Observatorio de la Economía Latinoamericana

 


Revista académica de economía
con el Número Internacional Normalizado de
Publicaciones Seriadas  ISSN 1696-8352

 

 

 

Economía de Argentina

Acerca de la Intolerancia
Comentario inspirado en Voltaire

Alfredo Félix Blanco (CV)
Universidad Nacional de Córdoba
afb2002@hotmail.com


“-¿Qué es el optimismo? -dijo Cacambo.
-¡Ah! -respondió Cándido- es la manía de
sustentar que todo está bien cuando está uno
muy mal.
(Vertía lágrimas al decirlo)”.
Cándido o el optimismo (1759)


Los sentimientos que invaden el espíritu de las personas al visitar El Panteón, en Paris, seguramente difieren en unas de otras. Hay turistas apresurados, de aún más apresuradas excursiones, que vuelven a sus hogares sin recordar con precisión qué es lo que vieron ni dónde lo vieron. Habrá a quienes les asombre ver la cúpula desde la cual Foucault suspendió el péndulo del experimento con que sorprendió a todos a mediados del siglo XIX. Pero también estamos quienes nos hemos conmovido en ese templo laico porque guarda los restos de los “grandes hombres” de Francia. Grandes hombres que también lo son del mundo todo.

¡Cómo no conmoverse en la galería este! Allí están, enfrentados y cercanos, separados solamente por unos pocos metros,… ¡Voltaire y Rousseau! Estos magnos pensadores del siglo XVIII: enfrentados duramente en las ideas, cercanos en la construcción intelectual gigantesca que fue la Ilustración. El autor del Contrato Social y “el filosofo de la tolerancia”, adversarios irreconciliables, yacen juntos bajo un mismo techo.

No importa si la Ilustración inspiró a la Revolución de 1789 o si la Ilustración es una “creación” que la propia Revolución hace a posteriori. Esa revolución fue una gesta transformadora de lo político y liberadora de lo intelectual, que excede el carácter de “francesa” y que influyó en forma determinante en la historia universal. Porque universales eran sus principios. Mañana, 30 de mayo, se cumplen 227 años de la muerte de François Marie Arouet, mas conocido por el seudónimo que adoptó como parte de la rebelión contra su padre: Voltaire.

Nació un 21 de Noviembre de 1694 en Paris. A esa ciudad, de la que tantas veces debió partir, volvió no solo a morir sino a recoger un impresionante reconocimiento del pueblo que se recuerda como la “Coronación de Voltaire”. En la biografía escrita por Haydn Mason, la circunstancia de su asistencia a la representación de su tragedia “Irène”es descripta de la siguiente manera: “La aplazada aparición de Voltaire para ver su nueva tragedia contribuyó a dar todavía mas realce al acontecimiento…El ambiente festivo se vio subrayado por una banda formada por trompetas, tímpanos, oboes y clarinetes. Un actor le ofreció una corona de laurel, que Voltaire entregó a la marquesa de Villette, sentada a su lado, pero luego aceptó ponérsela en la cabeza…” Era entonces el 30 de Marzo de 1778, en sesenta días se apagaría la vida de Voltaire.  

A pesar de las afirmaciones de muchos autores católicos, Voltaire no era ateo. Su escepticismo religioso se integraba a una visión “deísta”; una suerte de “religión natural” en la cual Dios no puede estar ausente. Es por ello que afirmó: “Si Dios no existiera, sería necesario inventarlo”. Pero lo que lo transformó en “enemigo” de los religiosos fue su alegato permanente en contra del dogmatismo y de lo que el llamaba “supersticiones”.

En el ambiente de profunda intolerancia religiosa que se generó a partir de la derogación del edicto de Nantes que permitía la libertad de cultos, Voltaire escribió su “Tratado sobre la Tolerancia”. A partir de aquel momento le declaró la guerra al “Infame”, que no era otra cosa que las religiones organizadas, en particular la católica de Roma.

Poseedor de un singular talento expositivo y de una gran capacidad para ridiculizar a sus adversarios, Voltaire atacó duramente a los clérigos y sus costumbres. En su ensayo sobre la tolerancia expresó: “La superstición es a la religión lo que la astrología a la astronomía. La hija loca de una madre cuerda. Estas dos hijas han sojuzgado a toda la tierra durante largo tiempo” . Su crítica visión de las religiones organizadas se refleja en su aseveración de que “…tenemos suficiente religión para odiar y perseguir y no la tenemos en cambio para amar y socorrer a los demás.”

La vida de Voltaire es un ejemplo de la lucha de un hombre que abogó siempre por la independencia intelectual, por la tolerancia ideológica y por la libertad religiosa. Confiaba en la razón, aunque no estuviera impregnado del exagerado optimismo de otros miembros de la Ilustración, para demoler el dogmatismo y derrotar a la ignorancia. No se privó tampoco de denunciar en sus obras los abusos e injusticias del régimen político y estas actitudes le valieron frecuentes persecuciones.

Encerrado once meses en La Bastilla cuando tenía sólo 23 años, desterrado de Francia, criticado y anatematizado por la Iglesia, perseguido y expulsado por los religiosos conservadores de Ginebra, Voltaire fue el paradigma del enemigo de la hipocresía y de la victima del oscurantismo. No fue un revolucionario, creía que las limitaciones parlamentarias a los poderes del rey eran la forma de garantizar la libertad y el bienestar de los hombres. Friedrich Nietzsche le dedicó a Voltaire, en el centenario de su muerte, su libro "Humano, demasiado humano. Un libro para espíritus libres" (1878), y allí pudo decir de él que “Fue también una de las últimas personas que consiguió reunir en su alma la máxima libertad de espíritu con unas ideas no revolucionarias en modo alguno, sin demostrar inconsecuencia ni cobardía.”

Pero la Revolución consagró muchas de sus ideas para siempre. El “espíritu volteriano” no es otra cosa que la defensa de la libertad intelectual, la diversidad ideológica y la tolerancia religiosa.

El 11 de Julio de 1791, Paris le rindió un nuevo homenaje. La Asamblea Nacional había decretado que Voltaire merecía “…los honores debidos a los grandes hombres…” y una impresionante procesión acompañó el traslado de sus restos hasta el Panteón donde hoy nos conmovemos. Se inscribió entonces a manera de epitafio: “Combatió a los ateos y a los fanáticos. Inspiró la tolerancia…”  

No se puede concebir una sociedad civilizada, de hombres libres si los espíritus están esclavizados por el prejuicio, el dogma, o la ignorancia. A mas de dos siglos de su muerte, Voltaire también nos permite (o mejor sería decir: nos exige) reflexionar sobre nuestra realidad. Entre los muchos vicios que nuestra sociedad exhibe hoy, la intolerancia se destaca nítidamente.

Una mirada sobre los rasgos de intolerancia del mundo de nuestros días no podría ser más desalentadora. Racismo, xenofobia, homofobia, integrismo, totalitarismos, fundamentalismos ideológicos y religiosos son algunas de las manifestaciones de cómo cotidianamente se vulnera desde la intolerancia la condición humana.

En nombre de la libertad, de Dios y de los hombres se han cometido, y se siguen cometiendo, crímenes terribles. La intolerancia denota muchas veces un temor a lo diferente que, ademas de ignorancia, lleva implícito un profundo complejo de inferioridad, una terrible cobardía y un espíritu dominado por el miedo. Nuestra querida Argentina, con algunos rasgos que le son propios, no tiene una realidad diferente. Muchos síntomas muestran que parece anclada a conductas preñadas de prejuicios y dogmas. Somos intolerantes en el trabajo, en el deporte, en la política, en la educación y por supuesto en la religión. Católicos que no toleran expresiones artísticas que ofenden sus creencias, curas que ven en los homosexuales la obra de Satán, gobernantes que no toleran el disenso, ciudadanos que no toleran decisiones judiciales que no comparten, jueces que no toleran criticas a sus fallos, y así podríamos seguir enumerando conductas que encierran una alta dosis de comportamiento antidemocrático. La intolerancia es un complejo que vulnera y agravia los derechos humanos.

Entre esas conductas están también las discusiones entre adversarios políticos en que el agravio parece destinado a desviar la atención para que no se advierta la ineficacia, la ineptitud. Degradar el debate político, con bromas o groserías, es un rasgo no sólo de ignorancia y vulgaridad sino también una forma de disfrazar la intolerancia política. La descalificación de quien piensa diferente, es el instrumento frecuentemente utilizado por los totalitarios porque no tienen razones para fundamentar sus ideas o sus acciones.

¡Que lejos que están esos comportamientos de la afirmación atribuida a Voltaire: “Estoy en desacuerdo con tus ideas, pero estoy dispuesto a luchar para que puedas expresarlas” !

La intolerancia que impide debatir, impide también razonar y contribuye a que cotidianamente nos vayamos acostumbrando a la discriminación, a la exclusión, a vulnerar los derechos de otro si de defender los propios se trata, a pensar que la solidaridad no es un requisito del espíritu humano.

Probablemente por el peso de la crisis económica, hay preocupantes síntomas de que nuestro país parece involucionar en este sentido. Deberíamos comprender que la tolerancia es una condición “sine qua non“ de la cultura democrática, sin la cual no hay construcción de una sociedad moderna que sea posible.

¿Estaremos en camino a una sociedad que no está dispuesta a tolerar ni siquiera la tolerancia porque ella se confunde con debilidad?

Sería tan triste ese destino que, aun a riesgo de emular al Cándido de Voltaire, hagamos un esfuerzo para mantener viva (si aun lo está) la esperanza de que la razón termine demoliendo a la intolerancia.

Principales Obras de Voltaire

Teatro, Cuentos y Poesía:
Oedipe (1718)
Henriade (1723)
Bruto (1730)
Zaire (1732)
Mohamed o el fanatismo (1742)
Zadig (1747)
Micromégas (1752)
El desastre de Lisboa (1756).
Cándido o el optimismo (1759)
Tancredo (1760)

Ensayos y Filosofía:
Cartas filosóficas sobre Inglaterra (1734)
Elementos de la filosofía de Newton (1738)
El siglo de Luis XIV (1751)
Diccionario filosófico (1764).

 


Nota publicada en:
 - SUPLEMENTO DEBATES. LA MAÑANA DE CÓRDOBA. (29/05/05)


Para citar este artículo recomendamos utilizar este formato:

Alfredo Félix Blanco: "Acerca de la Intolerancia - Comentario inspirado en Voltaire " en Observatorio de la Economía Latinoamericana Nº 44, junio 2005. Texto completo en http://www.eumed.net/cursecon/ecolat/ar/

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