Política económica para nuevas generaciones
Observatorio de la Economía Latinoamericana


Revista académica de economía
con el Número Internacional Normalizado de
Publicaciones Seriadas  ISSN 1696-8352 Vea aquí los números más recientes.

  Economía de Argentina

 

Coyuntura y pensamiento económico
- Política económica para nuevas generaciones-

Lic. Diego Dequino
dequino@yahoo.com
Universidad de Morón

Tabla de contenidos

I. Introducción 
II. La evidencia indirecta 
III. La evidencia directa 
El rasgo endógeno 
El rasgo exógeno 

I. Introducción

La historia de las sociedades modernas puede explicarse apenas en una pequeña porción por factores exógenos o ajenos al dominio de quienes la constituyen. La mayoría de las variables que permiten interpretar, explicar y predecir la travesía temporal de una nación o grupo de personas asociadas de forma más o menos permanente en el marco de una sociedad capitalista residen en universos analíticos definidos primordialmente por el comportamiento de los individuos que la componen. Las instituciones, las reglas, las normas, las pautas culturales, el modus de la organización, etc. constituyen en este nivel de análisis convenciones, las cuales aparecen en mayor o menor grado como elementos dados o predefinidos para la propia sociedad.

La crisis o tensión social que atraviesa la Argentina por estos días empuja de forma sostenida e indiscriminada hacia la superficie del conocimiento social una sucesión de elementos disímiles que tienen como rasgo común adjudicarles la culpabilidad en grado variable de los acontecimientos adversos que sufre nuestra sociedad. La agenda de los elementos culpables oscila de forma permanente en los últimos meses entre individuos con responsabilidades institucionales, las propias instituciones previstas por nuestro plexo normativo, los agentes económicos relevantes de nuestra organización social, los agentes económicos que detentan una porción del capital colectivo y en última instancia las propias reglas 1 que expresan e imponen la convivencia ordenada y pacífica de todos los ciudadanos.

En líneas generales, los elementos-causas de la crisis identificados por el conocimiento social están obteniendo de forma paulatina y desde la misma sociedad, un orden jerárquico en cuanto a responsabilidades. Los elementos-causas primeros estarían en la actualidad concentrados en torno a dos ejes: el fracaso de toda una generación de dirigentes políticos; y la aplicación de recetas o reglas de política económica que por lo menos pueden atribuírseles el adjetivo de equivocadas. En un segundo orden de jerarquía, progresivamente se van agrupando el resto de los elementos-causas mencionados, tendiendo a ser éstos interpretados como un subproducto o consecuencia de los primeros.

La escasa rigurosidad de la descripción, no le quita validez a la misma, en la medida que acordemos que la necesidad por estos días no es ajustar ningún modelo teórico a nuestra realidad, sino encontrar las pistas del deseo colectivo en torno a esquemas de organización social sustentables. Analizar desde un punto de vista científico la crisis social de nuestro país en la historia reciente y su coyuntura es un ejercicio condenado al fracaso, no sólo por la complejidad y diversidad de las variables intervinientes, sino -y fundamentalmente- debido a que los acontecimientos están aún en plena ocurrencia.

En otros términos, considerar que los modelos de conocimiento existentes son autosuficientes para explicar y -fundamentalmente- resolver la crisis de nuestro país es negar la realidad que atravesamos y su historicidad, aunque esto es avanzar en la tesis principal que presentaremos más adelante.

II. La evidencia indirecta

Quienes apuestan a encontrar las respuestas para la situación actual de nuestro país, en el análisis estilizado de los acontecimientos principales que marcaron los últimos 30 años de la realidad argentina, no se equivocan. Existe una suerte de nexo aparente entre los elementos-causas primeros citados y los acontecimientos de la historia reciente.

Los dirigentes políticos formados en el rigor de la militancia de los años setenta con todas las variantes ideológicas contenidas en aquel momento, y que sobrevivieron literalmente a la represión de esos años, son una suerte de fotografía en blanco y negro de los coloridos dirigentes actuales que tiene nuestra sociedad. Quien podría negar semejante evidencia en la medida que son las mismas personas aquellas y éstas; que las estructuras políticas son básicamente las mismas, aunque con variantes más nominales que reales; que la agenda de la política aparece ser la misma aunque velada detrás de un lenguaje más aggiornado (v.g. autoderminación de las decisiones-liberación del imperialismo vs. globalización e integración al mundo-disciplinamiento detrás de los países centrales). No es nuestro interés analizar esta especie de fenómeno aparente ligado a la Política, según la distinción analítica que nos impone por estos días el conocimiento social. Si bien esta categoría no aparecería como un aspecto secundario del problema actual, consideramos que su análisis es de alguna manera inconducente en la medida que los dirigentes son los que están y en tal sentido constituyen un dato de la realidad. Cambiar esta situación no depende de forma directa del examen del modelo de representación política argentino, sino más bien de los acontecimientos que se impongan en la propia sociedad, de forma más o menos rápida, más o menos radical.

El segundo elemento-causa identificado por el conocimiento social actual como origen de la crisis de la Argentina, es el constituye nuestro interés inmediato. La aplicación de recetas o reglas de política económica que como mínimo fueron equivocadas o inapropiadas, aparece como una categoría muy especial. Las recetas o reglas económicas constituyen, a nuestro entender, la piedra angular de un modelo general de análisis. El sentido de ésta afirmación no es descubrir o debatir acerca de la receta o regla más apropiada que facilitaría la implementación de un modelo general de análisis y acción sobre la realidad económica y social. Por el contrario, el orden propuesto es el inverso, el modelo general de análisis y acción debería ocuparse de desarrollar los mecanismos necesarios para generar las reglas y recetas de mayor idoneidad relativa para maniobrar sobre la realidad de nuestra sociedad 2.

Las políticas económicas específicas aplicadas en nuestro país, como valores únicos que puede asumir una variable dentro de un modelo, tienen la particularidad de reunir de forma unánime el consenso de todos los actores sociales. Pero no el consenso en el sentido de acordar sobre la calidad de su contenido y de sus resultados, sino el consenso en la significación de ser el eje de todas las opiniones que gobiernan las discusiones acerca de la realidad social y económica de nuestra Nación. Discusiones en las cuáles participan todos los actores sociales que tienen mayor o menor participación en la vida de nuestro país, incluyendo por supuesto a las instituciones que los representan. Ello comprende no sólo los partidos políticos, las asociaciones de sectores de la sociedad, las instituciones extranjeras que tienen vínculos estrechos con nuestro país -incluyendo organismos multilaterales de créditos, países extranjeros, etc.-, sino también a los individuos prominentes -expertos, personalidades públicas, etc.- y los individuos comunes de nuestra sociedad.

III. La evidencia directa

Considerar un período de tiempo específico para centrar el análisis de la política económica es una distinción arbitraria, ya sea porque no barre con todos los antecedentes necesarios, porque el corte temporal deja truncos o inconsistentes parte de los argumentos y de sus variables contenidas, o porque puede descontextualizar de forma caprichosa la conclusión del análisis. Aunque el período de tiempo específico que aquí elegimos para analizar la política económica puede aparecer como antojadizo, la valoración de la elección realizada debe hacerse a la luz de que el objeto de análisis no es la política económica sino la génesis intelectual de la misma.

Tomando como base los últimos 25 o 30 años las recetas o reglas económicas aplicadas en nuestro país, cualquiera fuera el signo político que las llevo adelante, cualquiera fuera la ideología que las sustentó 3 o el grado de éxito-fracaso de la misma, es posible identificar algunos rasgos comunes. Particularmente vamos a detenernos sobre dos de ellos. Uno si se quiere de carácter endógeno propiamente dicho, y el segundo más próximo a lo que se conoce como dato exógeno de un modelo.

El rasgo endógeno 

Todas las medidas de política económica llevadas adelante en nuestro país durante las décadas de los '70, '80 y '90 tienen como rasgo común el modelo de acumulación intelectual que se encargo de diseñarlas, impulsarlas en los ámbitos de poder adecuados y cuando a su turno llegó la oportunidad, implantarlas. Este aspecto constituye la primer evidencia, y es de carácter general.

Este modelo de acumulación intelectual, fue 4 único y general, no porque la ideología fuera la misma o porque las políticas deducidas fueran semejantes, sino porque el modo de generación intelectual de los contenidos fue equivalente. Las políticas económicas aplicadas desde la década del '70 en adelante por supuesto que tuvieron signo político e ideológico distinto, aunque en lo fundamental todas constituyeron variantes dentro de un modelo económico y social donde la distinción mayor tuvo que ver con el rol asignado al Estado.

El modelo de acumulación intelectual único y general al que nos referimos no está evidenciado por la calidad de los contenidos de la política económica deducida del mismo, sino por la génesis de esos contenidos. Es posible preguntarse, por ejemplo, ¿qué tienen en común los individuos o equipos en los cuales se descansó la responsabilidad de conducir la política económica durante todos estos años?, o en términos más estrictos ¿cuál es el rasgo común de los Ministros de Economía de la Argentina y sus equipos que durante las últimas 3 décadas se encargaron de implantar programas económicos ambiciosos, intentando reformar de forma más o menos extensa del funcionamiento de toda la economía? La respuesta no es obvia, ni mucho menos.

La característica común a todo ellos es su pertenencia a grupos muy concretos de individuos que trabajando de forma más o menos intensa, en mayor o menor tiempo, fueron capaces de desarrollar una agenda de problemas críticos de la sociedad y el Estado, así como una secuencia de recomendaciones de política a implementar para solucionar los primeros.

Estos grupos, tuvieron diferencias. Las más notorias, cuando la orientación ideológica fue dispar. Las más evidentes, cuando existía una orientación o contención política distinta. Las más agrias, cuando coincidían con el diagnóstico, pero disentían sobre las herramientas para la resolución.

Los grupos de intelectuales más notorios vinculados a la economía durante todos estos años, se agruparon en torno a ciertos ejes comunes que, insistimos, no se vincula con formatos ideológicos comunes sino con una ideología compartida del conocimiento. En particular, los ejes factibles de identificar son cuatro en un corte transversal y uno en el longitudinal. Este aspecto constituye la segunda evidencia, de carácter específica.

Los ejes atemporales comunes se vinculan a una creencia, justificada por cierto, de que el conocimiento de la realidad económica y social de un país se relaciona más con una suerte de iluminismo que con el saber compartido. Los ejes identificados: A)un espacio común de trabajo, con mayor o menor financiamiento para llevarlo adelante, bajo un formato divorciado en lo formal de los partidos políticos y/o de otro tipo de instituciones representativas de la sociedad. Estos espacios asumieron la forma de fundaciones, asociaciones civiles, entidades de formación educativa muy específica, etc.; B)Un importante componente de afinidad ideológica y de relaciones personales, muchas veces alentado por procesos de formación académica comunes.; C)Una mezcla importante de conceptos de vanguardia en la identificación y análisis de los problemas relevantes de la sociedad, así como de un mesianismo característico al momento de implantar las soluciones propuestas.; D)El éxito contrapuesto la fracaso. El éxito de carácter recurrente al momento de formar la agenda de problemas, realizar las descripciones de cada uno de ellos, proponer las soluciones y obtener los espacios de poder necesarios en el Estado para llevar adelante las políticas previstas 5. Seguidamente, en mayor o menor tiempo, el fracaso categórico de las políticas implementadas; ya sea por factores exógenos o propios, previsibles o imprevistos, manejados o impuestos, pero siempre fracasos para el conocimiento social o jalones negativos de la memoria colectiva.

En el sentido temporal, el eje común del modelo se vincula a un patrón de formación intelectual compartido. Para este patrón común, el conocimiento sobre economía y especialmente sobre política económica es directamente proporcional a la cantidad de tiempo destinado al estudio de la misma. Si bien ello es inequívocamente cierto para lo primero - la economía -, no es necesariamente acertado para lo segundo 6. Mientras la economía es asimilada como una ciencia en el sentido de identificar problemas, absorberlos dentro de un marco teórico, modelizarlos en la medida de lo posible con el soporte de sistemas axiomáticos y reglas de deducción, y predecir consecuencias o resultados probables; la política económica se aproxima más a lo que se entiende como técnica o en el peor de los casos al arte cuando no se encuentran respuestas para explicar unívocamente sus éxitos o fracasos. La política económica, como tal no es un ejercicio en abstracto sino la suma de decisiones concretas y cotidianas que alteran o sostienen un sinnúmero de relaciones económicas establecidas en el ámbito de una sociedad.

El rasgo exógeno

La década de los '70 alumbró una de las revoluciones más importantes de la historia del capitalismo occidental. Una revolución que tuvo poco de política en el sentido más estrecho del término y se aproximó más a lo que habitualmente se entiende como "descubrimiento", aunque ello sea un concepto erróneo. La aparición sorpresiva en la sociedad de las nuevas tecnologías de la información, estuvo acompañada por la usualmente conocida "revolución del conocimiento".

No es nuestro objeto debatir acerca de los orígenes de la misma o de cuál fue la génesis y el proceso de maduración intelectual previo, pero sí es relevante remarcar que a diferencia de todas las revoluciones tecnológicas producidas con anterioridad, en ésta poco tuvo que ver la casualidad o el azar. La llamada revolución del conocimiento es seguramente la revolución más cuidadosamente planeada desde la existencia del capitalismo.

Esta revolución que alteró de forma radical el modo de generar, almacenar, transmitir y procesar la información comenzó a perturbar los patrones de conocimiento existentes durante más de 2 siglos en las más variadas disciplinas del conocimiento científico así como en segmentos cada vez más amplios de la sociedad. Este proceso no ha concluido aún y es difícil prever si concluirá en algún momento. Lo cierto es que durante las décadas de los '80 y los '90 se advirtió una suerte de aceleración progresiva del cambio y su irradiación hacia distintas esferas de la sociedad.

Las nuevas y cada vez más modernas tecnologías no representan solamente más información, mejores datos o mayor velocidad de acceso a los mismos, sino que impactan en el centro mismo de la estructura del pensamiento humano: el lenguaje y su utilización. Es un error común considerar a éstas tecnologías de la información -de forma metafórica, por supuesto- como elementos ortopédicos del pensamiento humano, o como herramientas menores para asistir el proceso de razonamiento y decisión. Vale insistir, esta revolución del conocimiento ha llegado para quedarse precisamente porque es parte integrante de la estructura del lenguaje. Este aspecto constituye la tercera evidencia, y es de carácter general.

Corresponde preguntarse ¿qué ocurrió con la economía como disciplina, con el pensamiento económico moderno y más específicamente con el diseño e implementación de la política económica, mientras el modo de aprehender el conocimiento estaba 7 en pleno proceso de modificación?.

Es difícil establecer como afecta actualmente a esferas específicas del pensamiento una alteración en la estructura del lenguaje que lo sostiene, debido que este constituye un ejercicio apriorístico en la medida que el cambio se encuentra en pleno proceso. De todas maneras consideramos conveniente arriesgar algunos elementos que permitirían acercar el estado actual de la cosas.

Considerando que la revolución del conocimiento se potenció e irradió a partir de la institución de un cambio sostenido en las tecnologías de apropiación de la información, se tendería a considerar que la primer esfera afectada de las tres mencionadas sería la política económica, debido a que contiene fundamentalmente las características de una técnica. Seguidamente el pensamiento económico como ejercicio de recopilación, discusión y sistematización del conocimiento. Por último, la economía como disciplina, capaz de someter la "nueva información" a una modelización adecuada con el estado de la técnica 8. Pero los indicios disponibles señalan todo lo contrario.

Durante los décadas analizadas la nuevas tecnologías comenzaron como una "muleta" intelectual solamente del pensamiento económico moderno. La posibilidad de compilar y procesar datos en gran escala y con velocidades cada vez más sorprendentes permitió probar y poner a punto modelos de análisis económico cada vez más complejos desde el punto de vista matemático-formal. Ello empujó el desarrollo de campos específicos dentro del tejido intelectual mayor que contiene la economía, tales como la estadística económica, la econometría y nuevas herramientas de explotación de la información que funcionan como soportes absolutamente idóneos de la disciplina.

En la economía como disciplina el resultado final del proceso aún no es posible adivinarlo. Aunque si es posible prever que la disciplina como conjunto no podrá permanecer por mucho tiempo indemne al formidable desarrollo, que como mínimo, se está llevando a cabo en sus herramientas principales. En la bibliografía producida en la actualidad por quienes se dedican a los aspectos más teóricos de la economía, comienza a aparecer de forma marginal una tensión manifiesta entre lo que podría llamarse el "viejo" y el "nuevo" orden en el pensamiento económico. La eficaz incorporación al diseño y gestión de la economía financiera de profesionales provenientes de las disciplinas más duras del pensamiento científico como la matemática y la física, constituyen una evidencia en este sentido. El esfuerzo destinado por algunos de los intelectuales más notables de la economía a debatir acerca de la validez de utilizar modelizaciones sencillas "pero efectivas" para explicar el comportamiento económico aparece como un ejercicio velado de defensa del futuro "viejo" orden del pensamiento. La carencia de idoneidad en la utilización de las herramientas más modernas por parte de los economistas reconocidos y escuchados es un anticipo de las inconsistencias que serán difíciles de sostener en el futuro.

La política económica llevada adelante en nuestro país durante las últimas 3 décadas, en el sentido de la técnica asociada al diseño de reglas, esquemas e instrumentos que fijan, alteran o sostienen las pautas relevantes del funcionamiento de la economía no parece estar sujeta a variaciones equivalentes a las ocurridas en el ámbito del pensamiento económico moderno y de la economía como disciplina. Ello representa la cuarta evidencia, y es de carácter específica.

Si la disciplina y el pensamiento económico no permanecen al margen de la revolución del conocimiento, ¿por qué debería estarlo la política económica? Aunque parezca extraño, en nuestro país así ocurre. Con muy raras excepciones, todas las medidas de política económica ejecutas a lo largo de las décadas mencionadas fueron diseñadas y tomadas en el marco de los modelos tradicionales de análisis económico. En otros términos, las medidas de política económica más importantes ejecutas en la Argentina están fundadas en aspectos elementales de los textos de los manuales de economía disponibles en cualquier librería. Cabe preguntarse ¿es posible instrumentar medidas de política que reformen de forma extensa el funcionamiento económico de una sociedad, a partir de modelizaciones forzosamente sintéticas?, o en otros términos ¿es factible tomar medidas de política económica en función del análisis -idóneo, por cierto- de unas pocas variables económicas y series estadísticas de escasos registros, cuando los agentes económicos comunes toman sus decisiones en base a decenas de variables y los agentes más calificados en base a centenas de ellas sobre series estadísticas extensas?.

Responder a estas preguntas desde el ejercicio teórico tendrá seguramente sus matices, aunque es difícil advertir la respuesta correcta cuando el marco de desempeño del lenguaje está en plena modificación. Si la certeza de la respuesta estuviera otorgada por los resultados de la acción de la política económica, no cabe duda que el resultado sería negativo. 

Si bien diseñar medidas de política económica puede ser un ejercicio puramente en abstracto, implementarlas es un ejercicio de gestión concreta, donde el grado de legitimidad de la medida será más imprescindible cuanto más extensa sea la reforma planteada, quedando el nivel de éxito de la misma como una valoración relativa del deseo colectivo.


Notas

1 Y más peligroso por cierto.

2 Por supuesto que ésta propuesta contiene una valoración específica acerca de la idoneidad de las reglas o recetas económicas. Esta valoración intentaremos explicarla a lo largo del documento, aunque cabe aclarar que la idoneidad es un concepto cuyo valor debe ser autogenerado por el modelo. 

3 De forma aparente o real.

4 Aún lo es.

5 Convenciendo en algunos casos a quienes detentan el poder del Estado. Imponiéndose en otros, cuando las presiones sobre la decisiones del Estado están permeadas o cuando el gobierno carece de alternativas, ya sea porque la realidad no las "otorga" o porque el propio gobierno carece de toda agenda propia.

6 Así como en un imaginario patrón contrapuesto de valoración del conocimiento, si bien la acumulación de experiencia sólo es aplicable en el caso de la política económica, ello no significa que a mayor experiencia mejores serán los resultados. 

7 Y aún está.

8 Este orden no es necesariamente obligatorio. Lo más probable es que la tres esferas se vean afectadas de forma simultánea o en subgrupos durante lapsos específicos de tiempo. De hecho la historia de las diversas disciplinas científicas y sus modelo teóricos, transitaron caminos con sentidos iguales al descripto, inversos o intrincadamente zigzagueantes. Lo cierto es que la jerarquía del cambio tecnológico, su reciente puesta en marcha y su inacaba conclusión refuerzan la idea que la primera alteración debería situarse en la esfera de mayor contenido técnico de la economía. 

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