Contribuciones a la Economía


"Contribuciones a la Economía" es una revista académica con el
Número Internacional Normalizado de Publicaciones Seriadas
ISSN 16968360

 

ECONOMÍA Y FILOSOFÍA: ¿EN LA ENCRUCIJADA DE LA SINRAZÓN?

   OSCAR HERNAN MUÑOZ G. (CV)

oscarhmg@hotmail.com

Economista, Especialista en Gobierno Municipal Pontificia Universidad Javeriana

Docente Corporación Unificada Nacional de Educación Superior CUN

 

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INTRODUCCIÓN

Las reflexiones que se presentan a continuación intentan realizar una conexión entre el escrito “Puntos de vista sobre la filosofía”, contenido en el libro La lechuza de Minerva[1] y las expectativas propias como economista. Así entonces, en una primera parte se hace una breve exposición de los términos generales del debate desde la disciplina particular, enfatizando la búsqueda de una disciplina patrón a partir de la cual abordar el proceso de investigación. En una segunda parte, se exponen algunas líneas de discusión tomadas del texto citado. Finalmente, se retorna nuevamente al debate desde la disciplina particular pero, enriquecido con la exposición de la segunda parte. Es necesario enfatizar que la perspectiva particular como economista permea e influye en las líneas de análisis que se intenta abordar desde la óptica de la filosofía. Se podría decir que ya no se puede hablar de una tábula rasa, en el sentido de una formación profesional a recibir. A estas alturas del debate, existe una formación previa que en cierta forma condiciona la investigación y los puntos que se quiere discutir y aclarar.  

I 

Los tiempos actuales son tiempos de fracturas en el corpus conceptual de las ciencias sociales. Muchos de los intersticios están estrechamente relacionados con la forma de acercarse a la realidad; su relevancia frente a los acuciantes problemas del mundo contemporáneo; el compromiso de los denominados científicos sociales con la solución de los mismos, etc. En pocas palabras, se pone en tela de juicio la existencia misma de las ciencias sociales, como cuerpos conceptuales estructurados; con objetos de estudio específicos y comunidades científicas claramente delimitadas. 

La economía no podía estar ajena a este debate. Algunos puntos están sintetizados por Lloyd G. Reynolds en su escrito “Algunas cuestiones no resueltas en economía”, de la siguiente forma: 

          1) ¿Cuáles son las fronteras adecuadas del estudio económico y cuál es la naturaleza de nuestra colaboración con otras ciencias sociales?; 2) ¿Qué queremos significar, con toda precisión, cuando nos preguntamos por la “pertinencia” de un instrumental teórico determinado, bien para las economías occidentales, bien para otras?; 3) ¿Hasta que punto debe ser orientada empíricamente la teorización económica y hasta que punto la teoría lleva necesariamente “una vida propia”?; 4) ¿Qué relación existe entre ciencia económica positiva y la política?; ¿Cuál es el status de los juicios de valor en economía?; 5) ¿Hay (o puede haber) una disciplina económica de validez mundial, o hay que prever diversas especies de economía floreciendo en diversos marcos institucionales?

          (REYNOLDS, Lloyd, 1978; 411) 

Si se mira con más detenimiento cada uno de los puntos del debate, la situación se torna compleja. Se trata de cuestionar los principios más caros del quehacer de la economía como ciencia social. Y los economistas comprometidos con su disciplina y con la sociedad y sus problemas no pueden alejarse de la discusión. Ha llegado, como diría Oskar Morgenstern, el momento de que la teoría económica y los economistas den vuelta y se enfrenten al auditorio. 

Los puntos de inflexión, en su orden serían. En primer lugar, replantearse la naturaleza de la economía y, en segundo lugar, interrogarse por su relevancia y el papel que cumplen los economistas en el mundo actual. Sin embargo, la tarea es ardua y en cierta forma se percibe una limitación para abordar la labor desde dentro del mundo de la economía. Su ejercicio cotidiano influye decisivamente en la orientación de la indagación y marca los resultados de la misma. Lo mejor es, entonces, colocarse al margen de la actividad intelectual como economista y desde un punto “axial” urdir un plan de acción para tratar de cuestionar y fracturar el cuerpo conceptual de la economía y lograr, en lo posible, que al final de la indagación se llegue a bosquejar los principios de una nueva economía, más comprometida con la realidad del mundo actual, especialmente del latinoamericano. 

No obstante, es muy posible  que el inicio mismo del proceso se encuentre desde ya viciado por una falta de claridad en la forma de ordenar los propósitos a conseguir y como hacerlo. ¿Para qué interrogarse por la naturaleza de la economía?; ¿Qué se quiere lograr con la postulación de una nueva economía?; ¿A quienes estaría dirigida?; ¿Es relevante aún hablar de lo latinoamericano?; ¿Cuál es el verdadero papel del economista en el contexto de una ciencia fracturada, sin definición clara de sus fronteras de análisis?. 

Todos estos interrogantes llevan a tomar una decisión drástica: “salir” lo más pronto posible del propio terreno de juego e iniciar la labor de escrutinio. Se trata ahora de buscar la mejor atalaya. A primera vista se vislumbran varias. La historia, la sociología, la política y la filosofía. Se trataba, en cierta forma de encontrar, a la manera de Piero Sraffa, la disciplina patrón a partir de la cual interrogar a la economía por su naturaleza y sus fines. Y la decisión recayó en la filosofía. Indudablemente muchos de los principios de la economía están en la filosofía, desde Sócrates, pasando por San Agustin, Hume, Locke, Kant, Hegel, Marx, hasta los más contemporáneos, Popper, Levinas, Habermas, etc. Conceptos como los de: valor, necesidad, excedente, intercambio, producción, técnica, etc. aparecen primeramente tratados en algunas importantes obras de filosofía. Así mismo, muchos de los más destacados “economistas” fueron primero filósofos: Locke, Smith, Marx, entre otros. 

II 

La decisión, a primera vista, parecía correcta. Una vez inmerso en el mundo de la filosofía y armado con las herramientas conceptuales de ésta, podría empezar entonces a desarrollar la tarea propuesta. Sin embargo, la sorpresa es grande cuando se abre el escenario filosófico y aparece prácticamente el mismo debate que suscitó los interrogantes antes citados. Según el texto de Bontempo y Odell: 

          (...) la filosofía hoy, tal vez más que ninguna otra disciplina, es criticada severamente sobre la base de que no es relevante para los problemas humanos; que los filósofos han fragmentado su materia en una serie de problemas técnicos que no guardan relación con los problemas de la crisis humana de hoy día, y que al paracer, incluso carecen de relación entre si.

         

          Se argumenta que los filosofos se han concentrado en un grupo cerrado de élites profesionales, que deliberadamente ignoran la responsabilidad de tomar decisiones angustiosas y aconsejar en materia de vida sociopolítica, al igual que la urgente tarea de planificar y participar en acciones encaminadas hacia las metas humanas y sociales. También se ha argumentado que al adoptar esta poco atrayente postura, los filósofos de hoy han distorsionado la verdadera naturaleza y los verdaderos fines de su materia.

          (Bontempo, Charles y Odell, Jack, 1979:20) 

Si la filosofía misma actualmente está sujeta a la crítica, ¿Podría llegar a convertirse en la disciplina patrón a partir de la cual iniciar el proceso de reflexión sobre el “estado del arte” de una disciplina particular? La cuestión no parece fácil de resolver. Sin embargo, lo esencial es tratar de abordar el ahora doble examen a partir de unos puntos comunes de análisis. 

En primer lugar, la pregunta sobre la naturaleza de la filosofía parece pertinente formularla. No obstante, la respuesta no queda agotada ni en la perspectiva histórica; ni en la perspectiva de actividad; ni en la perspectiva pragmática; ni mucho menos en la perspectiva del caso paradigmático. Cada una de estas perspectivas permite, obviamente, captar una parte de la naturaleza de la filosofía, pero no logra definirla en la totalidad de sus componentes. 

La filosofía es, al mismo tiempo, tradición y renovación. Es tradición  porque se nutre de su propia historia, de sus hallazgos, de sus interrogantes, de los aportes realizados por cada uno de sus exponentes: Tales de Mileto, Sócrates, Platón,  Aristóteles, San Agustín, Hume, Spinosa, Kant, Hegel, Marx, Heidegger, Sarte, Habermas, Benjamín, y tantos otros filósofos. Es renovación  porque a medida que avanza el tiempo, los temas tratados se tornan más complejos y el tratamiento dado a cada uno de ellos se renueva, dependiendo del grado de desarrollo de la sociedad.  No es lo mismo tratar el tema de la libertad en la época de Platón, que tratarlo en el día de hoy y en Irlanda del Norte, por ejemplo. 

En este sentido, la naturaleza de la filosofía no se agota en una definición de enciclopedia. Ella es dinámica porque tiene que ver directamente con el hombre y su historia. De allí que, la filosofía y el ejercicio del filosofar cobran sentido en la medida en que se realizan. Sin embargo, la realización de la filosofía y el filosofar tiene varios sentidos: ¿Para qué?; ¿Para quién?; ¿Con qué herramientas?; ¿Desde qué óptica?. Por esta razón es fundamental colocar nuevamente en escena las palabras de Karel Kosik: 

          (Todavía) permanece en la sombra el auténtico problema de la época  moderna: el hombre ¿necesita aún la filosofía? ¿Han cambiado el lugar y la tarea de la filosofía en la sociedad? ¿Qué papel desempeña la filosofía? ¿Está cambiando la naturaleza de la filosofía?.

          (Kosik, Karel, 1967:188) 

Evidentemente no se va a agotar el ejercicio de la filosofía como “acción pedagógica” (perspectiva pragmática), ni se va a suspender la producción de textos de filosofía, ni se van a  desconocer los aportes de los grandes filósofos de la historia (perspectiva del caso paradigmático). Esta situación, es prácticamente irrelevante frente al peso de los siguientes interrogantes: 

          ¿Sigue siendo la filosofía una forma específica de la conciencia, que el hombre necesita absolutamente para captar la verdad del mundo y para la exacta comprensión de su lugar en el mundo? ¿En la filosofía se da aún la realidad y la filosofía se considera todavía como el campo donde tiene lugar la distinción entre la verdad y la opinión, o por el contrario,  la filosofía, después de la mitología y la religión, se atribuye la misión mistificadora universal, el papel de necesario medio espiritual, merced a la cual se afecta la mistificación? ¿O bien, la filosofía se ve privada incluso de estos honores, porque la técnica moderna proporciona con los “máss media” formas de mistificación más eficaces, y , por tanto, con su existencia sólo testimonia que la tantas veces anunciada realización de la razón aún no ha comenzado? ¿O tal vez el periódico alternarse del milenarismo con la desilusión escéptica y la permanente discordancia entre la razón y la realidad testimonian que la razón y la realidad son efectivamente dialécticas y que su anhelada identidad absoluta equivaldría a  la eliminación de la dialéctica?

          (Kosik, Karel, 1967:188-189) 

Así entonces, los aspectos tratados por Bontempo y Odell son importantes, pero evidentemente no son los esenciales. La naturaleza de la filosofía y la relevancia de la misma en el mundo actual, sobrepasan las fronteras de la discusión allí contenida. La verdadera importancia de la discusión está relacionada con la conexión filosofía y práctica. 

III 

Desde la orilla de la economía, los puntos esenciales del debate son prácticamente los mismos. De hecho,  una de las objeciones más graves que se le hacen a la economía es la de ser mecanicista. Este concepto está tomado de la mecánica clásica. Según esto, la mayor parte del cuerpo conceptual de la economía, trata de tomar los principios básicos de la física. Por ejemplo, la teoría del consumidor de Irvin Fisher trata de demostrar que el comportamiento del individuo - consumidor - es típicamente mecánico, es decir, que obedece al principio de causa - efecto. Igual consideración merece la ley de Say, el principio del equilibrio general de Pareto, entre otros. Así mismo, existe la tendencia que el economista se evada de la realidad a través de la formulación de complicados modelos econométricos que, en muchas ocasiones, dejan por fuera de su contexto las variables realmente significativas. Según Manfred Max-Neef: 

          La economía, que originalmente se derivó de la filosofía moral, perdió de pronto gran parte de su dimensión humana que fue reemplazada por teorías caprichosas y trivialidades técnicas, incomprensibles para la mayoría e inútiles para todos, excepto tal vez para sus autores que suelen ganar premios por haberlas elaborado.

          (Max-Neef, Manfred, 1986:16) 

Si la economía y los economistas, se encuentran encerrados en una “torre de marfil”, del mismo modo que la filosofía y los filósofos, ¿No sería necesario, entonces, tratar de unificar los términos de la discusión y abordarlos desde una óptica común, buscando en todo momento la concreción de una filosofía y una economía de cara a los problemas del mundo actual y prestas a brindarle soluciones concretas a estos problemas?; ¿No sería bueno que tanto economistas como filósofos entraran de lleno a la realidad, no importando que los pies se cubran del barro de lo “invisible” que está más allá de los análisis lingüisticos, de los análisis de primer y segundo orden, de las construcciones conceptuales de la economía neoclásica y los complicados modelos econométricos a que tanto son allegados los modernos economistas?. 

BIBLIOGRAFIA

 

·        BONTEMPO, Charles y ODELL, Jack. “Puntos de vista sobre la filosofía” (Introducción). En: BONTEMPO, Charles y ODELL, Jack. (Selección e Introducción de). La lechuza de Minerva: ¿Qué es Filosofía?. Madrid: Ediciones Cátedra, 1979.  Trad. Carmen García-Trevijano. 

·        KOSIK, Karel. Dialéctica de lo concreto. México: Grijalbo, 1967.  Trad. Adolfo Sánchez Vázquez. 

·        MAX-NEEF, Manfred. La economía descalza: señales desde el mundo invisible. Estocolmo: Nordan, 1986. 

·        REYNOLDS, Lloyd. “Algunas cuestiones no resueltas en economía”. En: DAGUN, Camilo (Selección de). Metodología y crítica económica. México: Fondo de Cultura Económica, 1978.


[1]          BONTEMPO, Charles y ODELL, Jack. “Puntos de vista sobre la filosofía” (Introducción). En: BONTEMPO, Charles y ODELL, Jack. (Selección e Introducción de). La lechuza de Minerva: ¿Qué es Filosofía?. Madrid: Ediciones Cátedra, 1979.  Trad. Carmen García-Trevijano.


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