc.

En la “Declaración del Milenio de las Naciones Unidas” del año 2000, tras la Cumbre del Milenio efectuada en diciembre del año 2000 en Nueva York, se proponían los valores considerados fundamentales para el óptimo funcionamiento de las relaciones internacionales: libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia, respeto a la naturaleza, búsqueda de la paz mundial, desarme, erradicación de la pobreza, protección del medio ambiente, los derechos humanos, la democracia, atención especial de las necesidades de África y fortalecimiento de las Naciones Unidas.

A mediados de la presente década, el PNUD planteaba nuevas propuestas que ciertamente han enriquecido la línea de pensamiento sobre desarrollo humano iniciada por Amartya Sen. El Informe 2005, a su vez, no sólo informaba de los avances y retrocesos de la situación mundial, de los límites que enfrentaba el desarrollo humano y de la desigual participación de los países en el aumento de la riqueza mundial, sino además evaluaba el escenario previsto hacia el año 2015 a cumplir bajo meta bien determinadas, lo que se dio en llamar los “Objetivos de Desarrollo del Milenio “ (ODM).

En el mismo Informe 2005 el PNUD inicia el debate reconociendo avances importantes en los dos últimos decenios, con notorias mejoras en la esperanza media de vida en lugares como América Latina-El Caribe, Asia Oriental-Pacífico, Estados Árabes y Asia Meridional, aunque con cierto grado de estabilidad en Europa Central-Oriental y un retroceso en el caso de África Subsahariana. Esta mayor esperanza de vida se ha producido por las bajas en las tasas de mortalidad infantil, lográndose hacia el año 2003 que unos dos millones de niños menores de cinco años mueran menos que en el año 1990, con un aumento de 15% en las probabilidades de que un niño alcance los cinco años de edad. En el campo de la mortalidad infantil los resultados han sido mejores aún, en particular si miramos las series de datos para todos los continentes entre los años 1960 y 2003, sobre los cuales se dispone de cifras confiables.

En otros ámbitos también se habrían verificado tendencias positivas, como en educación y pobreza extrema, pero los resultados no han sido tan alentadores en materias relevantes como los conflictos, progreso de la democracia y saneamiento, considerando datos a partir del decenio de los años 90.

Los niveles de alfabetización de los países en desarrollo se incrementaron desde un 70% a un 76% en el último decenio, si bien persistían brechas estructurales que se han ido corrigiendo, como que de los 800 millones de personas en el mundo que carecían de alfabetización mínima, dos tercios correspondían a mujeres. En el último decenio del estudio, a partir del año 2000, se ha logrado reducir en unos 30 millones de niños en edad de cursar la escuela primaria que no asisten a la escuela y la brecha de género se acortó bastante. En cuanto a la pobreza extrema, su reducción también se ha conseguido de manera sostenida y, más allá de las técnicas de medición, este tipo de pobreza se había reducido desde un 28% en 1990 a un 21% en el momento de ser publicado el Informe. Otro buen resultado desde el punto de vista de la equidad fue que, desde el año 2000, el ingreso medio per cápita de los países en desarrollo aumentó un 3,4%, el doble del correspondiente a los países desarrollados.

Los conflictos en el mundo desde 1990 se han constituido lamentablemente en uno de los temas más graves que han afectado el desarrollo humano en diversos países. La comunidad internacional ha sido testigo de un violento genocidio en Rwanda, luchas civiles en el corazón de Europa, guerras en Afganistán, Irak y Oriente Medio. Un espantoso conflicto en la República Democrática del Congo ya señalaba unos 4 millones de víctimas, el mayor número desde la 2ª Guerra Mundial. La solución de la guerra civil de Sudán motivó un desplazamiento de más de un millón de personas –cabe imaginar el desastre que esto significa desde el punto de vista de la calidad de vida– lo que se transformó en el inicio de una verdadera crisis humanitaria. A pesar de estas y otras crudas realidades generadas por luchas de diversa clase, el número total de conflictos disminuyó desde 1990 y muchos desencuentros terminaron gracias a una oportunas intermediaciones auspiciadas por la Organización de Naciones Unidas (ONU). En el año 2007, los distintos tipos de conflicto abarcaban luchas entre gobiernos por territorios, conflictos armados nacionales, conflictos sociales, terrorismo interno, terrorismo internacional y hasta piratería marítima.

Los avances hacia la democracia, por otra parte, también han presentado dificultades. La combinación ideal de elecciones libres junto a la existencia de poderes ejecutivo, legislativo y judicial independientes, no siempre ocurre en la práctica. En cifras aproximadas, el porcentaje de países que cuentan con sistemas electorales en el mundo creció desde un 39% en 1990 a un 55% en el año 2003, pero las elecciones multipartidistas no son una garantía efectiva en ciertos contextos. Varias naciones de la ex Unión Soviética son democracias de nombre, pero en la práctica autocracias electorales en que los dirigentes políticos son percibidos como habitantes corruptos, tiránicos y hasta explotadores extremos. Así, las elecciones multipartidistas se constituyen en una especie de disfraz o maquillaje bajo el cual el poder se ejerce despóticamente y los abusos en derechos humanos se ejecutan con disimulo Las protestas públicas ocurridas en los años 2004 y 2005 en Georgia, Ucrania y Kirguistán revelarían realidades de fondo como las antes descritas.

El enfoque del desarrollo humano del PNUD ha incorporado una nueva dimensión de análisis, en torno al debate que suscita la medición del bienestar humano y las propuestas sobre diseño de políticas sociales globales, que se refiere a los objetivos futuros por alcanzar. Es así como se ha establecido un escenario probable para el año 2015, en el cual se espera cumplir lo que se ha dado en llamar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (en adelante ODM), aceptados por la ONU. En el Cuadro Nº 1 se resumen dichos objetivos.

Las metas planteadas en el Cuadro Nº 1 abarcan aspectos importantes del bienestar humano, pero plantean algunas dudas de consenso. En primer lugar, no parece una lista exhaustiva sobre todas las necesidades de la población que hemos discutido hasta aquí, en una mirada general de la calidad de vida propuesta por Amartya Sen: no se aprecian referencias a temas como inmigrantes, maltrato o violencia intrafamiliar, discriminación a etnias e inmigrantes, práctica de deportes y otros.

En segundo lugar creo que el llamado a conformar una asociación mundial (¿nueva?) para el desarrollo, con un trato especial en lo comercial a países pobres, en un escenario con varias instituciones que ya tratan ese tipo de temas y con múltiples acuerdos bilaterales ya firmados, parece una propuesta no bien encaminada. Aún así, a pesar de estas discrepancias, cabe reconocer la importancia de los objetivos planteados de esta manera un tanto general.

La factibilidad de las metas propuestas es otro asunto que requiere, ciertamente, mayores detalles. El PNUD aporta antecedentes sobre esto y con relación a distintos temas, manteniendo una debida prudencia al hablar de “proyecciones” y no “predicciones” en las cifras estimadas a futuro, que se basan en datos de países y no en tendencias regionales. La razón de esto es que, según el PNUD, las políticas públicas que se ejecutan pueden mejorar o empeorar dichas tendencias, al igual que ciertos factores externos (menor crecimiento mundial, brotes de gripe aviar, consecuencias del calentamiento global, presiones ecológicas que afecten la producción de alimentos) y sobre los cuales los gobiernos tienen poco o ningún control.

La evaluación de los resultados en materia de desarrollo humano señala que varias de las metas propuestas y resumidas en el Cuadro Nº 1 no se cumplirán. De hecho se reconoce que cincuenta países, cuya población conjunta suma unos 900 millones de personas, están retrocediendo en al menos un ODM. De ellos, veinticuatro corresponden a la zona de África Subsahariana. Además, 65 países cuya población sumada es de unos 1200 millones de personas, sólo alcanzarán al menos uno de los objetivos a partir del año 2040.

Al revisar las proyecciones por áreas temáticas, en el caso de la salud materno infantil y de acuerdo a las actuales tendencias, la meta de reducir en dos tercios la tasa de mortalidad de niños menores de cinco años planteada en los ODM se cumplirá recién en el año 2045, es decir un desfase de 31 años. Los antecedentes sobre falta de agua y saneamiento adecuado señalan que hacia el 2015 tampoco se cumplirá la meta de reducir a la mitad el porcentaje de población carente de aquel vital elemento, lo que en cifras equivale a unos 210 millones de personas. En cuanto a los objetivos de reducción de la pobreza, la meta agregada se cumplirá gracias a las altas tasas de crecimiento económico que han mantenido China e India, pero muchos otros países no cumplirán la meta de incidencia de la pobreza de vivir con apenas un dólar al día o menos. En educación, la meta de lograr una educación primaria universal en el 2015 no se cumplirá sino hasta un decenio más y, en ese año, habrá unos 47 millones de niños que no asistirán a la escuela. Relacionado con lo anterior e incorporando la igualdad de género, la brecha sigue profundizándose o, en otros casos, estrechándose con tal lentitud que la igualdad no se logrará hasta el año 2040.

El Enfoque Alter-Mundialista

El enfoque alter-mundialista es aquel punto de vista que ha surgido de las opiniones vertidas por representantes de una serie de movimientos de crítica a la globalización y que abarca una serie de temas sobre los cuales existen distintos grados de disconformidad de quienes los integran. Un aspecto que ha caracterizado a estos movimientos es que han tenido una serie de encuentros o reuniones de carácter internacional, lo que en cierta forma parece como contradictorio al hecho de oponerse a dicha globalización, pero que es explicable.

Los movimientos antiglobalización

El término altermundialización se refiere a un conjunto de grupos sociales que integran esta corriente de pensamiento y acción, pero que en estricto rigor no se oponen a la globalización del todo, sino que plantean la idea de alcanzar otro mundo posible, en que las relaciones globales sean diferentes, más justas y equitativas. Otro aspecto que parece caracterizar a estos grupos es su diversidad y deseos de plantear sus experiencias conflictivas en distintos foros temáticos a lo largo y ancho del planeta, que tendrían su raíz en políticas públicas de estilo neoliberal:

“El Foro Mundial Social se ha convertido en el polo opuesto a Davos, y representa una expresión de la sociedad civil de abajo frente a la sociedad civil de arriba. Las catástrofes sociales de las políticas neoliberales son tan obvias que incluso algunas personas vinculadas con el sistema (como J. Stiglitz por ejemplo) empiezan a reaccionar y denunciar el carácter ideológico de las políticas que se llevan a cabo, así como sus efectos negativos. Cada vez más y más grupos sociales resultan afectados por estas políticas y cada vez más movimientos y organizaciones se juntan en el Foro Mundial para expresar sus desacuerdos, analizar las causas y proponer soluciones alternativas. La orientación fundamental de este encuentro de movimientos está bien clara: se trata de crear un espacio de intercambio mundial, continental, nacional y regional para los que luchan contra el neoliberalismo, como la hegemonía mundial del capital y buscando alternativas frente a estos fenómenos (carta de base del FSM)”.

La pregunta que cabe efectuar es ¿Qué ha impulsado la aparición y acercamiento internacional de un gran número de organizaciones en los últimos años del tercer milenio?. Las razones que sobre esto argumentan los estudiosos del tema son variadas y, como suele ocurrir, algunas parecen más atendibles que otras. François Houtart, por ejemplo, argumenta que tras la caída del muro de Berlín, el capitalismo y el proceso de acumulación no tuvieron contrapeso en las economías en general las que vieron aumentar los niveles de intercambio por libre comercio. Esta nueva realidad, sin embargo, habría marcado una relación cada vez más desigual entre las economías fuertes y débiles, a lo que se sumaría el hecho de que, al interior de cada país, los actores económicos más poderosos resultaron favorecidos en desmedro de los pequeños participantes. Los resultados obtenidos bajo esta nueva estructura de relaciones sociales y económicas habrían afectado negativamente a grupos sociales cada vez más numerosos: mujeres, pueblos indígenas, pequeños campesinos, pobres urbanos y otros.

Si bien los orígenes de los que pueden ser llamados movimientos sociales representativos es un tema que escapa al debate actual, el profesor Manuel A. Garretón, y para el caso chileno, al reflexionar sobre los cambios en la matriz sociopolítica chilena, ya advertía a mediados de la década de los 90 sobre esta nueva realidad emergente y proponía fortalecer la sociedad civil:

“Pero la sociedad civil no se reduce a la economía, sino que refiere fundamentalmente a la existencia de los actores sociales. Ello obliga a reconocer institucionalmente que existe una diversidad de intereses y aspiraciones sociales que no son reductibles ni siquiera a grandes conglomeraos de clase o de representación político-partidaria. La fortaleza de la sociedad civil tiene que ver con la existencia de espacios viables y diversificados de acción individual, social y política. En la experiencia de la redemocratización política chilena, se observa un cierto debilitamiento de la sociedad civil, lo que se expresa en algunos casos en la reabsorción del movimiento social por los partidos y, en otros, en virtual desaparición de actores sociales otrora con gran presencia. No se trata de restablecer un tipo de movilización al que hoy nadie aspira y que, más bien, se rechaza. Pero, la extensión de la ciudadanía a los aspectos que van más allá de los derechos elementales o de la actividad de representación ante el Estado, es un problema crucial en los procesos de consolidación democrática atravesados por aspiraciones de democratización social y modernización cultural. Ello, especialmente, aunque no sólo en el mundo juvenil”.

Un aspecto relevante que es necesario considerar en esta discusión es, ciertamente, saber quienes conforman el movimiento altermundialista. Es fundamental determinar la continuidad de estos grupos en el tiempo, su representatividad y el grado de cohesión en sus propuestas, como aspectos mínimos para establecer un debate serio sobre el grado de influencia que puedan ejercer en términos de concreción de algún tipo de política pública determinada.

La estructuración de los variados grupos que conforman el movimiento altermundialista se detecta a partir de las reuniones efectuadas en los distintos foros mundiales efectuados en lugares como Porto Alegre (Brasil, 100 mil asistentes), Hyderabad (India, 40 mil asistentes), Florencia (Italia, 40 mil asistentes) y Bombay (India, 110 mil asistentes). En estos encuentros han participado desde sindicatos de obreros de distintas orientaciones ideológicas, pasando por minorías étnicas, habitantes de suburbios, personas discriminadas fuera de casta como los dalits de la India y hasta representantes de Organizaciones No Gubernamentales (ONG).

Sin embargo, independientemente de sus posibles representaciones en foros de carácter continental o mundial, una serie de Nuevos Movimientos Sociales (en adelante NMSs) han comenzado o continuado ejerciendo diversas formas de manifestar sus problemas o necesidades y en distintos contextos. El profesor Mario Garcés ha destacado la importancia de los movimientos sociales en América Latina, lo cual ha sido reconocido por diversos actores, tanto políticos como sociales en general. Las explicaciones a este fenómeno son variadas, entre las cuales están: (a) son movimientos en contra de acuerdos a convenios de libre comercio, como el caso del levantamiento zapatista en la selva Lacondana en 1994 en oposición a los acuerdos entre México y EE.UU.; (b) responden a la necesidad de reformas de la Constitución, como las movilizaciones indígenas de 1998 en el caso de Ecuador; (c) responden a falta de representatividad política, como las movilizaciones de campesinos indígenas en Bolivia que han conseguido una presencia importante en el Parlamento de ese país y de diversos movimientos sociales que permitieron en los años 80 fundar el Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil, base de apoyo a Lula da Silva quien sería elegido Presidente de la República; (d) se trata de nuevos protagonismos de sujetos colectivos muy variados tanto en su origen como composición, así como en sus formas de relación, objetivos, formas de organización y sentidos de acción.

La identificación de los NMSs con una posición exclusivamente anticapitalista deberá manejarse con cierta prudencia. El profesor Boaventura de Sousa Santos ha hecho notar la particularidad de que los NMSs han efectuado críticas tanto a la regulación capitalista como a la emancipación socialista, tal como fue definida por el marxismo. Explica que estos movimientos se han percatado de nuevas formas de opresión como son la guerra, la polución, el machismo, el racismo o el productivismo, además de abogar por un nuevo paradigma social, menos basado en la riqueza y en el bienestar material y más en la cultura y la calidad de vida. Además, denuncian lo que denominan “exceso de regulación de la modernidad”, condición estructurante que no sólo abarca la forma como se trabaja y se produce, sino el modo como se descansa y se vive. Concluye que ven en la pobreza asimetrías y en las relaciones sociales otra, fase del embrutecimiento y desequilibrio interior de las personas, formas de opresión que no afectan específicamente a una clase social en sí, sino a grupos sociales transversales e incluso a la sociedad como un todo.

El deseo de emancipación de nuevas formas opresivas, sin desmerecer la relevancia que aún persiste en las relaciones entre capital y trabajo en diversos contextos sociales, puede presentar otras formas de lucha contra la extracción de plusvalía no laboral, como disposición indebida del tiempo libre legítimo del obrero, acoso sexual, discriminación étnica o persecución religiosa. Más aún, esta fuerza liberadora presente en los NMSs puede emerger por circunstancias diversas, que se dan no sólo en la fábrica, sino también entre grupos de presión, entre partidos y movimientos políticos o entre la sociedad y la naturaleza:

“A nivel de la emancipación, ocurre también un fenómeno correspondiente de globalización-localización. Una vez liberada de la envoltura estructural que le conferían las relaciones sociales de producción –el Estado capitalista y el movimiento obrero– la tarea de descubrir las opresiones y de la lucha contra ellas, es potencialmente una tarea sin fin, sin un sujeto social específicamente titular de ella y sin lógica de acumulación que permita distinguir entre táctica y estrategia. Los valores, la cultura y la calidad de vida, en nombre de los cuales se lucha son, por sí mismos, maximalistas y globalizantes, no susceptibles de finalización y poco inclinados hacia la negociación y el pragmatismo. Por otro lado, si en algunos movimientos es discernible un interés específico de un grupo social (las mujeres, las minorías étnicas, los habitantes de las favelas, los jóvenes), en otros, el interés es colectivo y el sujeto social que los titula es potencialmente la humanidad en su todo (movimiento ecológico, movimiento pacifista)”.

Entre algunos de los grupos sociales más llamativos e integrantes de este movimiento alter-mundialista que la literatura ha destacado recientemente están la Marcha Mundial de las Mujeres (MMM), la Asociación por la Tasación de las Transacciones y por Ayuda a los Ciudadanos (ATTAC) y el Movimiento de Software Libre (MSL). Respecto de la primera de las nombradas (MMM), corresponde a una red de acciones feministas que incluye a numerosos grupos constituyentes que buscan eliminar la pobreza y la violencia contra las mujeres, expresando de paso su posición contra la política neoliberal y el derecho a legalizar el aborto. El segundo de los mencionados (ATTAC), se describe a sí mismo como un movimiento internacional para el control democrático de los mercados financieros y de sus instituciones. Su aparición en la escena mundial se debió a iniciativa de personeros e intelectuales ligados a la revista de política internacional “Le Monde Diplomatique”, tras una serie de crisis financieras ocurridas en la década de los 90 y que afectaron a países como México, Brasil y Rusia. En esencia proponen establecer un impuesto de 0,5% a las transacciones financieras mundiales –idea que habría sido desarrollada por el Premio Nobel de Economía James Tobin– lo que constituiría un fondo a ser utilizado para diversos fines. Finalmente, el tercero en la lista (MSL), aboga por el desarrollo de programas computacionales de libre distribución en la red de Internet, sin derechos de autor ni patentes de tipo comercial, con el objeto de hacer más accesible esta herramienta a un mayor número de personas. Su filosofía de fondo es que se cuestiona las actuales formas de “apropiación del conocimiento”.

Los Foros Mundiales y el activismo en Internet

El movimiento sociales altermundialista ha encontrado en las propias redes de la globalización una paradójica forma de poder hacer notar con más fuerza sus planteamientos. Los avances tecnológicos que han ampliado las comunicaciones de radio, prensa y televisión, el crecimiento de la red de Internet, así como los mayores ingresos de la población que han promovido el turismo y contactos entre gentes provenientes de distintos países y culturas, son algunas de las razones que explican el surgimiento de este nuevo actor social.

La historia de los foros altermundialistas comenzó con el primer encuentro global realizado el año 2001 en la ciudad de Porto Alegre, Brasil, a partir del cual se configuró como Foro social Mundial (FSM) de carácter permanente, adoptando una Carta de Principios como documento de trabajo principal. Luego de otros dos foros realizados en esta misma ciudad, en el año 2004 se trasladó a la ciudad de Mumbai en la India, para regresar a Porto Alegre en el 2005. En el año siguiente, el 2006, se efectuó un foro poli-céntrico que abarcó tres ciudades: Caracas en Venezuela, Karachi en Pakistán y Bamako en Mali. En el presente año 2007, el FSM se efectuó en Nairobi, Kenya, entre los días 20 y 25 de enero.

En la reunión efectuada en Bombay, India, en el año 2004, el FSM pidió acciones concretas en contra de las empresas que ayudaron a la reconstrucción de Irak, a las que ven como aliadas hasta cómplices de la guerra impuesta por Estados Unidos en ese país, así como su posterior ocupación. Algunas organizaciones musulmanas también estuvieron presentes en el foro, lo que indicaría cierta capacidad de éste para poder aglutinar grupos que manifiestan fuertes discrepancias en otros terrenos, como el religioso. Sin embargo, la lista de reivindicaciones presentes en el foro era compleja, partiendo por manifestaciones de los dalits debido a su situación (unos 250 millones de personas oprimidas en extrema pobreza que viven en la India), pasando por el tema de la libertad para el Tíbet y hasta el combate contra el Sida. En este parte los integrantes del encuentro incluso tuvieron que plantear la disyuntiva de cómo combatir la pobreza en un país como la India sin recurrir a las reglas del mercado ni a la odiada inversión extranjera. En lo económico, se pidió por un comercio más justo y la eliminación de las subvenciones agrarias tanto de Estados Unidos como de Europa, lo que ha impedido por años una adecuada competencia con los productores del Tercer Mundo.

El movimiento altermundialista ha promovido además una serie de encuentros de todo tipo y con relación a distintas materias, configurando esquemas participativos tanto generales como particulares. Entre ellos cabe destacar el Foro Social Europeo (FSE) en los años 2002, 2003 y 2004, en las ciudades de Florencia, París y Londres respectivamente. En Sudamérica, entre los días 25 y 30 de julio del año 2004 y en la ciudad de Quito, Ecuador, se realizó el Foro Social de las Américas (FSA), que organizó paneles en torno a temas como “La faz violenta del proyecto neoliberal”, “Poder, democracia y Estado”, “Culturas y comunidades afro-descendientes”. En América del Norte, en Chihuahua cruzando la frontera con El paso, Texas, se efectuó el Foro Social Fronterizo (FSF), en el cual participaron unas 1.000 personas entre los días 12 y 15 de octubre del 2006. Otros foros temáticos han sido: el Foro Mundial Temático (FMT) en Cartagena de Indias, Colombia, año 2003; el Foro Mundial de la Educación (FME), en Buenos Aires, Argentina, año 2006 y el Foro Mundial de las Migraciones (FSMM), en junio del 2006.

Un aspecto que ha acompañado la evolución de las temáticas y la participación en estos foros a lo largo y ancho del planeta ha sido su creciente presencia en las redes comunicacionales, lo que ha configurado otra faceta sociológica conocida como “activismo en Internet”. Esta consiste simplemente en articular acciones concretas que propongan diversos movimientos y organizaciones sociales a través de la herramienta global que es Internet. La comunicación en tiempo real entre personas ubicadas en cualquier punto de la tierra potencia la capacidad de organización y genera un nuevo escenario o campo de lucha a favor de quienes se ven afectados por la misma globalización económica: los que sufren hambre, miseria, falta de vivienda, desempleo, atención de salud precaria, analfabetismo, supervivencia económica en el sector informal, destrucción ambiental, intolerancia religiosa o racial e imposibilidad de emigrar libremente. Los movimientos sociales tendrían en el campo de las comunicaciones un desafío pendiente, según ha opinado el sociólogo Manuel Castells, que incluye posibilitar el acceso a la red a sectores menos pudientes y con sistema banda ancha, así como lograr que la gente común aprenda a buscar información de manera correcta y efectiva.

La crítica a los movimientos sociales

Los encuentros de carácter científico, deportivo, médico, político, académico o social en general que se realizan permanentemente en todas partes del mundo tienen, indudablemente, un componente positivo y deseable por el mero hecho de posibilitar la autocrítica necesaria, desarrollar un ejercicio de reflexión y permitir evaluaciones periódicas en función de nuevas propuestas más maduras y efectivas. El Foro Mundial Social no puede ser la excepción a esta realidad independientemente de los logros concretos que, desde que se iniciaron los primeros encuentros, pueden haberse alcanzado.

Por otra parte, el crecimiento de cualquier organización de carácter comercial, pública o de la sociedad civil tiene límites, pues es necesario considerar los costos y problemas de logística. En el caso de la ciudad de Bombai (o Mumbai) por ejemplo, se esperaba el arribo de unos 75.000 delegados, lo que produjo un colapso el primer día con la asistencia de unos 125.000. De esta manera, este macro-foro probablemente sobrepasó las posibilidades de cualquier sitio en el planeta de absorber de manera normal y cómoda la estadía para los visitantes procedentes de todas parte del mundo. Pero además, independientemente de las comodidades o factibilidad de conducir un evento de esta naturaleza en condiciones mínimas aceptables, una crítica se refiere a si el FSM tiene realmente un valor estratégico. Algunas de las dudas que asoman, derivado de lo anterior, es la gobernabilidad del proceso en un mundo cambiante, pues el liderazgo de la sociedad civil no reside en estructuras jerárquicas bien establecidas y por lo tanto su representatividad se diluye de un modo más bien horizontal. Otra crítica anotada en las referencias disponibles, es la eventual maduración desde foros de carácter aglutinante y pasivos a foros de naturaleza ejecutora, con capacidad de acción. En otras palabras, los foros no sólo deben quedarse en el reclamo y la resistencia, sino plantear alternativas prácticas válidas. Si no se asume esta faceta, se corre el riesgo de mantener utopías de gran aceptación teórica pero de escasa credibilidad social.

En las convocatorias masivas se generan otras cuestiones problemáticas que inciden en la verdadera representatividad popular de quienes son “víctimas de la globalización”. En cada reunión participan representantes de sindicatos poderosos junto a intelectuales que trabajan en ONGs, todas personas por lo general pertenecientes a estratos de clase media e incluso alta. La poca representatividad de la clase popular se ha notado en el lenguaje y en ocasiones en la ideología o manera de plantear sus ideas en las mismas reuniones. De esta manera la crítica apunta a que se configura una asimetría en las estrategias de los distintos grupos sociales para ser representados de mejor manera, siendo favorecidos las organizaciones más poderosas. Un aspecto secundario, además, relacionado con la capacidad de comunicar eficientemente la verdadera realidad y no desviar la atención de lo que afecta a sus representados, es que los medios de comunicación han tendido a destacar los actos de violencia que se han cometido por algunas minorías, como la ocurrida en Génova en julio del 2001 y en que, según los afectados, incluso habrían existido provocaciones policiales.

Las críticas más relevantes que ya han surgido y seguirán existiendo se relacionan, en mi opinión, con el contenido de algunas propuestas y la propia visión del movimiento altermundialista. La propuesta del Premio Nobel de Economía James Tobin y asumida por ATTAC, de ser escuchada, llevaría a preguntas inocentes pero válidas: ¿Por qué un impuesto adicional a las transacciones comerciales?. En democracia, los impuestos los pagan los contribuyentes y, cada reforma tributaria propuesta debe ser discutida en el Congreso, por cuanto representa el interés de quienes pagarán dichos impuestos en último término. Cualquier impuesto, bien es sabido, eleva el precio de los bienes o productos ofrecidos y su incidencia (sobre quien recae) se reparte según las elasticidades de demanda y oferta por tales productos. Aún cuando se trate de fines nobles, sabemos que buena parte de los impuestos, por no decir el mayor porcentaje, se utiliza en pagos a funcionarios y burocracias necesarias para cumplir con los fines que fueron creados esos tributos.

Así, lo más probable es que muchos de esos recursos no lleguen a quienes lo necesitan verdaderamente, y se pierdan en el mantenimiento y operación de interminables burocracias internacionales. Las economías desarrolladas y menos desarrolladas están repletas de toda clase de impuestos, muchos de ellos cuestionables, por lo que uno adicional provocaría importantes desvíos en la libertad de asignación de recursos. De paso, se habrán encarecido los servicios financieros, los préstamos y créditos, lo que indirectamente afecta a los más pobres. No se trata de desvestir a un santo para vestir a otro.

Otra pregunta que de forma natural inquieta es: ¿Quién dispondría de los fondos recaudados?. En otras palabras, qué justifica que una organización particular se arrogue una representatividad inexistente de una especie de “Gobierno Mundial”, en materias relevantes e importantes pero que a la hora de efectuar las asignaciones se encontraría con innumerables problemas prácticos como definir prioridades y grupos favorecidos con la entrega de fondos, cuestión tremendamente delicada y que presenta potencialidades negativas desde el punto de vista de posible corrupción. Aún cuando ésta no existiera y de acuerdo a otras experiencias nacionales con sistemas tributarios bien establecidos, es muy probable que muchos grupos sean postergados en sus legítimas aspiraciones y esta verdadera maquinaria financiero-burocrática terminará por dilapidar importantes recursos en vez de redistribuirlos eficientemente.

Una discusión temprana sobre la idea de un Gobierno Mundial aparece en el Informe de Desarrollo Humano 1992 del PNUD aquí citado. Lo contradictorio del planteamiento es que, después de criticar severamente las deficiencias y problemas que han tenido importantes instituciones internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el GATT, afirma que tarde o temprano la sociedad humana desarrollará instituciones y mecanismos que conformen una especie de Gobierno Mundial. Entre ellas estarían un Banco Central Internacional, un sistema de impuesto progresivo a la renta, una organización internacional de comercio y un sistema de Naciones Unidas fortalecido. Todo esto naturalmente parece repetitivo y trae aparejadas muchas dudas.

Algunas de estas aprehensiones sobre el comportamiento de instituciones mundiales tan respetables como las mencionadas han sido puestas en evidencia por el economista estadounidense Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía. Si bien es materia de debate aceptar la opinión de Stiglitz sobre su oposición a la puesta en marcha de un sistema de pensiones privado en Estados Unidos, en éste y otros puntos que atañen a la conducta del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial muestra la ambigüedad con que actúan:

“Lo primero que me llamó la atención al involucrarme con estas instituciones fue la enorme diferencia entre las políticas que el Fono Monetario Internacional (FMI), y en algunos casos, el Banco Mundial (BM) impulsaban alrededor del mundo, y especialmente América Latina, y lo que hacen en Estados Unidos”.

“El FMI y el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos promueven objetivos que no aceptamos en nuestro país”.

“Un tercer ejemplo es el de la política fiscal. En este punto, tanto los republicanos como los demócratas han estado de acuerdo en que, si es necesario tener un déficit fiscal para evitar una situación recesiva, hay que tenerlo. Sin embargo, en América Latina, la receta del FMI dice todo lo contrario. Cualquiera sea el país que acude al Fondo lo primero que le recetan es recortar el presupuesto, aún estando en recesión”.

Por último, aunque es cierto que al navegar en las redes de Internet, servicio que alguien debe pagar, es posible encontrar información que podríamos denominar “gratuita”, como documentos de investigadores, juegos para niños y hasta programas utilitarios de interés, una propuesta que pase a llevar los derechos de propiedad intelectual en otra clase de programas computacionales es inviable y no conducirá a nada.

En muchas áreas de la medicina, la arquitectura, ingeniería y otros campos de las ciencias humanas es necesario desarrollar software de alta complejidad y de alto costo, transformándose en un “bien económico” como cualquier otro y para lo cual aparece una demanda, una oferta y naturalmente un precio que determina su escasez. En esto da la impresión de que a veces, por razones desconocidas pero que también sorprenden, sucede que muchos científicos sociales olvidan o no saben que los “bienes gratis” o “bienes gratuitos” no son “bienes económicos”. En palabras simples, no son de interés para la Economía y por lo tanto esta ciencia no los estudia. El “mundo gratis” en economía, aunque no nos guste decirlo, no existe. La clásica pregunta que uno siempre aprende al tener presente propuestas de reformas en cualquier área de actividad humana, en que asomen cuestiones económicas, es ¿Quién paga?. Esto nos conduce inevitablemente a hablar de financiamiento, pero no de “gratuidad”.

Un contraste entre los enfoques de Desarrollo Humano y Alter-Mundialista

Al finalizar la revisión de antecedentes sobre los enfoques del Desarrollo Humano del PNUD y la visión de las organizaciones altermundialistas, cabe a continuación contrastar la hipótesis que habíamos planteado al comienzo de esta monografía. El ejercicio de por sí es interesante, por cuanto tenemos frente a frente dos fuerzas motoras que en cierto sentido promueven intereses semejantes y hasta coincidentes, pero desde trincheras ciertamente muy distintas: una desde lo académico e institucional, con una vasta experiencia acumulada en temas y programas de desarrollo como es el PNUD; la otra, desde la sociedad civil y la realidad cotidiana, un germen social que se mantuvo latente por décadas y que ha explosionado en los últimos años con una fuerza inusitada.

Naturaleza del Enfoque de Desarrollo Humano

La naturaleza del enfoque del desarrollo humano combina elementos propios de lo que tradicionalmente en las Ciencias Sociales, y en particular la Economía, ha definido como crecimiento de los ingresos de la población, que determina un cierto nivel de bienestar desde el punto de vista del poder adquisitivo (comida, vestuario, vivienda, etc.) con otros elementos no tradicionales pero igualmente reconocidos hoy como muy importantes, más propios del ámbito psicológico, sociológico e incluso biológico, que determinan la capacidad del ser humano en conseguir un nivel civilizador más alto (buena salud mental y física, amplia participación social, desarrollo de virtudes personales y colectivas, respeto por el medio ambiente, obtención de diversos logros culturales y deportivos, etc.).

El enfoque del desarrollo humano, si bien abarca diversos aspectos de la vida y de la condición humanas, mantiene una cohesión y homogeneidad en sus planteamientos. La idea de cohesión se fundamenta en el trato sistemático que utiliza al considerar distintas variables que determinan lo que, en su lenguaje, ha denominado Índice de Desarrollo Humano (IDH). Este indicador ha sido sometido a análisis técnico y teórico rigurosos, en los que siempre ha estado presente la idea de flexibilizar las ponderaciones otorgadas a las capacidades y logros de las distintas personas o grupos sociales pertenecientes a sociedades también muy distintas, con costumbres y formas de vida también diferentes. En la práctica, el PNUD ha desarrollado una serie de cálculos de estos y un amplio número de otros indicadores derivados de los tres principales como:

(a) Ingresos  ahorro interno bruto, asistencia oficial para el desarrollo, balanza en cuenta corriente, dependencia comercial, desempleo, distribución de ingreso, coeficiente de Gini, empleados, gastos gubernamentales, gastos per cápita reales, impuesto directo, ingresos por empleado, inversión interna bruta, PIB per cápita considerando la paridad del poder adquisitivo, tasas de crecimiento, reservas internacionales brutas, etc.

(b) Educación  educación primaria, educación secundaria, educación secundaria técnica, educación terciaria, escolaridad promedio, graduados en ciencias, tasa de admisiones aparentes primer nivel, tasas de alfabetismo, tasa de deserción, razón de matrícula escolar bruta, razón de matrícula escolar, etc.

(c) Salud  acceso al agua, acceso al agua potable, acceso a servicios de salubridad, acceso a servicios de salud, asistencia alimentaria en cereales, bajo peso al nacer, bajo peso por desnutrición infantil moderada y severa, consumo calórico, consumo calórico diario per cápita, desarrollo menguado, días de incapacidad por enfermedad o lesión, esperanza de vida al nacer, falta de desarrollo, gastos en salud, índice de invernadero, índice de producción de alimentos per cápita, promedio de niños inmunizados, tasa de mortalidad infantil, tasas de mortalidad en niños menores de cinco años, tasa de mortalidad bruta, tasa de mortalidad materna, partos atendidos, tasa de utilización de anticonceptivos, personas por cuarto habitable, prestaciones de seguridad social, razón de dependencia de alimentos, requerimiento calórico diario per cápita, tasa de crecimiento demográfico, tasa de fertilidad, etc.

La construcción de estos y otros indicadores complementarios como los índices de desarrollo relativos al género, brecha Norte- Sur, de formación científica, brecha hombre-mujer, potenciación de género y pobreza humana, de cierta manera nos obliga a reconocer el fundamento unitario del planteamiento general que entrega el PNUD en su enfoque de desarrollo humano. Técnicamente yo diría que se trata de la superposición de distintas matrices que definen el desarrollo humano en un lenguaje común y homogéneo, como distintas ramas de un mismo árbol pero de tronco común. Se aprecia en esta visión un sentido coherente en que todos apuntan en la misma dirección, que no es otra la de mejorar el estándar de vida de la población como un todo, en un nivel mundial, sin discriminar entre grupos, instituciones o países y sin plantear una posición de naturaleza antagónica entre ellos. En esta manera de plantear el camino hacia el desarrollo se ha evitado, como corresponde de manera correcta, la confrontación innecesaria entre partes o favorecer a determinados grupos sociales como eventuales ganadores pero a costa de otros que resulten perdedores, lo que nunca ha conducido a buen puerto.

Naturaleza del Enfoque Altermundialista

La naturaleza del enfoque altermundialista combina la expresión de insatisfacción de diversos grupos sociales a través de todo tipo de medios de comunicación por la realidad social y política que les ha tocado vivir en las últimas décadas, con algunas posturas o propuestas alternativas factibles y no factibles que son apoyadas por determinados sectores intelectuales también disconformes con la evolución de hechos y resultados alcanzados en el campo del bienestar individual y colectivo en todos los países que componen la comunidad mundial.

La fuerza en la posición del movimiento altermundialista está en la realidad, en el hambre que se sufre a diario en las poblaciones de numerosos países menos desarrollados, en la falta de pronta ayuda de los gobiernos ante aluviones, maremotos, vendavales o incendios masivos como los ocurridos recientemente en la zona del Peloponeso, Grecia. La discriminación y maltrato que se les da a numerosos inmigrantes, la posibilidad de que los pueblos originarios participen en decisiones nacionales que suelen afectar su modo de vida y diversos desastres ambientales provocados por la mano del hombre tanto en el mar como en la tierra, son pruebas vivas de que la voz de quienes constituyen el movimiento altermundialista tienen algo que decir.

La debilidad en la posición del movimiento altermundialista suele estar, no siempre, en el diagnóstico de las causas que originan muchos de los problemas que denuncian, así como en la necesaria propuesta alternativa y específica que debe seguir a la crítica. Respecto de lo primero, se aprecian algunas contradicciones básicas en el punto de partida de su nuevo paradigma: no es posible oponerse a la globalización, cuya esencia son las crecientes facilidades que la industria del transporte y las telecomunicaciones nos otorga a todos los seres humanos para contactarnos y conocer otras realidades, al mismo tiempo que se hace uso y hasta abuso de ella para configurar redes de resistencia globales de toda clase y hasta de escaso significado. Con relación a lo segundo, el profesor Alain Touraine ha señalado que el movimiento altermundialista presenta una debilidad intrínseca, que consiste en no definir con claridad en nombre de quién y de qué intereses es su lucha, lo que tiende a confundir la relación entre quienes poseen derechos adquiridos y aquellos con aspiraciones a reivindicaciones sociales y económicas.

Al revisar otros aspectos del diagnóstico que efectúan algunos movimientos altermundialistas, se aprecia en aquel una notoria reacción estatista al neoliberalismo y que suele tener raíces sociológicas profundas. Este sesgo ha sido destacado por Augusto de Franco, expresando que el estado-centrismo es regresivo y que, cuando combate al neoliberalismo, lo hace no para superarlo y presentar una alternativa posliberal, sino para huir hacia atrás, ubicándose en una posición anti-liberal pero de corte autoritario:

“Cuando vemos en las portadas de los periódicos, fotografías de multitudes enardecidas de jóvenes, globalmente congregados, en Seattle, Gotemburgo o Génova, amados con palos y piedras, creyendo que luchan contra la globalización, en realidad vemos estertores del estatismo. Hay una gran ironía en todo eso: los manifestantes globalizados contra la globalización –reclutados y entrenados por la red mundial de computadoras, ella misma vehículo de la globalización- son en su inmensa mayoría, jóvenes que nunca detentaron alguna parcela de poder del Estado en sus países de origen. El poder estatal es gerontocrático, está y siempre estuvo en manos de los viejos. Y los jóvenes van a sufrir palizas de las viejas policías estatales en nombre de un viejo poder de un viejo Estado, dirigidos por viejos jerarcas que nunca se preocuparon por ellos. They don´t care. ¿Pero vaya usted a decirlo!”.

Por otra parte, algunas acciones ejecutadas por instituciones alternativas como Greenpeace cuyos fines loables suelen confundir la forma correcta de exigir los cambios necesarios. En su libro sobre la globalización y algunas falacias que contiene, el profesor Ulrich Beck comenta que Greenpeace consiguió que la multinacional petrolera Shell no hundiera una plataforma petrolífera en el Atlántico sino que la desarmara en tierra firme. Luego esta misma institución puso en entredicho al entonces Presidente de Francia, Jacques Chirac exigiendo que prohibiera la reanudación de pruebas atómicas francesas, asunto que no consiguió. Pero estos logros se vieron empañados por el hecho de que la razón por la cual la petrolera Shell acató la comentada disposición, fue un boicot masivo de los ciudadanos. Más tarde se descubriría que Greenpeace había “jugado con cartas falsas”, pues las preocupantes sobrecargas del mar del Norte fueron sobrestimadas o exageradas. Con esto, la credibilidad de uno de los principales actores de las “causas justas” contra la globalización sufrió un notorio revés.

La heterogeneidad del planteamiento Altermundialista es otra característica que define fuertemente la naturaleza del mismo. En el caso del FSM del año 2001 en Porto Alegre, Brasil, participaron partidos políticos, ONGs, sindicatos, organizaciones estudiantiles y grupos étnicos, que recibieron el apoyo de diversas organizaciones: Asociación Brasileña de Organizaciones no Gubernamentales, Acción por la Tributación de las Transacciones Financieras en apoyo a los Ciudadanos, Comisión Brasileña de Justicia y Paz, Asociación Brasileña de Empresarios por la Ciudadanía, Central Única de Trabajadores, Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicos, Centro de Justicia Global y Movimiento de los Trabajadores Sociales Sin Tierra.

En el FSM celebrado entre los días 25 y 30 de enero del 2001 en Porto Alegre, Brasil, los aspectos más importantes tratados por la convocatoria de los movimientos sociales fueron: la resistencia contra el neoliberalismo; el militarismo y la guerra; por la paz y la justicia social. El detalle textual de los puntos polémicos por los cuales luchaban es el siguiente:

“(i) El derecho a conocer y criticar las decisiones que tomen los gobiernos, sobre todo con relación a las instituciones internacionales, y porque asuman la responsabilidad que tienen de rendir cuentas frente a sus pueblos. Mientras se refuerce la democracia electoral y participativa en todo el mundo, se enfatiza la necesidad de democratizar los Estados y las sociedades y la lucha contra las dictaduras.

(ii) La abolición de la deuda externa, exigiendo medidas reparadoras.

(iii) La oposición a las actividades especulativas, exigiendo la creación de impuestos específicos como el impuesto Tobin, sobre el capital especulativo y la supresión de los paraísos fiscales.

(iv) El derecho humano a la comunicación.

(v) Los derechos de las mujeres contra la violencia, la pobreza y la explotación.

(vi) La oposición a la guerra y al militarismo, contra las bases militares extranjeras y las intervenciones, así como la escalada sistemática de la violencia. Se privilegia el diálogo, la negociación y la resolución no violenta de los conflictos. Se exige el derecho de todos los pueblos a una mediación internacional con la participación de instancias independientes de la sociedad civil.

(vii) El derecho de las y los jóvenes para acceder a la autonomía social y a una educación pública y gratuita, y por la abolición del servicio militar obligatorio.

(viii) La autodeterminación de los pueblos, en especial los pueblos indígenas.”

La cantidad de organizaciones presentes tanto en el año 2007 del FSM de Nairobi en Kenya como el año 2006 anterior en Bombay, India alcanzaban unas 1.000. Ellas representaban a unos 100 países con más de 80.000 participantes, lo que da una idea del crecimiento del movimiento altermundialista.

Algunas de las organizaciones y eventos realizados, por ejemplo en el FSM del año 2006 en Bombay, India, se resumen en el Cuadro Nº 2.

Los antecedentes que aporta el Cuadro Nº 2 permiten comprender de mejor manera la naturaleza de estos encuentros altermundialistas. En la selección anterior se ha procurado mostrar la diversidad de los debates y temas tratados, aunque la presencia de organizaciones de la India y países cercanos es abrumadoramente mayoritaria. El costo de los traslados desde países lejanos y las posibilidades reales de manejar un mega-evento de esta naturaleza, ha incidido en el grado de representatividad del encuentro. Sin embargo da la impresión de que muchos temas tratados son propios de cualquier país, como los relacionados con maltrato a la mujer, problemas de acceso al agua potable, explotación de trabajo infantil y dificultades de los emigrantes.

Con todo, la heterogeneidad de esta muestra representativa es suficientemente evidente para comprender lo complejo que han resultado encuentros de este tipo, en que la búsqueda de una posición única o común no es fácil de alcanzar sin entrar en contradicciones. De pronto se nota la existencia cierta obsesión inmadura en determinados participantes cuando manifiestan posturas simbólicas como no beber Coca Cola u otra bebida refrescante de origen estadounidense, ni tampoco se acepta la ayuda humanitaria y financiera que pueda brindar una institución como la Fundación Ford, por el solo hecho de ser una entidad que representa a Estados Unidos. Este tipo de conductas que emergen en el frenesí de un encuentro definido a priori como “anti-imperialista” terminan por desvirtuar los objetivos relevantes del FSM.

Otra de las contradicciones que se aprecian es que en el encuentro coexisten instituciones pacíficas como la Churc’s Auxiliary for Social Actino, el National Council of Churches in India, o el Indian Social Institute, cuyos propósitos en la conferencia han sido la búsqueda de un paradigma de desarrollo alternativo, contra el terrorismo y en favor de la paz (ver fuente citada), lo que contrasta con la posición del movimiento Revolutionary Democracy (ver Cuadro Nº 2) que manifiesta ideales más bien agresivos contra la globalización.

Algunas de las diferencias y coincidencias fundamentales de ambos enfoques se anotan en el Cuadro Nº 3, lo que constituye un antecedente más para el contraste de la hipótesis planteada al inicio de este trabajo. Se aprecia que, a pesar de las diferencias de ambas visiones, mantienen algunos puntos coincidentes sobre los cuales es posible avanzar con políticas de consenso orientadas a resolver dificultades pendientes en países de América Latina y del resto del mundo.

Conclusiones

Al finalizar este trabajo y después de haber revisado los antecedentes fundamentales que permiten visualizar los enfoques de desarrollo humano del PNUD, por un lado, y del movimiento altermundialista, por otro, es que cabe anotar en seguida algunas conclusiones respecto de ellos.

Un aspecto a destacar, en el enfoque de desarrollo humano propuesto por Amartya Sen y continuado en sus lineamientos fundamentales por los equipos técnicos y profesionales del PNUD, es que abre una nueva perspectiva tanto en el diagnóstico como en la puesta en marcha de medidas para avanzar en el progreso acelerado de las naciones menos favorecidas en lo económico y social.

De esta manera es que la antigua visión del asistencialismo tradicional se transforma en una nueva perspectiva que combina los estímulos de carácter subsidiarios con la provisión de condiciones u oportunidades para que las personas de distintos estratos sociales, no sólo en extrema pobreza, puedan demostrar sus capacidades alcanzando distintos logros.

El enfoque del desarrollo humano, visto de este modo, ha dejado atrás la simple cuestión de los ingresos necesarios para mantener un buen nivel de vida, sino que insiste la importancia de incorporar al análisis un amplio abanico de temas que inciden de manera directa en el bienestar social. Esta visión, por lo tanto, abre un campo hasta hace poco inimaginable en lo que tradicionalmente se conocía como “desarrollo económico” y en el que los temas aparentemente menos prioritarios nunca o poco se tomaban en cuenta.

En mi opinión, lo anterior permite enfocar el debate en cuestiones que probablemente no son relevantes para el bienestar de ciertas sociedades, pero sí lo son en otras. Así, temas de carácter cultural, deportivo o ecológico, que están muy lejos siquiera de conformar una aspiración en aquellos países en que la guerra, el hambre, las enfermedades y, en último término, la subsistencia es lo más urgente por resolver, en algunas sociedades pueden determinar fuertemente el modo de vida y las necesidades de las personas.

A pesar de la complejidad que representa el tema del desarrollo, en los que la última palabra nunca es posible pronunciarla dado su contexto eminentemente dinámico, el enfoque de desarrollo humano abre una serie de posibilidades de poder avanzar tanto en el diagnóstico, como en la medición y en la propuesta de políticas públicas que permitan alcanzar objetivos realistas en lo social y económico. Así por ejemplo, cuando se piensa en las corridas de toros en España y otros países, que divierten a mucha gente y forman parte de su bienestar, su calidad de vida, el enfoque no parece excluir o eliminar tal atrocidad, como a muchos nos parece, a través de un mandato dictatorial.

Por el contrario el enfoque del desarrollo humano, y como lo hemos examinado en parte del texto de este trabajo, aboga por el fomento de las libertades humanas en el amplio sentido de la palabra. En términos más sencillos, es una visión civilizadora, no impone el cese abrupto e inmediato de las corridas de toros, pero sí sugiere implícitamente que el resto de la comunidad mundial haga ver, a quienes disfrutan con la sangre y el sufrimiento de los animales, que hay maneras mucho más dignas de divertirse, de compartir tanto en familia como junto a grupos masivos de seres humanos y sin necesidad de involucionar hacia tiempos idos.

En esta línea de reflexión, es que me parece sumamente importante reconocer las libertades humanas que plantea el enfoque de desarrollo humano, como un material de trabajo para ampliar el diálogo, no sólo con respecto a la libertad de desplazamiento, de temor, seguridad, violencia y respeto por la vida en general, sino también en ámbitos más conflictivos. Las diferencias existentes entre credos religiosos o las crudas guerras por cuestiones territoriales, por ejemplo, son campos de exploración de interés bajo este enfoque, al primar los valores de convivencia y de tolerancia por sobre la incomprensión mutua entre partes.

El enfoque de desarrollo humano, por último y en consistencia con la hipótesis planteada, es de naturaleza homogénea a pesar de las dificultades de indeterminación potencial implícitas en la idea de desarrollo, como recién comentamos en el caso de las matanzas de toros. Examina la matriz social y económica bajo el enfoque de espacios evaluativos que se asemeja a un árbol compuesto por su tronco y las ramas que lo definen, sin ambigüedades ni posibilidades, para el caso de una sociedad. De este modo cada sociedad posee su propio espacio evaluativo, es un árbol distinto, con su tronco principal, sus ramas, hojas, retoños y hasta frutos propios, dejando en claro por lo tanto que la calidad de vida de un país determinado no tiene por qué ser exactamente una fotocopia o un clon de otro. Se distingue que el enfoque del desarrollo humano es homogéneo e integrador, lo que es multifacético y variado es la realidad misma.

Pero además y también en concordancia con la hipótesis establecida, el enfoque altermundialista no se ha concebido como una construcción teórica que incorpore de manera homogénea y coherente las distintas materias propias del bienestar, y a partir de una revisión del estado de la ciencia anterior, sino que ha surgido de una manera más bien espontánea producto de la disconformidad y angustia de diversos cuerpos sociales que han visto en el proceso globalizador de fines del siglo XX y comienzos del XXI buena parte de las causas su menguada posición en el campo del desarrollo económico. Se trata por tanto de un enfoque cuya visión se conforma a partir de realidades inmediatas, vívidas, que no permiten demasiados grados de libertad de acción en el mediano o largo plazo, sino más bien respuestas prontas y soluciones rápidas.

En esta situación condicionada es que el enfoque altermundialista es de naturaleza más bien heterogénea y hasta contradictoria, con múltiples voces interpretando desde distintos puntos de vista el acontecer mundial, lo que incluso suele confundir al analista desprevenido. La simplicidad de atribuir todas o casi todas las causas del hambre, falta de agua, pobreza y escaso desarrollo a la globalización o al imperio norteamericano, peca de falta de seriedad y hasta imaginación. Si hablamos de calidad de vida y desarrollo humano, no veo relación alguna entre la invasión de tropas norteamericanas a Irak y los garabatos que acabo de escuchar, a lo lejos, en un programa de teleseries de la televisión local. No se puede, por otra parte, mantener la mano extendida para que las ONGs y gobiernos locales reciban en una mano ayuda de diversas fundaciones europeas y norteamericanas, pero con la otra se eleve un dedo acusador en contra de una nación completa por motivos aparentes.

Al examinar las propuestas del encuentro en Porto Alegre del año 2001, sólo cabe reiterar lo contradictorio e impracticables de algunas de las mismas. Por ejemplo la exigencia de abolir la deuda externa [¿de quien?;¿en general?] y la sentencia de pedir medidas reparadoras, aparece como un asunto fuera de contexto, hasta poco serio, más propio de las responsabilidades de cada gobierno con sus respectivos acreedores internacionales. Los problemas de deuda externa, es bien sabido, tienen su origen en el mal manejo interno de las políticas fiscales y monetarias, que conducen a crisis de balanza de pagos. La cadena de efectos sigue con la obligación de aminorar el crecimiento y el empleo para detener el flujo de importaciones y así tratar de solucionar la falta de divisas para pagar lo que se debe.

La oposición a las actividades especulativas olvida que éstas son sólo posibles ante la falta de competencia, cuestión sobre la cual los gobiernos también tienen las herramientas legales, jurídicas y políticas con las cuales actuar. No parece práctica la idea de “suprimir paraísos fiscales”, en otras palabras, impedir que países que reciban fondos de dinero que evitan cobros de impuestos excesivos y generen un determinado nivel de ganancias por intereses que, por ser seguro y menos riesgoso, no necesariamente sean los más rentables.

Del mismo modo, la creación de un impuesto global a las transacciones financieras (idea de Tobin), sin existir un Gobierno Global, ni un Parlamento Global que lo discuta y legitime en su aplicación y uso posterior, sumado al cúmulo de críticas que representantes del propio movimiento altermundialista han efectuado a instituciones de carácter mundial (Fondo Monetario, Banco Mundial), también da una sensación de incoherencia.

A pesar de esta doble faceta que presenta el enfoque altermundialista, una gran parte de las aspiraciones y propósitos que han tenido las reuniones de los distintos Foros Mundiales Sociales, coinciden absolutamente con los planteamientos del PNUD.

En el Cuadro Nº 3 (p. 31), que he preparado revisando parte del material utilizado a lo largo de este trabajo, se aprecia en la última columna que existen coincidencias importantes en cuanto a la temática de interés en ambos enfoques. Se aprecia que la necesidad de mejorar el acceso a la salud, las condiciones de saneamiento, las posibilidades de educación, la libertad en el movimiento de personas que emigran, así como desarrollar iniciativas que disminuyan y en lo posible acaben con el maltrato a las mujeres y la explotación laboral forzada de los niños, por ejemplo, son temas que preocupan en gran medida a las dos visiones.

En consecuencia es posible concluir además que, tanto las personas como las organizaciones que están detrás del planteamiento de ideas y propuestas en ambos enfoques, tienen puntos de encuentro sobre los cuales es posible avanzar de manera más efectiva y práctica. Para ello, naturalmente, se requiere continuar configurando un escenario de trabajo conjunto que incluya estas coincidencias, en un primer intento de acercamiento. Una vez realizados los primeros encuentros para intentar alcanzar posturas comunes, se requeriría acordar acciones resolutivas que permitan concretar el diseño de políticas públicas más efectivas. De este modo se aprovecharían más eficientemente las energías dispersas en dos frentes que, hasta el momento, aparenta no tener mucho en común. El paso del tiempo dirá si aún es posible establecer otros acercamientos en materias más complejas y con posiciones aún divergentes.

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12 al 30 de
diciembre
I Congreso EUMEDNET sobre
Economía y Cambio Climático

 

 

 

 

Encuentros de economia internacionales a traves de internet


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